Cap. 4- Confusión a la luz de la luna
Gold bajo la cabeza y se sentó en el tronco, yo me senté a su lado y le susurre al oído: "lo siento mucho", para mi sorpresa hizo algo que no me esperaba (y ahora que lo analizó creo que sólo lo hizo para que me acostara con él):
Gold: Te puedo dar un beso.
Red: ¿Mejilla, boca o frente?
Gold: Boca
Red: No se besar.
Gold: descuida, yo te enseño.
Acerco sus labios a los míos, me tomo de la barbilla y me planto sus cálidos labios sobre los míos, separe ligeramente mis labios y Gold empezó a mordisquearme el labio inferior, al separarse me dijo: "besas bien para ser tu primera vez", yo sólo pude sonreír, fue tan lindo y tan dulce considerando que no hice nada en realidad, sólo abrir ligeramente la boca y dejarme llevar. Volvió a besarme, pero esta vez empezó con mi oreja, luego el cuello y finalmente en los labios nuevamente, y al separarnos desilusionado contemple su pene erecto fuera de su pantalón… me levante furioso, dispuesto a marcharme de ahí, pero me detuvo:
Gold: lo lamento, pero me gustas mucho.
Red: en serio (de espalda a él)
Gold: si
Red: y por qué tienes que sacar eso (Volteando y señalando su pene).
Gold: eh… mmm
Red: Ya te he dicho que me desagrada el sexo.
Gold: lo siento
Red: además, ya te he dicho que decidí sólo tener sexo con mi novio
Gold: yo no te puedo amar.
Red: ah… ok…
Gold: no te vallas
Red: ¿vas a ser mi novio?
Gold: Sí
Red: Bien
Me arrodille frente a él, y empecé a lamer aquel hermoso pene, ni muy largo, ni muy corto; ni muy grueso, ni muy delgado; era simplemente perfecto para mí, hecho a mi medida, cada vez más me enamoraba de Gold parecía que fue hecho especialmente para mí, su forma de ser, su cuerpo, todo era un deleite para mí. (N/A: iba a poner de él, pero suena otra cosa distinta a la que quiero dar a entender).
Succione y bese cada centímetro de su virilidad con gran placer y deleite, después de todo era mi novio, mi primer novio. Después de jugar un rato con su pene en mi boca, Gold me tomó y me recostó sobre el tronco, me desvistió y se desvistió, y suavemente introdujo su hombría en mi colita… sus embestidas eran firmes pero delicadas que me hacían gemir de placer. Al depositar su semilla en mí, se acostó sobre mi espalda, exhausto me dijo: "siempre me mareo cuando me vengo", a lo que yo respondí con una tenue risita. Una vez pasado su mareo nos vestimos, nos besamos por varios minutos y caminamos nuevamente hasta el puente, tomados de la mano, nos despedimos con un último beso. Esa fue mi primera vez con él, en medio de las bayas mais, bajo la luz de la luna y siendo novios. Yo estaba muy feliz, aquel chico que me parecía perfecto era ahora mi novio.
