Nota: Gracias por leer mi historia y por sus reviews.

Capitulo Tres:

Eres algo hermoso,

Una contradicción y quiero jugar el juego,

Quiero la fricción

- Edward… Edward…

Sentía decir a lo lejos, la voz era distante casi imperceptible. Sentí que movían mi cuerpo, pero todo parecía como ocurrir fuera de mí. Era como si estuviera viendo todo fuera de mi propio cuerpo.

- ¡Edward!

Grito de repente y volví a ver sus ojos chocolates, estaba frente a mí, y me quede helado, inmóvil; Lentamente gire mi vista y constate lo imposible. Estábamos en su casa, recostados en el sofá, y la televisión estaba prendida.

Pero eso no podía ser cierto, observe atónito como Bella se levanto y al constatar que ella se dirigía a la televisión, con horror y miedo comprobé que los las imágenes eran de los créditos de la película Romeo y Julieta, hoy era aquel fatídico día, era el día de su cumpleaños.

Trague saliva y mi cuerpo comenzó a temblar, la miraba horrorizado, era tanto la expresión de pavor que ella comenzó a preocuparse, se acerco y se sentó a mi lado, me quede mirando al vacío.

- ¿Qué te ocurre?

Me pregunto suavemente mientras deslizaba sus manos tibias sobre mi rostro, pero yo no sabia que decirle. Porque estaba pasándome esto, era un castigo fuera de total proporción.

No podía evitar preguntarme en mi mente, si acaso era real, hace un par de minutos estaba en la carretera de Alaska, a miles de kilómetros, ocho meses después de aquel día a punto de chocar con otro vehiculo y ahora la tenía a ella frente a mí y había retrocedido en el tiempo.

- ¿Edward?

Insistió ahora mirándome tan asustada como yo. Trate de calmarme y coordinar las ideas, si yo estaba reviviendo esto era porque o había muerto o algo realmente mal estaba sucediéndome.

Tendría que haber chocado y tendría que estar tan mal herido para estar viviendo esto. Espera un minuto, yo no puedo morir o ¿sí? Me pregunte frenético buscando una explicación coherente a lo sucedido. Tome aire puse mis manos en su rostro haciendo que me mirara directo a los ojos.

- ¿Esto no es real verdad, he muerto?

Le pregunté vacilante, ella desvío su vista un instante insegura y evidentemente en pánico. Seguro estaba pensando que su novio repentinamente había perdido la razón.

- ¿De qué hablas… seguro que te sientes bien?

Pregunto insiste quitándome las manos de su rostro. No pudo evitar poner su mano en mi frente como asegurándose que no tuviera fiebre, lo cual era ridículo considerando que yo era un vampiro. Analice la situación por un momento, si yo había muerto en aquel accidente, lo que en realidad era casi imposible, al menos había tenido una recompensa, estaba con ella. Mi mente, alma o espíritu estaba con ella, al final Carlisle tenía razón, estaba en el cielo.

Me quede pensando en ello unos momentos viendo el desconcierto en la mirada de mi amada Bella, y fue ahí cuando decidí que esta vez la historia sería diferente. Tome de la mano de ella y sabiendo que en cuestión de minutos su padre entraría por la puerta la tome entre mis brazos cargándola y la saque de la casa impulsado por el deseo de detener lo que ese día había sucedido en realidad. Corrí con ella hasta el claro, nuestro claro, sin decirle ni media palabra. Sabía por la rigidez de su cuerpo que estaba asustada y que por su mente estaban pasando millones de interrogantes. Toda vez que llegamos, la baje lentamente y ella me miro confundida tomándose unos minutos antes de preguntarme nerviosa que estaba sucediendo.

- ¿No iremos a tu casa esta noche?

Inquirió insegura mientras yo le quitaba un mechón de su pelo que caía sobre su frente, que estaba impidiéndome contemplar su belleza. Hacía tantos meses que no podía verla en la manera en que ahora estaba haciéndolo que no quería que nada me distrajera de su hermoso rostro. Era impresionante como mi mente, y mis recuerdos podían ser tan exactos a como ella era en verdad. Aunque en el fondo de mi corazón sabia que todo esto era producto de una alucinación. Iba a disfrutar cada minuto de ella.

- Pensé que no querías celebrar tu cumpleaños. Acabo de libertarte de aquello.

Le susurré suavemente y no pude evitar que la comisura de mis labios se curvaran y mi cara se iluminara con una amplia sonrisa. Ella me miro desconcertada por mi repentino cambio de actitud. Sin dudarlo puse mis manos en su cintura y la acerque lo suficiente para poder darle un beso cargado de deseo y pasión. Lentamente rose mis labios contra los suyos y cuando sentí como su corazón se aceleraba de manera descontrolada y su respiración se hacia errática la bese como nunca antes lo había hecho, había una necesidad tan intensa detrás de aquel contacto que pude sentir el cuerpo de Bella reaccionar ante aquello.

No quería separarme de sus tibios y dulces labios, la apreté con más fuerza contra mi cuerpo, como temiendo que desaparecería en cualquier momento. Esta vez no iba a detenerme, esta vez no iba a perder la oportunidad de tenerla conmigo para siempre y demostrarle cuanto la amaba en realidad, al demonio con la cordura, con la prudencia, esta noche iba a demostrarle en realidad mis sentimientos hacia ella. Sentí como su rostro se sonrojaba, y pude oler aquella exquisita esencia que era su sangre, aquel olor tan característico de ella que hacía que perdiera la cabeza por completo.

- ¿Dónde has dejado a mi novio?

Balbuceo entrecortado poniendo sus menudas y frágiles manos en mi pecho tratando de apartarme de su cuerpo. Traté de evitarlo sujetándola más fuerte porque no quería dejar de tener aquel divino contacto con su ser, pero de pronto comprendí que ella se asustaría con mi actitud, así que me separé un poco mirándola extasiado. Era tremendamente doloroso dejar de mirarla.

- ¿Te sientes bien?

Me preguntó tratando de controlar su respiración, me fascinaba sentir como su corazón latía desbocadamente solo por el hecho de estar yo cerca de ella, sabía exactamente como hacerla perder la orientación y hoy me aprovecharía de aquello.

- Jamás me he sentido mejor, Amor mío

Le conteste volviendo a acercarme a sus labios, cambie el timbre de mi voz por aquella voz suave y aterciopelada que tanto le gustaba a mi amada Bella. A cambio recibí una mirada ingenua y perceptiva, ella estaba examinando la expresión de mi rostro. Inconcientemente ella se mordió el labio inferior tratando de dilucidar la actitud que estaba teniendo para con ella. Y claro no podía culparla, en la versión original de aquel día yo había estado tan obstinado como Alice que ella viviera esta experiencia humana del cumpleaños. Pero las cosas hoy habían cambiado, ya no me importaba su cumpleaños, quería tenerla cerca, aprovechar su compañía a cualquier costo.

- ¿Qué pasará con Alice?

Insistió al verme rozar sus labios con mi dedo pulgar, estaba tratando de cerciorarse que yo estuviera sopesando mi repentino cambio de decisión. Aún en ese instante Bella trataba de hacer las cosas sin herir los sentimientos de los demás… ella era única comprobé sorprendido.

- Olvídate de Alice.

Murmuré volviendo a besar aquellos labios de color rubí, y lo hice por algunos minutos de manera suave y solo me separé de estos que eran embriagadores para bajar dando pequeños besos a todo el largo de su cuello hasta llegar a su clavícula; en el hueco que se dibujaba de forma perfecta entre su cuello y el hombro comencé a rosar mis labios fríos lentamente contra su piel desnuda. El ritmo de su corazón comenzó a ser errático nuevamente y supe que estaba logrando distraerla. Sonreí cuando sentí su respiración frenética, y no pude ocultar el fuego de mis ojos, la necesitaba de una manera casi enfermiza y desesperada. Que tonto fui antes pensé, mientras observaba aquellos ojos chocolates mirarme con deseo.

Estábamos en la mitad del claro, iluminados solo por la luz de la luna. De pronto comenzó a vibrar frenéticamente mi celular, sabía perfectamente de quien se trataba, sin siquiera mirarlo, tome el aparato sacándolo de mi bolsillo y lo dejé caer al suelo. Nadie ni nada interrumpiría aquel mágico momento que estábamos teniendo Bella y yo.

Aquellos ojos chocolates eran perfectos, tenían un brillo especial y por una fracción de segundos me perdí en ellos. Estábamos parados en la mitad del claro solos los dos y pude ver que Bella al constatar ese hecho se sonrojo avergonzada. Al principio, ante esa reacción, tuve una duda sobre lo que estaba haciéndose evidente para ambos, pero cuando ella vio la duda en mis ojos, se acerco y comenzó a besar mi cuello, comprobándome que ambos deseábamos lo mismo.

- Tal vez después de todo si quiero un regalo de cumpleaños.

Me susurró con un hilo de voz cerca de mi oído, lo que hizo que me estremeciera. Volvimos a besarnos desesperadamente y sin darme cuenta estábamos ambos arrodillados en el suelo. Sí definitivamente estaba en el cielo, de eso no cabía duda, solo en el cielo podría haber estado soñando o viviendo esto. Su olor era tan exquisitamente intenso que en cualquier minuto parecía que iba a perder la batalla del autocontrol. Quería desesperadamente hacerla mía en ese instante.

Ella entrelazo sus dedos en mi cabellera y puso una mano en mi pecho ejerciendo presión para hacerme tumbar en el suelo. Su cabellera rozo mi rostro dándome pequeñas cosquillas con el roce. Mire impávido su belleza, ahora era otra faceta la que estaba conociendo de mi amada Bella. Nos besamos nuevamente, pero esta vez lo hice lentamente como queriendo recordar cada gesto, cada movimiento, cada sabor; permanecía con mis ojos cerrados y comencé a escuchar a lo lejos un murmullo, era lejano y pensé que era su voz, pero estaba tan concentrado en besarla que estaba olvidando como escuchar.

- Te amo Bella más que a nadie en el mundo.

Susurré y ella rompió el beso mirándome fijo y de forma penetrante. Sus hermosos ojos marrones eran tan profundos, tan inmensos, tan bastos, la luz de la luna estaba reflejándose en ellos como una luz cegadora y fue en ese minuto cuando ya no sentí más mi cuerpo, ni la tibia piel de Bella, fue como si de pronto todo hubiera caído a un silencio mortal.

- ¡Edward! ¡Edward! ¡Reacciona!

Sentí gritar a lo lejos, al principio fue una visión demasiado borrosa producto de la luz cegadora que estaba frente a mí.

- ¿Bella?

Balbucee incoherentemente mientras trataba de coordinar las imágenes que estaba viendo, y cuando aclaré mi vista, pude ver que aquella luz cegadora era la piel fría y blanca de Jasper.

- Ya va a llegar la ambulancia.

Decía con urgencia Emmett.

- Debemos sacarlos antes que llegue.

Respondió Jasper. Todo se volvió confuso y cuando sentí como jalaban de mi cuerpo, finalmente entendí que estaba de vuelta en el presente. Sacudí aterrorizado mi cabeza mirando a mi entorno, buscando a mi amada Bella, pero ella se había ido una vez más.

Atontado divise a lo lejos la figura de Tanya fuera del automóvil y al mirar a mi alrededor pude comprobar que el automóvil estaba hecho un desastre. Habíamos chocado y yo estaba atrapado entre los fierros retorcidos, vivo si se podía llamar así a mi pesadumbrosa existencia.

Vi absorto que tanto Emmett como Jasper luchaban por ayudarme y Alice permanecía junto a Tanya desesperada. También me percaté que habían muchos más testigos del accidente que se mantenían a distancia, tal vez imaginándose que estaba muerto o agonizando.

- ¡No lograremos sacarlo si no utilizamos la fuerza!.

Gruño Emmett mirando a Jasper quien levanto su vista a los inconvenientes testigos del accidente.

- Lo sé pero no podremos explicarlo.

Le hizo ver tratando de mantener la calma, los dos me miraron cuando vieron que había salido de mi mundo de ensueños.

- Tienes que ayudarnos Edward, a sacarte de aquí, casi no tenemos tiempo.

Me dijo Emmett mientras tiraba de los fierros aun cuando Jasper no quería llamar la atención, el tono de su voz era apresurada y con un tejo de desesperación, seguramente temiendo que fuéramos a ser descubiertos en cualquier momento.

Desconcertado comencé a tratar de ayudarlo, he hice presión en los fierros para liberarme. Logre sacarme de la prisión justo a tiempo, antes que la gente comenzará a acercarse y constatará que yo no había sufrido daño alguno.

Ya fuera del automóvil sentí la voz de Carlisle quien venia llegando a la escena junto con Eleazar, Carmen, y Esme quien no pudo evitar dar un grito ahogado cuando vio como había quedado el vehiculo. La mire aun confuso por todo lo que había pasado.

- ¿Se encuentra bien?

Pregunto inquisitivo uno de los humanos más avezado que había estado presenciando el improvisado rescate de mis hermanos. Fue Carlisle quien contesto acercándose y haciendo como si me estuviera examinando. Pero la realidad era que yo estaba perfectamente, no había ni siquiera un hueso roto a pesar del impacto.

- La ambulancia ha tardado demasiado… Será mejor que lo llevemos al hospital, Jasper ayúdame con tu hermano.

Exclamo Carlisle con voz de mando pero dejando ver preocupación. El hombre le dio una mirada incrédula y yo me apoye en Jasper, comenzando el teatro, me llevaron hasta el auto en el cual había llegado mi familia, como si estuviera a punto de desmayarme o colapsar.

- Deberían esperar a la ambulancia.

Insistió el sujeto preocupado por mi estado. Carlisle le miro a los ojos y mantuvo su voz controlada pero persuasiva.

- No se preocupe soy medico y su padre. Él estará bien.

Le respondió. Mientras se subía al automóvil en el asiento del conductor. Una vez dentro me miró por el retrovisor.

- En que estabas pensando Edward.

Me reprendió mientras Carmen y Eleazar se subían a mi lado y Esme en el asiento del frente visiblemente nerviosa por lo sucedido. Vi como Jasper y Emmett se volvían al auto en el que habían llegado llevando con ellos a Tanya, quien me dio una mirada preocupada cuando paso frente a mi ventana.

Ver la mirada de enfado no sólo de Rosalie, sino de Carlisle me hacia sentir miserable. Alice permanecía a mi lado en el sofá, tenía su mano sobre la mía y la apretaba cada vez que yo ladeaba mi cabeza poniendo mis manos en el puente de la nariz, preocupada por lo que estaba sucediéndome.

- Tu futuro se puso demasiado errático.

Me había dicho a penas cruzamos el umbral de la casa donde estábamos. Pero lo cierto era que no tenía explicación alguna para todas las preguntas que a esa altura retumbaban en mi mente. No sólo mi familia quería respuestas sino que la familia de Eleazar también. Y yo hubiera deseado poder dar al menos una a Tanya pero la verdad era que lejos de poder hacerlo, mi vida se había convertido en un desastre de proporciones épicas.

Lo que estaba pasándome era extraño, según Tanya yo había quedado paralizado, casi catatónico después del accidente, había estado todo el tiempo con los ojos abiertos pero mi mente no había estado allí, sino lejos. El sólo hecho de recordar donde había estado mi mente volvía a inflingirme un dolor insoportable, casi desgarrador. Hubiera dado todo por haberme quedado en aquel lugar.

- ¿Qué haremos ahora?

Pregunto Emmett luego de unos minutos en que todo estuvieron en silencio mirándome casi como si estuvieran mirando a un demente.