Me disculpo por la demora. La inspiración me había abandonado particularmente para esta historia, además, estaba sin mi laptop, hasta hace un par días, por lo que no había vuelto a publicar. El capítulo de Antarsía, para quienes siguen este fic, está a la mitad, tuve un bloqueo en esa historia, del que espero salir pronto, y publicar actualización antes de que concluya la siguiente semana. Gracias por su paciencia.
Advertencias: personajes de Naoko Takeuchi. El fragmento de la canción que aparece por ahí, es de "Are you the one?", de la banda alemana Scorpions.
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Capítulo 4. Encuentro Peligroso
Seiya salía el baño de su habitación y se encontró con su tía Kakyuu sentada en su cama, con rostro serio. Terminó se secarse el largo cabello con la toalla para luego dejarse caer en la cama, al lado de su tía. La mujer soltó un profundo suspiro, antes de decir:
– Nunca pensé que una muchacha como Kaori fuera capaz de hacer tal escena en la fiesta – Seiya se encogió de hombros – Es más, no sabía que ella bebía.
– Normalmente no lo hace, pero es una tonta, por eso bebió hoy – Kakyuu lo miró, algo confundida – Estaba celosa.
– ¿Celosa? ¿Qué quieres decir? – Seiya rio.
– Estaba celosa de Serena – Kakyuu no pudo contener una suave carcajada.
– ¿Celosa de la señora Serena? ¿Por qué estaría celosa de ella? – el muchacho frunció levemente el ceño – Quiero decir, ¿qué fue lo que hiciste, Seiya? – lo miró con gesto inquisidor.
– ¿Yo? Nada. Simplemente fui amable con ella, bailamos un rato, la llevé a su casa. Tú sabes, lo normal. Es una buena persona, es amable, inteligente, divertida. – Kakyuu le devolvió una enigmática sonrisa – ¿Qué sucede? ¿Por qué me miras así, tía?
– ¿Qué ya no puedo mirarte?
– Sabes que te conozco. Cuando tienes esa mirada significa que estás pensando las cosas demasiado – la mujer negó con la cabeza.
– Oh no es nada, sólo pensaba. Haz enumerado varias cualidades de Serena, pero te olvidaste de una muy importante – Kakyuu rio ante el gesto de confusión de su sobrino – Serena es muy hermosa, es lógico que no pasara desapercibido ante ningún hombre. Y estoy segura de que no ha pasado desapercibido para ti, Seiya.
– Tía, ¿pero qué cosas estás pensando? – interrogó el pelinegro – No es como si yo estuviera viendo a Serena de "esa" manera – la pelirroja suspiró y se puso de pie, cruzándose de brazos. Su mirada se había tornado seria y el muchacho se quedó extrañado.
– Escúchame bien, Seiya. Serena es una mujer muy agradable, de eso no me cabe la menor duda, pero no quiero que pienses siquiera en involucrarte con una mujer de 40 años. Tú eres un niño a su lado, tienes 25 años, eso quiere decir que cuando tú alcances su edad, ella va a tener 55 años.
– Vaya que estás imaginativa hoy, tía Kakyuu – Seiya rio – ¿Cómo crees que ese tipo de cosas se pudieran pasar por mi cabeza?
– Seiya Kou, sabes que te conozco bien. Y si aún no te han pasado por la cabeza, lo harán, sólo es cuestión de tiempo, así que no quieras desviar el tema. Una mujer como Serena es capaz de conquistar a cualquiera.
– Ay tía…
– Tú eres un hombre bien parecido, de buena familia, así que una buena "química" es inevitable. Y todos sabemos cómo acabará esa amistad – Seiya no pudo evitar reír con las ocurrencias de su tía.
– Ya es tarde, me voy a dormir, tía – y se enredó entre sus cobijas, dándole la espalda a Kakyuu.
– No trates de huir de esta conversación, Seiya. Esa mujer es una tentación y lo sabes. Sé que no necesito decirte esto, pero, ten cuidado, Seiya. Una mujer como ella puede llegar a convertirse en un obstáculo para un joven con un futuro tan prometedor como el tuyo.
– Es suficiente, tía, deja de darle tantas vueltas al asunto – Seiya se incorporó para mirar a Kakyuu a los ojos – La invité hoy porque le debía una, es todo. No es como si fuera a perseguirla, es más, nada asegura que nos volvamos a ver.
– Bueno, te creo. Será mejor que te vayas a dormir ya – Kakyuu besó a su sobrino en la frente, lo arropó y se retiró de la habitación, apagando la luz.
– Buenas noches, tía – pero antes de cerrar la puerta tras de sí, Kakyuu añadió:
– Cuando dices que le "debías una", Seiya aun no entiendo a qué te refieres – Seiya rodó los ojos – En fin, buenas noches, cariño.
Seiya cerró los ojos y una sonrisa boba se dibujó en sus labios. Por un momento, se dio cuenta de que había sido demasiado ingenuo, pensando que podría engañar a su tía, con respecto a las reacciones que Serena le provocaba, es que a Kakyuu Kou no se le escapaba nada. El muchacho se dejó invadir por los pocos recuerdos que guardaba de aquella mujer que, poco a poco, comenzaba a convertirse en su obsesión.
S x S
Serena lanzó su libro al otro lado de la cama, incapaz de concentrarse, a pesar de que se trataba de su libro preferido. Se quitó los lentes y se masajeó la sien. Se sentía incapaz de sacarse de la cabeza a Seiya Kou. Sus brazos alrededor de su cuerpo, sus seductores ojos, su embriagante aroma.
– ¿En qué rayos estoy pensando?
S x S
Rio tontamente al darse cuenta de que, si su tía lo viera, lo reprendería por estar hablando por celular mientras conducía. Pero no le importaba, no podía preocuparse por eso, cuando su corazón latía desbocado al escuchar el timbre del otro lado de la línea. Se estaba comportando como un adolescente, eso lo sabía bien, pero poco le importaba.
– Casa de la familia Tsukino.
– Señora Ikkuko ¿podría hablar con Serena? Habla Seiya Kou, el médico del choque del otro día.
– Ah joven Seiya. La señora Serena no está, dijo que iría a la clínica y luego a hacer unas compras. Pero si gusta, puedo darle el número del celular de la señora.
– Se lo agradecería mucho – Seiya anotó el tan anhelado número en un pequeño trozo de papel. Y, sin pensárselo dos veces, marcó el número.
"Estás llamando al móvil de Serena Tsukino. En este momento, no puedo contestar. Por favor, deja tu mensaje y número telefónico y te llamaré lo más pronto posible. Gracias"
– Vaya que eres una mujer ocupada. O acaso, ¿estás huyendo de mí? – rio – Soy yo, Seiya, espero que no te hayas olvidado de mí, bombón. Sabes, tengo deseos de verte, para ir a cenar o algo así, no sé. Llámame en cuanto puedas. Adiós.
Seiya suspiró por enésima vez y arrojó el celular al asiento del acompañante.
S x S
De regreso en casa, lo primero que hizo Seiya fue dirigirse a la piscina, esperando relajarse y tratar de apartar el recuerdo de Serena de su mente. En cuanto llegó, se encontró con sus dos hermanos, sentados tomando el sol.
– Vaya, no esperaba encontrarlos aquí, mucho menos a ti, Taiki – dijo Seiya – ¿Dónde dejaste a tu encantadora prometida?
– Amy salió de compras con Serena y Mina – respondió el mayor de los Kou – Hace mucho que no se veían, así que le dije que fuera y no se preocupara por mí.
– Eso explica por qué no atendió mi llamada – murmuró Seiya por lo bajo.
– ¿Dijiste algo? – preguntó Taiki.
– No es nada – y sin decir más, se zambulló en la piscina – Por cierto, Taiki, ¿dónde se quedaron Amy y tú anoche? No los escuché llegar a casa.
– ¿Dónde? En nuestro apartamento, ¿dónde más? – Seiya lo miró, confundido – Antes de regresar a Japón – explicó el mayor – compramos un apartamento. Aunque nuestra vida está en Alemania, desde hace tiempo, decidimos comprar un pequeño lugar para nosotros por aquí, ya que nos casaremos en Japón. Además, de vez en cuando regresaremos a vacacionar, así que no queríamos incomodar a la tía Kakyuu.
– Estoy seguro que te ganaste un reproche de su parte – dijo Seiya. Taiki asintió.
– Debiste verla – añadió Yaten, que por fin hablaba – casi se muere cuando Taiki se lo dijo. Estuvo sermoneándolo durante una hora, antes de resignarse. Después se la pasó una hora más contándole a Amy acerca de sus millonarios ex maridos, tú sabes, lo normal.
– Pobre Amy, Taiki debiste advertirle.
– Lo hice, pero ella insistió en escuchar su historia.
– Taiki, en verdad que no pudiste encontrar mejor mujer que ella – dijo Yaten – Una mujer que es capaz de soportar a la tía y a Darien, es una joya.
– Lo sé, ella es la mujer con quien quiero pasar el resto de mi vida – contestó, con una gran sonrisa – Pero basta de mí, ¿qué hay de ti, Yaten? ¿Cuándo piensas pedirle matrimonio a Mina? – el menor se sonrojó – Han estado juntos… prácticamente toda la vida, creo que ya es hora de que sientes cabeza.
– Ya lo sé, no tienes que recordármelo, hermano – le reprochó el peli plateado – Es sólo que estoy pensando en cuál será la mejor forma para hacerlo. Quizás podrías contarme cómo fue que le propusiste matrimonio a Amy.
– Sí, tal vez algún día – respondió el castaño – Aunque tú deberías ser creativo y pensar en algo por ti mismo. Lo digo en serio, no es sabio dejar pasar tanto tiempo, no cuando tu novia es la mujer más sexy de Japón – ambos rieron.
– Tal vez deberías dejar de reprenderme a mí y concentrarte en el chico de por allá – señaló al peli negro, que flotaba en la refrescante agua de la piscina – Creo que tú mismo te has dado una idea de sus intenciones, después de la fiesta de anoche – el mayor asintió y le hizo una seña a Seiya para que se acercara.
– Oye Seiya, he estado lejos de casa por un largo tiempo, ¿quieres contarme cómo va tu vida? – dijo Taiki.
– ¿Qué quieres decir con eso? – rio – Vamos Taiki, tú lo sabes todo sobre mí.
– Eso creía, hasta que te vi anoche – respondió. Seiya salió de la piscina y comenzó a secar su cuerpo, antes de dejarse caer en una silla, al lado de su hermano menor.
– Un momento, si estás hablando de lo que creo que estás hablando… Oh Taiki, ¿has hablado con la tía? Ya te está metiendo sus ideas raras en la cabeza. Mira, entre Serena y yo no…
– ¿Serena? – preguntó el castaño – Pero si yo me refería a esa amiga tuya de la universidad, la que hizo el escándalo, Kaori – el peli negro se sonrojó al instante, sabiendo que acababa de cometer un gran error – Ahora, eso que dijiste está interesante, ¿quieres hablar sobre ello?
– Seiya, ¿ahora te gustan maduras? – bromeó Yaten – Taiki, no dejes que Seiya se acerque a Amy, no sabemos de qué será capaz de hacer.
– Cállate, Yaten – comentó el peli negro, comenzando a enfadarse. Taiki miró de reojo a peli plateado, que no dijo nada más.
– Seiya, ¿qué es lo que sucede con Serena?
– Nada, nada de nada – mintió.
– Escucha, para mi no tiene nada de malo que mantengas una buena amistad con ella, tampoco le veo el problema a que te interese más que como una amiga – dijo el mayor – Pero piénsalo bien, ¿vas en serio? Seiya, date cuenta que ella no es como tus otras conquistas.
– No sé de qué estás hablando, Taiki – replicó el aludido, poniéndose de pie – Deberías dejar de escuchar las ocurrencias de la tía y de Yaten – y dicho esto, Seiya regresó a la casa.
Taiki se quedó pensativo un momento. Conocía bien a su hermano, no era de los que se enamoraba, pero cuando lo hacía – cosa que sólo había ocurrido una vez – era capaz de terminar lastimándose él mismo y también a los demás. Añadido a esto, esta vez estaba "jugando con fuego", porque, él mismo lo sabía, se estaba enfrentando a un sinfín de adversidades, si de verdad estaba interesado en Serena Tsukino-Black.
S x S
– ¿Estás segura? Pobre, deberías llamarlo. Si se molestó en dejarte un mensaje… – dijo Amy, bebiendo un sorbo del vino que le había ofrecido Serena.
– Por favor Amy, ¿crees que soy una adolescente para andar detrás de un joven casi de la edad de Rini? Ahora déjame ver esa revista de vestidos de novia, podría ayudarte a elegir uno.
– Si lo piensas bien, él es quien anda tras de ti, Serena.
– No quiero meterme en problemas – replicó – Oye, este modelo italiano está encantador. Estoy segura de que se te vería perfecto.
– ¿Qué tiene de malo entablar una amistad con un hombre de la edad de Rini?
– Amy, por favor. No nací ayer, tengo experiencia y eso tú lo sabes mejor que nadie. Seiya es un niño, recién comienza su carrera. Es un hombre, un hombre que recién comienza a vivir – Amy rodó los ojos – Un chico como él, ¿qué puede querer de una vieja como yo? Llamadas, mensajes, tantas atenciones… Esos ojos. Tengo que confesar que, y esto lo hago porque eres mi mejor amiga, a veces me sorprendo pensando en él, tal vez más de lo necesario. Pero no, sé lo que busca, puedes darte cuenta con sólo verlo.
– Yo sólo creo que deberías darte tiempo para conocerlo – dijo Amy, con tono misterioso – Serena, hazme caso, sé por qué te lo digo – Serena desvió la mirada – Ahora, para los arreglos florales…
– Amy, te dije esto cuando me divorcié de Diamante y lo mantengo, quiero un hombre más viejo que yo, por lo menos cinco años mayor. No quiero andar detrás de un niño sobreprotegido por su tía.
– Serena, a veces haces las cosas tan complicadas.
– No quiero que se haga ninguna falsa esperanza, es todo. ¿Qué tiene eso de malo? No voy a llamarlo, es todo – la rubia se quedó pensativa – Sin embargo, si llegáramos a encontrarnos por casualidad, pues creo que quizás podríamos tomar un café, conversar un rato, conocernos mejor – Amy rio – Bueno, como te decía, este vestido Versace me parece ideal para ti.
– ¿No crees que es demasiado revelador? No estoy en "esas edades", Serena.
– ¿Pero qué dices? Podrás tener 40 años, pero aún pareces una niña de 30 – ambas rieron – Ah y Amy, olvidémonos de esa llamada, ¿de acuerdo? – Amy suspiró, resignada.
S x S
Las reuniones de sociedad de su tía siempre solían ser ostentosas, demasiado ostentosas para su gusto y el de sus hermanos, que se esforzaban más que él por mostrarse a gusto aquella noche. Seiya suspiró – acción que se había vuelto común en él desde que conoció a Serena – y se llevó a los labios el vaso con vodka, mientras sus ojos se perdían entre la multitud que llenaba la sala de la mansión Kou. No es que hubiera demasiada gente – pudo ser peor – pero él se sentía ahogado y… solo.
Taiki presentaba con orgullo a su futura esposa, de quien no se había despegado ni un instante, mientras que Mina lucía su encantadora voz, ante la mirada embobada de su hermano menor. Y él, bueno como era costumbre, atraía las miradas de las hijas de los amigos de su tía, pero las rechazaba de la forma más cordial, que sólo él conocía. Seiya sospechaba que su queridísima tía había planeado aquella reunión para tratar de que el joven alejara sus pensamientos de la rubia mujer que los invadía.
No había sabido nada de ella desde la fiesta y ya comenzaba a desesperarse. Tuvo el impulso de ir a su casa para verla, pero antes de tomar la decisión, su tía lo arrastró hasta la improvisada pista de baile, para que la acompañara en un bolero.
S x S
Se había quedado mirando televisión, sentada en el sillón de su sala, con una botella de champaña a su lado. Por alguna razón que desconocía, no se sentía con deseos de ver o hablar con nadie. Su enturbiada mente le pedía a gritos que lo llamara, que le bastaba escuchar su voz para dejarla irse a dormir de una vez por todas.
Ikkuko se había ido a Okinawa con su familia, Rini aún no llamaba y Selene había ido a quedarse en casa de una amiga, así que el lugar estaba demasiado silencioso. Y, curiosamente, a pesar de amar el silencio y la quietud, en ese momento, le molestaba. Le molestaba saberse sola, pero a la vez le molestaba tomarse la molestia de salir aquella noche. Sonrió, al saberse contradictoria, para luego bufar, molesta, sabiendo que, desde aquel día, su mente se había convertido en un verdadero caos.
El timbre empezó sonar insistentemente, sacándola de sus cavilaciones. Decidió ignorarlo, fuera quien fuera, en algún momento se cansaría. Pero eso no sucedió y, molesta, se levantó del sillón, sin importarle su facha – una bata de seda, de color blanco, sobre la cual se había colocado una vieja gabardina negra – y abrió la puerta, con cara de pocos amigos.
Pero, su expresión cambió inmediatamente a una de sorpresa, mientras su corazón comenzaba a perder su calma, cuando se encontró con Seiya. Se fijó que el chico llevaba una botella de champaña.
– Buenas noches, hermosa dama.
– Buenas noches – respondió – Pero vaya que esto es una sorpresa, ¿qué te trae a mi humilde morada?
– No soy de los que se rinden fácilmente, Serena y ya que no atendías el teléfono, decidí venir en persona – la rubia se quedó sorprendida.
– I-Iba a llamarte, es sólo que… – pero no supo qué decir cuando se encontró con los zafiros profundos que Seiya tenía por ojos.
– No suenas muy segura. Bueno, como sea, ya estoy aquí, así que no puedes escapar de mí ahora – la mujer se sonrojó tenuemente y desvió la mirada.
– No estoy escapando.
– Te estás haciendo la difícil.
– Claro que no, esta soy yo, así como me ves. En serio iba a llamarte, jamás podría haberlo olvidado con Amy recordándomelo todo el tiempo.
Sin decir nada, Seiya se sentó en el corredor, fuera del departamento de la rubia, que abrió los ojos estupefacta.
– Creo que necesitaremos dos copas.
– ¿Eh? ¿Qué se supone que estás haciendo, Seiya? – preguntó, comenzando a molestarse con la actitud del muchacho.
– No me has invitado a pasar, pero no importa, podemos tomarnos unas copas aquí, ven siéntate.
– Seiya, deja de actuar como un niño, por favor – replicó ella, molesta – No seas tan inmaduro, ven – lo tomó de la mano y él, satisfecho, se levantó y la siguió, aferrando con un poco más de fuerza la mano de la mujer.
S x S
– ¿Alguien ha visto a Seiya? – preguntó Kakyuu.
– Tiene rato que desapareció – dijo Mina – Quizás fue a ver a… – Amy le hizo una seña para que guardara silencio – Quiero decir, ya sabes como es, seguro se fue de fiesta con Tiger y sus hermanos.
– Sí, claro – contestó Kakyuu, no del todo convencida. La mujer se sentó al lado de Darien, cruzándose de brazos.
– ¿Te preocupa algo, amor? – preguntó Darien, preocupado.
– No es nada – respondió – Tal vez son sólo ideas mías, no me hagas caso, querido. Setsuna, ¿quieres acompañarme un momento a la cocina? – la aludida se levantó y siguió a la pelirroja.
– ¿Me vas a decir que te pasa, Kakyuu?
– Setsuna, ¿recuerdas a Serena Tsukino, la mujer que llegó con Seiya a la fiesta?
– Por supuesto, cómo olvidar a una dama tan encantadora – respondió Setsuna – Pero, no entiendo a qué viene la pregunta.
– Setsuna, vas a pensar que esto suena absurdo, pero… Seiya anda detrás de ella – la mujer frunció el ceño, pero antes de poder replicar, Kakyuu continuó – La ha llamado varias veces, pero ella no le ha respondido.
– Oh vamos, ¿no te estás preocupando demasiado? – preguntó Setsuna, con una leve sonrisa – Seiya sabe lo que hace.
– Conoces a Seiya, sabes que es mi niño y tengo miedo de lo que pueda estar pensando. Sin duda Serena es una gran mujer, pero ¡podría ser su madre!
– Kakyuu, estás paranoica, estás imaginando cosas como que él puede estar con ella en este momento, cuando lo más seguro es que esté con sus amigos bebiendo en algún bar de la ciudad – Kakyuu se negaba a dar el brazo a torcer – Pero, si estás tan preocupada, llámalo y sal de dudas.
– Él odia que lo controle como si fuera un adolescente.
– Entonces confía en él y ya cálmate, Kakyuu.
La pelirroja suspiró y se acabó la copa de vino de un solo trago. No podía dejar de preocuparse por Seiya, pero se negaba a llamarlo. Ya hablaría con él después.
S x S
– Disculpa la demora, es que no encontraba las copas – Serena colocó dos finas copas sobre la mesita de la sala, con manos temblorosas. No se explicaba por qué se había puesto tan nerviosa al ver a Seiya – No suelo beber, así que normalmente están guardadas en algún sitio de la cocina.
– No tienes por qué ponerte tan nerviosa – Serena se dejó caer en el sillón y Seiya se acercó más a ella.
– ¿Nerviosa, yo? ¡Qué tontería! – rio.
– Pero mira nada más cómo tiemblas – dijo Seiya, tomando la mano de Serena entre las suyas y depositando un suave beso en ella. La mujer retiró la mano de golpe.
– ¿Acaso viniste a examinarme, Seiya?
– Claro que no, sólo me preocupa que mi presencia te moleste.
– No me molesta que estés aquí, es sólo que, bueno, esta noche quería estar sola, leer un libro, escuchar un poco de música clásica. No esperaba visitas, es todo.
– Por eso vine. Tuve un presentimiento, e imaginé que estarías sola, por eso pensé en venir a hacerte compañía – le guiñó un ojo, haciendo que desviara la mirada hacia la copa que tenía en su mano.
– Te lo agradezco, pero, me gusta la soledad. Hace bien de vez en cuando. Tú deberías intentarlo, pero supongo que estarás acostumbrado a que las chicas anden detrás de ti, creo que por eso Kaori actuó de esa manera, ella te quiere, más que como un amigo, eso se nota, tal vez, si le dieras una oportunidad… Actuó por celos, lo cual es natural en alguien que está enamorado.
Seiya no dijo nada, simplemente se quedó mirando a Serena con una seductora sonrisa que amenazaba con poner a la rubia más nerviosa de lo que ya estaba, si acaso era eso posible.
– ¿Qué pasa? – preguntó ella, incómoda con la forma en que él la miraba.
– Hablas como la tía Kakyuu.
– Puede ser, ya te lo dije, yo bien podría ser tu madre, Seiya – el peli negro le dedicó una mirada seria – ¿Cuál es el problema?
– No eres mi madre. No hables como si lo fueras.
– Discúlpame, no fue mi intención incomodarme, ya mejor bebamos la champaña – Seiya asintió y llenó las copas de nuevo.
Serena observaba con atención cada pequeño movimiento de Seiya. Sus ojos se perdían en su rostro, aquel que parecía esculpido por los dioses, al igual que su cuerpo. Se fijó en sus brazos fuertes y sus grandes manos y se imaginó que estrechaba su cuerpo con pasión. Al sentirse observado, el muchacho levantó la mirada y le guiñó un ojo, gesto que Serena respondió con una seductora mirada.
– Serena, a pesar de las circunstancias en las cuales nos conocimos, no podría estar más feliz de haberme cruzado contigo, aunque seas un verdadero peligro – Serena sonrió tenuemente.
– Lo mismo digo, aunque a veces pueda parecer lo contrario. Tienes una familia encantadora. Ahora, ¿podrías explicarme por qué soy un peligro?
– Porque lo eres.
– Ustedes los jóvenes tienen esa manía de darle demasiadas vueltas al asunto y no ser claros. Hace veinte años, decíamos las cosas como son, sin tanto drama.
– ¿Por qué? – la rubia lo miró, confundida – ¿Por qué todo el tiempo tienes que hacer referencia a tu edad? Sé que eres mayor que yo, pero no tienes por qué mencionarlo a toda hora.
– Disculpa, no sé qué me pasa hoy. Debe ser nostalgia, extraño a Serenity, que está lejos de mí. Pero no me hagas caso, mejor explícame cómo es que soy "peligrosa".
– Eres peligrosa en todos los sentidos. Serena, eres una obsesión para mí.
– No entiendo a qué te refieres, pero b-bueno, m-mejor vamos a brindar.
– Por nuestro encuentro – dijeron al unísono.
– Serena yo… – Seiya dejó la copa sobre la mesa, arrebatándole la suya a Serena, y se acercó lentamente a ella, con sus ojos fijos en los tentadores labios de la rubia.
– D-Discúlpame Serena, no sabía que tenías visitas.
– ¡L-Lita! N-No te preocupes, él es Seiya, ¿lo recuerdas? Con quien choqué el otro día – se volvió hacia el chico – Seiya, ella es mi buena amiga, Lita Kino.
– Un placer – contestó la chef, con una leve sonrisa.
– Lo mismo digo, hermosa dama – le dijo el peli negro, con una encantadora sonrisa.
– Y-Ya ves, Seiya y yo nos hicimos amigos y él muy amablemente vino a hacerme compañía.
– Oh, ya que están los dos aquí, ¿no les gustaría venir a mi apartamento? Los padres de Andrew están de visita en la ciudad y recién preparé una cena tradicional japonesa.
– Eres muy amable, Lita, pero ya tengo que irme.
– ¿Qué hay de ti, Serena?
– No te preocupes por mí, esta es mi noche con Mozart.
– Cuando te pones así, es imposible hacerte cambiar de opinión – suspiró Lita, resignada – En fin, si decides cambiar de opinión, no dudes en venir. Yo me retiro.
Lita salió, cerrando la puerta tras de sí, con una sonrisa de felicidad en su rostro. Y entonces pudo notar lo que Amy y Mina le repetían con tanta insistencia, la gran química que su amiga y Seiya Kou tenían.
– Bueno, mejor no te entretengo más, tu tía debe estar preocupada por ti – Serena tomó su copa, pero cuando iba a sujetar la de Seiya, que reposaba en la mesa, su pie se enredó en la alfombra y terminó derramando la champaña que quedaba en la copa sobre la camisa color vino tinto de Seiya – ¡Por todos los cielos! Oh Seiya, discúlpame, no sé qué me está sucediendo hoy, yo…
– No te preocupes, esto no es nada. Ya después la llevaré a la tintorería.
– Nada de eso, quítatela, la lavaré, sólo tomará un momento.
– En serio, no tienes que preocuparte por eso, no es nada – Serena le dedicó una dura mirada y entonces supo que lo mejor era no contradecirla. Suspiró y lentamente comenzó a zafar los botones de la camisa, para entregársela a la mujer, que lo dejó solo en la sala.
Entonces, el celular de Seiya comenzó a sonar y, fastidiado, el joven atendió.
– Tía Kakyuu.
– Seiya Kou, ¿dónde estás? Ha pasado mucho tiempo desde que estuvieron los tres juntos, ¿cómo pudiste irte y dejar a tus hermanos plantados de esa forma?
– Ya voy para allá, no te preocupes.
– ¿Dónde estás, jovencito? – replicó la pelirroja, molesta.
– En… casa de Serena.
– Claro, eso fue lo que pensé. Al final, decidiste ignorar mis advertencias.
– Por favor, tía, no quiero hablar de eso. Deja de tratarme como un niño que no sabe lo que hace.
– ¿Y acaso sí sabes lo que haces? Por favor, Seiya, no sabes en lo que te estás metiendo.
– Tía…
– Está bien, no diré nada más. Te estaremos esperando – Seiya alejó el auricular de su oído – Ah y Seiya, sólo espero que no te arrepientas después. Salúdame a Serena. Adiós.
Seiya bufó, molesto y arrojó el celular al suelo. Se dejó caer en el sillón y se cubrió el rostro con ambas manos. Su paciencia estaba alcanzando el límite. Ya no podía soportarlo más, ¿por qué no podían dejarlo en paz? ¿Acaso lo creían tan incapaz de manejar su propia vida, sus propios sentimientos?
– ¿Serena? ¿Dónde estás?
– ¡Estoy aquí! – exclamó la rubia, metida en el baño de su habitación, lavando la camisa de Seiya – Sigue mi voz – y comenzó a cantar:
Another rainy morning, people rushing by
My head is still in the clouds, I dream with open eyes
Suddenly out of nowhere, she came into my life
Like we know each other for quite a while
Tenía que admitir que Serena tenía una voz hermosa. Aun cuando ya había encontrado su habitación, no se atrevía a llamar su atención, al verla tan ensimismada, con sus ojos fijos en su labor – quitar los restos de champaña de la camisa – Seiya creía recordar esa canción de alguna parte, pero no estaba seguro de dónde.
In the sound of silence, time is standing still
There's some kind of bond between us
That's giving the chill
– Y aquí estás – Serena soltó un gritito de sorpresa.
– Seiya, me asustaste, estaba tan concentrada en esa canción, que tantos recuerdos me trae, que ni te escuché entrar.
– Mi tía te manda saludos.
– Muchas gracias – levantó la camisa – Mira, ya quedó, sólo está un poco mojada.
– No tenías que molestarte.
– Claro que sí, tu camisa se arruinó por culpa de mi torpeza. Por cierto, Seiya ¿tú tía sabe que estás aquí? – el muchacho asintió – No creo que esté muy contenta.
– Ella es sobreprotectora, a veces me irrita su actitud. Me trata como si fuera un niño.
– ¿Y acaso no lo eres?
– ¿Vas a seguir con eso de la edad, Serena? – replicó él, frunciendo el ceño.
– Lo siento, no fue mi intención. Sólo pienso que es natural que ella se preocupe por ti de esa manera, quiero decir, una mujer… siempre se "es más madre" de un varón que de una niña, los varones tienen la tendencia a ser más apegados a la madre, claro que podríamos decir que en el caso de mis hijas es la excepción, dadas las circunstancias, pero…
– ¿Circunstancias? – preguntó él, curioso. Serena se dio cuenta de que había hablado de más, lo último que quería era hablar de su pasado con un chico que recién conocía.
– Ah no es nada, no tiene importancia.
Cuando volteó el rostro, Serena se dio cuenta de que Seiya la miraba con tal intensidad que casi sentía que la atravesaba. La miraba con una devoción, con una admiración, que hace tiempo no percibía por parte de nadie, tanto que se empezaba a sentir incómoda. Desvió la mirada hacia el espejo, donde volvió encontrarse con aquellos ojos, y dijo:
– ¿Por qué me miras así?
– ¿Así, cómo?
– Tú sabes, así.
– Sólo te estoy contemplando.
– Seiya, será mejor que te vayas a casa, tú familia debe estar preocupada por ti. Hace tiempo que no veías a tu hermano mayor, deberías pasar un poco más de tiempo con él. Además, piénsalo, lo que haces no es correcto.
– ¿A qué te refieres? – preguntó, haciéndose el desentendido.
– La forma en que me miras, estás mal – le arrojó la camisa – Ponte la camisa y vete, quiero descansar.
Serena se volteó para contemplar su temblorosa figura en el espejo. Seiya por su parte no estaba dispuesto a marcharse, mucho menos a apartar sus ojos de aquella encantadora mujer. Serena respiró profundamente, tratando de calmarse.
– Vete, vete ya, por favor – Seiya comenzó a deslizar sus manos por los hombros tensos de Serena, que se sobresaltó por el contacto, pero fue incapaz de apartarlo.
– No he podido dejar de pensar en ti, desde que te conocí.
– Basta Seiya, no sabes lo que dices – replicó ella, mirándolo por el espejo – No quiero hablar sobre eso. En el poco tiempo que llevamos de conocernos, he llegado a apreciarte como un amigo, pero nada más.
Serena sintió un gran alivio cuando el teléfono de la casa comenzó sonar. Corrió a contestarlo y se rostro se iluminó al escuchar la voz de Rini del otro lado, acompañada por el barullo de lo que sin duda era una fiesta.
– ¿Puedes escucharme, mamá?
– Te escucho, cariño – respondió, emocionada. Seiya se colocó tras ella.
– Mamá, adivina qué, ¡Helios y yo pasamos todos los exámenes! ¡El semestre ha terminado oficialmente! Por eso estamos celebrando.
– Oh Rini, me alegra tanto escuchar eso, hija.
– Gracias, mamá. Y tú, ¿estás sola en casa?
– Sí, sabes que esta es mi noche con Mozart.
– Mamá, deja eso ya – replicó la joven – Ya te lo dije, tienes que conseguirte un novio, no puedes estar pensando en el trabajo o la música clásica todo el tiempo. ¿Qué hay del hombre del que me habló Selene el otro día?
– Rini, ya deja eso, no es nada.
– Bueno, pero tendrás que dejar que te consiga un novio cuando vengas por aquí. Hay muchos viudos apuestos, seguro que alguno te gustará.
– Ya empiezas a sonar como tu hermana.
– Bueno mamá, te hablo luego, voy a divertirme.
– Adiós, hija. Te amo.
Serena dejó el teléfono y miró a Seiya, que no había apartado sus ojos de la rubia ni por un momento.
– ¿Tu hija? – Serena asintió.
– ¿Estás… enfadado por lo que dije? – el chico negó con la cabeza – Seiya, lamento sonar tan dura, pero estoy siendo sincera contigo. Me gusta ir en serio siempre, y mi instinto me dice que, por esa razón, no debo ni siquiera pensarlo. La prudencia es una virtud que adquieres luego de caer y levantarte muchas veces – el peli negro se mantuvo en silencio – Te acompaño a la puerta.
Ambos salieron de la habitación, con paso lento, como queriendo que el momento se prolongara el mayor tiempo posible. Seiya se volteó y depositó un suave beso en la frente de la rubia, sonrió y caminó hasta la puerta. Antes de poder girar la manija, la voz de Serena lo detuvo:
– No lo hagas. No lo hagas, porque si no, no volveremos a vernos.
– ¿No lo prefieres así?
– No – Serena rio, al darse cuenta de lo contradictoria que sonaba.
Seiya se volteó y ella caminó con prisa hacia él, arrojándose a sus brazos. Enredó ambos brazos en el cuello de Seiya, que colocó los suyos alrededor de la fina cintura de la rubia. Sus labios se encontraron finalmente, sin darse tregua se unieron en un beso fogoso y lleno de necesidad. Serena abrió más su boca, buscando profundizar un contacto que Seiya también llevaba un tiempo anhelando.
Las manos de la mujer viajaban por la espalda desnuda de Seiya, que se estremeció ante aquel contacto. No satisfecho con probar los labios de la dama, el peli negro deslizó sus labios al cuello de Serena, que ladeó la cabeza, dándole espacio. Seiya cortó el beso para sujetar el fino rostro de la rubia entre sus manos y pegar su frente a la de ella. El peli negro volvió a darle un corto beso y se marchó. Serena aún respiraba agitadamente, cuando las puertas del elevador cerrándose se llevaron la imagen de un sonrojado Seiya.
Serena corrió al elevador y presionó el botón. Las puertas volvieron a abrirse y entró, apoderándose de los labios de Seiya de golpe. El muchacho, sorprendido, no tardó mucho en corresponderle y comenzar a recorrer el escultural cuerpo de Serena con sus manos.
– S-Serena…
– No, no digas nada – se abrazó a Seiya – Ya vete – la rubia presionó el botón con el número 1 y salió, sin mirar atrás.
La mujer entró en su apartamento y cerró la puerta de golpe, dejándose caer en el sillón. Se abrazó las rodillas con los brazos y un suspiró abandonó sus labios.
– ¿Qué fue lo que hice?
