4. Noche
No lograba dormir bien. La estancia en el hospital la había dejado descansada y medianamente recuperada. Aunque bien era cierto que cualquier golpe, sobre todo en el estómago, la dolía más de lo que debía. Solo tenía que andar con cuidado. Nada más.
Abrió los ojos y miró el techo de su cuarto. Este estaba bastante ornamentado ya que, al ser la descendiente de la rama principal del clan Hyuga, se le habían concedido todos los caprichos. Aún así ella no pedía mucho. La mayoría de cosas eran regalos formales por su cumpleaños. Miró a la derecha y vio, sobre la mesita de noche, la foto que se habían sacado el día de su graduación. Estaban su sensei y sus dos compañeros.
Cerró los ojos, intentando conciliar el sueño. Pero este parecía un hilo fino como un fideo que se escapaba entre sus dedos cuando trataba de agarrarlo. Mentalmente visualizo el atrapa sueños que había colgado en su puerta. Sonrió levemente.
Se sentía a gusto ahí. Pero eso no lograba hacer que durmiera mejor. Abrió los ojos de nuevo, cansada por la falta de sueño.
Finalmente se hartó de removerse en la cama tratando de hallar la postura idónea para dormir aunque solo fueran unas horas. Salió de entre las mantas y buscó su ropa. A pesar de que fuera cerca de medianoche no podía salir en camisón. Porque pensaba salir al exterior un rato. Quizá incluso sobrepasar los muros de la mansión de la familia. Necesitaba tomar el aire. Tal vez tras un pequeño paseo logrará descansar mejor.
Con sigilo abrió la puerta de su cuarto, oteo el pasillo desierto y caminó por él tras cerrar con extremo cuidado la puerta. Su padre era de sueño ligero y no deseaba despertarlo a aquellas horas de la noche.
Miró el reloj antes de salir por la puerta principal. Eran las doce pasadas. Saldría tan solo media hora y luego volvería. No había ningún peligro en ello, ¿verdad? Solo iba ha dar un pequeño paseo que no duraría nada. Además, toda la villa dormía a aquellas horas. Toda la villa excepto, tal vez, los anbu. Y en caso de peligro ellos velaban por todos.
Una vez en el exterior aspiro hondo el aire fresco y nocturno. No hacía calor pero tampoco era una brisa gélida lo que soplaba en aquellos instantes. Sobre su cabellos oscuro el firmamento era aún más negro, iluminado tenuemente solo por la luna redonda y llena, y las pequeñas estrellas que titilaban a miles de kilómetros de allí.
Decían que cada estrella era un deseo.
Hinata caminó por las desiertas calles de la Villa Oculta de la Hoja. En los jardines de las casas el viento agitaba las hojas de los árboles. Esto le recordó la prueba del bosque, donde tenían que hacerse con dos rollos cada uno. Sus pensamientos siguieron este hilo hasta llegar a los exámenes principales. Serían tan solo una semana y media después. No faltaba casi nada. Pensó en los contrincantes…
Naruto lucharía contra Neji.
Temía por él. Neji era muy fuerte. No solo la había derrotado porque ella fuera débil, aunque intentará por todos los medios fortalecerse. No. Neji era un genio como decían todos. El mejor gennin de la villa de la promoción del año anterior. Y tal vez del actual también. La gente dudaba entre darle aquel titulo a Neji Hyuga o a Sasuke Uchiha. Evocó la imagen de aquel chico. Apenas lo conocía pero tenía pinta de ser muy callado y de guardarse todo para si mismo. Aquello era un error en su opinión. Todas las muchachas de la villa se derretían, literalmente, al paso del último Uchiha sin que este se inmutara. Bueno, ella no.
Enrojeció levemente al volver a pensar en Naruto.
Siguió caminando por las calles desiertas y sus pasos la guiaron hasta la escuela donde estudiaba antes de graduarse como gennin. No lamentaba no pasar a chunnin ese año. Por lo menos había aguantado hasta los preeliminares que ya era algo bastante loable. Por lo menos no había hecho caer por el camino a sus compañeros, Shino y Kiba. Ellos si se merecían pasar a chunnin. Ella tal vez no. Pero por lo menos no los había perjudicado. De todos modos, en el fondo, deseaba haber podido vencer a Neji y convertirse en chunnin, demostrar a todos que no era débil, que se merecía ser la heredera del clan. De todos modos este era un deseo imposible. Uno de esos sueños que nunca se alcanzan pero que sirven de meta para esforzarte más, día a día. Era su meta y no se rendiría hasta alcanzarla o morir.
Aquel era su vía ninja.
Y estaba orgullosa de ella.
