Disclaimer:Todos los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi y esta historia no tiene fines de lucro.

Advertencias:Lemon (Sexo Gráfico), Lenguaje vulgar, Violencia, Muerte.

Aclaraciones:Esta ubicado en un Universo Alterno. Notas al pie.

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Miko

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Capítulo III

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El viento soplaba con especial delicadeza aquel día de verano.

Inuyasha cerró los ojos tratando de concentrarse completamente. Su sentido del olfato le indicó el lugar exacto donde se encontraba la sacerdotisa que protegía la preciada Perla de Shikon. Antes de matar a aquel ogro, éste había mencionado que la sacerdotisa que cuidaba la Perla era tan solo una chiquilla. Si él lograba quitarle la poderosa joya, al fin podría convertirse en un verdadero demonio. Finalmente sería respetado y castigaría a todos aquellos que se rieron de él.

El medio demonio abrió los ojos y sonrió con suficiencia. La muchacha no debería estar a más de diez metros de él internada en el bosque. Si la chiquilla ni siquiera se había dado cuenta de su cercanía, dudaba mucho que fuera una sacerdotisa competente. Seguramente acabar con ella sería pan comido. No la mataría por todo lo que su amada madre le había inculcado, pero si la dejaría lo suficientemente herida para que no pudiera seguirle, ni mucho menos atacarle.

Inuyasha se dispuso a correr en dirección al bosque. Cuando pudo divisar una figura vestida con ropas rojas y blancas se detuvo y se escondió en uno de los árboles más frondosos de la zona. Desde allí, estudió con cierto interés a la supuesta sacerdotisa que protegía la preciada Perla de Shikon.

Eran cierto los rumores; la muchacha no debía tener más de catorce o quince años. Traía el cabello azabache suelto y lucía una bonita sonrisa mientras conversaba con un niño que tenía cierto parecido con ella. La chica parecía estar enseñándole sobre las plantas medicinales que estaba recolectando. Las armas de la sacerdotisa eran un arco y flechas que eran cargados por el pequeño niño a su lado. Inuyasha sonrió ante aquello. Ni siquiera tendría que atacar a la muchacha, solo separaría al niño con las armas.

Keh, será más fácil de lo que pensé — susurró el medio demonio alistando sus garras.

Cuando estuvo a punto de saltar sobre ella y el niño, la sacerdotisa se irguió al lado del pequeño y tomó su arco y flechas. Inuyasha se quedó helado. Lo había notado. La sacerdotisa había sentido su presencia y ahora acabaría con él. El medio demonio estaba dispuesto a huir cuando notó que la chica apuntaba en dirección opuesta a él.

Detrás de mí, Sota — ordenó la sacerdotisa con voz firme.

El pequeño niño se agarró de los ropajes de la muchacha y se escondió detrás de ella con cierto temor.

El medio demonio se concentró y, por fin, pudo notar una presencia demoniaca en la dirección donde la muchacha apuntaba con decisión. Algunos árboles temblaron en la distancia y supo que el demonio era poderoso. Claro que para él sería pan comido, pero dudaba aún de los poderes de la muchacha. Finalmente, Inuyasha decidió observar la escena y quizá así lograría conseguir la valiosa Perla mientras la sacerdotisa se distraía con el demonio.

La muchacha disparó una flecha purificadora que atravesó un buen tramo del bosque. Un rugido estrepitoso se escuchó y la enorme criatura se acercó al claro donde se encontraba la sacerdotisa y el pequeño niño a su lado. Inuyasha volvió a preparar sus garras en caso de que el demonio decidiera también atacarle a él. El enorme monstruo se acercó a la sacerdotisa con ferocidad. Debía medir a lo menos unos tres metros de alto y dos de ancho. Tenía la forma de un oso, pero con tres ojos y unos enormes colmillos amenazadores.

Inuyasha notó como la chica, gracias a la flecha que había lanzado con anterioridad, había logrado destruir su brazo derecho. El medio demonio volteó hacía la muchacha, notando decisión en su rostro. Tal vez no era tan débil como pensó.

¡Sacerdotisa!, entrégame la Perla de Shikon — rugió el monstruo con ferocidad.

El demonio saltó con las claras intenciones de asesinar a la chica y al niño que la acompañaba. La chica de cabello azabache retrocedió unos pasos y preparó su arco, lista para atacar. Inuyasha no podía dejar de observar. En los ojos de la muchacha no había ningún rastro de temor, pero tampoco perdían la calidez con la que había estado sonriendo con anterioridad.

La sacerdotisa disparó, terminando así de purificar al demonio por completo.

¡Hermana, eres genial!

Inuyasha observó como la sacerdotisa le entregaba su arco y flechas al niño que le miraba con fascinación. La muchacha se acercó al sesto donde se encontraban las hierbas que había recolectado y lo recogió, para luego seguir al niño que no paraba de parlotear a su lado, diciéndole lo maravillosa y sensacional que había estado.

Inuyasha se tensó por completo cuando notó que la sacerdotisa se detenía y se volteaba en su dirección. Los ojos chocolate de ella parecieron estudiarlo con especial concentración. El medio demonio estuvo dispuesto a huir al temer por su vida —aunque fueron solo unos segundos—, pero no se sintió capaz de mover su cuerpo de aquella rama. Finalmente, y contra todo pronóstico, la sacerdotisa que protegía la Perla de Shikon le sonrió.

El medio demonio sintió como una extraña calidez se apoderaba de su cuerpo. La forma en la que la chica le sonreía; tan confiada, tan sincera… Inuyasha sintió como la sangre acudía a sus mejillas. Nadie nunca le sonreiría de esa forma, jamás.

Nadie.

Solo aquella extraña sacerdotisa.

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Inuyasha abrió los ojos, notando así que ya casi había oscurecido.

Se irguió perezosamente en la rama del Árbol Sagrado y bostezó. No estaba seguro de cuanto había dormido, pero por el color del cielo había sido bastante. Llevó su mano izquierda a haori, palpando así que la Perla se encontrara en su lugar. Sabía que ante cualquier movimiento en el bosque se despertaría, mas era una costumbre y no se sentía conforme hasta sentir que la valiosa joya estaba con él. Inuyasha sonrió tristemente.

Otra vez había soñado con ella.

Aquella fue la vez que se conocieron. Ahora estaba completamente seguro de que Kagome había sentido su presencia desde un principio. Su compañera siempre tuvo ese sexto sentido muy desarrollado: el de leer y comprender el alma de los demás. Siempre le sorprendió la forma en que su mujer se acercaba tanto a las personas, haciéndoles sentir mejor con sus cuidados y sus dulces palabras. Había sido la persona con el corazón más grande que había conocido… suficientemente grande como para haberse enamorado de un medio demonio como él.

Solo Kagome, y después Sota y algunos otros aldeanos, habían sido capaz de aceptarle como uno más, sin condición. La forma en que la chica había preguntado su nombre la primera vez que estuvieron a unos pasos de distancia, la manera en la que la chica confió en él incondicionalmente, el como ella le protegió desde que él le confeso sobre sus noches de luna nueva, la primera vez que rozo su mano con la de ella o la primera vez que se besaron. Todo aquello lo había vivido gracias a que Kagome jamás le juzgó.

Siempre estuvo en deuda con ella… ¿y cómo le pagó él? Dejándola morir en sus brazos.

Inuyasha bajó sus orejas mientras observaba sus garras con enojo. Aun, a pesar de haber transcurrido más de cincuenta años, él podía divisar en su mente el cómo sus manos y garras quedaron impregnadas de la sangre de su mujer. Casi era capaz de sentir como la vida de ella se le escurrió entre las manos sin poder hacer nada al respecto. Cerró sus puños y sintió deseos de destruir todo a su paso.

Su mujer había muerto entre sus manos y él no pudo hacer nada al respecto.

El olor de la muchacha del pozo llegó a sus fosas nasales, haciéndole sentir aún peor. A él no le importaba s aquella chiquilla con mirada de hielo era la reencarnación de su mujer. Con tan solo observarla por un momento pudo notar que era todo lo que Kagome no. La chiquilla con el nombre de Kikyo parecía fría en indiferente a todo. Lo único que parecía importarle era el bienestar de la mocosa que la acompañaba. Bajo cualquier otro criterio, parecía ser una mujer sin sentimientos.

Herida.

Aquella palabra con la vos de Kagome apareció en su cabeza. ¿Herida? Las orejas del medio demonio dieron un tirón y se concentró. Nada. Odiaba cuando sentía tan claramente la voz de Kagome en su subconsciente… casi podía creer que era real. ¿Herida? Inuyasha olfateó el aire nocturno y por fin lo notó. La muchacha fría apestaba a dolor y tristeza. A pesar de que su rostro parecía imperturbable, la esencia de aquellos sentimientos estaban calados muy profundos en el olor que despedía aquella mujer.

Era como oler a una Kagome herida.

Inuyasha se golpeó el rostro un par de veces y bajó del Árbol. Darle tantas vueltas al asunto le estaban volviendo paranoico. Sus pies desnudos sintieron la humedad del terreno con familiaridad. El medio demonio decidió dar unas vueltas en la zona, procurando así que ningún monstruo atacara la aldea. Con paso decidido comenzó a recorrer el bosque que llevaba su nombre.

El aire comenzaba a enfriar.

Luego de una ronda rápida, Inuyasha decidió que quizá debía regresar a la cabaña de Sota para enterarse de qué harían con la muchacha que supuestamente era la reencarnación de su querida mujer. Saltó algunos techos de cabañas en la aldea hasta llegar a la del anciano. El fuego estaba aún encendido y algunas voces tenues inundaban la atmosfera. Cuando estuvo a punto de entrar, una discusión le detuvo…

—No podemos hacer eso, Sota — mencionó Hitomi al interior casi susurrando.

Inuyasha escucho a alguien removerse en su asiento.

—Yo tampoco estoy de acuerdo — objetó la muchacha de mirada fría —. No creo estar capacitada para aquello… además, yo no pertenezco aquí.

El medio demonio movió sus orejas con interés.

¿Capacitada?

—Eres la reencarnación de mi querida hermana — habló Sota con voz firme —. Yo te puedo entrenar, muchacha. Estoy seguro de que lo harás bien.

—Nos dijiste que no querías volver — afirmó Hitomi.

Inuyasha sintió como la muchacha comenzó a desprender un olor a nerviosismo.

—Y… ¿cómo piensan quitársela? — preguntó.

Inuyasha abrió mucho los ojos. ¿Acaso Sota iba a...?

De un golpe, el medio demonio destruyó la puerta de la cabaña. La chica de mirada fría se irguió y tomó en brazos a su hermana, alejándose de él lo más que pudiese. Sota y Hitomi le observaron con tristeza, un poco más acostumbrados al explosivo carácter de Inuyasha. La mirada del mitad demonio estaba rebosante de furia. Observó con odio a la muchacha con ropas extrañas y luego desvió su mirada furibunda hacia Sota.

Quería explicaciones. Ahora.

—¿Quitarle qué, a quién? — preguntó Inuyasha con voz ronca y amenazadora.

Sota suspiró y se paró del tatami con cierta dificultad.

—Inuyasha — comenzó el anciano con cansancio —; estoy completamente seguro de que esta mujer es la reencarnación de mi hermana.

Inuyasha gruñó.

—¡¿Y a mí qué demonios me importa?!

Sota le observó un momento y después desvió la mirada, volviendo a sentirse como el mismo niño indefenso que había perdido a su amada hermana de la peor manera.

—Nosotros… nosotros creemos que lo mejor sería que esta chica continuara con la misión que tenía Kagome — terminó por susurrar el anciano —. Kikyo debería cuidar la Perla de Shikon.

Inuyasha sintió como la furia se apoderaba de él. ¿Hacía cuánto tiempo que no se sentía así? No estaba seguro, pero la ira se estaba encargando de nublar peligrosamente su sentido común. Inconscientemente, el medio demonio llevó su mano hasta donde escondía la Perla. No. No iba a separarse de ella por ningún motivo. Sintió como otra oleada de furia le golpeaba sin piedad tras desviar la mirada hacia la chica de ropa extraña.

—¡¿Quieres que le entregue la Perla a esa mujer?! — gritó fuera de si — ¡¿Quieres deshonrar el último deseo de Kagome?!

Sota retrocedió antes aquellas palabras.

—Kikyo es la reencarnación de Kagome, Inuyasha — agregó Hitomi con el mayor tacto —. Esto será lo mejor. Será como si Kagome estuviese aquí.

Inuyasha casi explotó de enfado.

—¡¿Es como si Kagome estuviese?! — vociferó el medio demonio. Levanto uno de sus dedos, indicando a la chica que sostenía a su hermana en brazos — ¡¿Crees que esa zorra es Kagome?! Mi mujer murió y lo último que pidió fue que yo me hiciese cargo de ti, Sota; y también de la Perla.

Sota sintió como las energías demoniacas de Inuyasha se incrementaban.

—Inuyasha, cálmate, por favor.

—¡Me calmaré cuando dejes de decir estupideces! — gruñó —. Solo estás arruinando los últimos deseos de tu hermana. De mi mujer.

—Inuyasha, llenaras la Perla de maldad — la voz de Hitomi temblaba.

—Entréganos la Perla, Inuyasha.

El medio demonio le sostuvo la mirada al hermano de la única mujer que amó. ¿Cómo podía ser capaz de decir aquellas palabras? ¿Cómo es que no se sentía mal por deshonrar los últimos deseos de la mujer más maravillosa que había pisado la tierra? Inuyasha desvió la mirada hacia la Perla con dolor. Separarse de la Perla sería como perder el único vínculo que compartía aún con Kagome. Renunciar a la Perla de Shikon sería como renunciar a Kagome. A su mujer.

Inuyasha gruñó y huyó lo más rápido que pudo de aquel lugar. Si querían que él entregase la Perla tendrían que arrancarla de sus dedos fríos y rígidos.

Si ellos querían la Perla, tendrían que matarlo.

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Aquí está la continuación, queridos lectores. No me costó nada escribirla a pesar de que tuve bastante contratiempos durante el día jejeje. He terminado de planear la historia y creo que serán alrededor de 60 capítulos. ¿Qué les parece? ¿Estarían dispuestos a leerlo o sintetizo un poco más la historia?

Como ven, Inuyasha la ha estado pasando muy mal, pero el próximo capítulo llegará un personaje con buenas noticias para él (o eso espero jejeje). ¿Qué les ha parecido el Flash Back? He decido agregar un montón durante la historia, así que poco a poco iremos descubriendo como fue que Inuyasha y Kagome se fueron enamorando y así, hasta la muerte de ella.

Sin ya más palabrería, vamos a la contestación de reviews:

Ladybug miau: Son muchas preguntas, querida. Como mencione, y creo que mucha gente me encontrará razón, no le veo el caso a que Inuyasha se enamore de Kikyo. Yo creo que si él hubiese conocido a Kagome primero, jamás se hubiese enamorado de Kikyo, pero es solo lo que yo creo jejeje. En fin, gracias por comentar y espero que el capítulo te guste.

Ca211: Bueno, muchas gracias por el apoyo. Como ves, durante la historia, Inuyasha nos irá mostrando como se desarrolló su relación con Kagome, así que no te preocupes. Yo tampoco soy muy amiga de los UA en casi ninguna historia jejeje. Muchas gracias por comentar y espero que el capítulo sea de tu agrado. Saludos.

Valkiria-San: jejeje me pareció interesante que ya al comienzo de la historia, Inuyasha y Kagome estuviesen casados, además le da cierta angustia a la historia (no es que me guste hacerles sufrir, ¿eh?). Kagome no sabía que moriría, pero si tenía conocimiento de que la Perla no se purificaría con el deseo de traerle de vuelta. Estará presente en recuerdos por ahora, pero te prometo que ya aparecerá. Muchas gracias por comentar, querida. Disfruta el capítulo.

Nena Taisho: Kagome aparecerá en los recuerdos de nuestro querido Inuyasha, así que no la echaremos tanto de menos jejeje, aunque tengo pensado que pronto haga su aparición. Gracias por comentar y espero que te guste el nuevo capítulo.

peketaishouchiha: Aquí está la continuación, querida. Espero que te guste y que disfrutes el capítulo tanto como a mí me gustó escribirlo. Saludos.

hikari-chan: Me pareció interesante darle un comienzo así bien lúgubre a la historia, lo siento. Aquí está la continuación, pero los detalles se irán esclareciendo a medida que avancen los siguientes capítulos. Muchas gracias por comentar y espero que te guste.

Izainu kuro-chan: ¡Muchas gracias! Espero que te guste este capítulo, pues lo he escrito con esmero después de recibir tu comentario, querida. Un gran saludo y disfruta la lectura.

Los siguientes capítulos vendrán más moviditos, así que prepárense. Sé que no ha habido una muy buena interacción entre Kikyo e Inuyasha, pero solo esperen y verán lo bueno que se pondrá todo. Agradezco cada uno de sus comentarios, sus favoritos y todo eso. Espero comenzar a actualizar una vez cada una o dos semanas, así que estén atentos, queridos lectores.

Me despido de ustedes con un gran beso.

Ali'sGrave.

PD: Los invito cordialmente a pasar por mi One-Shot, "Yuki no hi". Es un LEMON de Inuyasha y Kagome que creo que me quedo bastante bien, por lo que dicen los comentarios. Ya saber, por si buscan algo así agridulce que leer (jejeje, les quiero).