N/A: Definitivamente, el verano y las aldeas perdidas, no hacen ningún bien al mundo del Fandom. Siento la tardanza xD
Diclaimer: Los personajes y escenarios pertenecen a Tite Kubo. Sólo el argumento de la historia y el presupuesto de la pintura en este capi son míos xD
Disfrutad de la lectura ^^
Watercolours
Llevaba alrededor de una hora cocinando, una pila de cacharros sucios encima del fregadero se encargaban de confirmarlo. Ya lo tenía casi todo preparado, tan sólo faltaba una última cosa.
"No puede ser tan difícil" "Vamos allá"
Ichigo se acercó con precaución a la sartén que llevaba ya un buen rato al fuego.
Armándose de valor, vació precipitadamente el contenido de la cáscara, alejándose lo más rápidamente que pudo, una vez que aquello entró en contacto con el aceite hirviendo. Pasó un rato hasta que las miles de gotitas aceitosas que saltaban con el único propósito de carbonizarle, se relajaron. Solo entonces, Ichigo pudo respirar tranquilo varias veces desde su posición al tiempo que intentaba infundirse ánimos. Ahora, tocaba la segunda parte más difícil: Evitar que la tortilla y la sartén pasaran a ser uno sólo. De ser así, sí supondría un verdadero reto despegarla.
Pasado un rato, Ichigo, miró la cocina más o menos limpia. Por fin había terminado. Estaba agotado. ¿Quién había dicho que cocinar no era un trabajo peligroso? ¿Rukia?
"Esa enana"
No hace falta decir que su reconciliación no duró demasiado. La aparente paz se vino abajo en cuanto apareció el primer conflicto. ¿Qué hay para comer?
Ella dio por hecho que él se encargaría. Pero Ichigo no estaba dispuesto a someterse a sus órdenes. Así que para variar empezaron a discutir.
Dejaron de pintar. Continuaron discutiendo. Enfadados se encerraron en sus respectivas habitaciones. Durante una hora la tranquilidad invadió la casa hasta que el estómago de Ichigo reclamó atención. Entonces él fue a buscarla para seguir discutiendo. Gritos. Recriminaciones. Acusaciones. Voces. Aún más enfadados se volvieron a encerrar. Silencio. Esta vez, fue Rukia la que se dirigió a la habitación de él. Volvieron a gritarse y finalmente, viendo que no llegarían a ninguna parte, Ichigo acabó, como siempre, cediendo. Aunque, eso sí, intentando no perjudicar demasiado su orgullo en el intento. Nada nuevo.
Cuando colocó el último plato sobre la mesa, se sentó dispuesto a enfrentar la mirada crítica de Rukia. Pero ella, solo tenía interés por el plato, ni siquiera se molestó en levantar la vista al oír el carraspeo del chico. Ichigo, rendido esperó impaciente su reacción. Durante los minutos siguientes nada cambió. Y al pelinaranjo, comenzó a irritarle esa expresión de aversión que Rukia dirigía a la tortilla que tanto le había costado preparar.
- ¿Qué? – exigió irritado.
Le parecía increíble que después de cargar él con todo el trabajo encima se atreviera a ponerle pegas. No pedía que le diese las gracias. Eso sería esperar demasiado. Tan solo querría que esa jodida expresión desapareciese de su rostro.
- No, nada – se limitó a responderle.
- Pues entonces, come – le ordenó con rabia.
Indiferente, ella volvió la vista al plato. No confiaba lo suficiente en Ichigo como para llevarse a la boca cualquier cosa preparada por él sin antes comprobar que era comestible. Sería una imprudencia por su parte.
Así que ignorándole, continuó con el examen. Lentamente cogió el tenedor, partió un trozo de tortilla y le clavó sin piedad el tenedor ante la incredulidad del chico. A continuación, decidió experimentar con él golpeándolo contra el plato para después levantarlo y observarlo desde abajo, haciendo que Ichigo perdiera definitivamente la poca paciencia que le quedaba.
- ¡Joder Rukia! Pareces un perro, solo te falta olerlo.
Ella le atravesó con la mirada, haciéndole saber que no le había gustado ni un poco su último comentario comparándola con un perro. Pero, decidió dejarlo pasar para no tentar más a la suerte y, haciendo de tripas corazón, se metió la tortilla en la boca.
Durante los segundos siguientes sólo sus respiraciones y el sonido que hacía Rukia al masticar quebraron ese incómodo silencio. Inmediatamente después, Ichigo empezó a ponerse nervioso aunque optó por no decirle nada. Finalmente ella terminó de masticar y fijó su mirada en él, aunque sin decirle nada.
- ¿Y bien?
Silencio.
- ¿Rukia?
Ella no le dio una respuesta inmediatamente. Abusando un poco más paciencia, tardó bastante en responder.
- Está crudo –contestó cortante.
Al chico se le resbaló el brazo con el que se sujetaba la cabeza y se golpeó contra la mesa. Rukia continuaba mirándole impasible sin apenas pestañear.
Cuando Ichigo recuperó la compostura, se aclaró la garganta mientras pensaba algo coherente que decir. No sabía si reír, hacer que no había oído nada o simplemente estrangularla.
- Rukia, ¿Tanto espectáculo para decirme que está crudo?
Ella se encogió de hombros. Y él, agarró el plato, con imperturbabilidad, para llevarlo a la sartén de nuevo. Prefería no discutir más con ella, por hoy ya habían tenido suficiente.
"A veces puede llegar a ser tan cría…"
OoOoOoO
Ichigo presionaba la brocha contra la pared, quizá con demasiada fuerza, pero necesitaba calmarse. Después de la escena de la cocina habían preferido no volver a dirigirse la palabra. Y es por eso que, después de recoger todos los platos, decidieron, sin cruzar palabra, ir hacia el salón, coger las herramientas necesarias, cambiar los periódicos del suelo y ocuparse de pintar la pared opuesta a la del otro con el único propósito de verse lo menos posible.
Pero de vez en cuando, para distraerse, Ichigo miraba a Rukia que solo aparentaba estar inmersa en su tarea, pues en cuanto él se daba la vuelta para seguir trabajando, ella aprovechaba para mirarle a hurtadillas intentando descifrar que le pasaría por la cabeza a ese idiota. Después, cuando él se giraba de nuevo, era Rukia la que rápidamente, se daba la vuelta con la mayor naturalidad posible.
A veces, sus miradas se cruzaban y entonces, confundidos, fingían que algo en la pared, captaba intensamente su atención.
Durante una hora permanecieron en silencio. Un silencio que comenzaba a irritarles al mismo tiempo que les devolvía la calma. Un silencio que ahogaba las discusiones anteriores y que se estaba volviendo costumbre entre ellos. Un silencio que inconscientemente les hacía reconciliarse. Un silencio que no duraría eternamente.
- Rukia…
Ella giró un poco la cabeza, aunque no del todo y sin dejar de pintar. Sólo para hacerle saber que le estaba escuchando.
- Esto…Ahora que te estoy ayudando con todo – señaló las paredes – esto.
Volvió a mirarla para comprobar que le prestaba atención.
- Ya sabes…
Rukia odiaba cuando él se andaba por las ramas ¿No podía decirlo y punto?
- Puedes decirme donde has estado estod días – soltó sin apenas respirar - ¿No? – después, intentó sonreír para que su delicadeza tuviera algún efecto en aquel témpano de hielo.
Tenía que sacar el tema. Tenía que estropearlo. Definitivamente Kurosaki Ichigo necesitaba lecciones urgentes de como y cuando conseguir las cosas.
- No – fue su única respuesta.
Y la suavidad de Ichigo en sus primeras palabras se esfumó, junto con el silencio.
- ¿No? ¿Por qué no? – su tono de voz fue creciendo conforme hablaba.
- Porque no – resolvió ella, no había dejado de pintar y eso irritó aún más a Ichigo.
- Es eso, ¿Una respuesta?
- Para mí, sí.
- Pues, para mí, no –insistió testarudamente.
- Ichigo esta conversación no tiene ningún sentido.
- Lo que no tiene sentido, es que no quieras contármelo.
Ella, finalmente, dejó lo que estaba haciendo, para enfrentarle.
- Sí, sí, tiene sentido – la dureza de sus ojos le hizo ver que ella estaba otra vez enfadada – eres tan, tan, tan – meditó en busca de un adjetivo – idiota e – buscó otro para ser más contundente- infantil, que si te lo digo y lo que te cuente no te convence, dejarás de ayudarme.
- Eso no es verdad.
- Lo es. No cumplirás y me tocará terminarlo sola.
Silencio.
- Además –dijo algo más relajada, sabiendo que sus palabras habían tenido el efecto deseado – pensé, que no aceptabas mi chantaje y que habías bajado a ayudarme por amor al arte.
Ichigo, casi le da una patada al bote que tenía delante. Sin pensar por un momento, que ella sólo intentaba bromear para quitarle hierro al asunto.
-No llores,- le provocó ella divertida- en cuanto terminemos con esto te lo contaré todo.
Se volvió para mirarle.
-Prometido.
- No necesito que me prometas nada – le contestó Ichigo haciéndose el mártir y cogiendo con furia la brocha de nuevo, para a continuación, estamparla enérgicamente contra la pared.
Rukia casi tuvo que contener la risa. Le encantaba ver perder a Ichigo. Y sobre todo le encantaba ver como después de cada discusión, él intentaba recuperar los pedacitos de orgullo que había perdido y que ahora mismo se encontraban tirados por el suelo.
OoOoOoO
Llevaban toda la tarde pintando. Les había cundido bastante y apenas se habían distraído. Todo porque descubrieron, quizá un poco tarde, que cuanto menos hablaban, menos batallaban y menos tiempo perdían.
Empezaba a oscurecer y estaban cansados. No tenían ánimos de terminarlo todo hoy pero sabían que era lo más inteligente. Les quedaba tan solo retocar las cuatro esquinas superiores. No les llevaría demasiado.
- Me encargo yo – le hizo saber a Rukia un Ichigo muy predispuesto.
- Ni hablar, -rechazó inmediatamente Rukia- pesas demasiado, no quiero arriesgarme a destrozar la escalera.
- No te pases – el pelinaranjo le lanzó una mirada que pretendía ser envenenada.
- No es algo personal, una simple cuestión práctica – advirtió ella – yo lo haré, puedo sola, ya has hecho todo lo que tenías que hacer, vete.
- ¿Es así como me pagas el haberte ayudado? Al menos, podías aparentar un poco de agradecimiento.
-Ichigo, ya no te necesito – se limitó a decir con sinceridad.
Él la miró con odio.
- ¿Qué quieres que te diga? Es la verdad.
Él continuó mirándola.
- Ichigo, por favor ¡Solo tengo que subirme a una escalera!
-Me quedo.
- Mira que llegas a ser cabezota – suspiró mientras se daba la vuelta en dirección a la puerta- Quédate si quieres.
Una sonrisa se dibujó en la cara del chico.
- ¡Pero no molestes!– añadió ella desde el fondo del pasillo para después, ir a buscar la escalera.
Cuando volvió, Ichigo la esperaba de brazos cruzados.
- Que sepas, que esto pesa – le informó con la voz amortiguada por la escalera.
Él continuó sin moverse.
- ¿No ibas a ayudarme?
Por fin, Ichigo despertó.
- ¡Ah!, sí, ya voy.
Entre los dos, pusieron la escalera en su sitio, debajo de la primera esquina.
- Bueno, ¿Cómo lo hacemos? –preguntó él.
- Yo me subo, sola –recalcó- y tú te quedas aquí abajo.
- Entonces, ¿No hago nada?
- Exacto
Rukia saltó a la escalera, y subió hasta arriba. Pero en el último escalón, Ichigo la cogió de la mano para ayudarla a subir.
- He dicho sola, Ichigo – intentó liberarse de su mano sacudiendo con fuerza.
- Pero, ¿Y si te caes?
- No seas idiota, ¿Cómo me voy a caer? – gritó Rukia desde arriba.
- De todas formas me quedaré aquí abajo – dijo para sentirse útil.
- Quédate donde te de la gana.
- Tendrías que caerte por, bruja- estaba enfadado de que Rukia despreciase sin miramientos sus poco habituales atenciones.
Se miraron con rabia.
- Déjate de tonterías y pásame la brocha.
- ¿Cuál?
- La de tu derecha.
Él hizo amago de cogerla.
- Tu otra derecha, idiota.
- ¡Deja de llamarme idiota!
- ¡Pues escúchame cuando te hablo! ¡No es mi culpa si no sabes diferenciar entre derecha e izquierda!
- Si tan lista eres, ¡Cógela tú!
- La cogería yo, si te hubieses largado como te dije y no te hubieras empeñado en ayudarme.
- Da igual – intentó apaciguarla Ichigo, nunca admitiría que ella llevaba razón- ¿Qué quieres la brocha de mi otra derecha? Pues, aquí la tienes – se la lanzó con fuerza para que pudiese atraparla.
Ella la cogió en el aire.
- La señorita, ¿Quiere algo más?
- ¿Intentas hacerte el gracioso conmigo?
- Para nada –ironizó él.
- Entonces, pásame la pintura.
El cogió con fuerza el pesado bote, sin más ganas de discutir y se lo alcanzó para que ella pudiese dejarlo sin apenas esfuerzo en la parte más alta de la escalera.
- ¿Está todo?
- Sí, ya puedes irte.
- No voy a moverme de aquí así que, empieza a pintar.
Ella frunció el ceño, dándole a entender sin necesidad de despegar los labios que le encantaría matarle. Después, dio media vuelta y empezó a trabajar. Sólo quería, terminar con todo aquello lo más pronto posible.
Cuando estuvo terminada la primera esquina. Rukia se bajó de la escalera, para su irritación ayudada por Ichigo, y recogió la brocha. Él por su parte, bajó el bote. Y entre los dos, desmontaron la escalera para volver a montarla debajo de la segunda esquina. Del mismo modo, hicieron con las otras dos una vez pintaron la segunda.
Tardaron casi otra hora en acabarlas todas pero por lo menos ya estaban terminadas. Rukia se dispuso a bajar, no sin antes, lanzarle una mirada de advertencia a Ichigo.
- Ni se te ocurra ayudarme.
- No se me pasa por la cabeza.
- Más te vale.
No había dado ni un paso cuando volvió a escuchar la voz del chico.
- Por cierto, ¿Te diste cuenta de que ahí subida, eres más alta que yo?
Ella casi le lanza la brocha a la cabeza.
- Eso, ¿Era un chiste?
- No, solo era una realidad.
- Pues, ahórrate tus realidades.
A continuación empezó a bajar la escalera con tranquilidad. Intentaba coordinar sus pies, para evitar un posible golpe.
"Derecho, izquierdo, derecho, izquierdo, derecho…"
Todo iba bien hasta que, en el último escalón resbaló levemente con un poco de pintura. Se inclinó hacia delante pero sin llegar a caerse. Y estaba intentando recuperar el equilibrio, cuando atónita, vio como Ichigo, se lanzaba a ayudarla.
Ella casi se había recuperado del todo, por lo que le empujó con fuerza para apartarle de su lado y evitar que se acercara. Para su desgracia, provocó el efecto contrario. Sin saber muy bien como y desafiando las leyes de la física, del impulso, Ichigo se pegó más a ella, chocaron con fuerza y acabaron cayendo al suelo estrepitosamente.
Cayeron uno al lado del otro, ambos boca arriba. Pero sin querer, una vez en el suelo, uno de los dos golpeó con el pie la escalera, haciendo que esta empezara a balancearse. Ichigo levantó la vista justo para ver como el gran bote de pintura, abandonaba su sitio en el escalón más alto y se lanzaba al vacío, por encima de la cabeza de Rukia. Sin pensarlo dos veces y con la adrenalina aún en las venas, el pelinaranjo se lanzó sobre Rukia, cubriéndola por completo. En menos de un segundo después, Ichigo pudo sentir como el bote golpeaba su espalda y vaciaba su contenido sobre ellos, para después rodar lejos a algún lugar del salón.
El resultado; Un dolor insoportable en la espalda, una ducha de pintura, una gran mancha en suelo recién estrenado y una situación muy, muy comprometida.
N/A: Siento dejar a estos dos tan quietos uno sobre el otro, pero creo que el capítulo ya quedó lo suficientemente largo como para seguir con él. Así que, ¡Os toca aguantarme otro ratito más! Mis más sinceras disculpas xD
Ya casi tengo terminado el siguiente y lo más probable es que lo suba a finales de esta semana o a principios de la que viene, ya veré. Con todo, espero que hayáis disfrutado la lectura. Y ya sabéis, cantidad de gracias por leerme.
Muchos besos, Olympe.G
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