D de Doctor.
No era justo, sus padres ni siquiera habían ido a la guerra a pelear. Ellos fueron para curar a los heridos en combate, para mitigar cada una de sus dolencias, para salvar sus vidas arrastradas hasta el campo de batalla por la muerte inclemente. Eran doctores, no militares. Empuñaban vendas de gasa en lugar de armas de fuego; vestían largas batas blancas en vez de los pesados uniformes azules; hacían uso de sus mejores habilidades para tratar lesiones mortales, no para provocarlas.
Así que no era justo que murieran en medio de esa estúpida guerra. Sólo eran médicos, no soldados, entonces ¿por qué no se negaron a ir? Ambos debieron haberse quedado en Rizenbul con ella, con la abuela, con Den. Debieron haberse quedado en casa y cuidar de las personas del pueblo, a quienes conocían y eran sus amigos, quienes jamás los hubieran dañado. Pero acudieron porque ellos eran Yuriy y Sarah Rockbell, porque ellos eran los doctores Rockbell y nunca negarían su auxilio cuando se los necesitaba.
Y no era justo que ahora ella se deshiciera en lágrimas debido al dolor, sabiendo que ellos jamás volverían a su lado. Dolía tanto el saber que se los habían arrebatado de su vida, el que ambos hubieran preferido cumplir con su deber que tener la seguridad de verla crecer. La angustia era tan aguda y penetrante que ya nada más importaba excepto llorar.
Llorar, llorar y llorar. Ahora no existía nada más.
Porque no era justo que sus padres rompieran su promesa.
