Con una sonrisa plasmada se fue sacando la ropa, se quitó hábilmente el saco sin quitarme los ojos de encima, me analizaba y mentalmente hacía una lista de lo que deseaba y me haría aquella noche. Subí mis brazos encima de mi cabeza mientras lo miraba aflojándose sensualmente la corbata roja para quitársela, pues intuía que yo sería el siguiente al que desnudarían aquellas manos, continuó sacándose la camisa mostrando el tan deseable y marcado cuerpo que cargaba… y por alguna razón me sentí feliz, Dios sabrá por qué.
Después de quedar simplemente con el pantalón a medio desabrochar y el tórax completamente descubierto, Billy, con sus grandes manos fue subiendo mi camisa y palpando tanta piel podía hasta que llegó a mis pezones, con sus dedos fue acariciándolas suavemente, yo las sentía endurecer mientras mi cuerpo se iba calentando cada vez más. Solté varios suspiros inconscientemente por las sensaciones que Billy le provocaba a mi cuerpo y las frecuentes ondas eléctricas que recorrían mi espalda empezaban a hacerse más presentes, llenándome de puro deseo.
Mientras se hacía de las suyas con mis pezones acercó de nuevo su rostro al mío, uniendo suavemente nuestros labios fue dejando plantado un dulce beso, que como ya notaba, pues era la costumbre de Billy, lo fue tornando cada vez más salvaje, abriendo su boca guiándome a abrir la mía y dejar que nuestras lenguas se cruzasen en el montón de besos que empezaban a robarme todo el oxígeno de mis pulmones. Me despegaba a duras penas de los azulados labios entre gemidos y jadeos tratando de recuperar el aliento, pero al poco tiempo éstos volvían a atacarme besándome una y otra vez de aquella forma tan jugosa y excitante que empezaba a volverme loco. Fue cuando Billy decidió juguetear con mi cuello que pude darme el lujo de respirar con cierta "normalidad", pues respiraba entrecortado y jadeando, estremeciéndome por los hábiles tratos de aquellos labios.
Balbuceé cosas sin sentido, empezaba a gemir bastante, incluso parecía que los abruptos y eróticos sonidos provenientes de mi boca salieran por voluntad propia. Llegó el momento en el que en realidad ya no sabía qué era lo que sucedía, ¿no sería que todo lo estaría imaginando? La cabeza me daba vueltas, mi cuerpo respondía de manera lenta, no lograba controlar mi propia respiración y los latidos de mi corazón y lo peor, todo me quemaba por dentro. Sentía mis entrañas arder dentro de mí, un extraño calor que pide por más, que inusualmente se avivaba muchísimo más por los helados toques de las manos de Billy.
Tragué saliva y eché la cabeza hacia atrás dejando salir un jadeo, quería hablar, pero incluso eso costaba en aquellos momentos.
─ ¿Q-qué… me has hecho? ─solté junto con un suspiro y pude observar justo después como Billy sonreía lascivamente y se lamía los labios sin despegar sus negras orbes de mí ─arde, Billy… todo me… arde por dentro…
─Bro-Spence… lo que te he hecho, no es nada con todo lo que tengo planeado hacerte esta noche─ me susurró muy cerca a mi oído, pronto después empezó a lamerme el cuello y dejar marcas de besos y mordidas, se movía como un felino de la selva, y eso fue algo que pude notar aún cuando estuviera tan atontado en aquellos momentos. Billy besaba, lamía, mordisqueaba y dejaba marcas de chupetes en mi cuello y clavículas, dejando después un camino de besos hasta mis hombros. "Maldición, ¿por qué tiene que ser tan jodidamente sexy?" Pensé y dejé salir un gruñido, mi pantalón empezaba a sentirse apretado, tan apretado que la erección ahí abajo empezaba a doler, y Billy lo notó de un momento a otro.
─Oh─ dejó salir sonriente ─ya voy, ya voy─ dijo como si le hablara a un niño que exigía atención, y yo no me sentí ofendido, era justamente lo que era en aquel momento, y en verdad, en VERDAD ocupaba atención allá abajo. A cada segundo que pasaba sentía que explotaría de puras ansias, las noches de masturbación no eran nada comparado con lo que Billy me hacía sentir en aquel momento, y lo que me hacía sentir no era nada comparado a lo que me haría después, eso era seguro.
Sus manos decididas a avergonzarme optaron por bajar aún más por mi cuerpo, desabrocharon mi pantalón y lentamente me despojaron de él junto con mis bóxers echándolos al suelo, liberando a aquella aprisionada erección. Por un momento pensé que Billy diría algo, pero solo quedó observándome con apetito, como un león que observa a su presa con un hambre inimaginable.
Subió de nuevo hasta mi cara y me besó apasionadamente unas cuántas veces más, enrollando su lengua con la mía haciéndome sonrojar y soltar varios suspiros ahogados. Yo, aunque quisiera no podía seguirle el paso, a Billy se le notaba la experiencia en este tipo de situaciones. Le besé como pude y lleve mis manos a su cara para acariciarla mientras me dejaba atrás en ello, comenzó a morderme los labios con una sensualidad inhumana y acariciarme el cuerpo con sus manos mientras con su lengua sobrepasaba lentamente las comisuras de mis labios.
Entonces se despegó de mí, se relamió cuidadosamente los labios y mi tonta imaginación de enamorado pensó que seguramente estaría tratando de volver a saborearme, yo sin poder evitarlo le imité y me dirigió una sensual mirada diciendo, ─este será el último beso de la noche─ yo no le había entendido, hasta qué le observé bajando lentamente por mi torso, dejando besos y un camino de saliva con su jugosa lengua desde mi pecho hasta mi vientre, donde se encontró con mi ya bastante sobresaliente erección, le había seguido con la mirada desde que se había despegado de mis labios, pero ahora me sentía apenado, unas ansias me invadieron de golpe pero no me atreví a decir nada.
Con una de sus manos rozó cuidadosamente el glande de mi pene con sus dedos y no pude evitar el soltar el primer gemido de lo que sería un concierto de ellos. Billy sonrió al escucharme, acercó sus labios a la punta y la besó de aquella forma tan jugosa como si me estuviera besando los labios de nuevo. Arqueé la espalda dejando escapar varios jadeos y apreté con ambas manos la almohada en la que mi cabeza descansaba. Billy se deleitaba con cada uno de mis alborotados gemidos, pues no se me pasaba el momento en el que por sus labios pasaba rápida una pícara sonrisa, mostrando lo satisfecho que se sentía cada que me escuchaba de aquella manera.
Mi cabeza me daba vueltas, sentía mi vientre hervir pidiendo por más, pero Billy parecía solamente torturarme con las lentas lamidas que daba a lo largo de mi erección y los besos que dejaba en la punta. Ya no aguantaba más, demonios, necesitaba el frío de esa hábil boca invadiéndome.
─B-Billyyyyy…─ dejé escapar su nombre entre jadeos y suspiros, le observé de reojo, dedicándole una mirada suplicante que a los pocos segundos llamó la atención del contrario y me veía directamente a los ojos ─y-ya no aguanto Billy… p-por favor… no me tortures así… ─ el rostro de Billy, antes completamente sereno y controlado ahora había adquirido un color azulado más potente hasta las orejas al verme de aquella manera, (¿sonrojo fantasmal?) seguramente le había encantado el poder observarme tan a su merced rogándole por más, podía asegurar que incluso había ocurrido una reacción aún más grande en los pantalones del fantasma.
Le dediqué una pequeña sonrisa chueca a la gran estrella de Rock que había, irónicamente quedado en shock ante mi "actuación", sin embargo no faltaba mucho para que se decidiera a complacer mis peticiones.
Tragué la saliva que en mi boca se había acumulado, estaba impaciente, mi rostro hervía, mi pecho ascendía y descendía con rapidez y mi cuerpo entero sentía el frenético palpitar de mi corazón haciendo eco por todos los rincones de mis adentros. Sus azulados labios, con una sonrisa, se despegaron levemente de la punta de mi pene y sentí sus manos rozándome los muslos, con rapidez me separaron las piernas y Billy pudo acomodarse mejor entre ellas. Me observó con picardía, yo solo me relamía el labio inferior ansioso. No quería decir nada, no quería hacerlo sentir como si lo estuviera obligando…
─No tienes idea de la maravillosa vista que tengo desde aquí, Spencer─ murmuró con su presuntuosa sonrisa y en mi cuerpo resonó con una corriente eléctrica, abriéndose paso desde mi nuca hasta mi vientre. Carajo, carajo… Si no se apura no sé de lo que soy capaz de hacer…
No tengo excusa, me he tardado demasiado. ¡Pero espero que hayan tenido una muy feliz Navidad y que tengan un excelente Año Nuevo!
