Capítulo 1
Sakura Kinomoto entró en su apartamento de Clow S.A. y cerró la puerta tras ella, apoyándose contra la puerta con un suspiro profundo y sentido.
Shaoran estaba mucho más guapo que nunca. El pelo, castaño y brillante, empezaba a crecerle por el cuello, lo que le daba un aire desenfadado; lo único que necesitaba para completar el look era ponerse un pendiente dorado en la oreja. Y esos ojos color chocolate que parecían poder atravesarla por completo... el corazón le había dado un vuelco cuando le vio en la sala de observación, junto a Ryo.
No había estado preparada para verle; nunca estaba preparada para eso.
Llevaba enamorada de Shaoran desde los quince años, cuando él tenía veintiuno y se preparaba para reemplazar a su padre. Por aquel entonces le había parecido un caballero de brillante armadura; había disfrutado de cada minuto que habían pasado el uno en la compañía del otro. Era consciente de que no tenía ni idea de lo que sentía por él; de hecho, se había dado muchas molestias para asegurarse de que no se enterara.
Lo último que necesitaba Sakura era complicarse la vida así, con todos los problemas que ya tenía. Habría preferido no haberle visto el pelo a Shaoran; que le hubieran hecho las pruebas y haber salido de Clow S.A. pasando desapercibida, pero la había sorprendido. Siempre que iba a Clow S.A., Shaoran parecía estar cerca; era casi inquietante.
La imagen del acuario explotando le vino de pronto a la mente y gimió; creía haberse librado para siempre de esos accidentes. Ahora ya sabía que nada más lejos de la realidad. Aquel accidente había sido el peor de todos, pues había habido testigos y, pese a que no comprendían del todo lo que habían visto, todos sabían que ella había sido la causante.
Lástima. Le encantaba el trabajo del acuario.
Alguien llamó a la puerta, ante lo que Sakura pegó un brinco y un gritito de sorpresa. Se sacudió y abrió la puerta.
Sakura sintió que se le abrían demasiado los ojos.
— ¿Qué haces aquí, Shaoran? —preguntó, mientras él entraba en el apartamento y echaba un vistazo a su alrededor.
—Quería saber si necesitas comida o algo.
—Sólo voy a quedarme esta noche, me las apañaré con lo que haya por los armarios.
—Ha pasado un tiempo desde la última vez que estuviste aquí, ¿no quieres algo de comida fresca?
Sopló para apartarse un rizo que le caía por la cara.
—Las latas de comida aguantan mucho tiempo.
Shaoran asintió y se sentó en el sofá, como si pensara quedarse un rato. Sakura se armó de valor para controlar el hecho de tenerlo tan cerca, esperando desesperadamente que no viera lo mucho que lo deseaba.
—Queremos que vuelvas a Clow S.A. —dijo suavemente.
Sakura se sentó en la silla que había frente al sofá. Las palabras de Shaoran hicieron que el corazón le diera un vuelco.
—Lo sé, pero no puedo quedarme aquí. Este sitio está... bueno, está muy alejado de lo que considero llevar una vida normal, que es lo único que he deseado siempre: llevar una vida normal en el gran mundo.
—Puedes llevar una vida normal aquí.
— ¿Y observar cómo pasa paciente tras paciente por estas paredes? No, gracias. He visto suficientes tipos raros como para cubrir varias vidas.
—No son raros, sólo tienen dones. Como tú.
—Lo mío no es un don —dijo entre dientes—, sino una maldición.
Shaoran la observó con esos magníficos ojos marrón intenso.
—No siempre lo consideraste una maldición.
Sakura sacudió la cabeza.
—Eso fue hace mucho tiempo; éramos unos niños.
—Tú nunca has sido niña, Sakura —respondió Shaoran.
Y tenía razón. Desde el primer accidente, había sido más que una niña. Había madurado en un espacio de tiempo muy corto, y había sido un cambio completo. Al igual que todo lo demás, su vida había prendido fuego, y con ella su infancia. El hecho de que esos ojos marrón intenso la observaran tan de cerca hizo que le sudaran las manos y que se removiera en el asiento. Shaoran veía demasiado, sabía demasiado, en especial sobre ella. La miraba como si pudiera leerle el alma, conocer todos sus secretos y descubrir sus vergüenzas.
—Shaoran, no quiero pasar por esto esta noche; sólo quiero descansar e intentar olvidarme del día de hoy.
—No puedes limitarte a hacer borrón y cuenta nueva, ¿sabes? ¿Cuántas veces has tenido que empezar tu vida de cero en el mundo real? No funcionó antes, ¿por qué insistes en volver a intentarlo?
Frustrada, Sakura se pasó una mano por la cabeza.
—Lo intentaré otro millón de veces si hace falta, hasta que lo consiga. Y, a la larga, lo conseguiré. Tengo que hacerlo.
—El mundo exterior no es el mejor lugar para la gente como tú y como yo. Necesitamos un lugar seguro, un hogar; y aquí, en Clow S.A., puedes tenerlo. Quédate, aquí estás a salvo.
—Shaoran, nunca he estado a salvo y, quedándome, pongo en peligro a vuestro personal y amigos. ¿No te acuerdas de lo que sucedió...?
—No vuelvas a sacar ese tema. Aquello fue un accidente, Sakura, podría haber sucedido en cualquier parte y momento.
—Prendí fuego al laboratorio donde estaban trabajando con Yue; si no llega a ser por la gruesa capa de piel de Yue, le habría herido de gravedad, puede incluso que le hubiera matado —señaló.
—Pero tiene la piel muy gruesa y no le hiciste nada.
—Lo sé, ¿pero qué pasará la próxima vez? ¿Puedes prometerme que no heriré a nadie la próxima vez? No creo que puedas —suspiró.
—Pondré a algunos de los médicos nuevos en tu equipo; te ayudarán a encontrar una cura —insistió Shaoran.
—Lo que soy no tiene cura. La muerte es la única capaz de acabar con este horrible poder que tengo.
— ¡No te atrevas a decir algo así! —rugió—. ¡No lo pienses si quiera! —Se tranquilizó un poco—. Mira, no tienes nada mejor que hacer, ¿por qué no pruebas y te quedas una temporada con nosotros?
— ¿Por qué insistes en que me quede aquí? —preguntó.
—Porque perteneces a este lugar.
—No pertenezco a ningún lugar —respondió, sin más.
—Perteneces a este lugar.
Sakura cerró los ojos; era la única forma que tenía de huir de la intensa mirada de Shaoran.
—Puede que lo intente.
—No lo intentes: hazlo —dijo.
Suspiró con fuerza.
—Venga, vale. Me quedaré. Pero sólo —levantó la mano al ver que Shaoran iba a hablar—, un par de días. Hasta que encuentre nuevo trabajo.
Shaoran asintió.
—Eso me dará tiempo para convencerte de que te quedes de una vez por todas.
Sakura se echó a reír.
— ¿Sabes? No estás poniéndome fácil el que me quede.
—La vida nunca es fácil. Lo sabes mejor que nadie.
Sakura se puso seria.
—Lo sé, pero a veces me gusta aparentar que sí lo es.
— ¿Acaso no nos pasa a todos?
Shaoran se puso en pie, se acercó a Sakura y le dio un suave y fraternal beso en la frente que hizo que a Sakura se le acelerara el pulso. Le colocó un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja, le guiñó un ojo y salió de la habitación.
A Sakura le costó un buen rato recuperar el latido normal del corazón y que la respiración dejara de ser errática.
