Capitulo 3.

Alcé la vista del libro de Trigonometría que tenía en las manos cuando Jacob Black entró en la clase con una elegancia inusitada. Entrecerré los ojos y volví a concentrarme en el libro.

Al menos había tenido la decencia de presentarse a las clases.

-Hola, Bella. - saludó, con cordialidad.

Vaya, encima se atrevía a saludarme después de haberme dejado tirada. Su enorme sonrisa desapareció como polvo al ver que no le saludaba.

-¿Qué te pasa? - preguntó con preocupación, sentándose a mi lado y poniendo su cálida mano en mi espalda fría.

-Vale. - dije. Suspiré un poco antes de seguir - Ayer te fuiste. Sin decirme nada. Desapareciste. - le acusé, mordiéndome el labio y mirándole fijamente. Sus ojos negros me miraban furiosos.

-¡No te dejé tirada, si es eso lo que crees que hice! - me espetó, con fiereza. - ¿Acaso crees que soy como los demás, Bella?

-No, no eres como los demás. Eres … ¡peor! No he visto a nadie con tanta cara dura como la tuya.

Me miró, cada vez más confuso.

-¡Me puse enfermo, Bella! Y le pedí a tu hermano Edward que te lo dijera para que no me esperaras. ¡Pero parece que no te llegó el mensaje! - dijo, apretando los puños sobre la mesa.

¿Cómo? No podía ser. Edward había pasado toda la tarde en casa, incluso había hablado conmigo en un par de ocasiones, pero no había sacado el tema de Jacob a colación. Ni siquiera había mencionado todo el tiempo que habíamos pasado juntos riendo y charlando en el comedor.

¿Por qué había hecho eso Edward? Podría esperarme cualquier cosa de el, pero no eso. No su mentira, no su forma de ocultarme las cosas.

Y ahora me sentía estúpida. No solo porque me había dejado engañar por Edward, sino que había una cosa aún peor encima: que había juzgado a Jacob sin motivo alguno.

Lo miré, pero parecía bastante enfadado conmigo. Normal. Me mordí el labio un par de veces antes de decir:

-Perdóname, Jacob. - sonó en un susurro. - Yo… no sabía nada, Edward no me lo contó.

Me llevé una mano a la boca. Estaba realmente dolida por el comportamiento de mi hermano hacia mi. Ni siquiera entendía porque lo había hecho.

-No hace falta que te disculpes… tendría que haberte llamado para confirmar que sabías lo que me pasaba… - dijo el, de repente parecía confuso también.

"¡Qué estúpida me siento!" Tenía ganas de esconderme durante horas bajo la tierra, sin que nadie se percatase de que no estaba.

-Lo siento, lo siento. - repetí de nuevo, mientras seguía a Jacob hasta la mesa del comedor.

-Bella, no pasa nada, no te preocupes más. - dijo Jacob, con una pequeña sonrisa que hacía que su expresión dijese "Está loca".

-¿De verdad? - pregunté, insegura. - Por mi culpa te has llevado un buen sermón.

-No ha sido culpa tuya, técnicamente. - dijo, dando un sorbo pequeño a su Coca-Cola. -Más bien ha sido culpa de Edward.

Lo miré. Tenía razón, técnicamente había sido culpa de Edward. Era como un circulo: Edward cometía el error, yo llevaba la culpa y Jacob sufría la carga.

Me crucé de brazos cuando una idea se instaló en mi mente. Creía saber porqué Edward había hecho eso.

-Espera aquí, Jacob. - le dije. El asintió con la cabeza. Sentí su mirada en mi espalda así que quité mi escudo mental para que Edward escuchase lo que le iba a decir:

"Sal del comedor en cinco minutos. Te espero en el pasillo."

Edward asintió disimuladamente con la cabeza y volví a proteger mi mente con el escudo. Salí al pasillo y esperé cinco minutos que se me hicieron eternos.

En ese instante, apareció Edward, con su semblante eternamente sereno.

-¿Ocurre algo, Bella? - preguntó con elocuencia.

-Si. ¿Jacob Black habló contigo ayer? - pregunté. Tendría que empezar por el principio, aunque ya sabía la respuesta - y no me hacía falta Alice para predecirlo - : no.

-No. - dijo él con inocencia, cien por cien falsa.

-¡Edward no me mientas! - le acusé, acercándome a el cuando vi que la bibliotecaria nos miraba, curiosa. - Por tu culpa me enfadé con el. ¿Por qué no me dijiste lo que el te pidió que hicieras? - le exigí una explicación, aunque ni siquiera esperé a que me contestase. - ¿Por celos? ¡Por dios, Edward, soy tu hermana! - enfaticé la palabra hermana con fuerza. - Además - añadí, apremiante. - ¡Jacob y yo sólo somos buenos amigos! - le espeté, furiosa.

-Eso es lo que intentas hacer ver a todo el mundo. - dijo, con voz dura.

-¡Jake y yo solo nos conocemos desde hace 2 días! ¿Cómo voy a estar enamorada de el?

Edward me miró, repentinamente burlón.

-¿Jake? - repitió. Agradecí el no poder sonrojarme, aunque mi rostro se descompuso un poco. Aunque, ¿qué había de malo en llamarlo así? - Vaya, así que ahora lo tratas como tu perrito. - rió levemente. - ¿Qué va a ser lo próximo que le digas? ¿Jakey trae el huesito? - esta vez soltó una carcajada fuerte.

Le dí una bofetada, algo que no solía hacer, dado que no me gustaba la violencia, la detestaba.

Edward se quedó mirándome, atónito. Luego, recompuso su rostro en una mascara de dureza. Me asusté un poco, dado que nunca antes había visto esa faceta en el. Me mordí el labio, aunque no me arrepentía de lo que había hecho.

Ya era suficiente el comportamiento de Edward. Parecía un niño, celoso de que no le prestase la misma atención a el que a Jacob.

Pero tenía que entenderme: Jake era una oleada de aire fresco, era un cambio, y era una gran persona a la cual quería conocer.

Por el poco tiempo que llevábamos juntos, me sentía atraída por Jake, de una forma amistosa, aunque también de una forma deseosa en cuanto al físico se refería.

Y quería estar con Jacob.

-Entiendo. ¡Prefieres pegarme antes que darte cuenta de lo que ese chucho es! - dijo Edward.

-¿Porqué le dices chucho? - repliqué. Me dieron ganas de chillar. No comprendía absolutamente nada.

-Ya te enterarás algún día y entonces vendrás a pedirme perdón, Isabella. - al pronunciar mi nombre completo sentí que se había enfadado de verdad. - Pero que sepas que no voy a ser el único que te diga la clase de tipo con el que estás.

Se marchó, alejándose de mi con rapidez. No volvió al comedor. Yo tampoco volví. Esperaba que Jacob no se molestase, lo esperaría en la salida para disculparme por mi desaparición repentina.

"No voy a ser el único que te diga la clase de tipo con el que estás".

Las palabras de Edward se habían quedado grabadas en mi mente. ¿Qué había querido decir con eso? ¿Acaso Jake no era quien aparentaba ser conmigo? ¿Acaso era Géminis encarnado en el cuerpo de un joven? ¿Tenía doble cara?

No entendía nada y todo era cada vez más confuso. Decidí que tenía que preguntarle a Jacob más cosas sobre el y su vida.

Los alumnos del instituto de Forks salieron puntuales en cuanto sonó el timbre, atropellándose para llegar hasta la puerta cuanto antes, mejor.

Me crucé de brazos mientras visualizaba en HD (una broma que me traía con Emmett) a todos los alumnos hasta encontrar a Jacob.

-Ey, Bella. - dijo la voz de Jacob a mi lado. Sonreí mientras me giraba.

-¡Hola! - dije, con alegría. - Estaba esperándote. ¿Porqué no damos un paseo? - propuse, mirándolo con entusiasmo.

-Claro. - dijo. - ¿Vamos en mi coche? - preguntó. Asentí con la cabeza. Jake me cogió de la mano - sin sonrojarme… - y fuimos hacia su coche, un Golf - demasiado anticuado para el tipo de coches en el que solía montar - de un color rojo oscuro.

Abrió la puerta del lado del copiloto y esperó junto a mi hasta que subí al coche. Me dedicó una gran sonrisa cuando vio mi aturdimiento. A veces era algo patosa.

A los pocos segundos, Jake ya estaba sentado a mi lado.

-¿Adónde te apetece ir? - preguntó, mientras ponía en marcha el coche con un poco de esfuerzo disimulado.

-¿A tu casa? - propuse. Ese era el lugar idóneo para descubrir más cosas sobre Jacob.

De repente, Jake se puso tenso. Apretó los labios en una mueca de molestia.

-Lo siento, pero no podemos ir allí.

-¿Por qué no? - inquirí, sintiendo su nerviosismo y casi contagiándomelo. Me mordí el labio, pensativa.

¿Tenía algo en su casa que no quería que yo viera o percibiera? ¿Es que su casa era un cuchitril? Eso no era de vital importancia, al menos para mi. Sólo quería pasar la tarde con el.

O quizás Edward había sido un imbécil al decir que Jacob no era quien parecía. Lo más probable era que me estuviera comiendo la cabeza sin sentido y Jake fuera el joven cariñoso, amigable e inofensivo que aparentaba ser.

-Bueno, es que…

-¿Alguien te lo impide? - inquirí.

-No, no, para nada. - dijo el, sacudiendo la cabeza. Esbozó una gran sonrisa.

-¿Entonces? ¡Vamos! - dije, con otra sonrisa igual de grande.

Jacob asintió. Sentí que estaba algo presionado, pero… tenía que ser así.

Llegamos a la casa de Jacob - una casita realmente acogedora y de color rojo, y la cual tenía por vistas un bosque - y sonreí levemente. No tenía nada de extraño la casa de Jacob, para mi era bastante normal, al menos, comparada con la enorme mansión en la que me había tocado vivir a mi.

-Aquí es. Bienvenida a la mansión Black. - dijo, irónico. Nos bajamos del coche.

-A mi me parece que está bastante bien. - repuse, con una sonrisa cómplice. - Está genial para venir a vivir aquí. - añadí.

-Bueno, es un buen asilo para locos.

Reí. No tenía razón. Era un bonito lugar, y me gustaba.

-¿Entramos? - dijo Jacob, condescendiente. Asentí con la cabeza.

Por dentro, la casa era igual de acogedora que por fuera. Parecía una casita de cuento, y muy típica del lugar en la cual estaba situada. Tenía colores cálidos y el salón (que fue lo primero que visualizamos al entrar) era bastante amplio y reconfortante. Al fondo se veía la cocina, pequeña. Y en el pasillo habían dos puertas, que, probablemente correspondían a las habitaciones. Al fondo del pasillo había otra puerta, la cual debía corresponder al lavabo. Sonreí, me sentía bastante bien allí, lejos de la que era mi enorme casa.

-Tienes una casa muy acogedora. - halagué, mirando a Jacob con un brillo especial en los ojos.

-Gracias. - contestó únicamente, aunque tenía una pequeña sonrisa en sus labios gruesos.

Me mordí el labio inferior. Jake era demasiado atractivo, y a mis ojos que todo lo percibían, lo era aún más. Su novia - supuse que tenía que tener alguna por descontado - debía de tener mucha suerte. No sabía porque, pero me sentí repentinamente enfurecida con esa pobre chica, la que debía de ser la novia de Jacob.

Eché un vistazo alrededor.

-¿Vives solo? - pregunté, aunque era imposible. Jacob no había alcanzado la mayoría de edad legal, tan sólo tenía 17.

El negó lentamente con la cabeza.

-Mi padre vive conmigo. Mis hermanas hace mucho tiempo que volaron del nido. - agregó, con aire de suficiencia. Reí. - No es tan gracioso como parece. Billy a veces tiene sus cosas malas.

-¿Billy? - ¿sería el Billy con el que había hablado, el cual sabía toda mi descendencia vampira?

-Si, es mi padre. - respondió. - Bueno… ¿qué te apetece hacer en mi casa?

Volví a la realidad mientras intentaba ubicar a Billy. Miré a Jacob.

-Pues… no lo sé. Quería ver dónde vivías. - repuse, volviendo a echar otro vistazo a la casa. Era tan acogedora… se me recordaba mucho a la que yo tenía cuando era una humana, solo que aquella tenía una decoración más antigua que la de Jacob.

Un recuerdo borroso - de mi vida humana - se acopló en mi mente. Era la sonrisa de mi padre, Charlie, y la de mi madre, Reneé.

Sentía ganas de llorar, pero no podía. No producía lágrimas desde la última vez que decidí ahogarme en aquella playa.

-¿Te encuentras bien? - preguntó Jacob, de repente. Lo miré, algo sobresaltada.

-Es que… esta casa me recuerda mucho a la que tenía antes… antes de que los Cullen me adoptaran. - Jake asintió con la cabeza mientras una pequeña sonrisa se formaba en su rostro.

-¿Quieres que vayamos a dar un paseo? O, ¿estás cansada y quieres sentarte? - dijo, señalando el sillón. No sabía porqué, pero había una voz en mi que me decía que con Jacob no hacía falta fingir…

-Prefiero dar un paseo. - dije, sonriendo levemente.

-Vale.

Nos adentramos en el frondoso bosque de un intenso color verde. A pesar de las nevadas que habían asolado Forks la semana anterior, los árboles no habían perecido, sino que se mantenían fuertes y sanos.

A veces olvidaba que Jacob caminaba, más bien, parecía que flotaba a mi lado. Era bastante sigiloso, y aunque percibía un leve crujido de hojas pisadas, era casi inaudible. Me pregunté como se las hacía.

-¿Adónde vamos? - intuía que aquel camino frondoso llevaba a algún sitio en concreto.

-A la playa de La Push.

Me frené en seco. Jacob se paró también.

-No puedo ir a esa playa. - dije, repentinamente.

-¿Y porqué no? ¿Quién te lo prohíbe? - inquirió, nervioso.

Ahora llegaba el momento en el cual me preguntaba si lo mejor era contarle a Jacob mi secreto, o huir con rapidez, no sin antes estampar a Jake contra un árbol con la fuerza suficiente para que quedase amnésico.

Aunque inventarse una excusa tampoco estaba nada mal.

Opté por la tercera opción.

-Mi familia… me restringe algunos sitios, y este es uno de ellos.

-Pero tu familia no está aquí para enterarse. - dijo Jacob. Parecía seguro de si mismo.

¡Dios! Sonaba tan tentador… quería seguir caminando hasta aquella playa. Quizá podría hacerlo, lo único que no debía hacer era romper el tratado… y eso era algo que no haría, pues había algo en la sangre de Jake que, aunque deliciosa, me hacía retroceder.

-Tienes razón. - dije. Jacob sonrió abiertamente.

-¡Vamos entonces!

Llegamos a la playa, cuya mar estaba tranquila. Las olas eran pequeñas pero aún así, los guijarros más próximos estaban húmedos y de un brillante negro carbón.

Nos sentamos en el suelo y nos quedamos mirando al mar. Era de agradecer que el cielo estuviese completamente encapotado y que ningún rayo de sol impactase en mi piel.

¡Cuánto tiempo hacía que no veía el mar! Aunque en ese entonces estaba gris perla, era hermoso. Lo echaba bastante de menos a pesar de que esa fue mi opción de suicidio.

-¿Te gusta el mar? - me preguntó Jacob, tranquilo. Le sonreí.

-Si. Es uno de mis lugares favoritos, aunque hacía mucho que no venía.

-No lo entiendo. Tenías estas playas bastante cerca.

-Ya te lo he dicho . - repliqué rápidamente. - Mis padres no me dejan venir a la playa. - mentí. No me gustaba mentirle, pero...

Jake alzó ambas cejas, incrédulo, para luego soltar una risita.

-Como tu digas.

Pasaron unos cuantos minutos en silencio, hasta que a la derecha de Jacob, a lo lejos, vi cuatro chicos que se acercaban a nosotros.

Tenían presencia perturbadora, parecían bastante peligrosos y por un momento creí que vendrían a hacernos daño en cuanto pudieran. Sin darme cuenta, me aferré al brazo de Jacob. Este me miró, algo sonrojado, pero preocupado.

-¿Qué ocurre? - preguntó.

-Esos chicos. - señalé con disimulo. El también se envaró.

-¡Jacob! - lo llamó uno de ellos, el central. Jake se puso aún mas tenso. Parecía que no se lo esperaba, al igual que yo.

-Bella, vete. Ya. - dijo Jake, nervioso, pero yo no quería dejarle solo... - Vete, Bella, por favor. - me imploró. Sus ojos negros me atravesaron.

Cuando iba a hacer caso de lo que me decía, era tarde.

-Jacob. - dijo el central, el que parecía el líder. -¿¡Qué hace esta Cullen aquí! - le espetó, con mala cara.

-¡Ella es inofensiva! No te haría daño ni aunque lo quisieras, Sam. - dijo. ¿Me estaba defendiendo? Un segundo, que quería decir…

-¡Largo de aquí! - dijo otro, acercándose a mi y empujándome.

-¡Déjala en paz, Paul! - dijo Sam.

-¡Suéltala, idiota! - le gritó Jacob, encarándolo.

Todo pasó bastante rápido. Jacob tocó a Paul. Paul tocó a Jacob. Y se desvanecieron.

De repente, Jacob era un enorme lobo castaño.

Fin del Capitulo.