El universo de Harry Potter, personajes, hechizos, cosas varias y todo lo que reconozcan, es de J.K. Rowling. Este fic está escrito por simple placer y morbo. Muchísimo morbo. Nada más y nada menos.
"Esta historia participa de Desafíos "Buscando la inspiración" del Foro First Generation: The story before books".
Título: No fue amortentia.
Beta: FanFiker-FanFinal
Capítulos: ¿Fics cortos? ¿Eso existe? xDDD
Personajes: Harry Potter/Draco Malfoy
Advertencias: Slash/Lemon/EWE/PWP. Ésta es una historia que narra relaciones homosexuales, malas palabras, un montón de sexo con poca coherencia, doble sentido y muchas cosas pervertidas que podrían crearte un profundo trauma si no eres adepto a ese tipo de lectura. Si no es de tu agrado y has entrado aquí por alguna clase de malicioso error, te pido amablemente que abandones cuanto antes esta historia. ¡Huye! Dicho está; sobre advertencia no hay engaño.
No fue amortentia
Por:
PukitChan
Capítulo 4
La pócima
Contrario a lo que muchas personas pensaban, a Harry Potter le irritaban muchísimas cosas. Para empezar, no le gustaba el color morado en la ropa y tampoco el arte moderno. Detestaba el sabor del helado de kiwi y no le agradaba la palabra poción. Le exasperaba el perfume que Hermione usaba exclusivamente para celebrar los cumpleaños, porque siempre le ocasionaba picazón en su nariz. Pero, por encima de todas esas cosas, Harry odiaba los favoritismos. Sin embargo, no podía dejar de admitir que, a veces, tenerlos traía consigo ciertas… ventajas.
―¿Con quién follaste para obtener esta peculiar habitación, Potter?
Harry entornó los ojos y sonrió. Esperaba un comentario así de Draco, aunque, si era sincero consigo mismo, él también hubiera pensado eso. No todos los días ibas a San Mungo a descubrir que uno de sus principales sanadores tenía, además de oficina propia, otra habitación exclusiva para sus necesidades fisiológicas.
―Fue un regalo del hospital cuando, hace dos años, me dieron la Orden de Merlín por…
―…por una de las curas más eficaces de los efectos de la maldición Imperius ―completó Draco, casi sin darse cuenta. Harry levantó la ceja, observando cómo, deliberadamente, el rubio desviaba su mirada hacia la cama desordenada. Estaba distinto, aunque no podía precisar por qué razón. Quién sabe cuáles eran los pensamientos que estaban cruzando por su cabeza.
―Exacto ―dijo Harry, sabiendo que era inútil tratar de desenredar la personalidad de un Malfoy―. En realidad, no quería tenerla, pero me vi obligado a aceptarla.
Draco le lanzó una mirada llena de escepticismo.
―Puedo ver cuánto estás sufriendo por ello.
Entre los dos se instaló un silencio incómodo. Harry sabía que aquella expresión, la de Draco, gritaba cuán desagradable era estar ahí, junto a él. Parecía que saldría huyendo en cualquier minuto aunque, para su desagracia (o fortuna), San Mungo solo autorizaba las apariciones en una zona especial para ello.
―¿Cómo está la venda que coloqué? ―preguntó Harry, incapaz de tolerar ese ambiente durante mucho tiempo más. Había notado la manera en la que Draco, al parecer de manera inconsciente, se tocaba el brazo donde estaba su herida.
―Creí que ya había quedado claro el hecho de que tú ya no serás mi sanador ―masculló.
―Por supuesto. Pero si te atiende otra persona, esa venda no resistirá el tiempo que necesitas. Está hecha para que soporte los efectos de una maldición oscura durante un solo día. Y si no me permites cambiarla antes de que te vayas, solo empeorarás la herida sobre la Marca.
Draco frunció el ceño.
―¿Cómo sabes que la venda resistirá solo un día?
―Porque yo la diseñé―admitió, sonriendo de lado. De esas sonrisas que causaban que cualquiera que lo mirara se sonrojara, porque, aunque era una sonrisa arrogante, en él parecía sensual.
―¿Esto es lo que querías mostrarme, Potter? ―musitó, empleando con las siguientes palabras su mejor tono de sarcasmo―. ¿Tus habilidades casi milagrosas? Permíteme alabarte, ¡oh, larga vida a San Potter, el héroe de los magos oscuros! ¿Qué hubiéramos hecho nosotros sin ti? ―Harry suspiró.
―¿Es que siempre tienes que ser tan irritante, Draco?
―¿Siempre tienes que ser tan… tú?
El sanador sobó su sien. No podía creer cuánta tensión podía sentir con Draco presente. No solo por el carácter de ambos que ocasionaban sus riñas, sino por el hecho de que, inclusive en momentos como esos, aún lo deseaba con desesperación. Era como si esas peleas despertaran en él ese deseo de azotarlo contra la pared para hacerlo suyo y remplazar sus venenosas palabras por gemidos. Era como si lo único que anhelara fuera poseerlo.
―Esto era lo que te quería mostrar ―musitó, caminando por la habitación para recoger uno de los pergaminos que yacía en el suelo. Parecía bastante viejo y daba la impresión de haber sido leído más de mil veces. Aun así, cuando Harry estiró el pergamino para dárselo a Draco y éste lo miró con desconfianza antes de tomarlo, sintió una secreta satisfacción por convencer al Slytherin de leerlo. No precisamente por su contenido, sino porque aquello pareció una batalla ganada.
Draco desenrolló el pergamino e inmediatamente tensó sus labios. Unas diminutas marcas en los costados de estos hicieron que Harry lo mirara con curiosidad. Tal vez, después de todo, para poder leer a Draco solo hacía falta observar con atención.
―La Marca Tenebrosa que está en ese pergamino es una réplica exacta de la que ambos tenemos en la piel ―comenzó a explicar Harry, acercándose a Draco, quien simplemente lo miró de reojo cuando estuvo a su lado―. He estado trabajando de esta manera para poder retirarla.
―¿A qué te refieres con eso? ―preguntó, tensando sus dedos alrededor del pergamino, donde, además de la Marca, unas manchas grises y lamentables arruinaban su naturaleza horrenda.
―¿Ves estas grietas? ―dijo, señalando con su dedo la serpiente que emergía de la calavera y que, inclusive en el pergamino, daba la sensación de estar en movimiento―. Apliqué una pócima que estoy preparando junto con otro hechizo. ¿Recuerdas cuando Ian estaba arrodillado frente a mí? Intentábamos tener el mismo resultado en mi piel.
―Potter, esto es estúpido. Aquí no hay ningún resultado.
Pero sí lo había y Draco lo sabía. Tal vez, ante los ojos inexpertos de alguien que jamás hubiese visto la Marca, el cambio habría pasado desapercibido, pero para él, que durante más años de los que le gustaría recordar, la había tenido, la diferencia era tan clara como un enorme letrero brillando en el cielo: en la serpiente cruzaban unas finas líneas blancas que permitían ver el pergamino. No sabía por qué pero, aquel descubrimiento hizo latir su corazón un poco más.
Entonces, en ese instante, bajo aquella misteriosa revelación, Draco comprendió la razón por la cual Harry había logrado ganarse en tan poco tiempo la fama que ahora le precedía: porque, como siempre, él se había arriesgado en donde nadie más lo habría hecho, dándole una segunda oportunidad a las personas que, según muchos otros, no la merecían: a los mortífagos desertores. Apretó el pergamino. En realidad, Potter seguía siendo ese crío apasionado e intenso de Gryffindor.
―¿Por qué quieres borrar la Marca? ―preguntó. Harry se encogió de hombros y de inmediato ambos supieron que estaban esforzándose en no decir lo que pensaban. Draco se estaba tragando todas sus preguntas y Potter sus respuestas.
―¿Por obtener otra habitación como ésta? ―bromeó, aunque su tono era más bien distante.
Draco entrecerró sus ojos y enrolló el pergamino. Entonces, sin decir palabra y sorprendiendo notoriamente a Harry, estiró su brazo herido hacia él.
―Maldito idiota ―musitó, desviando su rostro hacia un lado, mirando lo único que consiguió llamar su atención: una pócima que hervía a fuego lento―. Seguramente hiciste esto para aprovecharte. Tendrás tu maldita habitación si retiras la Marca en un odiado mortífago como yo.
Harry sonrió con suavidad. Sacando su varita, y antes de que el rubio pudiera arrepentirse, convocó otra venda y la misma pócima que había utilizado para limpiar su herida la vez anterior. Cuando estuvieron a su lado, Harry dejó que estos flotaran mientras sus dedos, pausadamente, se paseaban por los bordes de la túnica de Draco. En un acto silencioso, se acercó aún más a él. Draco aún continuaba evitando que sus rostros se encontraran, pero ni siquiera así podía ocultar el ligero rubor que teñía sus mejillas pálidas. La respiración de Harry se alteró un poco cuando, con cuidado, le retiró la túnica. Bromeando para sí mismo, se preguntó si acaso, de niño, algún elfo doméstico le ayudaba a Draco con eso. Dobló por la mitad la túnica y caminó, colocándola encima de su cama. Después de eso, regresó y se colocó enfrente del rubio, sujetando su mano herida para desabotonar el puño de su camisa, donde, abajo, se ocultaba la venda de color negro.
Sin embargo, el fuerte hechizo que había rechazado el contacto de Draco cuando intentó tocarla, en Harry tuvo exactamente el efecto contrario: la magia pareció ceder al reconocer al sanador y, de inmediato, la presión que ejercía sobre la herida se esfumó. Harry suspiró y comenzó a retirarla notando que la sangre oscura había dejado de fluir, pero la herida estaba más hinchada, inflamando de manera grotesca el contorno del tatuaje. Buscó la mirada de Malfoy, pero, al no encontrarla, murmuró:
―Tú no eres un odiado mortífago. En realidad, ni siquiera eres un mortífago.
Esta vez fue Draco quien lo volteó a ver, pero en ese instante Harry bajó su rostro y sujetó una compresa, limpiando cualquier vestigio de la venda anterior, para poder realizar, una vez más, el ritual de aplicar la pócima y envolver la herida con una venda húmeda. El rubio notó cómo la magia de Potter volvía a ceñirse en torno a su piel, apresando y reteniendo, momentáneamente, los efectos de la maldición sobre su brazo.
―Te equivocas una vez más conmigo, Potter ―musitó, alejando su brazo para mirar con indiferencia el vendaje―. Algunos tienen razones para odiarme. Durante la guerra hice cosas de las que no me siento orgulloso.
―Durante la guerra, todos hicimos algo de lo que no nos sentimos orgullosos ―replicó, alejándose del rubio para poder buscar su túnica y devolvérsela. Sin embargo, sin importar cuán caballeroso podría verse aquel gesto, Draco sabía perfectamente lo que era: un método para eludir cualquier pregunta que buscara una explicación más profunda a sus palabras.
Cuando Harry le tendió su túnica y Draco la sujetó, el sanador parecía haber recuperado su semblante característico. Franco, sonriente, pero con una tristeza en su mirada que ni la mejor Orden de Merlín podría hacer desaparecer. Siempre había existido algo en esos ojos que parecían gritarle que, de alguna manera retorcida, ellos eran más parecidos de lo que estaban dispuestos a aceptar.
―¿Esto significa que seguiré siendo tu sanador?
Más antes de que Draco pudiera hacer un comentario sarcástico con respecto a ello, un sonido chirriante llamó su atención. El rostro de Harry palideció cuando, repentinamente, pareció recordar algo importante. Recorrió la pequeña habitación a paso acelerado y el rubio giró su cuerpo en el momento exacto en el que Harry apagaba el fuego que hacía hervir la poción.
―Vaya, si me hubiera tardado un poco más… ―dijo, aunque parecía que se estaba regañando a sí mismo. Draco levantó una ceja y caminó rumbo al sanador, quien se recargó un poco sobre la mesa sin percatarse de la cercanía del otro―. Lo lamento, esta poción…
―¿De qué es? ―preguntó Draco, haciéndole notar su presencia. Harry dio un ligero respingo, pero finalmente se incorporó y negó con la cabeza.
―No pasa nada, afortunadamente el tiempo que…
―¿Es en serio, Potter? ¿Tú preparando pociones? ¿Y pretendes explicarme a mí qué pasa con ella? ¡Permíteme recodarte quién soy!
Y empujando ligeramente a Harry, Draco se colocó frente al caldero, ignorando así las reclamaciones de Harry que sonaban como: «¡Draco, maldita sea, no lo hagas, tiene efectos secundarios!».
―¿Qué efectos podría tener que no conozca yo? ―exclamó, levantando la tapa que protegía el caldero.
Entonces, ocurrió.
Harry se estremeció de pies a cabeza cuando un intenso aroma pareció explotar dentro de la habitación. El aroma inundó cada pequeño pedazo de su piel y lo hizo retroceder unos pasos, totalmente abrumado. Sin embargo, al levantar la vista, un pedazo de su consciencia descubrió a Draco con las manos apoyadas sobre la mesa. Respiraba agitadamente. Al sanador le preocupó de inmediato aquello. Sólo podía verlo de espaldas, pero sabía que algo grave había ocurrido. Dudoso, se acercó tambaleante al rubio, pero en cuando sintió la presencia de su mano, Draco lo aventó. No volteó a verlo ni permitió que Harry lo mirara cuando emprendió su huida en dirección a la puerta que aún permanecía sellada. No obstante, siendo un profesional, Potter no permitiría que Draco escapara sin que pudiera revisar qué clase de efectos había tenido la poción en él. Logró sujetar el brazo del Slytherin antes de que llegara a la puerta y, bruscamente, lo giró para empujar su espalda contra ella.
Pero Harry no estaba preparado para ver la imagen que se presentó ante sus ojos.
Draco tenía la piel húmeda, cubierta por una fina capa de sudor. Sus ojos brillaban. Sus mejillas estaban sonrojadas y su cuerpo estaba temblando. En un inicio, Harry temió que aquella pócima le hubiera ocasionado una alergia o alguna clase de enfermedad. Sin embargo, al mirar la expresión del rubio con atención, se dio cuenta de que Draco parecía molesto. Muy molesto. Todo en su mirada parecía reprocharle algo, y probablemente también quiso expresarlo, pero cuando lo intentó, lo único que salió de su boca fue un gruñido que intentó disimular un ansioso suspiro.
Solo en ese instante, con Draco mordiendo desesperadamente sus labios, Harry lo comprendió. El rubio estaba…
―Maldita sea, Potter ―sollozó, entrecortado. Cada palabra parecía ser una tortura y aunque intentaba pelear contra el brazo que lo sujetaba, no conseguía nada. Instintivamente, Harry se acercó hacia él y, contrario a lo que esperaba, Draco no se alejó. Era como si su cercanía lograra tranquilizarlo―. ¿Qué… qué tenía… esa poción…? ¿De qué…?
―Te dije que no la tocaras ―reprochó Harry y su mano se ciñó alrededor de la muñeca del rubio, apoyándola en la puerta para poder colocarla justo encima de su cabeza―. ¿Es que tienes que ser tan caprichoso siempre?
―Potter ―advirtió, pero, inclusive ante sus propios oídos, más que una advertencia, aquello parecía ser una súplica.
―No sé por qué ―susurró Harry, hipnotizado por la imagen del Slytherin, rendido ante él―, pero el aroma de la pócima tiene efectos afrodisiacos.
Draco desvió su mirada hacia un lado, aunque terminó cerrando los ojos cuando los labios de Harry, gruesos y tibios, rozaron con suavidad la piel de su cuello. No podría negarlo ni aunque lo quisiera. El oler directamente la pócima lo había dejado terriblemente excitado.
―¿Lo hiciste a propósito? ―preguntó, avergonzado de que su voz sonara tan ahogada y necesitada. Sintiéndose estúpido porque lo único que podía pensar con claridad es que quería a Harry devorando sus labios y recorriendo su cuerpo. Lo necesitaba y lo quería ya.
―No tienes idea ―musitó Harry, ignorando sus palabras y entreabriendo sus labios para deslizar su húmeda lengua hacia fuera, recorriendo la tersura del cuello que estaba a su alcance―. Demonios, Draco, no tienes idea de cuántas veces dije tu nombre mientras me masturbaba, pensando en ti tras oler la poción. Eso que estás sintiendo era lo que yo sentí con desesperación.
La mano de Harry, que apresaba con fuerza el brazo del otro, se deslizó, alejándose. Draco sabía lo que eso significaba: era libre de irse, de huir de sus brazos, pero las manos de Harry, decididas y apasionadas, recorrían su cuerpo y buscaban una forma de colarse debajo de todas sus ropas. Más allá de los efectos de la poción, el rubio no podía negar los deseos de su propio cuerpo. Por mucho que hiriera su orgullo, una voz en su mente no dejaba de recordarle todas aquellas noches en las que aquellos ojos verdes habían interrumpido sus sueños.
Al demonio todo.
Cuando Potter levantó su rostro y Draco se encontró mirando fijamente esas pupilas dilatadas, no encontró voluntad ni orgullo para pelear en contra de la boca que, con fiereza, atacaba la suya. Gimió dentro del beso al recordar que Harry era así: directo, apasionado. Maldito fuera, él y toda su puta personalidad Gryffindor. Era entendible por qué el elemento fuego representaba a esa ridícula casa de Hogwarts.
Al separarse, Harry acarició con sus labios la barbilla del rubio. De alguna manera, sus manos habían encontrado el camino hacia su entrepierna y, por encima de la ropa, había comenzado a acariciarlo. Draco, estimulado no solo por sus deseos, sino también por la pócima, encontró aquella caricia terriblemente tentadora. Su cuerpo pareció exigir más contacto, más fuerza y se sintió avergonzado cuando Harry rio por lo bajo. El Gryffindor relamió sus labios mientras bajaba la bragueta de su pantalón.
Había algo depredador en la mirada de Harry que logró que Draco jadeara: era la misma mirada que le dedicó en el Ministerio, la noche que se reencontraron. Era esa mirada que parecía desnudarlo y conseguía que, incluso su orgullosa personalidad, se doblegara. Y Potter, el muy cabrón, jactándose de eso, tenía la osadía de mirarlo y lamer sus labios, sabiendo que Draco no se negaría ni aunque le pidiera follar enfrente de todo el personal de San Mungo. Por alguna razón, la idea de Harry reclamándolo como suyo, lo excitó aún más. Desesperado, y obteniendo fuerzas de su propio deseo, empujó a Harry. El moreno pareció tan desconcertado como ansioso, pero no dijo nada cuando descubrió al rubio abriendo su túnica para poder obtener un acceso más fácil a sus pantalones que, para ese momento, ya estaban abiertos.
Draco tuvo que cerrar sus ojos un momento cuando sus manos temblorosas bajaron sus pantalones y su ropa interior, liberando así su miembro erecto y húmedo. Tensó sus labios, sin darse cuenta de que Harry no hacía otra cosa más que mirarlo, seguir sus movimientos y apretar sus puños, conteniéndose. O, cuanto menos, eso parecía gritar su mirada: que si seguía un minuto más soportando aquella tortura, que si Draco comenzaba a mover su mano alrededor de ese grueso miembro, Harry simplemente no podría… resistirlo.
Aunque, si lo pensaba con detenimiento, no era como si Draco se estuviera oponiendo a ese encuentro. De hecho, estaba propiciando que fuera mucho más intenso.
Harry entendió qué era lo que Draco quería cuando, al mirarlo a los ojos, encontró una forma diferente de hablar sin decir palabras. El Gryffindor inhaló profundamente antes de dar unos pasos hacia adelante y arrodillarse frente a él. Draco, sonrojado, sujetó casi de inmediato los mechones oscuros y durante un segundo –que para ambos pareció una eternidad– todo el universo pareció reducirse a ellos: a la cercanía que tenían, a la pasión que desbordaban, pero, sobre todo, a esos impetuosos sentimientos que no podían ocultar más. Durante muchos meses había parecido un juego, aunque pronto se dieron cuenta de que no, no podían continuar ignorándose.
El duelo de sus miradas quedó roto cuando, al agachar su rostro, Harry miró el miembro erecto. Sujetó con sus manos los testículos y, lentamente, casi como si quisiera torturarlo, deslizó su lengua por ellos. El fuerte agarre de Draco alrededor su cabeza le animó a continuar. Quería más de él, quería… demonios, quería hacer realidad con él sus más oscuras fantasías. Comenzó a mover su mano, sintiendo el miembro palpitar. Abrió la boca y fue un deleite para sus sentidos lamer la punta de aquella erección mientras escuchaba unos roncos gemidos. La recorrió con sus labios, acariciando con sus manos los testículos. Y ya fuera por los efectos de la poción o porque Harry realmente estaba haciendo un buen trabajo, los jadeos de Draco eran una melodía que anhelaba continuar escuchando.
Poco a poco, Harry introdujo aquel miembro en su boca. Mientras lo hacía, las yemas de sus dedos masajearon suavemente el perineo. Abrió los ojos y descubrió a Draco con los labios abiertos, suspirando mientras parecía suplicarle que no se detuviera. Permitiendo que el rubio llevara el control, Harry se dejó follar la boca. El ritmo fue lento, pero firme. Draco, como acababa de comprobar, disfrutaba del sexo pasional. Movió su dedo un poco más y estimuló su entrada con sus dedos. La dilataba, la acariciaba… y para cuando Draco se dio cuenta, Harry ya tenía un dedo dentro de él, acariciándolo con una firmeza que no había creído en otra persona, pero que en él lo era todo.
Draco sintió su cuerpo estremecerse y alejó la boca de Harry en el momento justo. Eyaculó sobre el cuerpo del Gryffindor, quien, desde abajo, parecía una sensual aparición. Y, para cerrar con broche de oro, el muy osado le sonrió.
―Supongo que esto es un sí ―musitó Harry, alejando sus manos unos instantes para después acunar las nalgas de Draco entre ellas. Besó su abdomen y sonrió de lado, respondiendo a la pregunta no formulada por el, aún sonrojado, rostro del rubio―. Continuaré siendo tu sanador.
Posiblemente, si Draco se hubiera recordado decir que no, las cosas aquel día no hubieran cambiado tan drásticamente. Sin embargo, al responder con un beso (que más tarde se preguntaría si había sido correcto), solo fue una forma de decirle a vida que, sin importar cuán alto fuera el precio, estaba dispuesto a asumir el riesgo.
Y que Harry era el culpable de todo.
Autora al habla:
¡Buenas madrugadas/días a todos! Estamos a 27 de julio, lo que implica que hoy quiero gritarles: ¡FELIZ DÍA INTERNACIONAL DEL DRARRY! xD Ustedes serán siempre una mis OTP favorita. No olvide mencionarlo en su twitter jajajajaja. Por otra parte, también en unos días y a final de este mes. ¡FEliz cumpleaños, Harry! Eres un amor y te quiero un montón X3. Espero que Draco realmente sea buena gente y te dé un buen regalo. JO.
Muchas gracias a FanFiker-FanFinal por la ayuda en el beteo. ¡Flores de colores para ella! :D
A los reviews que no puedo contestar por privado:
Kansadra Potter; Jajajaja, todos merecen mimos extras en sus cumpleaños, aún cuando sean malvados. xD ¡Gracias! el punto aquí es disfrutar y creo que hasta ahora, nadie se ha quejado, jejeje. ¡Besos!
Yasha; Aquí está, no nos hemos perdido. Espero te guste el capítulo. ¡Beso!
¡Muchas gracias a Kuroneko1490, The darkness princess, lucas1177, Gabriela Cruz, JessyRiddleFriki, Acantha-27, Deardeay, FanFiker-FanFinal, Luka36, kasandra potter, coptesita, Izlandi, Nozomi Black, Sayuri Kazemaru, xonyaa11, AishaUchiha, AnataYume y yasha por sus reviews!
¡Buen domingo y excelente día del Drarry! ¡A leer su Drarry favorito! :D
