Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Nintendo. No lucro con esto, sólo lo hago por diversión.
Capítulo IV: La canción del bosque.
Llevaban al menos tres horas cabalgando sin detenerse. Aún hacía algo de frío, pero el débil sol lograba derretir las últimas capas de nieve, dejando en evidencia el verde césped que se ocultaba bajo aquel blanco manto. Al cruzar una gran explanada se toparon con un arroyo de agua cristalina, que evidentemente se había deshelado hace poco, Zelda aminoró su marcha hasta detenerse completamente secundada por Link, con quien no había cruzado ni media palabra. Condujo a su caballo hacia el arroyo para que bebiese y se refrescara, Epona hizo exactamente lo mismo al tiempo que su jinete estiraba la espalda y las piernas, Zelda lo miró con el rabillo del ojo, para ser sincera no sabía cómo actuar ni que decir en un momento como ese.
Su estado anímico durante la cabalgata había pasado por varias etapas: Primero estuvo triste, el ver al chico que amas desde probablemente siempre besando a otra mujer, era para que a cualquiera se le partiera el corazón en mil pedazos. No era el beso en su totalidad lo que la inquietaba, la indudable cercanía que tenían Link y Malon la hacían añorar con melancolía aquellos tiempos en que eran inseparables, tiempos que dudaba volviesen a ser tales. Luego pasó al enojo al recordar lo cerca que estuvo de entregarse a él, más que molestia contra el muchacho era consigo misma, pareciese que todas aquellas cosas que Impa había sido enfática en inculcarle desde que entró en la adolescencia se habían ido al tacho de la basura. Más le resonaba en su cabeza lo que su tutora innumerables veces le había señalado: "Los hombres son instintivos, casi como animales. La intimidad no es en ellos como lo es en nosotras", siempre había estado en contra de las generalizaciones en tanto todo dependía de la persona, pero ahora no estaba tan segura. ¿Sería Link igual con todas las chicas?, ¿Malon era especial?; ¿Ella misma era especial para él...?
Luego de que su enojo aminoró comenzó a aflorar la resignación. No sacaba nada con molestarse, con hacer conjeturas acerca de cómo era o no era el chico, o si le gustaba Malon o cualquier otra mujer... lo cierto era que independiente de la respuesta, ellos jamás podrían estar juntos. Ya lo tenía muy claro desde siempre, desde el primer día en el que fue consciente de que su corazón se aceleraba con su sonrisa cálida y sus manos ásperas tocándole las mejillas, pero su corazón testarudo persistía en tenerlo como el único hombre al que sería capaz de amar.
Cuando Zelda se detuvo él la imitó. La chica bajó para dar de beber a su caballo mientras él hacía lo mismo con su fiel yegua. Ella parecía completamente absorta en sus pensamientos, perdida en otro mundo, y él la conocía lo suficientemente bien como para tener la certeza de que estaba pensando en lo que vio en los establos. Quería aclarar la situación, decirle que no sentía nada por Malon más allá de una sincera amistad, pero no sabía cómo empezar ni con qué propósito excusarse sin revelar en parte sus sentimientos y tampoco quería que la chica se quedara con una mala impresión de él. Estaba realmente en una paradoja, quería que ella supiera la verdad, pero también se sentía avergonzado de contarle toda la verdad.
Tomando una bocanada de aire, se dirigió a paso seguro hacia la princesa quien se había sentado sobre una piedra particularmente grande junto al arroyo. Con cuidado de no incomodarla se sentó junto a ella, no dijo nada inmediatamente, esperó a encontrar las palabras adecuadas.
-No quiero que malinterpretes lo que viste.
Zelda lo miró, como si recién cayera en cuenta de que estaba a su lado.
-Malon y yo solo somos amigos.
-No tienes que darme explicaciones...
-Tengo que hacerlo - Link tomó la barbilla de la princesa, obligando que ésta lo mirara a los ojos - No siento nada especial por ella.
Zelda cerró los ojos un momento. El rubio pudo apreciar sus largas pestañas. Sus pómulos y la punta de su nariz estaban ligeramente sonrojados por el frío, y sus labios entreabiertos que la noche anterior estuvo tentado a besar. Apreciaba a Malon, era una amiga excepcional y una maravillosa mujer, pero no deseaba otra cosa que sustituir sus besos por los de la princesa. Cuando ella abrió los ojos le dirigió una sonrisa triste, Link quitó su mano de la barbilla de ella.
-En el fondo de mi corazón sabía que no había nada entre tú y ella, no sé por qué mi mente se negaba a creer lo contrario.
-Siempre has sido la reina de complicarte a ti misma - ella rió - aunque últimamente no he estado lejos de eso.
-Se nota que ella te ama.
-Lo sé. Y eso seguramente no es más que culpa mía.
Zelda lo miró sin entender. Link suspiró, optando por contar todo.
-No soy tan inocente en realidad - Tomó un guijarro que se encontraba al costado y lo sostuvo entre sus dedos - Soy el principal responsable de que ella me adore, y nunca fui lo suficientemente hombre como para hacerme cargo de eso.
Zelda se estaba asustando... ¿Acaso...? Le daba un poco de vergüenza preguntarlo, pero debía cerciorarse de ello o la incertidumbre la mataría.
-¿Te acostaste con ella? - preguntó la princesa, sintiendo cómo su corazón se encogía.
Link la miró, serio. Al cabo de unos segundos negó con la cabeza.
-No. Pero no porque no pudiera hacerlo. Suena cursi, pero mi corazón se negó a hacer algo semejante - Link arrojó la piedra al agua, la cual describió varios saltos sobre la superficie antes de hundirse - Pero digamos que hubo un tiempo en que fuimos algo más que amigos.
Zelda miró fijamente el lugar en donde se había hundido la piedra. No sabía que pensar al respecto.
-¿La amaste alguna vez? - preguntó al cabo de unos segundos.
-Eso es lo más terrible de la historia - Link agachó su cabeza, avergonzado de sus propios actos - Como te dije, sólo es una amiga: es maravillosa, gentil, hermosa y considerada, pero para mí siempre fue sólo eso, una amiga. Intenté amarla, lo hice con todas mis fuerzas, pasé mucho tiempo con ella y sólo logré quererla más como una buena chica y no como otra cosa, al contrario de ella, que se comenzó a interesar más en mí... Como dicen por ahí, no se puede forzar al corazón.
Estaba empezando a sentir tristeza por la situación de Malon, si de algo estaba segura era de que no querría estar en los zapatos de la chica.
-¿Por qué hacer todo eso? - Zelda lo miró, sin poder comprender. Algo no calzaba bien en el relato - ¿Por qué no esperar a que apareciese la chica indicada antes de involucrarte con alguien a quien no amabas?
Quería gritarle que la chica indicada estaba frente a él. Que lo había hecho porque estaba herido, que la extrañaba, que cada vez que besaba a la pelirroja se la imaginaba a ella, con esa sonrisa que parecía albergar todas las estrellas del firmamento. Pero no podía hacer tal cosa, no quería albergar nuevamente en su corazón aquella decepción tan grande al no poder pasar con ella el resto de sus días, más que como un amigo o un protector. Malon había sido el intento de suplantar a Zelda de su corazón, una batalla perdida de antemano, porque estaba tan incrustada en su alma que no había forma alguna de sacarla de allí.
Al no obtener respuesta la princesa suspiró y se levantó. Tal vez lo estaba agobiando con tantas preguntas, después de todo él se estaba sincerando por voluntad propia. Le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse y él la aceptó, pero cuando apoyó su peso en sus pies resbaló con la roca húmeda y casi va a parar al arroyo si no fuese por los excelentes reflejos del hyliano. El corazón le latía a mil por hora al tener nuevamente sus manos en su cintura, y al sentir el aliento de la chica nuevamente entremezclarse con el suyo.
Ella se sonrojó y se apartó con cuidado, dándole las gracias de forma tímida. Comieron un poco de pan y queso antes de continuar, y rellenaron las cantimploras con agua del arroyo. Era tiempo de seguir la marcha y encontrar un lugar seguro para acampar.
Un corpulento hombre avanzaba a grandes zancadas mientras arrastraba a una mujer encadenada y amordazada por un pasillo adornado por una alfombra roja y armaduras a los costados, tan enorme era que sus pasos parecían hacer retumbar el piso. La mujer de cabello rojo, piel morena y ojos ambarinos, hacía todo lo posible por resistirse, ponía todo su peso en ello y trataba de agarrarse de lo que fuera en el camino, pero aquel sujeto era una mole llena de músculos, por lo que vencerlo en fuerza física era más que un imposible. Aún así, su orgullo insistía en no dejarse llevar tan fácilmente y aunque retrasó un poco su llegada no pudo evitarla. La mujer jadeaba por el esfuerzo al llegar al final del pasillo en el que había una elegante puerta de gruesa madera tallada, el hombre golpeó la puerta con sus enormes manos, y desde dentro una voz ronca e imponente le indicó que pasara.
Iluminada por una serie de decenas de antorchas, un vestíbulo enorme se mostró ante ellos: era una estructura abovedada con un techo bastante alto, cuatro pilares gruesos rodeaban la habitación, y la decoración consistía en armas de todo tipo colgadas de la pared. Justo en el centro había una enorme y alargada mesa llena de suculentos manjares. Muchos hombres disfrutaban del banquete, estaban ataviados con armaduras de hierro negro y devoraban como si se les fuera la vida en ello, evidentemente eran parte de un ejército que acababa de volver de alguna hazaña de dudoso honor. Su carcelero la empujó hacia el centro del vestíbulo haciendo que trastabillara y cayera de rodillas.
-Inclínate ante el rey, putita - Vociferó el hombre musculoso que la había arrastrado y empujado, seguido por una carcajada que fue rápidamente acallada por la dura mirada de su rey. El tipo agachó la mirada y retrocedió unos cuantos pasos.
El supuesto rey era un hombre increíblemente más corpulento que el carcelero (y eso era mucho decir), vestía una armadura similar a los soldados, pero con detalles en plata y una enorme capa escarlata para distinguirlo de los demás, lo que evidenciaba su alto rango en la milicia. Tenía el cabello negro, largo y enmarañado y una piel olivácea y brillante, sus ojos eran rojos, y la chica pudo distinguir que en ellos no había ninguna pizca de piedad o misericordia. Se encontraba devorando un muslo de ave, sus repulsivos gestos dejaban entrever unos grotescos dientes amarillos, y la grasa del animal chorreaba libremente por su barbilla. Súbitamente se levantó, haciendo que todos sus mandamases dejaran de comer en el instante.
-¡Observen el hermoso regalo que nos han traído los vientos del desierto! - Los hombres rieron. El rey caminó hacia ella, sus enormes grebas hacían que el piso sonara estruendosamente. Con un enorme dedo arrancó el pañuelo que mantenía amordazada a la mujer, dejando un rastro de grasa en su mejilla. Al tener libre su boca la mujer lanzó un escupitajo a la cara del hombre, el cual la abofeteó tan fuerte que la lanzó unos dos metros de distancia.
-No seas insolente, Nabooru. Eso fue un castigo suave, otra ofensa más a tu rey y serás la encargada de satisfacer a mi ejército, los pobres llevan varias semanas sin sentir el calor de una mujer - Prosiguió el hombre acercándose a ella y pasándole un grasiento dedo sobre el nacimiento de su escote.
La chica que respondía al nombre de Nabooru palideció al instante, miró de reojo los lujuriosos rostros de la veintena de soldados apostados en la mesa, y asintió en señal de obediencia.
-Bien, bien... así deben ser las mujeres, sumisas, acatar todas las ordenes y no cuestionar nunca - Se limpió el escupitajo con el dorso de su mano enguantada - Sé que no soy el hombre más letrado que existe pero conozco el significado y la importancia de la legitimidad. Desde que Ganondorf fue ejecutado, la legitimidad de tu pueblo reside en ti, pequeña Nabooru. Las gerudos siempre han sido temibles, son ágiles, rápidas y letales asesinas. Quiero a las mejores en mis filas.
Nabooru temblaba tanto de miedo como de ira.
-No puedo obligarlas a que peleen por una causa que no apoyan...
-¡Claro que puedes! - el rey rió enérgicamente - Tal y como estaba dispuesto a hacerlo Ganondorf. Las gerudos siguen ciegamente a su líder como dictan las tradiciones.
-¡Yo no soy como Ganondorf! - gritó la morena a pesar del miedo que tenía, haciendo que el corpulento hombre se girara y la tomara del cuello ferozmente, elevándola varios centímetros del suelo. Sus ojos estaban llenos de malicia.
-Claro que no eres como él... - Su boca se torció en una horripilante sonrisa, mostrando sus sarrosos dientes - él era capaz de sacrificar a su pueblo por sus intereses propios, en cambio tú... las harás luchar por algo en que no creen, para salvarlas de su extinción.
Las lágrimas se agolpaban en los ojos de Nabooru mientras luchaba por alcanzar oxígeno para sus pulmones.
-Si no luchan para mí, no lucharán para nadie. Ni siquiera los libros de historia las recordarán. Me encargaré que ni una sola de tus rameras quede con vida, y todo lo que aman y conocen será incinerado como la basura que son.
Soltó a la chica. Esta cayó al suelo tosiendo y gimiendo sonoramente para recuperar el aire. No podía creer que nuevamente se exponían a la presencia de un tirano, su orgullo le pedía que se dejase morir en vez de ponerse en la cabeza de un ejército sin convicción y guiar a sus compañeras a la guerra, ciertamente no era como Ganondorf, pero no podía permitir que sus hermanas se vieran expuestas al genocidio. Tocando su cuello se levantó, se irguió lo mejor que pudo, y se cuadró en posición militar.
-Dígame cuáles son sus ordenes... mi rey.
El atardecer estaba próximo mostrando como nubes rojas, violáceas y anaranjadas se mezclaban en una hermosa combinación de colores en el horizonte. Encontraron una frondosa zona llena de árboles de copa alta y decidieron acampar allí. Según Link estaban cerca de la entrada del bosque kokiri, así que no tendrían demasiada concurrencia y los árboles los ayudarían a camuflarse de los fisgones. Plegaron la tienda y la forraron lo mejor que pudieron para evitar el frío que se cernía sobre ellos, mientras Zelda se ocupaba de los caballos Link fue a recolectar madera para encender una fogata. Volvió al cabo de unos minutos cuando la luz del sol casi no iluminaba y encendió la hoguera con rapidez. Se le notaba cansado, después de todo la noche anterior no había pegado un ojo.
-Es prudente que duermas, puedo dedicarme a vigilar esta noche - le dijo la princesa mientras tomaba un libro y se sentaba en un tronco caído bastante grande.
-Luego, prepararé algo caliente para cenar. Muero de hambre.
De las alforjas de Epona sacó una cazuela de tamaño medio. Habían traído pocos víveres, pero lo suficiente como para hacer una buena sopa esa noche. Puso a calentar agua colgando la olla sobre un improvisado artilugio, y con una filosa daga comenzó a rebanar unos pocos vegetales que había empacado pensando en la cena de aquella fría noche. Cebollas, patatas, nabos y zanahorias, más algunas hierbas que celosamente había envuelto en un trozo de papel. Cuando las patatas estuvieron cocidas el hyliano sirvió el humeante contenido de la olla en dos cuencos de madera, le entregó uno a Zelda junto a una cuchara y un mendrugo de pan. Habían sido tan solo dos semanas las que habían pasado juntos pero ya se había acostumbrado al sabor de su comida. Es como si supiese exactamente el punto de cocción de cada vegetal para dejarlo al dente e impregnar el caldo de su sabor, además siempre sabía cuál especia en específica combinaba con cada alimento que preparaba. La princesa estaba segura de que reconocería un platillo elaborado por él con los ojos vendados. Estaba curiosa por saber cuánto se habría tardado en perfeccionar sus habilidades en la cocina, en la escultura, en la espada... se sorprendió a sí misma anhelando haber estado presente en todas sus facetas, durante todo el tiempo que no se vieron.
Link fue el primero en terminar su sopa y no pudo reprimir un enorme bostezo.
-Lamento ser descortés, pero estoy verdaderamente cansado - dijo mientras se restregaba los ojos - A penas recupere un poco de energía haré yo la guardia, ya he sido lo suficientemente insolente para permitir además que la princesa de Hyrule me cuide las espaldas.
-Buenas noches - le dijo Zelda con una sonrisa. Link entró en la tienda y ella se quedó a solas con la fogata y la penumbra que se pronunciaba con el pasar de los minutos. Terminó tranquilamente su sopa y apiló los trastes sucios para lavarlos por la mañana en un arroyo cercano, ni muerta iría a sumergir las manos en el agua gélida, menos a esas horas. La comida había hecho maravillosamente su trabajo, puesto que junto al abrigo que le habían regalado en Kakariko hicieron que todo rastro de frío desapareciera por completo. Ahora solo debía procurar mantenerse cercana al fuego. De su morral sacó el libro que trató de leer por dos semanas sin éxito - estaba demasiado atrasada en sus lecciones - y se mentalizó para poner toda su concentración en el bendito texto.
El grueso tomo trataba sobre las distintas hierbas mágicas, medicinales, comestibles y venenosas esparcidas por todo el reino, que para asombro de la princesa, eran muchísimas más de las que se podía imaginar y todas con usos específicos y diversos. Por ejemplo, había una extraña alga que crecía en el fondo del lago Hylia que florecía cuando la luna llena bañaba el centro del lago y al cabo de una hora volvía a ser un botón. El libro la describía como una hermosa flor de pétalos ovalados, en tonalidades violetas y rosas, era conocido como el lamento de la sirena. Cuando era una simple alga podía sanar la fatiga y la fiebre alta, pero cuando era una flor era capaz de causar enamoramiento o desinhibición, por eso era muy codiciada por las doncellas que pretendían enamorar a un galán o confesar con éxito sus sentimientos, muchas murieron ahogadas en el intento de alcanzar la tan ansiada flor, y por eso la sociedad de botánicos y herboristas había decidido nombrarla de esa forma.
Zelda se sorprendió por lo interesante del libro. Nunca creyó que una temática así captaría su atención, pero lo cierto es que llevaba bastante tiempo metida en el contenido del texto. No se dio cuenta de ello hasta que la luz comenzó a escasear, levantó su vista y vio que el fuego había perdido intensidad, se levantó para poner algo más de leña al fuego y el texto cayó al suelo haciendo un ruido seco. La chica chasqueó la lengua, había perdido la página en la que había quedado: abrió el libro en una página aleatoria y un hermoso dibujo a colores llamó su atención. Era una planta de hojas alargadas y plateadas, con una flor muy similar a un lirio, pero de color blanco invierno. Los ojos de Zelda escudriñaron la página en búsqueda de más información.
-Lágrima de invierno, esta planta solo crece los últimos días de la estación más fría del año. El jugo de sus hojas sirve como antídoto de diversos venenos, mientras los pétalos de su hermosa flor alivian los síntomas de las quemaduras dolorosas y mejoran notoriamente su aspecto... Es muy rara de divisar, los pocos ejemplares que han podido documentarse se han encontrado aledaños a los bosques perdidos... - Zelda miró a través de los árboles la espesa oscuridad que nublaba el sendero hacia el bosque. Tragó saliva, tal vez era un designio de las Diosas puesto que justamente se encontraban en los últimos días del invierno a pocos pasos de la entrada del bosque, pero no le apetecía demasiado perderse sola y de noche en un lugar oscuro y que no conocía.
Vamos Zelda no seas cobarde, sólo está oscuro - Trató de animarse. Miró la ilustración del libro, no le interesaban demasiado las propiedades de la planta, más bien estaba cautivada por lo hermosa que era su flor. No perdía nada con echar un vistazo, después de todo el mismo texto señalaba que era muy improbable encontrarla, la daban incluso por extinta. Miró hacia atrás, pero no había señales de Link por lo que supuso seguía dormido. Se concentró en la palma de su mano e invocó una esfera de energía anaranjada que brillaba tenuemente, le daba la luz necesaria para avanzar con seguridad y sin acobardarse por las penumbras de la noche. Caminó varios pasos hasta descubrir un camino cubierto por maleza y helechos, lo cruzó con dificultad y al doblar hacia la izquierda un enorme tronco abierto y hueco se presentó ante ella. Se introdujo en el tronco y se encontró con un puente colgante que había sido cortado por la mitad, y caía meciéndose a merced del viento nocturno. Zelda miró hacia abajo y notó que aún había hierba espesa y no era tan alta su posición, por lo que se dispuso a saltar, y cuando estaba a punto de hacerlo, una mano le agarró la muñeca, sorprendiéndola al nivel de un infarto.
-¿Estás loca? - Link la tenía firmemente agarrada. Ella suspiró del alivio al ver que se trataba de él - ¿Acaso quieres perderte y transformarte en un Stalfos?
-Yo, no... mi intención no era entrar al bosque.
-Estamos en el bosque - Corrigió Link. El hyliano miró a su alrededor y entornó sus ojos al divisar el puente roto por la mitad - Algo sucedió aquí.
Link saltó tal y como Zelda pretendía hacerlo, pero al verlo la chica supo de que era bastante más altura de la que había calculado, la hierba le llegaba a Link por la cintura.
-Ven, no pienso dejarte ahí sola. Si yo voy de guía no nos perderemos.
-No quiero caer y romperme una pierna - La princesa se agarró firmemente al tronco que hacía de pasadizo.
-No seas exagerada - Link alargó sus brazos - Yo te atraparé.
La princesa tragó saliva y saltó lo mejor que pudo, cayendo justamente como el chico le decía, en sus brazos. Cuidadosamente el rubio la bajó y ella arregló sus ropas.
-¿Estará bien que dejemos a los caballos y nuestras cosas abandonadas en la pradera? - preguntó Zelda, insegura.
-No te preocupes, los dejé resguardados en una cueva muy cerca de la entrada, no muchos conocen ese lugar - El Hyliano tomó de la mano a la chica y comenzó a caminar por la hierba alta. Zelda se sonrojó al contacto, era agradable sentirse protegida por él, no podía evitar que su corazón se acelerara. Subieron una escalera y cruzaron varios pasadizos similares al tronco de la entrada, y tal como Link lo había predicho, de seguro se habría perdido y convertido en un Stalfos: el lugar era un verdadero laberinto donde todas las entradas por todos los flancos parecían exactamente iguales. Link parecía saber dónde ir con precisión, y no era para menos considerando de que había vivido allí toda su niñez. Cruzaron un último tronco y se encontraron en lo alto de una cima rocosa llena de vegetación, a lo lejos se divisaban pequeñas casas con luces titilantes en su interior, muchas chimeneas lanzaban una estela humeante. Una pequeña figura encapuchada les cerró el paso cuando se disponían a bajar hacia el pueblo.
-¡Alto! - gritó aquella persona. Era cómico, puesto que por su voz y su apariencia, no era más que una niña. Link se acercó unos cuantos pasos sonriendo y se puso de cuclillas frente a ella.
-No me digas que no reconoces a un viejo amigo.
La niña se bajó la capucha, asombrada, creyendo que sus ojos la engañaban. Examinó al hombre frente a ella y los ojos se le llenaron de lágrimas de alegría, se abalanzó sobre él abrazándolo con tanta fuerza que Link se tambaleó un poco.
-¡No puedo creer que regresaste! - Las lágrimas corrían por sus mejillas, libres después de estar tanto tiempo guardadas. Se separó con cuidado de su amigo, y se limpió los ojos con las mangas de su capucha - Estás tan... alto.
Link se incorporó, claramente era un hombre formado. Su amiga Saria pertenecía a la tribu Kokiri, por lo que tendría esa apariencia de niña hasta la eternidad, y Saria era la única en toda la aldea que sabía que Link era realmente un Hyliano. La chica de cabello verde se fijó en la compañera de su amigo.
-Ella es mi amiga, la princesa Zelda - la presentó Link. La princesa lo miró con ojos desorbitados por haber revelado su identidad - No te preocupes, Saria es de confianza.
-Mucho gusto, Saria - le extendió la mano a la niña para saludarla, la kokiri sonrió y le estrechó la mano y en ese momento algo muy extraño sucedió: un haz de luz verde comenzó a brillar en torno a Saria, Zelda se asustó y le soltó la mano, mientras Link sacó su espada y comenzó a mirar hacia los alrededores.
-Saria... ¿Estás bien? - preguntó la princesa, preocupada. Saria parecía estar normal, pero aquella aura de verde traslúcido seguía rodeando su cuerpo.
-Lo estoy. Hay cosas que aún no saben, es un verdadero designio de las Diosas que ustedes estén acá.
Link y Zelda se miraron confundidos. Saria rió.
-Es mejor que se los explique en un lugar más acogedor y menos oscuro. Vamos a mi casa.
Los tres iniciaron un complicado descenso por la colina, complicado para la princesa a decir verdad, tanto Saria como Link estaban acostumbrados a las impetuosidades del bosque y se movían con soltura a través de la hierba y de los obstáculos del camino. Todas las casas de la aldea eran árboles adaptados como viviendas, Zelda no estaba habituada a nada de eso, pero la idea le pareció adorable. Link por su parte veía cómo la aldea había cambiado, no había nadie en las calles, las casas tenían medidas de seguridad adicionales como rejillas en las ventanas y todo parecía mortalmente silencioso. Definitivamente había algo extraño en el ambiente.
Entraron a una de aquellas casas, era completamente circular y tenía un mobiliario reducido y sencillo, los tres se sentaron en unas peculiares sillas que no eran más que vestigios de troncos con un simpático y mullido cojín.
-¿Qué está pasando, Saria? - Preguntó el rubio sin rodeos. La niña suspiró bajando la mirada, sabía que Link se daría cuenta de que algo estaba pasando en el bosque.
-El bosque perdido se ha llenado de monstruos, una horda de ellos cruzó el puente hace una semana. Logramos reducirlos, pero seguían viniendo, así que decidimos cortar el puente para que no tuviesen acceso directo a la aldea.
-¿Y qué hacías afuera a estas horas? ¡Pudo haberte pasado algo!
-Tuve un sueño - La kokiri se levantó y miró a la castaña directamente a los ojos - En ese sueño te veía venir, princesa, aunque venías sola y por eso me sorprendió ver a Link. Antes de morir, el árbol Deku me reveló mi destino, y que estuviese siempre lista para cuando la princesa de Hyrule requiriese mi ayuda.
-Creo que estoy un poco confundida - se sinceró la princesa - ¿A qué destino te refieres? ¿Qué ayuda podría necesitar yo?
-Lo que está ocurriendo con la legión del sur no es sólo diplomacia entre reinos- le reveló la niña. Zelda se asombró. ¿Cómo podría ella saber algo de eso? - Hay algo muy oscuro que está maquinándose en esos reinos lejanos, más allá del desierto. Parece que aunque se apresó a Ganondorf el mal no se ha extinguido por completo, y se requerirá nuevamente ayuda de los siete sabios.
Algo en Link se había removido al escuchar nombrar a los "siete sabios", es como si Saria hubiese lanzado una piedra al estanque de su memoria, removiendo todos sus recuerdos, proyectando visiones de su travesía en una temporalidad paralela. Comenzó a dolerle un poco la cabeza, recordaba algo sobre aquellos siete sabios, pero de manera nublada y parcial. Saria pareció notarlo.
-No te esfuerces por recordar - le dijo a su amigo, preocupada por el semblante que tenía. Volvió a mirar a la princesa, quien también parecía profundamente perturbada - Yo tuve que digerir todo esto en muy poco tiempo. Somos seis los sabios que te ayudaremos en la cruzada para detener los planes de quien sea esté maquinando el plan que atenta contra el reino, seremos los encargados de sellar todo el mal que queda.
Saria sacó del interior de su túnica un medallón que colgaba de su cuello, era verde y con un grabado con cuatro ondas en su interior. Se lo quitó y lo depositó en la mano de la princesa.
-Los medallones tienen la facultad de repeler el mal. Si su intención es ir hacia el sur, debe reunirlos todos para que la cuiden de toda la oscuridad de ese lugar. Si va hacia allá desprotegida, no quiero pensar en qué podrían hacerle...
Zelda buscó algo entre sus ropajes, y sacó un medallón similar de color morado, con un triángulo al centro rodeado por tres círculos.
-Este medallón me lo dio Impa antes de salir, pero no quiso explicarme nada. Tenía que salir cuanto antes del castillo.
-Entonces solo faltan cuatro - Intervino Link. Tenía una expresión muy rara en su rostro.
-Conoces el pasadizo secreto que hay en el bosque hacia la montaña de la muerte. Darunia, el jefe de los gorons, es el poseedor de uno de los medallones - Dijo Saria.
Se despidieron de Saria con la intención de regresar al bosque perdido e ir directamente a ver a Darunia. Zelda comenzó a avanzar sin notar que Link se había quedado parado, contemplando hacia otra dirección, ella siguió su mirada y se encontró con una casa que al igual que todas tenía un árbol como estructura.
-¿Era tu casa? - Link asintió - ¿Quieres ir a ver?
El rubio lo meditó un momento, pero finalmente negó con la cabeza. En sus ojos había un pesado manto de nostalgia que no quería revivir. Zelda lo sabía, siempre fue un chico solitario a quien el peso de no tener un hada como todos los kokiris le dolía de sobremanera. Además, extrañaba a su compañera Navi, quien fue como un bálsamo a sus frustraciones más primigenias. La princesa elevó una de sus manos y la posó sobre una mejilla del joven, quien inmediatamente dirigió sus ojos hacia los de la chica, se miraron por un largo tiempo, comunicándose con el silencio, como siempre habían hecho. Finalmente Link le sonrió, tomó la mano que la princesa había puesto en su mejilla, y le besó los nudillos. Sin soltarle la mano comenzó a caminar hacia la colina.
-Vamos, será mejor que vayamos mañana donde Darunia, ya es bastante tarde - dijo el rubio.
Subieron la colina hacia el pasadizo que llevaba a los bosques perdidos, Link tuvo que esperar un poco a la princesa a quien le costaba un poco más sortear tanto obstáculo para llegar a la cima, pero al cabo de unos minutos lo logró. Entraron al laberinto y comenzaron a dar vueltas en él, entrando aleatoriamente a los troncos, pero Zelda pudo notar que no llegaron donde habían empezado. Llegaron a un prado con bastante menos vegetación, Link se adelantó y comenzó a subir una escalera que llevaba hacia la parte superior de ese nuevo laberinto.
-¿No se suponía que no iríamos ahora a la montaña de la muerte? - Preguntó confundida.
-No vamos hacia allá, pero quiero mostrarte algo - la muchacha siguió a Link, y también subió las escaleras.
Caminaron un corto trecho un sendero serpenteante, hasta que llegaron a una zona hundida en la que había un agujero bastante ancho. Sin decir nada Link se lanzó por el agujero y Zelda profirió un grito ahogado, se acercó al borde y trató de mirar.
-¡Salta! - Le escuchó gritar, pero no lograba ver nada.
-¡Estás demente! - Le respondió. Ni loca se lanzaba por un agujero que saben las Diosas donde la llevaría.
-¡Confía en mí!
Zelda suspiró, no le quedaba más remedio que seguirle la corriente. Titubeante se acercó aún más al agujero y saltó cerrando los ojos, ya sentía el golpe en el suelo y todos sus huesos quebrándose en el choque... pero nada sucedió. Abrió los ojos y vio como lentamente caía por una superficie -al parecer encantada - que amortiguó su caída con elegancia.
-Tienes que aprender a confiar más - Link le ofreció la mano, ella la tomó con gusto.
-¿Si alguien te dice que saltes por un precipicio del que evidentemente no saldrás vivo, saltarías? - Sabía que estaba exagerando, pero a veces Link olvidaba que ella no era tan intrépida.
-Yo saltaría por ti.
Zelda se quedó de piedra un momento, ¿Había escuchado bien? ¿O tal vez estaba malinterpretando sus palabras como siempre solía hacerlo?. Link no mostró ningún cambio en su semblante, y era precisamente por eso que muchas veces ella no sabía cómo tomar las cosas que él le decía... ambos caminaron por un oscuro pasillo que tenuemente se iba aclarando, llegaron al final y Zelda no pudo más que maravillarse por lo que sus ojos le mostraban. Una gran fuente de agua encantada se imponía ante ellos, majestuosa y grácil, estelas de magia flotaban por todo el lugar con brillos intensos y singulares que se reflejaban en el agua cristalina, haciendo que todo el ambiente pareciese un bello conjuro. Lo más impresionante sin embargo eran las decenas de hadas en tonalidades frías que revoloteaban por la habitación, al sentir la presencia de Link quien empezó a caminar por el agua de la fuente se arremolinaron alrededor de él tocando su cuerpo con sus pequeñas extremidades, y riendo como si hubiesen esperado a Link por años. Él le hizo una seña para que se acercase, y al entrar al agua las hadas también volaron alrededor de ella haciéndole cosquillas, al mirarlas de cerca pudo ver lo hermosas que eran, unas delicadas criaturas con forma de mujer que brillaban con aura propia, y sus pequeñas alas etéreas les daban un aire dulce e inocente. Al llegar donde Link se encontraba pudo notar como todo el cansancio y la fatiga abandonaban su cuerpo, sentía que flotaba.
-Este lugar es maravilloso - No pudo evitar mencionar. Link le dedicó una sonrisa sincera - ¿Qué es este lugar?
-Las hadas del bosque son muy codiciadas por sus propiedades curativas, es por eso que ellas huyen del contacto con las personas y se esconden en los lugares más recónditos - Alzó su mano y una pequeña hada violeta se posó en su dedo índice - Por todo Hyrule existen estas fuentes escondidas. No tenemos ninguna mala intención, por eso ellas no se asustan de nosotros.
Es cierto que la princesa estaba extasiada con toda la belleza y magia que emanaba del lugar y de las pequeñas hadas que les hacían compañía, pero quien estaba más maravillado era Link. No podía dejar de mirarla, sus ojos brillaban con las estelas de magia que flotaban alrededor de ella, seguramente la magia la reconocía al ser una hechicera. Las hadas la hacían reír, embelleciendo aún más la fuente con su hermosa sonrisa, su piel pálida se iluminaba con los fríos tonos que emanaban las hadas, se sentía afortunado de estar presenciado ese espectáculo, de tenerla a su lado para admirarla como una joya invaluable.
La amaba, por las Diosas podía jurarlo, su corazón latía desbocado al verla tan feliz con algo tan simple, como ella misma que a pesar de ser de la realeza, evocaba humildad y sencillez. Tenía ganas de abrazarla y no soltarla, de quedarse ambos allí en el bosque y olvidarse de todo lo demás, de evitarle el sufrimiento y el agotamiento que aquel viaje supondría. Zelda lo miró un segundo con aquella sonrisa intacta y fue en ese entonces que no pudo evitarlo, la tomó de la cintura suavemente mientras ella cambiaba su semblante a uno confundido, pero cuando él se acercó lo suficiente para que sus alientos chocaran y se mezclaran como aquella noche en el sofá, la princesa no hizo más que sonrojarse y entregarse a sus brazos.
Link no podía definir cuánto le gustaba su rostro, sus ojos, sus pestañas, su nariz puntiaguda y aquellas pequeñas pecas que tenía sobre ella. No sabía por dónde comenzar a describir lo que en su pecho crecía sin parar, no podía evitar que aflorara el amor que sentía por ella hace ya tanto tiempo. Nuevamente se estaba comenzando a formar ese nudo en la garganta que le impedía vivir en paz. Tenía que decírselo, tenía que soltarlo antes de que la amargura lo consumiera. Subió las manos desde la cintura de la chica hasta sus mejillas, ella cerró sus ojos y puso sus manos sobre las de él, en una silenciosa invitación. Link no pudo más, y en un arrebato posó sus labios sobre los de ella.
Ambos parecían haber dejado de respirar, Link estaba comenzando a arrepentirse de su impulso hasta que sintió los labios de la princesa moverse sobre los suyos, correspondiendo su beso. El corazón le latía tan fuerte que le dolía, los labios de ella eran tan dulces y suaves, parecía que le otorgaban el calor que le faltaba a su vida. Se separó un poco de ella para observarla un momento, seguía con los ojos cerrados, pero estaba aún más sonrojada y con los labios ligeramente húmedos, la besó nuevamente pero esta vez abriendo los labios, pasando su lengua por los de ella, a lo que la princesa respondió dejándolo entrar a su boca. Comenzó a saborear sus labios, a tocar ligeramente con la punta de su lengua la de ella, hasta que Zelda se sintió con la suficiente confianza para hacer lo mismo.
Al cabo de un rato, aquel simple beso de al principio había mutado en algo completamente distinto, ni siquiera con Malon pudo besarse así alguna vez. Las lenguas de ambos se enredaban, danzando, tocándose, mientras degustaban la boca del otro como si fuesen incapaces de saciarse. Link decidió ir un poco más allá y mordió ligeramente el labio inferior de la chica, quien no pudo evitar soltar un leve gemido. Al escucharlo, la estrechó más contra su cuerpo, profundizando más el beso y sintiendo de paso como los pechos de Zelda se pegaban a su torso, su cuerpo comenzaba a mostrar las primeras señales de excitación, por lo que decidió separarse de la chica antes de cometer una estupidez.
Zelda lo miró sin saber qué sucedía. Sus labios estaban rojos y húmedos de tanto besar, sus mejillas estaban adornadas con un adorable tono carmesí y su pecho subía y bajaba más rápido de lo normal.
-Es mejor que regresemos - Link trataba con todas sus fuerzas controlar sus impulsos. No quería por nada del mundo faltarle el respeto a la princesa, aunque sentía que ya lo había hecho.
Zelda no dijo nada, sólo se limitó a seguirlo todo el camino en silencio.
Cuando llegaron a la cueva en la que Link había dejado a los caballos todo estaba muy oscuro, así que Zelda conjuró una bola de energía que dejó suspendida para que iluminase el lugar. La tienda era lo suficientemente espaciosa como para caber en la cueva, así que el muchacho no perdió tiempo y comenzó a armarla. Zelda se quedó parada observándolo un momento, no pudo contenerse de preguntarle aquello que le oprimía dolorosamente el pecho.
-¿Haces lo mismo con todas las chicas? - Le preguntó. Su voz triste hizo eco en toda la cueva.
-¿A qué te refieres? - Link arrugó el ceño, no comprendía.
-Pues dime tú - La princesa puso sus brazos en jarras, la ira estaba empezando a invadirla - ¿Te parece divertido besar a toda aquella chica que se cruce ante ti?, ¿O es que acaso actúas por instinto como un animal salvaje?
Las palabras de Zelda le dolieron como un puñal. Precisamente había frenado su actuar o no habría podido detenerse después, pero la princesa parecía molesta por ello ¿No le importaba ser mancillada por un simple campesino?.
-No quiero faltarte el respeto. Eres la princesa de Hyrule...
-¡Eso siempre lo has sabido! - ella parecía realmente dolida.
-Discúlpame - Link se levantó. Se estaba dando cuenta de que besarla tan abruptamente había sido un gran error. ¿Cómo podía explicarle aquel beso sin exponer sus sentimientos? Tal vez lo mejor era que Zelda siguiera creyendo que él era un mujeriego...
Zelda limpió rápidamente las lágrimas que brotaban de sus ojos. Le dolía tanto su actitud... no respetaba el hecho de que habían sido amigos tantos años y de que compartían aquella conexión especial que sólo los dos conocían, al parecer ella era un pedazo de carne más... como Malon, como todas las chicas del reino, por eso no le había importado irse hace años sin decirle palabra alguna. Su corazón estaba tan herido que rápidamente el orgullo comenzó a invadirla como una coraza, y cegada por el dolor decidió crear un muro de hielo entre ella y el rubio. Estaba dispuesta a olvidar sus sentimientos y no dejar que él volviese a dañarla.
-No te disculpes - Zelda caminó hacia la tienda y antes de entrar, se volteó - No volverá a suceder.
Sin decir nada más, la princesa se metió en la tienda, y la bola de luz se disolvió dejando todo en penumbras.
Pues sí... más y más malos entendidos, puede que les aburra tanta vuelta que le doy a la relación de estos dos, que se aman y se ahogan en un vaso de agua, pero quiero que sepan que es necesario tanto drama para el desarrollo de la historia. Espero que les haya gustado la aparicion tanto de Nabooru como de Saria y que les haya quedado clara la explicación de los medallones, de todas formas puedo explicarlo mejor al responder sus reviews. Cumplí mi promesa de actualizar antes de Navidad, y ahora les prometo hacerlo antes de año nuevo (dentro de todas mis posibilidades...).
Gracias a todos quienes se han sumado a mi historia y me han dejado un comentario, y también a quienes me leen entre las sombras. Un saludo especial a Goddess Artemiss quien me ha cautivado con su bonita historia, aunque es bastante larga y me está costando leerla por asunto de tiempo, la terminaré (aunque sea el otro año, jaja).
Para quienes les interesa... cuando era pequeña dibujaba, y ahora estoy tratando de retomarlo. Dejé un dibujo ZeLink que terminé de hacer hoy, sé que me falta bastante, pero estoy tratando de volver a entrenar mi mano. La dirección en que pueden verlo es .com, también son bienvenidas las críticas constructivas.
Besos y nos leemos!
