Hola! Paso a dejar esto rápido por aquí, antes de irme a dormir.

Lamentablemente por falta de tiempo no podré contestar reviews sino hasta después. Espero que me perdonen por eso.

La canción de hoy es Possibly maybe, de Bjork.

Sin advertencias por el momento.

Los invito a leer :)

Erase my scars

Capítulo 4: Un castigo apropiado

Jack esperaba de pie a lado de la puerta de la habitación número seis, la habitación de su amo. Era de madrugada y comenzaban a extinguirse las estrellas y a aclararse el cielo. A su lado estaba de pie la chica que lo había ayudado el día anterior, aunque bueno, quizás ayudar no era el término más apropiado en este caso. La chica parecía angustiada. Jack no hubiera querido involucrarla en esto, pero en medio de la confusión y con Toothiana gritándole, se le había salido decir el nombre de la chica y fueron a sacarla de la cama en seguida.

Llevaban algo así como una hora esperando ahí, cayéndose de sueño, cansancio y preocupación. Jack no sabía qué tan grave había sido lo ocurrido y por dios que no quería ni pensar en lo que podía suceder si la situación pasaba a mayores.

Cuando salió disparado de la habitación en busca de ayuda, se había topado con que la fiesta se había extinguido casi completamente. Los gladiadores seguían en el comedor, tirados en el suelo, a medio sentar en las sillas o ahogados de borracho bailando sobre la mesa. Al pasar por una habitación pudo ver la puerta abierta y a uno de ellos fornicando con una esclava. Jack se había alejado rápidamente de ahí y siguió buscando, hasta que finalmente llegó a la que sabía era la habitación de la señora.

Tocó varias veces. Habitualmente no lo hubiera hecho, pero la situación era apremiante.

La puerta se abrió un tanto rápido, y se asomó entonces un rostro gentil de un hombre de quizás unos cuarenta y cinco o cincuenta años, cabello, barba y bigote negro, y ojos azules de una suavidad casi paternal. Jack lo observó un momento sin identificarlo.

-B…busco a la señora Toothiana, necesito su ayuda-, se decidió a explicar, y el hombre lo miró extrañado un momento antes de voltear hacia el interior de la habitación.

-Linda, te busca uno de los esclavos.

Pasaron unos segundos antes de que la hermosa mujer asomara su rostro por la puerta. Jack adivinó entonces que aquél hombre debía ser el administrador, al que todos conocían como North.

Ni bien Jack había terminado de explicar lo ocurrido, la mujer había salido casi corriendo de la habitación, ajustando la túnica que la cubría e indicándole a su esposo que se adelantara a buscar al médico.

Jack siguió a la mujer por el pasillo tratando de explicar lo ocurrido. Ella tenía ese modo de caminar tan rápido que muchas personas no podían seguirle el paso a menos que corrieran, y Jack no era la excepción. Entre unas cosas y otras, se le había salido decir el nombre de la esclava que le había recomendado el baño de hierbas y Tooth la mandó traer apenas vio a alguien disponible en el pasillo. Jack se arrepintió casi en seguida, pero ya no había nada qué hacer.

North y el médico llegaron después. Jack se quedó de pie ahí en la puerta únicamente porque no lo dejaron pasar, y la esclava llegó después, para quedarse en la puerta junto a él, retorciéndose las manos de ansiedad.

-Lo siento-, le dijo, tratando de calmarla-, no quería provocarte problemas. Si intentan regañarte, diré que yo tuve la culpa.

Ella negó con la cabeza y se limpió la cara.

-No son ellos lo que me preocupa…

Antes de que ella pudiera decir otra cosa, la puerta se abrió. Las voces de Toothiana y el médico parecían concluir una conversación.

Tanto Jack como la chica se alejaron de la puerta y esperaron, rígidos y con la mirada baja. El médico se retiró, y North también salió de la habitación. Jack no supo lo que ocurría porque no estaba mirando, pero pronto vio los pies de Toothiana frente a él. Le sorprendió un poco, pues esperaba que ella se dirigiera directamente a regañarlo o decirle cualquier cosa.

-Jack, ve al comedor y espérame allí.

Jack inclinó la cabeza y salió del pasillo a toda la velocidad que daban sus piernas. La chica se quedó atrás, con Toothiana.

.

.

.

Pasaron apenas unos minutos cuando Jack escuchó la gran puerta del comedor moverse un poco. En el umbral apenas abierto apareció Toothiana, que le dirigió entonces una mirada de poca paciencia. Parecía, más que molesta, estresada por lo ocurrido, y era lógico, claro, pero Jack se había acostumbrado tanto a ser regañado a la mínima oportunidad que no era capaz de ver las cosas con calma.

La mujer tomó asiento frente a él en la mesa del comedor, que a esta hora estaba vacío, obviamente. Jack suponía que su amo estaba fuera de peligro y la señora no se había lanzado a regañarlo en seguida, como él esperaba. Poco a poco, sin querer casi, se fue relajando, perdiendo la ansiedad que tenía hacia unos minutos, y cayendo en el sueño llevado por el cansancio que se había apoderado de su cuerpo gracias a lo sucedido. Toothiana sin embargo, no iba a dejarlo dormir sin aclarar algunos puntos.

-Tu amo se encuentra con bien, Jack. Debes sentirte aliviado, esto no te traerá demasiadas consecuencias.

Jack asintió.

-Sin embargo, sí debo cuando menos llamarte la atención. Jack, ¿cómo se te ocurrió usar esas hierbas sin siquiera saber cuáles podrían ser sus efectos, o cómo utilizarlas bien? Usaste demasiada y recalentaste el baño. Eso potenció los efectos y terminó por intoxicar a Aster.

-Yo no sabía lo que podía pasar… ella me dijo que…

-Precisamente porque no sabías lo que podía pasar- repuso la mujer interrumpiéndolo, y alzando la voz de un modo que no permitió que Jack siguiera hablando-, ¿Por qué pensaste que era buena idea hacer caso de lo que te dice cualquier esclava?

Jack se quedó en silencio, pensando en alguna respuesta que pudiera ser válida en esta situación, sin encontrar ninguna. Simplemente, había pensado que podía confiar en ella.

-Aún si sus intenciones fueran buenas, pudiste preguntarme a mí o a alguno de los líderes. Fue algo muy peligroso.

Jack asintió, apenado, y realmente sin saber qué contestar. Supuso que había sido algo inocente. Pero habiendo sido criado como esclavo y estando rodeado por ellos desde niño, se negaba a creer que alguien tan similar a él fuera capaz de intentar hacerle daño o tenderle una trampa.

Sí, al parecer era muy inocente.

-Esta es una posición de demasiado peligro para ti. Esta noche irás al dormitorio de esclavos. A partir de mañana reanudarás tus actividades normales con ellos.

Jack, que hasta el momento había tenido la mirada agachada, levantó la cabeza bruscamente al escuchar estas palabras.

-Pero…

-No hay pero que valga en esta situación, Jack. Tendré que hablar con Aster. Eres demasiado joven, demasiado inocente para este trabajo. Ve ahora a dormir.

Jack se mordió los labios, queriendo responder algo, cualquier cosa, sin poder hacerlo.

.

.

.

En la habitación de esclavos todo era silencio, obviamente, con todos los esclavos dormidos a esa hora de la madrugada. Como ya no estaba ahí su cama, Jack optó por tomar algunas sábanas, una almohada, y acomodarse en un rincón. Se cuidó mucho de que nadie lo viera ni lo escuchara. No quería despertar a nadie, ya bastante mala era la jornada de trabajo de la mayoría como para además pasar una mala noche por culpa de él.

Fue una de esas noches donde uno cierra los ojos, los vuelve a abrir y de pronto ya es de mañana. Pero lo que había hecho A Jack despertar, más que la costumbre, fue el sonido fuerte de la puerta al abrirse de golpe. Al parecer no fue el primero en levantarse asustado; muchos de los presentes se incorporaron de manera repentina, tan confundidos como él. La voz de Toothiana rompió el sorprendido silencio.

-¡E. Aster Bunnymund, has caso cuando te hablo! ¡No tienes permitido entrar!

Jack no sabía si estar sorprendido por escuchar por primera vez el que parecía ser el nombre completo de su amo, o porque las palabras dichas por Toothiana implicaban que él estaba aquí.

-Tú no tenías permitido tomar a mi esclavo Toothiana, pero aquí estamos, ¿no es cierto? ¡¿Dónde demonios está?!

Uno de los esclavos señaló la esquina donde Jack estaba acurrucado. Jack había escuchado las voces, pero no había visto a ninguno de los dos porque las camas entorpecían su vista. Pronto, ambas figuras se hicieron claras en su rango visual, y él instintivamente se presionó más con la pared a sus espaldas.

Al verlo, el gladiador caminó rápidamente hacia él. A pesar de que su actitud era agresiva, podía verse con claridad que aún estaba afectado por lo ocurrido la noche anterior. Su piel bronceada estaba pálida, y tenía ojeras.

Aun así, su mano se sintió fuerte cuando tomó a Jack del brazo y lo levantó sin ningún cuidado. Jack se dejó llevar.

-¡Aster, ya te lo expliqué! ¡Es suficiente!
El gladiador se quedó de pie y encaró a la mujer con decisión. Jack pudo ver claramente como sus ojos se afilaron y recuperaron algo del brillo perdido por la enfermedad.

-Yo pagué por este esclavo. Es mío, y eso no va a cambiar. A partir de ahora, no saldrá de mi habitación sin mi permiso-, luego alzó la voz, mirando a los demás esclavos-, ¡Nadie le dirigirá la palabra a mi esclavo a menos que yo lo permita! ¡¿Entendieron?!

Hubo una respuesta generalizada de parte de los esclavos. Sus voces se escuchaban sombrías, aunque quizás solo era el efecto de que comenzaban a despertarse.

Jack se sintió extremadamente asustado por esta declaración. De manera inconsciente, comenzó a mover su brazo, queriendo que su amo lo soltara, pero obviamente sin obtener el resultado que esperaba y más aún, haciendo que el gladiador lo sujetara con más fuerza, sobre todo cuando volvió a llevarlo casi a rastras a su habitación.

Detrás de ellos, Toothiana los perseguía gritando escandalizada. Al llegar a la habitación, el gladiador empujó a su esclavo al interior y volteó rápidamente para cerrar la puerta y evitar que la mujer entrara. Toothiana se escabulló sin problema al interior del cuarto y en cambio cerró la puerta a sus espaldas.

Aster soltó a Jack y volteó a verla. Jack retrocedió hasta que la parte trasera de sus piernas dieron con la cama de Aster.

-¡Eres un irresponsable desconsiderado!- le recriminó la mujer, mucho más molesta que en cualquier otro momento en que Jack la hubiera escuchado gritar o hablar con alguien,- ¿Por qué nunca escuchas lo que te digo? ¡Puedes meter a Jack en un gran problema y simplemente no te importa!

Jack los miraba sin entender. Aster parecía estar esperando a que la mujer terminara de hablar. Finalmente, al parecer estresado por los reclamos, Aster la tomó de un brazo y la hizo caminar hacia la puerta.

Ella continuó regañándolo hasta que él la empujó a través de la puerta y cerró, asegurándola con una llave.

Jack, por su parte, se había puesto de pie y había caminado hacia allí, sabiendo que quizás debía de haber seguido a la señora y puesto bajo su protección. Se suponía que cuando se trataba de ellos, los esclavos, la de ella era la última palabra. Pero en situaciones como ésta, simplemente parecía que no era así.

Su amo regresó a la cama, tambaleándose, sin prestarle realmente atención. Jack se sintió cohibido, perturbado por su comportamiento anterior, y se preguntó si debía o no hablar con él, o si debía esperar, o si debía aprovechar cualquier oportunidad para salir de la habitación. Pero, otra vez, él había cerrado con llave la puerta.

Jack se quedó de pie a mitad de la habitación, esperando cualquier reacción de su amo, pero sin atreverse a darse la vuelta para mirarlo a la cara. Vaya, por algunos instantes, la noche anterior, se había permitido a sí mismo pensar que las cosas saldrían como Toothiana lo había sugerido. Ahora tenía que pensar que, para empezar, seguramente él estaba bastante enojado por lo ocurrido. Quién sabe si sería capaz de desahogarse con él por algo que no había decidido él mismo sino Toothiana.

-Ven acá.

La voz del amo sonaba apagada, pero no por eso menos fuerte. De hecho, Jack podría haber jurado que su voz sonaba aún más fuerte y molesta que de costumbre.

Se dio la vuelta lentamente, como si no quisiera obedecer, pero sabía que no le quedaba otra alternativa.

Se acercó hasta donde estaba él, sentado en su cama. El amo le dio una mirada de esas que parecían atravesar su piel con calor puro, sus ojos habiendo recobrado aunque fuera un poco de su habitual brillo.

-¿Quieres irte?

Jack no entendió la pregunta. Esto solo provocó que los ojos de Aster se tornaran furiosos, y luego lo sujetó de los brazos, con una mano en cada uno presionando fuertemente sus dedos contra su piel. Jack incluso sintió cierto vacío en sus venas, como si le fueran a dormírsele los brazos.

-¡Contéstame cuando te hablo! ¡Dime si es verdad lo que me dijo Toothiana esta mañana!

Jack no comprendió. Algo debían haber platicado ellos antes de que Aster llegara por él a la habitación de esclavos, y ese algo debió haber sido lo suficientemente molesto para el gladiador como para que finalmente haya decidido hacer semejante escena frente a todos. Para empezar, era una regla implícita el que los gladiadores no entraban al cuarto de los esclavos ni se inmiscuían en sus actividades. El hecho de que Aster fuera a tomar con él a Jack era bastante extraño, por no decir impropio.

Pero claro, él hacía lo que quería porque era lo que había aprendido toda su vida. Estaba seguro de ello; este bastardo creía sinceramente que merecía todo lo que quisiera, que podía tomar lo que creía que era suyo sin tomar en cuenta deseos o necesidades de otras personas. Creía que tenía el derecho de tenerlo consigo aún si su presencia no le era grata, aún si realmente no lo necesitaba para ayudarlo, después de todo, cualquier otro esclavo podría haber hecho las cosas que Jack hacía aquí y sin necesidad de dormir en la misma habitación o si quiera tener que dirigirle la palabra. Después de solamente algunos días, Jack no comprendía porqué, por qué él, por qué de todo lo que le pudo haber pasado había pasado precisamente esto…

-Aunque le dijera que quiero irme no lo permitirá, ¿no es cierto? -, susurró apenas, levantando la mirada. Él lo observaba con el mismo aire severo, apretando los dientes. En este momento, por alguna razón que no alcanzaba a comprender, Jack se sintió conmovido, casi apenado por él. Es decir… algo había en la desesperación de sus palabras, de sus ojos, de su voz. El corazón le dio un vuelco. No sabía por qué demonios se estaba fijando tanto en estas cosas-. Ya fue suficiente. Debe descansar.

Las manos de Aster en sus brazos se relajaron ligeramente, lo suficiente para que Jack sintiera unas imperceptibles ganas de sonreír. Ahora se veía un poco confundido. Bien, al menos había conseguido hacerlo perder el control un momento.

Calculando los alcances de su suerte, su buena racha o la mala condición física de su amo en el momento, cualquiera que fuera la cosa que lo estaba ayudando, Jack levantó poco a poco las manos hasta posarlas en los brazos de su amo. Sin dejar de sostenerle le mirada, lo sujetó de los codos, y moviéndose firmemente, lo obligó a soltarlo.

El gladiador aún lo miraba con, aparentemente, una gran rabia en los ojos. Jack decidió no dejarse afectar por ello. Después de todo, esto ya se estaba volviendo algo normal, no se trataba de algo que fuera a poder cambiar él mismo así que, ¿para qué preocuparse?

Aster dejó salir un sonido gutural que tenía la intención de asustar a Jack, al parecer, pero él no se dio por enterado. El gladiador, evidentemente cansado y aburrido del ajetreo que él mismo había provocado, se dejó caer en la cama soltando un bufido de fastidio. Jack rodó los ojos. Vaya niñote.

-¿Quiere algo de desayunar?

El gladiador asintió. Jack se encaminó a las cuerdas para pedir asistencia desde la cocina, pero su amo levantó un poco la cabeza hacia él.

-No quiero a nadie en mi habitación.

-Entonces déjeme salir, a menos que quiera que ambos terminemos muriendo de hambre aquí.

Por toda contestación, el gladiador metió la mano en la funda de su almohada y le lanzó a Jack la llave de la puerta. Lo hizo de tan poco ánimo que apenas pudo lanzarla más allá de la cama, y cayó a los pies de Jack. Jack soltó un suspiro, tomó la llave y salió de allí. Sentía que se ahogaba.

.

.

.

Los esclavos se tomaron muy enserio la advertencia- o más bien amenaza-, que habían recibido de parte de Aster. Nadie se atrevió siquiera a ver a Jack, y cuando éste fue a la cocina a pedir el desayuno, le dieron una bandeja con todo lo necesario para él y para su amo, pero la cocinera que lo atendió no le dirigió la palabra ni levantó la vista hacia él en ningún momento. Jack, de ser posible, se sintió ahora mucho más rechazado y alejado de lo que se sentía antes. Y aislado. Todo por el simple hecho de que su amo había impuesto, de nuevo, otro orden a su vida que él no hubiera esperado tener que cumplir. Lo ocurrido había sido un accidente, uno lamentable, pero él no había hecho nada a propósito.

Aun así, estaba consciente de que el enojo de su amo no tenía nada que ver con el accidente, sino más bien con el hecho de que él había salido de sus manos por solo unas cuantas horas. El hecho de que Jack lo hiciera, y más aún, que tuviera que hacerlo obedeciendo a Toothiana y no a él.

Jack se sentía atrapado. Después de las palabras que su amo había pronunciado esa mañana, prácticamente lo había separado del resto del mundo. Había sido una sentencia por la cual Jack tenía que aceptar el hecho de que su vida pasaba a ser totalmente propiedad de su amo- cosa que no había considerado por completo antes-, y por su parte, tendría que acostumbrarse al hecho de que, en efecto, ahora su mundo debía reducirse a él, a lo que él quisiera, a lo que él necesitara, pero sobre todo, demostrar que realmente todo lo que le importaba ahora era él.

Esta situación lo aturdía. Como si no fuera suficiente el hecho de que con su amo no se podía hablar, ahora simplemente no podía hablar con nadie más.

La sola idea llenaba su cabeza de nubes. Oscuras, amenazantes.

Regresó a la habitación de su amo. Éste ya se encontraba dormido.

.

.

.

En total, Aster necesitó tres días para recuperarse por completo después de la intoxicación. Aunque el primer día ya lucía bien y tenía la suficiente energía para gritarles a todos, apenas había probado algo del desayuno llevado por Jack, había terminado vomitando hasta lo que no se había comido, cosa que hizo que su esclavo sintiera una inquietud provocada principalmente por el hecho de que no había mucho que pudiera hacer por su propia cuenta para poder ayudarlo. Por supuesto que empezó por desobedecerlo, salir de ahí sin su permiso y buscar la ayuda de Toothiana. Ella le explicó que debía procurar conseguirle alimentos sin demasiada preparación que no fueran pesados para su estómago, como frutas o verduras frescas, además de limitar sus bebidas a agua y algunos jugos naturales. Es decir, nada de alcohol. No era que su amo se lo pidiera de cualquier modo.

Lo más interesante de esto fue que, ya que el joven se encontraba imposibilitado de hablar abiertamente con los esclavos, tuvo que preparar las comidas él mismo.

En sus recorridos por la casa buscando las cosas que necesitaba para su amo, y en los minutos que había pasado en la cocina durante esos días, se enteró de algo más que no había pensado antes; todos sabían que lo realmente peligroso de la situación era que la reputación de su amo podía verse afectada por lo sucedido. Es decir, ¿cómo un gladiador tan fuerte y supuestamente invencible se veía a sí mismo derrotado por algo tan estúpido y simple como un baño de hierbas especiales? Si era el caso de que su esclavo personal lo hubiera intentado envenenar, ¿cómo se dejaba vencer tan sencillamente por alguien tan inferior?

Si el rumor se corría a otras casas, Aster sería objeto de burla de sus rivales, y esto era algo que una casa tan prestigiosa como ésta no se podría permitir.

Además, y esto Jack no lo sabía, él tenía sus rivales dentro de la casa también. Ellos bien podrían aprovechar la situación si así lo deseaban y si se les ocurría, por supuesto, una manera de hacerlo.

El día que su amo por fin regresó a su entrenamiento habitual, Jack se encontró a sí mismo respirando con alivio. En estos días, se había concentrado en cuidarlo al tiempo que fingía no existir. Aster podría haberlo echado de su lado en el momento en que quisiera si le molestaba su presencia, y fuera de esa habitación, su estabilidad y seguridad eran más que inciertas.

Había descubierto, cosa que le parecía tan extraña como conmovedora, que su amo respondía mejor a la música que a casi cualquier otro estímulo. Él se iba a la parte más lejana de la habitación con el arpa, se sentaba en el suelo y comenzaba a tocar. Ahora había aprendido un par de piezas sencillas, tocadas con notas suaves y graves. Jack pasaba sus dedos suavemente por las cuerdas y sentía la vibración en las yemas. Éstas parecían conectarse directamente con el resto de su cuerpo; sus pulmones vibraban con la música. A veces seguía las notas con su voz. Otras veces, cerraba los ojos y se dejaba llevar.

Imaginaba la música como pequeñas olas de humo que salían de sus manos; las más graves eran azules, moradas, verdes. Las más agudas iban de un rosa suave hasta un naranja y un amarillo estridente. Las notas más ricas, profundas y veloces eran rojas. Las más melancólicas, de un azul marino que casi llegaba al negro. Las notas lo envolvían todo y se enredaban entre ellas, danzando en el aire. Cuando Jack abría los ojos, se encontraba ante sí un arcoíris vaporoso que le quitaba el aliento hasta que tenía que parpadear, y los colores se iban difuminando de su vista.

En una de esas ocasiones, Jack había levantado la vista para encontrar a su amo observándolo, y él había terminado por hacer como que no se había dado cuenta de esto. El gladiador estaba tan exhausto, y sus ojos tenían tan poca luz, que Jack realmente no creía que estuviera listo para volver a entrenar con tanta fuerza como siempre lo hacía, pero lo cierto es que volvió a hacerlo en poco tiempo.

Jack se levantó la cuarta mañana en la habitación vacía, y vio la cama de su amo revuelta y vacía por primera vez en varios días.

Se sintió inquieto, pero no sabía si era porque su amo podía estarse poniendo a sí mismo en un gran peligro ahora, o si era porque sin él, ahora él se encontraba completamente solo en esta habitación y para ser justos, en toda la casa.

No era que su amo le hiciera demasiada compañía, pero estando él presente, al menos Jack sentía que había un motivo para él.

En este momento en específico, no era así.

.

.

.

Por la noche, al volver del entrenamiento, el amo no se veía tan cansado como Jack hubiera esperado, pero no se mostró de humor para ir a cenar, apenas para darse un baño. Jack había procurado estar presentable, como a él parecía gustarle tanto, pero no le había prestado atención. Era un poco fastidioso, a decir verdad.

Jack se acercó a él mientras descansaba en la bañera, preguntándole si quería algo. Aster le pidió un masaje en los hombros.

Jack no había pensado realmente en que él fuera a querer algo, en los últimos días no había requerido de su presencia más que para lo más básico, y de cualquier otro modo, hasta parecía que su presencia le resultaba un tanto molesta. Jack comenzaba a resignarse a que en cualquier momento en que él cometiera otro error, terminaría por despreciarlo.

Pero no había sido así.

Se encontró a si mismo deslizando sus dedos, haciendo presión en los fuertes músculos de su amo sin tener una idea clara de si esto le ayudaba o no. Más bien, le daba la impresión de que lo único que él necesitaba era descansar y hacerlo con propiedad.

Jack sintió que lo sujetaba de la muñeca y lo jalaba hacia un lado, donde él pudiera verlo.

Se lo quedó viendo durante un buen rato, sin soltarlo. Jack había comenzado a habituarse a estos momentos, aunque la inquietud por aquella mirada quemante no se había ido nunca. Sentía el corazón latiéndole en las orejas y la sangre agolpándose en su rostro.

-Dicen que me traicionaste.

Jack se sorprendió al escuchar el sonido que él mismo hizo cuando su respiración se cortó de golpe al escuchar esto. Fue como un impacto directo, sin advertencias, sin atenuantes. La voz y los ojos de su amo solo hicieron que todo se sintiera peor.

¿Qué se suponía que respondiera a aquellas palabras?

El gladiador lo miraba de la cabeza a los pies, reconociendo cada parte de su cuerpo, como si analizara lo que estaba pensando no su esclavo personal, sino todos y cada uno de los hombres con los que peleaba cuando iba a la arena. El silencio y la tensión eran tan densos que Jack casi podía tocarlos.

Evidentemente, él esperaba una respuesta, y no sabía qué podría pasar si no se la daba.

-¿Quién podría decir algo así?- replicó, fingiendo una calma que no tenía-, ¿y cómo podría yo traicionarlo?

La mano de su amo sujetó su muñeca con mucha más fuerza. Jack contuvo el aliento.

-Envenenándome a propósito-, replicó-, hay quien piensa que usaste esas hierbas para hacerme daño y fingir que todo había sido un accidente.

Jack negó con la cabeza con suavidad, pero su amo siguió hablando;

-Hubiera sido perfecto, ¿no es así? Fingir que no sabías lo que hacías para deshacerte de mí con facilidad.

Jack volvió a mover la cabeza. El amo lo jaló más hacia él, hasta que su estómago estuvo presionado contra el borde de la bañera.

-Más vale que me estés diciendo la verdad. Si algo así volviera a suceder…

-No sucederá más, lo prometo.

El gladiador soltó a su presa.

-Retírate. No quiero verte en la habitación cuando salga. Vuelve cuando yo no pueda verte.

Jack se dio la vuelta y salió del baño, y luego dejó del todo la habitación de su amo.

Aislado, cansado y confundido como se sentía, Jack se limitó a vagar por los pasillos de la casa, de aquí a allá, esperando que pasara un tiempo considerable que le permitiera pensar en que, cuando llegara a la habitación, su amo estaría dormido.

No comprendió el porqué de esta decisión de su parte. De ser posible, lo hizo sentir todavía más fuera de lugar, es decir, si ya se las había arreglado para alejarlo del resto de los esclavos, ¿por qué ahora también lo alejaba de él? Ya era un extraño entre las personas con las que habitualmente convivía, ¿y ahora lo estaba expulsando de su presencia también?

¿Qué era lo que quería su amo realmente?

Jack no encontraba respuesta a ninguna de estas preguntas, y la verdad era que además de estar cansado y confundido, sentía que la cabeza le iba a explotar. El silencio a su alrededor no ayudaba en nada. Y decir silencio es algo relativo, pues a esta hora los esclavos continuaban afanándose con sus tareas antes de ir a dormir, más bien era el silencio que él mismo estaba viviendo al verse imposibilitado de comunicarse con ellos, o incluso si lo intentaba, de recibir una respuesta.

Sabía que no romperían una regla o una orden dispuesta por un gladiador, por poco coherente o razonable que ésta pudiera parecer. Jack sabía que pertenecía a una sociedad con importantes limitaciones, cuyas costumbres no podría romper en el remoto caso de haberlo intentado.

De modo que se quedó sentado junto a una ventana mirando hacia el exterior. Deseó haber traído consigo el arpa, o la flauta, cuando menos para combatir un poco el silencio y la soledad que estaba sintiendo.

Por alguna razón ansiaba volver a la habitación y acostarse en su cama, aun en presencia de su amo. Solo quería tener un poco de paz después de tantos días de problemas.

Cuando pasó un tiempo que él consideró aceptable, volvió a la habitación. Tenía miedo de que su amo estuviera despierto aún, pero no fue así. ÉL ya estaba dormido, y Jack respiró profundo y se acercó a él, despacio, sin permitir que se diera cuenta de su presencia.

Todo lucía normal en él. No se veía como si siguiera enfermo, o siquiera como si algo remotamente estuviera mal. Al verlo así, casi no podría pensar que se trataba de un gladiador.

Jack regresó a la puerta y cerró con llave. Tomó la llave y la dejó a lado de la cama de su amo antes de ir él mismo a dormir.

.

.

.

Los días pasaron iguales. Jack había llegado a un punto de aburrimiento en el que deseaba casi con ansias el regreso de su amo para al menos tener un poco de contacto humano que le sirviera de pretexto para animarse. No era que el contacto con su amo fuera el más reconfortante del mundo, pero al menos era un poco mejor que estar completamente solo.

En estos días, no lo echó de la habitación en ningún momento ni le insinuó que su presencia le fuera molesta por motivo alguno. El silencio, sin embargo, era casi tan insoportable como cuando estaba completamente solo.

Intentó romper las reglas, más de una vez. Intentó que los esclavos le hablaran aun con la prohibición, intentó meterse en sus tareas e intentó que lo notaran, que las cosas fueran como antes aún si tenía que hacer algún destrozo para que lo regañaran y lo castigaran, pero no lo consiguió. Y esto lo desesperó, al punto en que por un momento pensó que esto debía ser lo que se sentía ser un fantasma.

Un espíritu sin rumbo, sin voluntad, sin un lugar al que llegar. Nada de lo que había a su alrededor le ofrecía un instante de tranquilidad… de sentir que las cosas estaban bien, por un momento. En el pasado, había encontrado la sensación de un hogar en los diferentes lugares donde había trabajado. Siempre había alguien que lo trataba bien, siempre había alguien a quien llamar amigo. Siempre sentía que su cama era su cama, que su ropa era su ropa. Quizás eran esas las cosas que un esclavo podía llamar suyas, eran su límite, y ahora ni siquiera sentía que tuviera eso. Su cama estaba en la habitación de su amo, su ropa dependía de que él quisiera verlo vestido de una u otra forma.

Comenzó a preocuparse cuando habían pasado ya un par de semanas a este ritmo. Cuando descubrió que tocar la piel de su amo con sus manos al masajear sus hombros era algo que lo aliviaba. Que su calor complementaba el frío que se había apoderado de su piel. Que el sólido de su carne le recordaba que él no era después de todo un espíritu sino una persona… un esclavo, pero un ser de carne y hueso al fin y al cabo.

Y cuando su amo lo tomó de la cintura y lo llevó al interior de la bañera sin ningún problema…. Cuando le arrancó la ropa y obligó a tocar su piel mojada por completo con la suya…Jack se dio cuenta de que había perdido el control. Quería recordar que realmente estaba vivo y él le estaba devolviendo esa sensación. Al besarlo olvidó todo lo que no había hablado, al sentir sus manos recorriendo su piel olvidó el miedo a su propia inexistencia.

Aun así, ahora fue otra cosa a la que le tuvo miedo. Tuvo miedo de que todo fuera demasiado lejos esta vez, de ser lastimado, de perder el control. Pero también tenía miedo de perder esta sensación de llenura en el pecho; tenía miedo de volver a sentirse solo y abandonado en un mundo al que ni siquiera pertenecía.

Los dedos de su amo se hundían en su cintura. El agua caliente se colaba por su piel. El beso que compartían tomó un nuevo significado; estos labios eran los únicos con los que ahora tendría algún, cualquier contacto. Su amo era la única persona que iba a hacerlo feliz.

Aun estando Jack encima de él, se sentía desprotegido y expuesto. Apenas se separó un momento para tomar aire, sus labios fueron reclamados otra vez. La mano de su amo recorrió su espalda desnuda y la piel de Jack se estremeció, la sintió tensarse, sintió cada cabello de su cuerpo en punta.

La mano del gladiador siguió subiendo y finalmente le sujetó el cabello. Lo apretó entre sus dedos con fuerza y luego le obligó a mover su cabeza hacia atrás; al ver su cuello libre, comenzó a besarlo, cerca de una oreja, bajando lentamente hacia su garganta y finalmente posándose en la base. Jack abrió la boca tratando de respirar; se estaba ahogando con el vapor, con el prolongado beso, y ahora, con esta sensación inquietante que no le permitía mantener el aire dentro de los pulmones.

Este era su mundo ahora; los labios de su amo, su piel, el aire que compartieran entre los pulmones uno del otro.

Jack comenzó a sentir dolor en su cuero cabelludo; fue ahí donde un pequeño gemido dejó sus labios. Aster mordió fuerte su piel. Era como si quisiera más de él. Más de su dolor. Su espalda estaba adolorida por la posición en la que estaba y poco a poco su propia erección comenzó a sentirse insoportable.

No podía creer lo que estaba sintiendo. El contacto de su piel, de sus labios, de sus manos… comenzaba a responder ampliamente a su llamada, al reclamo de su cuerpo hacia el de él.

Sí, este era su mundo, su realidad, su nueva vida. Una vida que iba a limitarse ahora a su amo; a estar con él, a hablar solo con él, a verlo y tocarlo solo a él…

Ahora le pertenecía. Ahora, cada centímetro de su piel era de él.

Porque en un momento como éste, para Jack, no había otra persona más en el mundo que él.

El gladiador se separó de él una vez más. Se separó de su rostro y lo observó unos segundos antes de alejar sus manos de él.

-Sal de aquí. No quiero verte.

Hubo unos segundos de silencio. Jack se sintió estúpido, se sintió totalmente fuera de lugar. Todo a su alrededor pareció moverse y las piernas no le funcionaban lo suficiente como para salir de la bañera. Su amo había desviado la mirada hacia un lado, como si su imagen fuera insoportable para él.

Jack sintió su corazón palpitándole en las sienes. Se sujetó de los lados de la bañera y comenzó a salir de ella.

Sus ropas rasgadas estaban en el suelo, no podía cubrirse con ellas. Resistiendo apenas la vergüenza, caminó desnudo hacia afuera del cuarto de baño.

Una vez que pudo llegar a su cama, abrió el baúl y sacó ropa interior y ropa de dormir. Se vistió a la carrera, apenas percatándose de que su piel estaba demasiado húmeda, y la tela se humedeció también, pegándose incómodamente a su cuerpo. Cuando se encontró vestido, salió de la habitación.

Una vez fuera, ni siquiera hizo el esfuerzo por encontrar a dónde ir. Se sentó en el suelo, junto a la puerta, dobló las piernas hacia su pecho y descansó la frente contra sus rodillas; sintiéndose no triste ni molesto, sino patético, enojado, angustiado.

Por un momento, un momento lejano, se había permitido a sí mismo pensar que estaba encontrando algo que pudiera parecer un hogar. Los brazos de ese hombre eran fuertes y cálidos, y parecían aceptarlo sin problema alguno. A eso se limitaba ahora su concepto de hogar. Pero había terminado rechazándolo y alejándolo otra vez. Y Jack se encontró a sí mismo preguntándose, sin querer, porqué le había dolido tanto el rechazo esta vez.

Sería porque de pronto, se le había metido en la cabeza que su amo era lo único que tenía ahora en la vida. Y, aunque no quería llegar demasiado lejos con el gladiador en esta relación física que habían comenzado a tener, le decepcionaba sentir de repente que no era suficiente para él, que algo había hecho mal para que lo rechazara, que no era deseado por él.

Que no era tan atractivo para compartir la cama de su amo como él lo haría con cualquier prostituta.

Jack echó la cabeza para atrás, golpeándose la nuca contra la pared a propósito. Esto era enfermo. Ahora se comparaba a sí mismo con una prostituta y no solo eso, imaginaba la posibilidad de terminar en la cama de su amo, de alguna o de otra manera.

No era que antes no lo hubiera considerado. Era algo que tendría que pasar, que en algún momento el amo exigiría el derecho que tenía sobre él- porque al parecer sí, era un derecho que él había adquirido al comprarlo, derecho sobre su voluntad, pero también sobre su cuerpo. De hacer con él lo que quisiera, cuando y como lo quisiera. Ese era su derecho.

Y Jack había llegado al punto donde, como esclavo, no podía negarlo más. Estaba atrapado. Le parecía demasiado pronto para estar tan perdido, para sentirse tan asustado. Pero ahora mismo, no se sentía así. Sentía que las horas se le estaban yendo entre las manos; que el silencio se colaba en sus pulmones. Sentía que las fuerzas se le iban en esperar y no recibir nada a cambio.

Una mujer en uno de sus hogares antes de llegar aquí, le había dicho que él no era un verdadero esclavo. Él no, no lo era, porque era demasiado fuerte. Porque era demasiado soñador, demasiado inteligente; eso le había dicho ella. Ella creía en él. Ella le dijo esa vez que un verdadero esclavo es aquel que no da pelea. Aquél que acepta las órdenes con resignación y las hace tal como el amo se lo pide. Jack no era un esclavo, porque él podía razonar porqué hacer o no hacer las cosas, y aún si las hacía (pues no tenía opción), las hacía del modo en que él creyera que era mejor y no como se las habían dicho. Él tenía imaginación. Tenía corazón. Tenía el valor de pelear.

Por eso había llegado a la edad que tenía íntegro; sin que nadie pudiera hacerle daño por una razón injustificada, sin que nadie, absolutamente, usara su cuerpo sin su autorización ni voluntad. Había sido golpeado y castigado, pero jamás había aceptado una injusticia sin pelear por ser escuchado y que se hiciera lo correcto. Aun cuando no se suponía que un esclavo respondiera. Aun cuando no se suponía que un esclavo peleara. Aun cuando se ponía en riesgo de que el castigo se doblara o triplicara debido a su actitud.

Si uno lo pensaba así, el mismo comportamiento que había tenido últimamente- el buscar que otros esclavos le hablaran-, era una pequeña muestra de comportamiento que pudiera calificarse como rebelde. Pero había gastado en ello una energía que no sentía que tuviera en cantidades suficientes; no.

Jack había dejado de sentirse fuerte y se preguntaba por qué. Sería quizás porque habían sucedido demasiados cambios en su vida en muy poco tiempo.

Aún tenía el cabello húmedo. Tenía la piel fría. Esto lo asustó.

La noche comenzaba a enfriarse también, pero no quería volver a la habitación, aún no.

.

.

.

Cuando entró, su amo seguía despierto, leyendo algo. Al principio se sintió conmocionado de no haber cumplido bien las órdenes recibidas, pero después de un momento, al no recibir respuesta ni movimiento alguno por parte de él, se limitó a deslizarse dentro de la cama, esconderse entre las sábanas y hacer lo posible por fingir que no existía. En este momento todo lo que quería era dormir.

.

.

.

Abrió los ojos más bien pesadamente cuando sintió movimiento cerca de él, más específicamente, en su hombro. Le costó un poco de trabajo distinguir la figura borrosa que estaba de pie en este momento frente a él, pero pronto se dio cuenta de que simplemente se trataba de Toothiana.

La mujer lo miraba con algo de preocupación. A lado de ella, en la mesita que estaba a lado de su cama, había puesto una bandeja con su desayuno.

Jack se incorporó, un poco avergonzado de que la mujer se estuviera tomando estas molestias por él. Ella acercó el dorso de su mano a la frente de Jack y lo tocó unos segundos.

-Tienes fiebre, ¿qué rayos estuviste haciendo anoche?

Jack se quedó mirándola unos segundos, pasmado, preguntándose si debía contarle lo ocurrido con su amo, decidiendo al final que mejor no. Ella suspiró.

-Aster me dijo que viniera a revisarte, que estabas mal. Parece que te dormiste con la ropa húmeda, ¿qué pasó? ¿te metiste a bañar vestido?

Jack negó con la cabeza varias veces, pues el cuestionamiento lo molestó un poco. Él no era tan estúpido y aun así se arreglaban para hacerlo sentir como si así fuera.

-Bueno, pues algo debes haber hecho para estar así en este momento. Debes de ser más cuidadoso, es tu responsabilidad estar completamente sano por si tu amo te necesita.

Jack no sabía por qué, esta indicación de parte de la mujer le hizo sentir todavía peor.

Ella lo instó a que comiera, y Jack lo hizo, sin muchas ganas. En realidad, no tenía demasiada hambre.

-¿Estás bien?

Jack suspiró. Le tenía confianza a Tooth. Le daba la impresión de que ella era la persona más amable que había conocido y que podía llegar a conocer en este lugar. Es decir… los esclavos, en general, se portaban como esclavos. Aunque nadie era expresamente malo con él, si no se adaptaba Jack sabía que corría un serio riesgo de ser rechazado de esta pequeña sociedad y en consecuencia quedaría completamente desprotegido. Se suponía que teniendo un amo tan poderoso como Aster esto no debía pasar, pero conforme más pasaba el tiempo, más se convencía él de que no se encontraba en el lugar ni el momento correctos para pensar que podía llamar a este lugar hogar, ni para estar tranquilo pensando que su vida iba a tener un curso normal de ahora en adelante.

O al menos, lo normal que se puede esperar para un esclavo; servir a un amo, cumplir sus obligaciones día a día, y, si aún tenía la capacidad de hacerlo, soñar y esperar por la libertad, que muchas veces solo tenía clara como un sueño lejano y sin forma que pocas veces se materializaba realmente. La libertad, era una palabra tan agridulce que pocos eran los esclavos que se atrevían a pronunciarla, pues dejaba un regusto molesto en la boca y una comezón insoportable en la cabeza- si se iba pronto duraba unos segundos, como una idea que se escapa y no vuelve, pero si se quedaba, era como un martilleo constante que no dejaba dormir.

Jack se encontraba en el límite de ambas opciones. Cuando pensaba en ser libre, a veces lo olvidaba con facilidad sabiendo lo poco probable que sucediera, pero a veces se quedaba toda la noche despierto, pensando en lo fácil que sería para alguien como él burlarlos a todos; deslizarse por las habitaciones, abrir las puertas, salir y huir entre las sombras. Era una posibilidad lejana y cercana a un tiempo, y podía ser hasta frustrante, tal como él lo veía. Había terminado por aprender que podía dejar de soñar. Un poco, lo suficiente.

-Jack…- la voz de Tooth lo obligó a levantar la mirada-, llamaré al médico para que te revise. Si es necesario se te dará medicina.

Jack asintió. Después de un momento, no consiguiendo generar dentro de sí un hueco lo suficientemente grande para continuar comiendo, bajó el plato de regreso a la mesa y miró a Tooth.

-Quiero preguntarte algo.

Ella asintió. Al mirarlo, pudo hacerle ver que estaba preocupada por él. Jack sonrió.

-¿Porqué me tratas bien? Soy un esclavo. Nadie debería tomarse molestias por mi, empezando por tí. Creo que has intentado cuidarme pero…

Toothiana esperó unos momentos, pensando que Jack continuaría su idea, pero él no pareció terminar de hilar en su cabeza lo que quería decir. En lugar de eso, retiró su mirada de los ojos de la mujer. Parecía avergonzado.

-No es solo contigo, Jack. Yo intento portarme bien con todos los esclavos y ayudarlos cuando lo necesitan, en especial con los más jóvenes.

Jack intentó sonreír. Tooth pensó que podía tratar de ayudarlo un poco más.

-¿Sabes? Me identifico mucho con todos, pero contigo en especial- cuando Jack la miró con un gesto interrogante, ella inclinó un poco la cabeza y su sonrisa se tornó más bien triste-, yo también fui esclava personal de un gladiador…en esta misma casa.

Jack casi se va de espaldas. Esto era algo que cambiaba totalmente su perspectiva, es decir, Toothiana no solamente había sido esclava, sino que también había estado en la exacta misma situación que él. Hizo un intento por incorporarse, pero se sintió mareado y volvió a donde estaba. La mujer lo sujetó del brazo como intentando estabilizarlo.

-Pero… ¿cómo? ¿Cuándo?

-Tenía aproximadamente tu edad. Llevaba un par de años trabajando aquí. Un gladiador comenzó a hablarme de vez en cuando y de pronto pagó por mí, para que yo le sirviera.

-¿Y cómo era? ¿cómo te trataba?- Jack se sentía extraño de conocer a alguien que supiera como se sentía él. Se preguntaba ahora cómo Tooth había vivido esta situación, cómo se había sentido, si alguna vez se había visto en alguna encrucijada como ahora se sentía él. Pero al preguntarle estas cosas, la mujer, más que permanecer seria, emitió una pequeña sonrisa, y sus mejillas se tiñeron de un rosa suave.

-Él…siempre me trató bien. Encontrarlo fue como un sueño haciéndose realidad.

Jack casi se sintió decepcionado por esta respuesta.

-Y… ¿quién era?

-Mi esposo, North. Él se retiró, y con el dinero que había guardado compró su libertad, y también la mía.

Jack no supo si esta experiencia debía servir para que él se sintiera mejor. La verdad era que ahora no sabía qué decirle a Toothiana. Qué se suponía que él debía sacar de lo que ella le contaba. Como si ella se diera cuenta de que Jack no comprendía ni aceptaba su punto, decidió aterrizarlo más:

-Solo quiero que te des cuenta de que algo bueno puede salir de esto. No todos tienen el mismo destino, pero estás en una situación favorecedora. No sé por qué Aster te eligió, pero algo debió ver en ti. Esto es importante, ¿comprendes?

Al decir esto, se acercó a la mesa y tomó el plato de Jack, con la comida a medio terminar. Jack aún no le había contestado, ni le había dado señal alguna de que su plática cambiara algo. Toothiana quería pensar que sí. Pero no. De hecho, todo lo contrario.

La mujer puso su mano en la cerradura de la puerta.

-¿Eso quiere decir que estaré con mi amo el resto de mi vida?- ella volteó a verlo, sorprendida- ¿quiere decir que esto es lo mejor que me puede pasar?

Tooth se dio la vuelta por completo, sorprendida de que Jack parecía enojado, algo que no esperaba ver en él o al menos no en este instante. Jack parecía querer ponerse a gritarle en cualquier segundo.

-¿Quiere decir que si termino en su cama es el mejor destino que puedo esperar?

Toothiana lo miró, completamente desarmada con esta última pregunta. Jack se dejó caer sentado de regreso a la cama. Ninguno de los dos dijo nada más. Toothiana salió de ahí a buscar al médico.

Y fue entonces, solo entonces, que se dio cuenta de lo que esto significaba realmente para Jack. Había subestimado por completo el nivel de razonamiento y emociones de este chiquillo. Él se resistía, él era fuerte, e imaginativo. Era valiente y podía pensar. Hacía el esfuerzo por pensar. Quizás esa sería su perdición. Más que enojarse por sus reproches, Toothiana se sintió preocupada, y terriblemente apenada por él. Si no tenía cuidado, Aster lo haría pedazos.

.

.

.

Jack se quedó un buen rato en la habitación antes de decidirse a tomar un baño y vestirse. No se arrepentía de lo que le había dicho a Tooth. El agua caliente poco a poco lo ayudó a quitarse la tensión; no fue hasta más tarde que el médico llegó. Le dejó una medicina y le ordenó descansar.

.

.

.

Toothiana habló con Aster para que no molestara a Jack en al menos dos días en los que el joven tenía que guardar cama y tomar sus medicamentos. Mientras tanto, otros esclavos irían a hacer las labores que le correspondían para que él pudiera descansar.

Jack no entendía por qué estaba tan enfermo. Antes jamás se había enfermado así, mucho menos por algo tan estúpido y simple como el hecho de dormirse con la ropa húmeda. Los esclavos pasan por situaciones tan penosas que si no aguantaban las circunstancias que les tocaban, lo más probable era que morirían jóvenes. Jack esperaba no estar pasando por eso. Quizás era porque llevaba varios días sintiéndose triste, sin ánimos y sin fuerzas. Sí, era mejor pensar en esto que pensar que estuviera en su lecho de muerte.

Durante esos dos días, pasó por ser un bulto en la habitación de su amo. Escuchaba el ir y venir de los esclavos haciendo las cosas que se suponía que él hiciera. Su amo no le dirigió una palabra o mirada ni una sola vez, cosa que no sabía si debía inquietarlo o aliviarlo.

Se limitó a estar ahí escondido entre las sábanas.

.

.

.

Finalmente le dieron un tercer día de convalecencia. Pasara lo que pasara, Jack se sentía igual, escondido en la habitación de su amo, limitándose a hacer lo que él le mandara. Enfermo o no, eso no cambiaba demasiado.

Fue repentino, lo que escuchó de repente; golpes, gritos, pasos apresurados en el pasillo. Se sintió asustado, sin comprender qué era lo que sucedía, y se preguntó si debía salir y asegurarse o esperar por si ocurría cualquier cosa.

Los gritos se hicieron más fuertes y apremiantes, y eso, a decir verdad, lo asustó un poco. Un poco temeroso aún, salió, asomando la cabeza por la puerta, solo para ver como las esclavas eran perseguidas por el pasillo por tres gladiadores que por alguna razón no estaban en el entrenamiento del día. Las seguían con azotes, corrían detrás de ellas riendo, como si esto fuera una gran diversión para pasar el tiempo. Alcanzaron a una de ellas, y comenzaron a golpearla entre los tres.

Jack enfureció. Estaba asustado, pero aun así, corrió hacia ellos y trató de detenerlos. Por supuesto que no había gran cosa que él pudiera hacer. Pero era que le hervía la sangre al ver algo así.

Apenas pudo intentar que uno de ellos soltara a la chica, y al notarlo, los demás también la dejaron ir. Uno lo tomó del cuello y apretó fuertemente su nuca. Presionaba los lados de su cuello, por encima de sus arterias repentinamente inflamadas. La chica corrió. Las demás ya habían desaparecido por el pasillo.

-Miren esto, es el esclavo de ese bastardo de Aster.

Los otros dos soltaron una risa que enervó a Jack.

-Él detesta que alguien más tome sus cosas-, repuso otro, tomándolo de la cara-, imagínense cómo se pondrá si desaparecemos a su esclavo personal por unas cuantas horas.

-No creo que le importe-, completó el siguiente, y al parecer, los tres estaban en sintonía con la misma idea en mente-, ese bastardo tiene suficiente dinero para comprar todos los que quiera. Lo importante es que sepa que no tiene el control de todo como él cree, ni lo respetamos tanto como él quisiera.

Jack no entendía por qué los gladiadores decían estas cosas. Pero no le pareció que algo bueno fuera a salir de ello.

-Quizás si se lo devolvemos incompleto le sirva como advertencia-, continuó el primero que había hablado-, deberíamos cortarle una mano y mandarlo de regreso con ella en una caja de regalo para su amo.

Jack se tensó tanto, y debió hacer una expresión aterrorizada en ese momento, porque todos comenzaron a reír. Él se sentía completamente asustado y no sabía qué hacer más que forcejear para que lo soltaran, por supuesto sin lograr efecto alguno.

-No, no, mejor golpearlo en la cara. Mira este rostro de niño, seguro el "campeón invicto" enfurecerá si le devolvemos a su pequeña zorra con un ojo morado.

Una vez más, Jack intentó forcejear para liberarse, pero sus esfuerzos se acabaron rápidamente. Pronto, un puño se estampó contra su rostro, cortando de tajo todo intento que pudiera hacer por acabar con la situación.

Las palabras de aquellos hombres siguieron por el mismo camino mientras se turnaban para sujetarlo y golpearlo. Era evidente que detestaban a Aster, y de alguna forma, tomarla contra Jack era la salida más divertida y segura de su enojo contra él. Los golpes eran fuertes e insoportables. Al principio, Jack gritó, pero después de un rato, no tuvo fuerzas para seguir haciéndolo.

Aun así, estos hombres lo golpeaban en zonas ocultas por la ropa. Quizás el único golpe que le generaría un moretón visible sería el primero, que había ido a parar a su cara.

Jack sintió la sangre agolpándose en su nariz sin permitirle respirar. Sentía la mejilla hinchada y el estómago adolorido. Los pulmones los sentía aplanados dentro del pecho.

-¡¿Qué demonios está pasando aquí?!

Los golpes se detuvieron de pronto.

Jack cayó al suelo cuando uno de los gladiadores dejó de sujetarlo y apenas pudo ponerse en pie otra vez. Ante sí vio una especie de columna de ropas oscuras, y procuró mantener la cabeza agachada para evitarse más problemas.

-¿Qué hacen ustedes fuera del entrenamiento?- preguntó la persona que acababa de llegar, y los gladiadores comenzaron a poner todo tipo de excusas, solo que este sujeto no se los permitió- ¡Suficiente! ¡Largo de aquí, no se les mantiene por no hacer nada!

Los gladiadores salieron del pasillo al recibir esta última orden, atropellándose entre ellos casi. Jack se llevó una mano al rostro y la retiró rápidamente, sintiendo cómo se lastimaba el espacio hinchado con un simple toque.

-Y tú, mocoso inútil, regresa a la habitación de tu amo. Ese maldito salvaje se pondrá como loco cuando te vea, más vale que hagas el intento por reponerte antes de que regrese del entrenamiento.

Jack hizo una inclinación suave, apenas lo que le permitían sus adoloridos músculos, antes de desaparecer hacia adentro de la habitación.

.

.

.

Aquello debió haber ocurrido en menos de veinte minutos. La experiencia sirvió para que Jack se diera cuenta de algunas cosas; primero, no estaba hecho para recibir golpes, al menos no del tipo que los gladiadores sabían dar. Solo que estaba seguro de que se habían contenido; sabía el efecto que podrían tener incluso entre ellos, hubiera sido suficiente esta vez para matarlo si lo hubieran intentado. Segundo, que quizás la única razón por la que no lo habían matado era esa; no habían querido hacerlo. Solo querían lastimarlo lo suficiente para ventilar el odio que sentían hacia Aster. Tercero, sí, al parecer, su amo era lo suficientemente exitoso como para que otros gladiadores lo odiaran.

Cuarto, no podía confiar en nadie, al parecer. Toothiana no comprendía su situación a pesar de haber vivido una similar; los esclavos eran estúpidos y solo veían por sí mismos. Los gladiadores eran unos salvajes que solo pensaban en la satisfacción de sus caprichos… y su amo estaba completamente loco. Jack no podía explicárselo de otra forma.

Había terminado usando un ungüento especial que había recibido antes para ayudar a curar las heridas de su amo. Supuso que le ayudarían a él en este caso, y prácticamente tuvo que embadurnar toda la parte superior de su cuerpo para poder sentir un poco de alivio.

Planeó no meter a su amo en esto. Por alguna razón, pensaba que no necesitaba enterarse.

.

.

.

Por supuesto que, siendo quien pasaba más tiempo que su amo cuando no estaba en el entrenamiento, él le había puesto suficiente atención para darse cuenta de algo estaba fuera de lugar cuando entró en la habitación con el intento de ir a darse un baño antes que cualquier otra cosa- empezando por el hecho de que Jack volvía a agachar la cara en su presencia.

-Levanta el rostro.

Al principio, Jack se negó. El gladiador suspiró de exasperación ante la visión de su terco esclavo así que él mismo fue y le levantó la cara, solo para cambiar su propia expresión a una de furia al ver su ojo izquierdo casi completamente cerrado, con una mancha morada alrededor.

-¡¿Quién demonios te hizo esto?!

Jack bajó la mirada otra vez, y se rehusó a hablar.

-¡Contéstame ahora! ¡¿Estás protegiendo a alguien?!

Jack levantó la mirada de golpe.

-¡Dímelo! ¡¿Quién se atrevió a ponerte una mano encima?! ¡¿A quién estás tratando de proteger?!

Ahí fue donde Jack sintió que la gota derramaba el vaso.

-¡Las cosas no son como usted piensa! ¿Es todo lo que le importa, que alguien más me haya puesto una mano encima? ¡¿Preferiría haberme golpeado usted?!

El gladiador no contestó nada, pero su ceño fruncido al límite y el gruñido que emitió parecían resumir su opinión. Jack no retrocedió ni un poco.

-¡La única razón por la que estoy así es porque unos gladiadores de esta misma casa lo odian lo suficiente para intentar hacerle daño a través de mí! ¡Lo que ellos no sabían era que no les iba a funcionar, porque yo a usted no le importo en lo más mínimo!

Aster lo tomó de los brazos.

-¡Cállate!

-¡No, ya fue suficiente! ¡Suélteme!

Entre el forcejeo, Jack se encontró deseando, por un momento, que su amo lo contuviera abrazándolo. Que encontrara el modo de detener sus manotazos y las patadas que intentaba dar, sujetándolo con su cuerpo y manteniéndolo quieto hasta que ambos hubieran encontrado un remanso de paz. Pero no ocurrió así.

El gladiador se había quedado quieto, pero no con la intención de detener a Jack.

-¿Gladiadores, dijiste? ¿Fueron tres de ellos?

Jack no contestó nada. Detuvo sus intentos de huir de su agarre y levantó la mirada hacia su rostro. El amo soltó sus brazos, arrojándolo lejos de él.

Se dio la vuelta y salió de la habitación.

Jack se dio la vuelta también, y se acercó a su cama, dando tumbos. Se echó boca abajo y abrazó una almohada, esperando que esta contuviera sus lágrimas.

Qué enfermo, qué loco y que estúpido estaba siendo. Lo que comenzaba a sentir por su amo no podía ser natural y no podía desembocar en nada bueno.

¿Desde cuándo él lo afectaba lo suficiente como para llorar por algo que le hubiera dicho? ¿Desde cuándo le importaba tanto lo que pensara de él? ¿Desde cuándo tenía la mínima intención de protegerlo?

Porque eso había intentado hacer al no decirle lo sucedido; protegerlo, ¿de qué? No sabía exactamente, pero le había parecido lo mejor en el momento.

Y ¿desde cuándo el elegir lo mejor para su amo era una cuestión que le preocupaba tanto?

Maldita sea.

Sí, se estaba volviendo loco. Y debía seguir enfermo.

Por un momento se imaginó lo que se sentiría dormir sobre el pecho de su amo, y no sobre esta almohada. Pensó en quedarse dormido, y a la mierda todo lo demás.

Pero no pudo, porque de pronto, nuevamente, un escándalo en el pasillo llamó su atención. Y entre las voces que gritaban, pudo oír la de su amo, con una furia que jamás antes había escuchado en él.

Luego se oyó un grito desgarrador, y un golpe.

Y luego silencio.

Continuará….

Ya me voy a dormir. Prometo que contestaré los reviews apenas tenga tiempo :)

BESOS!

Aoshika