Love is always patient and kind; it is never jealous, love is never boastful or conceited; it is never rude or selfish; it does not take offense, and is not resentful. Love takes no pleasure in other people's sins but delights in the truth; it is always ready to excuse, to trust, to hope, and to endure whatever comes. Love does not come to an end.
CAPÍTULO 4
LOVE IS NEVER BOASTFUL
(El amor nunca es presuntuoso)
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Auto sacrificio. Un shinobi que protege la paz desde las sombras, ese es un verdadero Shinobi. Shisui me enseñó eso.
Shisui me dio su ojo confiando que protegería a la villa con éste. Me pidió que escondiera su existencia y luego murió en silencio.
Itachi Uchiha ― NARUTO Capítulo 550 Koto Amatsukami
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Sentir el agua fría en su rostro lo hizo pensar que se estaba ahogando en sus sueños. Comenzó a toser con fuerza intentando respirar y cuando abrió los ojos preguntándose qué estaba sucediendo, dónde se encontraba y más importante, por qué estaba completamente mojado, Itachi se encontró con la cara de Sasuke completamente sonriente con un balde entre sus manos.
―Oh…nii-san… veo que despertaste ―le dijo inocentemente con una sonrisa pícara en su rostro. Ya estaba vestido con el uniforme jounin y la estrella de la policía de Konoha en su brazo derecho.
―¿Realmente había necesidad de eso, Sasuke? ―le preguntó Itachi intentando sacarse las gotas de agua de su rostro― Dios. ¿Qué es todo ese ruido? ―preguntó poniendo una de las almohadas sobre su rostro.
Sasuke caminó lentamente hacia la ventana para revisar por qué sentían ese cuchicheo tan molesto que sonaba como risitas. No era la primera vez que despertaba con ese bullicio. Corrió las cortinas de su pieza escuchando como Itachi se volvía a quejar por la luz y vio al menos 6 chicas espiándolos desde la cerca. Ni si quiera estaban intentando esconderse y fingir que estaban haciendo algo más que espiarlos estando fuera de su cuarto. La idea de que Sasuke e Itachi hubiesen dormido juntos seguramente llenaba alguna de sus fantasías yaoi e incestuosas de fangirls.
―Creo que se enteraron de que estás de vuelta de una misión ―respondió Sasuke irritado volviendo a cerrar la cortina.
―¿Cómo sabes que no te siguen a ti? ―le preguntó sentándose sobre la cama, tomándose la cabeza como si le fuese a reventar.
―Se ven mayores. Tu tipo ―dijo Sasuke mientras buscaba algo en un cajón―. Oh… perdón, se me olvidaba que ahora te gustan más jóvenes ―la burla en su tono de voz hizo que Itachi quedara paralizado.
―¿De qué estás hablando? ―preguntó entrecerrando los ojos, intentando acostumbrarse a la luz. ¿Se estaría refiriendo a Hinata? ¿A Sakura? ¿A quién? ¿Por qué le estaba sonriendo como si supiera un gran secreto que él desconocía? No le daba buena espina esa mirada en su hermano menor.
―¿No recuerdas lo que me dijiste anoche? ―le preguntó con una mueca mientras tomaba su banda de Konoha y en vez de amarrársela en su frente lo hacía en uno de sus brazos.
―No ―respondió con seriedad―. Hablando de eso, ¿Qué hago en tu cama?
Sasuke lo miró un tanto dudoso. Le costaba creer que su hermano realmente no recordara nada.
―Aléjate del sake Itachi, realmente no sabes beber ―le dijo mientras comenzaba a caminar hacia la cocina con rostro de aburrimiento.
Itachi se quedó mirando el vacío un segundo. ¿De que podrían haber hablado para que Sasuke estuviese tratándolo con tanta diversión? Las cosas que pasaban por su mente lo asustaron, ¿Le habría contado alguno de los secretos de la aldea? ¿Su misión secreta? ¿Los enigmas del mangekyo?... no. Eso era casi imposible. Nadie lo había visto usando las grandes habilidades de su sharingan, sólo el amaterasu. Tal vez le hubiese comentado que fue a dejar a Haruno-san a su casa y que le había comprado dangos, quizás eso lo había hecho pensar que ahora le gustaban chicas más jóvenes que él.
Frunció el ceño. Si había algo que le incomodara era no poder descifrar las cosas.
―¡Itachi! ―gritó de pronto su madre― ¡Se enfría tu desayuno!
Supuso que tendría que darse un baño después de comer o su madre no dejaría de molestarlo. Se puso de pie con esfuerzo y se sorprendió bastante cuando al dar el primer paso se sintió débil y la habitación se movió. La luz que entraba por todas las ventanas del pasillo hizo que se tapara los ojos con sus dedos, pensando que seguramente alguien lo quería torturar.
Ingresó a la cocina y notó lo mismo de siempre. Su madre había hecho desayuno tan contundente que fácilmente podría haberse tratado de un almuerzo. Su padre estaba leyendo el periódico de Konoha con una taza de café, luciendo su mueca de disgusto matutina. Sasuke estaba dándole una mascada a un onigiri mientras intentaba leer la parte trasera del diario que sostenía Fugaku y por su parte, Mikoto Uchiha estaba intentando peinar el cabello de Sasuke con los dedos mientras que éste se quejaba de que ya lo dejara en paz porque no era un niño.
―Itachi ―dijo su padre apenas lo vio aparecer en el umbral de la puerta. Se tomó la cabeza y observó la comida en la mesa sintiendo que su estómago se revolvía―. ¿Qué te sucede? ¿Dormiste mal?
―Al contrario, el que durmió mal fui yo ―dijo Sasuke con resentimiento. Fugaku Uchiha miró a su hijo menor con reprehensión por responder algo que no le había preguntado.
―¿Cuándo anunciarán lo de tu nuevo puesto? ―le preguntó su padre con una sonrisa―. Quiero invitar a todos a una celebración en tu honor.
―Te lo dije anoche ―respondió Itachi cansado de todo ese asunto. Era tan temprano y ya tenía que estar dando explicaciones―. No lo comenten hasta que sea oficial.
No quiso decir los motivos del por qué. Era claro que si algún grupo que estaba en contra del clan se enteraba, las cosas se podían volver peligrosas para todos. Podrían intentar asesinarlo antes de que tomase el puesto, o incluso comenzar a eliminar a cualquier Uchiha que pensaran pudiese tener influencia sobre él.
Y no habrían estado equivocados en hacerlo. Había miembros del clan que podían utilizar su sharingan para obligar a alguien a actuar bajo su propia voluntad sin que esa persona si quiera supiera que estaba siendo manipulada. Shisui era el perfecto ejemplo de ello.
―Aún no me agrada todo esto de que pierdas el tiempo con un grupo de chunins, Itachi. ¿Quiénes son parte de él? ―preguntó Fugaku mientras juntaba el arroz desde el platillo llevándolo a su boca―. Seguramente esa Hyūga que trajeron a casa anoche, un Aburame y un Inuzuka.
Itachi lo miró con frialdad.
―Esa Hyūga se llama Hinata.
―¿Hinata Hyūga? ¿La hija de Hiashi Hyūga? ―preguntó su padre subiendo una ceja y haciendo una mueca.
Era conocido que los Uchiha y los Hyūga no se llevaban del todo bien desde el ataque del kyūbi y quizás desde mucho antes. Los Hyūga habían influenciado bastante para que se retirara a los Uchiha de los puestos de ANBU y otras instituciones. Como cualquier clan, también buscaban poder y siendo de los más antiguos de Konoha, no desaprovecharon la oportunidad para perjudicar a los Uchihas a favor de ellos mismos.
―¿Ella es la próxima líder del clan Hyūga, verdad? ―preguntó Itachi casi forzando indiferencia.
No quería delatarse frente a Sasuke que era mucho más despierto de lo que su padre quería reconocer. Podía notar la mirada molesta que le estaba dirigiendo, como si el hecho de que Itachi mostrara interés en esa chica lo irritara profundamente. No obstante, Itachi siempre había pensado que Hinata tenía algo diferente al resto de los niños de su edad, pero sólo hasta entonces descubría la razón por la cual siempre estaba sola en vez de rodeada con más niños. El clan Hyūga era muy tradicional y de seguro el resto de los chicos y chicas de su familia no se acercaban a ella por una cuestión de respeto entre la familia principal y la secundaria.
―Lo era hasta hace unos años ―interrumpió Mikoto Uchiha―. Su padre la desheredó en favor de su hermana menor.
―Deberían hacer lo mismo por estos lados ―dijo Sasuke mirando a Itachi de reojo, haciendo que éste sonriera en su dirección.
―Tendrías que derrotarme para obtener mi lugar ―Sasuke nunca vio que dos dedos venían a su frente y lo golpeaban. Se sobó murmurando algunas cosas que nadie realmente entendió pues tenía la boca llena de arroz.
―Gracias a dios que nosotros no seguimos tradiciones tan ridículas como esa. Me moriría si tuviese que ver a mis dos hombrecitos peleando por algo así… simplemente me moriría ―dijo Mikoto sirviéndole arroz a Itachi con trozos de pollo picado encima. Itachi suspiró y levantó una ceja―. No me mires así, mientras seas mi hijo tengo todo el derecho de obligarte a comer, así que no te vas a levantar de la mesa hasta que ese plato esté limpio. Estás muy delgado y si vas a ser Hokage, también tienes que tener fuerza y energía para ser padre.
―Oka-san, para ser padre tengo que tener una esposa ―le dijo Itachi, odiaba ese tema. La mitad de su flequillo cubrió su rostro―. Y no tengo planes de casarme aún.
―Itachi, no me estoy volviendo más joven, necesito ver nietos antes de morir. ―alegó Mikoto.
―Si tanto le urgen, pídaselos a Sasuke ―respondió Itachi comenzando a comer el arroz y el pollo. Sabía que su madre era capaz de tenerlo todo el día ahí aunque tuviese 21 años, era mejor no discutir y simplemente comer.
―¿Sasuke, tú sí me darás muchos nietecitos y nietecitas, verdad? ―le preguntó Mikoto Uchiha abrazándolo y llenándolo de besos a modo de juego.
Sasuke se sentía irritado, siempre lo mismo. Tenía 16 años y su madre aún no entendía que cada vez que hacía eso su padre lo miraba con rostro asesino.
―Todos los que quieras ka-san, sólo deja de babearme.
La dinámica familiar no habría estado completa si Shisui no hubiese llegado. Justo cuando Sasuke y Mikoto forcejeaban y Fugaku leía el periódico de Konoha, el mayor de los primos entró al comedor.
―¡Buenos días familia! ―dijo alegremente.
Shisui Uchiha era el primo mayor de Sasuke e Itachi. Tenía cabellera negra como todos los Uchiha, pero no caía lacio como el del resto de la familia, más bien se le ondulaba en las puntas y lo usaba bastante corto en comparación a ellos. Por otra parte, su rostro era un poco más redondo y su nariz ancha. Lo que más llamaba la atención en él eran sus ojos, y muchas personas los describían como bellos, pero peligrosos.
Itachi lo consideraba ridículamente poderoso y no conocía a un shinobi en Konoha que tuviese un amor tan grande por la Villa como él. Se le conocía como Shunshin no Shisui por el Shunshin no jutsu (Jutsu de Cuerpo Parpadeante) y gracias a eso era imposible poder atraparlo; su velocidad era sobrehumana y nadie lograba dar con él. Se movía a tanta velocidad, que a veces parecía que estaba usando clones de sombra. Los ideales de paz y la voluntad del fuego de su primo lo habían inspirado a convertirse en el hombre que era. Lo veía como un hermano, su mejor amigo y la única persona con quien lograba hablar de hombre a hombre, de corazón a corazón.
No tenía secretos con él.
―Vaya… huele delicioso tía Mikoto. Como siempre ―dijo Shisui con una gran sonrisa y llevando una de sus manos a la nuca.
―Siéntate, te pondré una taza para que bebas un poco de té ―le dijo la señora Uchiha.
Lo primero que hizo Shisui fue darle un coscorrón a Sasuke revolviéndole el cabello y luego se sentó al lado de Itachi en el otro extremo de la mesa.
―¿Qué está pasando? ¿Por qué Itachi tiene ese rostro? ―preguntó curioso intentando descifrar a su primo menor.
―Ka-san le dijo que quiere que se case y tenga hijos. Pero al parecer nii-san no tiene aquello entre sus planes ―le respondió Sasuke mirando a Itachi de reojo y sacando un pedazo de pollo del plato de su hermano.
―¡Créanme que he intentado que muestre más preocupación por el tema! ―dijo Shisui sacando otro pedazo de pollo del plato de su primo, aprovechando que Mikoto no lo miraba. Una gran sonrisa amable apareció en su rostro―. Pero mi primo es… un poco lento para entender cómo se conquista a una mujer.
―Shisui ―gruñó Fugaku―. No le metas estupideces en la cabeza a mi hijo. No tiene tiempo para esas cosas.
―¿Cómo es eso posible, Shisui-kun? ―preguntó Mikoto horrorizada―. ¿Acaso no hay una chica linda que quiera salir con él? Vamos, he visto la cantidad de jóvenes que lo siguen. Debe haber alguna que sea respetable y de una buena familia, que quiera ser la madre de mis nietos.
―Lo siento tía… ―dijo con despreocupación―. No miente cuando les dice que no está en sus planes. De verdad, no le interesa tener novia. Seguramente no encuentra a las jóvenes del clan interesantes.
―Ya tenía novia, se llamaba ANBU, Shisui ―dijo Itachi indiferente notando como los pedazos de pollo desaparecían de su plato y terminaban en la boca de Sasuke e Shisui―, ¿En qué momento podría haber salido con alguien si apenas estoy en Konoha?
―Ahí es donde te equivocas, primo ―interrumpió Sasuke con la boca llena antes de que Shisui pudiese argumentarle a Itachi―. Sí hay alguien que nii-san encuentra interesant…
―¿Podrían dejar de actuar como si no estuviese presente? ―preguntó Itachi cerrando los ojos con calma.
Sólo quería comer en paz y la idea de que Sasuke dijera que encontraba interesante a Hinata Hyūga desde que era una niña sólo lo haría sonar como una especie de pervertido o algo peor. Ya se imaginaba la reacción de Shisui si se enteraba de eso. No habría habido final a las bromas. ¿Y su padre? Su padre le habría dado el sermón del año diciéndole que preferiría morir antes de ver a su hijo con esos Hyūga que tanto los habían perjudicado cuando ocurrió lo del Kyūbi. Y no olvidemos a Mikoto Uchiha, ella habría comenzado a preguntarle todos los días por Hinata, intentando forzarlo a traerla a casa y cosas por el estilo. La pobre chica ya tenía suficiente con todos sus problemas, no era necesario además añadirle el peso de tener que lidiar con su familia.
―Tía Mikoto, ¿Puedo comer de esos deliciosos onigiris que usted prepara? ―le preguntó Shisui con una sonrisa.
―Claro cariño ―respondió Mikoto acercándole el plato.
―¿Hasta cuándo este vago va a venir a robarnos la comida en la mañana? ―se quejó Sasuke mirando como desaparecía lo que pensaba llevar de almuerzo su primer día de trabajo.
―Oye mocoso, te recomiendo comenzar a tratarme con más respeto ―le dijo apuntándolo con un dedo―. Seré tu superior en la institución y tengo el poder de hacerte limpiar los excusados con un cepillo de diente y hasta con la lengua ―Sasuke lo miró horrorizado―. Mucho mejor, esa mirada me agrada más.
―Eres detestable Shisui ―gruñó Sasuke―. Nii-san… no dejaría que abuses así de mí.
―Es Shisui-sama para ti ahora, rookie ―Shisui activó el sharingan y Sasuke bajó la mirada de inmediato. Ni si quiera él era tan orgulloso para haberse enfrentado a esos ojos que Itachi siempre alababa como los más poderosos del clan―. Si no te quejas tanto te enseñaré un nuevo jutsu completamente asombroso y si lo consigues hacer te invitaré tu primera botella de sake.
―¿En serio? ―le pregunto Sasuke casi atragantándose con la sonrisa más amplia del mundo.
―Sólo no conviertas a mi hijo menor en un vago alcohólico como otros miembro de la Policia―gruñó Fugaku―. Tiene que seguir el ejemplo de su hermano mayor y convertirse en un shinobi tan grandioso como él.
―Sasuke tiene su propio camino que seguir, Otō-san ―intervino Itachi―. Es fuerte tal como es. Con Shisui entrenándolo es probable que me supere en menos de un año.
Sasuke sonrió en dirección a Itachi con gratitud en sus facciones. Éste le devolvió la mirada como diciéndole "estoy cubriendo tu espalda, otouto".
Itachi estuvo más de 30 minutos para comerse menos de media taza de arroz y pollo picado con verduras. Mikoto no se levantó de la mesa hasta que limpió el plato, tomando té mientras ambos conversaban.
Sasuke, Fugaku y Shisui se dirigieron a la estación de policía cuando terminaron de desayunar y la casa volvió a estar en silencio. Fue entonces, mientras Itachi tomaba un café luego de comer, que Mikoto lo miró con seriedad. Su rostro reflejaba la duda en sus ojos, el miedo que cualquier madre tiene de que su hijo estuviese tomando un camino que no lo hiciera feliz.
―Siempre has sido tan diferente al resto. Lo supe desde que estabas en mi vientre ―Mikoto sonrió―. Nunca te movías, parecías siempre estar durmiendo. Ni si quiera llorabas cuando eras un bebé, siempre me sorprendía lo bondadoso que eras incluso siendo un niño pequeño. Un día te acercaste a mí y me preguntaste, "¿Cuándo tendré yo también un hermanito?". Era como si desde esa edad estuvieses esperando por Sasuke. Fue cuando cumpliste 4 años y yo estaba embarazada que me pediste que devolviera a Sasuke, porque ya no lo querías en la familia. Te miré sorprendida pues habías estado tan entusiasmado de tener un hermano y tuve la audacia de preguntarte, "¿Ya no deseas un hermanito?". Tú me miraste con esos ojos tan intensos y me dijiste: "No quiero que nazca en un mundo en guerra. " ―Mikoto le tomó la mano―. Siempre has sido especial Itachi. Siempre he sabido que tú serás un hombre que cambie la historia de esta Villa, pero… ¿Ser Hokage es lo que realmente quieres para tu vida?
Itachi volteó el rostro y miró a su madre con seriedad.
―Un día Shisui me dijo, que un verdadero Shinobi es aquel que trabaja en las sombras por la paz de su aldea ―volvió a mover el rostro hacia la ventana, observando los árboles―. Eso he hecho atrás de la máscara de ANBU cada vez que he tenido que cumplir una misión. Sin embargo, ser Hokage me acercará a mi propio sueño, ver a mi aldea disfrutar de una época de paz y prosperidad. Un shinobi es una herramienta, Oka-san. No importa si soy un capitán ANBU o el Hokage o incluso un simple genin, seguiré siendo la herramienta de la voluntad del fuego.
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Itachi Uchiha ―pensó Hinata mirando sus zapatos mientras caminaba―. Itachi Uchiha.
Lo llamaban el genio del clan Uchiha. No era conocido precisamente por ser amable, más bien era abstraído, silencioso, indiferente y hasta frío. Cada vez que lo había observado de lejos podía notar que nada se reflejaba a través de su rostro, sólo un semblante serio.
Sin embargo, cuando había estado cerca de él, esa misma mirada distante se volvía tan cercana que sentía que había estado observando esos ojos negros toda su vida. Su voz era reconfortante, sus palabras llenas de sabiduría, su cercanía la calmaba y la hacía pensar que a pesar de todo, Itachi era sólo un chico que había tenido que crecer demasiado rápido. Incluso la primera vez que se vieron y él era sólo un adolescente, ya actuaba como un adulto. A veces no podía conciliar al asesino silencioso que había bajo esa máscara ANBU con el sujeto que la había tomado entre sus brazos en el torneo chunnin para ponerla a salvo cuando sintió peligro.
Había querido acercarse a él ese día y así agradecerle por su ayuda. No obstante, cuando caminaba en su dirección obligando sus piernas para que avanzaran, vio un grupo de chicas que lo rodeaba diciéndole una y otra vez lo asombroso que había sido observar como sus llamas negras quemaban al gran Orochimaru. Se sintió estúpida y se escondió detrás de un pilar del estadio, sabiendo que lo último que quería era ser considerada una más de las fangirls que perseguían a Itachi y también a su hermano menor. Hubiese odiado que alguien que ella había llegado a admirar de esa forma sintiera que no era más que una de sus acosadoras. Lo respetaba demasiado como para haberse arriesgado a quedar en ridículo frente a él.
En Konoha, Itachi Uchiha, era prácticamente venerado como un dios y sus seguidoras tenían su propia religión. Se preguntó si realmente no le molestaría aquello, después de todo, Sasuke era muy energético en decirles a esas jóvenes que lo dejaran en paz, siempre rechazando las atenciones en su dirección siendo cruel y frío con cualquier gesto que le dedicaban.
Pero las chicas que perseguían a Itachi no eran menos escandalosas, la única diferencia, suponía, era que Itachi Uchiha casi nunca estaba en Konoha y cuando sí estaba en la Villa lo pasaba encerrado en su casa. Sí que lo sabía, había intentado acercarse a él tantas veces para agradecerle pero nunca lo encontraba solo. En todas las ocasiones que lo buscó, lo encontró con Shisui Uchiha, Sasuke o Naruto. Por lo mismo, ahora que la habían puesto a trabajar con él y asumiendo que serían compañeros de equipo, lo había esperado afuera de la oficina del Hokage para agradecerle finalmente lo que había hecho por ella.
Al estar frente a él se dio cuenta que Itachi Uchiha la ponía extremadamente nerviosa, a pesar de su calidez. Y no era sólo porque fuese atractivo (y lo era, era tan tan tan ridículamente atractivo que estaba en una liga distinta a la del resto de los seres humanos), sino, porque tenía la mirada más penetrante que conocía, como si tuviese una habilidad de meterse en la mente del resto (y la tenía, el sharingan). Que se hubiese dado cuenta que Naruto le atraía era lo más vergonzoso que le había pasado, pero le agradecía desde el fondo de su corazón que nunca se lo hubiese contado. Es más, Hinata se podía dar cuenta que desde ese día, cada vez que habían estado cerca, la había intentado poner en el mismo lugar que Naruto-kun. Eso demostraba que tan noble era Uchiha Itachi.
Ahora, ese mismo hombre, sería su compañero, su instructor, su sensei. Su estómago se contrajo nerviosa de lo que podría pasar cuando se diera cuenta de que era tal vez la chica más débil de todas las kunoichi.
―¡Oi! ¡Hinata! ―la voz de Kiba hizo que se diera vuelta― ¿Y Shino?
―Dijo que lo esperáramos en el árbol ―el "árbol" era el lugar en donde habían tenido su primer almuerzo como equipo, por eso aunque había miles de árboles en Konoha, cuando ellos hablaban de "EL" árbol, sabían dónde ir―. ¿Estás listo Kiba-kun?
―Claro ―respondió Kiba entusiasmado montando el lomo de Akamaru―. ¿Y luego qué? ¿A buscar al Uchiha?
―Su-supongo ―respondió Hinata ruborizándose y mirando hacia un costado. Ambos comenzaron a caminar uno al lado del otro en silencio. Kiba era bastante hablador y por algún motivo ese día permanecía quieto. Aquello llamó la atención de su compañera―. ¿No estás nervioso?
―¿Por qué habría de estarlo? ―preguntó Kiba mientras pasaban por debajo del arco de entrada del clan―. La verdad me siento feliz de que el Hokage sepa lo que vale nuestro equipo, ya estaba harto de que no se nos diera reconocimiento.
A pesar de que Kiba estuviese rebozando confianza, Hinata sonrió notando que estaba tan nervioso como ella. La idea de que ahora fuesen a rastrear criminales rango S no era muy alentadora, el peligro de una muerte inminente estaba sobre ellos.
No, Uchiha-san es talentoso. Es un genio, de la elite de Konoha. No estamos en peligro con él cerca ―pensó Hinata mientras salían del distrito Hyūga y comenzaban a dirigirse al punto de encuentro en donde encontrarían a Shino.
Aunque, se sintió un tanto deprimida. Itachi estaba en una categoría completamente distinta de shinobis. Era talentoso en todo lo que hacía. La barra subía a niveles estratosféricos ahora que él estaba encargado del equipo y, sinceramente, temía no ser lo suficientemente buena para estar a su altura. ¿Qué tal si se avergonzaba a si misma frente a él? Frente a la persona que tanto admirada…
―Voy a trabajar extremadamente duro para ayudar a Uchiha-sensei.
―No será nuestro profesor, somos compañeros. Team Rei ―le dijo Kiba, le sorprendía que tan seria estaba Hinata con todo ese asunto.
Hinata asintió.
―Haré mi mejor esfuerzo para que mis ojos vean donde él no pueda ver.
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Itachi Uchiha estaba terminando de vestirse luego de tomar un baño, cuando su madre entró a la habitación sin si quiera tocar. Estaba acostumbrado a que lo hiciera, aunque no le hacía mucha gracia. Ya no era un niño, era un hombre y la idea de que ella entrara como si nada lo ponía incómodo.
―Itachi, te buscan unos chicos ―dijo Mikoto con el cesto de ropa, abriendo el closet de su hijo de par en par y guardando lo que acababa de planchar.
―Gracias ―respondió un tanto incómodo―. ¿Dónde están?
―Los dejé en la entrada, estaban con un perro ―respondió Mikoto―. ¿Ellos son tu nuevo equipo?
―Supongo ―respondió un tanto frío. No le gustaba discutir sus asuntos, en especial cuando se trataba de misiones―. Volveré para cenar.
Terminó de amarrarse el cabello y luego sacó su protector de frente desde el portakunais, atándolo alrededor de su cabeza mientras caminaba hacia la puerta. Nunca realizaba una misión sin su protector, pues era un símbolo de que él era un shinobi de Konoha.
Movió la puerta corrediza después de ponerse sus sandalias y vio que en la cerca estaba el chico Aburame reclinado sobre ella con los brazos cruzados, un poco frío y distante, mirando en su dirección en silencio. Frente a él se encontraba el joven Inuzuka y su perro, sonriendo y diciéndole algo a Hinata Hyūga. Le pareció escuchar que le pedía que se dejara de esconder justo antes de salir de su casa. Entonces, al buscar a Hinata con la mirada notó que la chica estaba junto al perro, escondiendo su mirada con la capucha de su polerón y mirando el suelo. Aquello le pareció extraño, pero en un sentido muy especial, también adorable.
―Buenos días ―dijo Itachi saliendo y cerrando la puerta detrás de él. Los chicos le respondieron con un "buenos días" de vuelta―. ¿Quieren comer dangos?
La pregunta los tomó a los tres por sorpresa, pues no estaban acostumbrados a comer tan temprano. De hecho, Kurenai los tenía trabajando a esa hora y la idea de que Itachi prefiriera hacer algo más los sacó un poco de la zona de lo esperado.
―Claro ―respondió el chico Inuzuka por los tres.
Itachi pensaba que una buena forma de conocer a sus nuevos compañeros de equipo era viendo cómo se comportaban en situaciones cotidianas sin la presión de tener que impresionar a nadie. Quería ver su dinámica de grupo, cómo interactuaban con el ambiente y sobre todo, llegar a conocer un poco más de cada uno de ellos.
Compraron dangos para llevar y lo primer que notó fue que el joven Inuzuka compartía la mitad de los dangos con su perro. Aquello le indicó lo primero que necesitaba saber sobre el Inuzuka. Era un chico solidario y desinteresado que cuida de los suyos. Alguien así siempre era un aporte en su equipo.
Lo segundo que percibió fue que Hinata seguía evitando sus ojos y estaba comiendo en silencio, como si más que comer estuviese jugando con la idea de demorarse lo máximo posible en mascar para así no tener que abrir la boca. No se imaginaba que fuese tan tímida ni entendía por qué estaba tan nerviosa. Siempre la había tratado con sumo respeto.
Lo tercero que advirtió, fue que el chico Aburame era silencioso, pero cuando hablaba, decía lo preciso. De hecho se parecía mucho a un ex compañero Aburame que había tenido en ANBU, Niebla, que había muerto en el ataque a Konoha al parecer asesinado por Kabuto. Sabía cómo actuaban los miembros de ese clan.
Los cuatro caminaron hasta el río y se quedaron sobre el puente comiendo y mirando el paisaje. Kiba solía hablar para que no se quedaran callados por tanto tiempo e Itachi asentía o negaba, pero más que eso, no hubo interacción hasta que él tomó la palabra. Ya iba siendo hora de presentarse formalmente y de definir la misión que tenían como equipo.
―Seré el reemplazante de Kurenai Yuhi hasta que así lo estime el Hokage o muera en servicio. No seré su instructor sino su compañero y líder de grupo. Como saben, desde hoy pasamos a tomar el nombre clasificado, Team Rei ―hizo una leve pausa esperando alguna reacción, pero lo único que escuchó fue a Akamaru ladrar. ¿Acaso ponía nervioso a esos chicos o era la idea de su misión lo que los tenía tan abstraídos?―. Team Rei se especializará en el rastreo y asesinato de criminales del libro bingo. Si no tienen una copia les daré una. Sólo quiero recordarles que esta misión es de fundamental importancia para nosotros y que Konoha ha depositado su confianza para que disminuyamos las entradas en el texto. Fracasar es traicionar la confianza que el Hokage ha puesto en nosotros ―dijo Itachi sentándose en el borde de la baranda del puente.
Hinata bajó levemente la capucha para mirarlo. Sus ojos se encontraron un segundo y ambos miraron hacia un costado. Itachi intentó no dejarse perturbar, nunca le pasaba aquello cuando estaba en una misión, pero su estómago se había contraído cuando recordó lo que le había dicho a Sasuke la noche anterior… sólo con mirarla lo supo. ¿De verdad había estado tan ebrio como para decir que Hinata le gustaba así como así?
La diferencia entre un niño y un adulto es que un adulto no tiene razones para sentir que estar interesado en una chica fuese algo malo o por lo cual avergonzarse. Itachi ni si quiera rechazaba dicho tipo de sensaciones. Eso habría sido infantil. Sin embargo, no era el lugar ni el momento para comenzar a analizar qué era de esa chica que le atraía tanto (no es un sentido romántico, sino en un sentido de que despertaba su interés como nada nunca lo había hecho).
―Comenzaremos con el estudio de cada uno de los criminales del libro Bingo la próxima semana en base a los informes que nos presentó el Hokage ―les indicó Itachi dándole una mordida al último dango que quedaba en su palito.
―Sí, taicho ―respondieron los tres al mismo tiempo.
―Bien, habiendo cumplido con las formalidades ―dijo Itachi despreocupadamente mientras masticaba― quería decirles que me imagino que ustedes deben trabajar muy bien en equipo, por algo el Hokage los eligió ―el chico Inuzuka sonrió con orgullo rascándose la nariz mientras que Hinata sonrojó. El Aburame ni si quiera se inmutó con el comentario. Itachi suspiró pesadamente―. Pero, yo estoy acostumbrado a trabajar solo hace bastante tiempo. Nunca estuve en un three man cell como el suyo. Me gradué de la Academia en los tiempos en que Konoha aún estaba en guerra contra el país del Rayo y mi grupo genin falleció sólo un poco después de que fuese formado. Por ello, tal vez mi trato sea un tanto tosco y mi trabajo en equipo muy deficiente. Necesitaré, que en ese sentido, sean ustedes mis instructores.
El chico Inuzuka y Hinata pusieron cara de sorpresa y confusión y hasta el Aburame acomodó sus gafas un tanto incómodo con la idea de que "ellos" fuesen a ayudarlo a él. Eso era bastante poco convincente, Itachi Uchiha era un genio, un héroe de Konoha, ¿De verdad necesitaría su ayuda?
―Me apoyaré completamente en sus habilidades de rastreo y contribuiré en protegerlos con mi vida ―dijo Itachi con seriedad, mirando a Hinata y sonriéndole después de decir aquello. La chica sonrojó y le sonrió de vuelta. No intentaba coquetear con ella o algo por el estilo, sólo quería que se sintiera más cómoda frente a él―. ¿Por qué no parten por presentarse o algo así? Sus nombres, lo que les gusta, lo que no les gusta, sus hobbies, sus sueños, sus técnicas especiales, sus debilidades…cualquier cosa que debería saber ―eso estaba en los libros de instructores jonin, en el primer capítulo, para instruir a alumnos recién egresados de la Academia. Sabía que la situación no era la misma, pero al menos podría conocerlos mejor.
El primero en hablar fue el chico Inuzuka.
―Oi, mi nombre es Kiba y él es Akamaru ―apuntó a su perro con el dedo pulgar y éste ladró―. Uhmm… Me gusta mucho comer carne y cartílago y también me gusta mi perro Akamaru. Es mi mejor amigo y hacemos todo juntos. No me gustan los olores fuertes porque hacen que mi nariz duela y me de asco, incluso me puede dejar knock out un olor así. Tampoco me gusta la comida que no se pueda masticar, como los colados, las sopas y los purés. ¿A quién se le ocurría inventar algo así de cualquier forma? ―preguntó levantando las manos irritado―. Algún día me gustaría ser Hokage… ―dijo con una sonrisa un tanto anhelante― Y sinceramente, mejoraría la unidad canina de esta aldea. Hana no puede ser la única veterinaria en todo Konoha ―Itachi asintió. Conocía a Hana Inuzuka, era una chica bastante gentil―. Mi hobbie es caminar con Akamaru y correr por los bosques. Es muy importante para mantener nuestro team work. En cuanto a mis habilidades, quizás soy el más rápido en mi grupo de edad… para realizar mis técnicas, la velocidad es fundamental. Y debilidades, no tengo.
―Acabas de decir que un olor fuerte puede knockearte, ¿Acaso eso no es una debilidad? ―lo increpó Shino, pero Kiba no respondió, haciendo una mueca de molestia.
―Es un gusto conocerte, Kiba Inuzuka ―dijo Itachi con educación.
―Mi nombre es Shino Aburame ―comenzó el chico de gafas apoyado en la baranda en el otro extremo―. Lo que me gusta, no me gusta y mis hobbies no tiene importancia, ¿Por qué? Porque aunque no me guste algo lo haré de cualquier forma si es por proteger a Konoha.
―¡Afff Shino ya comenzaste con tus cosas! ―se quejó Kiba―. ¿Por qué no dices que te gustan los insectos y ya? No es una novedad para nadie, ¿Sabes?
Shino pareció ignorar a Kiba, lo cual le indicó un poco la dinámica de grupo.
―Lo que sí tiene importancia son mis puntos débiles. Nunca ha trabajado conmigo por lo cual debería saberlos. Mi taijutsu no es muy elevado, pues ataco a distancia. Kiba y Hinata se encargan del cuerpo a cuerpo mientras yo lucho con ninjutsu, en lo cual, sí soy bueno ―Itachi adoraba al clan Aburame. Eran tan directos. Le estaba diciendo precisamente algo que necesitaba saber para poder protegerlo en combate si se veían en problemas―. De los tres, soy generalmente el que asume el liderazgo, ¿Por qué? Por qué mi coeficiente intelectual es de 140. Como debe saber, mi clan se especializa en el ataque con insectos. Mis kikaichus consumen el chakra de mi enemigo, dejándolos inhabilitados para luchar.
―Esa habilidad es fascinante, me gustaría verla algún día cuando entrenemos ―respondió Itachi. Shino era realmente su tipo de persona.
―No tengo problemas con eso, ¿Por qué? Porque somos compañeros ahora ―añadió sonando bastante indiferente. Itachi asintió y luego miró a Hinata quien supo que también tenía que presentarse.
―Mi nombre es Hinata Hyūga ―dijo con suavidad, mirando hacia un costado. ―. Uuhm… Me gusta prensar flores y los rollos de canela, e-entrenar con Neji nii-san y pasar tiempo con mi equipo. No me gustan las peleas i-innecesarias ni que me subestimen. Mi sueño es poder hacer que una persona reconozca mi valor como kunoichi ―Itachi asumió que estaba hablando de su familia o alguien en ella―. Mi debilidad según mi padre es que soy demasiado gentil, aunque tampoco no soy muy fuerte, ni rápida. Tampoco tengo mucha resistencia y mi estamina no es alta. Me especializó en taijutsu y s-supongo que ese es mi mejor atributo en peleas. Puedo utilizar el puño gentil del clan Hyūga aunque no tan bien como Neji nii-san. Mi byakugan es bastante avanzado y si me enfoco sólo en un punto puedo llegar a ver hasta 10 kilómetros de distancia.
―Eso nos servirá muchísimo a la hora de rastrear enemigos ―le dijo Itachi con gentilidad, a lo cual Hinata asintió sonrojando.
―Es su turno Itachi-taicho, no sabemos nada de usted aparte de lo que dicen las leyendas ―comentó Kiba riendo mientras acariciaba el lomo de Akamaru.
―Bueno… como saben mi nombre es Itachi Uchiha. Hasta antes de ser transferido fui miembro del escuadrón de asesinatos y espionaje de ANBU, teniendo el rango de capitán de éste. Supongo que eso también lo saben… ―Kiba asintió un tanto impaciente.
―¿Es cierto que está en ANBU desde los trece años? ―preguntó, de verdad no sabían mucho de Itachi pero las cosas que había escuchado eran suficientes para que les inspirara respeto―. ¿Y que se graduó de la academia sólo en un año?
―Sí ―respondió Itachi―. ANBU estaba casi desmantelada después de la guerra y casi toda una generación de Shinobis había muerto. Era labor de la nueva generación asumir el legado que con sus vidas intentaron proteger ―Itachi bajó el rostro, recordarse a sí mismo caminando entre los escombros y los cadáveres, deseando no encontrarse con sus padres muertos, había hecho de su infancia un infierno en vida. Ellos no lo entenderían, habían nacido en una época de paz por lo cual no veían la guerra como lo que era… una pesadilla de la cual intentas despertar sin poder lograrlo― … no tomen muy en serio todo lo que escuchan sobre mí. La verdad, es que no soy la gran cosa. Hay nombres gravados en la piedra del monumento de los caídos de Konoha de quienes nadie sabe, nadie conoce y sus vidas han sido olvidadas… pero su legado continúa con nosotros. Todo lo que deben saber de mí, supongo, es que llevo ese legado aquí ―indicó su pecho con su dedo pulgar.
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―¿Estás seguro Shisui? ―preguntó Itachi intentando alcanzar a su primo que corría hacia la puerta de Konoha―. ¿Volverá hoy?
―¡Sí! Obito-san volverá hoy y dijo que nos enseñaría a hacer el jutsu de la gran bola de fuego, pero mucho mucho más grande que antes ―respondió Shisui con felicidad.
Saltaban entre los escombros y pasaban por lugares en donde antes había habido casas y negocios. El panorama era bastante desalentador pero ellos venían viviendo en esas condiciones desde que tenían memoria.
Ambos chicos estaban cubiertos con una capa, pues la lluvia caía incesantemente. A sus cortos años de edad, sus cabelleras estaban flácidas por el agua y el frío comenzaba a calarle los huesos, pero no importaba… el gran Obito volvía ese día.
Sin duda no era el shinobi más fuerte de la aldea pero era su ejemplo a seguir dentro del clan. Siempre que los veía los saludaba y les decía que les enseñaría alguna cosa. Era su primo mayor y lo respetaban por ello, lo admiraban, querían seguir su ejemplo.
Esperaron largas horas bajo la entrada de Konoha, tiritando de frío y rezando porque no hubiese un ataque esa noche. Venían atacando la villa hace muchos días ya y la ciudad estaba en ruinas. Ellos se habían convertido en los niños que deben observar su amada aldea en ese estado, escondiéndose entre ellos y esperando encontrar algo para comer. Hasta las ratas eran bienes apreciados en esos días.
Muchas veces en la mañana aún se podían ver cuerpos entre los derrumbes de edificios, niños de su edad, ancianos, mujeres… parecía que no importaba para los ninjas del país del rayo, todos eran enemigos para ellos. Cada mañana, Shisui e Itachi agradecían haber sobrevivido otra noche, escondidos, abrazados y tiritando, rezando porque sus padres volvieran vivos. Todos los niños Uchiha permanecían ocultos en el escondite del clan, rezando a sus ancestros que los protegieran. Pero ya había escuchado que si las cosas seguían así, incluso ellos serían obligados al frente de batalla.
De pronto, Shisui comenzó a saltar emocionado.
―¡Ahí vienen! ¡Ahí vienen! ―le indicó a Itachi sacudiéndolo.
El menor de los niños levantó la mirada con una sonrisa, observando a la distancia la cabellera rubia del maestro de Obito.
Sin embargo, cuando vieron al Team Minato acercarse sin su primo, lo supieron sin que nadie lo dijera. Shisui fue el primero en llorar en silencio e Itachi agradeció la lluvia que disfrazaba las lágrimas en su propio rostro.
―¿Dónde está Obito? ―Shisui fue lo suficientemente valiente para preguntarlo cuando Kakashi Hatake pasó al lado de ellos.
La chica de la cual Obito había estado enamorado desde pequeño se paró a su lado mirándolos con dolor en los ojos. Minato Namikaze no dijo nada, sólo esperó. Kakashi detuvo su andar; él era el gran rival de Obito, a quién siempre lo habían escuchado decir que vencería algún día porque los Uchiha eran un clan de elite. A pesar de su edad ya era un jonin, a diferencia de Obito, que ni si quiera podía utilizar el sharingan.
Hatake Kakashi no se volteó, pero sus hombros bajaron lentamente. ―Lo siento, chicos. Obito no regresará.
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El semblante de Itachi Uchiha era serio y melancólico. Hinata se preguntó que podría haber estado pasando por su mente para que dejara evidenciar ese tipo de tristeza en esos profundos ojos negros. Itachi no era del tipo de persona que dejara que el resto viera sus emociones, por lo cual, verlo así la conmovió.
De pronto, los miró sonriendo; Hinata quiso preguntarle el motivo de ello. ¿Por qué un hombre como él podía desprender tanta calidez sólo con una sonrisa?
―Si deben saber algo sobre mí, más que mis gustos, mis sueños o mis hobbies… es que… lo único que me importa es poder honrar sus memorias protegiendo la paz por la cual ellos murieron ―los tres asintieron en silencio respetando su privacidad―. Tienen el resto del día libre. Descansen pues mañana comenzaremos a entrenarnos si les parece bien.
―¡Okey! ―respondió Kiba montando a Akamaru―. ¿Nos juntamos aquí, mañana?
―Si el resto está de acuerdo con ello ―le indicó Itachi mirando a Shino y a Hinata.
―Por mi está bien ―murmuró Shino, poniendo sus manos dentro de los bolsillos y comenzando a retirarse―. Hasta mañana, compañeros.
―Por mí también, Uchiha-san ―le indicó Hinata con una sonrisa.
―¡Bien! ―gritó Kiba entusiasmado―. Vamos Akamaru, Hana nos espera. ¿Hinata, quieres que te vaya a dejar? ―le preguntó antes de marcharse.
―N-no es necesario Kiba-kun, puedo volver sola ―respondió avergonzada, pensando qué opinión tendría Itachi Uchiha de ella si ni si quiera sus compañeros se sentían confiados de dejarla ir y venir por su cuenta por Konoha.
―Está bien ―dijo con una enorme sonrisa―. Adiós Hinata, adiós Itachi.
Observó a Shino caminar por la calle opuesta a la que Kiba se había dirigido. La mañana era agradable y el sonido del agua bajo el puente era refrescante y la invitaba a ir a entrenarse. Sin embargo, se dio cuenta que Itachi Uchiha aún estaba ahí parado, mirándola sin hablar.
Hinata rompió el silencio, que extrañamente, no era incómodo entre ellos.
―U-Uchiha taicho.
―Puedes llamarme Itachi. Nos conocemos hace bastante ―respondió él un tanto abstraído en sus propios recuerdos.
¿Cómo decírselo sin sonar como una de sus fangirls? ¿Cómo aproximarse a él sin que pensara que deseaba algo más que conocerlo? Le avergonzaba tener ese tipo de dudas en su mente, pero la verdad, Itachi Uchiha era alguien especial y no era la única que parecía verlo.
Ella lo notaba, pues incluso comprando dangos algunas chicas se le habían acercado a saludarlo. No estaba segura qué era lo que las demás veían en él, pero había muchos chicos atractivos en Konoha y ninguno era tan popular entre todas como lo era Itachi. El resto seguramente también veía en él lo que ella venía observando hace años. Lo más tierno del asunto era que él, en vez de ignorarlas como lo hacía Sasuke, se tomaba el tiempo para responder a cada una de las personas que se dirigían a saludarlo; aunque no era de muchas palabras respondía con educación antes de continuar su camino.
Era humilde, no se creía la gran cosa y Hinata apreciaba eso. No era un chico al cual su atractivo y fuerza lo hubiesen vuelto altanero, nunca lo había visto observar a nadie con ojos llenos de orgullo por su fuerza ni lo había escuchado jactándose de lo poderoso que era.
Tomó aire, cerró los ojos y apretó sus puños intentando controlar sus nervios.
―M-me alegra que estemos en el mismo equipo ―dijo con suavidad haciendo una rápida reverencia.
Itachi la miró de reojo, notando lo tensa que estaba al lado de él. Pensó por un momento que estaba incómoda y le desagradaba su presencia, pero luego, al escucharla, sólo pudo sonreír sin importarle si alguien los estaba viendo o no.
―A mí también.
Escucharlo responder eso hizo que las mejillas de Hinata se sonrojaran fuertemente. El primer instinto que tuvo fue de correr, por lo cual hizo una nueva reverencia y le respondió torpemente.
― Hasta… hasta luego.
―Hinata-san ―la interrumpió Itachi sin dejarla irse aún.
―¿S-sí? ―respondió ella mientras se paraba derecha.
―¿Dónde se dirige ahora? ―le preguntó con seriedad.
―Supongo que a mi casa ―dijo jugando con sus dedos. De verdad él la ponía nerviosa cuando la miraba así. ¿Qué secreto querría descubrir ahora?
―¿Puedo acompañarla mientras caminamos? ―le preguntó con educación. Sin embargo, al ver como los párpados de Hinata se elevaban en sorpresa y su rostro cambiaba de color, Itachi replanteó lo que acababa de pedirle―. El distrito Uchiha queda en la misma dirección, tengo que caminar hacia allá de cualquier forma.
Hinata asintió nerviosa y ambos comenzaron a avanzar en silencio. No se atrevía a mirar a Itachi mientras caminaban uno al lado del otro. Sólo notaba que de vez en cuando pasaba alguna joven y lo miraba como si se fuera a derretir, sólo para dirigirse a ella y darle una ojeada llena de odio. Cuando aquello ocurría, Hinata se escondía entre sus hombros. Sólo habían caminado alrededor de tres cuadras en silencio y ya una tercera mujer la había mirado mal. No pudo evitarlo y suspiró un tanto deprimida. No sabía lo difícil que era ser notada. Ella era completamente invisible al ojo de la mayoría de Konoha (excepto en su clan), nunca había tenido que lidiar con tantos ojos hacia ella en la calle, ojos que ni si quiera eran amistosos.
―Lo siento ―dijo Itachi de inmediato. Hinata lo miró confundida, pero entendía a la perfección por qué estaba pidiendo disculpas―. A veces miran mal hasta a mi madre cuando la acompaño al mercado para cargar las bolsas. Debe ser muy molesto caminar conmigo.
―No… no me molesta ―dijo ella con timidez―. Es sólo que, bueno, uhmm… Tal vez su novia se podría molestar conmigo por estar con usted en el mismo grupo.
―No tengo novia ―dijo Itachi poniendo una mano en su nuca y mirando en frente con seriedad. El tema lo avergonzaba pero no dejaría que ella se diera cuenta.
Los labios de Hinata se despegaron con incredulidad. En su mente Itachi Uchiha era perfecto, no podía encontrar un sólo defecto en él por mucho que lo pensara. Tal vez, por eso siempre se veía tan solo, porque no había encontrado alguien aún que le inspirara la confianza para permitirse amarla. Vivir una vida sin amor, sin enamorarse, podía hacer que un hombre perdiera su propósito y cayera en la oscuridad de la soledad. Pero eso no era cierto sobre él… Itachi sí tenía un propósito.
Hinata comenzó a jugar con sus dedos nerviosamente y el Uchiha notó que algo estaba pasando por su mente pues sus párpados bajaban un tanto desilusionados.
―¿Qué sucede Hinata-san? ― Le preguntó mirando el perfil de su rostro, notando lo fina que era su nariz.
―No… no es nada ―respondió sonrojando por la doceava vez ese día.
Quería decirle la verdad, pero le daba un poco de miedo aproximarse a él y comentarle algo tan superficial. Para alguien como Itachi su vida, sus sentimientos, sus secretos, sus preferencias… eran privadas. Era tan reservado que ni si quiera les había dicho algo personal sobre sí mismo cuando estaban presentándose, sólo sabían que se llamaba Itachi Uchiha y que efectivamente había entrado a ANBU a los trece años. Ahora, también sabía que no tenía novia, pero sólo porque se lo había preguntado.
Ella no tenía derecho a decirle lo que estaba pensando sobre él.
―Puede decirlo ―dijo Itachi sin dejar de caminar ni mirarla―. No me molestará.
¿Cómo era posible que se diera cuenta de que quería decirle algo pero no se atrevía? Realmente le hacía honor a la clasificación de genio. Hinata bajó el rostro y se enfocó en mirar sus propios pies.
―Entendí por qué no tiene novia.
Itachi rió. No estaba esperando que ella le dijera algo así.
―¿Entendió algo como eso?
―S-sí ―respondió ella con tristeza.
―¿Por qué no me lo explica entonces? Tal vez su explicación sea mejor que la de mi primo ―era divertido para él, últimamente todos estaban creando nuevas teorías para explicar el por qué de su soltería.
―Hmm…bueno… p-pensé que tal vez estaba solo porque… b-bueno, nunca se ha enamorado. Pero eso no e-es cierto… ―Hinata se detuvo y lo miró un poco asustada―. Sólo alguien que ama algo profundamente e-es capaz de inspirar la calidez que us-usted inspira… ―se iba a ahogar, casi le había dicho "inspira en mi". Gracias a dios tartamudeaba, de esa forma se había podido detener antes de que su boca la traicionara. Si le decía algo así, lo más probable era que Itachi pensara que era una de sus acosadoras―. Escuchándolo hablar hoy, lo e-entendí. Creo que su… su amor por la Aldea es tan grande que… que… n-no cabe nada más dentro de su corazón ―su voz se afinó casi en un murmullo melancólico―. Por eso… esta siempre tan… solo.
La sonrisa de Itachi desapareció suavemente. Se detuvo y Hinata también lo hizo. ¿Habría tocado un punto sensible y ahora él le gritaría o algo así? Pronto descubrió que no podía sostener esa mirada que él le estaba dando, pero no podía apartarla tampoco.
Por su parte, Itachi se preguntó por qué alguien que apenas lo conocía podía comprender aquello sólo mirándolo. Desde que era una niñita había intentado descifrarla fracasando en ello y en cambio, ella, parecía haberlo descifrado a él. Sasuke tenía razón… Hinata Hyūga era sin duda alguien que le interesaba cada vez más. Tal vez la persona que más le interesaba en toda esa villa. No la podía comprender del todo y aquello la hacía fascinante.
―¿Usted ama algo o a alguien, Hinata-san? ―preguntó Itachi.
―Amo a mi hermana menor ―respondió Hinata sin si quiera pensarlo―. Aunque a veces pienso que, sólo soy u-un obstáculo para ella. Siempre se tiene que esforzar el doble para así validarse ante los ojos del clan, sólo porque yo nací primero.
Como yo y Sasuke ―pensó Itachi.
―Creo que nos parecemos más de lo que pensé en un comienzo ―dijo mirándola con más respeto que antes. No estaba seguro de la razón por la cual le estaba diciendo eso, pero le provocó una sensación placentera en el estómago decírselo―. También siento que sólo soy un obstáculo para la felicidad de Sasuke, uno que debe superar para poder llegar a su pleno potencial. Pero… no me quejo. Ese es el labor de un hermano mayor. Aunque mi hermano me termine odiando, es algo que debemos afrontar juntos.
―Es cierto ―murmuró Hinata observando la forma en que sus ojos tan disciplinados se suavizaban cuando hablaba de Sasuke. De nuevo podía percibir esa calidez rodeándolo. Entonces se dio cuenta de algo que la hizo sonreír.
Itachi le estaba hablando sobre sus propios sentimientos, su vida, la estaba dejando echar un vistazo en su privacidad. Aquello la hizo sonrojar y sentirse realmente privilegiada. Itachi Uchiha era realmente asombroso.
―Gracias ―le dijo reanudando su andar e Itachi la siguió con curiosidad.
―¿Por qué me agradece? ―le preguntó sin saberlo. ¿Por qué insistía en sorprenderlo con sus palabras y reacciones?
―Por dejarme conocerlo un poco más.
Era cierto, le acababa de decir algo personal sobre sí mismo a una compañera de equipo. Nunca antes había hecho eso. La idea de aquello lo asustó pero al mismo tiempo lo emocionó. Tal vez no tendría que ser alguien completamente frío con el mundo ahora, después de todo, ya no portaba una máscara. Podía ser Itachi Uchiha, no "el cuervo". Podía hablar de lo que sentía y lo que deseaba sin miedo a ser descubierto o a arruinar su misión.
¿Tanta confianza le inspiraba esa chica?
―No suelo hacerlo ―dijo Itachi, suspirando―. Creo que hice una excepción con usted.
―¿Por qué? ―preguntó Hinata.
―Porque me permitió caminar a su lado.
Y así era, ya no tendría que volver a caminar solo.
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