Capitulo 4 La musa
Hace mucho tiempo...
En una ciudad conocida por tener a los mejores talentos musicales había un joven que destacaba, tanto por su voz, como por su música y su indescriptible belleza. El estaba consiente de todas sus virtudes, por lo que era arrogante, pretencioso, le gustaba jugar con la gente, sobre todo con las jóvenes damas que hacia suspirar por el. Aunque ellas sabían que no eran exclusivas había a muchas personas que les molestaban mucho la actitud del otro.
Entre esa gente había un hombre peligroso, un hechicero quien estaba enamorado profundamente de una de las llamadas ¨chicas de Ren¨. Todo este tiempo espero aquel sujeto hiciera una sola buena acción, algo pequeño que le hiciera ver que no era tan mal sujeto, pero el ver como jugaba con todas las jóvenes damas, incluyendo a su amada, y que derrochara sus talentos en idioteces solo hizo crecer su ira, hasta que al final se decidió a hacerlo cambiar por la fuerza.
...
La noche estaba completamente oscura, las nubes habían tapado toda estrella en el cielo y no había señales de la luna en ningún lado. Aunque era un lugar muy tranquilo nadie se le ocurriría salir a tan altas horas en una noche tan poco agradable con esa. Sin embargo Ren estaba caminando por la desierta calle de camino a su hogar, con el estuche de su saxofón en una mano y sostenía su chaqueta sobre su hombro con la otra mano. Parecía estar totalmente despreocupado, mientras chasqueaba la lengua al ritmo de una canción mientras caminaba.
Pero, entonces, de entre las sombras de un callejón una sombra oscura salto frente a el. Era un sujeto encorvado cubierto por una gruesa capa negra. -Mhh... lo siento, pero creo que estas perdido, los fenómenos se juntan por aya...- El muchacho sonrió ladinamente apuntando con su pulgar a cualquier dirección tras de el mientras intentaba rodear al desconocido.
Entonces una mano tomo su brazo y lo detuvo, miro a aquel hombre intentando soltarse, pero entonces la voz que salio de el le hizo congelarse en el lugar y su sangre se heló.
-Lo que Dios te otorgo el hombre te lo arrebata... Tu voz, tu canto, no hablaras o cantaras, no podrás ver, y tu rostro nadie podrá admirar, tu amigo sera tu saxofón pues sera el unico instrumento que conocerás...- Los ojos celestes del muchacho se abrieron con sorpresa al ver como el brillo eran desprendido de la mano del extraño y comenzaba a subir por su brazo hasta su cuerpo-... Mas el amor, una canción del corazón podrá salvarte de una vida de miseria... pero quien amara de verdad a un hombre como tu? Un hombre que solo juega con dulces palabras que ya no podrá pronunciar? Y tu rostro inútil sera de ahora en mas...- Y entonces todo se volvió negro...
...
Al despertar al día siguiente sintió un fuerte dolor de cabeza. Al abrir los ojos se dio cuenta que estaba acostado en la misma calle donde se había encontrado con aquel extraño sujeto.
Lentamente se fue levantando y vio como las personas empezaban a salir de sus casa de a poco. Entonces suspiro un poco y se toco el rostro para masajearse en las cienes, mas al tocarse solo sintió una superficie lisa y fría. Espantado por eso corrió hacia la primera mujer que cruzo su camino y tomo sus hombros para preguntarle que tenia el rostro, pero al momento de hablar la voz no salia de su garganta. -Suéltame! Fenómeno!- La muchacha lo empujo espantada y se alejo, entonces al girarse pudo verse en el reflejo de una ventana.
Era una mascara, lisa y completamente blanca que cubría cada centímetro de su rostro. Era como ver a un fantasma, sin dibujos, sin marcas, solo un blanco intenso con la forma de su nariz y tres agujeros, dos para los ojos y uno para la boca. Desesperadamente intento sacársela, pero al tirar de ella solo sintió dolor en todo el rostro, era como si estuviese clavada a su piel. Entonces noto como las personas comenzaban a detenerse para mirarlo, y tuvo que tomar su saxofón del suelo para salir corriendo a su casa.
Entro lo mas rápido que pudo, y fue corriendo a su habitación, donde cerro la puerta y se sentó frente a un espejo, mirándose fijamente. Se masajeo la parte trasera de su cabeza, su cabello era lo unico que podía tocar en ese momento, e intento recordar lo ocurrido antes, y fue entonces donde las palabras de aquel sujeto sonaron en su cabeza: ¨... Tu voz, tu canto, no hablaras o cantaras, no podrás ver, y tu rostro nadie podrá admirar.¨ Eso solo le hizo pensar, acaso era un hechizo? La magia era real?
Negándose a que pudiese ser algo absurdo intento gritar, hablar, decir algo, pero era inútil, de su boca solo salia aire sin sonido. Y aunque intento mirar en el espejo si la mascara tenia pegamento en los bordes o quizás estaba cosida, solo se veía como una mascara normal, que podria sacar fácilmente. Y entonces un rabia lleno su corazón y acabo desquitándose contra el espejo, partiendo lo de un golpe en muchos trozos que cayeron en el suelo, mientras sus nudillos soltaban pequeñas gotas de sangre.
Podía recordar perfectamente cual era la forma para salvarse, para poder volver a ser quien era, típico de cualquier cuento: El amor. Río ante la idea y se dejo caer en su cama mientras miraba al techo, pensando que a lo largo de los años muchas mujeres hermosas le habían dicho que lo amaban y el les correspondió, pero sabia que esos sentimientos eran mentiras. Ella solo iban tras su rostro, tras su nombre y su fama, el las aceptaba, para poder pasar el tiempo con algo de diversión, pero el amor verdadero, ese amor puro y tierno de las películas no existía en verdad y si dependía de el para volver a la normalidad, estaba perdido.
No podía quedarse allí, no quería que nadie le apuntase con la mano y lo tratara de fenómeno. Conocía a su padre, seguramente el lo mandaría algún hospital para mantenerlo internado, y aun si le dijesen que no pueden hacer nada lo mantendría allí, pues sin su rostro y sin su voz a su padre no le servia de nada su presencia. Entonces no pudo evitar reir en su cabeza, si tan solo su madre estuviera allí seguramente seria su única aliada, pero ese ángel ya había partido al cielo hacia mucho tiempo, por que eso pasa con el amor de verdad, te lo arrebatan rápidamente para que no puedas ser feliz.
Quitando todos esos pensamientos de su mente decidió enfocarse. Tomo un bolso y metió allí dentro sus documentos, sus tarjetas, dinero y sus posesiones mas valiosas. También tomo su saxofón y las llaves de su automóvil. Metió en el baúl su bolso y junto al asiento del acompañante metió su estuche de saxofón, y emprendió un viaje lejos, hacia el sur donde su familia tenia una cabaña para vacacionar, allí podria pasar el tiempo mientras decidía que hacer.
...
El tiempo que viajo fueron mas de dos días, con pocas paradas para poder cargar el tanque del automóvil, comprar algo de comida o ir al baño. Trataba de evitar salir de su vehículo, quería evitar a las personas, sobre todo las tiendas pues los vendedores creían que podria tratarse de un ladrón o un loco. Estaba cansado de la forma que lo miraban, estaba cansado de todo, de hecho, pues en esos dos días las horas que durmió no llegaban a hacer ni 5 entre ambos días.
Su vista comenzaba a ser afectada por el largo viaje y las faltas de horas de sueño. El camino empezaba a volverse borroso, sus parpados estaban amenazando a cada parpadeo con mantenerse cerrado, y no importaba cuantas veces agitara su cabeza o cuanto café bebiese, el sueño era un enemigo que no se rendía hasta vencer.
El destino era un cruel jugador, pues parecía que Ren no había tenido suficiente castigo con ser privado de su mayor afición, cantar, y de su rostro, necesitaba sufrir mas. Fue en el momento, los pocos segundos donde su cabeza cayo presa del sueño donde su auto desarranco hacia un lado de la carretera que surcaba en una pequeña compre junto a un bosque, y aunque despertó en ese momento, fue un momento por que el golpe que recibió cuando su auto salio rodando lo dejaron inconsciente.
Por suerte no todo en el futuro era de un turbio negro, y quizás había algo de luz en un camino plagado de miseria. Pues en este mundo también hay almas bondadosas, que hacen el bien sin mirar a quien.
...
Cuando abrió los ojos vio el techo blanco, iluminado por una pequeña lampara que colgaba sin decoración o forma de cubrirla. Su mente comenzó a dar vueltas y cuando atino a sentarse el dolor ataco cada centímetro de su cuerpo. De hecho, podía asegurar, que eran pocos centímetros los que no se encontraban vendados por la gruesa tela blanca.
Suspiro y al llevarse una mano al rostro sintió aquella mascar, y la frustración volvió a el. Mas antes de hacer una rabieta o algo vio a un costado la puerta entreabierta, y asomada una dulce figura femenina. -Oh... lo siento... no quería molestarte...- Su voz resulto suave, y al entrar cargaba una bandeja con un plato de lo que parecía ser sopa y un vaso con agua -Esperaba que hoy despertaras... llevas tres días inconsciente y creo que debes tener hambre, no es así? - Se acerco apoyando la bandeja sobre la mesa -Has tenido un terrible accidente, te encontramos en el bosque, colgando de un árbol... hace unos días encontraron un auto destrozado, pensamos que puede ser el tuyo y tu saliste despedido de el...- Quería responderle que todo era correcto, mas no podía hablar.
A pesar del dolor se sentó en la cama apretando los puños, pero al levantar la vista observo sobre una silla la funda de su saxofón. -Es tuyo supongo...- Se giro hacia la muchacha y asintió, entonces ella se acerco y tomo la funda acercándosela a el -Estaba junto al árbol donde te encontramos...- Abrió la funda y observo que su saxofón estaba sano y salvo, eso le dio un alivio. -...Quisimos sacarte la mascara, pero no pudimos desenganchara... creo que somos algo torpes aquí...- Miro a la muchacha reir avergonzada, era extraño el hecho de que no lo viese como un tipo raro o fenómeno, solo lo comentaba de la forma mas casual.
-...No puedes hablar?- Cuando negó la cabeza pudo ver tristeza en el rostro de la muchacha, por que? Acaso sentía lastima por el? No debería, pensó. -Bueno... sabes que? Te traeré una libreta y un lápiz! Si! así podrás decirme quien eres y contactarnos con tu familia, ahora come que se enfriara tu sopa- Jamas había visto una sonrisa tan sincera desde su madre, francamente eso lo desoriento bastante, y comenzó a pensar de que en realidad estaba muerto o en coma.
Cuando la vio marcharse de la habitación se tomo el tiempo de examinar el lugar. Las paredes y el techo estaban pintados de blanco, pero era un blanco ya sucio y gastado por el tiempo, había una estantería con algunos libros lo que lo llenaba hasta la mitad, junto a el había una pequeña cajonera donde la joven había puesto la bandeja con la sopa y el agua, y la cama en la que estaba tenia unas sabanas tejidas como eran las de la casa de ancianos. Donde estoy? Penso, pues era obvio que no era un hospital.
Miro la ventana de la habitación, a duras penas logro levantarse y se arrastro de a poco hasta llegar. Al asomar la miraba afuera distinguió un hermoso día, un campo verde y un grupo de 5 niños que jugaban con un enorme perro que podria ser una cruza entre un ovejero y un gran danes por su enorme tamaño y su espeso pelo.
Entonces la vio salir, la misma joven que había estado en su cuarto salio a ese enorme jardín con un canasto de ropa. Mientras los niños correteaban a su alrededor ella tenia aquella ropa en una cuerda que iba de una pared a un poste clavado en el suelo. Aquello le daba un aire familiar, como un cuadro o un cuento, pero una mueca se formo en su rostro bajo la mascara al pensar que ella estaba casada, que tenia niños.
Una risa llego hasta su garganta mientras volvía a arrastrase a la cama, por que estaría decepcionado? Pensaba que ella se fijaría en un extraño? En alguien con su rostro cubierto por una rara mascara y que ni siquiera podía hablar con ella? Mas aun, por que el se interesaba con una mujer del campo habiendo estado con bellezas de la pasarela o de la televisión.
...
Por que es encantadora... Por fin tenia la respuesta que se había formado en su mente el día que llego. Habia miles de razones para fijarse en las mujeres, pero pocas para querer pasar el resto de su vida junto a una, esa muchacha era lo mas parecido a un ángel que había conocido, quizás, incluso mas angelical que su madre. Era impresionante cuanto podía saberse cuando no se habla y solo se puede escuchar, aquella muchacha no tenia problema en contarle su vida, y el no le molestaba escucharle en lo mas mínimo.
Era una luchadora, sintió vergüenza de si mismo cuando averiguo que la joven había crecido en ese lugar que era un orfanato bastante olvidado por las personas pero también por el paso del tiempo. Allí residían un grupo de tres monjas, junto a la chica y un grupo de 12 niños entre 5 y 10 años. Era una joven que brillaba tanto con su sonrisa que nadie hubiese imaginado que alguien fuese capaz de abandonarla, ni siquiera cuando era una bebe, una pequeña e indefensa niña. El había tenido una vida sencilla, pero estas personas se esforzaban cada día, y le enseñaban a los niños a lo mismo, y el solo había aprendido a derrochar el dinero y su talento.
Ya había pasado medio mes, y por fin sentía que podía moverse libremente, cada ves con menos vendas en su cuerpo. Aunque los niños huían de el al verlo, se daba cuenta que también lo perseguían por el edificio, su mascara lo hacia un poco aterrador pero también le daba curiosidad a los niños, y cuando alguno se acercaba siempre le preguntaban: Te pica la cara? Eres feo? Duermes con la mascara? Y toda clases de preguntas que no podía contestar con su voz, pero se comunicaba atrevas de un cuaderno.
Nunca había vuelto a tocar su saxofón, ni siquiera había vuelto a abrir su estuche en ningún momento. Pero sentía que debía hacer algo por ellos, aunque en su corazón había algo de temor, pensaba que había la posibilidad de que no pudiese tocar, no quería darles esperanzas y luego decepcionar a los niños... ni a ella, no quería hacer el ridículo frente a ella.
Aunque ese momento, cuando la vio en el medio de la ronda, leyendo un cuento para los niños sentados en el verde pasto, mientras es el estaba allí encerrado mirándolos por la ventana se dio cuenta que no podía tener miedo.
Abrió la ventana y sacando a su viejo amigo comenzó a tocar. Y entonces se dio cuenta que aun podía, que el sonido salia, esas canciones en su cabeza seguían allí, ni una sola nota se había movido de su lugar, la música salia incluso mejor que antes, podía escuchar que su sonido no era el mismo, de hecho era mas agradable y mas dulce.
Cuando la canción acabo observo como el publico lo miraba fuera de la ventana. Jamas había visto rostros mas brillantes como esos, jamas había sentido tanta satisfacción en su vida, allí viendo la sonrisa que el pudo formar en los rostros de los niños sabia que tenia suficiente en la vida.
...
Esa misma noche, después de cenar y que los niños le pidieran que tocara nuevamente para ellos, se marcho a su habitación, y allí estaba ella. Parada junto a la ventana admirando las estrellas. -Tu canción a sido hermosa... jamas había visto a los niños tan emocionados, no se como podríamos agradecerte...- Cuando se giro hacia el sus miradas se encontraron un momento, y lentamente ella se acerco. -Me gustaría... poder...ver tu rostro...- Sus finas manos se acercaron a su rostro mas el las detuvo con cuidado, seria inútil. -Lo lamento... no quería molestarte...- Vio la decepción en sus ojos y negó suavemente, entonces, aunque no llegara a nada acerco sus manos a la mascara.
Cerro los ojos un momento y entonces sintió el frió recorrer sus mejillas, una sensación que casi había olvidado. Al abrir los ojos vio la sorpresa en el rostro de la chica, sus mejillas encendidas en un rojo intenso y en sus manos la mascara blanca. Entonces, atónito, se llevo las manos al rostro y pudo sentirlo, sintió su piel, sus facciones, estaba libre de la mascara. Una carcajada salio de su garganta y salio de su boca, su voz también había vuelto. -Gracias! Muchas Gracias!.- Cargo a la muchacha desde su cintura y la elevo a lo alto.
-Es...Espera!- La muchacha se aferro a el con temor de caer, en ese momento se miraron a los ojos y el muchacho se acerco mas a ella, pegándola contra su cuerpo.
-Mi nombre es Ren, y tu debes ser el ángel que enviaron del cielo para que encontrara...- Las mejillas de la muchacha enrojecieron aun mas al escuchar sus palabras. -Lamento haber tardado tanto haberte encontrado... pero puedo decirte con toda la seguridad que te adoro, eres mi inspiración, mi salvadora, mi ángel, mi musa...- Cada palabra sonaba con tanta intensidad que podria derretir un bloque de hielo. Ademas sus manos lentamente se pasaron por la cintura de la joven, hacia mucho tiempo que quería tocarla, pero no sin antes decirle todo lo que pensaba. -Siento que fui hecho solo para amarte... ahora dime, angelito... tu estas hecha para amarme a mi?...- Vio una sonrisa formarse en su rostro, y aunque ella no respondió con palabras un leve asentimiento con su cabeza fue suficiente para el.
Dejándose llevar por sus impulsos dejo caer a la joven sobre su cama. Entonces, como un lobo, se coloco sobre ella, sin darle chance a escapar. -Quiero escuchar mas de tu melodiosa voz...- Con una sonrisa picara se acerco a ella, devorando sus labios en un apasionado beso mientras sus manos se deslizaban bajo su vestido, acariciando cada centímetro de su piel.
-Espera... n..no es muy pronto?...- La pregunta de la joven le hizo un poco de gracia, de hecho ella tenia razón, pero el jamas había esperado tanto por una mujer como lo había hecho por ella, y jamas había sentido tanta atracción por alguien como con ella, sentía que su cuerpo podria explotar en cualquier momento.
-No... por que te espere toda mi vida...- Miro sus grandes y confundidos ojos un momento antes de volver a besarla. Mientras que sus habilidosas manos se deshacían de la ropa de ambos en cuestión de pocos minutos.
-Como... hiciste...?- La muchacha se sorprendió, y avergonzó, al notar su completa desnudes, y aunque quiso cubrirse el otro no lo permitió.
-No te preocupes por eso detalles... concéntrate mejor en lo que haré...- Jalo sus piernas para abrirlas y se agacho entre ellas, besando la cara interna de sus suaves muslos mientras se iba acercando a su zona intima. Sintió el calor que emanaba y con sus dedos lentamente separo sus labios, ignorando las protestas de la joven, y paso su lengua lentamente por allí, saboreando su excitación. El solo sentir su sabor y escuchar sus gemidos hizo que su miembro se endureciera hasta el punto que empezaba a doler.
Cuando sintió su cuerpo tensarse se dio cuenta que estaba a punto de acabar, entonces se separo de ella lentamente para poder admirar su rostro sonrojado y sus ojos llenos de placer. -Ren...?- Fue escalando por su cuerpo, acomodándose entre sus piernas.
-No te preocupes... voy a continuar... pero quiero que ambos lleguemos juntos...- Paso las manos por sus largas piernas, hasta sus muslos, acariciándolos suavemente para elevarlos -Si te duele... quiero que me lo digas y parare, esta bien?...- Posiciono la cabeza de su miembro y lentamente comenzó a penetrarla, escuchando como un agudo y cortado gemido salia de su boca. -Dios... estas tan apretada... siento que podria volverme loco...- Se relamió los labios lentamente mientras sentía como su interior ajustaba todo el largo de su miembro a medida que entraba.
Sus cuerpos se fueron fundiendo el uno con el otro. En un baile donde la música era el sonido de sus cuerpos amándose.
Al día siguiente, al despertar, el hombre miro a la muchacha junto a el y sonrió. Habia encontrado a su musa y la dueña de su corazón.
...
La joven dejo de relatar y observo a su esposo, quien la miraba mas que compenetrado en el relato.
-Le ha gustado?- Pregunto la joven con una suave sonrisa. Mientras que sus ojos giraban hacia la ventana, observando como el sol comenzaba a aparecer.
-Me has sorprendido, jamas había escuchado una historia tan buena...- Dijo el joven mientras salia de su trance.
-Me alegra oír eso, por que en realidad, este ritual debe durar una noche mas, si me lo permite, esta noche debo contarle otra historia...-
-Bueno... de ser así lo permito, no quiero insultar tus tradiciones... espero que sea una historia tan buena como esta...- La muchacha, al oírlo, solo sonrió y asintió suavemente.
Fin.
