Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Amaya Evans, Demasiado Tarde, siendo este el tercer libro de la saga amores Imposibles. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta maravillosa pareja que se robó mi corazón desde que la descubrí.


CAPÍTULO 4

Covent Garden era un sitio lleno de tiendas por excelencia y Hinata había decido ir a comprar un bonito sombrero para ella y algunos regalos para sus empleados en Konoha Manor, a los que tenía varias semanas de no ver.

Caminó por varias calles hasta encontrar un sitio perfecto donde no solo vendían sombreros sino muchas cosas interesantes. Encontró una perfumería y no pudo evitar detenerse para probar algunas fragancias. La dependienta era muy solícita y todo el tiempo le mostraba fragancias que podían gustarle y las probaba en ella misma o en la muñeca de Hinata, pero en ese momento ella temía salir de allí oliendo a mil cosas distintas.

—Este es un perfume a base de lilas y jazmín, con notas cítricas que seguramente le quedarán muy bien. Hinata lo oyó y le pareció delicioso pero algo fuerte. Entonces la chica le dio un poco de café para que oliera y no se afectara su sentido olfativo, de manera que pudiera seguir probando otros olores. Se detuvo frente a una bonita botella de color verde.

—Me gustaría ver ese.

La muchacha se lo mostró—es un nuevo perfume francés, como puede ver el empaque es precioso y la botella es de jade. Una fragancia elegante sobre todo para la noche. Hinata la probó y le encantó—es deliciosa.

—Lo es—dijo una voz inconfundible tras ella —esas notas amaderadas con algo de rosas, son perfectas para ti.

—Buenas tardes, señor Uchiha.

—Buenas tardes, Hinata.

—Creo que tal vez lleve la otra—le dijo a la muchacha, lo cual causó la risa de él—lo que sea con tal de llevarme la contraria.

Ella lo miró molesta—no estoy llevándole la contraria a nadie. Es solo que ese me gustó más.

La chica lo envolvió y se lo dio a Hinata que enseguida lo pagó. Luego se dio la vuelta y se excusó—discúlpeme señor Uchiha, pero se me hace tarde para terminar mis compras. Que tenga un buen día.

—Puedo acompañarla si lo desea—le dijo siguiéndola.

—Eso no será necesario.

Él la tomó del brazo gentilmente—solo será un momento, Hinata. ¿Tanta rabia me tienes que ni siquiera puedo caminar a tu lado?

Ella no fue capaz de negarse—Sí eso es lo que quiere...pero le diré que para un hombre nunca es entretenido acompañar a una mujer a hacer compras.

—Entonces solo acepta una invitación a un café—y antes de que ella dijera algo siguió—además debes estar un poco cansada de caminar tanto.

—No estoy cansada.

Él tiró del cuello de su camisa y ella sabía que ese era un gesto nervioso que siempre había tenido. Eso tocó su corazón. Que un hombre adulto y seguro de sí mismo estuviera nervioso por su respuesta, le dijo que era sincero y se encontró asintiendo—está bien.

La sonrisa de él fue deslumbrante—Gracias—le ofreció su brazo y ella le hizo señas a Moegi que la acompañaba, para que los siguiera.

—¿Tu doncella está contigo?

—Por supuesto—le dijo como si fuera un tonto—una dama no debe salir sola.

—Pero ahora vas a estar conmigo.

—Recuerda que ahora soy una dama comprometida y tampoco es prudente que me vean en compañía de otro caballero que no es el doctor Namikaze, sin mi doncella o alguien más que me acompañe.

La sola mención de Namikaze lo sacó de casillas—muy bien, entonces vamos.

Ambos se dirigieron entonces a un pequeño salón de té que había cerca de allí. Se sentaron en una mesa mientras Moegi se sentaba en otra un poco más alejada y de vez en cuando los miraba de reojo.

—¿Y cómo has estado? —le preguntó sin saber que más decir.

—Bien.

—¿Cómo va todo con Konoha Manor?

—Parece que todo tranquilo. Ya en estos días debo regresar.

—¿Y cómo vas a hacer con tu matrimonio?

—Estamos intentando poner la fecha.

—¿Todavía no la tienen? Pensé que ya sabían.

A ella le molestó que le hablara de eso—Eso es no es de tu incumbencia.

—Lo es, porque sabes que te quiero.

—Por favor, Sasuke. Este ya no es momento de ponernos en esas cosas.

—Está bien, está bien, no hablaré más de eso. Mejor háblame de lo que haces en Konoha Manor. Me interesa saber cómo terminaste haciendo todo aquello.

Su rostro se tornó melancólico—bueno, lo cierto es que siempre pensé que tenía a cualidad de enseñar y como no podía ser profesora, quise ayudar a otras mujeres que estuvieran pasando una situación similar a la que yo pasé alguna vez.

Y por eso transforme poco a poco Konoha Manor en un lugar al que las jóvenes podían ir después de haber cometido alguna indiscreción, sin ser juzgadas.

Dios sabe que muchas han pasado por cosas terribles y otras son solo víctimas de los caprichos de sus padres o de una sociedad no que les impide ser quienes realmente quieren.

—¿Algunas han estado embarazadas?

—Sí, y algunas han tomado la decisión de conservarlo pero otras han dado sus niños a un orfanato por condición de sus padres.

—Y cuando salen de allí ¿Que hacen?

—Unas, están dispuestas a seguir los dictados de su corazón a costa de su relación con su familia y otras siguen el camino trazado por sus padres y se casan.

Pero al menos saben que pueden ser dueñas de sus vidas en caso de que decidan hacerlo. En el centro tienen sesiones con psicólogos que las ayudan cuando lo que han pasado las supera, como en casos donde han tenido hijos y sus padres las han obligado a llevarlos a un orfanato o han nacido muertos. Incluso he tenido casos aberrantes donde me he visto obligada a dar aviso a la ley, y te aseguro que no me ha temblado la mano para buscar ayuda de una u otra forma.

—Hinata, ¿Has ayudado a escapar a esas chicas?

—No, yo jamás haría algo así—pero Sasuke la conocía bien y sabía que detrás de esa respuesta tan vehemente había algo.

—¿Ninguna ha escapado de sus padres porque se ha dado cuenta de que no quieren casarse con alguien que les impongan?

—Bueno sí. He tenido alguna que otra joven que después de estar en Konoha Manor ha llegado a casa de sus padres y se ha rebelado contra su destino.

—¿Y qué han hecho?

—Algunas los han convencido de que no las obliguen a tener un matrimonio por conveniencia y luego se han casado por amor. Un par de casos han sido de chicas que se escaparon con hombres de los que se enamoraron y no eran los que sus padres querían para ellas. También tuve una joven que se casó con un gitano.

—¡Oh por Dios! —se echó a reír—su padre tuvo que haber sufrido un infarto.

—Casi lo hizo, y no estuvo de acuerdo por un buen tiempo con ese matrimonio, pero ella vive feliz con su esposo quien ahora es un conde. Fue toda una locura; él la raptó antes de que se casara con el hombre que su padre quería, se la llevó a una cabaña y poco después se estaban casando a escondidas.

—Mi Dios, Hinata. Esto es mejor que ir al teatro—la miraba sorprendido— Tú no te debes aburrir jamás—rompió a reír.

Ella se mordió el labio inferior tratando de no reír, pero falló en su intento. Era tan fácil hablar con Sasuke, siempre lo fue. Ella nunca tuvo problemas para hablar con él de lo que le gustaba, de sus anhelos y él le contaba los suyos sin temor alguno.

—Y me imagino que a pesar de esas cosas, les has enseñado muchas otras.

—Sí, de hecho he tenido muchos logros con ellas. Muchas me han hecho sentir tan orgullosa. Aunque también ellas me han enseñado muchas cosas a mí.

—Te ves feliz cuando hablas de lo que haces. Se ve que te gusta mucho y me siento orgulloso de lo que has logrado.

—¿De verdad? —lo miró incrédula.

—Por supuesto. ¿Por qué no lo haría? Eres una mujer extraordinaria y me parece muy loable que quieras ayudar a tantas jóvenes. Tus padres estarían orgullosos.

Hinata sintió que sus ojos se humedecían—gracias por decirlo.

Sasuke tomó su mano— ¿Es que acaso alguien te ha hecho sentir de otra manera? —le preguntó sospechando que el imbécil de Namikaze le había dicho algo.

—No, pero es bueno escuchar de vez en cuando qué haces las cosas bien.

Hablaron de tantas cosas y tan animados que ella no se dio cuenta de lo rápido que pasó el tiempo y cuando miró por la ventana notó que estaba oscureciendo. Y Moegi le hacía señas señalando el reloj de la pared.

—Oh por Dios, es tardísimo. No me di cuenta de la hora, tengo que irme—se levantó de su silla.

—Por favor déjame acompañarte—llamó a un hombre para que le trajera la cuenta. Luego de eso los tres salieron de allí rumbo al carruaje que la esperaba cerca. Al llegar, él la ayudo a subirse al igual que a Moegi que lo miró tan sorprendida que casi tropieza.

—Volveremos a vernos—le dijo a Hinata.

—Sasuke, ya lo hemos hablado. No podemos.

—Oh, pero lo haremos. Porque yo creo en el destino y sé que pasará.

—Su afirmación la inquietó pero lo que la sorprendió, fue encontrarse deseando verlo de nuevo.

. . . . . .

Esa mañana Hinata desayunaba con su tía, que la miraba sin decir una palabra.

—Tía, ¿quieres ir a pasear al parque?

—Oh no querida, yo ya no estoy para esos trotes pero puedes ir con Moegi si quieres y pasar un buen rato. Veo que estás de buen humor, hace días que te veo triste pero esta mañana veo un cambio favorable. ¿No tendrá que ver con Sasuke Uchiha?

Hinata miró para otro lado y Kurenai supo que era cierto. —Querida, él es un buen hombre. No voy a negar que el doctor sea un excelente partido pero si todavía estás enamorada de Sasuke, no querrás casarte con otro hombre y sufrir toda la vida preguntando sobre lo que pudo ser y no fue.

—Ahora mismo estoy confundida, Tía. Yo lo odiaba tanto pero me he dado cuenta de que es cierto que ambos fuimos marionetas de nuestros padres y en este momento no sé qué pensar. Estoy entre la espada y la pared.

—Creo que debes darte la oportunidad de conocer al hombre que es ahora.

Dale un voto de confianza. Como te he dicho el doctor no es un mal hombre y hasta hace poco estaba segura de que sería un excelente compañero para ti, pero he notado como se miran tú y el señor Uchiha cada vez que se encuentran y se necesita mucho para saber que allí hay amor. Así que deja de pensar y haz lo que te dicte tu corazón—se levantó de su silla y la dejó sola con sus pensamientos.

Menma llevaba un par de días de haber llegado de su viaje de Essex y apenas fue a visitar a Hinata, notó que algo había cambiado, sin embargo no le dijo nada y decidió llevar las cosas normalmente. Ese día por ejemplo estaban en una exposición de restos de animales prehistóricos, algo que le fascinaba a él pero que a Hinata no parecía entusiasmarla mucho.

¿Qué tal te ha parecido la exposición?—le pregunto a Hinata que parecía aburrida desde que había llegado al museo.

—Muy interesante—dijo ella con su vista perdida en lo que había más adelante.

—Estás algo dispersa, le día de hoy.

—Solo algo cansada. He estado preparando el itinerario de actividades para las jóvenes que llegan en unas semanas a Konoha Manor.

—Hinata, creo que fue bastante claro la última vez cuando te dije que no me parece una buena idea que mi esposa trabaje. Honestamente creo que el deber de reformar el carácter de una persona recae en el hombre porque la mujer no está hecha para estudiar carreras o ejercer una profesión, mucho menos para trabajar.

La mujer está hecha para llevar un hogar y tener hijos.

—¿Pero qué locuras estás diciendo? —sintió que la sangre comenzaba a hervirle—una mujer está tan capacitada como un hombre para trabajar y educar a jóvenes. Somos seres humanos con cerebro, Menma, por favor entérate. Además ya me tiene harta que menosprecie lo que hago solo porque soy mujer. Sino no me aceptas como soy y pretendes cambiarme o prohibirme que siga con mi trabajo en Konoha Manor, lo mejor será que cortemos por lo sano y que dejemos de vernos.

Menma que no se esperaba esa reacción, se sorprendió ante aquel arrebato de rabia—Querida, no quise ofenderte. Me preocupa ese tipo de histeria en una mujer tan racional como tú.

—No es histeria. Sencillamente no he llegado hasta donde estoy para que cualquier persona me venga a tratar como si fuera una mujer tonta que no sabe lo que quiere. No soy el tipo de mujer al que se puede ordenar y ella obedecerá sin replicar.

—Yo jamás he querido eso.

—Muy bien, porque si ese fuera el caso, lamento decirte que tendrás que buscar a alguien más.

. . . . . .

La tarde que su tía había planeado para ese día, era importante. Se había encargado de que todo fuera perfecto porque festejaba el nombramiento de caballero, otorgado a un viejo amigo y además era el último evento formal a la que asistiría ella antes de partir a Konoha Manor, de manera que era como una despedida. El evento era en la casa que su tía tenía a las afueras de Tokio, a unos treinta minutos de la ciudad.

Hinata le había pedido que invitara a Menma y a su hermana porque no quería estar a solas con él. Las cosas no estaban muy bien entre ellos y pensaba de hecho hablar con él esa misma noche para decirle que cancelaran el compromiso.

Ellos dos eran muy diferentes y no había forma de que ellos pudieran estar juntos si pensaban de manera tan distinta en casi todo. Ella estaba recibiendo a todos los invitados junto a su tía y vieron a Menma llegar con su hermana.

—Doctor, que gusto verlo el día de hoy.

—El gusto es mío, lady Sarutobi, es usted muy amable al invitarnos a su casa—miró a Hinata que hasta el momento había estado callada—Hinata, estás radiante, ese color en verdad te favorece.

—Gracias Menma eres muy amable.

—Quiero presentarles a mi hermana la señorita Eustacia Namikaze. La mujer hizo una pequeña reverencia—es un gusto conocerlas por fin. Mi hermano me ha hablado maravillas de lady Sarutobi y de su hermosa sobrina, que pronto será familia.

Kurenai y Hinata se miraron fugazmente.

—Es un placer, señorita Namikaze—dijo Hinata.

—Encantada de conocerla, debe estar muy orgullosa de tener un hermano tan inteligente y buen médico—comentó Kurenai.

—Oh por supuesto lady Sarutobi, en la familia estanos muy orgullosos de todo lo que ha logrado.

Una pareja venía entrando detrás de ellos y Kurenai agradeció eso para evitar que el momento un tanto incómodo se alargara. —Por favor, siéntanse como en su casa, los invitados están en el salón azul y allí se encontraran más cómodos.

—Muchas gracias—ambos siguieron hasta donde se encontraban los demás invitados.

Después de varias parejas, Hinata pensó que ya estaban todos hasta cuando vio entrar a Sasuke.

—¿Que estás haciendo aquí?—le preguntó sin percatarse de lo grosería que sonaba.

—Hinata, por el amor de Dios, niña. ¿Qué modales son esos?

—Lo siento, pero es que...

—Buenas tardes, lady Sarutobi—saludó él.

—Buena tardes, señor Uchiha, por favor siga adelante y siéntase a gusto.

Todos están en el salón azul. Él hizo una respetuosa inclinación de cabeza

Pero antes recorrió a Hinata con la mirada—se ve usted hermosa señorita Hyuga.

Ella no le respondió nada, solo miró a Kurenai—Tía, ¿me disculpa un momento? Voy a hablar un segundo con el señor Uchiha.

Su tía sonrió comprensiva—está bien, pero no demores.

—¿Que estás haciendo aquí?—le preguntó sin adornar las cosas.

—Me apetecía distraerme y tu tía fue muy amable en invitarme.

—No hagas nada de lo que te vayas a arrepentir, Sasuke.

—Solo he hecho algo de lo que me arrepiento y estoy intentando arreglarlo ahora—le dijo con una voz dulce como un jarabe.

—Tienes algo en mente, lo sé—lo miró con ojos entrecerrados y eso lo hizo sonreír. Le gustaba que ella lo conociera tan bien.

—Nunca haría nada que te perjudicara, mi dulce.

Ella sintió que su cuerpo temblaba ante aquella forma de llamarla. Hinata respiró profundo—solo trata de no hacer un escándalo, recuerda que es a mí a quien vas a arruinar si lo haces. Menma está aquí y solo quiero pasar una tarde tranquila con los invitados de mi tía.

—Y lo harás, querida. No tienes de que preocuparte, yo solo vengo a verte y es lo único que haré.

Ella no dijo nada más. Le dio la espalda y se dirigió al salón donde estaban todos los demás.

Menma estaba hablando animadamente con el conde Stratford y su esposa, cuando vio entrar a Hinata seguida de Sasuke Uchiha. Eso fue todo lo que necesitó para que su buen genio se esfumara. Inmediatamente se acercó a Hinata— ¿de qué se trata esto?

—No sé de qué me hablas—ella lo miró confundida, porque apenas acaba de entrar.

—Sabes muy bien que no soporto a ese hombre ni la forma en la que te mira constantemente ¿Y resulta que ahora lo invitas? Lo siento Hinata, pero mi paciencia no es tan grande.

—Yo no lo invité, la que lo invitó fue mi tía y no tengo culpa en eso.

Miró de reojo y quiso caerle encima a ese infeliz al verlo hablarle a esa forma.

Obviamente ambos disimulaban, pero él lo había notado. Se pasó gran parte de la noche hablando con Lady Sarutobi y su amigo Suigetsu, prestigioso arquitecto que estuvo con él en la marina pero fue dado de baja por una peligrosa herida en la pierna que estuvo a punto de perder. Luego de eso se dedicó a otra cosa que le gustaba mucho más; construir. Afortunadamente era un negocio en auge y ahora él era muy buscado para las diferentes construcciones que la clase burguesa y algunos nobles iniciaban.

—Qué bueno ver una cara amiga por aquí— le dijo Sasuke.

—¿A qué te refieres? Lady Sarutobi al parecer que tiene en alta estima.

—Ella sí, pero el prometido de Hinata quiere asesinarme cada vez que me ve, lo cual me importa un bledo pero a ella la está afectando.

—No has tenido éxito con ella ¿Verdad? —le dijo con una mirada conocedora.

—Eres la única persona que conoce mi secreto.

—¿Cuál? ¿El que estás enamorado de Hinata Hyuga hasta el tuétano? Por Dios, casi no me dejabas dormir en la marina hablando de ella todo el tiempo.

Esa mujer te tiene loco desde hace mucho.

Aun así, ella no se da cuenta — suplente se arrugó con preocupación—siento que debo hacer algo esta noche, no creo poder esperar más.

—Mi amigo, creo que debes hacerlo para no perderla, hazlo — le aconsejo su amigo.

Hubo un momento en el que la hermana de Menma estuvo entonando hermosas canciones en compañía de Hinata que tocaba el piano, acompañándola.

Ambas fueron un éxito delante de los asistentes y Menma, junto con los otros invitados, se deshacían en elogios para Hinata felicitándola por su hermosa manera de tocar. Luego de eso comenzó el baile y ambos fueron a bailar un vals.

Menma demostró ser un bailarín impresionante pues sus movimientos elegantes y su fluidez hacían que ella casi flotara en la pista de baile. Sasuke sólo los miraba queriendo estar en la pista y arrancarle de los brazos a su mujer que parecía disfrutar demasiado de ese baile. Luego de ese baile, ella estuvo departiendo con algunas personas y cuando Sasuke la invitó a bailar ella no pudo negarse pues habría sido de muy mala educación. Esta vez, se trataba de una cuadrilla, de manera que mientras bailaba con él, veía a Menma bailar con su hermana y en algunos momentos en los que se intercambiaban pareja, terminaba mirando de frente el rostro enojado de su prometido, cosa que divertía mucho a Sasuke.

Una hora después ella hablaba con su tía pero casi no podía concentrarse en la conversación...

—¿Qué sucede, querida?

—No veo a Menma.

—Debe estar tomando aire o tal vez ha ido a fumar.

—Sí, tal vez — respondió algo insegura— aunque tampoco veo a Sasuke.

—No creo que esos dos quieran estar juntos, sabes que aunque se hablan educadamente, no se soportan.

—Eso es precisamente lo que me preocupa—pero cuando estaba por ir a buscarlos vio que ambos venían juntos aunque con cara de circunstancia.

Cuando Menma la vio, su mirada fue algo que ella no supo descifrar. Fue al encuentro de su hermana y le dijo algo al oído, ella inmediatamente se puso de pie. Luego de eso, se acercó hasta dónde estaba Hinata, y su tía.

—Lady Sarutobi, ha sido una tarde perfecta, la he disfrutado mucho pero desafortunadamente debemos irnos.

—¿Tan pronto?

—Sí, ya sabe usted como es la vida de un médico. Uno se debe a sus pacientes.

—Es cierto y lo comprendo perfectamente, le doy las gracias por venir.

—Soy yo el agradecido por su amabilidad.

Se dirigió a Hinata, y ya sus ojos no la miraban tan amablemente— señorita Hyuga ¿me permite unos minutos?

—Claro que sí— ambos se fueron a un lugar apartado.

—¿Por qué te vas tan temprano ¿Ha pasado algo que deba saber?

—Me voy porque tengo muchas cosas que hacer.

—¿Te pasa algo?

—Nada, sólo estoy un poco cansado.

—Me imagino, disculpa no me había puesto a pensar en que has tenido que atender a muchas personas antes de venir aquí. Seguramente todavía te faltan algunos el día de hoy, en tu consultorio.

—Sí, todavía me faltan algunas— su voz carecía de afecto, no había ninguna emoción en él, y Hinata sintió que hablaba con otra persona.

—Me habría gustado que te quedarás un rato más, y también te quería hablar algo contigo.

—No te preocupes, vamos hablar pero no hoy.

Los rápidos pasos de la hermana de Menma se escucharon cerca—Ya estoy lista.

—Muy bien, entonces vámonos.

—Fue un gusto conocerle, señorita Hyuga. Espero que podamos ser buenas amigas.

—Muchas gracias—ella sonrió—para mí también fue un gusto, espero lo mismo.

Menma solo hizo una pequeña inclinación de cabeza hacia ella y se fue.

Hinata se preguntaba qué habría pasado para que estuviera así y temió que Sasuke le hubiera dicho algo que no debía.

. . . . . .

Después de una tarde entretenida y una deliciosa cena, algunos invitados partieron pero otros que decidieron hacerlo más tarde, tuvieron que quedarse porque los caminos estaban totalmente inaccesibles debido a una fuerte tormenta que se desató en minutos.

—¿Qué le parece si se queda, señor Uchiha?—le preguntó Kurenai—No creo que sea prudente salir con esta tormenta. Ya les he dicho a algunos de mis invitados que con gusto puedo mandar a prepararles una habitación para que pasen aquí la noche y ya mañana puedan volver a sus casas. Así evitamos contratiempos o peor aún, alguna desgracia.

—Muchas gracias, Lady Sarutobi. Es usted muy amable. Con gusto aceptaré su invitación.

—Muy bien, mandaré preparar su habitación entonces—se alejó murmurando algo sobre que no entendía porque estando tan cerca de Tokio el tiempo era tan distinto al de allí y tan cambiante.

—¿Necesitas algo?—le preguntó Hinata.

—A ti.

—En ese caso me iré a mi habitación y...

Él iba detrás de ella siguiéndola.

—¿Qué diablos haces?—su temperamento estalló.

—Me dijiste si necesitaba algo y luego me dices que vas a tu habitación...yo pensé que era una insinuación—le dijo mordiéndose el labio inferior para aguantarse la ganas de reírse.

—¡Madura Sasuke, por el amor de Dios!

Ella se retiró a su habitación excusándose por un dolor de cabeza, mientras él se reía al verla tan enfadada y regresaba con otros invitados.

. . . . . .

El fuego crepitaba mientras Sasuke escuchaba el sonido de la madera contrayéndose. Todos se habían ido a dormir ya, incluso la servidumbre no se escuchaba por ahí. Sasuke tomaba una copa de brandy pensando en ella.

Imaginándola en su cama y deseando estar en su dormitorio haciéndola suya.

El sueño le era esquivo con tantas cosas en su cabeza, de manera que pensó después de estar una hora allí, que lo mejor sería tomar un libro de la biblioteca y subir a intentar buscar el sueño leyéndolo. De repente la puerta sonó dejando ver la sombra de una figura femenina.

—¿Hay alguien aquí? —preguntó la voz que no era otra más que la de Hinata.

—¿No puedes dormir? —preguntó Sasuke tratando de ver más claramente.

Cuando ella se acercó notó que todavía estaba completamente vestida como en la tarde—pensé que ya estaría durmiendo.

—No podía.

—Yo tampoco, por eso me encerré aquí, pero el brandy se acabó, así que lo quiera o no, tendré que ir a mi habitación.

—Puedo ir a la bodega donde mi tía guarda los vinos y otros licores, sé que ella no se molestará por eso. ¿Me acompañas?

—Lo haré, pero solo si tomas una copa conmigo.

Una sombra de duda cruzó por su rostro pero enseguida se fue—Está bien, pero solo una.

Ambos bajaron tratando de no hacer ruido y llegaron a la parte más baja de la casa donde había una pequeña puerta de madera que conducía a una especie de túnel. Caminaron algunos metros y llegaron a otra puerta esta vez más grande y gruesa, que al cruzarla dejaba ver una hilera de estanterías donde había muchas botellas.

Sasuke silbó—Bueno, bueno, tu tía sí que sabe divertirse.

Ella lo miró con el ceño fruncido—no estarás insinuando que es alguna alcohólica ¿verdad?

—Por supuesto que no. Solo decía que a tu tía le gusta la buena vida—sonrió mientras ella seguía dándole una mirada de reproche. ¡Olvídalo!—lady Sarutobi, es una buena mujer solo quería bromear un poco. En ese momento sonó la puerta y ambos vieron cómo se fue cerrando.

—¡Corre, sostén la puerta!—exclamó ella, pero desafortunadamente él no llegó a tiempo para sostenerla y esta se cerró.

—Te dije cuando veníamos para acá que no te descuidaras con la puerta, que era muy pesada y se cerraba fácil.

—No te iba a dejar entrar sola—protestó furioso.

—Que se supone que me iba a suceder aquí adentro? Ahora estamos atrapados aquí y nadie nos va a escuchar. Estamos debajo de todo y en un sitio con paredes gruesas. ¡Dios! —exclamó con frustración.

—¿No hay otra forma de abrirla?

—Solo se abre desde afuera. Ya toda la servidumbre se ha ido a descansar y mi doncella también.

—¿No tiene que ayudarte a cambiarte de ropa?

—Le dije que podía encargarme yo, así que ya debe estar en su habitación y solo ira a mi habitación si la llamo o si pasa algo extraordinario en la casa. Dios ¿Qué vanos a hacer?—su cara mostraba un miedo terrible.

—No pasa nada, cariño—trató de calmarla—mañana nos encontraran y saldremos de aquí,. Alguien se preguntará por ti y por mí.

—Pero mientras, estaremos en este sitio sin calefacción, y solo con la luz de una lámpara que no sabemos si durara toda la noche. Moriremos de frio.

—No lo haremos—él la abrazó—debe haber algo por aquí para cubrirnos— Sasuke comenzó a buscar.

—Aquí parece haber algo—Hinata sacó algunas cosas de la parte de atrás de un estante.

—¿Qué es?

—Parecen cobijas, de hecho hay varias.

—Gracias a Dios—él sonrió aliviado—con esto podremos pasar la noche sin problemas. Nos mantendrán calientes.

—Eso espero.

—¿Por qué crees que tengan esto aquí?

—No lo sé...tal vez no tenían otro lugar donde ponerlas.

—No lo creo, esta casa es demasiado grande.

—Sí son peras o manzanas, no me importa con tal de tener algo que nos ayude a pasar la noche sin morir congelados.

—Ven, sentémonos aquí—él la tomó de la mano para que se acomodaran sobre una de las mantas que había puesto en el piso entre dos estantes grandes cercanos a un rincón. Hinata se sentó y comenzó a frotarse las manos—sigue haciendo frío.

—Yo te daré calor—besó su cabello con ternura. Ella tenía tanto frío que no le importó acurrucarse más a él—cuéntame algo.

—¿Qué quieres que te cuente?

—Lo que sea.

—Te contaré sobre mi afición a hacer figuras de madera.

—¿Haces eso?

—Sí. Comenzó el día que me fui y te dejé sola. Yo no podía comunicarme contigo de ninguna forma y quería ver tu rostro, sentirte conmigo, solo que no sabía cómo. Así que un día estábamos todos en un puerto y había cerca de allí un aserradero. Un hombre en la parte de afuera solo estaba allí jugueteando con algo pero estaba tan concentrado que llamó mi atención. Cuando me acerqué un poco más vi que era un trozo de madera y el con un simple cuchillo, le daba forma. No tenía mucho que hacer era un día libre para nosotros, de manera que me quedé allí viendo hasta que el pedazo de madera tomó la forma de un caballo. Me dijo que era para su hijo pequeño.

—Le pregunté como lo hacía y me dijo que era fácil cuando tenías un motivo fuerte que te inspirara a hacerlo. Pero que si solo lo hacía por pasar el rato sin sentimiento alguno, sería duro de aprender. Yo no le creí mucho, sin embargo me llamó tanto la atención que tomé un trozo de madera y le pedí que me enseñara un poco.

—¿Lo hizo?

—Sí, estuvo diciéndome algunos pasos y aunque fue muy rápido, aprendí lo principal y el resto dependía de mí.

—¿Lograste hacer algo?

—De hecho, sí. Tengo una pequeña muestra de lo que hice aquí mismo.

—Enséñamela—le pidió separándose un poco para mirarlo.

—Lo cargo todo el tiempo y lo llevo a todo lado desde que lo hice. No es una obra de arte pero...

—Solo muéstralo—exclamó impaciente.

Él se echó a reír—bien—sacó de uno de los bolsillos de su chaqueta un pequeño saquito, y al abrirlo vio que era un trocito de madera con el rostro de ella grabado en él.

—Oh Dios, Sasuke...

—¿Sorprendida?

Ella lo miró con mil emociones revoloteando en su rostro—jamás pensé...yo nunca supe que tú...

—¿Qué pensaba en ti? ¿Creíste que simplemente me había olvidado de ti como si jamás hubiéramos pasado tantos momentos especiales? ¿Como si nunca te hubiera amado?

—De todas formas, ya no vale la pena.

—¿Por qué? ¿Piensas que ya todo está perdido? —tomó su barbilla—Yo te amo, Hinata. Eso jamás cambiará, así decidas casarte con ese hombre o con cualquier otro— tomó sus labios en un beso suave, lento, hundiendo la lengua cada vez más hasta que ella gimió de placer.

Hinata trató de apartar las mantas, para poder envolver sus brazos alrededor de su cuello. No entendía su reacción pero en ese momento solo quería dar rienda a algo que sentía desde hace mucho y que había estado guardando muy profundo en su corazón. Sus labios se abrieron más cuando él deslizó su mano en su cintura y respiró contra sus labios. Luego su mano ascendió hasta apoyarse en su espalda. El ritmo de su respiración se volvió más agitado y su cuerpo empezaba a despertar de una forma que solo recordaba haber hecho cuando hacía el amor con él. Comenzó a tocar después su cuello y poco a poco fue quitando las pequeñas pinzas que sostenían su cabello hasta dejarlo completamente suelto, como a él siempre le había gustado.

—Mi amor, hace tanto tiempo que soñaba con esto, que creo que este momento es solo producto de mi imaginación—la miró directamente a sus ojos tan verdes como un par de esmeraldas. La saboreó más hondo; su lengua siempre encontrándose con la de ella y entonces motivado por su respuesta sus besos comenzaron a seguir la línea de su mandíbula hasta su garganta sintiendo su delicioso olor, ese olor que siempre le cautivó; a vainilla y algo de lavanda.

Sus manos volaron hasta sus pechos amasándolos, mientras que ella daba un suave suspiro. Se apartó de su boca solo un momento—Nunca he podido sacarte de mi mente, mi amor. Eres la dueña de mis pensamientos, de mi corazón, de toda mi vida.

—Yo tampoco he podido por más que he luchado—dijo entre suspiros cuando él sumergió su cabeza entre sus pechos, ahora desnudos. Él siguió acariciándola insistente, amasando suavemente con su palma, los pezones que ahora estaban demasiado sensibles. Hinata en contra de todo buen juicio, se arqueó para presionarse más contra su mano, y el pellizcó uno de los pezones haciendo que entre sus muslos se formara un calor insoportable que aumentaba su deseo.

—Sasuke, ya no lo soporto más...

—Tranquila amor, paciencia. Este momento es demasiado importante para ambos como para apresurarnos—su voz ronca le dijo al oído. Sin embargo retiró la mano de su corpiño y la fue bajando hasta llegar a su vientre. Ella pudo sentir la dureza de su miembro presionando contra su cadera y luego al moverse la sintió plenamente contra su centro. Sus manos comenzaron a vagar debajo de su vestido, por sus piernas. Se separó de ella —te necesito desnuda—le dijo ayudándola a tirar de su vestido para sacarlo—quería sentir su piel completamente.

Hinata solo quedó en camisola—ahora tu llevas demasiado ropa—le dijo y llevó sus manos a su corbata tratando de desabrochar su elegante nudo.

Luego, desabotonó su chaleco y terminó saliendo de la camisa. Se encontró con su pecho firme, era como lo recordaba, aunque había un par de cicatrices que en ese entonces no tenía y que acarició lentamente con manos temblorosas. Él hizo un sonido de anhelo, y la atrajo hacia sí, para otro ardiente beso. Después, él dio un paso atrás y Hinata siguió ayudándole a quitarse lo demás pero en su prisa, Sasuke simplemente terminó arrancando sus botas y quitándose los pantalones.

Enseguida hizo desaparecer la camisola de ella y su ropa interior para nuevamente recostarse sobre ella y tomar sus pechos cubriéndolos con su boca.

—Sasuke...—el calor de su boca la quemaba y hacía que sus pezones dolieran de lo duros que estaban. Su cabeza se echó hacia atrás gimiendo, al tiempo que las manos de él tocaban y atormentaban su cuerpo. Ella también quiso hacerlo sentir bien, de manera que su mano fue tentativamente hacia su miembro que estaba totalmente erguido y caliente como lo recordaba. Ella se sintió tan ansiosa y su mano se movió de arriba hacia abajo causando que él dejara salir un ronco gemido de placer. Sasuke metió sus manos entre sus piernas, separándolas.

—¡Oh Dios!—exclamó ella cuando sus dedos acariciaron su sexo. Y se aferró a él como si de una tabla de salvación se tratara.

—Eres la más hermosa visión, mi amor—dijo con los ojos brillando de deseo—perdóname, pero no creo poder aguantar más—se puso sobre ella, colocando su miembro donde habían estado sus dedos y presionó hacia delante, abriéndola. Sus miradas se encontraron cuando sus cuerpos se unieron después de tanto tiempo.

—Te amo—dijeron ambos a la vez, en medio de su pasión. La sonrisa de él, al escucharlo fue de pura emoción. Empezó a deslizarse hacia atrás y hacia delante con exquisita lentitud dentro de ella. Hinata lo tomó por los hombros llevando sus caderas más arriba, urgiéndole a ir más profundo. Sasuke aceleró el ritmo con embestidas que fueron cada vez más fuertes.

—Sí, más...—decía ella en medio de su frenesí.

La presión que sentía en su interior fue tan grande, que al final estalló como mil fuegos artificiales haciéndola ver luces y colores. Sasuke dejó escapar un rugido de placer y se derramó dentro de ella con toda la intención de que su semilla diera frutos. El sudor brillaba en sus brazos, y en su pecho.

Hinata suspiró sintiéndose tan saciada y completa que casi podía ronronear como un pequeño gatito. Pasó sus manos por los brazos sudorosos de él y por su espalda. Sasuke levantó su rostro hacia ella con una sonrisa cansada pero satisfecha y tocó su mejilla—Dios Hinata, jamás te dejaré ir, estás hecha para mí.