!Hola!
Primero que todo, quiero pedirles perdón por el retraso. Tenía estipulado actualizar cada 5 días, sin embargo terminé poniendo los capitulos cada dos o cada cuatro; Eso como premio. Pero con este chap, me tardé 6, espero que entiendan que es el doble de largo y varías neuronas perecieron en su honor.
!GRACIAS POR LOS REVIEWS!
Al final nos vemos que pondré algunos "Avisos parroquiales"
!A leer!
4. Energía Espiritual
Ahome se quedó en blanco sobre el césped durante la improbable cantidad de tiempo que se tardaron las distintas especies de bichos en seguir el aroma del pescado envuelto y rodearlo. Cuando las moscas empezaron a molestarla, pudo reaccionar por fin y se alejó varios metros de la comida que tanto trabajo le había costado conseguir y que ahora se echaba a perder sin más que un intento de homicidio a modo de agradecimiento.
Después, sintió deseos de proferir un grito que lograra taladrar los sensibles oídos del único ser pensante que compartía espacio con ella en aquel mal nacido bosque. Se contuvo.
Sesshomaru había intentado asesinarla, estaba segura. Sin embargo, después de tomarla del pescuezo y sostenerla por el aire, la había mirado de una forma tan… tan… -se estremeció notablemente al recordar ese momento que ahora parecía solo fruto de una fantasía lejana- tan… increíble que la había hecho olvidar de sus principios más básicos. La cordura por ejemplo, había quedado relegada en un plano menos importante en aquel momento. Por lo que cuando su cerebro pudo procesar de nuevo la angustia latente en cada poro de su piel, sintió ira hacía sí misma. Por su descuido, por que sabía que no había intentado salir con suficiente fuerza, por Inuyasha y por lo que ella había sentido cuando su hermano la miró absorbiéndole el alma.
Sus ojos se llenaron vergonzosamente de lágrimas furiosas. Odiaba llorar cuando sentía ira, pero era inevitable. Deseaba destrozar algo, patear lo que fuera y ante la imposibilidad de golpearse por sus propios métodos se enfureció aún más.
A quinientos doce metros de distancia, Sesshomaru la observaba entre los matorrales, irritado al descubrir que ella tuvo razón cuando afirmó que algún tipo de sortilegio lograría hacerlo caminar en círculos.
Empezaba a perder la batalla contra la parte de su mente que no quería afrontar la situación de hace rato, cuando se percató de que el aire a un metro de la sacerdotisa pareció alterarse. Se quedó mirando fijamente el punto donde una corriente de viento, normalmente invisible, ahora parecía haber tomado forma… y color.
Ahome logró componer su rostro y no dejó resbalar ni una sola de las lágrimas que nublaban su vista, se limpió con resolución, pero la ira no cedió ni un ápice. No sabía lo que hacía, solo sabía que tenía tanta, tantísima rabia que quería dejarla fluir.
Sintió como por sus venas pasaba la sangre tibia y alterada y se percató del resplandor suave y rosado que se apoderó de su piel. "Ahí estás cuando no te necesito" pensó una vocecita sarcástica en su interior, recordando cómo pudo purificar la herida de Inuyasha en su debido momento y no lo hizo.
Ahora su poder se extendía a la par con su rabia y supo que en aquel momento podría purificar al mismísimo Naraku si se atrevía a tocarla. Al recordar al demonio, su malestar se elevó tanto que solo encontró tranquilidad en imaginar las diferentes formas de destruirlo.
De pronto, una suave brisa la rodeó y ella se giró abstraída como buscando su origen. Los ojos casi se le salieron de las orbitas cuando se encontró, casi encima suyo, con un nubarrón rosado de poder que alteraba el ambiente de forma extraña. Su asombro fue tal, que olvidó sus pensamientos arrebatados e irascibles y trató de acercarse al nubarrón de energía pura, que empezó a desvanecerse a medida que ella se aproximaba.
Sesshomaru observaba la escena con rostro de piedra, mientras que cada parte de su consciencia se llenaba una desagradable sospecha. Segundos después, la energía se disolvió del todo y solo quedó la mujer.
Ahome estaba anonadada. No había entendido del todo lo que había visto pero al menos su ataque de rabia había desaparecido sin dejar muchos estragos. A lo lejos podía sentir la presencia de Sesshomaru que ya no le costaba mucho trabajo ubicar. Ahora podía percibirla tan fuerte y latente como los mismísimos fragmentos de Shikon. Eso no ayudaba a desvanecer el fuego interno que la monopolizaba cuando recordaba aquella mirada, saber que él se encontraba tan cerca solo servía para incomodarla y confundirla aún más.
Sesshomaru calibraba tantas posibilidades al tiempo que parecía escuchar un zumbido eterno e imparable dentro de su cabeza.
Ya era el momento de dejar ese sitio. El paso por el portal lo había debilitado increíblemente, y no contaba con ninguna de sus espadas: Tokiyi se había estacado en la tierra después de repelerle, y colmillo Sagrado había sido olvidada junto al cuerpo de Inuyasha. Pensó que la única forma de volver era creando algún tipo de campo de energía lo suficientemente poderoso como para abrir una grieta en la dimensión en la que se encontraba y conectarla con aquella a la que pertenecía.
Para crear aquel campo podría recurrir a los poderes inigualables de su maravillosa espada Tokiyi. Pero la idea era inmediatamente obsoleta por obvias razones. No había forma por tanto, de salir de ese sitio si no era creando una grieta poderosa con su propia energía. Eso era bastante complicado si quería abrir el agujero y seguir con la suficiente fuerza como para atravesarlo.
Pero su mente se había alterado al percibir la corriente de poder sagrado que se formó en torno a la mujer. Era poderosa, él lo había sentido en todo su esplendor. Supo incluso, que el olor de la mujer cambió en aquel momento por uno más… peligroso. Si hubiera intentado tocarla, seguro le habría costado trabajo. De cualquier forma sus poderes no podían compararse. Él era superior en todos los sentidos.
Pero, ¿Por qué la sacerdotisa había hecho gala de sus poderes ahora y no antes? ¿Cuál era la diferencia? ¿Por qué no se defendió cuando él intentó atacarla? No entendía. Pero sospechaba que algo debió ocurrirle después de que él –en un acto que aún no quería explicarse- le había perdonado la vida. Algo tuvo que cambiar en ese breve lapso de tiempo.
No quería verla, no quería estar cerca esa sacerdotisa hasta que hubiera aclarado del todo su actitud de hace rato. Sin embargo, la curiosidad lo había embargado desde que presenció la extraña muestra de energía espiritual que la mujer despidió. Al observar aquello, una teoría se había gestado en su cabeza con asombrosa rapidez y era elemental confirmar su valía. Lo que no le gustaba era que necesitaría a la humana para llevar a cabo su experimento.
"Un experimento" pensó alguna parte suya con sarcasmo "fue lo que me hizo devolverle la vida a Lin".
Después de permanecer tan rígido como los robles, se adelantó en menos de dos latidos hasta el sitio donde se encontraba Ahome.
Ella lo miró confusa y algo en su estomago se desinfló al comprobar que su mirada volvía a tener el tono glacial de siempre. ¿Qué querría, concluir lo que inició hace rato? Ahora no permitiría que la tocara.
Sesshomaru la observó con la seriedad de siempre y la convicción de saberse superior marcada en cada partícula de su cuerpo. El hecho de que ella permaneciera aún sentada, combinado con la realeza implícita en la presencia de Sesshomaru, hacía de la escena una similar a la que hubiera representado un súbdito doblegado por su rey.
Ahome se sintió observada por debajo del hombro y su orgullo la picó de tal forma que antes de darse cuenta estaba de pie sosteniendo la poderosa mirada de Sesshomaru. El hecho de que él le llevara más de una cabeza de estatura no ayudó mucho. Sin embargo, su mirada se llenó con el valor y convicción que la caracterizaban.
Luego, fue ella quien contra todo pronostico, habló.
-¿Qué deseas Sesshomaru? ¿Atacarme de nuevo? O prefieres despotricar un rato acerca de la insignificante comida que preparé para ti. –Estaba dolida y había decidido no volver a intimidarse con la presencia del Youkai.
Él guardó silencio. Esperando.
Ahome empezó a enfurecerse y decidió atacarlo un poco. Al diablo con el peligro, si la embestía, pues que se atreviera. Ella purificaría su estúpida superioridad.
-Ah, ya veo- continuó sarcástica- Has venido a plantarte como una estúpida roca frente a mí porque no tienes los…-pensó en decir "huevos" pero no lo hizo- colmillos para admitir que no eres capaz de salir de este sitio y que te perdiste como yo había vaticinado.
Eso lo tomó por sorpresa. No esperaba que la mujer se hubiera percatado de que él no se alejó tanto como quería porque no pudo hacerlo. El comentario lo había picado, pero tendría que tener un poco más de paciencia. Mantuvo como siempre, una expresión indescifrable.
Después de unos segundos de prevenido silencio, en los cuales Ahome decidió que él parecía no tener deseos de degollarla por lo que dijo, cambió gradualmente la tonalidad de sus sentimientos y la furia se fue arrastrada por una cálida brisa.
-De verdad que no entiendo nada de lo que haces. Es como si dentro tuyo vivieran dos personas completamente distintas.- Dijo Ahome mientras desviaba la mirada de forma inconsciente. Empezó a pensar en voz alta- Siempre has sido agresivo y letal, sin embargo nunca te he visto hacerle verdadero daño a Inuyasha. De hecho, nunca te he visto matando algo que no sean demonios, y la pequeña Lin…-Dejó el comentario al aire.
Después de un pequeño suspiro mental, continuó- Luego, termino aquí contigo; sin saber cómo llegué, ni como salir, sin saber nada de Inuyasha-Musitó mientras bajaba poco a poco el volumen de su voz- Y finalmente tú intentas hacerme daño, después de rechazarme y me miras…-Ahome se interrumpió y buscó la dorada e indolente mirada de Sesshomaru.- De aquella forma.-concluyó con tono indescifrable.
Él mantuvo un silencio hermético y la observó durante varios segundos. Ella lo miraba fijamente, buscando sin saberlo, algún resquicio de la increíble mirada que él le dedicó minutos atrás. El silencio tenía sonido y el aire pesaba como el agua. Ahome empezó a flaquear cómo se le estaba volviendo costumbre después de permanecer mucho tiempo frente a los ambarinos ojos de Sesshomaru.
-Dime, sacerdotisa…-empezó él por fin.
-Mi nombre es Ahome.-le interrumpió ella con tono frío.
Sesshomaru sintió cómo alguna parte de su grandeza le gritaba que debería sentirse ofendido por aquella insolencia. Sin embargo continuó, haciendo oídos sordos. –Dime, ¿Qué estabas sintiendo hace unos minutos cuando dejaste fluir tus energías de aquella forma?
Ahome lo miró confundida y ofendida respectivamente. Confundida porque no entendía porque él podría interesarse por lo que sea que ella hubiera sentido después de su ataque y porque era evidente que había estado observándola. Ofendida por la clara omisión que Sesshomaru hizo de su nombre, aún habiéndoselo aclarado.
-No te importa. –Contestó altiva- Lo que yo sienta es asunto mío. Nunca te has preocupado siquiera por llamarme correctamente, no veo porque podría interesarte si me enfurecí ó no después de tu grosería.
-Así que fue furia lo que sentiste- No era una pregunta- ¿Y fue por mi causa?- Cuestionó él con mofa.
"Maldición" pensó Ahome. Le había contestado lo que quería saber sin darse cuenta. Que tonta.
-De todas formas no es tu asunto Youkai- Aseveró ella resaltando letra por letra de la última palabra. No pensaba volver a llamarlo por su nombre hasta que él hiciera lo propio. Un poco infantil, pero que más daba. – Además no tengo tiempo que perder con tus repentinos embates de interés hacía mí. Ahora debo encontrar la forma de salir de este sitio para salvar a mis amigos.
Luego, se dio la vuelta dando por finalizada la conversación.
Sesshomaru se quedó tan quieto como siempre, luchando entre el impulso de cortarle la lengua por su impudicia o dejarla vivir solo un rato más para comprobar su teoría y salir de ese jodido bosque de una vez. Decidió dejarla con vida.
-Sé como salir mujer-Lanzó él con voz parsimoniosa y algo tentadora. Ahome detuvo en seco el píe que acababa de alzar con la intención de movilizarse, pero no se giró.
-Habla- Dijo ella con el tono más helado que había empleado en su vida. No quería que él la confundiera de nuevo.
-No te atrevas a darme ordenes, tú, tan insignificante y débil. – Aseveró Sesshomaru con voz baja, siseante y peligrosa. ¿Esa mujer no sabía la cantidad de veces que se había salvado? Aún seguía tentando su suerte con tanta insolencia. Empezaba a colmarle la paciencia.
Ahome se giró tan rápido que generó una brisita traviesa que agitó los cabellos platinados de Sesshomaru.
-No soy débil. –Murmuró entre dientes con la mirada baja. Luego, levantó la vista y lo enfrentó con ojos de fiera- Y si tú quieres tener una maldita conversación civilizada te sugiero que dejes de enfurecerte por cada cosa que te dicen. ¡No te di ninguna estúpida orden! Si quieres decir algo ¡DILO Y YA! – Estaba harta. Si en realidad tenía una solución, que la escupiera de una puta vez. No había tiempo para enojarse por el tono de voz que usaba ella para hablarle ni para confundir una simple motivación a que continúe con una orden.
Sesshomaru frunció el entrecejo y empleó la mirada más aterradora que tenía. Esa con la que espantaba a los Demonios más feroces. Pero ella no bajó la cabeza ni un poco y siguió observándolo con resolución y… algo de impaciencia.
-No me intimidas.-Atajó Ahome. Sorprendentemente era cierto. Algo en el fondo de su ser, que había empezado a gestarse desde que él la miró bebiéndole la vida, le indicaba que Sesshomaru no sería capaz de hacerle daño. Ya no.
Él leyó su expresión y no pudo oler el miedo. La sacerdotisa decía la verdad.
-Seguro que podría hacerlo- contestó Sesshomaru. – Si sigues así de irrespetuosa al dirigirme la palabra, terminarás por colmar mi paciencia. Sé que no querrás ver eso.
La límpida imagen de su mirada increíble de hace rato empezó a palidecer frente al tono mortífero de sus palabras. Ahome se aferró con fuerza a ese recuerdo y de nuevo luchó contra su sexto sentido de autoprotección al no sentirse asustada por su advertencia.
-¿Podrías decir de una vez por todas cómo saldremos de aquí?-Dijo ignorando deliberadamente los últimos 5 minutos de charla.
Sesshomaru casi suspiró rendido. ¿De que estaba hecha esa mujer? ¿De imprudencia? Parecía que ella sabía, de algún modo, que él en realidad no tenía intenciones de dañarla.
Después de un corto silencio. Contestó.
-Necesito que utilices tu energía espiritual cómo hiciste hace rato.
Eso la tomó por sorpresa. -¿Por qué? ¿Ayudará de alguna forma?
"Que tonta es" Pensó Sesshomaru rodando los ojos mentalmente.- ¿Qué clase de sacerdotisa eres mujer? –Dejó la pregunta al aire. Tendría que explicarle. Tomó aire y empezó.- Si utilizas la cantidad suficiente de energía podrás abrir una grieta en el tiempo y espacio en que te encuentras, si ese no es aquel del que provienes. Tú energía espiritual buscará su eje natural y luchará por volver a tu sitio de origen. Es algo sencillo de entender y por demás lógico.
Ahome se quedó patéticamente confusa "¿Qué demonios había dicho?"
-¿Qué demonios dijiste?- Espetó haciendo materiales sus pensamientos. Últimamente estaba utilizando tantas palabras obscenas que matarían a Inuyasha de risa y orgullo.
Sesshomaru la miró con impaciencia ¿tan tontos eran los humanos? Él sabía que no. Aquella mujer debía ser un caso especial.
-No repito. Si deseas entender, recuerda lo que dije y esfuérzate por hacerlo. –Dijo con tono neutro.
"Sí serás cabr…"
-Ahora, necesito que te enfurezcas de nuevo y dejes fluir tu poder espiritual.- Continuó Sesshomaru interrumpiendo el rumbo de pensamientos de Ahome.
Ella reprimió un insulto y lo miró confundida. De pronto, la extraña explicación que él le dio, empezó a tomar un poco de sentido… solo un poco.
-O sea… que si dejo fluir mi poder espiritual, con suficiente potencia ¿podré regresar con Inuyasha y los demás?
Algo dentro de Sesshomaru deseó rugir de furia.
-¿No puedes dejar a ese hibrido fuera de alguna de tus conversaciones?- Preguntó con veneno en la voz.
Ahome estaba a punto de dejar fluir su enojo, pero se detuvo en seco al reparar en la pregunta de Sesshomaru- ¿Acaso te interesa lo mucho que yo hable o no de Inuyasha?
Él se quedó en silencio, calibrando la profundidad no acordada de la pregunta que le había hecho la mujer. La miró durante unos segundos, olvidando el tema de la energía espiritual y dejándose embargar de nuevo por la calidez del deja vu.
Se permitió de nuevo, ver en ella lo que había visto hace rato, aquello que le impidió de una vez por todas hacerle daño. Casi inmediatamente el ritmo cardiaco de Ahome se aceleró. Sesshomaru no lo entendió. El aire no olía a su miedo, ella no estaba asustada ¿Por qué le latía el corazón más rápido?
La razón por supuesto, era que él la miraba de nuevo de aquella forma.
Sesshomaru realmente estaba en terreno desconocido. Algo dentro de su pecho, muy cercano a su ego, le susurraba que debía sentirse satisfecho por el sonido que despedía el pecho de la mujer. Así que al final, no supo por qué, le contestó.
-Si. Me molesta que lo menciones todo el tiempo.
Bum, bum, bum, bum. El corazón de Ahome se salió completamente de control. Sesshomaru entendió.
Ella estaba sin palabras. Él le estaba dedicando aquella mirada de nuevo. ¿Cómo era posible que él no hubiera escuchado las furiosas mariposas que desgarraban su estomago? Seguro, si no las escuchaba, su corazón la delataría sin duda.
-¿Por… por que podría interesarte aquello?-musitó ella al fin, con voz temblorosa.
-No lo sé.- Sí lo sabía. Pero no quería saber que lo sabía.
Aún la miraba de aquella forma. Dentro de poco le sería imposible conectar correctamente las ideas. ¿En que momento la conversación se había desviado de esa forma?
Ambos guardaban silencio, sumidos en sus propias emociones. Sesshomaru realmente no sabía porque estaba diciendo lo que estaba diciendo. Era la primera vez en su vida que no sabía algo de su propia actitud. Normalmente él medía cada palabra, cada acción… todo en su vida estaba milimétricamente calculado y analizado. Pero con aquella sacerdotisa, todo parecía cuestión de impulsos.
Se sentía extraño, diferente cuando estaba con ella. Era como compartir tiempo con Lin solo que… la sacerdotisa no alababa cada cosa que él decía, ni acataba cada orden. Lo enfrentaba y recién había descubierto que no le temía. Finalmente, acababa de comprobar que su corazón latía por él, por la forma en que él la miraba. Eso… le hacía sentirse extrañamente elogiado.
Él la miró durante largo rato en completo silencio. Algo había cambiado. Supo que nunca sería el mismo después de lo que estaba a punto de hacer, pero sentirse diferente era tan… agradable, que quiso dejarse llevar por el extraño calor que lo embargaba.
Cambió su mirada, por una más devoradora, más penetrante, más hambrienta. Y la observó completamente por primera vez, analizando cada detalle y profundizando en él. Grabando su olor para no olvidarlo jamás.
Ahome casi sufrió un colapso. Sesshomaru no solo había derretido el hielo de su mirada, sino que la había reemplazado por lava ardiente. En ese irreal momento, ella pudo leer cada uno de sus pensamientos y él pudo leer que ella lo leía. Era como un espejo reflejando el infinito. Ambos habían abierto las puertas de sus almas para el otro y se estaban introduciendo parsimoniosamente en medio de miradas lánguidas y reales, pero inciertas.
Él grababa cada parte del rostro de Ahome en su memoria. Más tarde sería de nuevo el poderoso Youkai. Ahora, solo quería ser aquel que recibía esa mirada por parte de una mujer. Supo que ese momento quedaría grabado a fuego en su memoria y que no quería que ella mirara jamás a nadie como lo miraba a él. Esa mirada era suya. Ella era suya, porque él la había observado, la había detallado y la había reconocido como compatible.
-Sí.-Dijo Sesshomaru al fin, después de largos minutos de silencio.
Ahome tuvo que dejar pasar varios segundos para procesar el hecho de que le estuvieran hablando.
-¿Sí… qué?- Murmuró confundida y agradecida de que él no cambiara la forma de mirarla por el hecho de estar hablando.
-Sí, si dejas fluir tu poder espiritual con suficiente potencia, podrás regresar con tus amigos.-contestó Sesshomaru con voz suave.
Ahome casi había olvidado la pregunta que había desencadenado aquel sorprendente juego de miradas mudas. Con reticencia, obligó a su conciencia adormilada a despertar.
-¿Debo enojarme entonces?- preguntó con voz pastosa.
-Puede ser. Aunque creo que no necesariamente. Déjame probar algo.- Susurró Sesshomaru ardido de ansiedad por llevar a cabo un experimento más. Entonces, levantó la mano y la acercó al rostro de Ahome, sin esperar su aprobación por supuesto.
Él corazón de Ahome latió increíblemente aún más rápido y su respiración empezó a agitarse en consecuencia. Era ridículo tratar de disimular aquello, y a falta de más sangre para bombear, su cuerpo empezó a iluminarse con un suave resplandor rosa.
Sesshomaru esperó unos instantes para deleitarse con el martilleo del pecho de Ahome y luego posó su nívea mano sobre la mejilla de ella. Casi se tambaleó por la corriente eléctrica que logró transmitirse por medio de su mano.
Ahome despidió una fuerte cantidad de energía y creyó quemarse al contacto con la mano del Youkai. Supo que no podría abrir la boca porque en cualquier momento las mariposas de su estomago podrían escapar, dado que se multiplicaban por segundo. No entendía por qué, no quería averiguar la razón de aquella conexión divina entre dos seres que apenas habían convivido lo suficiente como para saber que sus personalidades no compaginaban. Hace unos minutos discutían, ahora… se pertenecían.
Sí alguien le hubiera dicho tiempo atrás, siquiera una hora atrás que el gran y poderoso Sesshomaru la tocaría; No, la acariciaría de aquella forma tan sublime mientras le dedicaba una mirada solo comparable con la furia de mil tornados y el apocalipsis de un alma, le diría que era más probable encontrarse a Naraku cantando opera con traje y corbata.
Sesshomaru no sabía cuántos deseos tenía de tocarla hasta que lo había hecho. Ahora parecía bastante improbable que alguien pudiera despegar la mano de su suave y sonrosado rostro. Su corazón, empezó a agitarse cuando percibió la duda en los brillantes ojos de ella. Luego, vio su frágil mano dirigiéndose temblorosamente hacía arriba. Quería tocarlo.
Él no se expresaba más que por medio del ámbar de sus ojos, el resto de sus facciones parecían talladas en granito, rígidas como el mármol. Sin embargo Ahome supo, por medio de su mirada, que tenía permiso para tocarle. Cuando comprendió aquello, su energía purificadora empezó a formar un aura fuerte alrededor de todo su cuerpo que no le hacía ningún tipo de daño a Sesshomaru.
Ella acercó su mano hasta la mejilla de Sesshomaru, retrasando el momento, pero a la vez ansiosa por culminar el contacto. Cuando lo tocó, se sintió completamente poseída por la majestuosidad y el poder de la presencia de él. Su piel era increíblemente suave y dulce. En ese instante, Sesshomaru acarició la mejilla de Ahome y paseó la mano por su rostro hasta llegar a sus labios. Los tocó y delineó suavemente con el dedo pulgar y ella pudo sentir en todo su esplendor el aroma absorbente que despedía la piel de él. Mientras tocaba sus labios, ella sentía que se quemaba por dentro, que su contacto la incineraba lenta y deliciosamente.
De pronto, un fuerte ventarrón los sacudió a ambos y Ahome tuvo el impulso de girar el rostro asustada. Sesshomaru se lo impidió sosteniéndole la cara con firmeza.
-No mires- Ordenó perezosamente.
Había empezado a funcionar. Detrás de ella, Sesshomaru podía percibir por el rabillo del ojo como empezaba a formarse el nubarrón de energía purificadora. Este era indudablemente más grande que el primero y menos letal. Más puro. El olor de ella había cambiado desde que él la tocó y a medida que la acariciaba sus energías fluían libremente. Si seguían así, su poder espiritual alcanzaría tal magnitud que podría abrir una grieta en aquella dimensión y llevarlos de vuelta.
Al principio creyó que su energía se liberaba cuando ella estaba furiosa. Pero instantes después y gracias a una simple casualidad, comprendió que se liberaría con más potencia si ella se sentía feliz.
Ahome seguía perdida en aquellos ojos de lava ambarina, consciente de que algo se gestaba a su alrededor, pero sabiendo que prefería permanecer acariciando la piel de Sesshomaru. Lo tocó durante largos instantes, grabando su tacto y absorbiendo su calor, impregnando el de ella en su mejilla. Luego, empezó a vagar suavemente por el resto de su cara y repasó dos veces las marcas purpureas de los dibujos que desembocaban desde su oreja. Supo con fiera satisfacción, que era la primera en hacer aquello… y que quería ser la única.
El ventarrón aumentó paulatinamente y de pronto Ahome supo que todo el aire sabía a ella. Sintió su propia presencia rodeándola y por el rabillo del ojo percibió como todo se volvía borroso e incomprensible, a excepción de Sesshomaru.
Ambos sintieron como se movían sin moverse y como la pureza del aire se hizo tan tangible que pudo conectarlos como nunca antes. Los dos estaban rodeados por la esencia de Ahome y sus manos tocando el rostro del otro en un momento infinito.
Repentinamente, el aire cambió y el alrededor también. Olía a quemado.
El monje Miroku empezaba a recobrar el conocimiento después de la terrible explosión que había generado Naraku después de agitar una piedra y lanzar una ráfaga de fuego en contra del Baku ryu ha de Inuyasha. Su cuerpo estaba adolorido y sentía el ardor de la quemazón en algunas partes. Sin embargo, levantó el rostro con urgencia y trató de incorporarse angustiado por la suerte de sus amigos.
Mientras se aclaraba su vista y la cabeza dejaba de darle vueltas, inspeccionó el sitio. El suelo estaba destruido y varios árboles a la redonda se veían chamuscados, algunos incluso todavía llameaban levemente. Buscó con la mirada alguna indicación de Naraku y no logró encontrarlo. Pero lo que vio en su lugar casi logró desmayarlo de nuevo.
A medio centenar de metros, estaban Sesshomaru y la señorita Ahome, mirándose fijamente y cada uno con la mano en la mejilla del otro. ¿Qué demon…? ¿Sesshomaru le haría daño a la señorita Ahome? Intentó gritar, pero se detuvo en seco al percatarse de que Inuyasha reposaba a tan solo unos metros de Sesshomaru y su amiga. Luego, pudo ver a Sango, Shippo y Kirara tirados a diferentes distancias inconscientes.
-¡SANGO!- Gritó desesperado olvidando a Ahome y los demás. Se incorporó y se acercó corriendo hasta donde reposaba Sango. Tomó su cabeza entre las manos con delicadeza y le tanteó el pulso. – Que alivio, está viva.
Ahome sintió como si pincharan el globo de su fantasía cuando escuchó la voz del Monje Miroku. Giró rápidamente la cabeza y su corazón aceleró su ritmo más aún. Sesshomaru pudo oler el miedo. Ella lo volvió a mirar con expresión indescifrable y alejó con dolor, la mano de su mejilla. Él hizo lo propio.
Ambos habían vuelto. Sesshomaru supo que alguna parte suya, debía sentirse feliz al comprobar su inteligencia y la efectividad de su plan. Pero su estomago estaba experimentando un vacío nunca antes calibrado, cuando sintió que ella se alejaba de él. No se preocupó por entender el porqué del aparentemente nulo paso del tiempo en el lugar. Solo observó como Ahome se alejaba de su lado para correr hasta donde se encontraba Inuyasha en el mismo estado en que lo habían dejado: Moribundo.
Ahome corrió confusa hasta donde se encontraba Inuyasha. Parecía que no habían transcurrido más que dos segundos desde que ella y Sesshomaru se habían marchado. Cuando en realidad habían estado por fuera dos días.
Pero en aquel momento su prioridad era salvarlo. Cuando lo alcanzó, se tiró al suelo junto a él y redujo con todas sus fuerzas, la desesperación que la intentaba dominar cuando vio de nuevo, tan nítida como en sus recuerdos, la quemadura sangrante que abarcaba todo el pecho de Inuyasha. Supo que ahora podría purificarla. Pero sus energías espirituales, que se percibían tan palpables hace dos minutos, no parecían tener intenciones de reaparecer.
Entonces, recurriendo a una extraña iluminación de ideas. Cerró los ojos y recordó con todas sus fuerzas la mirada de Sesshomaru; Y su corazón bombeó sangre y poder.
Concentró toda su pureza en las manos, y las introdujo con suprema fe en el pecho de Inuyasha. Él, en medio de su inconsciencia se retorció de dolor y perdió aún más color.
Ahome desesperada observó como su poder sagrado apenas lograba detener la expansión mágica de la herida. Recordó con más esfuerzo y la herida empezó a reducirse, dejando tan solo el aspecto de una quemadura leve por el pecho de Inuyasha, haciendo el efecto contrarío de la expansión. Sin embargo, ella sabía que no era suficiente.
Inconscientemente, vagó su mirada por los alrededores, sin retirar las manos de la tibia sangre de Inuyasha. Se percató de que colmillo sagrado estaba tirado junto a ellos. No entendió porque, pero la sospecha que la sacudió, logró desviar sus ojos rápidamente hasta el sitio donde Sesshomaru permanecía tan rígido como la estatua de un Dios griego. Sus ojos la taladraron hasta el fondo de su ser y ella leyó la molestia en ellos.
-Ayúdame- Susurró con voz desgarrada- Por favor…
En cuestión de milésimas, Sesshomaru se situó junto a Ahome e Inuyasha e hizo un esfuerzo por tragar la bilis amarga que corroía su garganta y su pecho al observar la escena tantas veces odiada: Ella, llorándolo a él. Sufriendo por él. Ya no le parecía patético. Era peor.
Sin embargo, tomó el mango de colmillo sagrado y se dispuso a hacer lo que después de todo, había tratado de hacer en un principio. La agitó sobre la herida de su hermano alejando los seres del otro mundo que lo rodeaban codiciosamente para llevárselo. Luego, realizó varios cortes sobre la herida, evitando las manos de Ahome que aún se encontraban cobijándola, Y finalmente retiró la espada y le dio la espalda a Inuyasha, sin quedarse a observar como la herida se curaba lentamente.
Caminó, ignorando los gritos del monje que se dirigía a donde estaban La mujer y el hibrido. Buscó con la mirada el lugar donde aún debía estar estacada su poderosa espada Tokiyi y se dirigió hacia ella.
Ahome observó con infinita alegría como terminaba de desaparecer la herida de Inuyasha. Lo observó durante largo rato controlar el ritmo de su respiración y recobrar poco a poco el color perdido.
Casi omitió la presencia de sus amigos acercándose a comprobar que estuviera bien. No quería ver nada, ni saber de nadie hasta que Inuyasha abriera los ojos.
Cuando él por fin recobró el conocimiento y abrió sus ambarinos ojos, Ahome desvió la mirada, golpeada por la necesidad de buscar en otra dirección. Buscó a Sesshomaru por los alrededores, buscó sus ojos, buscó su mirada y su tacto. Pero había desaparecido.
Fin.
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Tranquilos, tranquilos... jeje era broma.
Ambar todavia tiene para rato.
Bien, espero que no manden muchos tomatazos por mi humor negro. Pasando al chap, espero que les guste. Me costó bastante trabajo escribirlo. Si tal vez no entienden algo muy bien, la explicación la encontrarán en el próximo capitulo.
Agradezco sinceramente todos los reviews que me han enviado, son el motor que me hace seguir con Ambar y lo que me hace sentarme todas las noches a ver una y otra vez mis dvds de Inuyasha para analizar y tratar de captar los personajes. Estoy muy contenta con esta historia y con bastantes animos de terminarla lo mejor posible.
Un Agradecimiento especial a Allysan por la sugerencia de recortar los parrafos. No me había fijado, de no ser por ti, aún encontrarían chorros y chorros de palabras. !Gracias linda! Siempre estoy abierta a criticas constructivas.
Gracias a todos los que dejaron Review. (De los capis 2 y 3, ya que no alcancé a agradecer los del segundo)
Saya-Otonashi1, AllySan, christythebest, AllySan (De nuevo, gracias), mire-can, mideu, azul, Assenav83, miaka, florrciiita! y Orion no Saga.
GRACIAS POR DARLE UNA OPORTUNIDAD A AMBAR
Besos!
EUFEMISMO.
