Capítulo 4: La hija del Señor del Fuego.

Dos días antes de la entrevista.

Zuko se encontraba en su despacho, escribiendo las diferentes órdenes que debían recibir los guardas que se quedaban, y el personal que se encargaba de su habitación, iba a estar una sola semana fuera pero toda precaución era poca. Oyó entonces tres golpes en la puerta.

"¿Señor?" Reconoció la voz de su mayordomo personal.

"Entra" El hombre, que llevaba décadas al servicio de Zuko, un hombre ya entrado en años, pasó.

"Señor, su hija me ha pedido que le disuada de asistir a Ciudad República y, tengo que decir que estoy de acuerdo, esa ciudad se ha vuelto muy peligrosa, desde.. bueno, ya sabe."

Zuko paró de escribir, cerró los ojos y se apretó las sienes.

"La criminalidad..." dijo Zuko, intentando sopesar sus palabras.

"La criminalidad... está a un nivel que jamás se había visto, decenas de edificios se han derrumbado y cientos están parcialmente dañados o inhabitables, el agua está contaminada, además con el ejercito echo añicos y el Avatar expulsado, la cosa solo puede ir a peor. Con la ayuda que vamos a enviar quizás se pueda sacar la ciudad adelante."

"La ayuda se puede enviar perfectamente si su presencia, es un riesgo innecesario."

"El pueblo de Ciudad República necesita saber que les apoyamos, para ayudarlos tienen que ayudarse, y saber que pueden conseguirlo, esta entrevista les dará alguien en quien depositar sus esperanzas."

El mayordomo suspiró.

"Debería usted hablar con su hija antes de marchar, está ya muy nerviosa."

Zuko miró a la carta con las instrucciones que estaba escribiendo, y viendo que ya debía haber escrito todas las instrucciones necesarias, dobló en dos el papel y se lo pasó al mayordomo.

"Envía estás instrucciones al personal para que las cumplan, ah, y de paso, revisa el equipaje, salimos en menos de una hora, no me iría sin ti."

El hombre iba a irse pero antes decidió parar para hacerle una última pregunta.

"Señor Zuko, ¿Por qué prefiere ir en barco en vez de usar el dragón." Zuko sonrió.

"Voy a traer bastante guardias y a mi le gustaría que esté con ellos todo el rato y así de paso podré ir relajado, pensando en las entrevista y como responder bien a las preguntas, aunque pensándolo bien, pediré que lleven al dragón a cubierta, mejor que una vez que la ayuda esté totalmente entregada, pueda volver cuanto antes.

El mayordomo, sonrió también al oír la respuesta y se marchó por la puerta.

Zuko salio poco después y fue directamente al jardín, en este momento no había ninguna reunión, por lo que el daba por hecho que su hija estaría en uno de sus largos paseos con los que intentaba relajarse. No se equivocó.

"Hola, padre." Dijo la Nueva Señor del Fuego.

"Hija, se lo que piensas, pero tengo que hacerlo, me necesitan."

"Y nosotros te necesitamos aquí, Padre, he visto fotografía de como ha quedado la ciudad, y la cosa solo irá a peor, si te pierdo no se... no se si seré capaz de hacerlo sabiendo que no estarás conmigo.

"Hija, si pensara que no estabas capacitada para el puesto no lo habría dejado, se que serás una gran líder, y ahora ese pueblo es a mi a quien me necesita, como me necesitó hace setenta años."

"Con mi radio soy perfectamente capaz de oír la entrevista, si dices alguna estupidez me enteraré."

Zuko sonrió.

"Te enviaré saludos."

Estuvieron hablando un buen rato, Zuko a veces trataba a su hija como si fuera una niña aunque tuviera ya, 58 años, sabía que era una mujer capaz, igual que su nieto, pero aún así seguía siendo su padre y su deber era protegerla.

"Bueno tengo que irme, nuestro barco está esperando."

"Yo debería irme también, tengo cosas que hacer, ya sabes, como Lord del Fuego"

Ella le dio un beso en la mejilla, y este se marchó a la entrada del palacio, donde un coche le estaba esperando.

Su mayordomo le abrió la puerta del coche al Lord y luego se acomodó al lado del conductor que puso el coche en marcha.

Se dirigieron al puerto donde su barco estaba esperando, era un barco enorme, de 30 metros de eslora, donde había almacenados toneladas de comida, agua y material de construcción; en cubierta el dragón descansaba, y los marineros preparaban todo para la salida inmediata.

El conductor, el cual estaba intentando encontrar el lugar donde aparcar el vehículo en el puerto dejó de mirar al frente durante un segundo por lo que no vio que había alguien delante hasta que oyó un grito.

"¡Cuidado!" Dijo el mayordomo, pero era ya tarde, el coche aunque fuera lento golpeó al desgraciado lo bastante fuerte como para tirarle al suelo.

Los tres hombres fueron a auxiliarle.

"Disculpe anciano." Dijo Zuko. "Le llevaremos inmediatamente a que le auxilien."

"No, no pasa nada." Dijo en una voz extrañamente jovial.

El hombre se levantó por su cuenta y al ver su cara Zuko se dio cuenta que el "anciano" era en realidad un joven.

"Perdona" Dijo Zuko. "Creí al ver su pelo grisáceo..."

"...Que yo era un anciano" Dijo el joven sonriendo. "No se preocupen, suele pasarme."

"Aún así." Contesto Zuko, insisto en llevarle a un centro médico. El golpe ha sido muy fuerte."

"No, no hace falta, no me gustaría molestar al Señor del Fuego." El joven empezó a irse. Tenía prisa

"No es ninguna molestia, mi conductor le llevará enseguida."

"Lo siento tengo mucha prisa, pero le agradezco el detalle." El joven dobló la esquina tras un almacén del puerto, perdiéndolo de vista.

"Han pasado años de su abdicación, y la gente sigue llamándole Señor del Fuego, señor" Le dijo el mayordomo, una vez el joven se había ido.

"Las costumbres nunca se pierden, eso me hace temer por mi hija, espero que logre mantenerse una vez yo no esté."

"Estaré para cuidarla, Señor." Le contestó el mayordomo que pudo contemplar un leve atisbo de tristeza en los ojos del anciano.

"¿Y quién vigilará mi tumba, entonces?" Ambos hombres empezaron a reírse. "Mejor que vayamos, un barco y un pueblo nos esperan."

El joven pasó delante del centro médico, empezó a meditar sobre su mala suerte, si hubiera estado mas atento no habría sido atropellado, menos mal que no era grave, no podía permitirse entrar ahí dentro, y que dentro de unos meses le reconocieran como el tipo raro de pelo grisáceo que fue arrollado por el Señor del Fuego, por suerte no había sido grave, pensó para si mismo.

El joven continuó andando, había memorizado las instrucciones, una vez en el centro de la ciudad, buscar una vieja casa de baños, el joven la encontró, dicha casa estaba cerrada y abandonada desde hacía años, pero según le contaron, el actual dueño no quería venderla, y no tenía dinero para restaurarla.

"Si el supiera lo que hay dentro." Pensó el joven para si mismo.

Esperó a que la calle estuviera vacía y entró por una ventana abierta.

Nada mas entrar, el joven tuvo que apoyarse contra la pared para no caerse del mareo repentino debido al mal olor. Había una gran humedad en el ambiente, lo cual cargaba muchísimo el aire. Se puso la ropa sobre la nariz y avanzó directamente a la que era la oficina del gerente.

La puerta originalmente tenía un cerrojo, pero este había sido roto, hace poco por su compañero, el cual había dejado los preparativos para que la operación de hoy fuera posible.

Entro en la oficina del gerente y buscó entre los cajones del viejo escritorio que había dentro hasta que encontró lo que buscaba, una caja , y dentro, una antorcha y tres enormes llaves de hierro con pinta de ser realmente antiguas, luego se acercó a la estantería que había al fondo del despacho y la empujó a un lado, descubriendo un hueco cuadrado de dos palmos lado y profundidad, cogió la antorcha y la prendió con su propio encendedor y metió la antorcha prendida en el hueco, esperó un par de segundos hasta que oyó un chasqueo, luego apoyó su mano libre contra la pared y empujó, la pared cedió revelando un largo y oscuro pasadizo, el joven cogió la caja y entró.

Estuvo andando durante unos 5 minutos hasta que llegó al final del pasadizo, que parecía no tener salida aparente, en el suelo se encontró otra caja dejada para ayudarle, solo que esta era mucho más grande, la abrió y encontró unas vestiduras dentro, las cuales eran las utilizadas por los sirvientes de palacio, el joven se cambió rápidamente, luego cogió una de las llaves de hierro, y mientras que con una mano soportaba la pared con la otra metía la llave en un agujero en el techo, giro la llave y oyó otro chasqueo, el bloque de piedra del techo donde se encontraba la cerradura se separó del resto, así que ahora, con ambas manos libres lo bajó con cuidado y lo dejó en el suelo, luego movió la baldosa que había quedado al descubierto y subió, se acababa de infiltrar en el palacio real.

Se encontraba en una sala de la limpieza, rodeado de utensilios, salió de la habitación, dos guardias estaban charlando y pasaron a tres metros suyo, ni siquiera le miraron.

Le dijeron que su objetivo estaría casi con toda probabilidad en el jardín, intentó orientarse pensando en los mapas que tuvo que memorizarse, y marchó en la dirección que creía que era el jardín, al ver el sol vio que no se equivocaba y pudo respirar aliviado, registró el lugar con la mirada y encontró a quien buscaba sentada, leyendo al lado de la fuente, la hija de quien le había atropellado hace menos de una hora, al recordarlo sintió un dolor agudo en la pierna, donde había contactado con el coche, por suerte para el, su movilidad no había sido restringida, así que el plan podría haber seguido adelante.

Se acercó con naturalidad a la dirigente de la nación del Fuego.

"Señor del Fuego." Dijo con el mayor tono de preocupación que pudo fingir. "Tenemos un problema."

"¿Qué ocurre?" Respondió la mujer, que parecía haber mordido el anzuelo.

"Sígame, por favor, es mejor que lo vea por usted misma, he descubierto algo peligroso."

El joven se dirigió a la habitación por donde había entrado, por suerte para el no había nadie en el pasillo, ambos entraron y el le señaló el agujero.

"Descubrí esto mientras limpiaba." Dijo él. "¿Qué cree que podrá ser?"

La mujer se dirigió hacia el agujero con curiosidad, dándole la vuelta, él aprovechó la oportunidad y usando la llave de hierro, la golpeó en la cabeza, haciendo que se desplomará inconsciente. Ahora no había vuelta atrás, cogió a la mujer y la metió con cuidado en el agujero, dejando que cayera los dos metros que había de caída, luego cogió la losa, se metió dentro y cerró por dentro.

Una vez en el túnel se cambió de ropa, metió la ropa de sirviente en la caja, le prendió fuego y la llevó en brazos hasta el final del pasadizo, utilizando la otra llave, abrió la puerta y acabó de nuevo en el despacho del gerente, dejó todo como estaba antes de que llegara, y salió afuera, aunque esta vez abrió la puerta principal, delante del edificio un coche les esperaba.

"¿Han dado la alarma?" Pregunto el joven.

"No todavía, has tenido suerte, yo de ti dejaba a esa mujer aquí y largarnos antes de que nos ejecuten a los dos." Respondió el conductor.

El secuestrador le hizo caso omiso y la metió rápidamente en la parte trasera del coche. El hombre aceleró inmediatamente cuando el joven se metió en el asiento del acompañante.

"Es que no lo entiendo. ¿Qué podéis ganar secuestrando a esa mujer y haciendo todo lo que habéis hecho hasta ahora? No me entra en la cabeza.

"Escúchame, Shin. Entre las condiciones por todo el dinero que os dimos estaba nada de preguntas ¿Entendido? ¿Está el barco preparado? Hay que irse antes de que bloqueen el puerto"
Shin asintió, el joven podía respirar aliviado, su parte del trabajo había sido realizada con éxito.

"Solo dos días para la entrevista." Pensó para el mismo mientras el coche descendía dirección al puerto, mientras en el palacio, un guardia preguntaba a la gente si había visto a la Señor del Fuego.


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