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Capítulo tres: Legifer perfecta

Era viernes y Hermione caminaba por el corredor hacia su siguiente clase. La semana había pasado volando y como ella llegó el lunes en la tarde, se perdió por consecuencia, las clases del lunes en la mañana. Era fácil adaptarse a la vieja rutina de la escuela. Hermione la había extrañado mucho desde que tuvo que dejar Hogwarts al término de su sexto año. Pero todavía sentía podía sentir un extraño sentimiento de desapego. Como si ella no perteneciera a este lugar. No solamente a este aquí "los cuarenta", sino que ella ya no pertenecía a esta escuela. Ella no era uno de ellos. Había visto demasiado. Tiempo atrás, hubo un momento en donde las clases, evaluaciones y deberes eran cosas muy importantes para ella. Tenía que tener éxito en cada una de sus clases. Oh, las horas que había pasado estudiando en la biblioteca, Hermione recordó con una sonrisa. Pero ahora, todo eso no era más que un distante recuerdo. Ella había aprendido que existen cosas más importantes en la vida que obtener una E en cada asignatura.

Ella llegó al salón de clases, la profesora todavía no había arribado, notó. Los estudiantes estaban amontonados en el pasillo. Esta iba a ser su primera clase de Encantamientos y Hechizos para el cuidado del hogar. Ella no esperaba con ansias el inicio la clase, porque no le gustaba la maestra, la profesora Legifer. Esa mujer en verdad la molestó con todo su sermoneo, además ella era la razón por la cual Hermione llegó tarde a su clase de encantamientos y, por consecuencia, tuvo que sentarse al lado de Riddle.

—Hola, Hermione, por aquí. —alguien la llamó.

Hermione se volteó y vio a Lucia haciéndole señas. Parada a su lado estaba Diana, Rose y Viola. Todas sus compañeras de dormitorio reunidas, ¡alegría!

—Hey. —Hermione se acercó a ellas y notó que esta clase consistía en estudiantes de las cuatro casas.

Eso era inusual. Además eran solo chicas. Hermione tenía un mal presentimiento del por qué habían solamente chicas, pero tenía que preguntar de todas formas.

—¿Dónde están todos los chicos?

Ellas la miraron como si, de un momento a otro, le hubiese crecido una segunda cabeza.

—¿Por qué tendrían que haber chicos aquí? Es cuidado del hogar, Hermione. —Lucia la miró sorprendida.

—No me digas que no aprenden hechizos para el cuidado del hogar en Francia. –Viola dijo con su voz engreída.

"Claro, los cuarenta". Hermione pensó. "Y allí van volando los derechos de la mujer por la ventana".

—Um…No, en realidad no. —Hermione dijo para fastidiarlas.

—Y allí el origen de su problema, señorita DeCerto. —Una voz severa aseguró detrás de ella.

Hermione cerró sus ojos e intentó mantener su carácter de vuelta bajo control, pero su intento fue en vano. Pero de todas formas se dio media vuelta y allí, frente a ella, estaba la profesora Legifer. Ella estaba enderezada en todo su alto con su cabello negro atado en un peinado que lucía indestructible. Ni una hebra de cabello fuera de lugar. Hermione solo podía adivinar cómo la mujer podía lograr ese peinado. La ropa de la mujer estaba igual de impecable. Su túnica exterior negra estaba perfectamente limpia. Debajo traía una blusa blanca y una falda larga de color gris. Todo era perfecto, nada fuera de su lugar.

—Señoritas, hora de entrar. —La profesora Legifer abrió la puerta.

Las chicas entraron rápidamente y tomaron sus asientos correspondientes sin decir ni una palabra. Hermione siguió a sus compañeras de cuarto y tomó un asiento al lado de ellas. Por desgracia, estaba en la primera fila.

—¿Quién puede decirme qué aprendimos la lección anterior? —La profesora Legifer preguntó sin demora. —Señorita Thomsom, por favor.

Una chica nerviosa de Ravenclaw se paró y dijo con voz un tanto temblorosa. —No… nosotras aprendimos sobre las distintas clases de métodos de limpieza.

—Correcto. ¿Y cómo se llaman exactamente los hechizos de limpieza? —La profesora Legifer continuó su cuestionamiento—. ¿Señorita Yaxley?

Una Slytherin se incorporó. —Tesus cella y Extrico—. Para ordenar una habitación.

—Eso es correcto. Ahora avanzaremos hacia los hechizos de lavandería. —La profesora Legifer empezó a caminar de un lado para otro en el salón de clases—. Señorita DeCerto, ¿Qué hechizos conoce para limpiar la ropa?

―¡Ehm! Conozco el hechizo Scorgify, profesora. ―Hermione se había sorprendido cuando la mujer se dirigió a ella.

―Señorita DeCerto, en mi clase se pone de pie cuando me dirijo a usted. Cinco puntos de Gryffindor.

Hermione se paró, empezaba a sentirse muy enfadada otra vez. ―conozco el hechizo Scorgify, profesora― dijo con voz fría.

―¿Y eso es todo lo que sabe sobre lavandería? ―la profesora ahora estaba parada justo al lado de Hermione.

Ella observó el pelo y ropa de Hermione y parecía estar siendo ofendida personalmente con lo que veía. Hermione casi rodó sus ojos.

―¿Y cómo dobla la ropa después de limpiarla? ¿Cómo remueve manchas que no pueden ser limpiadas con un simple Scorgify?

―¿No lo sé? ―Hermione contestó arrogantemente, a pesar de que ella conocía una manera. Al estilo muggle, es decir, la lavadora. ¿Tenían máquinas para lavar la ropa en los cuarenta? Ella no lo sabía.

―Otros cinco puntos de Gryffindor, señorita DeCerto. Considerando el estado en que se encuentran sus ropas, haría bien en tomar atención en esta clase.

La profesora Legifer se alejó de la mesa de Hermione y comenzó a hablar sobre sus, oh Dios mío, tan importantes hechizos de lavandería. Hermione se sentó ruidosamente en su silla. Decidió que esa clase era una total pérdida de tiempo.

―… Quiero que todas practiquen este hechizo. Tomen una de estas túnicas de aquí. ―Legifer levantó una caja repleta de diferentes túnicas―. Y hagan su mejor esfuerzo.

Hermione, quién se había distraído por los últimos quince minutos, no sabía que hechizo estaban practicando ahora.

―Ah, señorita DeCerto, usted no tiene necesidad de tomar unas de esas túnicas. ―La profesora señaló sus túnicas con una sonrisa malvada―. Puede intentarlo con su propia túnica, parece estar lo suficientemente sucia.

Hermione arrugó el ceño pero se quedó callada. Cuando la caja llegó a su altura, tomó una de las túnicas que estaba bastante polvorosa.

―¿Qué se supone que tenemos que hacer? ―Le preguntó a Rose, quien estaba sentada a su lado.

―Tienes que mover tu varita de esta forma. ―Ella agitó su varita en el aire―. Y decir Abstergo.

Está bien, eso parece ser bastante fácil, Hermione pensó. Ella movió su muñeca rápidamente y su varita aterrizó en su mano.

―Señorita DeCerto, en el nombre de Merlín, ¿Qué es eso? ―La profesora Legifer estaba parada justo detrás de Hermione.

Hermione estaba pasmada. ¿Qué había hecho ahora? Miró a la profesora ausente, mientras el resto de la clase la observaba.

―¡Muéstreme su brazo!

Por unos segundos Hermione pensó que se refería a su brazo izquierdo, el cual todavía estaba bastante moreteado por su aterrizaje del viaje en el tiempo. Pero la profesora tomó su brazo derecho y enrolló la manga de la túnica, exponiendo la funda de su varita.

-¡Ajá! ―La profesora dijo como si en ese instante, en vez de una inofensiva funda de varita, hubiese encontrado la marca tenebrosa en el antebrazo de Hermione

Hermione la miró con el ceño fruncido. ―¿Y?

―Una jovencita no usa algo como esto, señorita DeCerto. Es indecente. ―la mujer gritó.

―Bueno, es totalmente útil. ¿Cómo se supone que voy a batirme a duelo sin esto? ―Hermione sacudió su cabeza negativamente ante la ingenuidad de la mujer.

―D…d… ¿duelo? ―La profesora lucía escandalizada―. Señorita DeCerto, usted es incorregible. Un caso perdido. En verdad no envidio a su futuro esposo.

Con esas palabras dejó libre el brazo de Hermione y se alejó. Hermione la observó sin poder creerse lo que acababa de escuchar.

"¿Mi futuro esposo?" Su ojo izquierdo empezó a mostrar un tic nervioso.

_._._._._

―Wow, Hermione. Eso fue tan valiente de tu parte. Mantener tu lugar frente a esa vieja dragona de esa forma. ―dijo Rose.

Ellas se dirigían a su siguiente clase, Transformaciones. Hermione todavía estaba irritada por su clase anterior. Cuando llegó a los cuarenta no pensó sobre el anticuado rol de la mujer al cuál se tendría que enfrentar.

―¡Pffh! ¿Esa mujer quién se cree que es? ¿Hablando sobre mi futuro esposo? ¡Una mierda! ―Bueno, Hermione estaba todavía molesta.

―Hermione, deberías ser cuidadosa. ―Diana dijo reconciliadora. ―Digo, tú vas a necesitar esos hechizos más adelante. ¿Quién se va a casar con una chica que ni siquiera puede hacer el más simple de los hechizos para cuidar del hogar?

Hermione estaba sorprendida que este comentario proviniera de Diana. Ella había parecido, hasta ahora, ser la única cuerda del montón.

―Bueno, yo no tengo que saber esos horribles hechizos. ―Viola dijo presuntuosa.

―¿Y a qué se debe eso, si se puede saber? ―Lucia preguntó.

―Porque mi esposo va a ser un sangre pura. Él va a ser rico y los elfos domésticos van a hacer todo el trabajo. Por eso.

En este punto de la conversación Hermione decidió apartarse. No podía soportar escuchar más de esas idioteces. Solo le quedaba esperar que en su siguiente clase de Encantamientos y Hechizos para el cuidado del hogar, no perdiera la cabeza para no acabar matando a la mujer. ¿Cómo reaccionarían Ron y Harry si pudieran verla ahora? Ron probablemente se reiría y diría: "mejor tú que yo, Hermione". ¿Y Harry? Con su complejo de salvar gente, él simplemente entraría a su próxima lección y la sacaría de allí sin demora. Hermione sonrió tristemente al pensar en sus amigos perdidos.

Ellas llegaron al salón de transfiguraciones. Una vez allí inmediatamente vio a Longbottom, Waesley y Lupin sentados en la primera fila. A su lado había un asiento libre así que ella se les unió, lo que sea para liberarse de una vez por todas de esas parlanchinas.

―Hey, Hermione ―Longbottom saludó, sonriéndole. ―¿Cómo has estado?

―Oh ¡Perfectamente! ―Ella dijo sarcásticamente.

―¿Qué pasó? ―Preguntó Lupin

―Profesora Legifer ―Fue la única respuesta que obtuvo.

Escuchó a alguien reírse de lo que dijo y al darse vuelta en su asiento, para ver quién era, gruñó. Justo a sus espaldas se sentaba Tom Riddle. ¡Simplemente perfecto! ¿Así que Transformaciones era una clase entre Slytherins y Gryffindors? Ella no se había dado cuenta de eso cuando entró a la clase. Era la primera clase así después de Encantamientos y, por supuesto, él se tenía que sentar directamente detrás de ella. Que confortable, tener al Dark Lord sentado justo a tu espalda.

Él estaba sentado en su silla de forma tranquila y le mandó una de sus encantadoras sonrisas. Hermione notó que él se veía muy atractivo, como siempre.

―¿Y de qué te estás riendo? ―Hermione dijo poco amistosa.

Vagamente pensó que no era buena idea hablarle a Tom Riddle de esa forma, pero en ese momento simplemente no le importaba. Sus maneras amistosas e incluso coquetas habían colmado su paciencia desde la clase de Encantamientos. No, desde que había tratado de conquistarla en el Gran comedor. Él le había sonreído e intentado ser amistoso con ella. Él. Él hombre que en el futuro va a matar a todas las personas que significan el mundo para ella.

Ante su respuesta la sonrisa de Riddle vaciló un poco. Él todavía la mantenía pero sus ojos cambiaron completamente. Antes, tenían un brillo invitador e incluso se veían amigables, pero ahora su mirada estaba endurecida y fría. Además había un aire homicida detrás de esa sonrisa suya. Hermione se puso precavida.

¿Cómo se atreve a hablarle así? Riddle estaba enfurecido. Él podía sentir como ese familiar odio frío se apoderaba de su mente. Esa chica, DeCerto, iba a recibir su merecido.

—Oh, lo siento, no era mi intención ofenderte. —Él dijo con su voz más suave y le envió una sonrisa humilde.

Ella pareció creerle y se dio vuelta para reanudar su conversación con aquellos tres idiotas. La puerta del salón de clases se abrió y Dumbledore ingresó al lugar. Oh, como desprecia a ese viejo senil. Incluso la magia que Dumbledore emana le desagrada en gran medida, haciéndole sentir incómodo.

—Hola clase. —Dumbledore sonrió a toda la clase.

Bueno, saludó a todos menos a Riddle. El estúpido anciano tenía una mirada despectiva reservada solo para él. Riddle le devolvió la mirada con una expresión vacía.

—Hoy vamos a tener una lección práctica.

Ante este anuncio la clase pareció volverse mucho más entusiasta.

"¡idiotas!".

—Pero antes de que empiecen con el trabajo práctico, primero revisemos la teoría detrás de lo que se va a hacer. —dijo Dumbledore. —Quiero que transformen estos lagartos negros de Honduras en una copa. ―Mientras decía esto sostenía una caja repleta de lagartos negros bastante grandes.

― Ahora, ¿quién puede decirme dónde podría ocurrir una posible dificultad al realizar la transformación?

"el problema está en que estos estúpidos ineptos ni siquiera son capaces de transfigurar un fósforo en una aguja. Aunque me pregunto de quién es la culpa". Con éxito Riddle suprimió una sonrisa malvada mientras mantenía su mirada fija en Dumbledore. Él por su puesto, sabía por qué era difícil transformar un lagarto, pero no iba a levantar su mano. Transformaciones era la única clase en la que no se esforzaba, en realidad, ¿Cuál era el punto de intentarlo? Dumbledore simplemente lo ignoraría. Además Riddle no quería malgastar su tiempo intentando ganarse la buena opinión del hombre. No funcionaría de todas formas. Dumbledore lo odiaba y sospechaba que él era el responsable por toda clase de fechorías. En todo caso, no es como si estuviera pensando algo equivocado, pero Riddle odiaba como el hombre podía ver a través de él. Lo único que impedía que expulsara a Riddle de la escuela para arrojarlo después a Askaban era que no tenía verdadera evidencia que revelara la culpabilidad de Riddle en todos esos crímenes.

"El viejo idiota no resultó ser tan inteligente como dicen".

Él fue arrancado de sus pensamientos cuando la chicha sentada frente suyo levantó su mano.

―Señor, la dificultad para transformar uno de esos lagartos negros radica en que ellos son criaturas mágicas. ―Ella contestó sin demora.

"Pff, así que sabe lo que un lagarto negro es, probablemente porque hay una colonia entera de ellos viviendo en su asqueroso bolso".

―Eso es correcto, señorita DeCerto. ¿Y sabe por qué es difícil transformar una criatura mágica? ―Dumbledore le preguntó.

―Señor, la primera ley de Wilson sobre el equilibrio mágico claramente dice que no es posible para un mago imponer su magia sobre cualquier objeto, ser o hechizo que es mágicamente más poderoso que el poder del mago.

Además Jackson dice en su publicación: Transfiguración y el valor de los límites mágicos, que antes de transformar un objeto o ser, es necesario antes traspasar la energía mágica a dicho objeto o ser.

Tomando en cuenta la ley de Wilson, Jackson concluye que es solo posible transformar un objeto o ser mágico que tienen menos energía mágica que el conjurador del hechizo.

Después de su exposición la clase entera miró impresionada a DeCerto. Incluso Riddle tenía que admitir que incluso él estaba ligeramente sorprendido, pero por principio el no observaba fijamente a nadie. Por otro lado Dumbledore no parecía estar ni lo más mínimo asombrado por su conocimiento y le sonrió a la chica satisfecho.

―Muy bien señorita DeCerto. Diez puntos para Gryffindor.

Riddle sintió como su furia se volvía a alzar. ¿Diez puntos por saber los conceptos básicos? Si él hubiese contestado la pregunta de Dumbledore, o por un lado no hubiera obtenido ningún punto o sin más habría sido expulsado de la clase por hablar fuera de lugar. Si odio por Dumbledore opacaba su desagrado por DeCerto.

"Quizás debería simplemente maldecirlos a ambos".

―La señorita DeCerto tiene toda la razón. ―Hermione escuchó a Dumbledore decir. ―Es por eso que escogí este tipo de lagartos. Ellos poseen un origen mágico, por consecuencia poseen una mayor resistencia contra los intentos de modificar su forma.

Dumbledore comenzó a caminar de un lado a otro frente a la clase.

Hermione estaba absorbida en su lección. Ella había estado esperando con ansias el momento de tener clases con su antiguo director. Él era un gran mago, y su muerte dos años atrás había sido un gran golpe para su bando. En realidad su muerte marcó el verdadero comienzo de la guerra de Voldemort contra la Orden y el Ministerio. Sin Dumbledore no había nadie capaz de pararlo. Inmediatamente después de la caída de Dumbledore todo había estado atestado de desapariciones y horribles asesinatos. Ya nadie estaba a salvo. Muchas personas se habían unido al bando de Voldemort guiados por el miedo de perder sus vidas, y muchos más porque antes habían estado demasiado asustados de Dumbledore. Verlo ahora sano y salvo creaba un sentimiento confortable dentro de Hermione. Ella nunca había sido tan cercana al hombre como Harry, pero siempre supo el extraordinario mago y gran persona que había sido.

"Incluso con todas sus fallas". Agregó Hermione con una sonrisa.

―Estos lagartos son en realidad una gran fuente de magia. Su muda de piel, conocida como polvo de Tegucigalpa, es uno de los más potentes ingredientes para pociones. Ahora cada uno tome un lagarto y haga su mejor esfuerzo posible. ―Los ojos de Dumbledore brillaron mientras el observaba a sus alumnos.

Después de decir eso Dumbledore le dio una caja de lagartos a Lucia quien estaba sentada en una de las mesas de primera fila. Ella a regañadientes recibió la caja y le dio un ligero vistazo de disgusto a los oscuros reptiles. Tomó uno de los lagartos y lo sacó fuera de la caja y chilló cuando se retorció en su mano. Sus vecinas de mesa, Rose y Viola estaban incluso aún más reacias a tocar los animales. Hermione rodó sus ojos ante su comportamiento. Sin demora, la caja alcanzó su mesa. Weasley, Longbottom y Lupin no parecían tener ningún problema con la idea de lidiar con los reptiles. Hermione tomó uno para ella, ellos eran realmente unos hermosos lagartos.

―Ahora pueden comenzar. ―Dijo Dumbledore después de asegurarse que todos tuvieran su lagarto.

Primero Hermione observo a los otros estudiantes, quería saber que tan bueno era su desempeño. Obviamente la tarea era difícil porque nadie había logrado transformar su lagarto hasta el momento. Rose lo único que había logrado era alargar su lagarto, lo que causó que los gritos provenientes de su mesa aumentaran. Un chico de Gryffindor, cuyo nombre era Jorkins si Hermione recordaba correctamente, había logrado formar una copa negra. Pero no lograba mantener su forma por más de unos segundos.

―¡Ten cuidado Weasley! ―ella escuchó que Lupin refunfuñaba a su lado.

Weasley de alguna manera había logrado agrandar la boca con filosos dientes de su lagarto, y ahora, el animal estaba intentando comerse el animal del otro chico.

―¿Cómo te las arreglaste para hacer eso? ―Longbottom preguntó a modo de conversación. Su lagarto todavía permanecía intacto a pesar de sus muchos intentos por cambiarlo.

―No tengo ni la más mínima idea. Pude incluso haber inventado un nuevo hechizo. ―Agregó Weasley con una sonrisa revoltosa.

Hermione decidió que era hora de intentar el hechizo en su lagarto, antes que el animal fuera comido por su hermano carnívoro. Ella tomó su varita y concentró su magia, luego la agitó pensando:

"Mutatio calix!"

Pudo sentir como su magia alcanzaba al lagarto y se apoderaba de su forma, luego ella intentó influenciarla para poder modificarla. Al principio se sintió como cualquier otra transformación pero luego ella sintió como golpeaba algo similar a una barrera que frenaba sus esfuerzos. Eso debía ser la magia propia del lagarto. Hermione tenía que concentrarse más en su propia magia para poder superar la barrera. Al momento en que pudo sentir como el obstáculo cedía pudo sentir algo más. Era una magia extraña que no provenía del lagarto sino que en realidad provenía de su interior. Al principio no era posible distinguirla de su propia magia, pero ahora si ella se concentraba podía sentirla. Estaba entrelazada con su propia magia habían retrasos de otro tipo de magia. Hermione se tensó. Supuestamente eso no tendría que pasar. Intentó liberarse de esa magia pero no era posible porque estaba enroscada demasiado fuerte alrededor de la de ella. Intentó también apoderarse de la magia extraña pero eso también fue inútil. Mientras más se concentraba en ella más sentía como se escapaba como agua entre sus dedos. Hermione no sabía que estaba pasándole, algo estaba seriamente mal. Ahora se sentía en estado de pánico.

―¿Hermione? ¿Estás bien? Te ves pálida. ―Lupin le preguntó preocupado.

"Mantente firme. Ahora no es el momento adecuado para perder la cabeza". Hermione respiró profundo y luego usó su propia magia para derribar las defensas del lagarto. Inmediatamente el animal perdió su forma y se transformó en una copa plateada.

Ella levantó su mirada para mirar a Lupin y dijo: ―Estoy bien. No te preocupes.

Lupin y Weasley, además Longbottom junto a ellos, miraron sorprendidos con la boca abierta a su copa.

―Wow, genial Hermione. Lo lograste. ―Longbottom estiró su mano para alcanzar la copa.

―¡Oye! ¡Déjame tocarlo también! ―Weasley le arrancó la copa para observarla.

―¿Cómo lo hiciste? ―Lupin examinó el cáliz impresionado.

Dumbledore notó la conmoción y caminó hacia la mesa que compartían.

―¡Señorita DeCerto! Excelente, excelente. ―Exclamo mientras tomaba la copa de las manos de Weasley. ―Una transformación hecha de forma perfecta. Veinte puntos para Gryffindor.

Hermione se sonrojó ante el alago de Dumbledore. No había sido tan difícil. Si su magia no hubiese sido invadida habría podido hacerlo incluso antes. ¿Realmente nadie más había logrado la transformación? En ese momento recordó a Riddle sentado atrás de ella. ¿De seguro era él capaz de lograrlo? Pero Dumbledore estaba parado justo frente de ella, así que él sería capaz de ver si ha Riddle transforma su lagarto. Y entonces Slytherin también sería recompensado con veinte puntos.

Ella arriesgó una mirada hacia Riddle. Él estaba sentado en su puesto con sus brazos cruzados sobre su pecho. Su rostro estaba carente de toda emoción, sin revelar ninguno de sus sentimientos. Pero ella podía leer sus ojos, ellos eran increíblemente intensos. Hermione podía jurar que había un atisbo de rojo en los ojos de Riddle mientras él miraba con odio a Dumbledore. Lucía listo para asesinar al otro hombre.

En su escritorio frente a él, se encontraba una hermosa copa dorada ricamente ornamentada.

Hermione volvió su mirada hacia a Dumbledore en desconcierto. Ella no lo conocía como una persona poco arbitraria. Pero él obviamente ignoró el logro de Riddle. De ninguna manera es posible que el profesor no pudiera ver la copa dorada de Riddle que se encontraba directamente frente a él. Por todo el tiempo que ella había conocido al hombre, él nunca había sido prejuicioso, ni siquiera frente a una falta. Pero allí estaba él, ignorando el trabajo de un Slytherin mientras alababa a un estudiante de su propia casa. ¿O quizás esto tiene que ver con un problema entre Riddle y Dumbledore, y nada que ver con las casas? Esa era la explicación más probable Hermione razonó. Harry le había dicho a ella y a Ron que Dumbledore nunca había confiado en Riddle. Incluso cuando ellos eran profesor y estudiante en Hogwarts. Dumbledore siempre había sospechado que Riddle era el culpable de la muerte de Myrtle la llorona, incluso si nunca encontró la evidencia necesaria para culparlo. ¿Cuándo era que eso había pasado? En el quinto año de Riddle, Hermione recordó. Así que eso pasó hace ya un año. Por supuesto que Dumbledore no está dispuesto a otorgarle puntos a un alumno al cual sospecha ser un asesino. Hermione realmente no puede culparlo.

Mientras Hermione estaba pensando en la relación del hombre con Riddle, Dumbledore había continuado con su lección. Él ahora estaba hablando sobre la problemática existente entre entidades mágicas y la transfiguración. Hermione tuvo que poner mayor esfuerzo para poder concentrarse y seguir la clase porque todavía seguía sobresaltada por aquella extraña magia que había experimentado. Además Dumbledore parecía tener el hábito de hablar sobre un tema en específico para luego cambiar abruptamente a otro, para luego regresar al tema anterior. Resultaba difícil seguir su explicación. Hermione solo lo logró porque ella ya conocía el tema del que estaba hablando. Su pergamino estaba repleto de apuntes. Al terminar la lección pudo ver como Riddle abandonaba el salón de clases lo más rápido posible. Sus ojos todavía tenían esa mirada de rabia apenas controlada.

―Hermione, ¡Eso fue genial! ―Dijo Weasley mientras ellos caminaban de regreso a la sala común de Gryffindor.

―Sí, ¡Quién lo hubiese pensado! No solo eran una enciclopedia ambulante, no, además de eso sabes cómo realizar los hechizos de los cuales hablas. ―Longbottom añadió.

―Ya vamos, si no fue tan grandioso. ―Hermione se sentía incómoda con toda la adulación.

―¿No es grandioso? Eras la única que logró trasformar el lagarto. ―Dijo Lupin, quien luego añadió. ―Bueno, aparte de Riddle. Pero él no cuenta. Él Siempre logra todos los hechizos.

Ante este comentario Longbottom rodó sus ojos.

―Lo noté. ―Hermione dijo inocentemente. ―Si copa era incluso mejor que la mía. Pero Dumbledore no le dio puntos a Slytherin. Me pregunto por qué…

―No estoy seguro de la causa, ―Dijo Lupin. ―Pero Riddle y Dumbledore no se llevan muy bien que digamos-

―La subestimación del año. ―Longbottom sonrió.

―Normalmente él es el mejor en cada una de las clases. ―Lupin continuó como si nunca hubiese sido interrumpido. ―La única excepción es Transformaciones. Riddle ni siquiera lo intenta allí. Aunque yo creo que él es realmente bueno en Transformaciones. Me sorprende que lo haya intentado hoy.

―ah, ¿Por qué estás tan interesada en Tom Riddle, Hermione? ―Lucia preguntó triunfal. ―¿Quieres unirte al fan club de Riddle después de todo?

Hermione ni siquiera consideró esa pregunta digna de ser respondida y se limitó a mirar a Lucia disgustada.

―Oigan, ¿Notaron que mañana es un fin de semana en el que podemos ir a Hogsmeade? ―Rose se introdujo en la conversación.

―Sí, tienes razón. ―Longbottom dijo entusiasmado. ―Yo realmente quiero ir a Zonko. Necesito conseguir algo para vengarme de Avery por casi matarme en el último partido de Quidditch.

―Excelente, ¿Qué vas a comprar? ―Weasley sonrió maliciosamente. ―Te recomiendo el Cambiador de Color. Una gota en el jugo de calabaza y el tendrá su cabello a lo rojo Gryffindor por el resto de la semana.

―¿Tú también vienes? ―Lucia le preguntó a Hermione mientras los dos chicos continuaban planeando la caída de Avery.

―Um… no. Creo que voy a pasar en esta ocasión. Realmente tengo que trabajar en el ensayo que el profesor Binns nos dio.

―Aw, vamos Hermione. Todavía tienes toda la siguiente semana para terminar eso. ―Weasley intervino.

―Verás, es que todavía tengo que ponerme al día con algunas de las clases. ―Hermione mintió.

Ella no tenía que ponerse al día en nada. Pero quería iniciar de una vez por todas, su investigación sobre el viaje en el tiempo. Mañana la mayoría de los estudiantes estarán en Hogsmeade. Por consecuencia dándole la oportunidad perfecta para investigar sin ser observada.

―Pero entonces te vas a perder todo mañana. ―Dijo Rose.

―Iré la próxima vez. ―Hermione prometió.

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Era alrededor de media noche cuando finalmente Hermione entró a su habitación. Ella había estado sentada en la sala común con sus compañeros Gryffindors. Ellos habían reído, conversado y jugando diversos juegos. Era como estar de regreso a su propio tiempo; como aquellos alegres días durante su estadía en Hogwarts. Bueno, casi como aquellos tiempos. Ella extrañaba demasiado a sus amigos. Cada vez que entraba a la sala común de Gryffindor esperaba verlos a ellos sentados en una esquina divirtiéndose.

"¡Pero se han ido!"

Hermione se precipitó al baño y cerró la puerta con pestillo. Se sacó su ropa y examinó las heridas que todavía tenía de la pelea en el Ministerio. Su antebrazo izquierdo todavía estaba amoratado pero ya no dolía. Los cortes superficiales y moretones más pequeños parecían estar sanando correctamente gracias al ungüento para moretones que ella ha estado aplicando cada noche. Incluso el profundo corte en su costado comenzaba a sanar. La cortada todavía parecía hinchada y roja pero se curará eventualmente solo dejando una cicatriz detrás. Hermione suspiró. Ya habían más que suficientes cicatrices en su cuerpo. Se preguntó por unos momentos cuando alguien iría a inventar algo contra las cicatrices mágicas.

"Al menos no en los siguientes 54 años". Pensó mientras se ponía su piyamas Harry habría estado agradecido de tener una forma de deshacerse de su cicatriz. La magia podía dejar la peor clase de cicatrices en el cuerpo. "Magia…"

Ella no se había olvidado del incidente durante la clase de Transformaciones. Algo andaba mal con su magia. Hermione cerró sus ojos y convocó su magia. Podía sentirla fluyendo dentro de su cuerpo, era un confortable y constante pulso de energía. Pero no había ningún rastro de aquella magia externa que ella había sentido mientras transfiguraba al lagarto. Ella no podía encontrar aquellos trazos de esa magia extraña que había estado entrelazada con la suya. ¿Qué pudo haber causado este incidente? No había habido nada fuera de lo ordinario… aparte de que Riddle estaba sentado directamente detrás de ella. ¿Quizás él le hizo algo? ¿Pero para qué? Él no la conoce. No tenía ninguna razón para atacarla. Y esa curiosa magia no se había sentido para nada como él. No había sido no oscura o amenazadora. No, parecía unirse de forma bastante amigable con su propia magia. ¿Pero si no era Riddle, entonces quién más podría ser? Hermione no se sentía para nada entusiasmada con tener aparentemente un nuevo problema en su ya abultada lista de problemas. Pero por ahora ella no podía hacer nada para remediarlo. Quizás esa extraña magia dentro de ella era una de aquellas cosas que pasaban solo una vez. Tal vez…

Hermione regreso al dormitorio. Las otras chicas todavía estaban abajo en la sala común. Sin contar a Diana, ella estaba durmiendo en su cama. Hermione caminó hacia su propia cama y se acostó. Ella ahora estaba realmente cansada y se quedó dormida en el momento que su cabeza tocó la almohada.

¡Tenemos que irnos Hermione! ―Harry le gritó, sacudiéndola intentando despertarla de su estupor.

Ellos habían sido encontrados. A todo su alrededor mortífagos se estaban apareciendo. Hermione estaba asustada hasta los huesos. Ellos habían estado siguiendo una pista hasta otro Horcrux pero de alguna manera activaron sin querer una delas protecciones. Y ahora los mortífagos estaban tras ellos. Harry la arrastró junto a él. Ron los seguía disparando maldiciones hacia los mortífagos.

Apúrate. ¡Tenemos que irnos de aquí! ―Él gritó.

Maldiciones estaban volando por todos lados. Hermione intentó contraatacar con maldiciones. Pero habían tanto mortífagos que no seguramente no hacía ninguna diferencia. Entonces ella vio un mortífago acercándose a Harry. Antes de que ella pudiera gritar una advertencia el hombre enmascarado disparo una maldición hacia la espalda de Harry. Ellos no podían perder a Harry, Hermione pensó desesperada. Él era el único que tenía una oportunidad frente a Voldemort. El rayo de luz purpura se apresuraba hacia la espalda de Harry cuando ella tomó su decisión. Hermione giró a Harry de tal manera que ella quedó parada en medio del camino de la maldición. Pudo ver la cara sorprendida de Harry cuando la maldición la golpeó a ella en la espalda. En el momento en que la maldición la golpeó fue arrojada a una prisión de dolor. Cuchillos se enterraban en su carne, dejando horribles heridas abiertas. Los cortes cada vez se hacían más y más profundos, hasta tal punto que Hermione llegó a pensar que su cuerpo sería partido en pedazos. Lo último que ella sintió antes de caer de la inconsciencia era su propia sangre fluyendo por sobre su cuerpo…

―¡Hermione!

―¡Hermione, despierta!

Hermione gruñó e intentó cubrir su cabeza con la frazada. Todavía estaba muy cansada. Ella se sentía como si apenas hubiese dormido.

―Mmm… ¿queieres?

―¡Ya vamos Hermione! ¡Arriba! ¡Arriba!

―Hermione giró y abrió sus ojos. Ella vio a Lucia parada a su lado de su cara intentando arrancarle la frazada.

―DeCerto, en serio. Deberías levantarte. ¡La inspección es hoy! ―Hermione escuchó decir a la tajante voz de Viola. La chica estaba revisando dentro de su baúl.

Hermione se incorporó, todavía adormilada.

―¿Qué inspección? ―Dijo mientras suprimía un bostezo.

―Oh Dios, ¿Es que ninguna te dijo? ―Rose chilló.

Ella pareció ser instantáneamente invadida por el pánico. El por qué, Hermione no lo sabía. Era sábado después de todo.

―Er… no.

Hermione se levantó y empezó a buscar algo de ropa para vestirse. Como este día era fin de semana ella no tenía por qué usar el uniforme. Pero mientras revisaba su ropa al estilo de los cuarenta con pocas energías, pensó seriamente en simplemente no cambiarse y quedarse en su piyama durante todo el día. ¿Qué decía la etiqueta de los cuarenta sobre chicas caminando por allí medio desnudas? Con un suspiro tomó una falda simple azul y un polerón negro.

―Así que, ¿De qué inspección estamos hablando? ―Hermione lentamente se estaba molestando por la actitud de las otras chicas.

Ellas estaban corriendo para todos lados como desquiciadas. Ella se preguntó cómo era posible que ella pudiera dormir en medio de aquella conmoción.

―Es la profesora Legifer- Diana le dijo mientras suavizaba arrugas invisibles de su cama perfectamente hecha. ―Ella va a inspeccionar hoy nuestro cuarto.

―¿Ella qué? ―Hermione esperaba haber escuchado mal.

―Más o menos una vez al mes ella revisa los dormitorios de las chicas. Además si tu lugar no está perfectamente ordenado y organizado entonces vas a ser castigada. ―Lucia desesperadamente intentó doblar sus ropas de forma perfecta.

Hermione estúpidamente notó que ella no estaba usando el hechizo que Legifer había enseñado en la última lección. Bueno, había intentado enseñar. Hermione como siempre no le había tomado mayor atención. Ahora, esta inspección era escandalosa. ¿Qué se creía esa mujer que era? Hermione decidió simplemente ignorar este estúpido espectáculo y se dirigió al baño.

Diez minutos después ella regresó otra vez al cuarto. Ahora vestía su falda y el polerón negro. Las otras chicas todavía estaban corriendo por todos lados intentando establecer algún orden en sus cosas. En serio, esto era peor que el ejército, Hermione pensó entretenida.

―¡Legifer! ―Gritó Rose aterrorizada.

Y sin demora la profesora Legifer entró al dormitorio. Ella lucía impecable como siempre. Hermione se preguntaba cómo esa mujer lograba eso… o incluso por qué. Legifer escudriñó la habitación. Su rostro carente de alegría absorbiendo cada pequeño detalle. Ella se detenía en cada cama. Primero le tocó a Diana. La profesora Legifer observó la cama perfectamente hecha con una ceja alzada. Luego abrió el baúl de Diana. El contenido del baúl estaba igual de ordenado como las cosas que la chica mantenía fuera. Legifer dejó la cama de Diana sin decir ni una palabra. Obviamente eso era algo bueno, Hermione supuso, al ver que Diana dejaba salir un suspiro aliviado. A continuación Legifer examinó las camas de Viola y Lucia con la misma expresión agría en su rostro que tanto le gustaba usar. Pero aparentemente ellas resultaron estar igual de bien que Diana. Rose no fue tan suertuda como sus amigas.

―¿Qué es esto, señorita Smith? ―Preguntó la profesora mientras sostenía un arrogado pedazo de pergamino que ella había encontrado debajo, sí, debajo, de la cama. El por qué la mujer revisaba debajo de la cama estaba por sobre Hermione. Bueno, en realidad toda esta situación la superaba.

―Está caminando por el borde, señorita Smith. ―Rose parecía achicarse bajo la mirada penetrante de la profesora. ―La próxima vez que vea algo como esto, tendrá detención.

Hermione bufó ante esto.

―Señorita DeCerto. Veamos que puede presentarme usted. ― Legifer siseó perversamente mientras giraba hacia el sector de Hermione en la habitación.

Ella caminó los pocos pasos que la separaban de la cama de Hermione y vio la ropa que estaba esparcida por sobre la cama desordenada todavía sin hacer. Ella elevó una ceja y abrió el baúl que reveló un caos organizado. Al menos para Hermione estaba organizado. El rostro de Legifer se transformó en pura maldad mientras su mirada pasó al pequeño escritorio de Hermione que estaba repleto de libros, plumas y pergaminos. En realidad ella lucía como si navidad hubiese llegado temprano. Esto no presagia nada bueno, pensó Hermione.

―Bien, bien, bien, señorita DeCerto. No puedo decir que estoy sorprendida. ―Dijo Legifer con una amplia sonrisa en su rostro.

Hermione alzó una ceja ante esto. En verdad odiaba a esa desagradable mujer. Ella empujó uno de los libros levemente con su varita. Resultaba bastante claro que ella no quería tocar nada con sus dedos.

―Esto es, según mi opinión, digno de detención, señorita DeCerto. ―Ella miró a Hermione con una sonrisa satisfecha jugando alrededor de sus labios. ―Próximo martes, a las 6 de la tarde.

―¿Me estás bromeando? ―Hermione simplemente no podía evitar ser grosera alrededor de esa mujer. No estaba en su naturaleza ser grosera con nadie, pero esa mujer parecía tener la habilidad de sacar a flote lo mejor de las personas.

―Eso es otra detención, señorita DeCerto. Y su no desea pasar el resto del año en detención le sugiero que controle su lengua en este instante.

Hermione realmente quería decir exactamente que pensaba de ella, pero no quería pasar más tiempo con esa horrible mujer del que ya tenía. Después Legifer dejó el dormitorio dejando detrás una muy molesta Hermione.

―Oh, ¡Hermione! Eso fue tan injusto. ―Rose se lamentó. ―Siento mucho que no te hayamos dicho ayer sobre la inspección. Pero simplemente olvidamos que tú eres nueva y que no lo sabías.

―Son solamente dos detenciones. Pudo haber sido peor. ―Lucia intentó calmarla.

―Está bien, ¡En serio! Pienso que ella simplemente me odia. Nada que yo pueda cambiar. ―"o quiero cambiar". Hermione descartó.

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Después de un agradable y relajado desayuno en la mesa de Gryffindor Hermione le dijo adiós a sus amigos quienes se fueron camino a Hogsmeade. Hermione estaba un poquito curiosa sobre Hogsmeade. Ella quería ver cuánto había cambiado durante las cinco décadas que separaban su última visita con el ahora. Siempre le habían gustado los fines de semanas de Hogsmeade en su época. Pero ahora ella tenía otras cosas que hacer. Tales como encontrar la forma de regresar al período de tiempo correcto sin cambiar el pasado y así sin probablemente condenar su futuro a un terrible destino.

"Sin ningún tipo de presión". Hermione suspiró cansadamente mientras caminaba por el corredor que guiaba a la biblioteca.

―¿Y qué estás haciendo aquí en un hermoso día como este? ―La Sra. Peters, la bibliotecaria, le sonrió amistosamente.

―Solo una pequeña investigación, Señorita. Peters. ―Hermione contestó. A ella de verdad le gustaba la señorita Peters. Ella era mucho más agradable que la Sra. Pince. La señorita Peters estaba mucho más dispuesta a ser útil y ayudar, en cambio la señora Pince había sido derechamente perturbadora.

―Señorita DeCerto, usted pasa demasiado tiempo en la biblioteca. ―La señorita Peters reprendió a Hermione suavemente.

Hermione le sonrió. Luego se adentró en la biblioteca buscando un lugar agradable y apartado. Ella encontró uno en una esquina que no podía ser visto desde la entrada. Hermione se sentó en la silla con su espalda hacia la pared. De esa forma nadie podría escabullirse detrás de su espalda. Ella definitivamente no necesitaba a nadie sospechando de su interés por los viajes en el tiempo, o las Reliquias de la Muerte. Dejó su bolso sobre la mesa y se paró para revisar los estantes.

Después de varias horas de búsqueda, lectura y unas cuantas palabrotas, Hermione todavía no había encontrado información útil. Hasta ahora solo había encontrado libros que trataban la naturaleza en general o libros sobre giratiempos. Incluso había un libro detallado de cómo crearlos. Hermione se preguntó si era sensato no restringir el libro por su información. Pero después de que ella leyó el libro supo el por qué no estaba prohibido. Era increíblemente difícil crear un giratiempo. Los hechizos y encantamientos involucrados estaban muy por encima de su nivel y los materiales con los que se construía un giratiempo eran prácticamente imposibles de conseguir.

Pero ella no necesitaba un giratiempos de todas formas. Lo que ella necesitaba era un hechizo u objeto que le permitiera avanzar en el tiempo. Un giratiempo definitivamente no era la forma para conseguir eso. Hermione razonó cuando revisaba ya el décimo libro sobre giratiempos. Ellos no estaban construidos para viajar hacia el futuro. No era simplemente cambiar algunos de los hechizos involucrados para poder viajar en el tiempo hacia el futuro. Su único propósito era retroceder al pasado. Avanzar en el tiempo era simplemente imposible. Los libros simplemente confirmaron lo que ella ya sabía.

Los libros sobre la naturaleza del tiempo en general resultaron ser bastante informativos. Pero de nuevo, ellos no la ayudaban a resolver su problema. Hermione cerró un libro bastante grande sobre el tiempo y su naturaleza junto a unos cuantos hechizos ―realmente inútil― con un suspiro. Hasta ahora ella no había aprendido nada que la podría ayudar.

"Quizás esta no es la manera de aproximarse al problema después de todo". Ella pensó. La fuente de su problema había sido probablemente la Varita de Saúco. Así que si esa varita fue la que la envió al pasado, debería ser capaz de enviarla de vuelta a su tiempo. Seguramente ella debería intentar buscar información sobre las Reliquias de la Muerte. Ella miró su reloj de pulsera, casi las 5 de la tarde. Había pasado todo el día aquí para nada. Hermione apoyó su cabeza en sus manos. Ella estaba frustrada. Sería más saludable parar aquí por ahora y retomar su búsqueda otro día.

Ella dejó la biblioteca invadida por el sentimiento de derrota. Bostezó mientras caminaba por un corredor del cuarto piso. La mayoría de los estudiantes estaban todavía en Hogsmeade disfrutando de un buen día. Quizás ella debería ir afuera por un poco de aire puro. Reflexionando sobre lo que haría por el resto de la tarde dobló una esquina y chocó directamente con alguien. Ella retrocedió un par de pasos levantando su mirada para ver con quién se había topado.

El alto y musculoso chico parecía ser de sexto o séptimo año y vestía los colores de la casa de Slytherin. Detrás de él ella pudo ver que era seguido por más chicos pertenecientes a la casa de Slytherin u todos debían estar en su sexto o séptimo año. Todos ellos la miraban fijamente y tenían su cara contorsionada en disgusto.

"¿Qué están tramando". Hermione pensó desconfiada. Con un golpe de ansiedad ella se dio cuenta lo solitario y oscuro que era ese corredor. Y esos Slytherins no lucían precisamente encantados de encontrarse con ella en este lugar. Inconscientemente ella se puso en su posición de duelo.

―¿Qué estás haciendo tu aquí? ―El chico con el cual Hermione había chocado preguntó de forma agresiva mientras daba un paso amenazador hacia ella.

―Oh, lo siento. No sabía que estaba prohibido caminar alrededor de esta escuela. ―Hermione contestó sarcásticamente, una vez más sorprendiéndose a sí misma por la falta de emoción en su propia voz. Ella no sabía cuándo había desarrollado esa habilidad en particular, pero Harry y Ron se habían visto sorprendidos por ella en más de una ocasión. Para Hermione era principalmente perturbador más que otra cosa.

―Cuida tu boca, ¡Gryffindor! ―Uno del os otros dijo venenosamente. Él escupió la última palabra de tal manera que sonó como un insulto.

Hermione notó que su mano iba a su varita mientras él hablaba. ¿Por qué esta gente siempre es tan agresiva? Era como si se hubiese adentrado en algo que ellos realmente no querían que ella viera. Esto parecía ser más que la simple rivalidad entre las dos casas.

―Avery, por favor, no hay ninguna razón para usar un tono como ese. ―Hermione escuchó una suave y calmada voz decir.

Ella pudo ver como el chico que recién le había hablado tensarse. Los otros se apartaron para hacerlo lugar para el que sea que hubiese hablado. Hermione tuvo la desagradable sensación de que sabía quién era él. Alguien, que ella no había notado antes porque estaba parado detrás de todos los otros, estaba caminando hacia ella. Los sonidos de sus pasos autoritarios eran ahora el único sonido que inundaba el corredor. Mientras él caminaba confiadamente hacia ella Hermione pudo ver que era efectivamente Tom Riddle. Él traía una sonrisa de autosuficiencia en su, de otra forma, atractivo rostro. Él se detuvo justo frente a ella y Hermione dio un involuntario paso hacia atrás. Él sonrió al ver eso.

―Señorita DeCerto, es un placer volver a verla. ―Riddle dijo educadamente mientras le sonreía.

Pero Hermione no caía en su trampa. Ella podía ver la frialdad debajo del gesto. Por primera vez notó cuan alto era Riddle, él se estaba inclinando sobre ella. Merlín, ella deseó haber ido con sus amigos a Hogsmeade en vez de quedarse en la biblioteca.

_._._._._

Aquí estaba ella otra vez. El estorbo que lo había molestado desde su llegada a la escuela, DeCerto, esa estúpida chica. Ella constantemente lo rechazaba ofensivamente a pesar de sus esfuerzos por conquistarla. Eso simplemente no era la forma en que las cosas funcionan, pensó Riddle furiosamente. Nadie podía resistirse a él. Y con mayor razón no esa asquerosa zorra. Él caminó hacia ella sintiéndose satisfecho de cómo sus seguidores se apartaban para darle espacio. Ahora él estaba parado justo frente a ella, y DeCerto parecía asustada de él. Eso era mucho mejor que su indiferencia.

"Tu deberías estar aterrorizada de mi presencia, DeCerto".

Ella incluso retrocedió un paso lejos de él. Por eso ahora estaba con su espalda pegada a la pared. Ya no había forma de que ella pudiera escapar.

―Señorita DeCerto, es un placer volver a verla. ―Él dijo, apenas capaz de mantener el disgusto fuera de su voz.

Ella levantó su mirada para mirarlo y él pudo ver miedo en sus ojos castaños. La chica envió una rápida mirada a sus seguidores parados detrás de él y luego volvió a filar sus ojos en él.

"No hay forma de escapar, querida mía. Y yo realmente no necesito a esos idiotas para detenerte".

―¿Qué es lo que quieres de mí? ―Ella preguntó forzadamente, y Riddle se sintió un tanto asombrado por la fuerza que su voz todavía poseía.

"Esa pequeña perra todavía no sabe cuál es su lugar". Él rabió mentalmente.

―¿Por qué?, señorita DeCerto. Yo solo estaba intentando ser amable con usted. No hay ninguna razón para atacarme de esa forma. ―él dijo suavemente pero ya no hizo ningún esfuerzo por sonar cordial o agradable.

Si esta chica no estaba dispuesta a aceptar su superioridad a la manera fácil, entonces él se vería obligado a mostrarle que era lo que significaba cruzarse en su camino. Después de todo, él no podía aguantar que ella recorriera el castillo como si pudiera ser cualquier cosa que se le plazca.

Su voz goteaba sarcasmo cuando ella volvió a hablar. ―Lo siento. Nunca fue mi intención ofenderte.

Él tuvo que respirar profundamente para mantener su temperamento bajo control y no maldecirla allí mismo. De todas formas él podía sentir se volvía más y más salvaje. Estaba moviéndose furiosa alrededor de él. Ahora él estaba realmente colérico. Él sabía que estaba haciendo a los otros sentirse incómodos pero no se detuvo. Obviamente DeCerto había notado su magia también porque ahora se veía nuevamente aterrorizada. Una sonrisa malvada hizo su camino hacia su cara.

Hermione se estaba reprendiendo a sí misma con vehemencia. ¿Qué rayos se le había pasado por la cabeza para hablarle a Riddle de esa manera? Pero había dicho esas palabras mucho antes de poder detenerlas. Ahora él estaba furioso. Ella podía sentir como él emanaba magia oscura. Esa magia asaltaba su cuerpo y dificultaba su respiración. Incluso podía ver cómo sus seguidores retrocedían un par de pasos alejándose de él. Pánico empezó a burbujear en su interior. Riddle la estaba atravesando con su mirada, sus ojos grises fríos como el hielo. ¿Por qué a ella se le ocurrió insultarlo tan abiertamente? Intentó alejarse un par de pasos de él pero sintió su cómo su espalda chocaba con la fría pared de piedra detrás de ella. Riddle la había atrapado contra la pared.

En ese momento Riddle súbitamente se inclinó hacia adelante. Ella se tensó visiblemente cuando él movió su cabeza para hablarle al oído, sus labios prácticamente la tocaban. Su cuerpo apenas tocaba el suyo pero su magia ahora realmente la mantenía aprisionada contra la pared de piedra. Él estaba demasiado cerca. Hermione pudo sentir cómo sus rodillas eran incapaces de seguir sosteniendo el peso de su cuerpo.

―Te daré un consejo, DeCerto. ―él susurró maliciosamente en su oreja. Hermione se estremeció al sentir su aliento contra su piel. ―¡No me provoques! ¡Tú no quieres tenerme como tu enemigo!

Él se volvió a incorporar. Hermione volvió a temblar cuando levantó su mirada hacia él. Su cara ahora era una máscara carente de expresión. Pero sus ojos que la miraban fijamente Hermione pudo ver aquella frialdad, el desdén y ese infinito odio que era característico de su contraparte del futuro.

Él retrocedió un paso y dijo con una perturbadora voz amistosa. ―Fue agradable encontrarme con usted, señorita DeCerto. ―Con eso, él le sonrió amablemente.

Pero aunque ahora su rostro era una máscara de pura afabilidad, Hermione todavía podía ver la ferocidad y el frío odio debajo de esa delgada careta. Entonces él se volteó y se alejó de ella caminando arrogantemente. Sus seguidores se tensaron cuando él camino junto a ellos y luego lo siguieron desde una servicial y respetuosa distancia.

Cuando ellos se fueron Hermione se deslizó lentamente contra la pared en la que estaba poyada. Su cuerpo entero todavía se estaba estremeciendo. Ella cerró sus ojos e intentó volver a respirar normalmente. Eso no era bueno. Riddle no la había simplemente notado, algo que ella intentaba evadir desde el primer momento en que sus pies tocaron Hogwarts, sino que ahora él sentía un inmenso disgusto hacia ella. Incluso había llegado a amenazarla. Ella todavía no podía creer cómo fue tan estúpida para ser capaz de burlarse de él. Él podría tener dieciséis años, pero juzgando por lo que acababa de ver, Hermione pudo confirmar que él a estas alturas ya era alguien extremadamente peligroso.

¿Qué hay que hacer ahora? Quizás venir a Hogwarts había sido una idea estúpida desde el comienzo. La mejor opción en este momento era irse inmediatamente de este lugar. No era seguro para ella quedarse aquí. Hermione realmente no quería volver a enfrentarse a él. Si ella en verdad necesitaba la información sobre las Reliquias de la Muerte entonces podría encontrar la información en cualquier otra parte. Después de todo Hogwarts no hospedaba la púnica biblioteca de toda Inglaterra. Sí, irse parecía ser la mejor opción.

Hermione flexionó sus rodillas y las apretó contra su cuerpo y apoyó su cabeza sobre sus rodillas. Todavía se sentía muy turbada. Su primer impulso era alejase de ese monstruo lo más rápido posible. ¿Pero ese era realmente el pasó más lógico a seguir? La información la podría obtener en otro lugar, ¿Pero qué pasaba con la Varita de Saúco? Dumbledore la iba a obtener eventualmente, así que ella necesitaba mantenerse cerca de él. Ella no sabía la fecha exacta en la que el profesor se iba a enfrentar contra Grindlewald y vencerlo. La información que pudo encontrar en su propio tiempo siempre había sido contradictoria. Y ella nunca le había preguntado. No, ella debería quedarse lo más cerca posible de Dumbledore, entonces de esa forma surgiría eventualmente la oportunidad de obtener la varita para ella.

¿Pero entonces que iba a pasar con Riddle? Hermione se inclinó hacia la pared y apoyó su cabeza en la fría piedra. Definitivamente Riddle era ahora un nuevo problema. Él sentía lo suficiente molesto con ella hasta el punto de sentir que era necesario amenazarla.

Lentamente ella se levantó del sitio donde estaba descansando.

"Sentarse y llorar no es para nada útil. ¡Tengo que mantenerme firme y actuar!".

Al caminar hacia la siguiente esquina ella reconoció sus alrededores. Este era el corredor con la Sala de los Menesteres. Quizás de allí era de donde Riddle y su grupillo habían salido. ¿Qué era lo que habían estado haciendo en ese lugar? Probablemente una reunión de mortífagos, Hermione pensó. Esos Slytherins tenían esa brutal mirada que había caracterizado a los mortífagos de su tiempo. Hermione tragó pesado ante el pensamiento de haber conocido a los primeros mortífagos.

Rodeada de esos pesimistas pensamientos caminó lo más rápido posible hacia la sala común de Gryffindor. Dejó escapar un suspiro aliviado cuando por fin entró a la sala común. En ese lugar ella se sentía segura. Ningún malvado Slytherin podía alcanzarla aquí. La sala común estaba bastante poblada. Era obvio que la mayoría de los estudiantes ya habían regresado de su visita a Hogsmeade. Ellos estaban allí agrupados conversando y riendo.

―Hey, ¡Hermione! ¡Allí estas! ―Rose la saludó.

El grupo estaba sentado, reunido en un costado de la sala común. Hermione caminó hacia ellos y se sentó entre Lupin y Lucia en el sofá.

―¿Qué pasó Hermione? Estás pálida como un fantasma. ―Weasley estaba sentado frente a ella en una silla y la observaba muy preocupado.

―Sí, te ves un tanto enferma. ―Dijo Rose.

Hermione sabía solo una razón para lucir así de pálida. "Bueno, el Dark Lord me acaba de amenazar, pero no va a pasar nada malo. Estoy segura".

―Creo que estoy solamente cansada. ―Contestó en vez de lo que en verdad pasó.

―¿Estuviste todo el día en la biblioteca? ―Longbottom le preguntó incrédulo.

―Me olvide del tiempo. ―Hermione ofreció como explicación y luego cambió el tema de conversación. ―¿Dime, qué fue lo que finalmente obtuviste de Zonko?

La boca de Longbottom se movió en una sonrisa traviesa. ―Sip, los mejores Cambiadores de forma que ellos tenían disponibles. ―anunció orgulloso.

―¿Qué es lo que hacen? ―Hermione no había escuchado de ellos antes.

Ante esto Longbottom tomó su bolsa y sacó de ella lo que parecía ser un paquete de inocentes dulces. Él le ofreció uno. Hermione tomó un dulce y lo observo de forma sospechosa.

―¡Vamos! ―Weasley dijo y agregó al ver que Hermione todavía estaba insegura. ―No es realmente tan malo. Bueno, al menos si no eres un Slytherin.

Hermione se escogió de hombros y puso el dulce en su boca. Era bastante pegajoso y sabía a caramelo. Hermione lo tragó y esperó a que algo pasara. Al principio nada extraordinario pasó pero luego pudo sentir cómo sus ropas estaban cambiando. Ella todavía vestía su polerón negro y falda azul. Pero mientras ella miraba su ropa vio como estas cambiaban y se transformaban en su uniforme. Después de un rato ella estaba sentada en el sillón vestida completamente con su uniforme.

―Bueno, eso fue impresionante. ¿Pero cómo es que con esto lograran su venganza? ―Hermione volvió a mirar a Longbottom.

―Por, mi querida Hermione, estos dulces son para cambiar la ropa de cualquiera que los coma hacia el uniforme de la escuela. Pero no cualquier uniforme, serpa el uniforme de Gryffindor. ―Longbottom le sonrió. ―Al ser Avery el capitán del equipo de Quidditch de Slytherin, va a apreciar de todo corazón estos agradables colores en su nuevo uniforme.

Weasley se rió ante esta aseveración.

―Seh, y la mejor parte es que incluso si te cambias de ropa, el dulce de todas formas va a transformas cualquier cosa que te pongas. Solo se detiene cuando comes uno de los dulces con envoltura amarilla.

Entonces él tomó un dulce amarillo de otra caja y se lo dio a Hermione. Ella comió el dulce y después de unos segundos el uniforme había cambiado de regreso a su apariencia normal.

―¡No está mal! ―Hermione les sonrió.

―Ahora, tenemos que ingeniárnoslas para lograr que Avery coma uno de estos dulces. ―Dijo Longbottom.

Lupin rodó sus ojos ante lo que dijo el otro y miró a sus dos amigos. ―En serio, ¿Ustedes dos no pueden encontrar algo más productivo en lo que puedan ocupar su tiempo?

―Ow, vamos Lupin. Eres un aguafiestas. ―Weasley exclamó.


¡Buenos días! ¡Aquí les traigo un nuevo capítulo el jueves 25 como prometí! Espero que estén disfrutando esta historia tanto como yo disfruto traducirla y leerla.

Muchas gracias por los comentarios.

Hermione y Riddle ya han tenido su primer enfrentamiento, ¿qué les ha parecido?

Amorgen Lestrange: Te agregué al correo que me enviaste pero no te he podido contactar, tampoco puedo enviarte correos por mp. Lo siento mucho pero ya encontré a alguien más para que me ayude. Saludos.

Próximo capítulo Jueves 8 de Septiembre. Puede que no alcance a publicar ese día porque esa semana tengo dos evaluaciones en la universidad, pero haré todo mi posible para tenerles el capítulo. Si no lo subo ese día, sí o sí el capítulo estará publicado el Jueves 15.

Nes.