buenos días! Aquí os traigo un nuevo capítulo de Kitsune no kibo, concretamente comienza la vida separada de los personajes y pasa nada unos meses desde el último episodio. Seguimos introduciendo nuevos elementos, hoy entra un personaje que a mí me gusta y que me parece que tiene potencial, ya veréis. Espero que os guste!
Niko25: Es lo que tienedividirlo en capítulos, tengo que hacer el final atractivo para que me aguantéis en el siguiente :P Me alegra que te guste, y sobre las teorias... sólo te digo que habrá bastantes sorpresas.
Gera118: Me alegra que te haya enganchado, esa es la idea :P A mí también me parece necesario que salga de konoha (y saldrá seguro, ya viste el prólogo), es necesario para que el personaje crezca, el problema es hacerlo creíbles, así que tardará como mínimo hasta el quince en salir, pero a medida de que avance la historia entenderás el porqué
GUest: Me gusar que te guste y que no tengas mi cabellera a mano XD. Sobre lo que has puesto:
-he intentado hacer una evolución creíble de SAkura, y con NAruto siempre tiene dos problemas: la culpabilidad y el síndrome de inferioridad (siempre le hago daño y el no le merezco),estoy intentando solucionarlos antes de nada.
-Sobre Kurama: encaja muy bien cómo compinche de Naruto, y ya estoy desarrollando algunas ideas para que tenga aún más protagonismo (en particular tengo una buenísima para su relación con Shion, que recordemos que exorciza seré su demoniacos cómoda Kurama XD)
-ODIO el Sasusaku, me parece un homenaje al maltrato a la mujer y como lo odio voy a asegurarme de que quede muerto y bien enterrado en este fic, para luego ya intentar quitarle al último uchiha esa pose de cantante de balada sobre abandonos y hacerle un personaje con algo de profundidad, porque Kishimoto le hizo tan plano plano como una piedra. Es un reto personal.
-No te voy a negar que tuve la tentación de hacer un naruharem y meterla, pero al final sólo será NaruSaku y Narushion, aunque no descartó meter algún omake con alguno de su sonrisa momentos, es un personaje que me encanta.
Ann Carmesí: Me alegra que le hayas dado una oportunidad, sobre Sakura, es que es mi personaje favorito femenino en esta serie compitiendo con Shion, a mí también me dolió mucho como la trataron al final de la serie (no le desearía ni a mí peores ex novia lo de pasarse esperando un gesto de amor meses mientras le das excusas a tu hija...) y al principio si te soy sincero... sólo respeto a la Sakura de shippuden, me parece una mujer independiente y con carácter. Y sobre Sakura celosa... me encanta escribir sobre eso, habrá muchos más momentos, y os recuerdo que todavía no ha aparecido su Nemesis: Hinata :D
Sobre Shion, te puedo jurar que hay bastante NaruShion (es más, ahora mismo estoy escribiendo un capítulo sobre ellos XD), concretamente empezará a aparecer en el capítulo 6 y tendrá capítulos propios como los de Sakura. Me hubiese encantado introducirla desde el minuto uno, pero kishimoto no la dio el más mínimo protagonismo en la serie, así que iré introduciéndola poco a poco, sólo te adelantare que la he puesto un antagonista a su altura ;). A mí también me encanta ese personaje, de hecho sólo me salen las relaciones románticas de Naruto con ella, con Sakura y con la princesa Sara (aunque en este último caso es imposible por el desfase temporal).
Los exámenes chuunin de cada año estaban a punto de comenzar, y, en virtud de la rotación establecida entre las grandes naciones, este año se celebraban en Kumo. Kumo era una bella aldea ninja, situada entre las grandes montañas del noreste. Sus edificios de piedra parecían flotar entre las inmensas cumbres del país (de ahí el sobrenombre de "aldea oculta entre las nubes"), unidos por grandes jardines colgantes, encontrándose los puestos comerciales en la base de las grandes construcciones. Su aislacionismo le hacía tener menos menos población y prosperidad y por tanto menos puestos de los que se veían en ciudades como Konoha o Suna, pero eso no le quitaba atractivo. Naruto había llegado hace una semana con parte de la comitiva de Konoha, con el objetivo de saludar a su buen amigo Killer bee y a su reciente novia, una chica rubia de exageradamente grandes atributos y mirada fría llamada Samui. Naruto no tenía mucho trato con ella, pero en solo un día de conversación ya pudo darse cuenta de que era la pareja perfecta para Bee, y que esa fachada fría era solo timidez mezclada con amor por el formalismo, y que quería muchísimo al rapero de piel marrón.
Tras un par de días de entrenamiento bastante provechosos, donde aprendió algunas técnicas de kenjutsu del rapero moreno y su novia, el uzumaki fue citado por el consejo gokage a una demostración previa de sus habilidades, con el objeto de regular las reglas del examen e igualar un poco a todos los contendientes, aunque todo eso a Kurama le parecía ridículo: Naruto ya sin su ayuda era de los mejores ninjas del planeta, más aún cuando finalizase su exhaustivo entrenamiento con clones, no entendía cómo no era ascendido ya a chuunin, o jounin incluso. Le enervaba que en algunos casos se concediese el acceso directo sin problemas mientras que en el caso del rubio no sólo tenía que examinarse con niñitos mucho menos poderosos que el, sino que encima tenía que desgastarse con entrenamientos previos, pero, como no, Naruto siempre debía de luchar por lo que a otros muchos se les regalaba. A pesar de su reticencia, el ninja rubio se dirigió al campo de entrenamiento en el que había sido citado por Kakashi y el raikage para la demostración. Por el camino, el rubio fue asaltado por numerosos ninjas y aldeanos de Kumo, que querían estar cerca del grandioso héroe shinobi de la guerra, incluso un par de bellas kunoichis aspirantes a chunnin habían insistido en darle sus direcciones para "entrenar después de los exámenes".
En cierto aspecto, a Naruto comenzaba a molestarle su propio apellido, que traía todas esas atenciones e intereses ocultos. No es que a Naruto le molestasen esas muestras de afecto, pero una vida solitaria de maltrato psicológico le habían hecho prácticamente inmune a esa clase de halagos, aunque externamente mostrase una faceta más orgullosa y agradecida. Naruto sólo se interesaba por una chica cuando realmente le parecía especial, valorando sobre todo que fuese extrovertida y tuviese la iniciativa de hacerle reír pero no hasta el punto de hacerle insinuaciones sexuales en medio de un montón de gente. Si fuese por Naruto, solo habría una chica que recibiese esas atenciones, pero ella había elegido a otro, así que tocaba rehacer su vida y no negarse una alegría de vez en cuando hasta que apareciera una que cumpliese sus amplias expectativas.
Llegó charlando con Bee hasta el campo de entrenamiento justo a tiempo para encontrarse con el consejo gokage, reconociendo Naruto a muchos de sus nuevos miembros: un individuo fuerte de media altura, pelo marrón y ojos negros, con un rostro duro surcado por una gran cicatriz que atravesaba la cara de lado a lado, vestido con las ropas tradicionales de Otokage; otro mas alto y esbelto de pelo morado y mascara de gas tapándole la mitad de su pálido rostro, que ostentaba el titulo de Amekage; otro de pelo negro y ojos ámbar, con un rostro pacífico y piel casi negra, cuyo sombrero con el símbolo de Takikage revelaba su cargo; secundándole otro individuo de complexión fuerte y de pelo y ojos marrones, con una yukata color verde y su sombrero ceremonial de kusakage; y por último un individuo de complexión mas débil que ocultaba parte de su rostro y su cabello color morado tras un abanico, y que aparentaba ser una mezcla entre un adinerado señor feudal y un Tanikage. La totalidad de los kages de las 5 grandes naciones le saludaron con un ceremonial asentimiento, aunque Sanada se saltó un poco los formalismos al sonreír abiertamente y saludarle con una efusiva palmada en la espalda, pero los nuevos integrantes mantuvieron una pose mas seria que dejo a Naruto sospechando de las intenciones del consejo. Una voz le sacó de sus pensamientos.
-Naruto-san, es un honor tenerte aquí.- anunció el raikage. Todavía se le hacía raro a Naruto ver a su amigo Darui así, aunque no tanto como cuando vio a Gaara de Kazekage por primera vez.- el consejo gokage aquí reunido te da la bienvenida.- Naruto odiaba estos formalismos, pero es que era juntar a todos esos kages y se volvían como malditos robots, como si temiesen mostrar debilidad ante sus congéneres a pesar de ser aliados. Siempre era lo mismo: miedo.- La razón de hacerte llamar es que necesitamos ver tus habilidades con senjutsu y con el chakra de kurama para saber si debemos de limitarlas para el examen chuunin o no.
-Gracias Darui...- contestó Naruto, eludiendo tanto formalismo para ver si agilizaba todo esto. No quería estar tragándose un discurso toda la mañana.- etto... a ver, mi intención es no usarlos durante todo el examen y competir solo con taijutsu, el poco ninjutsu que sé y genjutsu, ¿no podemos saltarnos esto y prohibirlo directamente?- Cuestionó Naruto, mientras algunos kages se miraban con cierto desasosiego que hizo a Naruto sospechar aún más.
-Entendemos tu razonamiento, Naruto.- intervino Kakashi tras echar un vistazo a sus compañeros.- pero esta alianza aun así desea ver hasta donde has llegado en esas dos artes. Tómatelo como una parte del examen.
Bueno, fuese la que fuese la intención del consejo, Naruto ahora no se podía negar, o desautorizaría a su hokage y sensei. No tendría más remedio que hacer lo que le decían, así que se dispuso ante el inmenso campo para comenzar la demostración. El lugar había sido claramente adaptado para este ensayo, con miles de maniquíes autómatas móviles que los titiriteros de Suna usaban para ensayar, dispuestos estratégicamente para simular una batalla, aunque a Naruto no le tranquilizó nada que estuviesen dispuestos simulando las clásicas tácticas shinobi. En un amplio radio, una inmensa barrera de color púrpura fue levantada por cuatro jounin de Konoha que el uzumaki no alcanzaba a ver, con el objetivo de evitar que los ataques de Naruto causasen daños colaterales. Todo estaba dispuesto, y el ahora solo tenía que darse rienda suelta, mientras los kages seguían sus movimientos empleando un sistema de cámaras colocadas estratégicamente. Naruto se tronó los dedos.
-Cachorro, quizás deberíamos de contenernos... no me da buena espina que estén tan ansiosos por vernos.- comentó Kurama, revolviéndose incómodo en su paisaje mental.
-Lo sé Kurama, a mi tampoco...- respondió Naruto. Desde lo de Sakura, se había vuelto mas desconfiado, aunque en momentos así agradecía esa suspicacia.- Pero es una orden. Si quiero cambiar las cosas y ser legal, no puedo hacer lo que quiera en todo momento. Aunque me guardaré esa técnica que hemos ensayado, tampoco voy a darlo absolutamente todo...
-Me parece bien cachorro... ademas, te viene bien desfogarte un poco, últimamente estas mas tenso que yo incluso. Mientras no uses esa técnica, diviértete.
Naruto asintió y procedió de inmediato a convocar un clon de sombra. Allí arrancó el primer gesto de sorpresa a su distinguido público: el kage bunshin era una técnica que controlaba tanto que no necesitaba ni tan siquiera el sello para hacerla, fruto de emplearla mínimo tres o cuatro veces al día desde los 12 años, le salía natural. Una inmensidad de clones surgieron de la nada, quizás fuese un centenar, y se lanzaron a luchar contra los miles de maniquíes mientras Naruto avanzaba con un kunai en su mano derecha y su mano izquierda inmóvil, con el puño cerrado salvo el dedo índice y el corazón, que apuntaban hacia arriba. El Senjutsu era un arte casi desconocido para el mundo ninja, y no era para menos, un exceso a la hora de aplicarlo acababa con la vida de su portador al convertirlo en una estatua de un sapo en piedra, pero Naruto había superado cualquier expectativa mucho antes incluso de la gran guerra. Su senjutsu le permitía acumular la energía de la naturaleza y convertirla en chakra, doblando así sus reservas de chakra, así como mejorar sus sentidos e incluso poder percibir ligeramente emociones, y, a diferencia de su difunto maestro, no necesitaba de la asistencia de los legendarios sapos ma y pa para convocarlo. Solo necesitaba tener quieta una parte de su cuerpo, donde canalizaba esa energía natural, requisito que Jiraya cumplía juntando sus palmas y Naruto había evolucionado también a mantener su mano izquierda estática.
Tras unos minutos, acumuló suficiente energía natural como para despertar el modo sabio, y se lanzó al ataque mientras el resto de clones combatían a simple taijutsu con esos maniquíes de prueba. Naruto sonrió para sus adentros, los clones convocados estaban bien formados y daban fácilmente guerra a ninjas de nivel chuunin, a diferencia de sus convocaciones masivas de clones de su infancia (que eran tan débiles que una simple patada los borraba a pares), pero Naruto tenía pensado mejorarlos aún más, sobre todo en lo referente a su cooperación. La cuarta guerra ninja le había dado ideas, y estaba comenzando a aplicarlas, pero había quedado en contenerse, así que se contentó con enviar a sus clones más básicos a destrozar esos maniquíes. Lo cierto es que, a pesar de ser unos maniquíes de forma humanoide de escasa potencia ofensiva (salvo para algún clon esporádicamente eliminado fruto de algún despiste), resistían muy eficazmente los golpes debido a su composición de metal y madera tratada. Una obra de arte, pero incapaz de resistir a Naruto en modo sabio. Y mucho menos cabreado.
Normalmente Naruto se habría mostrado contenido al usar el Sejutsu, pero últimamente se encontraba algo frustrado y necesitaba desahogarse. Con su método de estudio intensivo a base de clones y extraordinarios dolores de cabeza al recibir sus conocimientos, había adquirido los conocimientos de años de academia en menos de un año, y ahora estaba seguro de dos cosas: su dificultad para convertirse en un ninja competente se debía a una formación muy deficiente (en su opinión, era un puto milagro que hubiese llegado a la pubertad con vida cuando se había enterado de que existía el genjutsu en medio de una misión, por ejemplo...) y esa formación deficiente no era por completo culpa suya. Cierto es que no había sido el niño más aplicado a la hora de estudiar, fruto en gran medida de esa hiperactividad derivada de sus exageradas cantidades de chakra, pero eso no quitaba que sus profesores le habían descuidado enormemente. Descontando a Iruka sensei, el único profesor que le había prestado atención y le había enseñado cosas útiles de verdad, el resto habían optado por la vía fácil de ignorarle, o echarle de clase directamente (como en las citadas clases de genjutsu, donde el uzumaki todavía recordaba cómo le sacaron a rastras sin haber hecho nada malo). Incluso, aunque le dolía verlo, muchos de ellos lo habían hecho intencionadamente influenciados por el rencor a kurama, pagando sus frustraciones en un niño de ocho años que sólo quería aprender y hacer amigos.
Y eso le enfurecía. Le enfurecía porque veía que toda su vida había tenido que remar contracorriente por culpa de esa clase de gente, y eso sin entrar en detalles más dolorosos, como las palizas diarias o los intentos de asesinato desde que tenía dos años. Y, a pesar de siempre asegurar que lo había dejado atrás y que no guardaba rencor, una parte de el hervía de furia cada vez que lo recordaba. Y ahora la iba a dejar salir. En su modo sabio demostraba ser analítico a la par que potente, la mezcla perfecta de un shinobi de élite: esperaba hasta el último instante, esquivaba al veloz maniquí de turno y luego lo destrozaba de un certero puñetazo en sus puntos débiles, todo con un gasto de chakra ínfimo. De vez en cuando usaba el rasengan, pero no le era necesario por el momento esforzarse más. Podía mantener ese ritmo horas, destrozando rivales a decenas sin notar cansancio.
Tras destrozar a más de un centenar de maniquíes, Naruto esquivó en el último momento gracias a su senjutsu un potente golpe de un rival distinto y tomó algo de distancia para analizar la situación. Frente a él, tras una maraña de maniquíes simples, se levantaban una serie de marionetas de metal más grandes y fuertes, con forma de humanos pero con una cola en forma de aguijón similar a la marioneta que usaba Sasori de la arena cuando vivía. Esas marionetas habían barrido a la mayoría de sus clones con eficiencia, y ahora se disponían a enfrentarse a él. Naruto sonrió, seguido por Kurama: era hora de ponerse un poco mas serios. Con un potente grito, Naruto dejo salir parcialmente el chakra amarillo del zorro, extendiéndose su sello en diversas líneas como si fuese una especie de tatuaje por todo el cuerpo y siendo envuelto en su tradicional traje de color amarillo anaranjado hecho de puro chakra. Se veía magnífico así: una figura de pura luz, envuelta en potentes llamas, con esos símbolos arcanos de su sello que no entendía del todo recorriendo su cuerpo. Y se sentía aún mejor, notaba cada parte de su cuerpo llena de energía, con un intenso pero agradable calor recorriendo sus venas. Toda la energía gastada retornó como si nunca la hubiese usado, incluso aumentó exponencialmente.
Con un potente grito, se lanzó al combate como un destello, haciendo honor a uno de sus sobrenombres: el relámpago naranja de konoha. Los maniquíes más simples no fueron capaces ni de moverse antes de ser destrozados a decenas como si estuviesen hechos de papel, dejando el camino libre al ojiazul para enfrentarse a esas marionetas metálicas. A pesar de que eran mas rápidas, él lo era aún más, y su manto de chakra le protegía de cualquier daño como si de una armadura se tratase. De su cuerpo salieron numerosos apéndices filosos con forma de colas como las de kurama, que destrozaban a sus rivales de metal, mientras su portador remataba a aquellos rivales que seguían moviéndose. Recordó su ultimo episodio con la mujer de sus sueños, como se sintió cuando le dijo aquello que temía oír, que solo amaba a Sasuke. También recordó esa absurda teoría que se había montado para convencerle de que él no la amaba. Joder, ojalá hubiese tenido razón, pero si había una cosa de la que Naruto estaba plenamente convencido, era de su amor por la pelirrosada. Ahora ella estaría con Sasuke, seguro que retozando como conejos en cualquier descampado. No era justo. Ni tampoco tenía solución.
Naruto sintió una ira inmensa recorrer todo su organismo, y fijó su atención en aquellos seres metálicos que pagarían los platos rotos. Con un grito muy semejante a un rugido del legendario zorro, cada una de sus colas convocó un rasen shuriken de tamaño mediano, que pronto lanzo contra sus infortunados enemigos. La devastación que provocó el impacto barrió varias filas del ejército de marionetas que se alzaba frente a él, e incluso puso a prueba un sector de la barrera de contención. Entre la lluvia de metal fundido, un maniquí metálico salió a enfrentarse con él. Naruto solo se limitó a agarrarlo con ambas manos, mientras la marioneta intentaba penetrar el manto de chakra sin éxito con sus cuchillas, y enfocar el chakra del manto en sus palmas, convocando un intenso y brillante fuego anaranjado que redujo a su rival a una masa de metal en estado líquido en cuestión de segundos. Y frente a él todavía se alzaba la mitad del ejército de prueba que le habían lanzado. Todos para él, ya era hora de ponerse serio. Entre los escombros de los maniquíes destruidos, los restos parecían formar la frase "¿SOLO TIENES ESO?", lo que provocó aún más enojo en el uzumaki. Cerca de donde inició la contienda, un grupo oculto de clones en modo sabio se disipo, transfiriéndole su energía natural para poder combinar el senjutsu con el modo biju.
Era el único ninja en toda la historia capaz de hacerlo, y el resultado era brutal: a su alrededor, el manto amarillo del zorro comenzó a burbujear, haciéndose cada vez más grande, mientras el sello de Shinigami se extendía aún más por su piel, cubriéndole de unas marcas similares a las del sello maldito de orochimaru. Pronto, el semiliquido manto amarillo de kurama tomo la forma de un brillante zorro de nueve colas del tamaño de un edificio de seis pisos, y con un rugido se lanzó a por los restos de ese ejército. Se elevó en el aire y acumuló chakra en su boca, y tras gritar bijudama no ame (lluvia de bijudamas), procedió a escupir una infinidad de diminutas bijudamas que causaron estragos en el ejército enemigo al hacer explosión. Después, acumuló aún más chakra en sus colas, formando en cada una de ellas un rasen shuriken con el chakra de cada biju existente (algunas envueltas en arena, otras en agua, otras en electricidad azul y negra… Bee sonrió cuando contempló una de ellas envuelta en tinta: su alumno hacía tiempo que le había superado), y los lanzó para destruir a la gran mayoría de sus rivales en una inmensa explosión que hizo casi doblarse las paredes de la barrera. No tenía problema en usar tanto chakra, todo por ser el único ser humano con unas bobinas de chakra tan fuertes como para poder soportar el lanzar esos ataques. El chakra del zorro las llevaba forzando y aumentando desde que nació, dando como resultado a un humano que, incluso sin el chakra de Kurama y el senjutsu, ya podía ser considerado un bijuu sin cola.
Frente a él, solo quedaban una decena de maltrechos maniquíes en pie, avanzando torpemente entre los restos arrasados del campo de entrenamiento. Por un momento Naruto pensó en terminar todo sin usar chakra, pero ahora que el ariete había tocado el muro, no podía pararse. Se estaba desahogando bien, y por primera vez en mucho tiempo sentía cada molécula de su cuerpo trabajar al unísono, como si ese exceso de energía que le descentraba se estuviese enfocando correctamente en su tarea. Volvió a recordar a Sakura: ese pelo rosa ondeando al viento, esos ojos verdes que brillaban tanto, esa sonrisa que le habría hecho renunciar al mundo entero... joder, incluso recordaba su olor, esa fragancia que llegaba hasta lo mas profundo de sus fosas nasales y le arrancaba una expresión de extasis, y que ahora le agarraba el pecho con fuerza y apenas le dejaba respirar. No, tenía que dejarlo salir, aunque solo fuese una parte. Frente a él, el humo de la batalla parecía formar la frase "BÓRRALOS DEL MAPA", aunque Naruto pensó que serían imaginaciones suyas.
Convocó dos copias de Kurama, y procedió a fusionarlas en un gigantesco avatar de tres cabezas y seis brazos que comenzó a acumular energía como nunca antes para realizar una técnica que no usaba desde su batalla contra Sasuke: a su derecha, un inmenso rasen shuriken compuesto por energía yin competía en tamaño con el inmenso rasen shuriken de chakra yang de su izquierda. Cuando estuvieron plenamente formados, grito tsu no kutai no rasen shuriken (rasen shuriken de las dos esferas), soltó un potente rugido y los lanzó contra las últimas marionetas. Fue como matar mosquitos con un inmenso lanzallamas. Una gran explosión, seguida de un cegador haz de luz, inundó el campo de entrenamiento, volatilizando todo lo que hallaba a su paso y obligando a los espectadores a taparse el rostro. Llegó hasta la barrera con fuerza, y esta se combó nada más recibir el impacto, intentando dejar salir la fuerza de la explosión hacia el cielo, pero fue insuficiente. Una barrera convocada por cuatro kages expertos habría aguantado sin problemas, pero esta no tenía esa fortaleza, por lo que apenas sobrevivió al impacto, resquebrajándose como cristal en numerosos puntos. Fue una suerte que Naruto lo hubiese tenido en cuenta y no hubiese lanzado ese ataque más cargado, o que no hubiese usado su ataque final, si no habría destruido hasta una parte de Kumo a pesar de la distancia. Con este ataque solamente le habría bastado para eliminar el ejercito de maniquíes nada más empezar incluso.
Descendió con suavidad sobre los restos del inmenso cráter que antes fue un campo de entrenamiento, para después andar hacia los kages con tranquilidad. Apenas respiraba agitado.
-Joder, todavía me sorprende lo que podemos hacer solo a la mitad de potencia...- dijo Naruto al inmenso Zorro, el cual soltó una carcajada orgullosa.
-Por favor, soy el gran Kurama, el biju más poderoso, y tú eres Naruto uzumaki, el ninja más poderoso. Esto es un día más en la oficina.- contestó con una gran sonrisa el kitsune.- HAHAHAHAAA, mira sus caras, son un poema.
Y era completamente cierto. En el consejo gokage, los rostros variaban desde una palidez extrema entre gotas de sudor frío del tanikage, a unos ojos abiertos como platos de Gaara o kakashi, pasando por los rostros de sería preocupación del otokage o el amekage. Naruto sabía que esto le iba a traer problemas, pero creía sinceramente que debía demostrar una confianza ciega en la alianza, predicar con el ejemplo para cambiar sus mentalidades desde dentro, conforme a sus reglas. Era lo más honrado. Entre los gokages, un sonriente Sanada salió a recibirle, seguido por los demás kages a medida que consiguieron reponerse de la impresión
-Muchacho... eres increíble.- expresó Sanada mientras contemplaba asombrado el campo de batalla.- esos maniquíes habrían dado guerra a un ejercito ninja de una nación entera. Y tú los has destruido en menos de 10 minutos...
-Gracias, Sanada san. Yo sólo obedezco órdenes.
-Naruto...- intervino un todavía afectado Raikage.- el consejo tiene una duda: ¿puedes emplear esa técnica con la que salvaste la vida a Gai Lee bombeando chakra yang?
-¿El modo Asura?- preguntó Naruto confundido.- Ya no es posible, lo perdí cuando...-aquí Naruto tuvo que contenerse para no hacer referencia a esa batalla contra su amigo.-... cuando deshice el tsukuyomi con Sasuke. Al parecer, esa era su razón de existir.- expuso inteligentemente. No faltaba verdad en lo que decía, había perdido ese poder, pero la auténtica razón era por haber puesto fin a la guerra eterna que libraban Indra y Asura, reencarnándose en cada generación para seguir enfrentándose hasta que uno venciese. Y acabó venciendo Naruto, liberando ambas almas.
Obviamente, el raikage procedió a prohibir el uso del modo biju y del senjutsu en el examen de inmediato, como esperaba el uzumaki. Pero los constantes cuchicheos de algunos de los asistentes le hacían sospechar que no le deparaba nada bueno esta demostración. Confiaba en equivocarse...
Naruto abrió los ojos con tranquilidad, dejando que los primeros rayos de sol del nuevo día le despertasen. Se encontraba en su cama, pero algo le impedía levantarse. Miró a su derecha y vio a su bella acompañante, que dormía plácidamente con él abrazada a su musculoso torso. La chica se llamaba Yukata, y era una bellísima kunoichi de Suna de pelo negro, ojos marrones, cara de angel y cuerpo perfecto, con unos pechos de tamaño mediano (como le gustaban a Naruto, sinceramente), un vientre terso y delgado, un trasero perfecto gracias al entrenamiento shinobi y unas piernas largas y torneadas. La conocía de hace muchísimo, puesto que había combatido junto a él en la batalla del desierto contra los kages revividos, y al parecer desde ese día se había quedado prendada del ninja pelirrubio. Gracias a su amistad con Matsuri, la prometida del kazekage Gaara, había conseguido que la destinasen a konoha como asistente de Temari, y no había perdido el tiempo para iniciar su asalto al ojiazul. A decir verdad, era una chica que podría tener a cualquier hombre comiendo de la palma de su mano, sobre todo teniendo en cuenta su personalidad extrovertida... lástima que se fijase en el único ninja que no quería nada serio con nadie. El ojiazul ya le había aclarado que no quería nada a largo plazo, pero ella había insistido en continuar viéndose, y claro, a nadie le amarga un dulce.
En esta ocasión, Yukata había acabado en su cama tras la fiesta de celebración por el ascenso a chuunin de Naruto, logrado en solo menos de un año de estudio, lo cual era un logro, no en vano había adquirido los conocimientos de 6 años de academia en un año. Aunque, en opinión del rubio, no había mucho que celebrar con su ascenso, todo había sido exageradamente fácil: la prueba escrita, gracias a su estudio intensivo con Iruka-sensei y Shikamaru y a la ayuda de sus clones para acelerar el aprendizaje, había sido un paseo militar; y la prueba de supervivencia había sido aún más fácil gracias a su experiencia en batalla. Le habían asignado a 2 genin para hacer equipo, y estos no pudieron sino mirarle como si fuese una especie de estrella del rock, celebrando su gran suerte: no habían tenido ni que combatir, los equipos rivales simplemente huían al verles. Incluso aprovechó los días de sobra para entrenar un poco a sus compañeros de equipo. Y por último, en los duelos directos fue más de lo mismo, incluso tuvieron que ponerle un combate contra un par de jounin para contentar al público de kumo, que clamaba por ver al gran héroe de la guerra en acción. Así que había sido ascendido a chuunin prácticamente sin sudar, y sus amigos habían insistido en celebrarlo por todo lo alto. Y, durante la celebración, la bellísima chica pelinegra le había buscado insistentemente, ansiosa por, según sus palabras, "darle su premio en privado", pero Naruto no había accedido hasta acabar la fiesta con sus buenos amigos.
(inicio pseudolemmon)
Aún así, la espera valió la pena para ambos: todavía recordaba como la kunoichi prácticamente le había arrancado la camiseta en el pasillo de su piso en el edificio, y de como ahí mismo había decidido atender al rubio como se merecía. Los gemidos de la ojimarron debieron de oírse en toda la aldea, sobre todo cuando ella le había pedido que la pusiese a cuatro contra la barandilla del pasillo, para gran alegría del rubio. Todavía recordaba cómo la morena clamaba pidiendo más, mientras Naruto la giraba el rostro para besar esos labios y la masajeaba los senos mientras reemprendía las embestidas a mayor ritmo. Tras hacerla alcanzar su orgasmo, habían seguido la fiesta en su apartamento, destrozando una mesa cuando la joven se empeñó en cumplir una fantasía que tenía desde que comenzó a verse con el uzumaki y haciéndolo en cada silla y sillón del apartamento hasta llegar al dormitorio del rubio , donde Naruto terminó en la garganta de la kunoichi, que para su sorpresa se lo trago todo con una sonrisa de oreja a oreja. Oh si, quizás no quisiese nada serio, pero esa chica le tenía muchas ganas y sabía buscarle. Habían terminado durmiendo abrazados, cosa que en absoluto incomodaba a Naruto, le gustaban esos momentos con sus "chicas", le hacían sentirse a gusto y le parecían muy tiernos. En ellas parecía crear aún más entusiasmo, a todas les encantaba el calor que desprendía gracias a sus reservas de chakra. O quizás fuese que a toda mujer le gustaba sentirse valorada tras acostarse con alguien. O un poco de ambas.
(Fin del pseudolemmon)
El rubio se estiró y procedió a levantarse, apartando a su acompañante con suavidad. Una vez logrado el objetivo, y viendo que estaba completamente desnudo, procedió a vestirse, encontrando su ropa en el armario de su apartamento: un pantalón negro con rayas naranjas en los bordes con un portakunais atado en su pernera derecha, unas sandalias ninja sencillas, una camiseta negra con el símbolo uzumaki en naranja en su manga derecha, y un chaleco chuunin estándar de color verde, combinación que hacia resaltar su largo cabello rubio. Mientras se preparaba, su acompañante se despertó, y clavó sus ojos marrones con lujuria en la espalda del ninja, una espalda trabajada a base de entrenamientos intensivos, desarrollada y fuerte, con varios tatuajes: en el omóplato derecho, un símbolo de fuego y otro de viento que le identificaban como maestro en el uso de tales artes, cortesía de killer Bee y de una noche loca en Kumo para celebrar el fin del examen, en la que había acabado tatuado por insistencia del rapero, aunque Naruto no se resistió mucho, le gustaba como le quedaban, incluso tenía pensado hacerse alguno más, como si tuviese afinidad por ellos; y en el izquierdo un tatuaje de un sapo y otro de un zorro con nueve colas, para mostrar sus invocaciones. La joven kunoichi apoyó su cabeza en sus manos mientras seguía boca abajo, y puso su mejor mirada de cachorro abandonado.
-Naruto-Kun, ¿te vas ya? Yo creía que íbamos a continuar con la celebración un par de veces por la mañana...- dijo Yukata con una expresión de picardía.
-Yukata, sabes que como nos pongamos ahora a jugar estaremos horas.- Contestó el ojiazul con una sonrisa, mientras Yukata sonreía con malicia.- y aunque me encantaría, le prometí a Iruka-sensei que iría hoy a la academia a ayudarle.
-Jo... cuando te pones responsable pierdes un poco de atractivo...
-No te enfades, puedes dormir la mañana aquí si quieres. Tienes fruta en la cocina, creo que no volveré en todo el día, pero hablamos para volver a quedar.
Y dicho esto, se encaminó a la puerta del piso, dejando a Yukata con una expresión de fastidio en su rostro. De todos los hombres de Konoha, tenía que haberse encaprichado de un rompecorazones como Naruto. Pero es que el sexo con él era... impresionante. Era pasional, tierno, atento, y tenía un aguante eterno. Sin contar que no iba precisamente "corto de material", más bien todo lo contrario. A pesar de su actitud, Yukata esperaba poder cazarlo tarde o temprano. No en vano nunca había perdido una presa.
Naruto salió del edificio de apartamentos y se dirigió con tranquilidad al Ichiraku a por su desayuno de siempre. Tras conversar animadamente con Ayame, la guapísima hija del dueño, y agradecerle al señor Teuchi el plato, se encaminó a la academia a cumplir con su tarea. Iruka-sensei le había pedido que le diese una exhibición en directo a los futuros genin para premiarles por un buen curso, y Naruto no podía negarse teniendo en cuenta lo que Iruka había hecho por el el último año. Le había enseñado en sus ratos libres, dado mil consejos y apoyado cuando ocurrió lo de Sakura. Naruto no se explicaba por qué todavía pensaba en la pelirrosada durante esos meses de ausencia, sobre todo teniendo en cuenta cómo se había ido y con quién. Pero era como intentar no respirar: siempre acabas tomando aire; así que se había dedicado a sacar ese clavo a base de decenas de otros clavos más fáciles de sacar. Sumido en sus pensamientos, fue respondiendo amablemente a cada aldeano que le saludaba, y llegó al edificio de la academia, donde le esperaba su gran amigo Sai, un chico pálido de pelo negro, ropa también negra que resaltaba el color de su piel y un gigantesco pergamino a la espalda, con su clásica expresión neutra.
-Naruto-kun, veo que llegaste a tiempo.- le dijo con una de sus sonrisas. "Cada vez son mas auténticas" pensó Naruto.- Yo creía que después de hacer el amor con esa chica toda la noche, llegarías tarde.- un grupo de alumnas que pasaba por ahí se sonrojó y aceleró el paso cuando lo oyeron.- ¿o es que por tu pene pequeño no lograste satisfacerla?
-Sai, estamos en una escuela, no es el lugar para hablar de lo que hice anoche...-Contestó Naruto seriamente, tornando la expresión de Sai a una mas seria.
El ninja pálido estaba preocupado por el que consideraba su mejor amigo, el Naruto que el conocía le hubiese gritado algo por esa pulla que le había lanzado, pero el Naruto actual no entraba al trapo jamás. Y había leído en un libro que eso sólo podía significar o tristeza, o enfado. Aunque Ino le había dejado caer que podía ser madurez, y que podría aprender y así no preguntar a la gente por su pene en público. Entraron a la academia conversando animadamente sobre anécdotas del día anterior, cómo cuando Konohamaru había intentado colarse en el local con un carnet falso para beber, o cuando se habían olvidado a shino en un bar. Pronto, llegaron a la puerta que daba al patio de entrenamiento, donde les esperaba un ojeroso Iruka con su característico pelo castaño recogido en una coleta, su piel tostada, su cicatriz horizontal en la cara y su uniforme chuunin estándar.
-Iruka-sensei, ¿qué tal anoche? Te perdimos prontísimo, no entiendo esas ojeras.- le dijo Naruto con una sonrisa socarrona
-Quizás fue culpa de Shizune-san, que apareció para llevárselo.- añadió Sai con su característica sonrisa, haciendo a Naruto alzar una ceja sorprendido.
-Joder Iruka, ¿comprometido y no me avisas? ¿Para cuándo la boda? ¿Tendré que llevar uno de esos ridículos trajes de paje?.- bromeó Naruto dándole ligeros codazos, mientras Iruka palidecía y les miraba con cara de terror. Había intentado mantener su relación en secreto debido a su empleo, pero ayer fue demasiado descuidado. Y que Shizune estuviera muerta de celos por pensar que Iruka estaría rodeado de mujeres alcoholizadas no ayudó a mantener las formas...
-Bueno, bueno, no hablemos de mi. A ver chicos, os he reunido a los alumnos en el patio, ¿qué tenéis pensado enseñarles? Recordad que no saben nada de ninjutsu, así que no lo uséis, se trata de que aprendan algo.- Expuso con seriedad el maestro.
-No hay problema, Iruka-sensei, les daremos unas nociones básicas de taijutsu y luego haremos uno de nuestros entrenamientos clásicos en taijutsu y kenjutsu. Saldrán encantados, ya lo verá, ¡tebayo!.- Esa coletilla arrancó una ligera sonrisa a Iruka y Sai. Por mucho que Naruto no estuviese tan "hiperactivo" últimamente, seguía siendo Naruto.
-Pero, Naruto-kun, no irás a usar la guadaña ¿no?.- preguntó Sai, y si hubiese sido posible se habría puesto más pálido. Naruto había desarrollado esa técnica recientemente, y la había entrenado una vez con Sai. El resultado había sido, por describirlo con una palabra, sádico: Naruto había destrozado cada una de sus invocaciones con una mueca homicida en el rostro, y había necesitado de toda su agilidad para esquivar los golpes que luego dirigió contra él. Tras pedirle que parara, Naruto había conseguido frenarse y desconvocarla a duras penas, dejando patente que no podía seguir usando ese arma sin antes investigar sobre ella.
-¿Estás loco? Me gustaría que los gakis no tuviesen pesadillas esta noche. No, usaré kunais, katana y lanza. Ahora pasemos, que ya tengo ganas de ver si los mocosos han atendido a Iruka-sensei o si son tan desastres como yo.
Y salieron al patio de entrenamiento, donde una veintena de niños charlaban distendidamente y correteaban entre risas. Naruto añoraba esos pocos momentos que tuvo así, no lo iba a negar. Nada mas verlo, todos los niños pusieron una expresión de admiración, y corrieron a saludar al héroe del mundo shinobi, todo ello entre los gritos femeninos de las admiradoras de Naruto, que llenaban a reventar los ventanales de la academia mientras pedían al rubio un beso, o ser el padre de sus hijos. El cómo se habían enterado de que estaría allí, Naruto no lo sabía, pero el rubio ya se había acostumbrado a estas cosas, a pesar de que le extrañaba que todavía estuviesen todos igual tras casi un año del fin de la guerra. Todavía era muy habitual que varias chicas le "asaltasen" mientras paseaba o se tomaba algo en el Ichiraku, o incluso que le tomasen fotos. Es más, la que le sacaron cuando en un entrenamiento uno de los leones de tinta de sai le consiguió arrancar la camiseta de un zarpazo en un descuido se había convertido ya en toda una moda entre las adolescentes, para su desgracia (o suerte, depende de a quién le preguntase). Tras unos minutos de preguntas infantiles sobre sus batallas en la guerra o sobre como era de grande Kurama (ganándose una carcajada orgullosa del biju cuando el ojiazul respondió que era el más grande de todos), Iruka-sensei les mandó formar, y Naruto procedió a practicar con ellos un poco de taijutsu. Todos los alumnos trabajaban con esmero, ignorando los chillidos de las admiradoras cada vez que Naruto tensaba los músculos en alguna pose. En ese momento Naruto se arrepentía de no usar la guadaña, con ella seguro que no tendría publico. Mientras ensayaban los últimos movimientos de patada, un niño levanto la mano. Naruto se fijó en su aspecto: ojos marrones, pelo moreno, constitución débil de niño pequeño y mirada soberbia digna del mismísimo dobe-uchiha.
-Naruto-sensei, ¿Para qué ensayar tanto taijutsu? Si con una simple bola de fuego podemos vencer a varios enemigos.- preguntó el alumno, provocando que Naruto frunciese el ceño.
-¿Para qué? Muy simple. Durante la batalla, y eso te lo aseguro yo por experiencia, el chakra se agota tan rápido que será común que luches sin apenas nada. Y cuando llegue ese momento, la diferencia entre la vida y la muerte de un ninja es su taijutsu y su kenjutsu. El chakra se acaba, tus puños y kunais nunca fallan. Para demostraroslo, mi amigo del pergamino y yo vamos a hacer una pelea, quiero que la veáis y analicéis bien los movimientos y contragolpes.- concluyó Naruto mientras se preparaba para combatir. Los alumnos fueron rápidamente con Iruka, mientras Sai tomaba una distancia prudencial y preparaba su pergamino. Cuando ambos estuvieron preparados, comenzó la pelea.
Sai rápidamente dibujó algo en su pergamino, y al grito de ninpo:Choujuu giga, aparecieron de golpe 5 leones de tinta que se lanzaron a por Naruto. Por un momento le pareció ver entre las ventanas de la academia un reflejo con la frase "APLÁSTALOS", pero cuando se fijó bien ya no estaba. "Sigo imaginándome esas cosas..." pensó el ojiazul, para después centrarse en su batalla. Aprovechando su pose de taijutsu con la pierna derecha ligeramente adelantada, dio un paso al frente y con su pierna izquierda barrió las patas delanteras del León más adelantado, haciéndolo caer hacía adelante, y se lanzó rápidamente contra los dos leones de la derecha. Se agachó para evitar el primer zarpazo mientras conectaba un potente gancho entre los ojos del leon con su puño izquierdo, y giró su cuerpo hacia la izquierda para poner a su víctima de tinta entre su otro agresor y él. El león tuvo que pararse para no acabar con su compañero, momento que aprovechó el pelirrubio para saltar sobre ese León y golpearlo con una patada descendente que lo convirtió en un charco de tinta en el suelo.
-Cuando estéis en inferioridad numérica, aprovechad a vuestros enemigos como escudos para entorpecer los ataques rivales.- exclamó Naruto a los alumnos para luego retroceder dando volteretas, alejándose de los demás leones.
Al dar la ultima, el pelirrubio decidió ponerse mas serio y sacó dos kunais, haciéndolos girar en cada mano hasta dejarlos orientados con el filo hacia abajo. Esquivo el primer zarpazo y paró un segundo zarpazo con su kunai izquierdo, para después lanzar un tajo con el derecho hacia el rostro de la criatura, que explotó en un mar de tinta. Luego, girándose con fluidez, paro otro zarpazo con los dos kunais, y se agachó a tiempo para evitar que uno de los leones le atrapase en un salto. Con un rápido movimiento, volteó su cuerpo y clavó el kunai derecho en el costado de su enemigo de tinta, abriendo un gigantesco corte desde la cabeza hasta la mitad del torso mientras otro de los leones le saltaba encima. Naruto se dejó caer hacia atrás y aprovechó la inercia de su atacante para desviarle de una patada, luego se levantó y lanzó los dos kunais a los otros dos leones, destruyéndolos. Antes de que su último rival pudiese reaccionar, Naruto ya estaba cayendo con su rodilla sobre su cabeza, convirtiéndolo en una masa de tinta.
Estaba el ojiazul por lanzar algún aporte a los alumnos cuando oyó un grito de miedo de sus admiradoras. Se dio la vuelta hacia Sai y vio como éste había convocado a cinco guerreros de tinta similares a samurais con katanas y lanzas y dos águilas gigantes, que se lanzaron en picado contra él. Al impactar contra el suelo levantaron una gigantesca nube de polvo, dejando a todo el público callado, temerosos de que su joven héroe estuviese herido. Antes de que Iruka-sensei pudiese acercarse, una figura salió corriendo de la nube de polvo hacia los guerreros, lanzando kunais con una precisión endiablada. Tras una ráfaga de cuatro, uno de los guerreros explotó con un kunai clavado en el cuello, mientras otro desviaba uno de los kunais con su espada y el ultimo caía al suelo con un kunai clavado en cada rodilla.
-Normalmente tendréis que lanzar vuestros kunais en movimiento, así que entrenadlo bien. Y a veces es mas útil incapacitar al enemigo que tirar a puntos vitales.- dijo el ojiazul mientras desenfundaba una katana y se lanzaba al ataque
Uno de los guerreros se lanzó de frente a golpearle, bloqueándolo Naruto con su katana. Con un rápido movimiento, lo agarró con su mano izquierda y lo empujó contra otro de los guerreros, mientras se lanzaba a por el otro para lanzarle un tajo descendente. El guerrero lo bloqueó, y retrocedió mientras sus dos compañeros atacaban al rubio por la espalda. Habrían pillado a Naruto desprevenido, pero frente al ninja, el polvo de batalla pareció agruparse formando la frase "VIGILA TU ESPALDA", sorprendiendo al rubio, que rápidamente se repuso y lanzo un tajo horizontal al frente mientras exclamaba "Kumoryu Urakiri". De pronto, los dos guerreros que le atacaban por la espalda sufrieron un enorme corte horizontal, desapareciendo en un mar de tinta por culpa de esa técnica. Naruto no pudo evitar agradecer internamente a los ninjas de kumo por enseñarle esa técnica que le permitía lanzar cortes a su espalda sin girarse, mientras el publico (cada vez mayor, al ir llegando curiosos y otros profesores de la academia) irrumpía en aplausos. Naruto se lanzó a por su último oponente, clavando su katana a través de su hombro izquierdo. Antes de poder sacarla, una nueva oleada de 5 guerreros le atacó, cortesía de su amigo pelinegro. Naruto rápidamente invocó su alabarda de entrenamiento, y se dispuso a emplear su estilo favorito de kenjutsu. Empleando el mango como cobertura permanente, paraba los golpes de sus rivales, mientras contraatacaba con la hoja cuando el rival abría un hueco en su defensa. Tras despachar a todos menos a uno, este se lanzó rápidamente a bloquear la hoja de la alabarda con su katana, a lo que Naruto respondió golpeándole en la cara con el otro extremo del mango, y rematándolo en el suelo.
-Un arma no es solo su hoja, no lo olvidéis.- aportó al publico, mientras muchos de los alumnos le miraban con pura admiración.
Un rugido le llamo la atención. Al darse la vuelta, vio salir del pergamino de Sai un enorme dragón oriental de tinta, que se lanzó rugiendo a por él con Sai encima. Naruto salto hacía un lado para evitar la dentellada inicial y lanzó un corte hacia el hocico de la bestia de tinta, que resistió con fuerza. Tras una serie de golpes y fintas, Naruto se lanzó a por su víctima aprovechando un hueco en su defensa. Dando un gran salto, clavó su alabarda entre los ojos del dragón, profundizando el corte hasta que este exploto en un mar de tinta, dando por concluido el combate. Todo el publico irrumpió en aplausos, mientras los niños rodeaban a los contendientes para preguntarles sobre sus técnicas presos de la emoción. Iruka contempló la escena y no pudo sino sonreír: Naruto había mejorado muchísimo desde aquel niño cabezahueca que fue su alumno, y estaba muy orgulloso de él. Mientras tanto, y entre preguntas y respuestas a los alumnos, Sai no pudo evitar fijarse en una nueva espectadora, una mujer de cabello rubio largo que le llegaba hasta la cintura recogido en una cola de caballo, con medio rostro tapado por un estilizado flequillo, ojos azul turquesa, labios carnosos, fino cuerpo de grandes pechos copa C casi D y vestido púrpura ajustado. Era la bella Ino Yamanaka, que llegaba acompañada de un clon del ninja rubio. Esta se acercó a los dos amigos, mientras el clon desaparecía en una nube de humo.
-Veo que a los gakis les ha encantado la demostración ¿eh?.- comentó Ino mientras sonreía a los ninjas. Todos los niños exclamaron lo guay que había sido, mientras algunos le preguntaban a Naruto si esa chica rubia tan guapa era su novia y Sai les miraba con mala cara.
-No, no, a ella le gustan morenos y artistas, ¿o no, Ino?- comentó Naruto con malicia, mientras la rubia y el pelinegro se ponían como dos tomates maduros. Era un secreto a voces que esos dos tenían una relación, pero el ojiazul decidió no ser malo y cambiar de tema, mientras alejaba a los alumnos de la conversación al dejarles la alabarda para que jugasen con ella, bajo la supervisión de un tenso iruka.- Bueno Ino, por lo que veo de mi clon, el entrenamiento de genjutsu de hoy ha ido muy bien, muchas gracias por ayudarme.
-Ah.. si...- Dijo Ino recuperándose poco a poco.- Si, ha estado muy bien. Ya te sabes defender perfectamente de un genjutsu, y manejas genjutsu ofensivo de nivel medio. Incluso estás aprendiendo a defenderte de los jutsus de control mental de mi clan gracias a Kurama, dentro de poco no voy a tener nada que enseñarte.
Lo cierto es que no le gustaba mucho el genjutsu, sus inmensas cantidades de chakra le dificultaban enormemente su aprendizaje, pero si quería ser un buen ninja debía saber usarlo correctamente. Incluso había ideado una nueva forma de tortura empleando una ilusión donde gai-sensei y Rock Lee bailaban con la pobre víctima mientras hablaban de la llama de la juventud dentro de esos trajes verdes. Una autentica crueldad, pero nunca se sabe si alguien se lo merecería en un futuro. En cuanto a ninjutsu, otro clon se encontraba entrenando con yamato en ese momento, seguro que sufriendo envuelto en alguna especie de árbol; y de mientras otro clon estudiaba las nociones básicas de sellado en la biblioteca (ventajas de tener clones a decenas, haces en un día lo que costaría 7). Lo único que le preocupaba en su rutina era el entrenamiento en senjutsu: por mucho que se esforzara, no conseguía resolver el principal problema del senjutsu, que era la retención del chakra natural. Todo el chakra natural que acumulaba luchaba por volver de nuevo a la naturaleza, por lo que el modo sabio no podía mantenerse en una confrontación larga, y eso lo quería remediar el rubio, sin éxito. Eso si, ya había aumentado el tiempo de duración a casi el doble gracias a su recientemente mejoradisimo control de chakra.
Aunque quizás deberían de preocuparle mas sus últimos problemas con los clones, como le advirtió Kurama en un principio: como consecuencia de su forma de aprendizaje y de su nueva forma de organizar sus clones en operaciones a gran escala, asignándoles rangos y funciones concretas y diversas, estos habían empezado a desarrollar una extraña cualidad: la individualidad. Todo había comenzado con algunas quejas por el horario de entrenamiento o por la dieta sana que se había autoimpuesto, nada importante a simple vista, pero había ido degenerando en más conflictos y exigencias hasta que los clones habían formado sindicatos y piquetes exigiendo unas condiciones laborales dignas. Total, que tras diversas amenazas y tensas negociaciones, además de tener que resolver los conflictos entre los sindicatos de clones mayoritarios, que también entraron en guerra entre sí, ahora se encontraba con que tenía que invitar regularmente a los clones en grupos de diez al ichiraku, así como no usarlos como pantallas humanas o sacrificios salvo que fuera absolutamente necesario. Un malgaste de recursos, si se lo preguntaban al Uzumaki real ("¿para que quiere alimento un clon que se disuelve al minuto de acabar el puto plato?" Solía pensar el uzumaki mientras pagaba su ahora diez veces mayor cuenta), pero su situación merecía la pena: su entrenamiento con los clones actualmente era perfecto, trabajaban como un pequeño ejército ninja, y posibilitaban a Naruto alcanzar su meta de ser un gran ninja en muy poco tiempo.
-Bueno chicos, habéis estado muy bien hoy, así que os invito a todos a ramen, que os lo habéis ganado.- exclamó Naruto a su audiencia, rompiendo sus pensamientos. Y todos los niños gritaron de alegría siguiendo al grupo de ninjas y al héroe shinobi, dejando a Iruka contemplando todo lo que tendría que limpiar con una gran gota en la nuca.
Llegaron al Ichiraku, donde Naruto pidió para todos los comensales. Allí se encontraba Yamato, que charlaba animadamente con una risueña Ayame, además de los dos ninjas mas peculiares de la villa, con sus trajes verdes y sus peinados a lo tazón. Naruto les presentó a los alumnos y les invitó a contarles alguna historia de la guerra. Gai-sensei, desde su silla de ruedas, procedió a contarles su batalla contra Rikudo Madara, y como acabó con su pierna así tras liberar las ocho puertas del chakra, mientras los niños le miraban como si fuese una especie de dios shinobi. Mientras tanto, Naruto fue con Ino y Sai, que le miraban con una sonrisa. Puede que últimamente no fuese ese ninja cabezahueca, pero su Naruto seguía ahí, solo había que verle cuando se juntaba con los niños. Sin contar que le había alegrado el día a los dos expertos en taijutsu.
-Estabas muy mono cuando hablabas con los alumnos Naruto, te admiran mucho.- dijo la kunoichi.- Con tanto entrenamiento ya creíamos que no harías jamás otra payasada que tanto nos gustan.
-Ya bueno.- contestó Naruto sonriendo y rascándose la nuca.- yo siempre me lo paso bien con ellos, me recuerdan a mi de pequeño, ya sabéis... Bueno Ino, ¿a qué hora quieres que te lleve a mis clones para que te ayuden con la floristería?.- Esa era la forma de pago de Naruto por la ayuda de Ino, y la rubia no podía ser más feliz: tenía a 10 esclavos para manduquear cuándo quisiera.
-Ah, pues a media tarde estaría bien... por cierto, si quieres te enseño la carta de Sakura, me ha vuelto a preguntar por ti y no se que decirle...- añadió Ino, un poco nerviosa. Quería sacar el tema y que esos dos se arreglaran de una vez, pero el ojiazul no ponía de su parte.
-Dile lo que quieras, me da igual.- contestó Naruto fríamente.
-Naruto, sabes que te doy la razón con que ella hizo mal, pero es tu amiga y te quiere mucho, ¿Por qué no lo arregláis ya?.- Aportó Sai a la conversación.
-No estoy enfadado con ella, si es a lo que os referís. Ella eligió y espero que sea muy feliz. Pero yo he decidido seguir con mi vida, y eso implica no hablar con ella si no tengo algo que contar.- Concluyó Naruto, mientras sus amigos se miraban a los ojos con incomodidad.
Por suerte, cambiaron rapido de tema y se acabaron uniendo a la conversación de los dos ninjas verdes con los niños, justo a tiempo para evitar que les convenciesen de usar ese horrible chandal verde.
-Sólo faltaba que se pusiese de moda ese horrible chandal y verlo por todas partes...- pensó Ino con horror...
Karin se encontraba sentada, esperando en las escaleras a que llegase su primo mientras pensaba en lo mucho que había cambiado su vida. Tras la guerra, al revelarse al mundo entero su pertenecía al clan uzumaki durante la gran batalla final, no le faltaron ofertas para ingresar en otras aldeas, incluso su antigua aldea, Kusagakure, le había ofrecido volver con rango jounin. Pero ella ya sabía lo obvio: la querían para someterla a un programa de cría, sobre todo ahora que el apellido Uzumaki volvía a estar tan cotizado. Así que no podía irse a cualquier lugar si no quería convertirse en un útero andante, y volver con la fugada serpiente como suponía que hicieron juugo o Suigetsu no era una opción, no quería tener nada que ver con ese monstruo y sus terribles experimentos. Así que decidió quedarse en el único lugar donde creía que podría tener una oportunidad, allí donde estaba su último familiar conocido: Konoha.
En un principio, cuando se encontró por primera vez con Naruto tras la guerra, esperaba una reacción indiferente del rubio, al fin y al cabo no eran más que familia muy lejana. Pero cuando vio a ese ojiazul dirigirla una sincera y enorme sonrisa y lanzarse a abrazarla, no pudo evitar alegrarse en el fondo de su alma. Su poder curativo, que derivaba de esa sangre uzumaki tan potente, aunque muchos lo consideraban un don, ella lo veía como una maldición: podía curar cualquier herida, pero para ello el herido debía de morderla y absorber su chakra. La muerte de su madre por orden de su antigua aldea, que decidió abusar demasiado de sus poderes curativos y reducirla a un cadáver mordido hasta la saciedad, y el ser reducida a poco mas que una esclava disponible para que cualquier ninja que necesitase morderla, reforzaban esa opinión. Todo unido a su reclutamiento por el sannin pálido, que la convirtió en una espectadora de primera fila de sus macabros experimentos, experimentos que rememoraba en sus pesadillas en la soledad de su cuarto.
Siempre había querido sentirse en casa y a salvo, y su autoproclamado primo rubio había puesto todo de su parte para que así fuese. Tras asignarle la aldea a su héroe un apartamento más grande (a la espera de que fuese ascendido a jounin de konoha y así tener acceso pleno al enorme complejo uzumaki), el rubio había insistido en conservar también su antiguo apartamento, cediéndoselo a la pelirroja para que así pudiese tener privacidad. Karin estaba encantada con su nuevo hogar: no era inmenso, pero era el primer lugar sin barrotes que podía llamar su casa. Incluso ya no lloraba por las noches tras ver su cuerpo lleno de cicatrices de mordeduras, y podía dormir la noche entera sin miedo a ser atacada por algún asaltante desconocido, o reclamada por orochimaru o Kabuto para convertirla en cómplice de alguna tortura sádica. Aunque se sentía sola en ese cuarto, siempre se había sentido sola. De noche la asaltaban las pesadillas con los experimentos que había presenciado, y el despertarse sola no ayudaba. Necesitaba a alguien con ella, alguien que la hiciese sentirse a salvo, pero no se iba a quejar, estaba contenta con cómo le iban las cosas.
Todas las tardes quedaba con su primo para visitar juntos la biblioteca del complejo Uzumaki, donde se encontraban los pergaminos con las técnicas de su clan. El Daimyo del país del fuego, en agradecimiento al ojiazul por su labor en la guerra, había cedido todos los pergaminos de técnicas de sellado uzumaki y los archivos con su historia a la biblioteca del complejo, así como otros pergaminos con técnicas del clan namikaze. Karin y Naruto se pasaban horas leyendo esos pergaminos entre plato y plato de ramen (al parecer, eso venía de familia), y Karin durante esos días conoció la felicidad. No es que estuviese enamorada del rubio, le veía como un primo o hermano mayor y no era su tipo (le gustaban mas distantes y serios, como cierto uchiha), pero con él se sentía completamente a gusto. Además, gracias a él podía aprender más de su casi extinto clan tras el desastre de uzushiogakure, descubriendo cosas sorprendentes.
Al parecer, el clan Uzumaki se dividía tradicionalmente en tres castas principales: la casta guerrera, especializada en el combate y con una acelerada capacidad de regeneración gracias a su chakra y herencia genética; la casta invocadora, especializada en el apoyo mediante contratos de invocación y capaz incluso de firmar mas de un contrato a la vez con tales seres; y la casta sensorial, especializada en rastreo e interrogatorio, a la que pertenecía Karin claramente. Su primo ojiazul había demostrado cualidades de sobra para pertenecer a la primera, a su curación avanzada se unía una capacidad de regeneración de chakra brutal, y si encima le añadías el chakra curativo de kurama... Pero, si había algo en lo que cualquier uzumaki destacaba, era en el arte del sellado o fuinjutsu, era una predisposición natural a ello. Y, a pesar de lo inmenso de la biblioteca del complejo, no había registro ni de una décima parte de las artes de sellado del clan uzumaki allí.
Aún así, la pelirroja había podido clasificar las técnicas de sellado uzumaki en cuatro grandes grupos: sellado basado en la luz, con técnicas referentes al exorcismo de entes demoniacos (a las que Kurama tenía auténtico pavor, según le confesó el rubio); otro basado en la oscuridad, con técnicas enfocadas a las ilusiones y la manipulación del entorno; otro basado en la vida, con avanzadas técnicas de curación y de mejora de las habilidades mediante el empleo de sellos de chakra (almacenamiento, resistencia...); y uno último basado en la muerte, con técnicas de invocación de seres terroríficos y sus armas demenciales (como incluso el propio shinigami). Mientras que Karin prefirió especializarse en las técnicas de vida, con las que mostraba una afinidad tan grande que incluso le había diseñado unos sellos de gravedad a su amado primo para aumentar la efectividad de su entrenamiento; el uzumaki mayor había preferido especializarse en el sellado de muerte, dada la naturaleza del sello que destacaba en su vientre, legado de su padre. Le obsesionaba encontrar la manera de mejorar el encierro de kurama, y en esa rama estaba la clave: si encontraba el pergamino con la técnica, quizás podría liberarlo sin morir en el proceso.
Con media hora de retraso, asomó una cabellera rubia por la entrada del complejo, mientras saludaba con una sonrisa nerviosa a su enojada prima.
-Lo siento Imouto (hermanita), me entretuve con los gakis de la academia.- se excusó el rubio.- ¡pero te traigo galletas de chocolate para compensar!- exclamó ofreciéndola una caja con suculentas galletas de color marrón, sus favoritas.
Esa ofrenda de paz ablandó el corazón de la pelirroja. Puede que con los demás Naruto se mostrase como alguien frío y serio, pero con Karin era exactamente igual que su chakra: cálido y amigable, como la primera vez que le vio. Naruto era especial por su combinación de naturaleza de chakra, que Karin había resumido en tonalidades: disponía de un tono blanco, su propio chakra original, lleno de calor; un chakra gris claro, el chakra natural de su senjutsu, un chakra salvaje pero de naturaleza benigna; y un chakra casi negro que emanaba de su biju, un chakra oscuro que antiguamente había sido una masa de puro odio y ahora era un amigo más del sorprendente héroe uzumaki.
-Esta vez te libras por las galletas... pero para la próxima, te doblo los sellos de gravedad.- dijo karin con una mueca sádica. Naruto tragó nervioso, ya le costaba todo el día moverse con esos sellos, como para encima doblarlos...- Bien, vayamos al dojo del complejo, quiero ver como has evolucionado con tus cadenas, que no deja de ser nuestro Kekkei genkai; y con tu guadaña, a ver si logramos contenerla de una vez...
Y dicho esto, los uzumakis entraron en el complejo, donde Naruto procedió a convocar sus técnicas. En lo referente a las cadenas, no había ningún problema, Naruto ya las controlaba a la perfección gracias a su entrenamiento y a los pergaminos que estudiaba con su prima, aunque no tuviesen todavía el talento para el uso que otorgó la experiencia a usuarias como mito uzumaki o kushina uzumaki. Con la guadaña, en cambio, era otra historia: Naruto era incapaz de controlarla sin sentir una extraordinaria sed de sangre, como si algo en su cabeza le susurrase las maldadescque había hecho la gente de alrededor. Solo las cadenas de diamantina de karin, unidas a la innata resistencia al mal del uzumaki mayor pudieron evitar que cometiese alguna barbaridad. Tras desconvocarla con cierto esfuerzo, ambos uzumaki se relajaron.
-Veo que todavía no la controlas, nii-chan...-dijo Karin con un tono analítico mientras se ajustaba las gafas y retiraba sus cadenas. Esta era otra de las facetas de karin, la faceta de científica, analítica y metódica. Cualquiera podría pensar que la adquirió en sus años de servicio a la serpiente, pero realmente venía de antes su gusto por la investigación, era su vocación.
-Es difícil... es la sensación que siento el problema... sed de sangre, odio, ira... es como cuando el chakra de kurama se filtraba en mi organismo
-Cierto, ya me he fijado que tu chakra fluctúa de manera rara cuando la estas usando. Es como si desequilibrase tus tres colores de chakra. He estado leyendo en la biblioteca y todavía no he encontrado una solución. Teóricamente no debería ni de existir, en los pergaminos referentes a convocaciones de armas uzumaki se hace referencia a katanas, ninjatos, bastones... pero no a esa cosa.-Respondió Karin con cierto temor. Todavía recordaba cuando Naruto la descubrió, tras leer un viejo pergamino olvidado en lo mas profundo de la biblioteca. El simple aura de maldad que emanaba no presagiaba nada bueno.
-Lo sé Karin, por ello no la uso nunca. Pero convendría que supiésemos que es, nunca viene mal conocer estas cosas. Sin contar que la siento extrañamente familiar...- añadió en voz baja el rubio.
-¿A qué te refieres?
-Es como si una parte de mí la conociese desde siempre. Y no puedo evitar fijarme en mi habilidad para usarla: sin haber entrenado ese estilo de combate en mi vida, mis movimientos son completamente fluidos, como los de un veterano. Es por eso por lo que quiero investigarla... no se si esta relacionada conmigo o es sólo mi imaginación.- Sentenció el ojiazul, ante la sorpresa de su prima lejana.
Y no solo estaba sorprendida Karin, dentro de su reino de sombras, a través de una bola de cristal sostenida por una mano esquelética, una tétrica figura observaba los avances del rubio. Su piel, de un tono morado claro, contrastaba con su pelo y kimono blancos y sus ojos de un profundo color negro. Su facciones eran delgadas y angulosas, con las costillas fuertemente marcadas en su pecho y dientes afilados. Shinigami, el dios de la muerte, observaba al único mortal que llevaba su sello y no había muerto por ello, interesado por sus progresos.
-Así que has desarrollado la invocación de mi guadaña, eh Naruto... Me sorprendes muchísimo.- dijo tranquilamente el dios de la muerte. A su lado, su característico tanto de mango blanco descansaba en su mesa.- Puede que tú acabes siendo el adecuado, quien sabe... estaré atento a tus progresos.
Sanada se encontraba sentado en el despacho de su apartamento cedido en el país del sonido, esperando la visita del Otokage. Había mantenido su viaje en secreto, y eso explicaba el porqué no había acudido a la torre del otokage para la reunión y se encontraba vestido con ropas civiles: un discreto kimono masculino negro con rebordes grises, unas discretas sandalias y un henge para alterar su aspecto. Se estaba empezando a enfadar por la tardanza de su acompañante, llevaba media hora de retraso y no quería estar mucho tiempo ahí, pero no le quedaba otra, tenía que tener contento e ignorante a ese patán si quería que sus planes resultasen. En la puerta del piso, entre risas y demás ruidos poco discretos, una llave sonó contra la cerradura, dando paso a un ligeramente ebrio individuo de cabello castaño y ojos negros vestido con el gorro del otokage y un traje ceremonial correspondiente, seguido de una mujer ligera de ropa, pelo castaño y con claros síntomas de embriaguez. Sanada no se lo podía creer, menos mal que se puso el maldito henge, si no la compañía del kage podría haberlo reconocido.
-¡Sanada-san!.- gritó el otokage a plena voz, dando al traste con cualquier anonimato que pudiese conservar el tsuchikage con respecto a la fémina.- pe... perdón por el retraso, es que mi amiguita quería un masaje...
-¿qué parte de "reunión discreta y anónima" no has entendido, Aoki-san?.- preguntó Sanada con un tono de molestia que no pasó desapercibido para su homólogo del sonido.
-¿lo dices por ella? Tu tranquilo, con la borrachera que lleva dudo que se acuerde de una puta mierda dentro de unas horas.
Sanada arqueó la ceja ante esa respuesta. No podía entender como ninjas tan incompetentes para la política y el protocolo llegaban a tales puestos. Aoki era uno de esos ninjas con un gran poder, avezado en el campo de batalla, pero nulo en materia de gobierno. Un individuo manejable debido a la simpleza de su forma de pensar: solo había que presentarle una idea como suya. En fin, Sanada decidió seguir con su linea de conversación inicialmente pensada, ya se ocuparía del problema de su anonimato luego.
-Bueno, si no pasa nada entonces hablemos, ya tengo claro lo que debemos de hacer en la próxima reunión de gokages, y me he reunido con los representantes necesarios para lograr los votos.- expuso diligentemente Sanada. Se había encargado de que el Otokage sólo debiese exponer la moción ante el consejo y nada mas, y, visto lo visto, había acertado.
-¡Perfecto! Ese Naruto uzumaki no va a saber desde dónde le vienen los kunais, va a ser épico. Todavía le debemos una los ninjas de oto después de que arruinase nuestra invasión de Konoha...
-Lo sé, y ya verás como saldrá como hemos.- "He, más bien."- pensado.
-Solo tengo una duda... ¿cómo vas a conseguir que su lameculos pelirrojo de Suna no anule la votación? Como líder de la alianza, tiene poder. No quiero fallos.- le comentó el otokage, arrancando una mueca interna de enojo a Sanada por el tono que había empleado.
-Fácil.- contesto Sanada, reponiéndose de su disimulado desagrado.- como líder de la alianza, se debe tanto al pueblo de Suna como a los paises Shinobi antes que a su amigo. Y Suna actualmente no puede vivir sin los tratados comerciales de la alianza, no vetará una votación donde la mayoría de los paises están deacuerdo en algo, aunque implique traicionar a su amigo, o si no su propio pueblo, encabezado por su daimyo, le dará la espalda. Ademas... conozco a Naruto, él sólo caerá en la trampa. Nosotros solo debemos de cumplir con nuestro papel.
-Bien, Sanada-san. Si no hay más que hablar, me voy con mi amiga.- dijo el otokage, dando por finalizada la reunión clandestina sin ni tan siquiera despedirse cordialmente. "¿Por qué siempre tengo que emplear a paletos maleducados...?" pensó Sanada.
-Antes de iros, Aoki-sama.- Sanada cambió su tratamiento invocando la soberbia de su confidente.- ¿Podríais prestarme a vuestra acompañante unas horas? Esas piernas me han vuelto loco.
-¿A la chica?.- Dijo el Otokage con una sonrisa.- Toda tuya, tengo decenas más disponibles. Procura esforzarte, que la he dejado muy contenta. Chica.- continuo el otokage dirigiéndose a la mujer.- Haz todo lo que te diga, ¿te ha quedado claro?
-Hai, Otokage-sama.- exclamó la castaña.
Tras un par de segundos, el ruido de la puerta del piso cerrándose delató que el Otokage se había ido. La joven se acercó tambaleante a su nuevo amigo, con una sonrisa en el rostro.
-¿Que puedo hacer por usted? esto...- dijo la chica, sin acordarse del nombre de su acompañante. El olor a alcohol de su aliento inundó las fosas nasales del tsuchikage.
-Sanada, puedes llamarme Sanada. ¿Te importaría cerrar los ojos? Tengo una sorpresa para ti.- contestó Sanada con un tono amigable.
La chica sonrío y obedeció a su cliente. A saber que cochinadas se le habrían ocurrido. Pero derrepente notó como le faltaba el aire, y como algo líquido y caliente caía en grandes cantidades sobre su pecho. Abrió los ojos confundida y se llevo ambas manos al cuello, donde un inmenso corte hacía caer el rojo y vital elemento sobre el suelo del apartamento. Miró al hombre con una muda súplica, mientras él la contemplaba con un gesto impasible y un kunai manchado de sangre en su mano derecha.
-Lo siento, chiquilla.- Dijo con voz neutra Sanada, mientras limpiaba su kunai en las ropas de la chica antes de que su víctima cayese al suelo. Mientras la vida abandonaba su cuerpo, la mujer pudo oír como su asesino llamaba a uno de sus fieles escoltas y le ordenaba no dejar rastro del crimen. Para Sanada, solo había clara una cosa: el oro compra el silencio un tiempo, la muerte lo hace para siempre.
Sakura se levantó en el interior de su tienda de campaña, dispuesta a empezar un nuevo día. Se puso en pie y se vistió con su ropa de viaje, a la que ya se había acostumbrado con el paso de los meses: una camiseta de manga larga, su chaleco color vino, sus pantalones de campaña que empleo durante la guerra, sus botas y sus ya tradicionales guantes. Salió de su tienda, encontrándose al uchiha ya acabando su entrenamiento,
-Sasuke, ¿que te apetece de desayunar?
-Lo que quieras, Sakura, estoy ocupado.- contestó secamente el pelinegro. Cuando estaba entrenando no le gustaban las interrupciones.
-Va... vale, Sasuke.
Sakura reprimió a su furiosa inner e hizo diligentemente el desayuno. Tras desayunar ambos rápido y en silencio, a pesar de los intentos de la pelirrosa por entablar conversación, y desmontar el campamento, prosiguieron su marcha. Ya llevaba seis meses de viaje, un viaje marcado por la poca conversación y grandes desplazamientos. Su acompañante, el último descendiente uchiha, sólo hablaba cuando tenía algo que decir, y la mayoría del tiempo prefería contemplar los lugares y pensar. Es más, la haruno podría afirmas que sólo hablaba para dar órdenes o asentir algún comentario de la fémina. Así que su relación personal con el pelinegro avanzaba muy lentamente, para exasperación de la pelirrosada. Solo algunas conversaciones sueltas, y un par de fugaces besos que ella había buscado. Sakura estaba un tanto desanimada al respecto, pero tenía la esperanza de poder llegar a conectar con el uchiha con el tiempo, incluso el pelinegro la había pedido perdón otra vez por lo mal que la trató en el pasado, un momento que habría sido más emotivo si el ninja pálido no se hubiese cerrado emocionalmente poco después, como solía hacer.
Aunque, en cierta manera, Sakura agradecía que fuese tan distante, cuando estaba con el tenía que hacer siempre un esfuerzo por buscar temas de conversación, como si no la saliese naturalmente. Cuando era niña eso no le importaba esa falta de química, creía que su amor por el uchiha lo superaría todo (y cada vez que lo recordaba se dibujaba una sonrisa amarga en su rostro. "Qué estúpida era…" pensaba), pero ahora necesitaba más que mostrarse cohibida ante el uchiha, necesitaba poder hablar y reír, poder realizarse como persona y a la vez sentir que ayudaba a su pareja. Podría achacar esta situación al daño que sufrió su relación personal tras la traición e intentos de asesinato de Sasuke, pero presentía que había algo más , una pieza que no encajaba, y su inner siempre cerraba la boca con una mueca irónica y abrazaba un pequeño muñeco de cierto ninja rubio cuando la haruno se preguntaba internamente que podría ser. Así que la frialdad del uchiha le ayudaba a evitar momentos forzados.
Desde que empezó su trayecto, el entrenamiento shinobi había sido prácticamente nulo. No es que su acompañante no practicase sus artes ninjas, todo lo contrario, ensayaba su ninjutsu y su rinnegan todas las mañanas, toda vez que su entrenamiento en taijutsu estaba mermado por faltarle un brazo, pero Sasuke estaba acostumbrado a entrenar sólo, por lo que Sakura tenía que arreglárselas a su manera, lo cual era complicado al estar acostumbrada a entrenar acompañada, como la mayoría de los ninjas. Es más, sólo conocía dos ninjas en el mundo que entrenasen solos, sus dos ex compañeros de equipo. Solo pudo ensayar en serio en un par de batallas que tuvieron con bandidos de la zona, que era un reto demasiado simple para una kunoichi de su nivel; y en un duelo contra el último uchiha, que acabó demasiado pronto debido a la diferencia de poder existente, aunque que el pelinegro no supiese contenerse ni en los entrenamientos tampoco ayudó. Aun así, Sakura había podido progresar enormemente en el ninjutsu médico, gracias a que en las numerosas aldeas que recorrían no había médicos y si muchos pacientes. Sakura atendía a menudo a heridos de la gran guerra, niños con enfermedades comunes, mujeres embarazadas... incluso un par de veces pudo aplicar sus conocimientos de cirugía.
Todo ello le había llevado a una conclusión preocupante: la medicina ninja era fundamentalmente intuitiva, no examinaba exhaustivamente las causas de las lesiones sino que optaba por el pragmatismo, por enfocarse en los síntomas en lugar de la raíz, todo ello debido a su enorme militarización. Y, como consecuencia de todo ello, la medicina civil, la de aquellos que no tenían la suerte de tener un ninja médico cerca, estaba subdesarrollada. ¿Para qué preguntarte la fuente del problema si con solo poner las manos puedes arreglarlo? Y eso que su maestra, la máxima eminencia en medicina ninja del mundo, había elaborado tratados sobre medicina enfocados a analizar las causas de las enfermedades y facilitar su curación sin empleo de chakra, pero no había podido hacerlos en gran número ni promocionarlos o desarrollarlos adecuadamente debido a lo accidentado de su vida: de joven vivió una guerra, luego su trágica historia personal la alejó del mundo de la medicina, y posteriormente su puesto de hokage le había absorbido cada segundo de su tiempo, sin contar que su tiempo libre lo solía invertir en casinos y sake... En definitiva, la medicina civil apenas podía atender las dolencias de los aldeanos, que dependían de los médicos ninja errantes como ella para enfrentarse a las enfermedades más graves con una mínima esperanza de vivir. La mortalidad infantil era excesiva y las medidas preventivas eran inexistentes, por no hablar de la nula campaña de vacunación...
Así que atender a los mas necesitados se había convertido en su vida estos meses, y esos momentos eran sus preferidos, el ayudar a la gente necesitada era una de las razones por las que se hizo médico. Una de las razones, porque la otra tenía que ver con cierto ninja pelirrubio que habitualmente se colaba en sus pensamientos. Protegerlo era una de las razones por las que se hizo medico, tras ver como había quedado tras su primera batalla contra el uchiha, y esa imagen le llegaba a la mente cuando destilaba ese chakra verde curativo. Recordaba las palabras de su amada maestra, "el ninjutsu medico es proteger a tus seres queridos. Concéntrate en ellos y tu chakra curará, no lo hagas y tu chakra hará daño". Le dolía pensar como habían acabado las cosas con Naruto: seguía pensando que Naruto estaba mejor sin ella, pero por otro lado era consciente que había cometido un grave error con el ojiazul al despedirse, y la atormentaba que el rubio pudiese odiarla. Había intentado arreglarlo enviándole cartas, pero no había recibido respuesta alguna, aunque no desistía en su empeño. Las únicas noticias que tenía de él las recibía mediante las contestaciones de Ino y Sai, dónde sus amigos le informaban de que Naruto estaba muy ocupado con su entrenamiento, que hasta había sido ascendido en tiempo récord a chuunin, pero que le mandaba saludos. Ella quería pensar que era cierto, solo de imaginar que podría perder al rubio hasta como amigo se le partía el alma. El pelinegro la sacó de sus pensamientos al dirigirle la palabra.
-Los rastros del chakra de kaguya son fuertes a un kilómetro.- Anunció el uchiha.
Sakura había adquirido conocimientos básicos sobre ese asunto, al ser la principal obsesión de su acompañante. Que los rastros fuesen fuertes en un lugar concreto era algo malo, implicaba que un chakra puro y primitivo había sido empleado en batalla, un chakra muy diferente al refinado que existía en el mundo shinobi. Se acercaron al lugar para encontrar una aldea en ruinas, con restos dispersos de batalla, como si hubiese ocurrido algo terrible hace un par de semanas. Muchos cadáveres estaban en descomposición, pero no había rastro de mujeres o niños entre las víctimas, lo que sorprendió a Sakura.
-No hay rastro de mujeres y niños, ¿Crees que habrán huido?- preguntó la pelirrosada.
-No creo, si no habrían vuelto a enterrar a sus muertos. Estos cadáveres indican que han pasado mínimo 2 semanas desde la batalla. Los rastros del chakra de kaguya se concentran en unos pocos cuerpos, eso es lo que me llama la atención.- Respondió Sasuke con su rinnegan activado.
Cerca de una cabaña en ruinas, un cuerpo llamaba la atención. Su grado de descomposición era similar al resto, pero tenía unas ropas diferentes, y media cara tapada por un pañuelo. Sasuke la advirtió de no tocarlo, al parecer el chakra de kaguya había dejado su huella en el. Claramente era uno de los asaltantes, lo cual extrañó aún más a la pareja. Normalmente, los bandidos solían enterrar a sus muertos tras los combates. Además, en varios lugares había objetos de valor tirados por los suelos, lo que descartaba el robo. Era extraño, y Sakura no pudo evitar preguntarse que podía haber pasado ahí. Tras incinerar los cuerpos de los asaltantes, y enterrar a los muertos, la pareja se dispuso a informar al hokage mediante el halcón de Sasuke.
Final del capítulo, como veis tiene desarrollo de la trama.
sobre la primera parte, quería dejar claro lo que Naruto y Kurama juntos pueden hacer ahora que ya tienen acceso total al poder del bijuu y experiencia. En cuanto al aspecto, me he basado TOTALMENTE en Naruto en el arco de "Chikara", el mejor relleno de naruto para mi gusto. Subiré algunas imágenes para quien tenga curiosidad. Y sobre los gokages... tendrá consecuencias la demostración de naruto? El detalle de esas frases que ve en medio de la batalla es una sorpresa, que será?
el segundo acto tiene a Naruto viviendo un poco la vida. Quiere rehacer su vida, así que es lógico que conozca a otras mujeres, y el personaje de Yukata me llamó la atención, así que decidí meterla. Y la demostración en la academia nos permite ver el día a día de Naruto. Me hizo gracia meter lo de los clones sindicalistas, seguramente haga un omake sobre eso.
el tercero, al fin, me permite meter a Karin. Darle una "hermana pequeña" a Naruto me pareció una buena idea, y a lo largo de la historia tendrá protagonismo. No diré más. Y en cuanto a la guadaña, tengo ganas de que la veáis en acción... :D
El cuarto nos permite ver a Sanada haciendo de las suyas, me parece cómico juntarlo con patanes cómo Aoki. Que estará tramando? Alguien adivina en que personaje famoso está basado Sanada?
y en el último, tenemos más desarrollo de Sakura, como veis, con Sasuke anda cohibida y sin sacarse a nuestro rubio de la cabeza. Os parece que falta algo en esa relación? Meteríais algo más?
