Capítulo 4

Shingeki no Kyojin no me pertenece

Muchísimas gracias por el apoyo que me brindan en cada capítulo! Realmente no esperaba la respuesta que está recibiendo esta historia. Me sorprendió la cantidad de reviews, follows y favs... Muchas gracias nuevamente! Me encanta saber sus opiniones, y no duden en decirme si hay algo que no se entiende o algo que no les parece bien.

Muchas gracias a Tiare, Akane ackerman, DeirdreMonaghan, MonikGarciaP, Sirai, Shiro, Ariadna, Alexa sm, wasp black (no me deja ponerlo bien, perdon!) y a arizkagedarknes por sus comentarios! Gracias por el ánimo!


Revolea sus ojos, en señal de hastío. Su "adorado hermano" no deja de mirarla de tanto en tanto. Una parte de ella se siente feliz por saberse apreciada por el chico, pero, por otra parte, se siente cansada. Desde que la descubrió, no deja de mirar insistentemente hacia su abdomen, logrando ponerla cada vez más nerviosa.

Eren no sabe disimular, para nada. Si no estuvieran rodeados por todos sus compañeros, y en medio de una práctica, no dudaría en acercarse a él y darle un golpe en la cabeza.

Se arrepiente de no haber cerrado la puerta con traba. Si ese día el chico no hubiese entrado a su habitación, las cosas para Mikasa serían un poco más fáciles. Al menos no se preocuparía de que alguien note las miradas que Eren le propina.

Se seca la frente con la manga de su camisa. No tiene mucho tiempo de embarazo, o al menos eso cree, pero ya comienza a notar cambios en su cuerpo. Se siente cansada, y sus fuerzas no son las mismas, pero quizás eso tenga que ver con que aun no puede mantener por mucho tiempo la comida en su cuerpo.

Inconscientemente protege su vientre, colocando sus brazos como barrera ante una patada que se dirige hacia ella. Sabe que al bajar su guardia deja muchos puntos vulnerables abiertos, lo que produce una pequeña batalla en su mente, donde el instinto de protegerse a sí misma lucha contra el instinto de proteger a su bebé.

Mira a sus compañeros, entrenando, algunos hablando despreocupados, sin siquiera sospechar por lo que ella pasa, y no sabe cómo sentirse al respecto.

—Hey, Mikasa— le habla Sasha. Al igual que ella, la chica se encuentra cansada, pero no por la misma razón. —No te ves muy bien. ¿Sigues descompuesta? — le pregunta, sin dejar de lanzar puñetazos y patadas en su dirección.

—Ya me siento mejor— le miente. Sabe que podría confiar en Sasha, y le haría muy bien poder hablar con ella, pero no quiere meter a nadie más en sus asuntos. Mientras más gente sepa de su situación, más probabilidades hay de que otros se enteren.

No le preocupa lo que los demás piensen de ella. Está decidida y sabe que tiene la fortaleza para seguir adelante con lo que venga, pero no quiere que nadie intente convencerla de lo contrario. Demasiado tiene con Eren y Hange.

Logra darle un golpe a Sasha en la cara, sacándole un gritillo que se asemeja a un llanto sorpresivo.

—Eso dolió— le dice la castaña, llevando su mano a su rostro. Se aleja unos pasos y apoya sus manos en sus rodillas. —Ah, Mikasa. Necesito un descanso— dice, sacando de su bolsillo un pedazo de pan. Por supuesto es una excusa para poder comer, pero la morocha le agradece internamente, aprovechando la oportunidad para recuperarse un poco.

Mira hacia donde se encuentra Levi, quien entrena con Eren. No quiere llamar su atención. Si el Capitán ve que no están entrenando, lo más seguro es que las castigue. Y no quiere que el hombre se le acerque demasiado.

Sabe que está un poco paranoica, pero le parece que si se le acerca, el Capitán va a descubrirla. Como si con sus azules ojos pudiera leerla completamente. Respira aliviada al verlo concentrado en su pelea.

—Mikasa— le dice Sasha, con una tonta sonrisa, mientras la golpea juguetonamente con su codo. —Te quedaste mirando embobada al Capitán— le susurra, para que nadie más escuche. No es la primera vez que lo hace, lo reconoce, y se molesta con ella misma por ser tan obvia. —Es lindo. Esos músculos…— se calla repentinamente, al ver la expresión en la cara de Mikasa.

La morocha no dice nada, pero no se preocupa en ocultar su molestia, frunciendo su ceño. Se siente extraña, celosa, pero a la vez sabe que no tiene derecho. El hombre no le pertenece, y no cree que su pasado juntos justifique su sentimiento, pero sabe que no soportaría verlo con otra mujer.


—¡Presta atención mocoso! — repite por quinta o sexta vez en el día. Ya perdió la cuenta. Eren parece disperso, raro en él. Generalmente, el chico es atento y esforzado con su entrenamiento.

Le molesta repetir lo mismo una y otra vez. Hay algo sobre la técnica que intenta enseñarle que el chico no logra descifrar, y no cree que lo haga, no si no se concentra.

—Lo siento Capitán— responde nuevamente el castaño, dirigiendo su mirada hacia donde se encuentran las mujeres de su escuadrón.

— ¡Tch! — reniega, frunciendo su ceño, mirando de reojo hacia la misma dirección que lo hace el chico. Se lanza al ataque nuevamente, sin aviso, aprovechando su agilidad para sorprender a Eren. No usa toda su fuerza, ni toda su energía, porque sabe que no es necesario. Sobre todo porque el chico no está concentrado. Si le atacara con todas sus fuerzas en esas condiciones todo terminaría mal.

Si lo ve distraerse nuevamente para mirar a Mikasa…

—¿Qué… qué pasa Capitán Levi? — le pregunta Eren, a la vez que una gota de sudor recorre su mejilla. Sabe que su conducta es sospechosa, sobre todo al darse cuenta que acaba de detenerse de golpe en medio de un ataque. Está celoso, no puede negarlo.

Cada vez que Eren fija sus ojos en la chica, siente todo su cuerpo arder. Siente unas inmensas ganas de golpearlo, pero se contiene, aunque en cada oportunidad se desespera un poco más. El chico es muy importante para la morocha, eso es algo que asumió desde el primer momento en que siquiera pensó tener algo con ella, pero las cosas cambiaron mucho desde entonces.

Primeramente no hay nada que los una ya. Ella no le pertenece, y le duele, porque la quiere, pero no puede tenerla. Y el reconocerlo abre cada vez un poco más la herida que ella dejó abierta. Podría reclamarle, exigirle respuestas, pero sabe que no lo hará. Su orgullo no se lo permite. Además sabe también que no podría obligarla a nada. Fue su decisión, y va a respetarla.

Pero de ahí a dejar que cualquiera la mire delante suyo es otra cosa. Aunque sea Eren quien lo haga. No sabe sus intenciones, pero no le importa.

—Esto no tiene sentido— dice, hastiado. —Si no vas a aplicar lo que intento enseñarte, es mejor que terminemos aquí por hoy— sigue, volteándose bruscamente, para tomar una toalla y secar su sudor con un poco de fuerza. Siente los ojos de los miembros de su escuadrón sobre su espalda, pero no se molesta en dirigirles la mirada. Sin decir palabra, se marcha de la zona de entrenamiento, dejando a sus subordinados observándolo, hablando en susurros entre ellos, mirándolo sorprendidos.


"Vaya escenita acaba de armar el Capitán. ¿Quién se cree que es para hablarle así a Eren?" piensa Mikasa, mientras se dirige hacia su habitación. Quizás el ser tan sobreprotectora con el chico hace que su mente maximice lo sucedido, porque si lo piensa conscientemente, Levi es el Capitán, y tiene derecho a reprender a sus subordinados.

Pero no quiere justificarlo. Está molesta, por varias razones, y necesita desquitarse. Y si pudiera, lo haría con él. Sabe que lo de Eren es una excusa. Está cansada, los pies le duelen, las hierbas no funcionan, y la lista sigue. Y el culpable ni enterado está.

Por momentos piensa en gritarle todo, pero luego lo piensa detenidamente, y se da cuenta que ella no actuaría así. No solo es su cuerpo el que está cambiando, también su forma de comportarse. Parece como si todo lo que vive lo sintiera magnificado. Desconoce sus reacciones, y se da cuenta que algunos de sus compañeros la miran raro.

No quiere llamar la atención, por lo que en la primera oportunidad que tiene, se separa del grupo para aislarse en su cuarto. Necesita estar sola y calmar un poco sus nervios.

Si solo pudiera desquitarse…

—Tsk, que enano de mierda…— comienza a quejarse, pero es interrumpida por un brazo que golpea fuertemente la pared delante de ella, cortándole el paso.

—¿Enano…?— pregunta su Capitán, buscando con sus azules ojos su mirada. El pasillo está bastante oscuro, por lo que el rostro del hombre se ve ensombrecido. No puede distinguir con precisión su expresión, pero por el tono de su voz, se nota molesto. Quizás el que acabe de llamarlo enano de mierda tenga algo que ver.

—No me refiero a usted, Señor… me refiero a…— voltea un poco su cuerpo, señalando con su pulgar hacia atrás, queriendo simular que se refiere a alguien más.

—¿A quién? — pregunta Levi, incrédulo, a la vez que se acerca peligrosamente hacia ella. Intenta dar un paso atrás, pero es tarde, el otro la tiene acorralada contra la pared. —¿Qué pasa, no se te ocurre ninguna de tus estúpidas excusas? — Le pregunta, en un tono un tanto burlón.

—¿Por qué le habla así a Eren? — intenta alejarse, apretando su cuerpo contra la pared. La cercanía del hombre remueve en su interior sensaciones olvidadas.

—Eren siempre es tu excusa— le dice, ablandando un poco su expresión. Sus ojos son tan expresivos en ese momento. Suspira fuertemente, a la vez que cierra sus ojos y comienza a alejar su cuerpo del de Mikasa.

—¡No! — le dice ella, tomándolo por uno de sus hombros, para que no se aleje. Respirando entrecortadamente, comienza a acariciar suavemente el rostro del Capitán. Cualquiera que pase puede verlos, pero no le importa. Ahora que lo tiene cerca, no se siente con fuerzas para dejarlo ir. Todo era más fácil cuando estaba lejos.

—Mikasa— le dice, en un susurro, moviendo su cabeza hacia la mano de la chica, no queriendo acabar el contacto.

No tarda en rodearlo con sus brazos. Necesita desesperadamente del contacto de sus cuerpos. Quiere besarlo, pero no se atreve.

—¿Por qué no dijiste nada? — le reprocha. No es momento, pero necesita liberar la carga que lleva en su pecho, que cada vez se hace más pesada.

—¿Hm? — le dice, confundido. No puede ver su rostro, porque está escondido en su cuello, pero siente su cálida respiración, no dejándola pensar correctamente.

—Cuando te alejé, no dijiste nada…— le aclara. —¿Por qué? — le pregunta nuevamente. Es algo que no entiende. Esperaba de él alguna queja, alguna muestra de desacuerdo, que peleara por ella, algo, pero no había hecho nada. Sólo había aceptado su decisión.

—¿Algo de lo que dijese o hiciese hubiera cambiado tu decisión? — le pregunta, alejándose unos centímetros para mirarla a los ojos. Y conoce perfectamente la respuesta.

Es muy terca, pero las razones por las que alejó al hombre parecen ahora tan lejanas, que tiene que concentrarse para recordar por qué lo hizo. Quizás sea por su cercanía, pero no puede pensar con claridad. Todo este tiempo supo que se equivocó, que alejarlo fue un error, pero su orgullo siempre ganó. Y cada día que pasaba su enojo contra la pasividad del Capitán aumentaba, junto con el dolor y la desesperación al enterarse de su situación.

Ya no quiere luchar más contra sus impulsos. No hay una razón válida que la detenga para unir sus labios con los de Levi. Un suave toque al principio, pero cuando el otro reacciona, siente como todo se le va de las manos.

La aprieta fuertemente contra la pared, mientras respira agitado por su nariz sin dejar de besarla con todas sus fuerzas. Se siente excitada, necesita del contacto de sus cuerpos, por lo que no puede evitar dejar salir un gemido cuando siente que el otro levanta una de sus piernas.

No quiere detenerlo. Lo necesita con desesperación, pero su mente le advierte insistentemente que en cualquier momento alguien puede aparecer. Por más que le excite la idea de hacerlo contra la pared, sabe que las consecuencias de ser descubiertos podrían ser graves.

—Vamos a mi cuarto— le dice, casi sin aliento, sin querer separar demasiado su boca del otro. Sin perder tiempo, rodea con sus piernas la cintura del hombre, quien la toma fuertemente entre sus brazos mientras forzosamente camina hacia su habitación.

Deja salir una pequeña carcajada, sin dejar de besar el cuello de su superior. No por falta de fuerzas, pero debido a la diferencia de estatura, parece que cargarla de esa manera no le resulta fácil. Pero eso no lo detiene.

Empuja con su pie la puerta, que se abre fácilmente ante la fuerza aplicada. Sin soltarla, la aprieta nuevamente contra la pared, pero ahora la de su cuarto.

—La traba— dice ella. No quiere cometer más errores. No termina de hablar que sus labios se encuentran cubiertos por los del otro, que la besa apasionadamente. Con manos temblorosas comienza a desabrochar las hebillas de los cinturones.

El tiempo que tardan en sacarse los arneses, las botas y la ropa le parece interminable, pero finalmente lo hacen. Busca desesperada el contacto del cuerpo de Levi. Aprieta sus brazos, acaricia fuertemente su cabeza. Se siente completamente excitada. Tener delante suyo el desnudo cuerpo de su Capitán no le ayuda.

No pueden dejar de besarse. Se dirigen hacia la cama sin alejar sus cuerpos, sin separarse, sin dejar de tocarse. Siente la excitación del hombre palpar entre sus piernas, y un terrible calor invade su vientre. Lo quiere dentro, ya. No puede esperar más.

Siente las manos del otro buscar entre sus pliegues, y lo siente gemir al encontrar lo que busca, sacándole también un gemido al sentir su toque. Tomando su mano, la lleva hacia su boca. Mientras se recuesta abriendo sus piernas no deja de succionar los finos dedos, mirando fijamente los azules ojos de su compañero, que la mira embobado, colocándose entre sus piernas.

Al verlo tomar su miembro y masajearlo para cubrirlo con su propia saliva, no puede evitar gemir nuevamente, haciendo que el hombre se coloque sobre ella para besarla lentamente, introduciendo su lenguaen su boca a la vez que comienza a penetrarla. Y finalmente siente que todo está bien. Que junto a él es más fuerte, que no importa lo que le depare el futuro, juntos pueden afrontarlo.

Lo siente dentro de ella, moviéndose lentamente, pero luego todo se vuelve desesperado, y al ver la expresión de su rostro, siente su pecho despedazarse. Nunca antes pudo ver tal expresión de vulnerabilidad en el "todopoderoso Levi". Acaricia delicadamente su rostro, despertando hermosos recuerdos, aumentando la presión en su pecho. Siente ganas de llorar y no sabe por qué.

Comienza a mover sus caderas, cada vez con más fuerza, al sentir que el fin se acerca. Lo abraza fuertemente, limitando un poco sus movimientos, pero no importa, no piensa dejarlo ir.

—¡Ah, Levi! — gime, ya sin controlarse. Ya no le importa si alguien los escucha. La tensión que se acumula en su vientre es tremenda, ya nada existe, excepto ellos dos, sus cuerpos sudados rozándose en el más hermoso de los toques, alimentando el fuego de sus vientres que de a poco todo lo consume. Y ahí está, alcanzan el fin casi a la par, gritando sin control el nombre del otro, para luego unir sus labios nuevamente, sin separarse mientras sienten que todo va volviendo a la normalidad, en todo momento acariciando, tocando con el mas infinito cariño al otro, para asegurarse que están ahí, que no fue un sueño, que es real.

Cuando finalmente calman sus latidos y sus respiraciones, todo el peso de lo que carga cae nuevamente sobre ella. Es consciente que acaba de acostarse con su Capitán, el hombre de quien está embarazada, y que quiere abortar. Y si no lo hizo ya es porque las malditas hierbas no funcionaron.

—¿Vas a alejarme nuevamente? — le pregunta Levi, al ver la expresión de su rostro.

—No— le responde, aunque cierra fuertemente sus ojos al escuchar la duda en su voz. —No— repite nuevamente, ahora con un tono más seguro. Quizás las cosas puedan solucionarse. Pero hay algo que debe hacer, y no puede dejar pasar el tiempo. No quiere que las cosas se salgan de control nuevamente.

—No soporto que nadie más te mire— lo escucha susurrar, sin entender a lo que se refiere. Sin detenerse a pensar de más, se coloca sobre el pecho de su Capitán, que sube y baja rítmicamente con su respiración. Lo observa desde arriba por unos momentos, para luego sonreír y descender los centímetros que los separan para besarlo.


La hora de la cena se acerca, y, a regañadientes, se separan con un último beso para no llegar a la sala juntos y no levantar sospechas. Ya lo decidió. Seguirá adelante en su relación con su Capitán, pero primero hay algo que debe aclarar. Debe hablar con el comandante Erwin.