Horus, Cassius y Andrómeda sospechaban las razones de la repentina huida de Thomas, pero Draco estaba perdido, antes de seguir a Thomas su abuelo le había dado una mirada de enojo y decepción y la duda crecía en él. ¿Debió decirle aquello?
Horus sabía perfectamente lo que le pasaba a su Carrier, esto había pasado antes, cuando los niños aún no nacían. Thomas se alejaba y temblaba cada vez que lo veía y definitivamente no era satisfactorio ver los resultados de lo que le había hecho. Decidió que no podía dormir esa noche en la misma habitación que él y le pidió permiso a Andrómeda para quedarse en el mueble.
- Hazlo. - Respondió ella sin mirarlo, me sentí un poco extraño otra vez, pero la verdad es que esta vez merecía su indiferencia. Cassius me dio una larga mirada y Draco le susurró.
- A la final no es tan distinto al Harry Potter de nuestro mundo, Cassius. - Y, por una vez, nadie lo negó.
Esa noche fue solitaria y triste, no pude dormir y los recuerdos de dos pequeños mellizos de tres meses jugando inundaron mi mente, tenía que encontrarlos.
A la mañana siguiente Thomas seguía sin hablar conmigo o mirarme, pero eso no impidió que fuéramos a Gringotts para abrir el portal, él me odiaba pero nuestros hijos eran más importantes que eso.
- Ya estamos aquí, ahora, ¿qué hacemos? -Preguntó Thomas a Ragnok, quien notó el desánimo de su interlocutor, pero no dijo nada y nos guió hasta el mismo cuenco de ayer, que volvió a brillar y vertió un líquido plateado en él, al verlo mejor nos dimos cuenta de que era sangre de unicornio y luego molió un colmillo de basilisco y un hueso de lechuza, los mezcló y salió humo color azul de la mezcla.
- Ustedes deben poner un poco de su sangre en la mezcla para que funcione pues sólo reacciona a la sangre de quien esté en ese universo. - Explicó el Goblin, asentimos y cada uno cogió un cuchillo y se cortó ligeramente la palma de la mano dejando caer las gotas de sangre antes de curarnos con un Episkey. El cuenco brilló con una luz morada y de esa luz se abrió el portal, en el cual se veía una casa solitaria, aislada del resto y con un gran patio trasero.
- ¿Esa es su casa? - El goblin asintió y pasamos a través del portal escuchando la advertencia del Goblin- ¡En cuatro días el portal volverá a abrirse así que estén preparados!
Pov Lukas.
Nosotros nunca pasamos desapercibidos en nuestro pueblo, desde que éramos pequeños fuimos conocidos como los mellizos demonios.
Aunque yo fuera mayor que Oskar, siempre tuve un pequeño problema de debilidad, tanto física como emocionalmente por lo que siempre fui objetivo de los matones del barrio.
Oskar es menor que yo, pero siempre fue el más fuerte de los dos, siendo mi salvavidas y la única persona con la que hablé en toda mi vida.
Nuestros cuidadores nos contaron al cumplir los cinco años que éramos mágicos y que ellos no eran nuestros verdaderos padres. Pasábamos horas y horas hablando sobre ellos, terminando la charla con una promesa. "Algún día, en el futuro, se encontrarán con ellos e irán a donde realmente pertenecen abandonando el pueblo que ningún bien les hizo.
Esperábamos con ansias la llegada de nuestros padres, los primeros cinco años fueron de creación de aventuras que contar a nuestros padres cuando los viéramos, pero al empezar el sexto año de espera perdimos la esperanza de a poco, hasta que un pequeño destello mágico la reavivo.
Un día, cuando faltaban apenas dos semanas para que cumplieramos once años, dos jóvenes extraños llegaron a casa y hablaron en privado con nuestros cuidadores, a quiénes sólo les escuché decir "Espero que estén contentos con los que hemos hecho hasta ahora"
Ellos guardaban cierto parecido con nosotros lo cual levantaba sospechas en mí aunque no decía nada, no porque no quisiera si no porque no podía estar seguro. Sus pensamientos eran inalcanzables para mí y eso me frustraba pues esta era la primera vez que de verdad deseaba escuchar los pensamientos de otras personas, pues sus pensamientos crueles hacia mi y mi hermano me abrumaban y herian.
- Saith, hay algo extraño con ellos... pero por alguna razón se sienten familiares, ¿Quiénes serán? - Me sentía un poco incómodo con esta situación, nuestros padres sustitutos no nos decían nada y ya habían pasado cuatro días desde que ellos llegaron. Cuanto más compartíamos con ellos más sentía que estaban conectados de alguna manera con nosotros.
- Está bien, no sabemos cuáles son sus intenciones y quienes son realmente. Lo único que sabemos de ellos es su nombre, el de ojos grises se llama Horus y el de ojos azules se llama Thomas, él es tan suave y amable que parece una chica. - Frunci el ceño y le di una palmada en el pecho a Saith un poco consternado.
- No es momento para eso, concentrate. Pero es cierto, tienes razón. No podemos hacer nada sin saber que es lo que quieren, por ahora vamos a relajarnos un poco e ir al parque, ¿te parece bien, Saith?
- No hay problema, estoy bien con eso.
Pov Horus.
- Tenemos que decirles, no podemos seguir esperando. - Susurró Thomas un poco desesperado. Debía entenderlo pero aún así me ponía un tanto furioso que siguiera insistiendo
tanto, no era como si pudiera acostumbrarme tan rápido a la idea de todo lo que ha pasado últimamente como para tener que lidiar también con unos niños que ni siquiera saben quiénes somos y seguramente no confiaran en nosotros después de saberlo.
- Ya lo sé, Thomas... Pero, ¿has pensado que no nos quieran luego de enterarse de quiénes somos? - Suspire al ver la mirada de Thomas, sabía que él aún no se perdonaba por dejar a sus hijos en el pasado de otra dimensión.
- No, no sé. Pero... quiero que lo sepan incluso si nos rechazan.
- No fue nuestra culpa, Thomas. - Dije suavizando el tono de mi voz y la intensidad de mi mirada. -Teníamos que ponerlos a salvo de Dumbledore, era la única opción así que no te culpes. Tienes razón, hay que decirles a los niños quiénes somos en realidad. - Thomas me miró por un momento con los ojos llorosos y sonrió emocionado pero manteniendo su distancia a pesar de todo.
- ¡Gracias, Horus! - Me sonroje levemente y desvie la mirada, Thomas y yo aún no avanzabamos mucho en nuestra relación ya que los recuerdos de aquella noche aún rondaban nuestras mentes y no nos dejaban en paz, él no confía en mí y la verdad es que no lo culpo por eso.
- Vamos, creo que están en su habitación... -me di cuenta de algo y cambié de idea. -Espera un momento, déjame hacer un Invenient para estar seguro.- Thomas aceptó y yo realicé el hechizo, de mi varita salió un humo azul que formó las letras "Parque Staton".
- Pensé que estaban aquí... debieron haberse ido hace poco. - Thomas suspiró y revolvió su cabello algo estresado.
- Vamos a verlos... -Nos despedimos de los Golem y caminamos un par de cuadras, pero cuando estábamos a punto de llegar al parque oímos una discusión proveniente de una de las casas.
Una mujer le gritaba cosas horribles a un adolescente que parecía ser su hijo, desde afuera se escuchaban los sollozos del chico quien lloraba de miedo, rabia y confusión. Nos acercamos sin hacer ruido un poco indignados por la inactividad de los vecinos y entramos en silencio sólo para ver a una mujer de entre treinta y cuarenta años apuntando con un arma a un chico de quince años de edad, cabello pelirrojo oscuro hasta los hombros y ojos verde azulado pero lo que más me sorprendió fue ver que tenía cierto parecido a Ted Tonks, pero el resto de su apariencia era muy Lestrange para mi gusto y después de lo que había aprendido en estas semanas no sabía que pensar acerca de eso.
- ¿Quiénes son ellos? ¡No me digas que trajiste fenómenos como tú a mi casa! Es suficiente, ya no más. Exterminaré a todos los de su clase, malditos subnormales. -Thomas pensó rápido y sacó su varita para lanzarle un Petrificus Totallus. El chico abrió los ojos sorprendido y jadeó.
- ¡Ustedes...! ¡Son como yo! Pueden hacer... eso... ¿Latín, verdad? Yo nunca digo palabras, sólo ordeno lo que quiero que pase y lo imagino en mi mente. En todo caso, gracias por salvarme.
- Los únicos capaces de hacer magia que se encuentran en este mundo son traídos del nuestro, Horus. Este chico es parecido a Lestrange, ¿No te parece? - Me susurró Thomas- ¿Y si él fue la razón por la que nunca más sonrió? Los padres de Rabastan deben haberle dicho que el niño nació muerto.
- Tenemos que llevarlo con nosotros... -Miré al chico y hablé en voz alta con él. - Nosotros conocemos a tu verdadera madre, si quieres puedes venir con nosotros... - Me quedé sin aliento al sentir el fuerte abrazo de aquel chico, Thomas carraspeó y el muchacho me soltó sonrojado.
- Lo siento, es que quería desde hace mucho tiempo conocer a personas como yo y saber que no estoy loco ni soy el hijo del diablo... yo... yo, no puedo... no puedo creerlo. -Tartamudeó y sollozó ligeramente, aún sin creérselo. Thomas lo atrajo hacia si mismo mostrando su instinto maternal Carrier, levanté una ceja pero no dije nada y salimos de la casa despetrificando a la mujer, que se echó en un rincón totalmente traumada.
Caminamos una cuadra hasta llegar al parque, donde destacaban dos pequeños de diez años, uno pelinegro con las puntas del pelo color rojo y el otro rubio miel, estaban abrazados y parecían compartir una pequeña conversación.
- ¿Son ellos? ¿Son los niños que están buscando? - Lo miré un poco extrañado, ¿cómo en la tierra sabe eso? - Los escuché no hablan muy bajo que digamos.
- No hemos dicho nada, sólo hemos... sólo hemos pensado en eso. ¿Eres un Legeremante natural? No lo vi venir, ¿has escuchado los pensamientos de otras personas? - Preguntó Thomas, el chico asintió y explicó.
- A veces, no siempre. Sólo cuándo están muy preocupados logro oír lo que piensan.
- Oh, esa es una forma rara de Legeremancia. Pero no es imposible. - Asenti y apoyé su declaración, nos mantuvimos en silencio durante un momento y aproveché para llamar a nuestros hijos.
- ¡Oskar, Lukas! - Ellos voltearon a vernos asustados y Oskar levantó la voz para preguntar.
- ¿Qué hacen aquí? - Luego murmuró algo al oído de Lukas y este asintió.
- Les tenemos que decir algo. -Oskar miró al chico con desconfianza y levantó una ceja.
- ¿Él también tiene algo que decirnos? - Preguntó con sarcasmo, culpé a la parte Slytherin de él.
- Está involucrado en esto, más o menos. - Lukas fruncio el ceño, Oskar se rió con ironía.
- Sí, mi nombre es Laurent Davenport, ¿y el de ustedes? - El mayor no estaba seguro de querer decirle nada sobre ellos a un amigo de nosotros, se notaba, pero Oskar se adelantó antes de que pudiera decir nada.
- Soy Oskar Saith Faith y este es mi hermano Lukas Oswald Faith. Ahora, al punto, ¿qué quieren decirnos? - Sonreí y conjure un Muffliato alrededor nuestro.
- Bueno, esto no será fácil. Han pasado por tantas cosas en estos años y... no nos recuerdan, pero... - Me complique un montón, Thomas sonrió dulcemente a nuestros hijos y Lukas dejó escapar un sonido ahogado antes de preguntar sorprendido.
- ¿Ustedes son nuestros padres? - Lukas sabía que sus cuidadores decían la verdad, pero nunca imaginó que sus padres fueran tan jóvenes, ni que hubieran estado unos días en su casa y él no se hubiera dado cuenta de eso y de seguro tampoco imaginó que ambos fueran hombres.
- Sí, somos tus padres... y él es tu primo tercero, Laurent Lestrange... - Respondió Thomas con una leve sonrisa, logró hacer que Lukas hablará y eso sólo puede hacerlo Oskar. Oskar miraba a su hermano mayor sorprendido, y aún más cuando Lukas se apartó de él y abrazó con fuerza a Thomas.
- Sabía que vendrían... ¡Saith son nuestros padres! Eso explica el parecido, ven conmigo. Mamá está aquí, mamá está aquí. - Oskar se encogió un poco pero se acercó igualmente y abrazó a Thomas, en cuanto lo hizo estalló en lágrimas junto a Lukas. Me acerqué a ellos y abracé a mis dos hijos apenas rozando a Thomas, quién no hizo movimiento alguno para soltarse de mí.
Thomas podía controlar los espasmos producidos por el miedo al tacto de Horus sólo cuando estaba con sus hijos. Y volver a verlos le produjo tal satisfacción que incluso el abrazo de Horus no lo desmotivo.
Pov Lukas.
Oskar se mostraba afectado por una vez en su vida, pero yo sabía mejor, él siempre se había sentido fuera de lugar en este mundo, esperando pacientemente la llegada de nuestros padres. Él era una persona sensible en el fondo, pero lo ocultaba debido a los niños del barrio y sus burlas, era lo suficientemente malo que se burlaran de mí pero que se burlaran también de él, eso no nos vendría bien a ninguno de los dos.
Abrí nuestra conexión mental y le pregunté.
- ¿Saith? ¿Qué haremos ahora que hemos encontrado a nuestros padres?
- Irnos de aquí ahora mismo, hermano.
- Papá, mamá, ¿podemos ir a casa ahora?- Pidió Saith un poco inseguro, le sonreí para darle valor.
- Ya, no hay problema. Nos están esperando en casa de todas formas... - Respondió papá Horus. Entonces Laurent carraspeó sintiéndose un poco fuera de lugar, cuando empezamos a prestarle atención preguntó.
- ¿Lestrange? ¿Ese es mi verdadero apellido? De todas formas tengo un apellido extraño, ¿no? Como adoptado y como mi verdadero yo. Pero... ¿es paterno o materno?
- Materno... -Respondió mamá con una expresión oscura, Laurent lo notó y no volvió a preguntar.
Caminamos en silencio hasta llegar a la casa donde pasamos toda nuestra infancia, mamá llamó a nuestros cuidadores y les explicó la situación, luego nos tendió una daga y pidió que nos hiciéramos un ligero corte y pusiéramos nuestra sangre en dos vasos diferentes. Nuestros padres recién descubiertos hicieron lo mismo y mamá le pidió a Laurent que vaya a comprar dos bolsas de Arcilla.
- ¿Para qué estamos haciendo esto, mamá?- Saith preguntó un poco extrañado, aunque sabía que algo tenía que ver con las cosas raras que pasaban alrededor nuestro y mi capacidad para escuchar los pensamientos de los demás.
- Las personas que los cuidaron son lo que llamamos Golem en el mundo de la magia, ellos provienen de la mitología judía, los primeros Golem fueron creados por rabinos judíos mediante sangre, arcilla y magia, pero estos tenían sentimientos por lo que ocasionó una revolución que destruyó una ciudad entera. - Saith soltó un pequeño grito ahogado- Por lo que los magos británicos decidieron crear Golem que no tuvieran sentimientos para que eso no ocurra y poder usarlos para cualquier actividad sin temor al arrepentimiento. Sus cuidadores fueron creados específicamente para protegerlos, y su lealtad se dirige a mí, su creador.
- ¿Planeas hacer Golem de nosotros? - Exclamé sorprendido e incrédulo, mamá asintió y respondió.
- Es la única forma de que no estén alertas. Hay que fingir su muerte, al menos en este universo. - Entonces Laurent entró con las dos bolsas que mamá pidió y se sentó a su lado para dárselas. Papá gruñó levemente y Saith se rió de él y sus celos injustificados.
- Gracias, Laurent. - Agradeció mamá con una sonrisa encantadora que embobo a papá y conmovió a Laurent.
- De nada, Thomas. - Observamos como mamá empezó a moldear cuatro figuras humanas, dos pequeñas y la otras dos más grandes. Sacó un palo de su bolsillo y pronunció unas palabras en latín que le dieron forma verdaderamente humana a las figuras de arcilla.
- ¡Magia! -Exclamó Saith con emoción, todas las dudas acerca de las cosas raras que pasan a nuestro alrededor se resolvieron por el simple movimiento de un palo.
- Sí, Oskie. Ahora, Horus, haz los honores de 'matarnos' a todos. Niños, vengan aquí, no quiero que vean esto. -Papá sacó un palo un poco más pequeño y murmuró algo que sonó a bomba máxima. Mamá escondió nuestras caras en su pecho y tatareo una canción de cuna que reavivó algunos recuerdos de cuando éramos bebés. Papá y mamá peleaban y mamá siempre terminaba llorando, pero nunca dejaba de sonreír para nosotros y su voz no temblaba al momento de cantarnos la canción de cuna.
- Listo, ahora parecerá un robo fallido. La gente creerá que los ladrones no sabían que la familia que vivía en esta casa estaba aún adentro y al entrar y darse cuenta de eso los mataron para que no hablarán.-Habló para el resto, luego se volvió para hablarnos a nosotros- Los soltare, pero no quiero que vean a los Golem. - Susurró mamá dándonos un beso en la coronilla para luego soltarnos.
- Oye, Thomas, el portal está abriéndose. Tenemos que ir ahora o si no nos quedaremos aquí cuatro días más de lo esperado. - Dijo Papá, mamá asintió y nos miró suspirando.
- Bueno, entonces supongo que Lukas, Oskar y Laurent deberán pasar primero. - Oskar y yo miramos a mamá un tanto preocupados, ¿y si nos volvía a dejar? - No desesperen, les seguiré apenas pasen los tres junto a papá.
Los tres pasamos a través del portal un poco nerviosos, oímos unas voces distorsionadas antes de sentir el impacto contra el suelo.
- Aquí están... por fin llegaron, pero... ¿Quién es él? - Escuché una voz suave y femenina al lado mío. Abrí los ojos y me encontré con una mujer de cabello rubio cobrizo y ojos grises como los de papá.
- ¿Qué es este lugar? - Alcancé a oír la pregunta de Laurent antes de desmayarme.
