Disclaimer: Yu-Gi-Oh sigue sin ser mío, porque miren que de ser así ya hubiera salido una referencia a María la del Barrio.


Mi necesidad de terminar esta cabrona.


-4-

La más grande desventaja de ser vicepresidente de KaibaCorp es que una vez que Mokuba terminó la universidad Seto no se tentó el corazón y se encargó de ponerlo al corriente con todo el trabajo que no hizo y hacerle saber de las verdaderas obligaciones que tenía su posición. Una de ellas era encargarse de todo lo que su hermano no tuviera tiempo de hacer, o como usualmente lo decía: "estupideces que me quitan el tiempo".

Eso incluía la fiesta anual de Kaiba Corp para los inversionistas y socios. Si por Seto fuera, esa fiesta no existiría, pero la tuvo que hacer por insistencia del departamento de relaciones públicas; ya que un evento de esta clase ayudaba a su imagen y mantenía amenos y contentos a sus trabajadores. Claro que hacerla no implicaba que se quedara porque para eso tenía a Mokuba que podía ir a darle la cara a todo el mundo mientras les decía que "Seto no pudo estar presente porque tenía asuntos que atender en…" y finalizar con el país de su elección. Muchas veces, entre más lejano, mejor.

Ser el anfitrión de tan agotador evento no le molestaba en lo absoluto a Mokuba, a diferencia de Seto, él sí podía desenvolverse sin problema en eventos sociales de este tipo, sonreír a todo el mundo (aunque algunos no fuese de su agrado) y hacerlos sentir como si de alguna manera fueran algo más que un número o un nombre en la nómina. Pero si había algo que Mokuba disfrutaba más que nada, era la cantidad de información que un evento así podría traerle.

O sea sí, para Seto muchas veces eran un montón de chismes dignos de un programucho de farándula, pero Mokuba era un poquito más suspicaz en todo aquello. Él sabía tratar a la gente después de todo, y lo que podría ser un chisme, sobre la posible relación entre dos socios, mañana podría ser un nuevo proyecto en conjunto entre los involucrados al cual ninguno se negaría ante la posibilidad de pasar más tiempo juntos. Algo así trabajaba él.

Y tal vez esa noche, el dato más importante -no tanto por su posible uso futuro, sino por lo "jugoso" que era para su círculo de amigos cercanos- fue ver a Duke Devlin (socio de KaibaCorp desde hace unos años, ya que era quienes proveían la tecnología de hologramas para Dados de Monstruos del Calabozo) llegando con Rebecca Hawkins de la mano. No del brazo como se acostumbraba en una clara muestra de cortesía, sino que la traía tomada de la mano (entrelazados para ser precisos). Y tal vez Mokuba no hubiera pensado mal de no ser porque fue Duke quien al darse cuenta de que los observaba la soltó de inmediato. La rubia lo miro extrañada y él sólo se limitó agachar la cabeza para decirle algo al oído. La vio tensarse, asentir y después se fue de ahí en otra dirección. Duke ni la vio irse porque seguía mirando a Mokuba a quien sonrió, después caminó en su dirección, por lo que él menor de los Kaiba fue a su encuentro.

—Tanto tiempo sin verte Mokuba.

Duke extendió la mano y el joven vicepresidente le regresó la cortesía.

—Creo que ha sido un año, la fiesta del año pasado si mal no estoy —entonces su sonrisa se ensanchó un poco más y lo miró con suspicacia— ¿has estado viajando mucho?

Duke se encogió de hombros sonriendo levemente.

—Tu sabes como es esto.

Mokuba sonrió más si podía, y al parecer eso no le gusto al "entrepreneur" delante suyo.

—Claro que lo sé, por eso me extraña. Hasta donde tenía entendido a tu juego le ha ido de maravilla tanto aquí como en América.

—Sí, así es.

—Y tu base de operaciones no es precisamente fija.

—Mokuba, que estas…

—Está bien iré al grano, ¿estás saliendo con Rebecca? —y con su dedo pulgar señaló en la dirección en que la rubia se había ido— Porque no encuentro otra explicación a que hagas viajes a Estados Unidos tan seguido.

Duke entrecerró los ojos, obviamente molesto, pero a Mokuba no le importó para nada. Esto que estaba pasando era chisme ¡Y chisme del bueno!. Porque hasta donde él sabía, Yugi y los demás no tenían ni idea de que Duke estaba viendo a alguien y que se tratase ni más ni menos de la voluntariosa de Rebecca.

—¿Tú qué sabes de mis viajes y qué te importa?

Mokuba abrió la boca sorprendido pero su sonrisa de regocijo ante lo que acababa de descubrir aún era apreciable.

—Noooo ¿es en serio? —giró su cabeza como si estuviera buscando a la rubia— Espera a que le diga a Yugi y los demás.

—¿Decirles qué?

Mokuba se sobresaltó al escuchar esa voz, que aunque tenía más tiempo sin escuchar (la última vez en la boda de Yugi hace poco más de tres años), ese tono exigente lo reconocería en cualquier lado. Se dio la media y no pudo evitar mirar con burla a rubia enana -"¡PETITE!" corregiría ella-.

—Hola Rebecca, ¿cómo así que estás saliendo con Duke y nadie sabe?

Rebecca se cruzó de brazos, y a diferencia de Duke lucía bastante tranquila.

—No sé —se encogió de hombros—, me imagino que de la misma manera en la que Kaiba no sabe del stuntman de Los Angeles o tu entrenadora personal, o mejor aún, del 420[1] en Vancouver.

A Mokuba se le cayó todo: la sonrisa, el alma, el estómago, y sólo porque era imposible sino también se le hubieran caído los calzones.

—No hay manera…

—Hay fotos y registros —dijo con simpleza la bruja, es decir, la pequeña harpía. Con perdón de las harpías de Mai.

—Están encriptados.

Rebecca sonrió como el gato cheshire. Fuck.

Estaban, encriptados —corrigió.

Mokuba miró a Duke entonces, quien al parecer estaba más que contento con la manera en la que todo estaba procediendo.

—Creo que no hay más que decir al respecto Mokuba.

El menor se cruzó de brazos, ahora si molesto.

—¿Ah sí? Los van a ver.

—Sí, porque vengo hacer negocios contigo y tu hermano, lo cual es totalmente normal entre una genio en informática y programación. Duke amablemente accedió a traerme como su "+ 1" para que pudiera hablar con ustedes.

Mokuba hizo una mueca, pero al final suspiró resignado, accediendo a su destino.

—Está bien, está bien. Yo no diré nada.

Los otros dos se miraron sonrientes, pero en toda la noche no volvieron a tomarse de la mano.


[1] 420, es una especie de código que hace referencia al consumo de la cannabis o como la conocemos todos: marihuana. Por eso, el 20 de Abril se considera como el día de la marihuana y se hacen festivales y demás donde la gente se junta a consumirla. En Vancouver (Canadá) es bastante popular. La escogí al ser un lugar cerca de América donde me imagino que Mokuba habría estudiado la universidad, y pudo haber ido a probar esta festividad, más por curiosidad que por adicto o gusto por la hierba.