Capitulo IV

Un leve acercamiento, un gran sentimiento.

Arnold odiaba mentir se sentía mal sucio, traicionero; pero ¿Qué más podía hacer en una situación así? Estaba a solas en su departamento con una alumna bastante guapa, inteligente, pero lo peor de todo joven, aunque la diferencia de edad no era abrumante, sin embargo seguía siendo incorrecto estar con ella. Cuando Helga se movió, la polera de deslizo hacia arriba dejando ver sus largas y blancas piernas tonificadas, Arnold no pudo evitar mirar cada parte de su cuerpo, sintiendo mucho calor en ese momento, su cuerpo se estremeció, por un instante quiso mandar todo al carajo, su novia, su puesto como profeso, todo, se acercó lentamente y observo el rostro de Helga y se dio cuenta que su intención estaba mal y descarto todo pensamiento impuro. Arnold eres un caballero mantente como tal…

Mientras Helga lo observaba extrañada, puesto que Arnold se quedó parado examinándola completamente sin decir ninguna palabra colocándola aún más nerviosa. Arnold al recapacitar pensó que se veía tan adorable y vulnerable, era su obligación apoyarla y protegerla de todas las cosas horribles del mundo, especialmente de Wolfgang, al sólo recordar a ese chico le entraba una furia incontrolable.

-Helga quiero decirte que si algo malo, te vuelve a suceder no dudes en acudir conmigo, sé que soy tú profesor, pero en verdad creo que podemos tener una relación más cercana, si lo intentamos- murmuro despacio analizando cada gesto de su rostro, no quería asustarla con su proposición, pero en realidad ansiaba que ella aceptara.

A Helga le asombro la idea, pero no le desagrado del todo por el contrario le pareció una gran oportunidad para conocer mejor a su mantecado, porque aunque le costaba admitirlo estaba empezando a enamorarse de su profesor con cada situación, con cada gesto, más profundo entraba a su corazón a pesar de que era imposible o que fuera socialmente mal visto, siempre en su corazón se albergaba la esperanza que la impulsaba a intentarlo; ella era Helga G Pataki una fuerte mujer luchadora de los imposibles. Se sentía como caperucita roja, se sentía como una niña que se atrevía a arriesgarse a pesar de las advertencias; ella deseaba hablar con el lobo aunque este se la fuera a comer, sin embargo quería creer que el lobo tenía un lado afable que nadie se había atrevido a descubrir.

Sabía perfectamente que Arnold era como el lobo, él era el único que podía probarla, devorarla y destruirla a su antojo y ella se dejaría perder, cedería ante él, si él se lo solicitaba.

- Seré tú amiga, cabeza de balón con dos condiciones-le comento decididamente, mirándolo a los ojos, perdiéndose en ellos en el proceso.

-Helga…- la reprimió suavemente.

-¿desea ser mi amigo o no? Todos mis amigos les coloco un sobrenombre- dijo inocentemente alzando los hombros

-como tú digas Helga-

-Bueno la primera condición es que no le dirá a nadie lo que vio hoy y el otro día con Wolfgang, es un tema muy privado para mi aún y la segunda condición es que nos trataremos como iguales fuera de clases, es decir de forma simétrica yo le diré los sobrenombres que quiera y le hare las bromas necesarias ¿entendido? Es parte de mi- dijo seriamente frunciendo el ceño. Aunque hubiera mejorado bastante al demostrar su lado amable aún mantenía su coraza, eran tantos años utilizándola que se había acostumbrado, ya era parte de ella ser dominante, gruñona y ruda.

-Está bien Helga tenía planeado no contarle a nadie lo sucedido y sobre lo de Wolfgang siempre tendrás mi apoyo, así que si se acerca a ti me dices- al decir esto, sus nudillos se colocaron blancos de lo fuerte que empuñaba sus manos de la rabia. Un fuerte instinto de posesión lo invadió, le enervaba que alguien tratara de besarla.

- Si quieres tratarme con simetría está bien, ya que yo también lo hare, es un trato- comento, no quiso decir nada, sobre los apodos que ella le ponía, porque le resultaba un poco masoquista de su parte.

Se observaron silenciosamente satisfechos por el acuerdo que habían concretado, nadie les advirtió que ese era el comienzo de algo mucho más fuerte de lo que creían.

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Luego de un rato…

Arnold se sentó al lado de Helga en el sillón, acomodo las frazadas tapando a Helga en el proceso mientras encendía la televisión para ver una película y comer las galletas con el chocolate. Estuvieron un buen rato pasando canales sin nada interesante que ver hasta que apareció una película de terror, al principio Arnold quería cambiar de canal hasta que vio la cara de emoción de Helga.

-Creo que te gustan ese género de películas- comento descuidadamente. Helga se sonrojo levemente al verse descubierta, pero disimulo sus nervios.

-si me encantan, a pesar de saber que son falsas las historias, el espectador está atento toda la película esperando ese salto de adrenalina –explico con un destello de felicidad en su mirada.

Arnold la observo impresionado por la emoción que emanaba al hablar de ese tema, sin embargo él no pudo evitar realizar una mueca, ya que no sentía lo mismo, ese género en particular no era de su preferencia, debido a que en el pasado cuando había vivido en San Lorenzo era muy común escuchar a los lugareños hablar sobre extrañas criaturas que habitaban ahí como los fantasmas, brujas o espectros, al principio había pensado que se trataba de un truco para espantar a los extranjeros, sin embargo al pasar los años había experimentado sucesos que no tenían ninguna lógica, los cuales había tratado de olvidar; no obstante al ver la cara de Helga de emoción, se resignó a ver esa película y se acercó a ella inconscientemente buscando protección,

Cuando la película llego a su clímax Arnold se estremeció y abrazo a Helga fuertemente por la cintura, atrayéndola a su cuerpo buscando refugio, Helga no sabía cómo reaccionar, deseaba quitárselo encima por la repentina intromisión a su espacio, sin embargo su cuerpo la traiciono, deseaba el calor que provenía de él, se quedó tensa por un momento sin mover ningún musculo para no romper el ambiente hasta que mentalmente se pegó una bofetada.

-No sabias que eras tan miedoso Arnoldo jaja- comenzó a reír a carcajadas.

-¿Quién es miedoso?- comento aunque su voz tembló ligeramente, delatándolo.

-Arnold no quiero asustarte, pero hay algo detrás de ti- dijo mirando aterrada dónde señalaba con su dedo índice.

-¿qué? ¿Dónde?- grito aterrado, mirando dónde señalaba Helga.

-jajaja eres muy crédulo, Arnoldo-

-¿A quién le dices crédulo señorita?- la observo con un gesto malvado, levantando la ceja.

- Yo no dije nada...- murmuro asustada, pero fue muy tarde Arnold salto sobre ella y empezó hacerles cosquillas por todo su cuerpo, Helga no podía parar de reír. Arnold disfruto el tacto de sus manos en la blanquecina y tersa piel de ella, mientras Helga también disfrutaba ser tocada por él, sus manos eran grandes, con dedos largos y suaves.

-Arnold… para por favor… no respiro- susurro con lágrimas en sus ojos, ya que estaba ahogada de tanta risa.

-te lo merecías un poquito- sonrió malvadamente.

Aprovechando la distracción por parte de él, Helga comenzó el contrataque y le hizo cosquillas por todo su cuerpo, sintiendo sus abdominales en el proceso. Arnold tienes un cuerpo muy trabajado como de un Dios griego, me gustaría tocarlo más, pero que cosas estoy pensando, me estoy convirtiendo en una pervertida. Helga lo observo muy sonrojada, pero siguió con su cometido hasta que terminaron con una posición muy incómoda, ella estaba debajo de él. Arnold apoyaba sus brazos al lado de su rostro para no aplastarla, sus rostros estaban muy cerca incluso Helga podía sentir el aliento masculino chocar contra su mentón, haciendo estremecer su cuerpo, cada segundo que pasaba el aroma masculino la embriagaba y no la dejaba pensar claramente.

Ambos se quedaron contemplando hasta que impulsados por un deseo incontrolable, se acercaron poco a poco. Helga sentía los latidos de su corazón retumbar en sus oídos, ella cerro sus ojos dejándose llevar, anhelaba el tacto masculino, sin embargo nunca llego a sentir los labios de Arnold.

Espero un breve momento, hasta que se percató que Arnold tosió, al abrir sus ojos, una terrible tristeza la invadió, se sintió no deseada.

-Lo siento Helga, no quise…- se sentó de golpe en el sofá, rascándose la nuca incómodamente ¿qué cosas estoy haciendo? ¿Por qué sentí el deseo de besarla hasta dejarla sin aliento? ¿Qué clase de pervertido soy? ¿Cómo alguien tan linda va querer estar con un viejo horrible como yo? Suspiro mirando al techo buscando respuestas ¿Qué cosas estoy pensado? Si yo tengo una novia muy hermosa.

- eeh.. Helga esto fue sólo el calor del momento ¿cierto? -Aún no se sentía preparado para afrontar los nuevos sentimientos que estaba experimentando, sólo dijo lo primero que se le vino a la cabeza.

-Exacto, cabeza de balón, esto solamente es un calor del momento- dijo eso en un leve tono que delataba su tristeza y decepción, odiaba retractarse, pero ¿qué más podía hacer? era una salida fácil que tenía que aprovechar, deseaba seguir estando al lado de Arnold aunque fuera como su amiga.

-mejor continuemos viendo la película-dijo aliviado por no tener que enfrentarla aún.

Al terminar la película Helga se había quedado dormida profundamente en su hombro, Arnold al intentar moverse, no pudo hacerlo porque Helga se quejó y se acercó más a él, buscando su calor. Arnold al contemplarla tan calmada, le pareció que ella podía ser incluso un ángel, con sus mejillas sonrojadas, su nariz respingada y con sus largas pestañas. Si tan sólo fueras así, todo el tiempo…Realmente me agradas- susurro comenzó a acariciarle las hebras del cabello calmadamente sintiendo su suavidad, era realmente agradable al tacto -¿qué hare contigo pequeña?- susurro.

-Yo no soy pequeña, tonto cabeza de balón- murmuro en sueños.

Arnold al escucharla, enancho más su sonrisa. Se acomodó junto a ella sintiéndose cada vez más cansado, sus ojos empezaron a cerrarse solos hasta que finalmente se quedó dormido con ella durmiendo su pecho.

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Dormía profundamente hasta que un sonido que provenía de su celular lo despertó, frunció el ceño con enojo, ya que estaba cómodamente dormido junto a ese cuerpo femenino que lo abrazaba y le entregaba todo su calor. ¿Quién diablos llama a esta hora? Estoy tan cómodo no me quiero mover. El teléfono seguía sonando insistentemente, con resignación Arnold fue a contestar.

-Hola ¿Quién habla?- pregunto somnoliento.

-Quién más va hablar amor, ¿dónde estás? Se suponía que ibas a venir hoy al estudio de modelaje para presentarte a unos nuevos colegas- exclamo

-ehh… se me fue la hora amor, lo siento es que he tenido mucho trabajo últimamente, pero prometo ir a la próxima, te lo compensare lo juro -dijo.

-esto te saldrá muy caro Arnold, mínimo tendrás que comprarme un par de zapatos- colgó enojada.

Arnold se removió del sofá incómodo y observo la hora en su celular para comprobar que era muy tarde, habían estado un buen rato durmiendo. Se sintió un poco mal, ya que nunca antes había plantado a Ruth ni nunca había olvidado una reunión con sus colegas, siempre aprovechaba estar el máximo tiempo posible con ella ¿qué me sucede? ¿Desde cuándo soy tan despistado?

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Helga despertó al no sentir ese reconfortante calor que emanaba del cuerpo masculino, bostezo y miro hacia todas partes un poco desconcertada hasta que recordó dónde estaba y con quien, se sonrojo al pensar esto último, siguió buscando con la mirada a su profesor hasta que lo vio de espaldas cocinando algo que olía delicioso, abriendo su apetito.

Helga se colocó detrás de él para asustarlo, admirando su masculina y trabajada espalda, aprovechó que Arnold estaba muy concentrado en su tarea y lo asusto

-aaah, casi me matas de un susto- grito

-lo siento, es que jajaja te ves muy gracioso así-se burlo

-sólo por eso, te quedas sin comida jovencita- la reto fuertemente.

-¿qué?- pregunto afligida, de verdad que tenía mucha hambre. Lo miro con la mejor cara de tristeza que tenía, poniendo ojos de cachorro abandonado

-es broma, te lo merecías, ahora siéntate que te sirvo-ordeno

-eres muy cruel Arnoldo- inflo sus mejillas indignada.

Arnold le entrego un plato lleno de spaguetti con albóndiga y un vaso de limonada.

-esto es lo único que pude hacer rápidamente-respondió

Helga probó un bocado y sus ojos comenzaron a llorar de la emoción- ¿de qué estás hablando? Es lo más delicioso que he comido en mi vida, quiero que me cocines todos los días de mi vida, muchísimas gracias -comento sonriente, sin percatarse que casi sonaba a una declaración.

Arnold se sonrojo un poco con el comentario, nadie nunca le había dicho que cocinaba bien, Ruth nunca comía lo que él preparaba, ya que siempre estaba a dieta comiendo ensaladas o smoothie de frutas. Le agrado que alguien disfrutara de su comida con tanto encanto.

Se pasaron hablando durante toda la comida de las ocurrencias que ella decía.

-Vaya Helga no sabía que teníamos tantas cosas en común, nunca pensé que habíamos leídos los mismos libros- dijo con sorpresa en su voz.

-Lo dices ¿Por qué soy joven?- cruzo sus brazos enojada, frunciendo el ceño.

-Lo digo porque nunca conocí a alguien que leyera ese tipo de libros- sonrió

- Es que encuentro tonto que la gente no lea poesía, fantasía o romance, cada libro tiene algo que decir, algo que contar, nos dan la posibilidad de encontrar un nuevo mundo de sentirnos parte de él, vivir cada historia, supongo que me gusta sentirme parte de cada historia que leo- Comento decididamente

Arnold asintió a lo dicho por ella y se sintió cómodo conversando hasta que el teléfono de ella sonó en esta ocasión.

- ¿hola?- pregunto desconcertada.

-Helga ¿dónde estás? Te he llamado 20 veces, no llegaste nunca a clases y además tu mamá está muy preocupada por ti, me llamo insistentemente y le dije que estabas conmigo en mi casa y que se te había olvidado avisarle. Además Brainy también está muy preocupado-exclamo.

-eh… lo que pasa Phoebe es que estoy comiendo mantecado de limón ahora, luego te lo explico. Gracias Phoebe por todo, te debo un favor gigante, te llamo luego-colgó

Arnold la observo con mucha curiosidad por la respuesta que ella había dado, pero no quiso darle mayor importancia, ella sólo se rio un poco para disimular la situación.

-Creo que es hora de regresar a casa, ya es muy tarde y Miriam debe estar preocupada por mí- comento en un tono triste, no quería irse nunca de su lado.

-pero, si quieres puedes quedarte y yo duermo en el sofá- sugirió, sentía la necesidad de que ella no se fuera de su lado.

-No creo Arnold, debo regresar a casa, me agrado mucho estar contigo- no comprendió las magnitud de las palabras que acababa de pronunciar.

-a mí también, si quieres te voy a dejar a tu casa, ya que la lluvia ya disipo. Eres bienvenida cuando quieras -murmuro. - ¿quieres que te acompañe?- pregunto

-Ash , está bien puedes acompañarme a casa, es un país libre Arnoldo- comento

-como tú digas Helga- suspiro.

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En la calle.

Iban caminando por el vecindario tranquilamente y lentamente como deseando que ese momento nunca acabara, ninguno de los dos pronunciaba ninguna palabra, sentían que si alguno llegara abrir la boca, romperían el mágico momento. Estuvieron un buen rato en silencio hasta que finalmente llegaron a su destino.

Helga, miraba el portón de su casa deseando no entrar ahí, estaba esperando una señal para permanecer con Arnold, mientras Arnold la observaba sin decir ninguna palabra, él tenía una discusión interna. Al ver que no iba a hacer nada, decido interceder.

-Bueno aquí vivo Arnoldo, nos vemos otro día- decidió irse a su habitación, todas las emociones vividas la abrumaban, cada día sentía que iba cayendo rendida ante su profesor, cada gesto, cada palabra la iban enamorando más.

-Helga antes de que te vayas, quiero darte esto- le entrego delicadamente un paragua.

-¿cómo adivinaste? Que yo…- dijo pasmada, nunca pensó que él le daría tan lindo detalle.

- un mago nunca rebela sus trucos- guiño el ojo, luego de hacer el gesto se formó un silencio incomodo en el ambiente que Helga interrumpió.

-gracias- susurro y se lanzó a abrazarlo aspirando el aroma de su cuello, mientras él acariciaba su cabello.

-¿Por qué?- cuestiono, admirando sus mejillas que adquirían un tierno color escarlata.

-Por no dejarme sola- y cerró la puerta rápidamente, dejando a Arnold estupefacto. Ella se fue corriendo por las escaleras y se encerró en su habitación, buscando confort, se sentó en la puerta y sus manos taparon su rostro en un intento por tranquilizarse. Te amo Arnold, mi ángel de cabellos dorados ¿no te das cuenta que me tienes colgando en tus manos? Eres tan considerado, me regalaste lo que necesitaba.

-Helga ¿estás ahí?- grito Miriam, entrando a la habitación.

-Ash ¿qué quieres Miriam?- se colocó rápidamente a la defensiva

-Estaba preocupada ¿dónde estabas?- interrogo.

-con Phoebe mamá-le dijo esquivamente.

-está bien, sabes que puedes confiar en mi ¿verdad?-lo dijo con un leve tono de preocupación, no quería presionarla, pero sentía que le mentía, en el pasado podía haberle creído, sin embargo ahora había aprendido a conocerla un poco.

-Si Miriam, ¿puedes retirarte? Quiero dormir, estoy agotada-

-Está bien cariño, sólo no olvides que siempre estaré para ti-

- Si Miriam como sea-

Cuando Miriam se fue de la habitación, Helga se relajó, es un poco tarde Miriam para eso, después de que me ocurriera el accidente te preocupas por mí, él único que ha mostrado un gesto amable sin conocerme es Arnold.

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En la casa de huéspedes

Arnold fue a la casa de huéspedes para visitar a su familia, aprovechando que estaba en el barrio. Ser independiente era algo que desde pequeño había deseado, quería explorar y vivir múltiples aventuras, sin embargo las fantasías son muy distintas a la realidad, ya que extrañaba la compañía y el calor de un hogar. Extrañaba los insensatos consejos de su abuelo y los sobrenombres que le colocaba su abuela, prácticamente ellos lo criaron toda una vida junto a los huéspedes.

Abrió la puerta y se hizo a un costado esperando que todos los animales salieran corriendo, mientras Abner caminaba lentamente, espero que pasara a su lado para acariciarle la pancita.

-Te están alimentado bien amigo-

Abner sólo movió su patita con gusto

Entro a la cocina encontrándose una extraña escena familiar; su abuela partía la sandía con un golpe de karate.

-¿de nuevo, sandia galletita?- interrogo

-Si no te gusta… - amenazo

-Hola abuelos- saludo contento, amaba ver sus abuelos juntos, aunque estuvieran viejitos se veían felices.

-Kimba has regresado, ¿quieres cenar?-interrogo Gertie que iba vestida con un traje de karate-

-Si por favor abuela- Suspiro

-oh ¿qué sucede chaparrito?-

-¿Por qué lo dices abuelo?- interrogo

-No puedes engañarme chaparrito, se ve que algo te preocupa y está relacionado con alguna mujer-

-¿Cómo?..-

-Soy tu abuelo y además yo viví algo similar, quizá pueda ayudarte-

Lo medito un breve momento y sintió que era una buena opción ver su problema con otra perspectiva – Bueno, abuelo es algo complicado es que existe una chica que me estaba empezando agradar, sin embargo sé que lo que siento está mal ¿Qué debo hacer?-

-Bueno, primero no comas frambuesas para la cena jaja- se rio con ganas.

-¡Abuelo! Sabía que no tenía que contarte - exclamo

- Jaja, era broma Arnold no seas tan serio, en realidad lo que haría yo, es elegir a esa chica, aunque la sociedad, el mundo esté en contra si a ti te agrada eso es todo lo que importa-

-Tienes razón abuelo, buen consejo-

-hehe y no confiabas en mi-

-¿abuelo dónde están los huéspedes? Es raro que este todo tan calmado-

- Es que Oskar y Suzie se fueron de viaje, para visitar la hermana de Suzie que estaba un poco enferma; el señor Hyunh está en la casa de su hija, se quedara un tiempo ahí, para recuperar el tiempo perdido y el señor Potts está en una cita con su amada.

-Me siento feliz que cada uno esté realizando sus sueños, sin embargo me preocupe que estén tan solos, los visitare más seguido-

-Está bien chaparrito, nosotros estamos disfrutando nuestros últimos días juntos-

-No digas eso-

-Tomen mis chicos una deliciosa porción de sandía-

-No me gusta la sandía-

-Pues, cocina tú- gruño molesta.

Empezaron a discutir y Arnold, extraño más que nunca esas cenas familiares.

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En la preparatoria, al día siguiente.

Helga estaba con sus amigos en el descanso, estos no paraban de interrogarla, por lo sucedido ayer.

-Helga estaba muy preocupada por ti ¿estabas con mantecado?- pregunto Phoebe.

-sí, Helga estuve todo el día desconcentrado preocupado por ti, pensé lo peor. No es lo mismo estar en la escuela si tú no estás aquí- la abrazo fuertemente

-chicos cálmense, en realidad no ocurrió nada importante-

¿Cómo que no ocurrió nada importante? Desapareciste todo el día y coincidentemente el profesor Shortman no llego a clases y se reportó enfermo ¿Estabas con él verdad? - exclamo Phoebe fastidiada, molesta que su amiga no confiara en ella.

-Helga, sé que te cuesta exteriorizar lo que sientes, sin embargo no dudes en contarnos, nosotros siempre estaremos a tú lado ihg.. uh..- le dio un ataque de asma, aunque había mejorado considerablemente, de vez en cuando le regresaba momentáneamente.

-Lo siento chicos, es sólo que…- estaba muy nerviosa, sus manos comenzaron a sudar y miro hacia a todas partes.

En ese instante sonó el timbre que anunciaba el inicio de las clases

Helga celebro su buena suerte.

-De esto no te vas a salvar tan fácil Helga- reto Phoebe

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En clases de matemáticas.

El señor Simmons llego para hacerles un breve anuncio.

-Buenos días alumnos, me siento alegre de volver a ver esta clase "especial", hoy les tengo un anuncio importante, disculpe profesor por interrumpirle las clases-

-eehh.. no importa-

Todos se quedaron mirando entre sí, interrogantes y alegres, debido a que odiaban esa clase.

-Ojalá nos regalen un pastel de chocolate- exclamo Harold

-No es comida Harold-lo reto suavemente.

-Yo apuesto que es un grandioso concurso de modelaje como el que tuvimos en cuarto grado-

-Tampoco Rhonda-

-Dejen hablar al señor Simmons-

-Gracias Phoebe, bueno el gran anuncio clase es que habrá un baile de bienvenida súper "especial" el día viernes para festejar su último año de preparatoria, el cual tendrá una gran temática, será de disfraces- exclamo con emoción

-¿irán los profesores también?- pregunto Laila, con una falsa inocencia. Esta es mi oportunidad para que sea mío por una vez por todas, ningún hombre se resiste a mis encantos.

-Si Laila irán sus profesores también con el propósito de cuidarlos, sin embargo pasaremos inadvertidos, ya que iremos con disfraces súper especiales- termino de decir el señor Simmons todos se quedaron murmurando emocionados con el anuncio.

El señor Simmons se retiró de la clase, mientras el profesor retomaba la explicación.

-Espero que estén avanzando en el trabajo que les asigne, porque si no, no podrán ir a ninguna bienvenida-

-¿Qué?- grito toda la clase.

-Lo que escucharon quiero ver el avance de sus informes, por eso reúnanse con sus compañeros antes del viernes, quiero el avance en mi oficina tienen hasta el viernes a las 12, agradezcan que fui considerado, él que no lleve el informe no ira bajo ninguna circunstancia, no insistan-

Maldito viejo, pensó Helga, odiaba matemáticas y odiaba más tener que reunirse con Lorenzo, aunque a veces era amable, siempre la pasaba fastidiando, además tenía otras cosas que pensar ¿Cómo ira disfrazado Arnold?Se vería tan apuesto con un traje de vaquero, espera un segundo, esta es mi oportunidad para acercarme a él pasando inadvertida, soy brillante, siguió en su ensoñación no prestando atención a nada de su alrededor.

-Helga- exclamo Phoebe un poco preocupada por su amiga. – Helga- volvió a decir sacudiéndola

-¿Qué sucede allí? señorita Pataki, ¿sabe resolver el ejercicio que deje en la pizarra?-

-eh… yo- Helga se sonrojo al verse descubierta en su ensoñación.

-Profesor permítame resolver ese ejercicio-

-Si eso quieres Lorenzo, muy amable de su parte y usted señorita Pataki a la próxima la castigo severamente.

¿Por qué me ayudo? ¿Acaso en verdad le gusto? No creo debo ser una más de su colección. Ahora mi meta es conseguir el mejor disfraz y enamorar a Arnold, el único problema es que no tengo idea de cómo vestirme.

Aclaraciones: Perdón, por la demora, este capitulo lo escribi hace mucho tiempo, sin embargo no me convencía del todo, además tuve un semestre complicado en la universidad que supere con éxito, por esa razón en estas vacaciones continuare escribiendo más seguido, incluso estoy prensando escribir un one- shot, bueno díganme que opinan, tambien seguire practicando con mis dibujos, él de la portada fue una de mis primeras practicas con el dibujo digital. Bueno, espero que esten bien y que disfruten de esta loca idea, sigan dándome sus opiniones que me encanta leerlas, ya que sé que en algún lugar del mundo alguien me apoya a continuar.