El sueño llegó a Harry tan rápido como la velocidad en la que volaba una snitch, con tan solo tocar su cama en su habitación de la torre de Gryffindor, la cual milagrosamente había salido viva de todo el desastre que había ocurrido, ya estaba completamente dormido. Hace días que no dormía en paz, y sinceramente no le gustaba ninguna de todas las ovaciones y aplausos que le llegaba a su persona desde cada rincón del castillo.
Y por primera vez en mucho tiempo deseo con todo su ser poder dormir tranquilamente, sin visiones ni pesadillas, o bueno... ¿Acaso no podía pedir un poco de paz después de todo lo que había pasado?
Harry se encontraba en una habitación blanca, no era nada comparada con la vez de cuando había "muerto" y había aparecido en King Cross. Esta vez no veía nada y dudaba acaso si había algo. Solo blancura.
- ¿Hola? -suspiró Harry, en serio había pensado que después de que todo se acabase por fin podría tener una vida como la de cualquier otro chico, o lo más normal que un mago pudiese tener.
Un figura se materializó a solo unos pasos del chico. Harry no le podía ver la cara, llevaba una túnica negra y desgastada que cubría todo su cuerpo, lo único que el chico podía alcanzar a ver eran sus manos blancas como la nieve, con largas y sucias garras y llena de cortes y golpes, y con algunas manchas de lo que parecía sangre seca.
- Hola, chico -arrastraba las palabras, como una serpiente, su voz era fría y no daba paso a ningún signo de algún sentimiento- que bueno que ya has llegado, te hemos estado esperando por mucho tiempo.
- ¿Tú y quién más? -Harry no pudo evitar que un pequeño escalofrío invadiera su cuerpo, esa voz, esa voz, era... Harry no estaba muy seguro, pero sabía que la conocía de algún lado, esa frialdad y liderazgo no podían ser fáciles de olvidar.
- Nosotras -otras tres figuras aparecieron detrás del chico, pero a diferencia del primer sujeto, las tres nuevas figuras se veían limpias y con capas blancas, y con la cual Harry alcanzaba a ver cómo un aura poderosa las rodeaba. Eran mujeres, sin lugar a dudas, su voz, a pesar de ser fría y temerosa como la del primero, era más delicada y suave-. Te hemos estado observando y tenemos que admitir que nos has sorprendido más de una vez. Y no es fácil sorprendernos -las tres figuras hablaron al mismo tiempo, como si fuesen una, creando eco en todo el lugar donde en ese momento se encontraban.
- ¿Qué quieren de mí? -Harry no pudo evitar pensar en que si se encontraba una pelea con las cuatro figuras, no tenía ni una sola posibilidad de vencer.
- Como ya te hemos dicho, hemos estado observándote, has salvado el mundo que hemos creado incontables veces, y gracias a ello, estamos aquí para darte nuestro regalo.
Una de las tres mujeres hablo, la del lado izquierdo y a pesar de ser la más baja en estatura de las tres, Harry podía observar cómo parecía ser la más vieja y sabía de todas las figuras ahí presentes-. Yo soy Pasado.
La figura de en medio, la de la voz más potente, hablo-. Yo soy Presente.
Y finalmente, la figura más alta y joven de todas termino-. Y yo soy Futuro.
- Estamos seguras de que ya has oído hablar de nosotras, así que nos ahorraremos las presentaciones.
Harry estaba seguro de haber oído de ellas, como tiempos, nunca se lo imagino como personas de verdad.
- Y espero que ya me conozcas a mí, Señor -la primera figura que había aparecido hablo, se quedo unos segundos en silencio, como si esperase que Harry saltase a estrecharle la mano como a un viejo amigo-. Pero como veo que a pesar de las docenas de veces que te has escurrido de mis manos, déjame presentarme: soy la "Muerte" como muchos me conocerán, pero sinceramente espero que no creas que enserio me llamo así, mi verdadero nombre es: &:/¶¡~#%* -Harry creyó al principio no haber oído bien, pero con la seguridad de cómo hablaba el individuo dudo si acaso era una broma de mal gusto-. Y como eres el nuevo Señor de la Muerte, estoy completa y plenamente a tu servicio -la muerte hizo una pequeña inclinación de cabeza hacia el chico.
- Hoy nos reunimos contigo para ofrecerte un regalo por todas las veces que has salvado este mundo que tanto nos costó crear -dijo Futuro.
- Pero no digas que te dijimos que solo fuimos nosotras tres, si Destino, Espacio, Naturaleza y Vida te oyeran decirlo, estamos fritas -susurro la que antes se había prensado como Presente.
- Pero no estamos aquí para hablarte de nuestros problemas familiares con nuestros hermanos -interrumpió la más vieja de todas, Pasado-. Como ya te lo hemos dicho, estamos aquí para entregarte nuestro regalo, algo el cual estamos seguras que no podrás rechazar.
Harry oyó un suave "PLOP" detrás de él e instintivamente giro con la mano levantada apuntando con su varita a cualquier peligro que se le presentase.
Se quedó mudo al ver lo que tenía enfrente, nunca pensó volverse a encontrar con aquella cosa y con eso recordó la primera aventura que tuvo. Y sin que se percatase, una oleada de nostalgia lo derribó.
Detrás de él un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras.
Tenía una inscripción grabada en la parte superior:
Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.
"Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo" No pudo evitar pensar Harry.
El espejo de Oesed estaba parado enfrente de él con toda su magnificencia. Harry no pudo evitar acercarse a él temerosamente, ahí estaban, como hace siete años, en el mismo lugar, solo que ahora había mucha más gente de la que antes había observado.
Una mujer muy bella, de cabello color rojo llameante y con el mismo verde esmeralda en sus ojos como en los de Harry. Agarrado de la mano de la mujer, un hombre alto y delgado y de pelo negro como el del chico le sonrió y le saludo, sus gafas se le resbalaron por su aristócrata nariz, pero a él no le importo, saludó felizmente a su hijo. Pero esta vez, detrás de él no sólo estaban los familiares de Harry; muy apretujados, al lado de sus padres, se encontraba toda la familia Weasley, saludándole y sonriéndole, todas las marcas y rasguños de la guerra que habían pasado habían desaparecido, todas sus arrugas de preocupación no estaban.
Y sentados, enfrente de todo, estaban sus dos mejores amigos, los que siempre lo habían acompañado, en las buenas y en las malas. Ron le pasó el brazo por los hombros a Hermione, y por primera vez en mucho tiempo, sus caras reflejaban pura felicidad y calma, no había ni un solo deje de preocupación o tristeza.
Harry no pudo evitar sonreírles y saludarlos de regreso. Y no se percató de lo cerca que estaba hasta cuando su nariz estaba casi rozando el espejo y su aliento empañando el objeto, se había pasado minutos ahí parado.
Sintió una fría y delicada mano en su hombro, y no pudo evitar dar un pequeño salto del susto. Detrás de él, la Muerte lo observaba con cariño, aunque Harry no estaba completamente seguro de ello, ya que su cara seguía siendo cubierta por el velo negro.
- Como ya sabrás el uso de este espejo es enseñarte lo que más desea tu alma, no importa lo imposible o engañoso que sea.
"Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible." La calmado voz de su antiguo profesor resonó en su cabeza.
- Y como ya lo habrás descubierto, tu deseo es tener una familia, sana y salva. Una vida normal, sin peligros, sin locos sin alma esperándote a la vuelta de la esquina para atraparte en sus redes -continuó diciendo Pasado obviamente sin darse cuenta de lo que pensaba en ese momento el chico-. Y como tantas veces nos has salvado a todos, hemos decidido cumplir este deseo. Y... No nos agradezcas a nosotros, Muerte fue el que tuvo la idea, después de todo lo que has echo por nosotros y por nuestro mundo, además de que ahora eres su Señor. Esto es lo menos que podemos hacer por ti.
- Espera, ¿Qué? -Harry acababa de salir de su aturdimiento y por primera vez se dio cuenta de lo que los cuatros individuos en esa habitación le estaban ofreciendo.
- Si Harry, te enviaremos a un lugar donde puedas tener una familia que te quiera y se preocupe por ti, una vida sencilla, donde el destino no te enviará a algún problemas, si te metes en problemas, esa ya será tu propia conciencia -una figura nueva apareció, después otra, y luego otra y otra.
La figura que primero apareció de las cuatro, se presentó- Soy Destino -Era un hombre alto, y al igual que todos los poderosos individuos ahí presentes, una capa dorada cubría todo su cuerpo.
Otro hombre, igual de alto que el primero, con una túnica morada y con una voz fuerte que resonaba en toda la habitación- Yo soy Espacio.
Los dos individuos que quedaban eran sin duda mujeres, ya que al igual que los Tiempos, su voz era más clara y su cuerpo más definido.
La más alta de las dos y con la mejor figura en la cual una túnica verde esmeralda cubría, hablo- Yo soy Naturaleza.
Y la última figura de todas, bajita y un poco regordeta, con una túnica plateada, termino- Y yo soy Vida.
- Como bien esperamos que sepas, nosotros somos los creadores de tu universo y muchos más -hablo Espacio.
- Nosotros organizamos y preparamos todo -siguió Naturaleza.
- Hacemos que todo el mundo tenga y siga su propia camino -continuó diciendo Destino.
- Nosotros creamos y quitamos vidas -dijo Vida.
- Y estamos todos aquí presentes para darte tu mayor deseo -terminaron todos los individuos con capa.
- Te llevaremos a un lugar donde no te moleste Voldemort en específico.
- Pero... En mi mundo, Voldemort ya no existe, ya no tenemos esa conexión ¿o no? -preguntó temeroso Harry.
- Bueno, no, no, ya no existe esa conexión, pero todas las habilidades que te dejo Voldemort seguirán estando contigo, después de todo, se volvieron un parte de ti. Un ejemplo es la lengua de las serpientes.
- Así que ¿lo aceptas? ¿Aceptas el regalo? -preguntó Futuro-. Cuando cumplas con tu destino en esta nueva vida regresaras a esta habitación y tendrás la oportunidad de quedarte ahí o regresar a la que antes tenías.
Harry pensó unos minutos lo que le estaban ofreciendo, ¿qué podía tener de malo una vida normal? ¿O lo más normal posible? Además, si no le gustaba, podía regresar, ¿no?
- Acepto -. Harry no se dio cuenta de que esa simple palabra podía cambiar todo, moldear toda su vida de ahí en adelante.
Las ocho figuras con capas se voltearon entre sí, antes de rodearlo y levantar sus manos al aire y empezaron a cantar un extraño cántico en otra lengua la cual Harry nunca había oído.
¿Enserio quiero esto? Se preguntó Harry a si mismo mientras veía a las figuras que lo rodeaban llenarse de poder mientras una luz blanca crecía encima del chico Bueno... Si, siempre he querido tener una vida normal, donde nadie susurre mi nombre o me apunté por sólo tener una cicatriz, pero... Enserio lo arriesgaré todo por una nueva vida. Me refiero, ya que todo acabó puedo crear una vida con todos mis amigos, puedo recuperar la relación que tuve con Ginny, puedo volver a jugar como lo hacía antes con Hermione y Ron, puedo volver a la acogedora hospitalidad de la Madriguera. ¿Enserio estoy arriesgando todo eso por algo lo cual ni siquiera estoy seguro de que funcione? En ese momento Harry se dio cuenta de su grave error, él no quería todo eso, estaba feliz con lo que le quedaba.
- Esperen, yo no... -. Pero no pudo terminar, todo estaba listo.
Una cegadora luz blanca inundó la habitación, Harry cerró los ojos para no quedarse ciego, y con un pequeño estallido que inundó toda la habitación, Harry desapareció en una nube de humo. Las cuatro figuras se quedaron quietas, viendo en silencio el punto donde antes el salvador del mundo mágico y no-mágico se había encontrado. Y más de la mitad de ellos se preguntaban si había sido buena idea hacer aquello.
Minutos después, los ocho creadores del universo desaparecieron uno por uno, regresando a sus deberes del día; después de todo, ser el creador de algo tan hermoso como la vida no era fácil.
