IV
Los Juegos del Hambre están a punto de comenzar. En la televisión, se encuentra la cuenta regresiva de las horas restantes mientras Caesar Flickerman presentaba sus expectativas a los televidentes, sus famosas predicciones y comentarios informativos sobre los horrores que les esperan a los participantes este año.
Cada vez que decía un nuevo horror, Prim sentía que su corazón trataba de salirse de su pecho. Explica las posibilidades de muertes causadas naturalmente, la falta de alimento, el frío, los mutos… terrores inimaginables que, seguro, se uniría a sus pesadillas esa noche.
—Prim, ¿estás bien? —le pregunta su madre despertándola del trance de horror en el que estaba metida.
—Creo que sólo necesito un poco de aire.
No se siente en sus cinco sentidos. Podría jurar que su aspecto era fantasmagórico, se sentía pálido y sentía el sudor frío que recorría su nuca. Camino inconscientemente hacia la casa de los Hawthorne. Quedó viendo fijamente la casa que se veía desolada, hace tiempo que no los visitaba. Solía llevarles un poco de comida todos los fines de semanas, pero tenía la cabeza ocupada sólo con Katniss.
Toca la puerta y espera a que abran. Katniss siempre visitaba a la madre de Gale, cada vez que podía, era rara la vez que no lo hacía. La madre de Gale abre la puerta y se nota muy cansada.
—¡Prim! —exclama sorprendida. —Pasa adelante, por favor.
Prim le dirige una sonrisa y entra en la casa. Se sienta en el comedor como se lo ordenan.
—¿Cómo estás? —pregunta, como siempre tan amigable la madre de Gale. —No te he visto ni a tu ni a tu madre desde…
—La cosecha. —le ayuda Prim al ver que se frena un poco.
—Lo siento, Prim.
—Está bien. —suspira Prim cabizbaja.
—¿A qué se debe tu visita, querida?
—De hecho, sólo quería decir hola a todos. —dice observando a los niños que juegan en el patio con el lodo. —Pero no todos están aquí. —observa Prim.
—¿Lo dices por Gale?
Prim asiente.
—Tú sabes cómo es él. —le recuerda. — Un hombre de campo.
Prim ya sabía dónde encontrarlo. Con un hombre de campo se refería a que pasa todo su tiempo libre en la Pradera. Estaba cazando.
Tenía muchas ganas de hablar con Gale, no tenía la menor idea de cómo estaba desde que la separó de Katniss el día de la cosecha. Él era parte importante siempre de sus pesadillas. Casi nunca entraba a la pradera, le daba demasiado miedo. Buscó el lugar que Katniss le enseñó, donde se encontraba una falla en el alambrado y repitió su misma rutina. Caminó unos minutos sin rumbo sin importarle los peligros con los que se encontrara. Tenía su mirada fija en un camino sospechoso, parecía hecho por un humano que trataba de esconderlo. Algo así como un mapa hacia algún lugar que las presas no lograran diferenciar del prado.
Siguió el camino sigilosamente, llevaba a un lugar tenebroso del bosque donde los árboles casi no dejaban pasar la luz del sol. Le empezaba a dar miedo la situación, ¿y si el camino fue hecho por un animal? ¿y si Gale ya no estaba en la Pradera? ¿y si no lograba regresar a la alambrada?
Sus pensamientos de paranoia fueron interrumpidos por un ruido sordo, como el de una rama partiéndose. Mira a sus espaldas esperando ver algo sospechoso pero no ve nada, vuelve a sonar 2el mismo sonido y esta vez observa unos movimientos entre unos árboles.
—¿Quién está allí? —pregunta en un siseo. — ¿Quién anda allí?
—¡Prim! —la voz era un siseo fuerte, claro e inconfundible.
—¿Jace? —dice sorprendida. — ¡Jace!
Prim corre hacia el susurro y lo mira entre unos árboles.
—¡Jace! ¿Qué haces aquí?
—¿Qué hago yo aquí? —le recrimina. — ¿Qué acaso es usual que te cruces el enmallado?
—Eso no te importa. —le dice entre siseos agresivos. — ¿Me estás siguiendo?
—Prim, estás en la Pradera. —le explica en siseos un poco alterados. — ¿Crees que no me preocuparía por algo tan peligroso?
—¿Sabes? —dice Prim. — Cuando hablamos la otra vez, te pedí que me apoyaras. ¡No tienes que fingir que te preocupes por mí! —le grita.
—No estoy fingiendo. ¡Me preocupo por ti! —admite.
Prim vacila. No sabe qué sentido tomarle esas palabras, no estaba muy segura de cómo interpretarlas. Pero no tenía cabeza para pensar en eso en esos momentos.
—¡No quiero que te preocupes por mí! —dice desviando su mirada.
—¿Qué se supone que significa eso?
Prim traga saliva.
—Quiero que me dejes sola. —dice y por una razón que no entiende, siente una presión en el pecho.
Jace toma a Prim por los hombros para que le vea los ojos que tienen un brillo peculiar, no el que tenía a diario.
—Si eso quieres… —le asegura. — No me volverás a ver.
Jace se dio la vuelta y corrió de vuelta a la alambrada. Prim movió su brazo en un intento por detenerlo, pero fue inútil. Él estaba decidido a irse, y Prim no estaba completamente orgullosa de lo que había hecho. Quedo mirando el espacio en el que Jace había desaparecido, mirando sus pisadas se pregunta si lo volverá a ver otra vez.
—¿Quién era él? —le pregunta una voz detrás de ella.
Se vuelve hacia la voz y se encuentra con Gale. Tiene la ropa de caza habitual que usa cuando está con Katniss y una lanza en la mano.
—¿Te lastimo? —pregunta haciendo el gesto de que está a punto de tirar el arma. — Porque si es así, yo me puedo encargar.
—Es un amigo. —le explica Prim. — ¿Oíste algo?
—Lo suficiente. —presume Gale. — Para saber que le gustas.
—No es verdad. —dice firme Prim con una voz de niña inocente.
—No lo culparía. —dice entre risitas nerviosas. — Te pareces a tu hermana. —dice en un tono melancólico.
—Gale…
—No importa. —la interrumpe. — ¿Qué haces en la Pradera?
—Vine a buscarte. —le dice Prim a Gale.
—¿Algo anda mal? ¿Tu madre está bien?
—Sí…
—¿Y tú?
—Lo estoy. —miente Prim.
—No, no lo estás. —le recrimina Gale. — Dime, ¿qué pasa?
—Hoy empiezan los Juegos del Hambre, Gale.
—En ese caso, que las posibilidades estén siempre tu favor, Prim. —brome a Prim con el acento del Capitolio.
Prim sonríe ampliamente.
—Estuvieron a mi favor. —recuerda. — Pero en a favor de Katniss.
—¿Es por eso que viniste a buscarme? —pregunta Gale a Prim.
—Tengo miedo. —susurra cabizbaja.
Gale se acerca a ella y la abraza muy fuerte, lo que hace que las lágrimas que ya retenía sean liberadas.
—Ella va a estar bien. —le promete. — Es muy lista.
—¿Vas a verlos?
—No. —le responde Gale.
—¿Por qué?
—Sé que ella va a estar bien pero… —hace una pausa y traga. — Es más fácil enfrentarlo desde acá, donde no puedo verla y preocuparme de si hizo una mala decisión y las consecuencias de esa decisión. —le confiesa. — Puedes quedarte conmigo si quieres. —le sugiere. — Aquí en la Pradera todo es muy tranquilo.
—Más bien aterrador. —desacuerda Prim. — Además, estoy segura que mi madre también necesitará apoyo.
Gale asiente y Prim se despide de él con un abrazo. Encuentra por su cuenta la salida de la Pradera y llega a casa justo cuando los tributos van subiendo por los tubos. Esa noche, Katniss es herida por una bola de fuego y Prim y su madre lloran lágrimas de sangre inconsolablemente.
