Siento muchísimo no haber actualizado en tanto tiempo!!!!!
De verdad, pero he tenido un importante bajón de inspiración. Creo que ya estoy recuperada, así que intentaré actualizar un poco más rápido.
Lo siento de veras!! Agradezco mucho los reviews que me habéis dejado n.n y me alegro de que os guste la historia.
Gracias por leer y disfrutad!!
Los últimos días del verano
El fin del verano se anunciaba, y se notaba en el aire que eran los últimos días de las vacaciones. Sakuno y Tsuki se afanaban en las últimas compras necesarias para el nuevo curso; Tsuki ya tenía el uniforme y los libros, pero debían comprar bolis, lápices, los útiles de dibujo de la morena, que había elegido esa clase, cuadernos y demás. Así que fueron unos días muy ajetreados. En uno de esos días, Sakuno se asomó a la habitación de Tsuki y dijo:
Nee, Tsuki, oba-chan y yo nos vamos a mirar una raqueta nueva, quieres venir??
Uf, no, que os conozco y luego no salimos de allí ni en tres horas!! – dijo la morena, haciendo reír a su amiga – Si no os importa, yo me quedo aquí. Tengo que practicar con el piano.
Claro, sin problemas. Ya sabes donde está. Hasta luego.
Y procurad volver antes de que empiece el curso – bromeó Tsuki, arrancando una risa tanto de la nieta como de la abuela.
Sakuno entró en el coche, donde ya estaba su abuela y sonrió mientras se iban hacia el centro, a una tienda de raquetas donde podrían comprarla sin cuerdas. Capricho de la entrenadora, por supuesto, que siempre las hacía encordar en aquel sitio donde mandó a Ryoma y a Sakuno tiempo atrás. Sakuno recordó aquella "cita" y una risita se le escapó. Desde luego esperaba que el joven hubiese cambiado un poco, porque si algún día conseguía salir con él, sus citas serían terroríficas si no lo había hecho.
Tras comprarla, fueron hacia aquel memorable lugar donde habían ido Ryoma y ella. Llegaron a la tienda escondida en un callejón y entraron, Sakuno rió al ver a su abuela discutir como una energúmena con el que encordaba las raquetas, se conocían de hace mucho y el hombre y ella parecían disfrutar discutiendo. Sonó la campanilla de la puerta y se volvió, haciendo mover su cabello que traía suelto, para ver entrar a Ryoma que la miró con sorpresa. Ella también le miró asombrada "Qué pasa que me lo encuentro por todas partes??" se dijo, pero sonrió dulcemente, como siempre y le dijo
Hola Ryoma-kun.
Hi – contestó él.
Vienes a encordar tu raqueta?
Hai, mi padre llegará en un momento, también tenía que encordar la suya.
Espero que no tengáis que esperar mucho – dijo Sakuno y con una risita añadió – Mi abuela y el dueño llevan media hora discutiendo por tonterías.
Hn.
Hey viejo! – entró el padre de Ryoma, que solo alzó los ojos al cielo, llamando al dueño – Dónde estás??
Sólo podías ser tu, chico, sigues igual de maleducado que siempre.
Ah! Es baa-chan!! Qué haces aquí??
Mi nieta está encordando su raqueta.
En ese instante, los dos decidieron mirar a sus respectivos hijo/nieta, y Sakuno se sintió enrojecer bajo la mirada de aquel monje pervertido que decía el príncipe que era su padre. Este, al ver como los ojos del mayor se iluminaban al ver a la chica, temió por lo que iba a decir y se puso algo a la defensiva, acercándose más a Sakuno… solo por si a su padre le salía su vena más pervert.
Pero que chica más guapa!!!!!! – y mirando como su hijo parecía protegerla dijo – Qué bien escondido te lo tenías eh, Ryoma?!!! Con una novia tan guapa y ni le presentas a tu padre.
Ella no es mi novia, viejo – replicó el de la gorra – y aunque lo fuera, no te la presentaría nunca!
Oh!! Eres malo con tu pobre padre!!
Pff, siempre fuiste estúpido, chico, pero te estás superando – bufó Sumire.
Ante tal pantomima, y al ver que los tres comenzaban a discutir – Ryoma, su padre y Sumire – por estupideces, aliándose contra uno para luego revolverse contra otro y así seguido; Sakuno no lo aguantó y dejó salir una risa cristalina, clara y alegre que hizo que los tres la mirasen.
Lo siento, pero es que estáis tan graciosos con vuestras discusiones absurdas!!
Hn – dijo el príncipe mirando sonrojado para otro lado. De todas las personas, había tenido que ser Sakuno la que viese aquella faceta suya.
Anda, dejar ya en paz mi tienda – dijo el dueño con voz de fastidio – Ten Sumire, tu raqueta. A ver, tú, qué quieres??
Sakuno recibió la raqueta, de un color morado oscuro y las cuerdas en el habitual color blanco, y el mango en el mismo tono. Con una sonrisa, se despidió de Ryoma, que se quedó en el interior discutiendo con su padre y volvió a casa con su abuela. Dentro encontraron a Tsuki, que salía de la ducha.
Qué ya habéis comprado todo?
Sí – rió Sakuno – y tú? Has practicado mucho?
No tanto como debería, pero bueno.
Jaja, sigues siendo una perfeccionista!
Nadie es perfecto – dijo filosóficamente ella.
Sakuno rió y ambas pasaron el resto del día viendo qué les faltaba y pasando por el colegio para una reunión en sus respectivos clubes. Al día siguiente fueron a comprar las últimas cosas, pues era el último día de vacaciones, y en el centro comercial se encontraron con Horio, Katsuo y Kachiro. Ya de vuelta a casa, Tsuki decidió sacar el tema de los –kun, que encontraba una reminiscencia de la infancia en el vocabulario de Sakuno.
Saku – comenzó
Sí?
Porqué sigues utilizando el dichoso "kun"?! – dijo enervada. Sakuno rió.
Oh, no sé, me sale solo.
Pero… pero… pero es que suena tan infantil!!
Tsuki!!! No te metas conmigo! – exclamó la pelirroja hinchando las mejillas.
Oh, vale! Pero, porqué no intentas dejarlo eh?
Déjalo, Tsuki, es mi forma de hablar. Y no va a cambiar por que tú quieras.
Ya veremos, jejeje – dijo malévolamente su amiga
Oh, serás payasa! – rió la otra.
