Me había olvidado de poner el Disclaimer antes, así que…

Los personajes de CCS no me pertenecen; yo solo los utilizo para mi diversión en mis historias.


Corazón muerto

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Capitulo Cuatro

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Agotada, Sakura se dejo caer en su cama aún con su vestido puesto. Las sandalias se las había sacado apenas llego a su casa; el dolor en sus pies la estuvo matando durante casi toda la fiesta. Por suerte, no mucho después de que Meiling apareciera, se sirvió la cena y todos fueron invitados al gran comedor de la mansión. Sentarse fue una bendición para Sakura, pero luego de la cena (que transcurrió con tranquilidad) vino el baile. Al ser la gran mayoría personas adultas muy importantes no fue un baile "alocado", pero bailar cualquier cosa con esos tacos era una tortura. Y una que duro casi toda la noche, porque Ren la invito en cada oportunidad que tenía.

"De verdad le gusto".

Y ahora que se ponía a pensar en ello ¿Qué haría con ese asunto? No podía salir con él y darles falsas esperanzas, y mucho menos casarse. Nunca le haría feliz, y Ren merecía ser feliz.

"Tendré que decirle la verdad"

Sería la primera vez que le diría a alguien su secreto…

Decidió dejar de pensar en el tema y se puso de pie para sacarse el vestido, ponerlo en una percha y colgarlo en el armario. Se cepillo el cabello, se puso unos pantalones cortos y una musculosa para dormir y se acostó en su cómoda cama.

Apenas su cabeza toco la almohada sus parpados se cerraron y su respiración se volvió lenta y acompasada. El sueño la había venció de inmediato.

…o.O.o…

La castaña se despertó ante el insistente toque del timbre. Con pereza se levanto, fue hasta el baño, se lavo la cara y se cepillo los dientes. En el camino hacia la puerta se ato el cabello en un flojo rodete. Al abrir la puerta un sorprendido futuro jefe del clan Yoshida la miraba.

Ren parpadeo, tratando de recuperarse de la conmoción sufrida. Allí, frente a él, estaba una Sakura totalmente… adorable y atractiva, las dos cosas al mismo tiempo. Él no sabía que eso era posible, pero allí estaba la prueba. Sakura estaba con cara adormilada, refregándose su ojo con la mano. Algunos mechones escapaban del rodete que se había hecho. Su cara le inspiraba ternura. Pero por otro lado, el pantaloncito que usaba era extremadamente corto y algo ajustado, su musculosa se ajustaba en sus pechos para luego caer suelta hasta su cintura.

Al darse cuenta que estaba recorriéndole el cuerpo con la mirada sin ningún disimulo levanto la vista, de golpe, y se centro en su rostro.

—Buenos días, Sakura —se aclaro la garganta, ya que su voz había salido un poco ronca—. Creo que llegue temprano.

—¿Eh? No, no. ¿Qué hora es? —le pregunto aún medio dormida.

Ren consulto su reloj de muñeca. —Las once y veinte.

—¿Once y veinte? —repitió sorprendida. Ella nunca solía despertarse tan tarde. Admitía que no era de lo más madrugadora, pero a más tardar se despertaba a las nueve. El alcohol que bebió y el baile de ayer la dejaron muchísimo más agotada de lo que suponía —. Pasa y toma asiento en la sala. Yo voy a vestirme. Ya vuelvo.

Él la observo irse y entrar en la última habitación que estaba en el pasillo. "Su dormitorio…". Negó con la cabeza, entro, cerró la puerta y fue para la derecha, hacia la sala de estar. El departamento de Sakura no era demasiado grande, pero a ella no le importaba porque ella vivía sola y economizaba; el alquiler era barato. Al entrar te hallabas en un pequeño recibidor, que tenía de frente un pasillo que llevaba al dormitorio, el cuarto de baño y el cuarto que Sakura tenía para estudiar. Si ibas para la izquierda entrabas a la cocina-comedor, y si ibas hacia la derecha ibas a la sala de estar.

Ren recorrió la pequeña sala, viendo con curiosidad las fotografías enmarcadas que había allí. Una de ellas llamo su atención. En la foto estaba una niña de unos once años, con el cabello corto, las mejillas sonrojadas y una sonrisa de genuina felicidad. En sus brazos sostenía a un osito de felpa. A su izquierda estaba un niño de cabello castaño con un leve sonrojo y expresión molesta; a su derecha otra niña con ojos amatistas y una dulce sonrisa.

"¿Esa niña del medio eras tú, Sakura?"

—Perdón por hacerte esperar —se disculpo una voz femenina detrás de él.

Al girarse se encontró con una cardcaptor ya cambiada. Su rodete persistía, pero ahora llevaba unos jeans azul claros, una musculosa rosada apagada y unas bailarinas negras.

—Está bien. No tardaste nada.

—Estupendo —dijo y entro, dejando una bandeja con galletas y dos tazas de té humeantes en la mesita—. Sírvete —ofreció amable y mientras él tomaba un poco de su té ella indago—: ¿Estás aquí por tú explicación? —Ren asintió—. Bien, pero prométeme que no le dirás a nadie lo que voy a explicarte. No, mejor júralo.

¿Qué podría ser tan grave para pedir su juramento?

—Te lo juro, Sakura. Si tú no quieres que se lo diga a alguien no hablare.

Sakura tomo un profundo respiro antes de iniciar y mirar a Ren directo a los ojos. Ojos verdes, como esmeraldas, enfrentándose a ojos grises, como la plata.

—Verás, hace unos años…

…o.O.o…

Shaoran Li tenía resaca. Maldita sea. No tenía una resaca desde el último año de secundario, cuando un viernes por la noche se emborracho con unos compañeros de curso, y al día siguiente estaba tan mal que su madre se dio cuenta. Y ellos tenían que ir a una reunión del concilio.

¿Cómo es que termino con resaca? Desde aquella vez siempre se medía con lo que tomaba, conocía sus límites. Estaba seguro de que no se había excedido con el alcohol en la fiesta. Lo que bebía tenía un gusto un poco extraño, pero seguramente era champaña y vino extranjeros… Excepto que… Podría ser que…

Soltó un quejido. Le dolía pensar, pero tenía que hacerlo.

El gusto de la bebida era… ¡ERIOL! Las únicas veces que no sintió algo raro en la bebida era cuando Eriol no le daba la copa, sino que él mismo la tomaba de las bandejas que llevaban los camareros. Shaoran mascullo todos los insultos que conocía, en cada idioma que aprendió. El muy desgraciado de la reencarnación de Clow le hizo un hechizo a cada copa que le daba.

Soltó otro quejido lastimero. No podía hacer nada. Le dolía muchísimo la cabeza como para pensar en un hechizo que revirtiera lo que le pasaba.

—Me las vas a pagar, hijo de p…

—¡Xiao Lang! —exclamo alguien, escandalizado—. ¿Acaso no te enseñaron que está mal decir malas palabras?

—¡Tú! —siseo furioso al reconocerlo—. Haz algo para sacarme esta maldita resaca.

—Nooo, tú tienes que aprender de tus errores. No se debe beber tanto.

—Tú le hiciste algo a lo que tome.

—No me eches la culpa —protesto, fingiendo inocencia—. Yo no he hecho nada.

—Sí, claro. Y Santa Claus existe —mascullo con enojo—. ¿Qué hora es?

Eriol se fijo en el reloj que estaba sobre la mesita de noche del castaño. Le dijo "las doce y medía" y empezó a imitar el ruido de un reloj. El "tic tac" era como apuñaladas a la pobre cabeza de Shaoran. Éste recurrió a su último recurso.

—¡MEILING!

Su prima parecía tener un don para saber cuando Shaoran realmente lo necesitaba. Dos minutos después del grito la chica apareció en la puerta del cuarto de su primo, quien estaba tirado en su cama, tapando sus ojos con su brazo.

—¿Shao? —le llamo preocupada—. ¿Qué te ocurre?

—Eriol uso magia en mis bebidas —explico desganado, en voz baja—. Sácalo de aquí, por favor.

—¿De cualquier forma que yo quiera?

—Sí. Golpéalo, mátalo… no me importa.

Eliot, quien consideraba todo el asunto muy gracioso, se puso serio al sentir algo extraño.

—¿Sentiste eso? —interrogo al castaño.

—¿Qué cosa?

—Esa presencia. Ya regreso.

Y desapareció de la habitación, dejando a una Meling refunfuñando.

—No se vale. Siempre usa su magia para escaparse —dijo, yéndose a buscar algo para aliviar el malestar de su primo.


Permanecían sentados en la sala de estar, sin hablar. Sakura observaba a Ren, quien estaba digiriendo el monologo que ella le había dado.

—¿No hay alguna posibilidad… —indago, al cabo de un rato, sin verla a ella sino al suelo— … de que se… revierta lo que hizo?

La castaña negó con la cabeza.

—Todos estos años lo he intentado.

—¿Y si le pides a ella…?

—Ya lo he hecho —le interrumpió, sabiendo que es lo que propondría—, y no ha podido ayudarme. Ella quiso —se apresuro a aclarar al ver el escepticismo de él. La castaña la defendería a ella sin importar lo ocurrido en el pasado—, pero no pudo. Desde entonces he buscado la forma…

—Sin éxito al parecer —interrumpió él esta vez; amargura palpable en su voz. Sakura lo miro, pidiéndole disculpas con la mirada, a pesar de no ser culpa suya.

—Estoy segura de vas a encontrar a alguien, Ren.

—Por favor, no empieces a decir que soy buen un buen chico y bla bla bla —la vio directo a los ojos—. ¿Nunca le has contado a nadie esto?

—No, y tampoco veo la necesidad de decírselos. A veces es mejor que tus seres queridos queden ignorantes de algunas cosas.

—Gracias por ser honesta conmigo —agradeció con una pequeña sonrisa. Sakura se la correspondió.

—Me fío de ti, Ren, y además no podía ocultártelo cuando me propusiste matrimonio, o lo ibas a hacer en el futuro —rectifico al ver que el rubio iba a protestar—. ¿Quieres que te enseñe algo?

Ren parpadeo, sorprendido por el cambio abrupto de tema, pero de inmediato asintió, afirmando. La menor de los Kinomoto abrió el estucho que había sobre la mesa y extrajo dos cartas rosadas. Se puso de pie, saco su collar y lo puso delante de ella, recitando el conjuro:

—Llave que guardas el poder de mi estrella, muestra tu verdadera forma ante Sakura, quien acepto esta misión contigo. ¡Libérate!

La llave resplandeció y cuando la luz se extinguió Sakura sostenía el báculo, que ahora era casi del tamaño del de Eriol. El anillo rosado que rodeaba a la estrella ya no estaba; la estrella, de diez puntas ahora, levitaba a unos centímetros del extremo superior del báculo. En ese extremo había una pequeña esfera roja, que debajo tenía unas diminutas alas blancas.

Luego arrojo al aire las cartas que llevaba en la mano. Éstas, en vez de caer, flotaron alrededor de la castaña, formando un círculo, con un leve brillo dorado en sus bordes. Sakura les sonrió con cariño.

—Escudo —dijo—, rodéanos y cubre nuestras presencias, tanto físicas como mágicas—apunto a la carta con el báculo y esta de inmediato cumplió su mandato.

Ren contemplo con atención, sin moverse de su lugar, cada acción que ella realizaba: las palabras que decía, los cambios en el báculo cuando empleaba magia; pues al utilizar las cartas la esfera del báculo pasaba de un rojo oscuro a un rojo vivo, como la sangre, y las alas incrementaban su tamaño un par de centímetros.

—Nunca había visto usarte las cartas —musito con fascinación.

Sakura iba a decirle "nadie en un tiempo lo ha hecho", pero no lo creyó necesario. Guardo silencio un momento, después respiro hondo y volvió a hablar.

—Esperanza —llamo. La carta que aún estaba levitando frente a ella brillo con una luz blanca que, al desparecer, dejo ver a una niña de cabellos grises—. Hola Hope —dijo con suavidad la castaña.

—Hola —le respondió la voz de la niña, alegre—. ¿Puedo jugar con mis amigas?

—Claro que sí, pero primero quiero presentarte a alguien.

Hope pareció entusiasmarse ante la idea de conocer a alguien nuevo. Sakura se acerco a Ren, le agarro la mano y tiro de él hacia la carta Esperanza.

—Hope, el es Ren Yoshida. Es un amigo mío.

—Mucho gusto —saludo. Una enorme sonrisa en su rostro.

—Hola.

Ren y Hope se enfrascaron en una conversación amistosa. Sakura se mantenía apartada, observándolos sentada desde el sofá, hasta que se percato de que una presencia mágica estaba aproximándose a ellos. Le era conocida… "Eriol". Bueno era evidente que se daría cuenta de que había utilizado su magia, después de todo era la reencarnación de Clow; pero creyó que no vendría pues era obvio que no existía ningún peligro. Sonrió. La curiosidad de Hiraguizawa era muy grande.

—Tenemos visita Ren.

Yoshida, quien estaba entretenido con las preguntas que le hacía la carta Esperanza, clavo su mirada en la castaña. La pregunta obvia en sus ojos. ¿Qué? ¿Quién?

No hizo falta que ella respondiera, pues en ese momento tocaron la puerta. Y Kinomoto actuó rápido. Hope, que entendía la mirada que su dueña le dirigió, asintió en conformismo aunque algo deprimida porque no pudo estar en compañía de las demás cartas. Sakura se puso frente a ella, acunando tiernamente su mejilla con su mano.

—Luego dejare que estés un rato con tus amigas, Hope —prometió, animándola. La carta Esperanza volvió a asentir y Sakura le sonrió—. Nos vemos.

—Adiós…

Fue lo último que dijo antes de que una luz la envolviera y se convirtiera en una carta, que voló hacia la mano de Sakura. Unos instantes después la carta Escudo también floto hacia ella.

Ren fue a atender. Su paso era lento, resignado, sus hombros caídos en actitud de derrota. Al abrir la puerta se encontró cara a cara con Eriol Hiraguizawa, el famosísimo Reed Clow en su vida anterior, a quien le extraño la actitud vencida de Yoshida.

—Buenos días, Yoshida.

—Hiraguizawa —dijo con un asentimiento de cabeza, en reconocimiento—. Gusto en verte, pero yo ya me iba. ¡Nos vemos luego, Sakura!

Y se fue como alma que lleva al diablo, justo antes de que Sakura llegara hasta la puerta. Ésta alcanzo a contemplar solo la espalda de Ren, quien bajaba las escaleras. Suspiro y dirigió su atención a su nuevo visitante.

—Eriol, que sorpresa el que me hayas venido a visitar.

—Hola Sakura —le saludo con una sonrisa—. ¿Por qué Yoshida…?

—No puedo decírtelo —interrumpió, casi con brusquedad. Trato de suavizar su tono de voz—, es algo personal.

Eriol frunció el ceño. —¿Podrías explicarme otra cosa, entonces?

—Siempre y cuando pueda hacerlo sí.

—¿Por qué has utilizado magia?

—Oh, eso —dijo y sonrío—. Eres muy curioso —declaro. Él se encogió de hombros, sin contradecirla pues era verdad y lo sabía—. ¿Has venido solo? —interrogo curiosa, cambiando de tema, sin sutileza—. ¿Y Li y Meiling?

—Oh… —la diversión brillo en los ojos azules y una mueca algo maliciosa se formo en su rostro—. Meiling supongo que está atendiendo a Shaoran, ya que él tiene una fuerte y molesta resaca.

—¿Resaca? —repitió. Pero si ella no lo había visto beber en exceso. Calculaba que ellos dos bebieron casi la misma cantidad de champaña y vino. ¿Cómo es que tenía resaca y ella no? Entonces lo noto. La expresión de Hiraguizawa, como le entretenía la situación del castaño. Negó con la cabeza—. ¿Qué le hiciste a su bebida, Eriol?

—¿Yo? —fingió inocencia, poniendo cara de niño bueno, esa que le da un chiquillo a su madre que dice "Yo no he roto ni un plato". Luego adopto una actitud ofendida ante la ceja alzada de Sakura—. ¡Cómo puedes pensar así de mí! ¡Cómo es qué todos piensan así de mí!

Con una sonrisa, y aún negando con la cabeza, abrió más la puerta para que Eriol entrara y ella se fue hasta la sala de estar. Allí cogió su estuche de cartas y su celular. Con un "enseguida vuelvo" se fue hacia su habitación y regreso unos momentos después, llevando una campera puesta. Miro a Eriol, quien la observo confundido.

—¿Nos vamos? —pregunto Sakura.

—¿A dónde?

—¿Cómo que adonde? A la casa de los Li, por supuesto.

—¿Vas a explicarnos a todos a la vez? —su tono dejaba entrever un poco de su frustración y molestia. Él no estaba acostumbrado a ser la persona desinformada, a ser quien preguntaba.

Sakura se dio cuenta de ello, de que estaba provocando su irritación. La gran reencarnación del mago Clow Reed debía estar desquiciándose al no saber que ocurría.

Lo último que vio Eriol antes de que ella desapareciera fue su enigmática sonrisa. La sonrisa que el mismo usaba cuando se divertía al tener conocimiento de algo que los otros no.

Él también se fue, refunfuñando.

Fin del capitulo


N/A: Siento la demora. Tenía que leer unos libros (2 de casi 600 páginas y otro de casi 800) que tengo que entregar a la biblioteca esta semana. Pense que tenía más tiempo; Enero se me paso en un abrir y cerrar de ojos u.u Yo soy una lectora rápida, pero no tan TAN rápida :P

Infinitas gracias por dejar reviews, por los alertas y favoritos. Cada vez que recibo un correo sobre eso una tonta alegre sonrisa aparece en mi cara.

Nos leemos!