Capítulo 4
Después de esta noche, todo lo que he bebido lo vomité en el wáter de Kurt, así que ahora, sólo me levanto de la cama con los ojos cerrados, pero aunque parezca increíble, sin dolor de cabeza. Me miro al espejo del baño, y entonces me acuerdo: Finn vuelve al ejército.
Me dejo el pelo suelto, rizado que cae sobre mis hombros y me maquillo un poco, poniéndome una camiseta marrón encima.
Salgo a toda velocidad con el coche, hacia el aeropuerto de Nueva York, en busca de Finn. Ni siquiera me despedí de él. Aparco en la puerta, y voy apartando a la gente de mi camino, que me mira mal al empujarlos sin educación.
Llego hasta la puerta de embarque, viendo a una multitud de chicos de la edad de Finn vestido con el uniforme del ejército. Lo busco entre la gente, pero tropiezo con uno de los chicos que casi hace que caiga al suelo. Se da la vuelta, y es Finn. Me agarra los hombros para que no me caiga.
-Quinn…-Me mira. También lo miro a él, abrazándolo. Pero se separa de mí, mirándome. Me coge la cara y me besa, profundamente, pegándome contra él. Acariciando mi cuello y cerrando los ojos.
-No te vayas…-Susurro.
-Te quiero.-Dice. Pero no me da tiempo a reaccionar, cuando ya se ha ido.
Con un nudo en la garganta y un lío en la cabeza, me siento en el sofá. Se ha ido y… Puede que nunca vuelva a verlo. Eso es lo que me mata por dentro, que quizás no vuelva y no pueda decirle que yo también lo quiero.
A los tres días de su vuelta al ejército, alguien pega a mi puerta, la abro.
-¿Es usted Quinn Fabray?-Pregunta el cartero, con la carta en la mano. Asiento y me la tiende, despidiéndose de mí y bajando por las escaleras. Entro de nuevo en casa, mirando el dorso de la carta. "Finn Hudson", es el nombre del que la envía. Las manos me tiemblan, y la respiración se me acelera. Abro la carta lentamente, como si de la primera constitución de Estados Unidos se tratara, lentamente. Admirando cada letra, cada palabra deslizada en el papel amarillento por los dedos de Finn.
"Hola, Quinn.
Simplemente te escribo para decirte que siento mucho ese beso que… Quizás te dejó un poco confusa. Te besé, porque te quiero. Porque llevo enamorado de ti desde que te dejé cuando aún teníamos dieciocho años, y llevo buscándote todo este tiempo. Te quiero, y no puedo remediarlo. Casi parece que el tiempo no ha pasado con respecto a nuestros sentimientos, a que yo te quiero, y tú… No sé. No sé qué sientes tú.
Sólo te escribo esta carta y te digo que te quiero, porque yo quizás no vuelva. Porque… Esto es una guerra, y yo me voy a meter de lleno en ella. Siento dejarte sola. Quisiera estar a tu lado en todo momento, cuando aquí el campamento se monta y me tumbo en la esterilla, en lo único que pienso es en ti, a la luz de un inútil camping-gas, que alumbra las noches aquí, en medio oriente.
Al escribirte esta carta, un compañero llora por su mujer ahogándose contra la almohada, pero yo no sé muy bien si llorar, o resistirme y volver por ti. Y yo elijo la segunda opción, quiero saber tu respuesta, quiero saber qué pasará si vuelvo a Nueva York, qué me dirás si te pido de nuevo que me beses.
¿Sabes? Hace frío, estamos a cinco grados a las cinco de la mañana en Irak, y yo no puedo dormir, en lo único que logro pensar en si estarás bien. En si valdrá la pena volver vivo a Nueva York. Te quiero, y te lo digo ahora, todas las veces que puedo. Te quiero. Y desearía que todo esto fuera un mal sueño, una pesadilla y mañana despertara a tu lado, con tu aliento pegando contra mi cara, mientras intento despertarte con besos en toda la cara y tú te ríes.
Siento que esta declaración sea a miles de kilómetros de distancia, con una bomba amenazando cada momento el campamento, y en lo único que me preocupo es en si estarás bien. Te quiero. Te quiero. Te quiero, y siento si te molesta, pero no puedo reprimirlo.
Recuerda estas palabras, recuérdalas bien. Porque he estado siete años enamorado de ti, sin poder mirar a ninguna otra mujer con los mismos ojos con los que yo te miro a ti. Ningún rollo de una noche, ni un solo sentimiento ha aflorado entre ellas, que destruyera el que siento por ti. Ahora, con los primeros rayos de luz del alba me levanto, intentado quitarme la imagen de tus ojos verdes de la cabeza. Intentando sobrevivir, por ti.
Te quiero, Quinn Fabray. Te quiero más de lo que nunca amaré a nadie. Te quiero hasta que muera, pero aun así, te seguiré queriendo.
Siempre, Finn. "
Y así acaba su carta. Y yo acabo llorando encima de esa preciosa carta escrita por su letra, dejando que mis lágrimas caigan sobre sus letras, corriendo la tinta por todo el papel y releyéndola una y otra vez. Claro que te quiero, Finn. Claro que te quiero. Claro que quiero que despiertes a mi lado en vez de estar en una esterilla, tirado en el suelo a punto de ser matado. Los nervios me corroen, Finn está ahí, jugándose la vida. Guardo la carta, después de haberla leído más de diez veces, aprendiéndome cada palabra, cada frase que me dedicaba en esa carta.
Sin quererlo, acabas de remover todos los sentimientos tapados en estos años. En apenas unas semanas, has conseguido que con cada palabra que decías, deseara besarte de nuevo.
Te quiero, Finn.
