Capítulo cuatro

Presente


Trescientos años han pasado ya desde el día en que Hiccup murió. Le tomaron por lo menos cien años a Jack poder superarlo. Cada vez que pensaba en ese día y en lo idiota que había sido por dejarlo, su corazón se oprimía y una tormenta de nieve azotaba el lugar en donde estuviera, no importando si hacía calor o no.

Pero han sido ya suficientes años para que Jack pudiera dejar el dolor atrás y enfocarse solamente en los momentos felices. Por ejemplo, recordaba a Hiccup contarle con una enorme sonrisa lo grandioso que era explorar el mundo y que fue gracias a él que se atrevió a hacerlo. De hecho, una de las cosas que Jack conservó fue el mapa que Hiccup hizo. Había tomado el libro al momento en que lo vio en la casa del castaño después de su muerte. Y era lo único que tenía físicamente para recordarlo, a pesar de que los años ya han deteriorado bastante el libro y las hojas.

Jack se encontraba volando hacia su ciudad, Burgess. Un año ha transcurrido ya desde que oficialmente se convirtió en un Guardián y de que al fin tuviera sus memorias de vuelta. Si alguien le hubiera dicho que en algún momento de su inmortal vida sería un Guardián, lo hubiera congelado y después se hubiera reído en su congelada cara.

Pero aquí estaba ahora.

Otra cosa que tampoco se imaginó, fue que existiría alguien que creyese en él. Alguien que no fuera Hiccup.

Había momentos que se sentía un poco mal por mentirle a Jamie -y a todos los Guardianes- por hacerles creer que Jamie era su primer creyente, pues jamás ha hablado de Hiccup con nadie. Él era sólo de Jack y nadie más tenía porque saberlo.

Como el Guardián de la diversión que es, Jack escapó de sus aburridas responsabilidades y decidió traer un día nevado en su hogar. Pasar un tiempo con los niños, divertirse un rato. Ya luego recibiría los regaños de Bunny y Tooth.

Cuando llegó a la casa de Jamie, vio al chico ponerse sus zapatos desde la ventana. Jack sintió una extraña melancolía al ver al niño más alto de lo que recordaba, probablemente ya tendría el diente que accidentalmente perdió por su culpa. Luego pensó en que a lo mejor Jamie le jugaba aquella misma broma que Hiccup le hizo cuando se marchó la primera vez: fingir que no lo veía. Oh, sí Jamie se atrevía a hacerle eso, no dudaría en hacerle perder otro diente.

"¡Jack!"

Jamie había alzado la mirada y vio al chico de cabello blanco. Abrió su ventana y Jack entró volando a la habitación.

"Hey, chico"

Prácticamente el niño se le aventó a Jack en un fuerte abrazo y que el Guardián correspondió con mucho gusto.

"¡No lo puedo creer! Volviste"

"Claro que volví" Jack le sonrió "Escuché que necesitaban de un día nevado por aquí"

Jamie sonrió mostrando todos sus dientes y Jack comprobó que ya tenía su diente frontal.

Cuando Jack tocó el suelo, notó que Jamie le llegaba casi al hombro. Era increíble que con diez años de edad, Jamie estuviera algo alto.

"¿Y cómo han estado las cosas por aquí?" le preguntó Jack mientras se sentaba en la cama y recargaba su mejilla en su cayado.

"Bien, supongo"

"Eso no se escucha muy bien para mi"

Jamie iba a decir algo cuando la puerta del cuarto se abrió.

"Cariño, ¿con quién hablas?" le preguntó su mamá amablemente.

"Uhh..." Jamie miró discretamente a Jack y el espíritu del invierno simplemente se encogió de hombros "¿Jack Frsot?"

La señora Bennet soltó una carcajada y luego negó con su cabeza.

"Claro. No olvides que a las tres llega el tutor, ¿de acuerdo?"

"Claro, ma' "

La mujer cerró la puerta y Jamie soltó un quejido.

"¿Tutor?" repitió Jack con burla "¿Necesitas de un tutor?"

Jamie se dejó caer de espaldas en la cama.

"Mi maestra de matemáticas dijo que debería de enfocar mi cabeza en cuentos de hadas y más en los números" dijo Jamie mientras se dejaba resbalar en la cama "No me fue bien en el último examen y ella me consiguió un tutor. Creo que es su vecino o algo así."

Jack miró el reloj despertador que había en la mesita a un lado de la cama y la hora marcaba las 2:30 pm.

"Alcanzamos una guerra de bolas de nieve, ¿qué dices?"

Jamie, ya estando en el suelo, miró a Jack con complicidad.

Minutos más tarde, Jamie estaba en su patio con Jack, aventándose ambos bolas de nieve sin ninguna piedad. Sophie, la hermana de Jamie había visto ya al espíritu y no tardó en unirse a la batalla.

Los tres se estaban riendo y la estaban pasando de maravilla.

Mientras el juego continuaba, Jack no pudo evitar en recordar a Hiccup y esa pequeña batalla de bolas de nieve que tuvo con su padre. Era una imagen que jamás iba a olvidar, pues había sido la primera vez en que vio a Hiccup tan feliz de haber convivido con su padre y todavía haberse divertido con él. Aquel abrazo que le había dado después de la pelea fue el primero que había recibido Jack en su vida inmortal. Y eso siempre lo tendría presente.

Jamie aventó una bola de nieve hacia Jack y él logró esquivarla, pero una persona la recibió de todas maneras.

El chico en cuestión se quedó quieto cuando sintió la nieve en su cara. Jamie y Sophie dejaron de jugar, y el primero se encogió de hombros.

"Ups" dijo Jamie en voz baja

El recién llegado apartó la nieve de su cara y luego se rió.

"Buena puntería" dijo sonriendo mientras aún se quitaba algo de nieve

"Lo siento mucho" se disculpó Jamie mientras se acercaba a él

"Descuida, siempre he dicho que atraigo accidentes"

Jack no dejaba de verlo.

Él lo recordaba perfectamente. Tiene la misma complexión que en aquel entonces, lo cual comenzaba asustarlo.

"¿Fishlegs?"