Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hiro Mashima.
Chicos, este capítulo lo tengo escrito hace semanas pero no estaba segura de cuando lanzarlo. Si algo les gusta o disgusta esta vez espero que me lo digan e intentaré responder por mensaje (aunque si veo que todos los comentarios y dudas apuntan a lo mismo les responderé en el comentario inicial del próximo capítulo). Por ahora eso es todo...
¡A leer!
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CAPÍTULO 4: Cita en casa
Lo de los sueños mereció sólo un par de bromas más de parte de Happy antes de agotarse, por fortuna. Pero, con todo más calmado pasé a una complicación distinta...
Ayer fue Viernes, lo que significaba que podía salir a solas con Natsu, pero a cada lugar que íbamos nos topábamos con alguien del gremio, y todos parecían interesados en lo que hacíamos y lo que no, así que le dije que volviéramos a mi apartamento y comiéramos algo juntos. Como todo lo que envuelve comida es de su agrado aceptó inmediatamente.
Una vez estuvimos a solas se enrareció el ambiente. Me pone nerviosa de una manera distinta nuestra cercanía cuando estamos solos, aunque nunca conseguimos estarlo por mucho tiempo. Excepto ayer... supongo que debí pensar en eso antes.
Se me acercó por la espalda mientras cocinaba y me sentí un poco intimidada así que intenté concentrarme en la comida. Le di a probar para que viese si estaba listo y pareció complacido con el resultado, dándome un pequeño beso en respuesta, lo que me tomó por sorpresa y solté la cuchara, que cayó a nuestros pies sonoramente. Ambos fuimos a recogerla y nos terminamos dando un cabezazo, pero sólo yo terminé encogida de dolor en el piso de la cocina.
Le pedí a él que apagase el fuego de la cocina mientras me recobraba y recuperaba la cuchara que ninguno de los dos levantó. Al final, me ayudó a levantarme del piso y terminó aplazando la comida para abrazarme. Se sentía bien estar acunada por su calor... él siempre es tan cálido.
Plantó un suave beso en el lugar donde se estrelló conmigo y luego otro más en mi boca, sólo que esta vez le di uno de vuelta y ahí fue donde empezó el problema. Sin nadie cerca, fue como echar leña al fuego... Me estrechó más cerca, apegándome a él y fui muy consciente de toda la piel que tenía al descubierto. Era simplemente un mal momento para llevar el vientre destapado, ambos, ya que podía sentir como mi piel se fundía sobre la suya. Sentía sus manos firmemente apoyadas en mi cintura y mi espalda, mientras las mías no sabían dónde dirigirse ya que mis brazos estaban descuidadamente sobre sus hombros y aún sostenía la cuchara. Finalmente dejé caer nuevamente la paleta y mis dedos encontraron cabida en su cabello, enredándose en él y ensortijándolo.
Reconozco que en estas cosas somos aún algo torpes, pero aprendemos rápido. Hace sólo una semana nuestros besos eran aún tímidos pero esto... no se comparaba con aquello.
Me asustó lo abrumadora que era la necesidad de sentirlo conmigo y el silencio del departamento, que parecía invitarnos a llenarlo con lo que fuera. Comencé a retroceder, por instinto, y él me siguió, como si un hechizo lo mantuviese prendado de mi boca, con los párpados bajos, sin soltarse del agarre en mi cintura. Choqué con la mesa, lo que me hizo sentir ligeramente atrapada, entre la madera y una de sus piernas, sutilmente adelantada entre las mías.
– Ya no deseo comer – Me dijo repentinamente, con la voz ronca y agitada, haciendo cosquillas en mis labios al hablar.
– ¿No tienes hambre? – Eso parecía imposible.
– No de comida. – La referencia me hizo desear no haber preguntado, ya que un escalofrío se coló en mi cuerpo.
– Entonces... ¿Qué... – no me dejó terminar la pregunta, besándome nuevamente, a pesar de que sólo deseaba preguntar qué era lo que deseaba.
Podía sentir claramente el retumbar en mi pecho y estaba segura de que él también lo oía. Pareció detectar mi inseguridad y me sostuvo la mirada, tomando una de mis manos para llevarla sobre su pecho. Su corazón latía igualmente fuerte y pareció hacerlo aún más cuando volvió a besarme. La palma de mi mano hormigueaba al sentirla pegada a su piel.
No conseguía pensar en nada. En nada excepto en él, en sus manos recorriendo mi espalda, en su corazón aleteando en su pecho al igual que el mío y en que, por alguna razón, instinto quizás, seguía empujándome suavemente hacia atrás, consiguiendo que su pierna se metiese aún más entre las mías y que la minifalda que traía se subiera.
Su beso se apartó de mis labios suavemente, comenzando a descender por mi mentón y delineando mi mandíbula hasta llegar a mi oreja. De vez en cuando le gusta probar a hacer cosas extrañas y, muchas veces termina enojándome (como cuando me dio una lamida de lleno en la mejilla y le dije que eso era lo que hacían los perros. Obviamente eso le cabreó, pero también a mí), pero no esta vez, cuando sentí su lengua deslizarse por el lóbulo de mi oreja e introducirse levemente dentro. Envió chispas a todos los lugares de mi cuerpo, al punto de que sentí la necesidad de utilizar una de mis manos para apoyarme en la mesa, a riesgo de desvanecerme.
Nunca pensé estar en semejante situación, no con Natsu, claramente.
Bajó por mi cuello, besándolo y sentí con claridad como empujaba nuevamente con su pierna entre las mías. Me acomodé, apoyándome sobre una mano para sentarme sobre la mesa, pensando que con ello evitaría que mi falda siguiera subiendo pero sin querer di espacio para que se posicionara directamente entre mis piernas.
Comprendí inmediatamente que aquello fue apresurado. Me vio a los ojos unos segundos antes de volver a tomar mi boca, mordiendo suavemente mi labio inferior mientras me comprimía firmemente hacia él, al tiempo que empujaba con sus caderas, abriéndose paso hasta las mías.
Pude escuchar, vergonzosamente, como un jadeo salía de mi boca al sentir aquel contacto. Demasiado íntimo, demasiado rápido para mi gusto y, sin embargo, demasiado agradable como para frenarlo. Por primera vez lo notaba, entre mis piernas, la pulsante sensación del otro lado de la tela. Estaba excitado, me deseaba y... y mi interior se tensó.
Todo parecía precipitado, incorrecto, pero no me importaba, quería esa sensación, lo quería a él. El deseo, una vez agazapado en mi interior, salía ahora por mis poros.
Cerré mis ojos un momento, intentando aquietar mis inhibiciones, para disfrutarle sin culpa, pero un recuerdo intrusivo e indeseado me arruinó el momento... la mirada de Juvia, esa mirada de triunfo cuando me miró, cuando le vi al borde de un tocador, con las piernas alrededor de Gray, afirmada en uno de sus brazos mientras succionaba uno de sus dedos. Él gemía a ojos cerrados de pie frente a ella, con la cabeza levemente echada hacia atrás... era la posición... era demasiado parecida...
Abrí mis ojos de golpe, sintiendo que cualquier cosa que hiciera con Natsu en ése momento se hubiera contaminado de aquel recuerdo y eso no era justo con él. Me odié a mi misma por haber recordado eso y mucho más me odié por frenar a Natsu, pero lo necesitaba... necesitaba pararlo.
– Espera, Natsu... espera... – le dije deseando que mi tono no le asustara porque fue un tanto brusco.
– ¿Qué pasa? ¿Estás bien? – Dijo tomando mi cara entre sus manos para mirarme, dándome a entender que no conseguí mi cometido.
– Sí... es sólo que... creo que estamos yendo muy rápido...
– Ya veo... – dijo disminuyendo la sujeción que tenía sobre mí y retirando sus caderas de las mías varios centímetros, haciéndome sentir una leve e incómoda brisa entre mis piernas – No, no... Creí que...
– Tranquilo... Sólo tomemos esto con calma... – Dije tratando de hacer que mi corazón se calmase, sin frutos, ya que aún latía desbocado.
Vi su rostro hacerse más sombrío, retirándose y rodeando lentamente la mesa para sentarse en una de las sillas a los costados, mientras yo me bajaba, poniéndome de vuelta sobre mis piernas, que se sentían aún vacilantes. Su expresión era la de un perro apaleado. Estaba tendido sobre la mesa, con las piernas más juntas de lo normal y la frente apoyada de lleno en la madera.
– Natsu, no te preocupes... – Le dije pensando que seguía preguntándose lo que había pasado.
– No es eso... – dijo bajándome de la nube – es sólo que esto va a doler... – dijo mirándome con una mueca entre chistosa y dolida.
Sólo entonces recordé que para los hombres puede ser un tanto doloroso quedarse con las ganas...
Tampoco podía hacer más... no era adecuado. Quiero decir, él jamás me hubiese perdonado estar pensando en otra cosa mientras estaba con él... menos si el recuerdo en cuestión envolvía a Gray de alguna forma. Dios, eso sí que desataría el infierno. Bueno, no es que haya recordado a Gray, no realmente... recordé a Juvia, aunque eso no me disculpa en absoluto.
Vi a Natsu sufrir un rato, quedándome a su lado en silencio, acariciando su cabello, viendo como las fibras rosas se movían al paso de mis dedos.
Cuando volvió a tener un aspecto normal y recuperó su apetito encendí nuevamente la cocina para calentar la comida y terminamos la velada como había planeado en un inicio, pero no me pude deshacer de aquella sensación de "¿Qué hubiera pasado si...?". ¿Hasta qué punto hubiese estado dispuesta a llegar?
Ha pasado un día y aún no logro contestarme...
