Le miró desde la otra punta de la habitación una vez… le estaba sonriendo.

Volvió a mirarle unos minutos después, se había movido de sitio, y estaba más cerca de él. Volvió a sonreírle y John se removió inquieto en el sillón, pero continuó con su periódico.

Cuando dos minutos más tarde sintió que Sherlock se recostaba contra el brazo del sofá en el que él leía, apartó el ejemplar de sus ojos y le preguntó directamente:

"Sherlock, ¿qué crees que estás haciendo?". El detective esbozó una sonrisa traviesa que hizo que un escalofrío bajase por la espina dorsal de John.

"Nada" susurró. Su voz ya de por sí grave, había descendido un par de tonos más, consiguiendo que el médico tragara saliva y preguntase dubitativo:

"¿Te… te encuentras bien?". Sherlock se levantó y asintió. Desde su posición, John tenía una vista privilegiada del cuerpo de su compañero de piso. Larguirucho, pero elegante, podría calificarlo, subió inconscientemente desde su cintura; se fijó en su pecho, algo agitado bajo esa camisa pegada; subió por su largo cuello; detuvo un instante sus ojos en sus labios; su larga nariz y cuando llegó a sus ojos… seguían observándole, lo que hizo que el médico se sobresaltara. Sus pupilas estaban dilatadas. Se inclinó de nuevo, y quedó a unos pocos centímetros del rostro de John.

"John, dame algo". Subrayó el algo, casi como una súplica, y el médico volvió a tragar saliva, observando sus labios. Pero cuando empezó a acercarse al rostro del detective, este se incorporó de golpe y de un brinco se tumbó en el sofá cuan largo era.

"John, té. Sin azúcar. Solo el té". El galeno removió la cabeza, contrariado. Sherlock y sus malditos juegos; nunca lo comprendería. Preparó el té en la cocina, maldiciendo su imaginación, que en el momento en que había procesado las palabras "dame algo" había empezado a viajar a velocidad meteórica, imaginando todo tipo de situaciones en las que Sherlock como decía Irene, habría suplicado por piedad no solo una vez, sino dos.

Se acercó con la bebida en una taza, y observó a Sherlock tumbado. Se mordió un labio. Maldito provocador inconsciente… no sabía lo que era capaz de despertar en él… o quizá sí. Un pensamiento repentino cruzó la mente del galeno.

El detective se incorporó, dejándole espacio para sentarse en el sillón de dos plazas. Se sentó y le pasó la taza de té. Al recogerla, acarició los dedos del médico lentamente, y se acercó hasta su oído para susurrar "Gracias", pero, no contaba con que a un juego pueden jugar dos. Antes de que se hubiera apartado lo suficiente, John se inclinó y atrapó los labios con los suyos. Notó como todo el cuerpo de Sherlock se tensaba, pero lo ignoró y suavemente le tomó de la nuca. El casto beso pasó a abrirse, John ahondó en su boca, buscando su lengua, y siendo consciente de que los torpes intentos de su compañero, enredando su lengua con la suya y recorriendo todos los recovecos que tenía a su alcance, lo que conseguían era que se excitara más y quisiera seguir jugando. Se apartó de su boca y con seguridad mordió su cuello y lo lamió, haciendo que él gimiera sonoramente, y se acercará a su cuerpo… derramando todo el té encima de Sherlock. Se separaron y John con dedos hábiles desabrochó los botones a toda velocidad para después lanzarse a devorar el pecho de su compañero de piso, consiguiendo que él prácticamente temblara y echando la cabeza hacia atrás, gimiera su nombre. Gemido que detuvo a la señora Hudson subiendo por las escaleras.

John se colocó encima de él, aprisionándole bajo su cuerpo. Volvió a su cuello y estaba delineando a besos y lametones la curva de su mandíbula, mientras se sostenía sobre un antebrazo, desabrochando el cinturón del detective que se retorció bajo él y apresuradamente dijo:

"John…" se vio ignorado, y acallado por un beso del médico, que ya había abierto el cinturón y luchaba contra el botón de sus pantalones. "John" volvió a decir esta vez un poco más alto. "¡JOHN!" gritó cuando el médico metió la mano y rozó con los dedos su intimidad. Prácticamente saltó y tiró al galeno al suelo, que después de observarle durante un segundo, se echó a reír a carcajadas.

"¿Qué es tan divertido?" preguntó Sherlock molesto.

"Tú" contestó el médico levantándose. "Tú y tus juegos de niños. ¿Creías que no iba a dar cuenta de que estabas intentando seducirme, Sherlock? ¿De verdad te sigues fiando de Irene? Deberías pedirla un curso más avanzado, porque este no te ha servido de nada. Porque yo" dijo mientras se acercaba y le besaba suavemente en los labios "también se jugar". Sherlock puso la mano en su nuca y le devolvió el beso de nuevo, esta vez, algo más largo y profundo. Cuando se separaron una sonrisa se dibujó en su rostro.

"Pues enséñame".