Disclaimer:Todos estos personajes le pertenecen a Hajime Isayama.

Disclaimer 2:OoC. Palabras altisonantes. Travestismo. Violencia. Posibles errores ortográficos. También habrá un poco de Erwin x Eren.


Capítulo 4: Un poco de nuestra historia.

Se escuchan los disparos en toda la mansión. La fantástica mesa de nogal ahora estaba siendo usada para lamentación de la familia, como defensa por parte del bando contrario. Ellos no se atrevían a mancillarla. Era una buena estrategia si se lo permitían decir. Quién diría que Bertholdt con aquella voz tímida y cara de ángel, había planeado todo para que Reiner pudiera disparar a comodidad con su Carabina M4A1 a sus anchas.

De hecho, el muchacho estaba combatiendo con armas blancas. Con sus audífonos puestos en sus oídos, escuchando quién sabe qué, luchando sin problemas pese a carecer de audición.

Se tenían confianza, y con el tiempo Bertholdt comenzó a tomar sus propias decisiones. Tomando como ventaja su gran altura, asimismo, sus buenos reflejos, que lo hacían salir de monumentales.

— Mierda, Reiner. ¿No le puedes dar a solo uno? — masculló Annie quién peleaba con armas de fuego. Uno cayó— ¿Ves? No es tan difícil.

— No te burles de mí, Annie— bufó pegándoles a un por primera vez— no me pidas que los derribe de a la primera cuando ellos fueron entrenados por Pixis. ¿Qué que querías que hiciera?

— Hacerlo pagar— condenó la mujer mientras Bertholdt venía con una víctima.

— Etto… ¿Está bien? — preguntó rascándose la cabeza, tirándolo cerca de Annie.

— Más que bien, querido— rió estruendosamente para después irse con el secuestrado hacía una habitación vacía, dejando a sus compañeros encargarse del resto. Cerró la puerta— Así que…— dijo mientras que con un movimiento hacía que el hombre se arrodillara. Lo tomo de los cabellos— el cabecilla… ¿cayó?

Este se limitó a escupirle.

— Rayos, ¿Sabes cuánto cuesta este labial? — bufó.

— Un buen dineral, seguramente. Mi estúpido padre te lo compró.

— Oh, que buen informado estás, Jeff— contestó sarcásticamente al tiempo que tiraba sus armas y sacaba otras detrás de su espalda. A simple vista podías notar que eran de oro. — ¿Y bien?... ¿Estás listo para morir?

— No, en realidad. Que tu muchachito me haya atrapado no determina nada.

— Tienes razón…— le concedió. Un brilló paso por sus ojos. Apretó su arma contra su sien.

— ¿Una arma de oro para un bella mujer? — Annie le dio un rodillazo. Este se quejó.

— A mí me gusta más: Peligrosa, si no te importa— le susurró poniendo de nuevo esta en su cabeza— ¿Tus últimas palabras?

Le volvió a escupir pero está vez en sus tacones. Está suspira.

— Es una pena que no nos entendamos, hijo del difunto Pixis. Había querido como buena esposa que soy de tu padre, acortar tu sufrimiento. Pienso que no lo mereces—pronunció, dejando su arma a un lado. Bajó su mano hasta su pierna. Sacó un cuchillo— presiento que quieres jugar, ¿no, honey? — le dijo pasando la cosa filosa por sus labios. Un ruido la hizo detener. — ¿Qué haces aquí? ¿No ves que estoy ocupada?

— Lo-lo si-siento, Annie. Ya acabamos allí afuera— informó Bertholdt seguido de Reiner que venía con una bebida energizante.

— ¿Mucho trabajo? — burló la mujer. Este se encogió de hombros.

— Mantuvieron su dignidad— le respondió sentando en la mesa de billar. Un celular sonó— Oye, Annie…es tu celular.

— ¿Y qué? No voy a contestar antes de acabar con este gusano.

— Pero es… él. — la muchacha no sé detuvo a pensar. Solo agarró su arma filuda y con una frialdad espeluznante, le cortó la yugular— quería divertirme contigo. En serio, créeme— le habló avergonzada al hombre ya muerto. Se dirigió a Reiner— dame el maldito teléfono— masculló. El rubio contesto por ella. Se lo dio.

¿Annie Leonhardt? Habla Farlan Church.

Espero que tengas una buena razón… le expresó con calma—para llamar a mi número personal— dijo— y haber matado rápido a mi víctima.

No dudo que las pagaré si no doy una buena ¿no?

Eso suena a un sírió— ¿Se pude saber de qué se trata?

Las mujeres odiamos las preguntasle respondió limpiando su cuchillo. Lo lamió— pensé que después de tus saliditas nocturnas ya lo sabías.

A ellas les encantaban las preguntasatacó.

Entonces no eran buenas mujeresreplicó haciéndolo reír.

Rumores cuentan…— habló con misterio—que te metiste con el viejo, Pixis… Dime, Annie, ¿Cuánto duro tú farsa?

...

¿No me dirás nada?

Bueno, de igual forma, sé que los descubrieron.

— No te conocía tan aventado— burló al tiempo que veía por la ventana como sus acompañantes salían con bolsas de dinero. Se volteó. — ve al grano, Church. No tengo tu tiempo.

Te queremos.

Queremos es mucha gente.

Levi salió de prisión— ella alzó la ceja.

— ¿Está muy ansioso por volver? — Farlan bufó— muy bien, yo lo ayudaré a que, como mucho, le den cadena perpetua. ¿Dónde están?

Las vegas— Annie sonrió. Sus amigos le daban señales por la ventana.

Ahí estaré.


— ¡Ahhhhhhhhhhh! — exclamó Farlan tirándose al sillón. Levi lo miraba desde el espejo, serio — muy bien, ya tenemos a la banda de Annie. Auruo y Petra ya confirmaron contigo. Una amigo en común con Marco, me contó que Jean y él están planeando robar un banco uno de estos días. A Hanji no fue difícil contactarle, pero me dijo que si no la visitábamos no participaría.

— Tch.

— Ah y también, que sabe algo sobre el paradero de Armin y Mikasa. — el azabache volteó.

— ¿Te contó?

— No me quiso decir— contestó poniéndose una bolsa de hielo en la cabeza que tenía hace rato usando— creo que por eso quiere que la visitemos.

— Estúpida cuatro ojos. — farfulló poniéndose la corbata.

— Cambiando de tema, Connie y Sasha están inubicables. Parece se les haya tragado la tierra. — Levi bufó— En otras noticias, Ymir e Historia ya están en camino, y por lo que me dijo Hanji hace un rato, están viniendo para acá en un patrulla robada.

— Que ingeniosas— ironizó— ¿Isabel?

— ¿Qué pasa con ella? — habló sin ganas.

— ¿La has llamado? — Farlan rió amargo.

— Desde que terminamos, cada vez que la llamo me cuelga y cada vez que nos encontramos, me deja sin bolas. ¿Quieres aún que la llame? — el aludido suspiró.

— Iré por ella.

— Bien.

Levi terminó por arreglarse el saco. El castaño lo miró con curiosidad.

— ¿A dónde vas?

— ¿Estamos en un casino no? — frunció el ceño— iré a divertirme.

— Tú nunca te diviertes— le recordó mirándolo con sospecha.

— Me divertía con Eren— un silencio se formó. El mayor lo rompió chasqueando los dientes, Farlan reaccionó.

— Levi…

— Solo quiero jugar un rato, mierda. No tengo por qué darte explicaciones.

— Está bien. No vengas borracho. — lo último lo balbuceó ya que comenzaba a quedarse dormido.

— ¿A caso eres mi madre? — se mofó moviendo la manija.— avisa si sucede algo.

Y salió sin esperar una contestación.


Cuando era joven, había tenido una mala suerte de gato. Y pese a eso, lo que se le dio, lo tomó. No tuvo nunca oportunidades como los otros chicos de estudiar, más sin embargo, ahí tenía las armas del viejo Kenny. Las cuchillas de su madre Kuchel, y un pequeño niño que necesitaba una respuesta para su futuro.

El no pudo nunca permitirse cometer errores. Perfeccionó cada parte fuerte en él y trabajo arduamente en las cosas que se le hacían más pesadas. Así con todo eso, logró salir adelante. Darle un plato de comida a Mikasa y a Farlan, quienes siempre tuvieron mucha fe en su liderazgo.

Cuando Kuchel murió, una parte de él murió. Pensó a partir de entonces, que aquellas cosas nunca se recuperan. Como sus manos cálidas, llenas de amor. Qué cuando las tocó, después de muerta, solo las sintió frías y sin vida. Él ya era un jovencito cuando eso sucedió, tampoco se permitió llorar.

Quién diría que alguna vez su trabajo le ayudaría a conocer a la persona más importante de su vida, asimismo, que le traería algo irremplazable.

Fue para una misión. Les habían pedido eliminar a ciertas personas, así que tuvieron que actuar rápido. Fue grande su sorpresa y la de sus amigos cuando sus víctimas no se encontraban solas, sino también, con rehenes.

Así conoció a los Jaeger. ¿Y cómo fue que logró ocultar su estado de asesino?

Simple, se hizo pasar por un policía. Realmente jamás entendió la fe ciega que le tenían sus compañeros, porque cuando le dijo a Farlan que actuará como Jefe de la división de Policial y a Mikasa, que utilizara solo su revólver calibre 38, no objetaron.

Fue extraño. Y no tanto, ya que, después de un tiempo advirtió que ellos también habían quedado encandilados con uno de ellos.

Farlan con la pelirroja, que luego se hizo llamar Isabel, y Mikasa y él, con el muchacho castaño, que se autonombró Eren.

Eren Jaeger.

Cometió un error, al hacerlo entrar tanto en su corazón. Y es que no pudo evitar maravillarse, sus manos tenían el mismo calor que los de su madre. Eventualmente, se enamoró del mocoso. Su mala suerte de gato volvía.

Y volvió en grande. Cuando se casó, cuando hicieron por primera vez el amor, todos esos recuerdos pesaron al descubrir Eren a lo que se dedicó y a lo que se dedicaba en ese entonces. No quiso explicaciones. Se llevó su corazón diciendo:

"La verdad hace que todo lo demás parezca mentira" expresó entre lágrimas.

Lo más triste fue que no pudo ir a consolarlo, ni siquiera pudo correr y abrazarlo por la cintura y prometerle que cambiaria, porque como si el karma supiera de sus intenciones, ahí fue cuando lo descubrieron.

Farlan lo llamó e hizo un mal movimiento. Solo ese pequeño desajuste derrumbó todo. Mikasa para ese momento, no le hablaba, así que cuando se encontraron rodeados de patrullas, él se sacrificó. Ni eso causo que la mirada de su hermana se suavizara. Ella por fin se había decepcionado de él. Por otro lado, Farlan había tenido que ir a ocultar a Isabel, que desde un principio no les había creído sus engaños. Ella los conocía, porque también estaba en el negocio.

No supo si Eren se enteró, pero por la pelea que vio mientras entraba a la patrulla con esposas, inevitablemente sacó algunas deducciones.

— Señor, ¿Jugara otra ronda? — le dijo la mujer con amabilidad. Eran las 2 de la mañana y tampoco quería acostarse tan tarde. Había trabajo que hacer y pronto la acción comenzaría.

— No, me retiraré.

Minutos después estaba caminando hacía el ascensor. Apretó el botón con cansancio, y cuando estaba a punto de subir, escuchó a unos hombres decir:

"Es muy bella, ¿no lo crees?"

"Definitivamente, nuestro gerente se ganó la lotería"

"Ellen Jaeger ¿no es así?

"Bello nombre. Si no me equivoco, ahora está en el restaurante esperando hace como unos 10 minutos"

"Debe estar preocupada. El gerente tiene muchas obligaciones, pero no debería descuidarla así"

"Alguien podría robársela…" bromeó.

"Quién no"

Y risas. De pronto Levi ya no estaba tan cerca de aquellos jóvenes.


Debería de ser una broma tener que esperar a un hombre a las dos de la mañana en un restaurante de alta calidad, pero para Eren no lo era. Si bien, al principio había sido reticente a viajar y venir al hotel a esas horas de la noche, tuvo que ceder. Por el momento, Erwin le permitía vivir allí.

Además, le salía muy cómodo, pese a que hubiera más contras que pros estar ahí. Sin embargo, había algo que le fastidia en sobremanera. Independientemente de cómo Erwin manejará su relación, lo que odiaba de él es que le gustaba gastar promesas a la todo el mundo, que después de un tiempo, no cumplía.

Lo terrible del caso, es que si algunas de aquellas promesas se trataba de visitar a un cliente importante e ir al cine con Eren a la misma hora, tomaba como disculpas regalarle cosas caras y lujosas. A veces lograba que este se sintiera con un verdadero prostituto.

Pero pese a lo dicho, había cosas o momentos que valían la pena. Eren aunque lo había intentado, no estaba enamorado de él. Sin embargo, eso no significaba que no lo llegará a sentir. Ya que, hace como unos meses cada vez que lo veía, los nervios comenzaban a activarse en todo su cuerpo. La mente se le nublaba levemente y cuando le acariciaba la cabeza, se sentía amado.

No le gustaba que otras personas se acercaran a él, con otras intenciones. Tal vez era porque hace cuatro años había perdido a todo aquel que amaba y se había encontrado solo, en un parpadeo.

Quizá no estaba enamorado de él, pero estaba seguro de no querer perderlo. Hace mucho que se creía la parte de uno, esperando que el otro lado de la cama apareciera su otra mitad, llenándole finalmente.

Tenía miedo de cuestionarse la razón de aquel vacío. No le interesaba saberlo (o eso era lo que se decía) Suspiró.

Eran las 2:10 am, y Erwin no había hecho acto de presencia. Tal vez deberían rendirse con eso de cenar por las noches. Era obvio que era el momento más ocupado para una persona como él.

Con la expresión más funesta, decidió retirarse del lugar, y dormir de una buena vez, pero las ganas de ir al baño, cambiaron sus planes. Tomo su bolso, y con los ánimos bajos, se encaminó hacia el tocador de mujeres.

Miró por el rabillo del ojo al Erd y a Gunther. Siempre atentos a cualquier movimiento suyo, aunque hoy no era el caso. Algo estuvieron murmurando entre ellos que hizo que Eren tuviera oportunidad de tomar la manija de la otra puerta y entrar al baño de hombres.

Finalmente, se apoyó en esta, con el pecho agitado. Siendo honesto, fue lo más peligroso que había hecho desde hace cuatro largos años. Lentamente, comenzó a dejarse caer. Tirando su bolso en el proceso, mientras que ya sentado en el piso, se sacaba los tacones que comenzaban a herirle los pies. Los masajeó.

Fueron los 5 minutos más relajantes de su vida, en el que apaciguó su respiración, y pudo sentirse Eren Jaeger otra vez. Le gustaría que alguien lo llamara así de nuevo.

Volvió a ponerse los tacones y se metió a uno de los cubículos para orinar. Podría sonar raro, pero había extrañado mucho entrar a un lugar como este, eran nimiedades, pero los baños de hombre y mujer tenían sus diferencias.

Ya terminado su acción, se bajó el vestido negro que llevaba para esa ocasión, entallado en la cintura pero suelto en las piernas. Volvió a suspirar. A veces se tenía que recordar cuál había sido la razón por la que había comenzado a vestirse de aquella forma.

Entonces, cuando comenzaba a alistarse para salir, el seguro de la puerta de afuera le ocasionó un respingo. Era un hecho. Se habían dado cuenta de su desobediencia.

Todavía no se mostró. Prefirió esperar a que los gritos le obligaran a salir, pero estos jamás llegaron a sus oídos. Extrañado, vio por la rendija unos cabellos negros, así de esa forma absurda, hizo contacto con unos ojos grises.

Eren tembló. ¿Por qué tenía que ser justo ahora?


Nota: El reencuentro ya llega. No olviden dejar su review si les pareció interesante el cap.

¡Muchas Gracias!

G.P