ò . Я . Ω . R . ó
Había una vez...
. Ω .
James, era amigo de Mike, el hermano mayor de Jessica. Desde que las conoció se enamoró de Victoria, y por supuesto, como a cualquier adolescente, le tomó un año de afirmaciones y pruebas de que a ella también le gustaba, para decidirse a pedirle ser su novia. Desafortunadamente, Victoria murió cuatro días antes de la fecha en que iba a hacerlo.
El dolor de la pérdida de Victoria los unió. Sabían que ese argumento era bastante trillado, pero era la verdad. Fuera de sus padres, a nadie le hacía más falta que a ellos. Se volvieron los mejores amigos, lo hacían todo juntos, hablaban todo el día por teléfono y se contaban todos sus secretos, pero sobre todo, hablaban de Victoria. Por un par años conservaron una bonita amistad, pero al terminar la secundaria, Jessica se fue a Francia a estudiar gastronomía y poco a poco perdieron contacto. Se reencontraron, por casualidad, cuando Jessica tenía casi un año de haber regresado. Hablaron como si el tiempo no hubiera pasado, por horas, sin importarles las expresiones de celos y reproches en las caras de sus respectivas parejas. Un año y medio después, estaban comprometidos.
Aunque esa historia era muy mona, a Bella le interesaba saber si alguna vez se había dicho que en su casa asustaban. Era un tema difícil de introducir, porque el riesgo de ser obvia y sonar como de manicomio era abrumador. Aprovechando que las canciones empezaban a repetirse, Bella fue por unos cuantos CDs entre los cuales venían, convenientemente, dos películas:Sixth Sense y The Others.
―Yo no sé cómo Edward puede ver este tipo de películas, a mi me dan terror. Cierro los ojos y me tapo los oídos la mitad del tiempo.
Edward, que hubiera preferido alquilar Pulp Fiction, la miró atónito. No obstante, el resultado fue el esperado, todos tenían algo que decir. Primero comentaron las películas hasta el cansancio, pero paulatinamente, fueron pasando a anécdotas personales. La mayoría había sido asustada o por lo menos conocía a alguien "que jamás inventaría algo así" a quien le había pasado algo relacionado con lo paranormal.
Sus historias eran bastante escalofriantes. Peter, contó que en la casa donde vivía antes, mojaban todas las noches a su hija; al principio creyeron que se orinaba en la cama, pero la ausencia de tufo reveló que era agua. Pronto descubrieron que ahí había muerto una niñita: La madre, dejó a sus hijos con la niñera para ir a trabajar y a ésta se le cayó la muchachita cuando la estaba bañando y se desnucó, para ocultar el accidente, le prendió fuego a la casa y salió con el niño a la venta. Así que la fantasmita mojaba a la otra niña para evitar que se quemara. Triste, realmente.
Kate, que en la casa de su tía, había visto, sentada frente a un viejo tocador, a una mujer de cabellos blancos, cepillándose suavemente. Cuando le preguntó a la tía, quién era la señora que estaba en su cuarto, se dio cuenta de que no había nadie más en la casa. Más tarde, la tía le mostró la foto de la mujer que ella vio: era su bisabuela.
Claire, juraba que, cuando tenía unos dieciocho años, se quedó a dormir en la casa de una amiga y que a media noche se despertó y vio un hombre blanco, como de luz, que se asomaba furtivamente por la puerta del baño. Cuando se lo contó a la madre de su amiga, una señora muy espiritual, le dijo que ya lo había visto cerca de ella, que no se lo había dicho para no asustarla, pero no debía preocuparse pues la estaba cuidando. Nunca más lo volvió a ver.
Finalmente, después de mil y una historias similares, Bella obtuvo lo que quería cuando Jessica, con voz trémula, dijo:
―Victoria todavía está aquí…
―¡Por el amor de Dios, Jessica! Ya estás tomada, por favor no empecés con eso ¿Quires correr de su casa a Bella y a Edward? -―exclamó James.
―Si, estoy tomada, pero, ¿vos creés que no se han dado cuenta? ―le respondió, y volteándose hacia Bella― ¿Me vas a decir que no la has sentido? Si no, ¿por qué tanta curiosidad?
Bella asintió lentamente y guardó silencio para escuchar a Jessica, pero James decidió que era mejor marcharse, pues ya era tarde y debían levantarse temprano por que le habían prometido su hija llevarla al zoológico.
Sintiéndose como el sultán de Las Mil y Una Noches, al que Sherezada le cortaba la historia justo en la mejor parte, Bella se despidió de sus vecinos.
Después de la partida de Jessica y James, todos se retiraron poco a poco. Tenían vecinos muy agradables y bastante normales; había sido una bonita velada, hasta Edward terminó por pasarla bien. Lo mejor para Bella era que había encontrado una excelente fuente de información. Estaba segura de que Jessica le diría todo lo que necesitaba saber. Se fue a la cama mareada, pero en paz.
A media noche, Bella se despertó al escuchar a Edward gimiendo suavemente en su sueño y lo notó apretando las sábanas entre sus puños con la cabeza tirada un poco hacia atrás.
―Bella... mmm... síiii ―susurraba.
Bella sintió su cuerpo responder de inmediato y se volcó sobre él, besando sus hombros, escurriendo una mano por su abdomen hasta llegar a su erección.
―¿Edward? Despierta, amor.
―Estoy despierto... ¡Ungh!―gimió, sus manos soltaron las torturadas sábanas y buscaron a Bella.
El transparente deseo de Edward y los sonidos cargados de urgencia que salían de su garganta y que contrastaban con la suavidad con que sus labios se movían sobre su cuello, fueron suficiente preámbulo. Hicieron un amor cadencioso e intenso.
Justo antes de dormir Edward murmuró contra su nuca: ―Me encanta que me tomes en tu boca.
Bella se congeló. Ella no había hecho eso esa noche.
. Ω .
―¿Qué se supone que vas a hacer con lo que Jessica te diga?
―¿Qué es lo que quieres de mí, que deje a Edward? Victoria, no sólo eres una niña, estás muerta ¿Qué se supone que vas a hacer tú con Edward?
―¡Qué falta de imaginación, Bella! Y no soy una niña. Como tú dices, estoy muerta, se es una niña en un cuerpo, yo no tengo ninguno. Conservo esta apariencia porque era bonita. Yo no soy mala, sabes, pero ya no quiero estar sola.
―¿Me quieres conmover? Me estás volviendo loca ¿Te has puesto a pensar en que es más probable que Edward me encierre en un manicomio a que crea en tu existencia? No cree ni en Dios, menos que crea en Gasparín la Fantasmita Cachonda, y eso no va a cambiar sin importar cuánto sexo oral le des en sus sueños.
―Yo tampoco sé si creer en Dios, pero aquí estoy... Además, no sé de qué te quejas, funcionó a tu favor, ¿no?
―Me das lástima. ¿Cómo es que una niña de 14 años tiene una mente como la tuya? ―exclamó Bella.
Victoria se rió entre dientes. ―¡Catorce años! ―bufó―. Te sorprendería lo que se puede aprender o desear en mi... ¡Ahem!... estado... Tengo más planes para Edward y no siempre te van a beneficiar.
―¿Qué vas a hacer?
―Humm...
Bella, había leído que la mayoría de los fantasmas se comunican para ayudar o para pedir ayuda, y que la mejor manera de hacerlos avanzar a otro plano, entiéndase "deshacerse de ellos", era ayudándoles a consumar lo que fuera que dejaron sin resolver. Era evidente que Victoria no quería ayudarla en nada, pero, ¿qué podía hacer ella por Victoria?
. Ω .
Eran las cinco y media de la tarde y Bella sabía que James llegaba en una hora, tenía que aprovechar el tiempo. Jessica la recibió afectuosamente, le mostró su casa y a su hija, que jugaba feliz en el jardín con su perrito.
―Qué pena, el otro día estaba realmente tomada, no te quise poner nerviosa.
―No te preocupes, de eso quería hablar justamente.
―Yorkie, es bisnieto del perro de Victoria ―dijo Jessica, señalando vagamente en la dirección en que el perrito y su hija jugaban.
―¿De Riley?
―¿Cómo sabes el nombre del perro de Victoria? ―preguntó Jessica, con un hilo de voz.
―Victoria me lo dijo.
Jessica la miró con los ojos aguados y la invitó a sentarse en la terraza. Siempre había escuchado historias tontas sobre el fantasma Victoria. Decían que se la oía llorar y destrozar cosas, que era ella la que arruinaba las tuberías, etc. Pero no era eso a lo que se refería Jessica cuando decía que Victoria estaba aun en la casa.
Lo que Jessica sentía, cada vez que pasaba frente a la casa, era una presencia suave, aunque últimamente era más bien turbulenta. Le pidió a Bella que le contara lo que a ella le había pasado y escuchó atentamente. Estaba a punto de sacar unas fotos, cuando llamó James diciendo que estaba en camino. Se despidieron y quedaron en verse al siguiente día.
Bella sabía que Jessica no le había dicho ni la mitad de lo que ella pensaba o conocía del caso, pero tendría paciencia. Estaba dispuesta a ayudar a Victoria y para eso necesitaría la ayuda de Jessica. Pensaba pedirle refuerzo al padre Liam, pero no estaba segura de cómo reaccionaría. Tenía como mil años de no ir a misa y el padre no era muy condescendiente con las ovejas indisciplinadas. La última vez que quiso comulgar, la dejó con la boca abierta, esperando la ostia, porque no se había confesado. Tendría que empezar a asistir a misa de nuevo. Valdría la pena aunque fuera sólo para verle la cara de desconcierto a Edward. ¡Incrédulo!
Esperó a Edward para ir revisar y escoger las fotos que que imprimirían de las que habían tomado el día de la fiesta. Estaba segura de que algo aparecería en ellas aunque el video fue un chasco. Las fotos, sin embargo fueron más decepcionantes que el video, pues ni siquiera estaban bien tomadas. De todos modos, escogieron unas cuatas para ordenarlas delicadamente en un álbum que se uniría a la colección que tenían.
. Ω .
―Yo también he soñado con Victoria ―confesó Jessica―. Nunca se lo había dicho a nadie más que a James porque pensé que era mi complejo de culpa por haberme casado con él.
―¿Qué te dijo? ―preguntó Bella―. A mí me aseguró que no podía salir de la casa.
―No puede salir del complejo, pero de la casa, sí. Es sólo que creo que no le gusta.
Por un año, Jessica soñó a diario con Victoria. Primero eran severas pesadillas en las que Victoria le reprochaba a Jessica su matrimonio con James, la llamaba mala amiga, traidora. Por eso, cuando tuvo a su hija, no le puso Victoria, como hubiera deseado, si no Ángela. Pero esto fue cambiando. Pronto hablaban como lo hicieran cuando eran unas jovencitas. A Victoria no le interesaba el James de ahora, los pocos años que habían pasado, no lo beneficiaron para nada, estaba irreconocible, había engordado y perdido un poco de pelo. De tal modo que James, dejó de ser un tema de interés entre ellas. Pasado un tiempo, la frecuencia de los sueños disminuyó y luego simplemente, dejaron de ocurrir.
Bella, trataba de hacer una relación entre lo que Victoria le había contado a ella y lo que Jessica estaba diciéndole. Según su historia, Victoria no estuvo adormecida hasta el día en que vio a Edward, pero, sabía que los espíritus mientían, dependiendo de sus intenciones. Ese podía ser el caso de Victoria. Todo esto lo discutieron, sin llegar a una conclusión definitiva.
Viendo las fotos que sacó Jessica, podía ver una ligera semejanza entre Edward y el James de hacía quince años, especialmente en la expresión de los ojos y la palidez del rostro. Nada más, pero podía entender que Victoria se equivocara por un segundo. La imagen de Victoria, la impresionó mucho más. Allí estaba, entre un mar de pelo rojo y ondulado, la misma cara de sus visiones. Blanca, cejas muy definidas, nariz recta pero redondeada a los lados, labios carnosos, y unos ojos azules, grandes y llenos de pestañas, que la miraban con familiar picardía.
―¡Bueeenas! ―saludó desde la puerta James, haciéndolas cambiar de tema en forma automática―. ¡Bella! ¿Qué tal? Espero que esta mujer no te esté hablando de fantasmas otra vez.
―Para nada, estábamos planeando un paseo al Skywalk del Gran Cañón para cuando tengamos algo de tiempo. ¿Qué te parece?
―Mejor a Biófera 2. Me da pena admitirlo, pero soy acrofóbico, Bella ―dijo James, entornando los ojos a su esposa, oliendo la mentira.
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Gracias a todos los que han puesto LCN en sus favoritos y en alerta... me honran.
El soborno sigue en pie.
