Furia, miedo, confusión y reconciliación.

El miedo recorría su cuerpo y no era para menos. Estaba seguro de que el sacarlo de su pecho le traería problemas, sobre todo tratándose de ellas dos, las sus dos hermanas más apasionadas, y, por consiguiente, al menos con Lynn, las más impulsivas.

Trago saliva mientras veía como la expresión de aquella a quien tenía enfrente cambiaba de una ligera molestia a un enfado total. Y estaba dispuesto a aceptarlo, no tenía como refutar aquel error, y tampoco serviría de nada tratar de hacerlo, pues conociendo a Lynn, sabía que cuando de verdad se molestaba, era difícil, casi imposible tratar de razonar con ella.

- ¡¿Qué tu qué?! -Gritó, tomándolo del cuello con fuerza, no demasiada, pero suficiente para llenar el alma de Lincoln de un miedo terrible y haciendo que se pusiera de pie junto con ella-.

Obviamente se le podía ver lo molesta que estaba. Si, se trataba de su hermano, pero no era excusa para andar de fisgón, mucho menos de irrumpir la privacidad de la que debían gozar, la que casi siempre respetaba, aunque no fueran reciprocas con él. De hecho, esa ya era la segunda vez que irrumpía en una de las habitaciones de su hermanas sin antes haber recibido autorización.

Solo sujetaba con ambas manos el poderoso brazo de Lynn con el cual lo tenía aprisionado, sintiendo el dolor al ella hacer más y más presión en su cuello.

- Tienes tres segundos para tratar de excusarte, pequeña rata pervertida -sentenció ella, apretando la mandíbula por el odio que en ese momento estaba sintiendo en contra de Lincoln, un odio que solo podía igualar al que sintió la vez que Lincoln hizo aquel video humillando a todas ellas-.

Tenía una oportunidad de excusarse, sin embargo, no podía pensar en nada para salir de esa situación. ¿Qué excusa medianamente creíble podía darle a Lynn en ese estado? Ella ya se encontraba decidida, ya no había nada que hacer para evitarlo.

No podía darse una idea de lo que debían estar sintiendo Lynn y Luna, quien, hasta el momento, no había intervenido para nada, inclusive, ni siquiera parecía haberse inmutado ante tal declaración del peliblanco, aunque en realidad, no le daba tanta importancia a eso.

Y aceptó su destino inmediato. Cerró los ojos y negó ligeramente con la cabeza, dando a entender que no tenía nada para refutar e intentar salvar su miserable integridad física, y por lo cual, Lynn no perdió tiempo para descargar su ira.

Aun con la vista nula, pudo ver venir el primer golpe, de hecho, vio desde el momento en el que el brazo de Lynn tomaba impulso, para inmediatamente dirigirse hacia su rostro, no importaba cual fuera el destino, iba a doler, pensó de manera casi divertida, esfumándose esa sensación al poder sentir el poderoso impacto del puño de su hermana mayor contra su ojo izquierdo. La masacre había empezado.

Se sorprendió al no escuchar su cuello romperse debido al latigazo que dio su cabeza al recibir ese primer impacto, pero no tenía tiempo de pensar en eso, debía enfocarse en como seguir con vida ante la avalancha de golpes que seguiría, esta vez siendo su zona abdominal en la que recibiría la furia de Lynn.

Cada golpe le significaba un peso menos. Ahora, cada vez que a su mente regresara la imagen de esas dos hermosas mujeres en esa situación, también llegarían los recuerdos de esa paliza que estaba recibiendo, aunados a los de los insultos que podía sentir que Lynn decía desde lo más profundo de su alma, esos cargados de odio, de repudio.

Era un golpe, y un insulto. No lo dejaba descansar.

- ¡Eres un cerdo!

Daba un golpe.

- ¡Degenerado!

Volvía a golpear. Cada vez lo hacía con más intensidad, con más furia.

- ¡Somos tus hermanas, imbécil!

Y una vez más conectaba en su estómago, dando repetidos golpes, pero cesando en los insultos, aunque eso no lograba suavizar los golpes de Lynn.

Fueron alrededor de 10 o 15 golpes directo al estómago. El sabor a sangre en su boca al fin se había hecho presente, y ella, al notar la presencia de este fluido en su boca, no cesó en su ataque como uno pensaría, aun no, simplemente cambio el destino de su golpe final, siendo precisamente la quijada de Lincoln donde recibiría el ultimo impacto, cosa que hizo al fin desistiendo del agarre del cuello, haciéndolo girar, estrellarse contra la pared y caer en la cama abatido.

Lamentablemente, la furia de la deportista no parecía cesar, quería continuar destrozando a su hermano menor, aunque estuviera ya caído, sin embargo, al fin, la otra involucrada intervenía.

Él, aturdido, solo podía ver como discutían entre ellas, ambas plenamente molestas. Lynn parecía querer seguir con esa masacre, pero era el turno de Luna, o al menos eso pensó hasta que vio a Lynn salir por la puerta, ignorando a todas sus hermanas que se habían reunido tras la puerta de la habitación del peliblanco al escuchar el escándalo que se provocó.

Luna, al darse cuenta de esto, volvió a cerrar la puerta con seguro, aunque hubiera deseado que ninguna de sus hermanas hubiera visto el estado de Lincoln.

Se acercó a él, aun mareado. Ya esperaba la siguiente ola de golpes, sin embargo, sentía como podría desmayarse en cualquier momento, y se lamentó por no darle a Luna esa satisfacción de estar consiente al momento de ella también orquestar su… ¿venganza?

Le acercó lentamente una mano, pero esta acción no parecía conllevar fines violentos, más parecía que trataba de verse comprensiva y compasiva. Tal vez solo lo ayudaría a levantarse para volverlo a dejar en el suelo, pero no, ese rostro no reflejaba malicia alguna. Aparentemente, no solo Leni podía dar esa sensación con la mirada.

Tomó la mano que Luna le ofrecía para poder erguirse nuevamente, al menos sobre la cama, pero no le dirigió la mirada, algo que la molestó. Sin embargo, recordó porque lo hacía. Esa confesión no se podía pasar por alto, fue eso en lo que estuvo pensando durante el momento que Lynn trató de dejar inconsciente a Lincoln, desconectada de lo que estaba sucediendo, y regresando a la realidad con ese último golpe.

El silencio nuevamente hizo su aparición dado que ninguno de los dos sabía cómo interrumpir ese momento. Lincoln no tenía el valor para ver a su hermana a los ojos y Luna, aun conmocionada por la confesión del peliblanco, aunado a la ligera vergüenza por no intervenir mientras recibía esa ola de golpes provenientes de Lynn, sin embargo, esa sensación era nada al lado de la primera, la cual combinaba diversas emociones en la mente de Luna.

Habiendo pasado unos segundos, los cuales fueron aprovechados por Lincoln para recomponerse un poco, él mismo fue el que rompió el silencio.

- Lo… lamento -dijo con dificultad y evidentemente apenado-. Debes… debes pensar que… que… me debes estar odiando -finalizó tomándose las zonas que recibieron los impactos-.

Solo pasaron dos segundos para que ella hablara.

- Yo, no te odio -decía tranquilamente-, es decir, si estoy algo molesta, pero no es para tanto.

- Claro que es para tanto. Ni siquiera sé cómo llamarle a lo que hice.

- Se llama fisgonear -comentaba tratando de sonar graciosa, o al menos, no tan seria-, hermano. Te lo repito, no es tan malo, de verdad -finalizó colocando una mano sobre el hombro de Lincoln-.

La sensación que le provocaba ese tacto no podía describirla con precisión. Podía interpretarla como una combinación de amor fraternal y maternal, cálida y refrescante al mismo tiempo. Sentía en su hombro desnudo esa suavidad de la mano de su hermana mayor, y por alguna razón que no comprendía ni tenía intención de hacerlo, esa sensación le provocaba una muy grata felicidad, como si con ese simple tacto, todos los dolores se disiparan.

- Entonces, ¿por qué me siento tan mal?

- Pues puede ser porque Lynn te dio la paliza de tu vida -dijo riendo levemente, a lo que Lincoln también causó algo de gracia-. Pero ya, en serio, te sientes así porque nos respetas mucho -volvió a comentar cariñosamente-. Cualquier chica tendría suerte de tenerte como pareja, Linc.

- Eso no viene al caso, pero gracias hermana -mencionó él, mostrándole una tibia sonrisa al momento de que por fin le dirigía la mirada-. Aunque tal vez Lynn ya no piense eso.

Lincoln dejaba caer la mirada una vez más al recordar como esa situación estaba provocando que perdiera el respeto que una de sus hermanas tenía por él, tanto como hombre, y como hermano. En sus adentros estaba convencido de que, para Lynn, él prácticamente ya no era nada.

- Dale tiempo, hermanito. Sabes que Lynn suele ser muy impulsiva. Tal vez debiste pensar mejor antes de decirnos eso.

Aunque había comenzado con un tono alegre para decir aquello, conforme terminaba su frase, podía notarse en su voz el cambio a una actitud un poco más seria, pues estaba recordando el porqué de esa situación se había suscitado.

- Oye bro -comenzaba de nuevo, esta vez, con ese tono de seriedad en su voz, pero sin querer sonar como si estuviese a punto de reprender a Lincoln-, necesito que me digas que fue lo que paso.

Él suspiro ante el cuestionamiento. Era prácticamente obvio que lo haría, y, de hecho, pensó que se había demorado un poco. Sin embargo, esperaba que ya con eso, se le pudiera dar vuelta de hoja a la situación y así no hacerlo peor de lo que posiblemente ya era.

- Bueno -comenzó seriamente-, yo… esta mañana yo sentí la necesidad de hablar contigo sobre… bueno, ya sabes. Quise aprovechar el momento de paz y hablar pensando en que tú me podrías hacer sentir mejor, y cuando Leni me dijo que habían dormido juntas, pensé que era una buena oportunidad para darle vuelta a todo el asunto de ayer.

Sinceramente, ella esperaba toda una descabellada excusa, y no es que esa fuera del todo creíble, sin embargo, y dadas las circunstancias, después de sopesarlas un momento, no tuvo manera de objetar.

Ciertamente sabía que Lincoln de un tiempo a la fecha había comenzado a recurrir con más frecuencia a ellas para que lo ayudaran a solventar problemas cuando tenía la sensación de que ni él ni sus planes podrían sacarlo de ellos, también acudiendo a ellas en algunas ocasiones en busca de un favor, como cuando recurrió a Lynn para que ésta lo ayudara a entrenar e ingresar al equipo de baloncesto escolar para darle a su madre algo de satisfacción haciendo un poco de ejercicio.

- Pero parece que no salió nada bien -finalizó-.

Luna, distante de estar furiosa, apenas mostraba ligeramente el ceño fruncido. Si, su intimidad y privacidad tanto de ella como de Lynn había sido ultrajada, sin embargo, decidió darse un momento para pensar, y aunque eso era cierto, no tenían el derecho de molestarse, pues viendo en retrospectiva, no hace mucho habían dejado de interrumpir la privacidad del mismo Lincoln, muchas veces encontrándolo leyendo como solía hacerlo, siendo este caso, la excepción.

Luna suspiró antes de comenzar a hablar.

- Bueno, supongo que tampoco podemos reclamarte. No pensamos en que alguien podría entrar a la habitación y vernos así.

- No, debieron confiar en la privacidad, y yo la rompí, es por eso por lo que Lynn me hizo esto.

Esa declaración ponía a pensar a Luna. Lynn creía en la privacidad, pero también sabía que, en esa casa, era difícil conseguirla en su totalidad. Prácticamente todos los habitantes tenían presente eso. Pero en ese momento, esa noche, solo eran ellas dos, compartiendo un hermoso momento, dejando salir todo lo que tenía que salir, apoyándose, y desgastándose en el proceso, razón por la cual quedaron así en ese momento, tan… expuestas.

- ¿Sabes Linc? -Comenzó Luna nuevamente- Estoy segura de que Lynn no actuó así solo porque la viste… como la viste, a ella y a mí.

- Ehh… yo creo que sí.

- No. Mira, Lynn se jacta de ser ruda, tenaz y agresiva, pero cuando nos lo confesaste, ella se sintió igual que yo.

- ¿Ah? -Preguntó, pues no entendía nada de lo que la rockera decía-.

Dio un nuevo suspiro, más largo que los anteriores.

- Ella se sintió desprotegida, débil, vulnerable. Se sintió totalmente contraria a lo que ella es, y eso la enfadó.

- Creo que entiendo. Aparentemente, de todas formas, fue mi culpa.

- No, no pienses eso bro. Ella solo…

- Ella solo quiso desahogarse -la interrumpió volviendo a sonreír ligeramente-. Descuida, está bien. Es… una carga menos en mi conciencia.

- Aun así, hablaré con ella, y tú por lo pronto, deberías descansar. Al menos no tendrás que ir al hospital, hermanito.

Lincoln solo siguió sonriendo.

La conversación parecía haber llegado a su fin, pues ante ese último alegato, se levantó de la cama de su hermano para dejarlo recostarse en ella y descansar, dirigiéndose a la puerta, pero antes de tomar siquiera el picaporte, se devolvió a ver a su hermano, que hacia su esfuerzo para recostarse en la cama.

- Oye, ¿vernos así significa una carga en tu conciencia? -Preguntó sarcásticamente, esperando relajar más los tensos momentos-.

El peliblanco bufó una risa antes de responder.

- Lo serian aun si no fueran mis hermanas.

- Eres muy cursi Linc.

- ¿Qué puedo decir? Me educaron correctamente -terminó mostrando una notable sonrisa-.

Luna también sonrió ante esa respuesta. Se sentía orgullosa de escucharla por parte de él.

Finalmente se disponía a abandonar la habitación, pero al abrir la puerta, se hizo inmediatamente a un lado para dejar que 5 niñas entrometidas cayeran por habérselas retirado, quedando amontonadas en el suelo de la habitación del semi-albino.

- Así que… ¿se les ofrece algo, pequeñas entrometidas? -Comentó indignada-.

- Luna, si quieres, déjame esto a mí -dijo Lincoln con mucha confianza-.

- ¿Estás seguro?

- Por supuesto -añadió al mismo tiempo que levantaba el pulgar-.


Ni siquiera se colocó los guantes, simplemente colocó el saco y comenzó a golpearlo con mucha furia.

Prácticamente no podía sentir los impactos que le daba a ese costal. Su mente se encontraba totalmente distraída, pensando en eso que Lincoln les reveló. Pensar en él solo la llenaba más de ira, una ira que estaba tratando de canalizar, y, sin embargo, no podía. De hecho, ya se había formado en su mente la idea de que su hermano se había transformado en un completo degenerado.

En un instante, sin haberse dado cuenta, sus ojos ya habían soltado un par de gotas, pudo sentir lo irritados que estaban al igual que sus nudillos, pero no cedía en su ímpetu.

- Deberías tranquilizarte, Balboa.

Escuchó que decían detrás de ella, lo cual apenas la distrajo de lo que se encontraba haciendo. Apenas vio quien había dejado salir esas palabras, regresó a lo suyo, sin dirigirle palabra a Luna. No necesitaba un sermón acerca de cómo actuar con sus hermanas y hermano.

- No servirá de nada que lo trates de evitar de esa manera -mencionaba, adoptando un tono más serio-.

- Obsérvame.

- ¿Entonces así será? ¿Evitaras los problemas cuando se presenten? ¿Esa es la Lynn que veremos de ahora en adelante?

- Ya entendí -dijo frustrada, pero sin detenerse-. Lo que tengas que decir que sea rápido. Y si vas a decirle a papá o a mamá, asegúrate de mencionar lo que lo provocó.

Guardó unos segundos de silencio, quedándose ahí recargada en el marco de la puerta con los brazos cruzados, hasta que decidió entrar en la habitación y encarar a la también castaña. Sin embargo, no se colocó frente ni junto a ella, sino que se paró justo detrás de ella, posando una mano en su espalda.

- Lo de Lincoln, ambas sabemos que fue un accidente, por eso nos lo dijo; lo que tú le hiciste, no.

Al escuchar esas palabras, Lynn se volteó para quedar frente a frente con Luna. Se le veía molesta, irritada. Mas en cambio, Luna no parecía estar consternada ni molesta con ella, más que nada, parecía estar decepcionada. Era la primera vez que veía a Lynn con la firme intención de hacerle daño a uno de sus hermanos.

- ¿Al menos entiendes lo que ese estúpido hizo? -Preguntó furiosa-.

- Ese "estúpido" cometió una tontería -adoptó un tono más tranquilo-. Entiende hermana que no fue algo que hizo alentado por la lujuria y la perversión. Sabes que Lincoln no es así.

Tratando de reducir la tensión, Luna también controlaba su carácter, pues además tenía la creencia de que eso también había sido consecuencia de los últimos acontecimientos y la aglomeración de emociones que estaba sintiendo Lynn en ese último par de días.

La de la cola de caballo también bajaba la intensidad de su actitud, pero no podía dejar de sentirse molesta con Lincoln. En ese momento, lo que llegó a sentir por Lincoln cuando subió ese video humillándolas a todas era nada comparado con lo que ahora sentía, puesto que esta vez, si terminó con resultados violentos.

Aun se estaban encarando cuando Luna tomó las manos de Lynn en las suyas para seguir hablando con ella y hacerla entrar en razón.

- Sis, sé cómo te puedes estar sintiendo, créeme. Y sé que no es nada agradable, que te sentiste vulnerable, pero debes recordar que se trata de nuestro hermano, no de cualquier patán de la escuela -finalizó con una muy ligera sonrisa-.

La deportista se quedó muda, analizando lo que había escuchado. Cierto, era su hermano, y aunque era un hombre antes, él no es así.

Se sentaba en la cama guiada por Luna, quien no soltaba las manos de su hermana menor, en realidad, observando el daño que se habían hecho cuando descargaba su furia con aquel costal de arena que colgaba en el centro de la habitación que compartía con la gótica.

Sus nudillos se encontraban enrojecidos, y en algunas partes, la piel se había abierto.

- Tienes razón…

- ¿Qué? -Preguntaba confundida-.

- Es verdad -continuaba diciendo, avergonzada-. Creo que exagere.

Luna sin querer se había concentrado de más en las heridas de las manos de Lynn, las cuales no eran nada graves, aunque le provocarían algunas molestias por un par de días.

En realidad, le llegaba a parecer extraño el haberse concentrado de esa forma en eso, pues las heridas de esa índole eran demasiado comunes en su casa y en la mayoría de sus hermanas, pero en ese momento, las ampollas de en las manos que sostenía de verdad le hacían sentir mal, casi como si pudiera sentir el dolor y la molestia que le estaban provocando a Lynn.

A pesar de ese fugaz pensamiento, las palabras de Lynn la regresaban al momento, y habiendo escuchado eso último, nuevamente le dirigía a Lynn la mirada para sonreírle, encantada de que haya reaccionado de una manera tan rápida a lo que estaba tratando de decirle.

- ¿Sabes? Deberías hablar con Linc, pero hazlo cuando creas que es necesario. Debes sentirte incomoda aún.

- Me siento incomoda, pero creo que hablar con él me ayudara.

- Me alegra oír eso, hermana.

Ambas se dedicaron mutuas sonrisas antes de que Luna abandonara la habitación de Lynn, pero antes de que esta lograra salir de la habitación, esta le llamaba para hacerle un cuestionamiento más.

- Oye, ¿no crees que estamos demasiado sensibles últimamente?

Luna solo bufó una risa.

- Termine con mi novia hace un par de meses y sabes que aún no lo supero; y ustedes dos, bueno, no te lo tengo que recordar. Es normal encontrarnos así chica. Sentirnos de esta forma es lo que nos hace saber que somos humanos -le respondía con una tibia, pero bella sonrisa-. Nos vemos hermana, Luan quiere que le de acompañamiento musical a uno de sus actos.

Así, después de lo que le dijo, solo vio a su hermana desaparecer de su vista, para luego quedarse pensando en aquello que le había dicho antes de irse. Si era verdad, quizás al final solo descargo su sentir con Lincoln cuando le dijo aquello. Ahora que lo pensaba nuevamente, ya no se sentía del todo enojada, si molesta y ligeramente avergonzada, pero ya no furiosa.

Por eso, habiéndose relajado pensó en ir a hablar con el peliblanco. Posiblemente le deba una disculpa, pero él, una explicación.


Había pasado mucho tiempo desde que se sentía tan relajado.

Habiendo logrado sortear todo lo sucedido con una pequeña charla con sus hermanas menores le había dejado en el alma una entera sensación de paz.

Últimamente, el sincerarse no parecía la mejor de las opciones, pero sabía de mano propia que el mentir tampoco era la respuesta. A veces solo bastaba con ocultar un poco la verdad, y así fue el caso con sus pequeñas hermanas, las cuales no tenían que saber el porque de la pelea. Ni siquiera tendrían la noción de porque Lynn reaccionó de esa manera ante eso, o al menos eso era lo que pensaba.

Simplemente a Lincoln le bastó con decir que él había hecho que su hermana deportista se molestara con él.

Razones no dio, pero todas, inclusive la pequeña Lili, quien también se había colado a la intromisión, pensaban que haya sido lo que haya sido, o fue exagerado, lo cual tenía a un par de ellas algo molestas con Lynn; o Lincoln de verdad había cometido un error incluso más grande que todos los anteriores juntos.

Detalles más, detalles menos. Las pequeñas habían obtenido una vaga explicación de lo que había sucedido y del alboroto generado, y aunque se habían quedado insatisfechas, al menos habían obtenido el chisme, pensando que, con eso, al menos le permitirían descansar un poco sin interrupciones, pues lo necesitaba.

Sin saber en qué momento, el peliblanco había caído rendido.

Aquella tranquilidad también lo ayudó a dormir al menos un momento para tratar de recuperarse físicamente, esperando no ser interrumpido al menos hasta la hora de la cena, en la cual, aun no sabía cómo, tendría que explicar el ojo morado y el labio roto.

Decir la verdad se descartaba. Ya no quería tener más problemas con Lynn, los cuales se generarían en caso de decir la verdad, y a ella de paso, también la metería en problemas.

Inconscientemente estaba armando el plan mientras dormía.

Leni y Lola le podrían ayudar a maquillar el ojo y el labio, pero aun tenía que pensar en cómo ocultar la reacción de dolor en su abdomen. Lynn realmente había castigado esa zona. No podía ni caminar sin que se notara que algo le sucedía, o en su caso, que algo le dolía.

Aun así, no era motivo suficiente para robarle la calma. No eso…

- Linc -susurraba-. Lincoln.

Él en cambio, se resistía a despertar. Se encontraba tan feliz en ese estado. Eso se reflejaba en su rostro dormido y ella lo podía notar claramente. Pero realmente necesitaba hablar con él, necesitaba pedir perdón y escuchar una explicación de lo que había sucedido.

- Hermano -intentaba nuevamente, esta vez sacudiendo un poco el noqueado cuerpo de Lincoln-.

- Mmmh, ¿qué demo…? ¡Lynn!

Al abrir sus ojos y aclarar su visión, el ver de esa manera a su "atacante" hizo que se sobresaltara, y no ayudaba nada la tranquila expresión y la hermosa sonrisa que adornaba el rostro de su hermana mayor inmediata.

- ¡No, no! ¡Por favor! -Suplicaba temeroso, arrinconándose sobre la cama-. ¡Lynn, te juró que… que fue un accidente!

- No, no. Por favor, calma hermanito -trataba de tranquilizarlo-. No vengo a hacerte daño.

- ¿En -tragó saliva-… serio?

El tono de voz de la castaña cola de caballo lo tranquilizaba un poco, sin poder relajarse completamente de todas formas.

- Si. Tranquilo -ella tomaba su mano y se sentaba con él en la cama, haciéndolo relajarse más. Había logrado sacarlo de su inicial sobresalto, el cual comprendía a la perfección, avergonzándola un poco-.

Mientras él, decidía confiar en Lynn. Ella podía ser muchas cosas, pero no una chantajista, no desde aquel incidente de la suerte y el traje de ardilla.

Pasó varias semanas lamentándose por ese hecho, al punto de intercambiar habitación con Lincoln hasta que pudieran recuperar los muebles que su madre había vendido. Algo en su cabeza había resonado demasiado para hacerla cambiar tan radicalmente, pues dejo de ser tan supersticiosa. Tal vez el hecho de ver a Lincoln siendo el blanco de burlas y bromas demasiado crueles, aunado al hecho de haberse él negado a decir la verdad acerca de ese acontecimiento.

Su hermano había ganado no solo respeto de parte de todas ellas, sino también la confianza en él.

Recordó todo eso en ese instante. Pensamientos que bien le habrían venido hace un par de horas.

Se quedaron en esa posición un ligero instante. Ella viéndolo, alternando sus expresiones entre la tranquilidad y la vergüenza; mientras, Lincoln, con cada momento que pasaba con Lynn sosteniendo su mano, se daba luz de que las intenciones de esa visita no eran de ninguna manera hostiles. El miedo ya había abandonado al peliblanco.

- Lincoln -finalmente ella se disponía a romper el incómodo silencio-, yo… lo lamento -decía bajando la mirada, sin soltar la mano de su hermano menor-. ¿Podrás perdonarme?

- ¿Por qué me pides disculpas, hermana mayor? -Respondió-.

No esperaba esa respuesta de su parte, mucho menos que su respuesta fuera otro cuestionamiento.

Recordaba un programa de comedia, un episodio en particular en el que uno de los personajes decía que solo los idiotas responden una pregunta con otra pregunta.

Le parecería gracioso comentarlo, pero tal vez no a él, es por eso que prefirió guardarse ese comentario que sería más propio de Luan, y enfocarse mejor a la pregunta que le había lanzado.

- Bueno, creo que, por si no lo notaste, te use de saco de boxeo sin razón alguna -mencionó con sarcasmo-…

- Espera, alto -la interrumpía-. Tuviste una razón, y solo… reaccionaste. Tu no debes disculparte, yo sí. Lo lamento.

- ¿Y tú por qué te disculpas? -Cuestionó confundida-.

- No creo necesitar recordártelo, pues fue la razón de que me… de esto.

La castaña cola de caballo bajaba nuevamente la mirada. Sin querer, Lincoln había hecho que de nuevo se sintiera mal con ella misma por lo que le hizo. Así que notando lo que había provocado, se dispuso a arreglarlo.

- Oye hermana, vamos. Tu solo te defendiste -le decía alegre-. No tienes por qué sentirte mal por eso. Si fuiste capaz de hacerme algo así solo por verte… eh, desnuda, quien sabe que le puedas hacer a alguien que de verdad quiera hacerte daño.

Después de sus palabras, Lynn le dirigía la mirada, confusa. Pero podía ver como él le sonreía tiernamente, a lo cual ella respondió solo con bufando una risilla.

- Estas perdiendo el don de la palabra, hermanito.

- ¿Eso piensas? La verdad es que no…

No pudo terminar de decirle que no se estaba esforzando cuando ella se arrojó a él para abrazarlo. Aparentemente, toda esa palabrería si había funcionado. Le correspondía el abrazo, pues se sentía tan lindo en ese momento.

- Oye, ¿no crees que estamos muy sensibles últimamente?

- Jeje. Le pregunte lo mismo a Luna hace unos momentos.

- Oh, ¿y que dijo?

- Bueno, que es normal.

Él solo arqueo una ceja. No le veía la normalidad a nada, sin embargo, pensándolo bien, ambos estaban madurando y nuevas emociones se hacían presentes en sus corazones. Tal vez Luna no estaba del todo equivocada, y ella tenía un punto a su favor al ser mayor que Lincoln y Lynn por cuatro y dos años respectivamente.

- Pues, si ella lo dice…

Ambos se encogieron de hombros. Aquel asunto había quedado en el pasado, y Lincoln ya estaba preparado para olvidarlo todo, sin embargo, no contaba con que Lynn tenía en mente otra cosa.

- Oye Linc, ¿te puedo hacer una pregunta?

- Claro hermana -contestó sin inmutarse-.

- Hermanito, bueno, tu… ¿qué pasó?

Se encogió de hombros ante el cuestionamiento.

Debió imaginar que eso vendría, pero jamás pasó por su cabeza. Esperaba que no quisiera indagar tanto en el tema, y lastimosamente así era. No quería volver a recordar eso, muy posiblemente porque su cuerpo reaccionaría, incomodando a Lynn, pero al ser ella una de las involucradas, no tuvo oportunidad de objetar, así que le explicó lo mismo que a su hermana Luna, dando un gran suspiro al terminar de contárselo todo.

- Yo, entiendo si te molestas otra vez conmigo.

- Ya basta de cursilerías -comentaba decidida-. Tampoco es como si hubieras cometido un crimen, tonto. Además, no creo que haya sido la primera vez que nos hayas visto sin ropa.

- Lynn, la última vez debió ser cuando éramos niños. Ahora ustedes son mujeres, y yo solo un adolescente, un chico adolescente.

Eso la dejaba pensativa. Sabía de qué en los chicos esa práctica era de todos, o de al menos casi todos los días, y siempre estaban en busca de material para lograr su objetivo. Ahora, Lincoln tenía en su mente una imagen de valor inconmensurable para cualquier mocoso de su edad. Es por eso por lo que preguntó, más que nada, alentada por la curiosidad.

- Linc, ¿acaso tu…? -Le cuestionó haciendo un movimiento muy particular-.

- ¿Qué cosa…? ¡Oh! ¡No, nunca! ¡Jamás pensaría en hacer eso con lo que vi!

Había respondido un poco más que molesto. Evidentemente le había incomodado eso, pero, más que nada, le enojaba que ella pensara que podría siquiera atreverse a hacerlo a propósito. Podía ser muchas cosas, pero no un completo degenerado.

- Oye, tranquilo viejo -respondió al ver como el peliblanco se había enfadado, pareciéndole gracioso y tierno-. Solo fue… curiosidad.

- De… acuerdo.

- Aunque, ¿sabes? Eres un chico y…

- Gracias por notarlo -respondía con sarcasmo-.

- Aun no termino. Sé que los hombres tienden a masturbarse mucho -dijo tranquilamente, sonrojándose ella y Lincoln-, y pues, se va a oír muy mal, pero si quieres, con eso que se quedó en tu cabeza, es decir, creo que ya yo no tendría problema.

Su quijada hubiera llegado al suelo de no ser porque la realidad se lo impedía. No creía haber escuchado bien, pero se repetía una y otra vez en su mente a ella diciendo eso, y la expresión que Lynn mostraba tampoco ayudaba para pensar en que tal vez podía tratarse de una trampa, pero no.

- Ah, "HERMANA", ¿tienes idea de lo que acabas de decir?

- Si Linc. Ya no importa.

- Y pensaba que Luna era de mente abierta…

Ella solo le sonrió.

- ¿De dónde crees que lo aprendí?

- Aprendiste muy bien… aparentemente.

Ambos reían tenuemente por el chiste.

- Eres un chico Linc, y si eso te excita, bueno, no soy nadie para decirte con que sí y con que no.

Eso era todo.

- Muy bien… oficialmente has hecho de todo esto aún más incómodo de lo que era. ¿En realidad estas comprendiendo lo que estás diciendo? ¿Por qué no me pides de una vez que te bese?

El ambiente se había tensado un poco. Lynn había puesto a Lincoln en un dilema moral muy pesado, y este no dejaba de preguntarse en que rayos le estaba sucediendo a su hermana. Sabía que estaba sensible, pero eso si era pasarse de la raya, lo cual el siguió provocando con esa pregunta tan arbitraria.

La respuesta de Lynn lo dejaría sin habla.

- ¿Lo harías?

Si, ya podía decir que su hermana mayor había enloquecido. Aunque no se lo mencionaría. No pretendía ser golpeado por Lynn dos veces en un día de la misma forma, así que, en cambio, le siguió el juego, suplicando a todos los dioses conocidos que eso fuera, solo un juego.

- Pues yo -miró al suelo un momento-… Mira, si no fueras mi hermana, por supuesto que lo haría. Eres… muy bonita.

Ante esa declaración, el corazón de Lynn comenzó a latir a un ritmo bastante acelerado. Era la primera vez en mucho tiempo que un chico le decía eso. Y no importaba que fuera su hermano, lo había dicho un chico, y un chico apuesto, y eso era lo único que le importaba.

Y fue por impulso, pero a ambos agradó que lo haya hecho. Ese beso que Lynn dio en la mejilla de Lincoln, aparte de sonrojarlos una vez más, los tranquilizaba, dejando todo lo que habían comentado hace un momento de lado, viéndolo ya no tan extraño después del beso. En una palabra, estaban felices, pues pudieron ir más allá de solo restablecer su relación de hermanos, se reconciliaban como buenos amigos.

- Oye hermanito, ¿puedo dormir contigo esta noche?

Esa pregunta no se la esperaba, como con todo desde que Lynn había ido a su habitación, pero en cambio, ya nada le extrañaba.

- Emm -dudó-… yo, bueno, supongo que sí, pero, ¿no te sentirás incomoda con un chico que no controla su cuerpo al lado?

- Eso no importa. Tú lo has dicho, no lo controlas. Te prometo no enfadarme si pasa algo.

Suspiró pesadamente -Bien, pero, creo que ya es la segunda noche que pasas fuera de tu habitación. ¿No crees que Lucy puede sospechar?

- Le diré lo que pasa, siempre y cuando lo pregunte. Ya no es una niña, lo entenderá.

- Si tú lo dices.

La conversación había terminado al tiempo que su padre los llamaba a todos para la cena, la cual paso sin pena ni gloria, pero teniendo que hacer una parada rápida para que con la ayuda de Leni y Lola pudieran ocultar el ojo morado y el labio roto de Lincoln, también pudiendo fingir el dolor que sentía en su abdomen, logrando no levantar sospechas de sus padres.

Cuando la cena había terminado, se dirigieron a la habitación del peliblanco a dormir, no sin antes cepillar sus dientes, y Lynn pasando rápidamente a ponerse su pijama a su habitación, teniendo la suerte de no encontrar a Lucy para evitarse la explicación en ese momento. Lo único que quería era dormir de una buena vez, al igual que Lincoln.

En cambio, él, esperaba que no pasara nada esa noche. Demás está decir que aún no se sentía completamente convencido, pero ya le había dicho a Lynn que sí. Esta vez no podría dormir con el torso descubierto.

No sabía la noche que lo esperaba.