– ¿para qué necesito aprender esto si ya no puedo comer? –preguntó Seras, amarrada por los hombros a una silla, frente a ella estaba un lujoso servicio de mesa.

–por que debes manejar perfectamente todo este tipo de cosas si planeas servir de anfitriona a humanos que no conocen tu condición, además en las cortes antiguas todavía se usan este tipo de cosas… si eres la protegida del rey Vlad Dracul debes estar a la altura –le dijo Claudia

Seras bajó la mirada deprimida, extrañaba a su amo, a Walter, a Pip y los chicos… incluso a Sir Integra, con quien rara vez tenía contacto directo.

–toma la copa de vino blanco –le ordenó Claudia, Seras estiró su mano lo más que pudo, era difícil moverse con libertad estando sujeta por los hombros

Tomó una de las copas frente a ella y la levantó suavemente

–AHAHAH –chilló ella al sentir un fuerte golpe de la vara contra su mano y la copa se rompió entre sus dedos haciéndola sangrar por el vidrio roto

–Dije la de vino blanco, no la de vino tinto, la de vino blanco es más pequeña. . . ya repasamos esto un millón de veces, deberías entender a la primera –la regañó Claudia mostrándole qué copa debía de haber tomado.

Una de las chicas de Claudia, que estaba en una esquina, se acercó, recogió los pedazos de la copa y quitó delicadamente las partes de vidrio que tenía Seras encajadas en la carne.

La pequeña rubia miró a Claudia temblando de miedo, una lágrima roja se deslizó por su mejilla.

–No llores –gritó la castaña dándole un bofetón

–Perdón –se disculpó Seras frotándose la mejilla

–Con eso no vas a dejar de llorar –le dijo la mujer

–ten tan siquiera dos gotas de orgullo… ya no eres una pequeña humana, has entrado a un mundo de antigua nobleza y títulos centenarios, y sigues comportándote como una tonta policía que tuvo la suerte de toparse con uno de los mayores vampiros que hay –la regañó Claudia tomando la cara de Seras y encajándole las uñas en las mejillas

–ahora eres una vampiresa, eres superior a cualquier humano… pero para ti, eso lejos de ser la honra que es, es una maldición. Deberías aprender, antes que nada, que tú ahora eres de esa antigua nobleza. Eres una de las damas de la corte de Vlad III de Rumania y debes actuar como tal –le dijo la morena. Seras recordó lo que Lucy le había dicho la noche anterior.

"no se te olvide que son unos sádicos que tienen una escoba metida por el "Anacleto" y están enamorados de sí mismos, así que cualquier cosa, intenta ignorar sus comentarios lo más que puedas"

Se habían vuelto como hermanas ya que en realidad no tenían a nadie más y en cierta forma lo eran.

–eso lo sé, me lo repite todos los malditos días –replicó Seras en voz baja.

–y yo todos los malditos días la obedezco a usted y a mi amo y a medio mundo y me callo y me porto bien. PERO NO SOY UN MALDITO JUGUETE, YO TAMBIÉN SOY UNA PERSONA, HUMANA O VAMPIRO YO SOY PERSONA –gritó la pequeña rubia rasgando el pañuelo que la sujetaba a la silla al levantarse.

Claudia la examinó con la mirada detenidamente y se acercó a ella, Seras se encogió al ver la meno de Claudia acercarse a ella y cerró los ojos, pero los abrió sorprendida al sentir una suave caricia sobre su mejilla.

–A veces me recuerdas tanto a ella –comentó la morena acariciando su collar.

–puedes irte, toma el resto de la noche para ti, chérie –le dijo Claudia y abandonó la sala majestuosamente.


Alucard estaba en su silla, pensaba en su joven aprendiza ¿había sido correcto dejarla con Claudia? ¿Estaba lista para algo así? Después de todo la Comtesse Claudia D'Renoir era una maestra despiadada.

Lucy

El nombre apareció en su cabeza tan rápido que no pudo evitar levantarse

Hacía casi cien años que no veía a Lucy, su primera aprendiza en Inglaterra, ciertamente era extraño ver a sus aprendizas juntas, a pesar de que no tuvieran nada en común.

Excepto a él

Pero eso no importaba, Lucy era una criatura dócil, bondadosa y resignada, en realidad era más bien parecida a la chica policía, dudaba mucho que se atreviera si quiera a pensar el hacer algo en contra suya con ayuda de Seras…

Después de todo seguía siendo el amo de ambas y como amo decidía si vivían o dejaban de hacerlo. Pero Lucy debía odiarlo y guardarle un rencor infinito, "ARRUINASTE MI VIDA" había gritado ella y lo había abofeteado.

Le gustaban las mujeres con carácter, mujeres fuertes, la chica policía era la excepción que hace la regla, pero lo divertía su torpeza y sabía ponerse los pantalones cuando era necesario. En realidad no era tan mala como podría suponerse.

Pero cambiaría mucho bajo la tutela de la condesa, de eso estaba completamente seguro…