Aparqué el coche en el garaje de la estación de policía y me quedé parada viéndola bajar.
- M: Jane, ¿por qué no bajas? - Me preguntó con suavidad.
- J: Necesito estar sola, al menos durante unos minutos, discúlpame. – Yo tenía un tono muy tranquilo y relajado.
- M: Está bien Jane, como quieras... te espero en mi oficina en diez minutos. Intenta ser puntual, por favor! - Fue impresionante lo bien que cambiaba el tono de dulce a autoritario en unos pocos segundos. Me quedé en el coche más de lo debido, de hecho, llegué a su oficina unos minutos tarde:
- J: Siento haber tarde, tuve que hacer una llamada telefónica urgente. - Dije, tratando de ser lo más convincente posible.
- M: ¿Con quién estabas hablando por teléfono? – Estaba riendo.
- J: Son asuntos personales, perdona. - Estaba cada vez más seria, nunca pensé encontrarme en esta situación.
- M: Estás suspendido de tu trabajo por una semana!
- J: Estás de broma ¿verdad? - No podía creer que ella fuese tan lejos!
- M: No, no es broma! Entrega la pistola y la placa.
- J: Aquí están! - Con desprecio dejé todo sobre la mesa y salí sin mirarla.
Perfecto, tenía una semana toda para mí, ¿qué podía hacer?
Me fui a casa, y después de ponerme el pijama, me acosté en el sofá con el teléfono en la mano como si estuviera esperando un mensaje que nunca llegaría. Me sentí tan estúpida por haberle respondido así a mi superior, por otra parte, lo era desde hace muy corto. Me preparé un sándwich rápido para poder comer en frente de la televisión. Miré el teléfono por enésima vez. Le envié un mensaje, sin siquiera saber si respondería:
"Perdona por la hora, lo siento por lo que pasó! Sé que es muy tarde, pero... podrías venir hasta mi casa?
J. R. "
Lo envié.
La respuesta fue inmediata:
"Sabes perfectamente que yo también lo siento por lo que sucedió hoy, pero no tenía otra opción! Por qué debería ir?
M. I. "
No me imaginaba que fuese tan comprensiva en la respuesta respecto al incidente. ¿Qué podía decirle para hacerla venir a mi casa? Sobre todo a esta hora.
"Me gustaría hacerme perdonar en persona.
J. R. "
Pasaron veinte minutos desde que lo envié y todavía no había recibido respuesta. Probablemente no la había convencido, o tal vez tiene mejores cosas que hacer con otra persona. El minutero del reloj se mantenía en movimiento. Eran las doce menos cuarto y comencé a apagar la televisión y a preparar la cama para ir a dormir cuando escuche el timbre!
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