Ninguno de los personajes me pertenece, todos son de la imaginacion de Stephenie Meyer.
Capitulo 4: No mas sueños
Camine con pasos fuertes para que Edward supiera la que se le venia, estaba decidida a mostrar mi peor lado, sentía las mejillas rojas de ira. ¡Como se le ocurrió invitar a Jacob a la boda!, mis ojos empezaban a lagrimear por tantos sentimientos comprimidos en mi. Ahora Edward iba a conocer la ira que empequeñecería a la de los osos pardos (XD).
-Bella ¿Estas bien?- me pregunto en cuanto me vio salir de la habitación. Bueno aquí va…
-No, no estoy bie- ni siquiera pude terminar la frase, mis pies se enredaron haciéndome tropezar, por supuesto el impacto nunca llego ya que el estaba ahí para sostenerme, pero si arruino todo mi acto ya que la vergüenza supero a la ira al punto de que mi cara se puso tomate.
-Eso estuvo cerca, ahora entiendo mejor porque decidimos sacar el vals de la boda.- me dijo mientras ocultaba una risa.
-Ahora que entiendes mi torpeza me quieres hacer entender ¡¿que en el nombre de Dios y todos los santos hizo que le enviaras una invitación a Jacob?!- la ultima parte fue mas como un grito por lo que unas cuantas personas que había abajo miraron hacia arriba buscando el origen del grito. Edward me tomo de los hombros y me empujo hacia atrás para que no nos viera nadie.
-Ni siquiera están juntos desde hace una hora y ya están peleando- escuche mientras me alejaban seguido de una risa que pude identificar como la de Jessica Stanley.
-¡Deja de empujarme y respóndeme ahora Edward Anthony Mason Cullen!- le grite mientras que de un manotazo quitaba sus manos de mis hombros.
-Cálmate primero que nada, te juro que no fue para burlarme de el- me explico en su voz musical y calmada.
-Pero el es sensible respecto a eso, no tienes ni idea como estaba la ultima vez que lo vi.- respondí yo recordando los ojos oscuros y tristes de Jacob cuando me despedí de el.
-Lo se, pero me pareció que el tenia derecho a ser invitado, se lo explique en la carta.- en la ultima parte de la oración lo susurro tan bajo que apenas lo pude oír.
-Carta ¿Qué carta?- pregunte alarmada.
-Le envié una carta junto con la invitación explicándole y agradeciéndole.- me dijo en voz arrepentida.
-¿Agradeciéndole que?- cuestione mas calmada después de ver que el matiz de sus ojos se oscurecían.
-Le agradecía por ti…- me respondió. ¡Maldición! Ni siquiera podía enojarme con el.
-Ay Edward.- fue lo único que dije.
-Pero si quieres Bella me disculpare con el en este mismo instante.
-Ojala pudieras si lo encuentras- dije con un hilo de voz.
-Entonces si se ha marchado.- lo mire con los ojos asombrada- Billy no para de pensar en el.- respondió a mi expresión- De verdad lamento haberlo hecho, te juro que lo buscare si es lo que quieres.
-No Edward, el ya ha decidido su camino y no creo exactamente que te abrazara si es que llegas a encontrarlo.-le respondí irónicamente.-Solo hubiera deseado que se despidiera, un ultimo adiós…-dije con un hilo de voz y mis ojos abnegados en lagrimas.
Edward pasó su brazo por mis hombros y me beso la cabeza, luego empezó a acariciar mi pelo. Me limpie los ojos rápidamente.
-Bueno, según yo recuerdo abajo hay una boda y tu todavía tienes que cumplir una promesa.- le dije en un tono mas alegre.
-¿Estas segura de todo esto?- no sabía si me preguntaba de Jacob o de mi transformación pero eso no importaba ya que tenía la misma respuesta a ambos.
-Nunca estuve más segura respecto a algo.-conteste.
El tomo de mi mano y bajamos a nuestra recepción.
La verdad no estuvo tan mal, obviamente yo decidí no bailar y Edward se quedo a mi lado todo el tiempo. Después de ver como bailaban los Cullen estoy muy segura que nadie mas quiso atreverse a pisar la pista de baile. Esme y Carslile eran sumamente sofisticados a la hora de bailar, sus pasos eran rápidos, lo hacían ver tan fácil, claro que ver y hacer es algo completamente diferente. Alice y Jasper eran los mas agraciados, ella se movía cual bailarina y el lograba seguir su ritmo. Rosalie y Emmet, siempre pensé que por ser Emmet tan grande seria torpe al bailar, nunca estuve tan equivocada, ambos se complementaban en los pasos, y el se veia mucho mas delicado y grácil de lo que realmente era.
Así que a excepción de unas miradas de tristeza por Billy y una enorme declaración de amor por parte de un muy pasado de tragos Mike, la boda fue excelente. Me reí durante horas cuando tire el ramo y aterrizo en la cabeza de Lauren para caer al regazo de Angela que se puso colorada en especial porque ella era una de las pocas personas que no se había levantado para atrapar el ramo, la cara de Ben se puso tricolor y los anteojos resbalaron de su nariz.
Cuando todo termino Edward y yo nos subimos a la limusina y nos encaminamos hacia el hotel de Seattle, al próximo día nos íbamos de luna de miel, supuestamente a Paris, pero yo sabia que nuestro próximo destino era Alaska, después de eso tendríamos una eternidad para ir de luna de miel, y Paris siempre estaría ahí.
Mi corazón estaba enloquecido, Edward me miraba al pecho y se reía pero note un poco de nerviosismo en esa risa.
Cuando salimos de la limusina, entramos al hotel donde nos trataron como a reyes, después de mencionar el apellido de Edward obviamente.
La habitación era lo más bello que he visto en toda mi vida, era una suite, el balcón quitaba el aliento, podías ver todas las luces de la ciudad y te sentías como si estuvieras en la cima del mundo.
Cuando todos los botones se fueron, Edward se acerco a mí con una copa de champagne.
-¿Por qué brindaras?- me pregunto con voz seductora.
-Por nuestra eternidad.- le respondí, tomo solo un sorbo, nunca me han gustado mucho las bebidas alcohólicas, me puse de puntillas y le di un suave beso en sus labios fríos, el sostuvo mi cintura con ambas manos y empezamos a balancearnos, como si estuviéramos bailando, en el balcón.
Después el tomo mi mano y me llevo a la cama, aunque llamar a eso una cama esta sobrevaluado, era enorme de madera pulida fina y con esculturas raras talladas en la cabecera, las sabanas era doradas y blancas de seda, el colchón y las almohadas se sentían sumamente suaves como si estuvieran rellenas de plumas.
Primero me beso levemente los labios, después me deposito en la cama, beso mi frente, después mi nariz hasta que llego a mis labios, el contacto con su fría cara hizo que la mía roja e hirviente se sintiera mejor, me enrosque en su cintura con mis pies, sabiendo que esta vez no se iba a retirar. Con una de sus manos acaricio mi pierna en torno a su cintura, subiendo por mi muslo al punto de levantar un poco mi vestido, siguió su curso masajeando mis caderas, por el contorno de mi cuerpo, termino posándose en mi pecho, a este punto estaba segura que prefería morir antes que respirar, el pareció darse cuenta porque retiro sus labios de los míos y me susurro:"Respira amor mío".
Me sentó en la cama y me ayudo a sacarme el vestido, luego yo lo ayude a el, nos quedamos ambos en ropa interior mirándonos fijamente a los ojos, los suyos estaban oscuros, no rojos pero el matiz dorado no estaba ahí, no me preocupe por eso, sabia que preferiría matarse antes que lastimarme, por lo que me acerque para abrazarlo, pero antes de que lo hiciera, el me tomo por os hombros y me tiro sobre la cama quedando el encima mío. Mi corazón iba rápido y lento al mismo tiempo, convencida de que iba a salirse de la caja toráxico de mi cuerpo en cualquier momento, sentí como el reprimía un gruñido, creí que iba a retirarse así que lo tomo de sus cabellos y lo bese fuertemente, el me siguió y ambos nos deshicimos de nuestra ropa interior y quedamos completamente desnudos, pecho con pecho, su piel helado hizo que me estremeciera pero aun así no solté mis pies de su cintura, lo escuchaba respirar profundamente como si tratara de contenerse. Empezó a besarme, desde mis labios, a mi clavícula y terminando en mis desnudos pechos. Solté un gemido por el contacto de estos con sus labios, me miro directo a los ojos y fue ahí cuando sentí que estaba dentro de mí. El dolor era grande, tuve que morder mi labio para reprimir un grito, sus caderas se movían lentamente, permitiendo que yo me ajustara a su movimiento, su respiración era agitada, la mía era entrecortada porque trataba de no respirar. El dolor no se fue, pero cedió permitiéndome sentir placer y dejándome mover las caderas junto con su ritmo, apreté fuertemente su espalda a la vez que la arañaba conforme el balanceo de sus caderas era más rápido.
Éramos uno, en la inmensidad del universo donde no hay nada solo éramos 2 cuerpos unidos en uno, complementándonos uno al otro de forma reciproca.
Su balanceo termino y lo sentí suspirar fuertemente mientras descansaba su cabeza en mi hombro y yo lo abrazaba, nos quedamos así un buen rato sin decirnos mas que palabras de cariño a los oídos, finalmente el se retiro, para recostarse a mi lado y taparme, mientras me dormía al tarareo de mi nana, sentí que unas lagrimas de felicidad se escapaban de mis ojos, nos pertenecíamos el uno al otro ahora.
-Isabella, tu eres mi vida, mi todo, te amo- me susurro.
- Edward, te amo.- fue lo único que pude decir ya que además de estar cansada, no encontraba palabras que lograran enunciar el amor que sentía por el en ese momento.
Al despertarme, note que Edward no estaba a mi lado, me levante, me puse una de las batas y me encamine hacia el balcón, estaba amaneciendo, la vista era incluso mas hermosa ya que era de día, suspire profundamente y luego sentí unas manos entrelazando mi cintura y besándome en la mejilla.
-Buenos días amor mío- me saludo mi ángel mientras me daba la vuelta y lo abrazaba.- ¿Tienes hambre?- me pregunto.
-Buenos días a ti también y si mucha hambre.- no termine de decir esto y Edward me llevo en volandas a la mesa donde un desayuno colosal me esperaba. Lo mire con los ojos abiertos.
-No sabia que querías por lo que pedí todo lo que se que te gusta.- me sonrió mientras agarraba una tostada y le ponía manteca.
Nunca había comido tan bien, todo estaba sumamente delicioso y sobrepasaba por lejos mi usual cereal de las mañanas.
-Alice estará aquí dentro de unos minutos para llevarnos al aeropuerto y despedirnos de tus padres.- dicho eso sentí rara la boca del estomago, no volvería a verlos hasta dentro de unos años, mis ojos se humedecieron un poco, espere que el no lo notara tratando de bajar la mirada, no funciono, alargo un dedo para levantar mi barbilla.
-Bella, podemos esperar unos días si es que quieres, no tiene que ser hoy.- trato de consolarme, pero sabía mi respuesta.
-No Edward, ya es tiempo.- le respondí suavemente.
-Bueno si estas lista, ve a cambiarte.
-De acuerdo ¿tienes mi ropa?- le respondí irónicamente, no había traído ropa conmigo anoche.
-Alice trajo todo tu equipaje.-me dijo riéndose- Según ella si tu ropa ocupa solo 2 maletas no es suficiente.
Solté un bufido, busque entre mi ropa. Me decidí por un jean oscuro con un jersey azul, el color favorito de Edward, cuando Salí del baño, me di cuenta de que Alice también estaba ahí, golpeando su pie contra el piso de forma acelerada.
-¡Que lenta eres Bella! Se nos va a ir el avión y antes de eso tenemos que pasar por tu casa, el tiempo corre.- dijo de forma apresurada mi hermana.
-Alice, cálmate un poco, si el avión se nos va no creo que sea un gran problema para Uds. conseguir un jet privado.-bromee con ella.
-Tienes razón.-dijo felizmente Alice. Tomo solo un minuto después de dicho esto Alice para que yo estuviera abajo, no iba ir a ningún lado en un jet privado.
Mientras estábamos en el Porsche de Alice yendo a casa de Charlie, no pude evitar sentirme un poco deprimida porque no vería de nuevo estos lugares hasta dentro de unos años.
Al llegar, me sorprendió ver a Charlie, mama y Phil tan cómodos hablando entre los 3.
-¡Bella!-grito mi madre y corrió a abrazarme con lágrimas en los ojos, no pude evitar soltar algunas yo también cuando Charlie y Phil se unieron en nuestro abrazo. Mi familia entera.
Charlie, agarro a Edward y a Alice y los atrajo a nuestro abrazo, nos quedamos así un rato, hasta que Renee me soltó y me llevo a la cocina preguntándome todo sobre la noche anterior y el viaje destinado a Paris. Di pocos detalles de todo, en especial de lo primero porque mi cara se sentía a estallar de vergüenza.
Unos minutos después de prometer escribir, más abrazos de Charlie y lágrimas, nos despedimos.
-Adiós, pequeña.- me dijo Charlie, sabia que iba a ser lo ultimo que oiría de el en largo tiempo.
-Hasta luego papa, te amo.- le dije, me quedo mirando con una expresión confundida, movió la cabeza y entro a su casa.
-Hasta mucho después papi.- me susurre a mi misma, Edward estiro su brazo para consolarme. El momento había llegado, abandonaba mi hogar.
Edward me despertó cuando arribamos a Alaska, después de la despedida había estado llorando y me dormí rápidamente, Alice me alcanzo todo un equipaje con ropa de invierno que me puse antes de salir del aeropuerto. Al fin llegábamos, al fin conocería al otro clan, el de Tanya.
Por este hecho es que estuve callada la mayoría del tiempo en el trayecto al hogar de ella.
Cuando arribamos, ya todos los demás Cullen estaban ahí esperándonos, Emmet corrió hacia nosotros y me dio un abrazo de osos que me levanto del piso.
-Hermanita ¿Cómo estas? Pareces tensa.- me dijo mientras me tenia en el aire.
-Creo que es porque no me dejas respirar.-le farfulle. El soltó una risotada y me deposito en el piso, Esme se acerco y me abrazo en sus maternales brazos y me llamo hija al oído, Rosalie me sonrió de manera afectiva y Jasper me dio un abrazo, esto es lo que mas me sorprendió, se estaba controlando muy bien después de que me soltó se situó a la par de Alice, que le sonrió y tomo de su brazo. Carlisle detrás de este hizo lo mismo. Vi una figura detrás de el, alta y de pelo oscuro que se acercaba, cuando Carlisle me soltó, Edward agarro mi mano y me atrajo a el.
-Así que tu eres Bella.- dijo una voz fuerte y musical, provenía de un hombre alto de facciones marcadas y ojos dorados, me sonreía de forma amistosa y a pesar de su imponente ser no pude evitar devolverle la sonrisa.
-Yo soy Eleazar y es un honor conocerte.- me ofreció su mano que yo tome sin miedo.
-Mucho gusto y el honor es mió también.- sonreí y pude ver a otras figuras detrás de el.
-Ah y este es el resto de mi familia: Kate, Irina y Tanya.- señalo con la cabeza cada una de ellas.
Kate era bella, casi tan bella como Rosalie, su cabello llegaba hasta la cintura con suaves ondulaciones doradas al final, su cara era fina y dulce con los labios carnosos que acentuaban su belleza, me sonrió y me abrazo antes de ir al lado de Eleazar, Irina, tenia el cabello negro como la noche y liso al rugido del viento, a diferencia del mío. Era muy hermosa, con ojos un poco achinados pero grandes que permitían ver la nitidez de sus ojos,
me miro e hizo un gesto de saludo con la cabeza apenas sonriendo, me pregunte si eso se debía a ser yo la causante de la muerte de Laurent, su compañero, aunque la respuesta era obvia.
Tanya, realmente era hermosa, cien veces más bella de lo que me explico Edward, me sorprendí al ver como me sonreía y me abrazaba después de hacer lo mismo con Edward, estaba segura de que la difícil iba a ser ella, estaba equivocada.
Entramos a la casa y conversamos sobre la boda con ellos, Irina se fue a los pocos minutos dando la excusa de que tenia hambre.
Tanya nos mostró a Edward y a mi nuestra habitación, después de ayudarnos, nos dejo en la privacidad del mismo.
-Es muy dulce.-le comente a el mientras miraba por la ventana.
-Si lo es, estoy muy sorprendido…-me respondió.
-En que piensa, ¿es solo una actuación lo que hace y en realidad me odia?- pregunte con un nudo en la garganta.
-No, en realidad quiere ser tu amiga, le alegra que yo este feliz, al igual que los demás…bueno casi todos los demás.
-Irina me odia por lo de Laurent ¿verdad?- le respondí, obvia de sus actos.
-Ella sabia que el hacia trampas con lo de ser vegetariano, pensó que luego de un tiempo se acostumbraría, pero cuando supo de su muerte, fue como si le sacaran una parte de ella, no te odia solo esta resentida, el no cumplió con su promesa.- me dijo, de pronto deje todo de lado y recordé una promesa.
-¿Faltaras tu a tu promesa Edward?- le pregunte sabedora de que el conocía mis intenciones.
-Bella acabamos de llegar.-me dijo mientras se acercaba a mi.
-Mientras mas pronto mejor, no faltes a tu promesa Edward, es todo lo que te pido, por favor.- le rogué.
El cerró sus ojos y se acerco a mi, beso mi frente, mis labios y mi pecho, del lado del corazón, el latido cesaría dentro de poco.
-Bella, Te amo.- me susurro
-Yo también te amo Edward.- dicho esto acerco su cabeza a mi cuello después de unos momentos pensé que no lo iba a hacer, pero sentí como sus colmillos desgarraban mi cuello, agarre su camisa y la retorcí por el dolor, mientras el chupaba mi sangre.
El fuego, había olvidado como se sentía.
-Edward ya suéltala.- la voz de Alice parecía lejana y vi como sus manos quitaban a Edward de encima mío. El sollozaba desde un lado.
-Carlisle, la morfina.- grito y fue lo ultimo que escuché, ya que mis gritos apartaron todo y a todos de mi, me sumí en el fuego que me consumía por dentro. Trataba de recordar buenas cosas, Charlie, Renee, Edward, sus besos, la sonrisa de Jake, nada ayudo el dolor me traspasaba por la mitad, solo quedaba el tiempo, solo 3 días como me habían dicho, pero no recordaba nada, solo el fuego.
Bueno, aqui esta el otro capitulo, este por ahora sera el ultimo de Edward y Bella, ahora es el turno de Jacob y June, estoy ansiosa por empezar con ellos, espero les guste )
