CAPÍTULO 4

EL PARTIDO

El cielo estaba despejado y el sol brillaba con fuerza. Ninguna nube daba señales de que fuera a llover. Sin duda, un día estupendo para un partido de fútbol.

Mientras sus compañeros entrenaban, Tai estaba sentado observado al equipo rival. Había oído hablar de su portero, Mirawa Yosiowaka, que decían que era infranqueable.

- La gente tiende a exagerar… - pensó, pero hasta él tenía sus dudas.

De reojo miró hacía atrás, a los bancos de la zona sur, donde sus hermanos, acompañados de Sora y Matt, habían venido a animarle. De ellos estaba ya acostumbrado, pero se llevo una enorme sorpresa al ver aparecer a Kenji.

Pero ahora no tenía tiempo para preocuparse por esas cosas. Este partido era demasiado importante como para perderlo. Si ganaban, tenían el trofeo de la liga casi asegurado, además de una cena pagada por el entrenador.

- ¡Vamos, Tai, tú puedes! – Le animó Kari.

- El otro equipo parece duro – comentó Kenji que llevaba desde que habían llegad observándolos.

- Ahora mismo están primeros en la liga – le explicó Sora – A ese portero no le han metido ni un solo gol.

- ¿Ah, no? – Exclamó un sorprendido Kenji - ¿Tan joven y tan bueno es?

- Eso dicen, yo no lo he visto jugar.

- Vaya…

Sin decir nada más, Kenji se levantó y se acercó a Tai, inclinándose para susurrarle algo al oído. Tai no podía creer lo que su hermano le estaba diciendo.

- ¡Pero… si hago eso…!

- Tú confía en mi, ¿vale?

Tai le iba a protestar, pero Kenji volvió por donde había venido y se sentó al lado de su hermana. No podía creerse lo que le había pedido que hiciera, ¿pero a qué venía eso?

El arbitro llamó a los capitanes de ambos equipos para hacer la elección de campo, así que Tai se dirigió hacía allí.

- ¿Cómo vas, Genai? – Preguntó Tentomon mientras observaba al anciano trabajar con el ordenador.

- La cosa no parece ir bien… en el peor de los casos, el mundo real será destruido.

- ¡Pero eso es terrible! ¡Hay que avisar a Izzy y los demás!

- Tras la derrota de Diaboromon sellaron la conexión entre los dos mundos… no podemos contactar con ellos.

- Oh, no…

- Solo nos queda rezar porque ocurra un milagro.

El público estaba expectante viendo el partido. El marcador estaba 0 – 0, pero era sorprendente ver como, Tai Kamiya, el goleador estrella de la liga, aún no había logrado meter un gol.

Pero no porque el portero rival fuera muy bueno, sino porque estaba tirando todos los disparos por fuera de la portería.

- ¡Kamiya, ¿pero qué te pasa? – Gritó su entrenador - ¡Tienes que meter un gol!

- ¡Si! – Gritó Tai recuperando el balón y dirigiéndose a portería.

Gracias a su compañero, no le costó mucho llegar hasta la portería contraria y estar frente a frente con el portero, Mirawa.

Estaba listo para disparar directo a portería, pero, por alguna razón que desconocía, volvió a fallar el tiro, tirando el balón fuera del campo.

Todo el mundo se quedo expectante, pues era el décimo tiro que tiraba fuera del campo.

- ¿Qué le pasa a Tai? – Preguntó Sora en voz alta, esperando que alguien le respondiese – Nunca ha fallado tantas veces seguidas. Todo lo contrario, tiene muy buena puntería.

- A lo mejor no se encuentra bien… - comentó Kari, preocupada al ver como actuaba su hermano, que no jugaba como siempre.

- No os preocupéis, lo esta haciendo bien.

Los tres miraron a Kenji, que no quitaba los ojos del campo.

- ¿Tiene algo que ver con lo que le has dicho antes? – Le preguntó Matt.

- Bueno… se podría decir – le respondió con una sonrisa.

- ¿Y qué le has dicho si puede saberse? – Le interrogó Sora

- Simplemente le he dado una estrategia, aunque, conociéndole, pensaba que no me iba a hacer caso.

- ¿Y qué estrategia es esa? – Le preguntó de nuevo Sora.

Kenji miró su reloj. Faltaban cinco minutos de partido.

- Ahora lo veréis.

Tai volvió al lado del campo de su equipo para defender, con la cabeza agachada. Siempre había odiado cuando un tiro se le iba fuera del campo, pero fallarlos a posta le hería en su orgullo de jugador.

Miró a su hermano, que asintió con la cabeza. Tal y como le había dicho, estaba fallando a posta todos los disparos, ¿pero realmente pasaría lo que su hermano le había dicho?

En el otro lado del campo, Mirawa hablaba con los defensas de su equipo.

- ¿Y este es el famoso Kamiya Taichi? No es gran cosa.

- Pensábamos que era mejor, lo sentimos capitán.

- Bueno, da igual. El empate nos viene bien. Pero si viene a portería dejarle pasar, volverá fallar. Es muy malo. No entiendo como puede ser el máximo goleador de la liga.

- Habrá tenido suerte.

- Si, eso será.

Mirawa se sentía decepcionado. Le habían hablado maravillas de ese chico, y esperaba un auténtico desafío, pero había sido decepcionante. No sería capaz de marcar ni aunque la portería estuviera vacía.

Estaba claro, los otros partidos había metido gol por suerte. Si, habría sido eso, no podía haber otra explicación.

Solo quedaban cinco minutos de partido, así que era hora de terminar con el partido.

- ¡Venga, muchachos, meted un gol y ganemos este partido! – Gritó mientras lanzaba el balón por los aires en dirección a un delantero.

Antes de que llegará a su destino, Tai lo interceptó y comenzó su carrera hacía la portería rival.

Algunos jugadores iban a salir a su encuentro, pero su capitán los detuvo.

- ¡Dejadle pasar! – Ordenó.

Sus compañeros no estaban muy seguros de su orden, pero hicieron lo que su capitán les ordenó y dejaron pasar a Tai, que continuó su carrera en solitario hacía la portería.

Mirawa se cruzó de brazos. Iba a fallar de nuevo, estaba claro. No merecía la pena ni que se molestase en intentar parar el balón.

Cuando Tai llegó al borde del área de la portería, disparó. Fue un visto y no visto, el balón entró como una bala en la portería de Mirawa que se quedó de piedra al ver como el balón pasaba por su lado sin que pudiera evitarlo.

Lentamente se giró, no creyendo lo que estaban viendo sus ojos. Pero si, ahí estaba, el balón que Tai había disparado había entrado en la portería.

Se produjo el silencio en todo el campo. Nadie se atrevía a decir nada, pero el pitido del silbato del arbitro, indicando el final del partido, lo rompió.

- ¡Hemos ganado! – Exclamó un compañero de Tai que se lanzó sobre su capitán, al igual que varios de sus compañeros.

Muchos del público vitorearon al equipo ganador, y otros sin embargo estaban decepcionados por la actuación de Mirawa, que estaba de rodillas mirando al suelo, sin creer aún lo que había pasado.

- Ya lo entiendo… Tai ha fallado aposta para que creyesen que era muy malo chutando y así hacer que se confiasen… - comentó Matt.

- Muchas veces, un jugador dispara mal cuando cree que el portero es mejor que él, pero, ¿qué pasa cuando es el portero quién cree que es mejor que tú? Se confía y se piensa que no vas a poder meterle un gol. Este es el resultado.

- ¡Venga, vamos a felicitarle! – Animó Sora a sus amigos y se dirigió hacía allí con Matt.

Kenji se iba a dirigir con ellos, pero la mano de Kari le detuvo.

- ¿Qué pasa Kari?

- Me prometiste que después del partido me llevarías al zoo.

- ¿Eh? Pero, ¿no deberíamos felicitar a Tai?

- ¡Eso podemos hacerlo en casa! ¡Sino vamos ahora se hará muy tarde!

- Pero…

Kenji miró a su hermana, que casi parecía que fuera a matarle con la mirada como si siguiera protestante. Suspiró, derrotado.

- Bueno, a veces creo que tienes derecho a ser algo egoísta. Vale, vámonos.

- ¡Bien!

Kari subió corriendo la colina que daba a la carretera, no tardando ni diez segundos en llegar.

- ¡Vamos, de prisa, de prisa!

- Voy, voy…

Kenji sonrió. Por lo que le habían contado en las cartas, Kari se comportaba de una forma muy madura para su edad, pero le alegraba ver que a veces llegaba a comportarse como una niña de su edad, de una forma egoísta y caprichosa.

Sin nada más que decirse, le agarró de la mano y se pusieron en marcha al zoo.