Hola acá reportándome de nuevo con el capítulo de la semana, gracias nuevamente a los que se toman la molestia de dejar reviews, la verdad no pensé que alguien le gustara esta historia tan poco común, que por cierto no me pude resistir a poner algo todavía más crack jejeje lean para que se enteren y espero que no maten a esta inocente (de donde XD) autora.
Los personajes no me pertenecen son de Himaruya –sama yo solo los tomé prestados para hacer travesuras, entonces ahora si disfrútenla.
Deseo
Vash suspiraba al momento de abrocharse su abrigo verde, preparándose para otra junta, que en esta ocasión sería llevada a cabo en Alemania. Habían pasado cerca de tres meses desde lo que sucedió en el elevador, realmente nada para la larga vida de una nación, pero desde entonces su existencia se convirtió en algo menos que basura.
Cada reunión equivalía a verse con Roderich, con el cual aparentemente nada había cambiado, ni una sola mirada que delatara lo contrario. Y solo era cuando misteriosamente ambos desaparecían reuniéndose en alguno de los cuartos del edificio que todo reiniciaba, generalmente era el castaño quien comenzaba besando tiernamente sus labios y luego cada trozo de su piel, en tanto que el rubio le seguía respondiendo con premura aquello suaves besos lo mismo que sus manos que buscaban la cercanía del otro.
De un momento a otro lo que parecían dulces caricias se tornaba en algo depravado, más violento y agresivo tal cual en el ascensor. Cabe decir que en sus encuentros no existían palabras de amor, es más de ningún tipo, los únicos sonidos provenientes de sus bocas eran los jadeos y gemidos extraídos en la antesala del orgasmo. Inclusive habiendo acabado el otro era incapaz de regalarle algún gesto de cariño.
Y después nada. El elegante hombre solo se iba, dejándole solo, con un dejo de vacío en su ser.
¿Dónde estaba el príncipe de los bellos ojos violeta del que se enamoró? Poco a poco la idea de que este no existía iba tomando fuerza, hasta llegar a creer que los años en los que fueron amigos durante su infancia no habían sido más que un sueño del que todavía se aferraba con todo su ser.
¿Por qué no lo rechazaba? ¿Por qué no daba por terminado todo esto? Lo sabía tan bien y bajo la mirada suspirando una vez más. Seguía enamorado, no importando lo enfermizo que en esos momentos se oyera, era demasiado tarde, su pobre corazón estaba atrapado en unas finas redes entramadas por el más diestro titiritero y eso lo enojaba. Comenzaba a odiar esa parte tan débil de él mismo. Era una nación que hasta ahora había logrado mantenerse de pie a causa de su propio esfuerzo, ahora sin embargo era controlado por aquella parte humana que también poseía y de la cual le parecía imposible escapar.
Levanto la mirada hacia el espejo que reflejaba la imagen de un chico fuerte y decidido, cuya fiera mirada hacia verlo como alguien con quien no meterse. Lo que ese espejo no es capaz de mostrar es el nerviosismo que le invadía cada vez que iba a su encuentro, de las ansias de sentirse querido por el otro, simplemente del deseo de ver su amor correspondido.
Se acomodo por ultimo sus rubios cabellos lo mismo que la pequeña boina blanca que solía usar y sin más que inspeccionarse se encaminó a la puerta.
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Hace mucho que Prusia no dejaba de reírse en las reuniones de la seriedad que tenía su hermanito al poner todas las naciones en orden mientras pensaba en la colección de revistas y películas SM que tenia escondidas en su casa, que pese a la imagen de enclenques y cobardes que tenían los gemelos italianos estos eran de los mas fríos y crueles al llevar a cabo su deberes con la familia, algo similar se tenía entre manos algunos miembros de la familia asiática con la yakuza liderados por el tranquilo de Japón, claro que él conocía cada uno de esos secretos y muchísimos más del resto del mundo y eso era su principal fuente de diversión.
La única razón por la que se presentaba a las reuniones era para disfrutar de los papeles magistralmente interpretados por sus congéneres ocultando sus oscuras personalidades. Eso y molestar a la húngara o al señorito, que no estaba nunca de más. Sin embargo jamás imaginó descubrir algo tan sorprendente del que consideraba el país más aburrido y simplón de mundo, y siendo sinceros ni él ni nadie lo hubiera hecho.
Casualmente en unos de esos recesos de la junta el Bad Friend Trio se había ido a tomar el fresco en la azotea del edificio, sin embargo cuando el español y el francés comenzaron a hablar de sus respectivos novios el peliblanco creyó mejor idea ir por unas bebidas y darle tiempo a sus camaradas para que terminaran de escurrir todo su empalagoso amor.
En vez de tomar el ascensor hasta el lobby donde se hallaba la máquina expendedora, el germano decido caminar entre los sobrios y en esos momentos vacios pasillos del edificio disfrutando un poco de esa tranquila soledad que le gustaba tanto. Al pasar frente a una puerta ligeramente cerrada le pareció escuchar unos extraños jadeos. Claro que su awesome persona no era nada curioso, pero aun asi no pudo evitar asomarse para ver que eran esos sonidos que oía.
Decir que lo que vio lo había dejado perplejo era quedarse corto. Era que no daba crédito a lo que pasaba frente de sus rojos ojos.
Maldición…
Vash y Roderich…
Solos en una habitación…
Teniendo SEXO…
¡SEXO!
Incrédulo aún, Gilbert volvió a mirar a través de la pequeña abertura. El rubio yacía solo con su abrigo puesto, tanto sus pantalones como ropa interior yacían a distancia de su dueño tapando un poco de su pequeño pero bien formado trasero, en tanto que el castaño solo se había despojado de su saco y sus lentes vistiendo parcialmente todo lo demás, ya que la blanca camisa así como el chaleco que traía sobre esta, estaban desabrochadas por completo mostrando su bien formado cuerpo en todo su esplendor.
Ambos rostros bañado de perlas de sudor cayéndoles enfatizando la intensidad de la que las que eran presas sus cuerpos. El castaño había tomado al más bajo alzándole sobre la mesa acomodándolo mientras no dejaba de besar el cuello del ojiverde cuyos ojos yacían cerrados mas no por ello su expresión ocultaba todo el placer que su pequeño cuerpo estaba sintiendo ante cada acto del mayor.
El castaño no perdía de vista cada una de las reacciones que le provocaba a la nación ojiverde cada vez que lamia esas finas piernas y la parte interna sus muslos sin pudor alguno. El rubio tenía el rostro totalmente rojo en tanto que el peliblanco vio bajar una de las manos de Roderich hasta el trasero del más joven y por lo tenso que se puso dedujo que este había introducido un par de dedos en aquel ya excitado cuerpo. Esto último se vio confirmado cuando el movimiento de rubio se hacía más rítmico y su jadeos más sonoros.
Al poco rato vio como este sacaba su mano y se comenzaba a desabrochar el pantalón, sacando un erguido falo el cual introdujo sin cuidado alguno en la cavidad, abriendo con ahínco las extremidades inferiores del otro al mismo tiempo que se las acomodaba sobre sus hombros, empezando las salvajes embestidas haciendo que él mismo fuera soltando unos roncos gemidos, posiblemente del placer al sentir la estrechez de esas paredes. Gilbert reaccionó ante las ideas que lo llevaba su mente, pero en estos momentos era lógicos aquellos razonamientos.
Si bien el voyeur no era lo suyo, ya que esa clase de perversiones solo eran dignas de su buen amigo Francis, no pudo apartar la vista de semejante espectáculo, sobre todo era el austriaco quien había cautivado su atención. Aunque no era capaz de verlo de frente, en su posición podía observar la posesiva mirada que ostentaba, incluso podría decirse que era lasciva. Tampoco podría ignorar la maestría con la que administraba cada una de sus caricias y penetraciones llevando al máximo a la otra nación lo cual era observado por la forma en la que este apresaba con fuerza las ropas del mayor lo mismo con cada uno de sus estremecimientos.
Durante todos los enfrentamientos que había tenido al austriaco entre sus manos se le había hecho una nación no muy fuerte incluso había veces en las que dudaba de las historias que hablaban del poderoso imperio austriaco, sin embargo en estos momentos reconocía que él mismo se sentía cohibido por las acciones del castaño.
Nunca en su existencia creyó ver al jodido aristócrata hacer algo indecoroso ni que cuando eso pasara se viera tan terriblemente incitante. Su propia erección se hizo presente, exigiendo atención del pruso el cual solo maldijo en su idioma mientras acercaba su mano hacia su pantalón dejando escapar pequeños jadeos. Dándose cuenta que no podría solucionar su problema en ese lugar, decidió dejar a los dos amantes para dirigirse al baño más cercano.
Cerrando la puerta con seguro, se apresuró a sacar su oprimido miembro de su bóxer y comenzó el movimiento en tanto que su mente evocaba la imagen del castaño penetrando al suizo sin parar. Gimiendo entre cada estocada imaginaria su excitación iba aumentando hasta que su cuerpo no pudo resistirse más liberando toda esa presión contenida en forma de un espeso liquido blanco que cubría su mano y parte de su ropa.
Sin embargo ni su awesome mano podría sustituir aquel magnifico cuerpo ni aplacar ese deseo recién descubierto. El solo pensar en el austriaco fornicando implacablemente con el estúpido suizo hizo que su libido volviera a subir en tanto que su miembro se erguía nuevamente.
-Ten por seguro aristócrata de mierda que me desquitare de esto- masculló para sí y sin tener más remedio lo cogió comenzando de nuevo.
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La reunión continuó después del descanso, Gilbert había vuelto a la sala cuando aparecieron sus compañeros que le reclamaron que los había dejado plantados en la azotea esperando por las bebidas, este solo se rio estruendosamente dando por zanjada la situación. En cuanto vio entrar al austriaco su risa burlona aumento atrayendo miradas de reproche sobre todo de su bruder y el susodicho austriaco.
Ese día el albino había descubierto que el podrido señorito tenía de señorito lo que de caballero tenía el cejudo inglés… Y que quizás ya era tiempo de recobrar territorio prusiano.
