Fuera en una pelea o por el simple hecho de no manejar todas las variables, Len Tao detestaba no saber cómo manejar alguna situación. El problema es que justamente estaba en una situación en la que no tenía idea de cómo proceder. La conversación con Pirika había sido en sí misma desconcertante pero la aparición de Horo-Horo en ese preciso instante lo había sido aún más.
"¡Ah! Hermano." Pirika, por el contrario, lo recibió impávida, continuando con otro envase lleno de la masa a la que le estaba dando forma. "Len me está ayudando con la cena por ahora, así que ¿Puedes llevar la alfombra que está afuera al Salón de Descanso? Es la que Di estuvo limpiando durante la tarde."
A toda legua se podía ver que Len realmente no estaba haciendo ningún esfuerzo por ayudar pero Horo-Horo no estaba en su mejor momento. Es probable que la sola mención de la chica con la que tuvo el accidente lo hubiera dejado lo suficientemente dócil para que no replicara. Sin decir una palabra, el shaman de hielo continuó su camino hasta el patio.
"Yo sólo quiero que mi hermano sea feliz." Continuó ella, evitando la mirada de su interlocutor y, entrelazando las manos en un gesto pensativo. A pesar de ello, su fiereza era evidente. "Incluso si es por poco tiempo."
"¿Qué es exactamente lo que me estás pidiendo?"
Considerando el grupo de sorpresas y sobresaltos que se le habían venido en los últimos minutos, era el momento para componerse y comenzar a analizar lo que estaba pasando si es que quería tomar el control. La insinuación de Pirika había sido todo menos sutil pero al mismo tiempo no había dicho nada explícitamente. El sólo hecho de que Len la hubiera captado hablaba volúmenes de algo que no quería que se terminara de formar en su pensamiento. Optó por hacerse el desentendido y apurar el vaso de leche, aprovechando para ocultar parcialmente su rostro.
"¡No manches!" Reclamó Pirika, golpeando la mesa en un gesto reminiscente a la chica de catorce años que Len recordaba. Le habló seriamente con un gesto taimado, logrando a la vez apartar las bandejas llenas, encender la freidora y mover con cierta violencia varios contenedores con diferentes ingredientes. "Realmente me gustaría contar con más tiempo y dejarlos para que hagan algo por sí solos pero realmente ese obviamente no es el caso. He notado cómo miras a mi hermano y aún recuerdo claramente cómo eran hace tres años. Lamento decírtelo pero mi hermano no va a hacer nada, por el simple hecho de que ni siquiera puede ocurrírsele con todo lo que he hecho para allanarte el camino. Realmente. Todo lo que necesitan es un empujón y tuve que pensarlo mucho para decidir hablar contigo al final."
Cuatro veces. Cuatro veces había hecho el intento de defenderse de semejante acusación pero Pirika imprimía más volumen a su discurso para que se mantuviera callado y la dejara continuar. Más aún cuando la chica tomó uno de los cuchillos más grandes de la gaveta para empezar a cortar algunos vegetales. ¿Por qué, ahora que lo quería, no aparecía nadie? El volumen de la chica, aunado al sonido de ollas e utensilios de cocina siendo tirados de un lado para otro debería de haber despertado la curiosidad de cualquiera pero aún así, nadie vino.
Pirika le miró fijamente, ceñuda y con las manos en las caderas esperando que le retrucara cualquier cosa, en una actitud que claramente indicaba que estaba lista para rebatir cualquier excusa que Len pudiera llegar a conjurar. Claro que, el que aún tuviera el cuchillo en una de ellas tampoco daba muchas esperanzas para hacerlo.
Aun así, no por nada Len era el shaman de Basón y del Espíritu del Trueno. Una simple adolescente con un cuchillo no le iba a amilanar, y ya había tenido bastante de escuchar todo pasivamente. Se puso de pie, golpeando la mesa con fuerza y la punta de su cabello traicionando su enojo tanto como el resto de su lenguaje corporal.
"¡No puedes esperar que me quede tan…!"
Tenían que estar bromeando. Ahora no le cabía duda a Len de que el universo estaba esa noche en su contra. Tanto que había pedido porque interrumpieran a Pirika y ahora que quería desquitarse ¡Era él al que interrumpían!
La puerta de la cocina se había abierto de golpe, mostrando a la chica que hacía de doctora al otro lado. Ahora lucía el cabello completamente corto, pero al menos estaba emparejado, en comparación al desastre que había dejado la dupla de Kororo y Horo-Horo. Detrás de ella venían su espíritu acompañante, Fausto VIII, la propia hermana de Len y, por alguna curiosa razón, su propio espíritu acompañante. Al descubrir la escena en la cocina, los recién llegados adoptaron expresiones serias, manteniéndose a la expectativa hasta que una explicación fuera dada. Basón inmediatamente tomó el lado de su amo.
"¿Len?" Preguntó Jun, sin apartar la mirada de Pirika. "¿Qué está pasando?"
"No pueden pelear aquí." Acotó la doctora, moviendo nerviosamente las manos.
Las verborreas eran una cosa e, incluso cuando algunas riñas llegaban al nivel de Over Soul, esta pelea parecía mucho más tensa de cualquiera de los otros desacuerdos surgidos en toda la semana.
"¡Bah!" Intercedió Pirika, volteándose para continuar su tarea de picar vegetales. "Le estoy diciendo a Len verdades que no quiere escuchar, eso es todo."
Habiéndose eliminado la amenaza inmediata, Len también relajó su postura, decidiendo que lo menos que quería era continuar el tema con un público tan nutrido. Por el contrario, Jun no parecía nada apaciguada, a pesar de que ya había regresado los pergaminos a la liga en su pierna. Miró a su hermano con reproche, preguntando sin decir ninguna palabra, a qué se había referido la chica ainu.
"Era ella la que me estaba amenazando con un cuchillo." Se defendió el heredero de la familia Tao.
"Len, eso es un cuchillo para lechuga. Prácticamente son de plástico pero aún así estabas dispuesto a sacar a Hou Rai Ken."
"No era para tanto. En ningún momento aumenté mi Furyoku."
Dicho esto, simplemente se marchó, seguido por su espíritu que parecía algo contrito. Había vuelto todo un escándalo mucho mayor del que nunca debió haber sido. Jun le pediría explicaciones y no lo dejaría escapar tan fácilmente hasta tener una que le convenciera. ¿Qué le podía decir? La conversación ya era embarazosa de por sí y su hermana no tardaría en captar el mismo subtexto que había captado él. Después de todo, Jun era bastante observadora y más bien terminaría agregando más leña al fuego.
Porque, todo el espectáculo se había dado ya que él, en el fondo, se aferraba a las palabras de Pirika como quién se aferra a un salvavidas estando perdido en medio del océano.
"Yo, lamento… siento mucho haberme tardado."
Luego de que Len saliera de la habitación, Jun le había seguido rápidamente, dejando a Pirika a solas con Dietrich y su espíritu acompañante. Concentrándose en la tarea de cortar las lechugas y luego de colocar a freír las croquetas que había armado, logró al fin disminuir el temblor de sus manos. Sabía que ni siquiera en una pelea contenida podía hacerle frente a Len, y había sido lo suficientemente descuidada como para enojarlo a esos extremos. Con la entrada de Jun y el resto, había podido relajarse lo suficiente para guardar el amuleto que sostenía fuertemente en la mano. Sólo esperaba que hubiera valido la pena.
"Nah, no pasa nada." Replicó, colocando las croquetas ya reposadas en un plato y procediendo con la siguiente tanda.
"¿Te encuentras bien?" Le preguntó entonces la doctora, a medio camino de vaciar la vaporera mirándola fijamente. "Estás algo pá… tu rostro casi no tiene color."
Pirika se llevó una mano al estómago, pero al final lo descartó con un movimiento.
"No me pasa nada, en serio. Terminemos con esto que Mari debe estar por llegar en cualquier momento."
En efecto, Marion Phauna hizo su entrada poco después. La chica había dejado de lado sus trajes de lolita a favor del kimono que les servía de uniforme a las chicas que trabajaban en el Funbari Onsen. Por el contrario, aún mantenía la misma expresión melancólica que llevara cuando era parte del grupo de Hao durante el Torneo de Shamanes. Quizá incluso más acusada que antes, debido a la sensación de haber perdido su lugar de pertenencia, muy para la consternación de su empleadora.
"¿Qué tienen listo?" Preguntó, en el murmullo que habían aprendido a asociar a ella.
"Todo lo que ves en la mesa." Intervino Dietrich, pelando algunos huevos duros en el chorro de agua fría. "Pero hay que armar todavía los platos."
La chica asintió quedamente, dedicándose a la tarea. Fausto pasó por allí distraídamente, yendo a parar al refrigerador de donde no salió por algunos minutos.
"Te luce." Dijo al cabo de un rato de servir porciones más o menos equivalentes de arroz en los varios platos arreglados en el mostrador.
Pirika y Dietrich se miraron sin saber a qué se refería.
"Tu cabello." Dijo al final, señalando en la dirección general a la joven alemana. "Te luce. Tu rostro se ve más lleno."
Dietrich se llevó una mano a la nuca, donde ahora acababa la que antes fuera una larga melena rubia que nada tenía que envidiar a la que llevaba Marion todavía acomodada en dos coletas. Le había dolido mucho despedirse de él, pero Jun había hecho un buen trabajo para emparejarlo.
"Gracias." Dijo algo sonrojada, llevando hasta la mesa los huevos duros pelados y procediendo acortarlos a la mitad para colocarlos en el plato.
Entre las tres, lograron armar la cena para los huéspedes y Marion y Ditrich se encargaron de llevarlas hasta el comedor, en donde las esperaba Kanna para finalizar con las labores del día. Luego de la cena, los huéspedes por lo general se mantenían apartados, si bien había algunos que hacían algún tipo de solicitud, pero eran los de menos.
"Heeey."
Acababan de lavar y guardar todo, dando comienzo a la preparación de la comida para los residentes cuando Matilda Matisse, asomó la cabeza por la puerta. Al igual que Marion, Matilda había empezado a trabajar en el Funbari Onsen porque sentía que no tenía un lugar al cuál pertenecer. Al menos en apariencia lograba encajar, pero realmente ninguna de las integrantes del Hana Gumi se llegaría a sentir en casa allí.
La chica llevaba el largo cabello naranja, que había estado dejando crecer, amarrado en un moño al que no podía dejar de añadir su toque personal, haciéndolo lucir como una calavera, al más puro estilo del Jack O'Lantern. Al haberle tocado salir a acompañar a Ryu con las compras, en esos momentos llevaba ropa civil abrigada, en contraposición a los kimonos que vestían sus compañeras.
"Yo que ustedes dejaría de hacer lo que están haciendo y ayudaría más bien a guardar las compras." Dijo, alegremente. El resto del grupo la miró con desconcierto. Ninguna estaba dispuesta a perder la cabeza. "No me vean así, la Señora Anna llegó con nosotros. ¿Recuerdan la sorpresa que les dije?"
Con algo de recelo, fue Kanna la que se animó a seguir a Matilda hasta la entrada, en donde se encontró con que Ryu descargando las bolsas de víveres. Sin embargo, junto a las reposiciones de ingredientes acostumbrados había un grupo de bolsas que no encajaba y un par de cajas que la acompañaban.
"¡Oh Kanna! Lleva estos a la cocina ¿Si?" Le dijo Ryu, mientras intentaba llevar todas las bolsas que no pertenecían a la nevera en un solo viaje a la alacena.
"¿Por qué te quedas allí parada?" Dijo una voz glacial a su espalda que hizo que incluso la dura Kanna sudara frío y rápidamente trató de esconder el cigarrillo apagado que llevaba en los labios. "Lleva una de las bolsas a la cocina y Matty llevará la otra. ¿Has visto a Yoh?"
"Sí Señora Anna, no Señora Anna." Replicó la Joven, tomando inmediatamente la bolsa que le habían encargado. Tenía lo que parecían ser varios bentos preparados, lo que la asustó aún más. Es decir, ¿Anna Kyouyama comprando comida para llevar? Definitivamente un combustible para pesadillas.
En su camino a la cocina, las chicas se cruzaron con Len, que iba en camino contrario. Tamao había también llegado con el grupo y fue ella quién le encargó una de las cajas y la otra quedó para Ryu. Allí fue donde encontraron la verdadera sorpresa.
Horo-Horo y Lee Pailong habían bajado cada uno un kotatsu del piso superior y estaban ocupados instalándolos en la parte techada del patio. Para ese momento, alguien había convencido al resto de las chicas que en verdad no tenían que cocinar, así que estaban ocupadas en otras tareas, como calentar agua y leche en una tetera. Kanna dejó la bolsa que llevaba en una de las mesas, seguida por Matilda. Al abrirlas, descubrieron que en efecto se trataba de bentos identificados para cada uno.
Los bentos se fueron repartiendo, conforme iban identificando los nombres. Yoh bajó al poco rato, con Redseb pisándole los talones y Seyram guiando los pasos de Hana, que hacía todo lo posible por adelantarse a su captora. Fue Asakura el que finalmente abrió las cajas que habían permanecido olvidadas en un rincón donde Len y Lee las habían dejado. Dentro había tasas llenas con todos los implementos para preparar chocolate o té, de acuerdo a la preferencia de la persona cuyo nombre estaba escrito en ella.
El ambiente se relajó inmediatamente, y, conforme se les calentaba el estómago y el cuerpo, comenzaron a surgir bromas e historias del pasado. Había pequeñas tensiones, Dietrich se mantenía lo más alejada de Kororo y Horo-Horo, mientras que Len observaba detenidamente a este último. Por suparte, Len se mantenía lo más alejado posible de Pirika que, al igual que Jun, lo seguían atentamente a él. Además de eso, estaba la pregunta final, que nadie se atrevía a hacer en voz alta, particularmente cuando se hizo patente que la idea de esa improvisada fiesta podía venir independientemente de Anna, Yoh o Tamao. Si era de parte de Anna ¿Qué precio debían de pagar? Sin embargo, nada de eso impidió que todos, tanto shamanes como espíritus acompañantes, pudieran disfrutar de la mutua compañía en el calor de los kotatsu.
Después de todo, era la primera nevada del año.
Fin de Capítulo.
Jeje, al final ¡Un capítulos nuevo! No es la gran cosa, sino que la reescritura me sacó otro. Me di cuenta de que había apurado demasiado las cosas y se veía como algo para salir del paso. Aproveché para agregar algunas escenas de convivencia en la casa XD. Es pero que realmente sea para mejor…
¡Nos leemos en otra!
