Bueno, perodon por la tardanza (hasta perdi la cuenta de cunato paso u.u) pero aun asi, aqui esta el capitulo, solo queda decir que es el penultimo. Agradesco todos los comentarios que han dejado, y a todos los que leen este fic n_n.

Hetalia no me pertenece, es de Hidekaz~

Las partes en cursiva son recuerdos.

~º~ : cambio de escena.


Llevaba alrededor de media hora parado esperando en el aeropuerto, el vuelo se había retrasado debido al mal tiempo. Le hizo algo de gracia recordar cómo se ponía de histérico su hermano menor al viajar en avión. En especial porque de pequeños, le hacía creer cuando subían a uno que el transporte caería del cielo al mar.

No podía evitar sentirse ansioso, ya iba para cuatro años que no veía a su hermano, le comían los nervios. El saber que Matthew llegaría acompañado hacia nacer un tic en su ceja.

Se permitió perderse un poco en sus recuerdos, cuando ellos dos eran pequeños y jugaban juntos, cuando su padre los abandonó y quedaron solos con su madre, cuando su madre se perdía en el alcohol. Durante años tuvo que encontrar un balance entre la escuela, cuidar de su hermano y hacer alguno que otro trabajo menor para conseguir algo de dinero.

Una infancia trágica diría cualquiera, pero de cierta forma supo disfrutarla y así evitar sumirse en un espiral de amargura. Claro que no lo hubiera podido hacer si su hermano no hubiera estado con él. Fue Matthew quien le aconsejo el usar esa habilidad innata que tenía para poder ver a través de las personas para algo productivo, más allá de caerle bien a la gente.

Tal vez fue por esa razón que se molestó tanto cuando Matthew le informó que se iría a Francia por un tiempo para poder terminar la universidad, mas sin embargo se consoló al saber que regresaría al cabo de unos meses y aun un tanto reacio le dejó ir sin cuestionarle mucho. Por supuesto nunca se esperó que unos meses después Matthew le llamara para informarle que había encontrado pareja y que, viajaría de regreso a los Estados Unidos para presentárselo.

Hasta ahí todo parecía normal, conoció al tipo que sentía le estaba quitando a su hermano menor, pero prefirió callar cualquier queja respecto a éste por no hace sentir mal Matthew. En si el hombre era bien parecido, pero el simple hecho de que era francés le molestaba un poco (vaya que esos franceses tenían mala reputación según su punto de vista), rubio, ojos azules y cabello algo ondulado, similar al de Matthew.

Todo fue muy bien hasta que una noche, su hermano le soltó la bomba. Le habían ofrecido un trabajo muy bueno en un museo de arte muy reconocido de Paris, por lo que pretendía quedarse ahí, con Francis. Después de eso, el caos se desato: gritó, soltó uno que otro golpe hacia el francés (injustificado en ese momento debía de admitir) y en su arrebato de rabia, le dijo a su hermano que no quería volver a verlo en la vida. No soportaba el hecho de que una de las personas más importantes para él se alejara de esa forma y como resultado de esto, terminó alejándolo aún más.

Fue por esa razón que le sorprendió el haber recibido esa llamada de su hermano el día anterior.

…— Al, soy yo, Matthew; en caso de que te preguntes ¿Quién? Te recuerdo que soy tu hermano. ¿Sabes Al? sé que no hablamos desde hace mucho tiempo, más exactamente desde que me fui a Paris y sé que probablemente sigas molesto, pero creo que ya va siendo hora de que lo superes. Llamé hace unos días al departamento de policía de Nueva york para preguntar por ti ya que no me contestabas el teléfono de casa; no me sorprendió mucho que me dijeran que te mandaron a Estocolmo como sanción, siempre fuiste muy impulsivo. Tengo pensado ir para allá, tal vez sea un poco pronto, pero tomare un vuelo a Estocolmo mañana, posiblemente llegue por la noche por Air France, espero que estés ahí. No te preocupes si no quieres ir, solo…

Un incómodo silencio se hizo presente, por alguna razón, sintió que su hermano había hecho un enorme esfuerzo por que la voz no se le quebrara. Segundos después, alcanzó a escuchar unos susurros, como si Matthew hablara con alguien más.

Después, de nuevo Matthew habló.

—…Solo quiero pasar la navidad contigo. Así que si no vas al aeropuerto, estaré en le Best Western Hotel hasta el 26, antes de que olvide mencionarlo…Francis me acompañara. Espero verte Alfred —…

Miró su reloj una última vez. Las diez menos quince, el avión había arribado hace cinco minutos, Matthew no tardaría en bajar. Se levantó de su asiento mientras daba el último sorbo a su malteada (la cual había comprado en un local del aeropuerto) y se dirigió a la salida.

— Lo siento Matthew, pero no puedo— tal vez era un cobarde, tal vez simplemente no estaba listo para enfrentar su pasado, pero sintió que irse de ahí fue lo mejor que pudo hacer.

Minutos después, un rubio muy parecido a Alfred salió por la puerta de llegada acompañado de un francés que le tomaba de la mano, como dándole fuerzas. Soltando un suspiro recorrió la enorme sala de espera de la terminal cinco del Aeropuerto Arlanda.

— Tal vez aun no llega… lo podemos esperar un poco si quieres— comento dulcemente el francés, mirando con algo de tristeza a su pareja.

— No, él no vendrá, vamos al hotel. —respondió con una sonrisa melancólica en el rostro.

~º~

Esa mañana llego al departamento de investigación algo cansado, tenía ojeras incluso más marcadas que el día anterior y unas increíbles ganas de aventarse por el barranco más cercano que encontrara. Y aun así, cuando su compañero llegó para continuar las investigaciones, pensó que a comparación de Toris, cualquiera que fuese su problema, no podía ser peor que el del chico lituano.

Toris desprendía un aura depresiva, arrastraba los pies y al llegar al lado de Alfred se dejó caer pesadamente en el suelo bocabajo, ahogando contra el duro piso los sollozos que escapaban de su boca.

Por si acaso, Alfred se alejó del chico un poco.

— Apenas es 23 y ya quiero que el año termine — soltó con voz algo desesperada

— ¿Salió mal la cita?

— Eso quisiera. Primero fuimos a comer a un restaurante carísimo, después fuimos a bailar y terminamos la noche siendo perseguidos por perros. ¡Me acabe mi dinero del mes en una noche! Lo peor es que Feliks se divirtió tanto que quiere que le lleve a algún lugar en Nochebuena

— Mira, ya tienes que hacer mañana —Alfred le tendió la mano a Toris para ayudar a levantarlo.

— Te escuchas más emocionado que yo — se quejó mientras se limpiaba el traje café. Ambos empezaron a caminar hacia el estacionamiento— ¿Tú tienes planes para nochebuena?

Alfred pensó un momento antes de contestar; algo inusual en él, que solía hablar sin meditarlo antes.

— Aun no estoy seguro — subieron al auto para dirigirse a hablar con Mathias.

El día anterior habían hablado con Einnar y les había dicho lo de la relación de Mathias y Berwald, sin embargo, no pudieron hablar con Mathias ya que al parecer había salido con Kristian.

Llegaron a la casa y tocaron el timbre. Enseguida, Kristian abrió la puerta. Al parecer ya los esperaban. Mathias se encontraba sentado en un sillón de la sala.

— Tal parece ser que nos ocultaste un poco la verdad, ¿no, Mathias? — empezó algo cortante Alfred, no estaba muy de humor para darle rodeos al asunto.

— Einnar me conto lo de ayer, disculpen que no lo haya mencionado, pero no me pareció importante.

Kristian, que estaba parado a un lado de Mathias le hizo una muda señal con la cabeza a Einna. Sin decir palabra alguna, al igual que su hermano, Einnar se fue a lo que supusieron era la cocina, dándoles así algo de libertad a Mathias de contar lo que sea que tuviera que decir

La ciudad era hermosa desde donde se encontraba. Había salido a la azotea para alejarse un poco del ambiente de la fiesta y aunque odiara reconocerlo, de Berwald.

No soportaba estar cerca del sueco, no porque lo odiara, sino porque sabía que si estaba cerca de él le sería más difícil controlarse. No era consiente de cuando había iniciado ese constante juego que llevaba con Berwald, ni cuando para ambos había dejado de ser un juego convirtiéndose en algo más. Era una necesidad estar cerca el uno del otro, necesitaban sentirse, necesitaban rozar sus labios, conscientes de que se les había ido de las manos, con el peligro constante de ser descubiertos (lo cual le agregaba un factor bastante existente a la situación).

Y aun así no se detuvieron. Lo único que les freno fue verse descubiertos por Kristian al salir de un hotel. Había sido pura casualidad que el noruego pasara por ahí en ese momento y les viera besarse apasionadamente. Se había sentido tan culpable que le prometió nunca volver a repetirlo. Berwald por su parte le pidió que no lo buscara más.

Su promesa se vino abajo cuando se había quedado solo con Berwald unos instantes en la sala del departamento. No lo pudieron evitar. Aun así, Berwald le había golpeado para alejarlo. Sabía de sobra que el sueco no quería lastimar a Tino ni a nadie.

¿Te duele mucho? — Tan sumido estaba en sus pensamientos que no se percató de que Berwald había llegado a la azotea — creo que se me paso la mano, disculpa.

Instintivamente Mathias se llevó la mano a los labios, más exactamente a la zona afectada por el golpe. Sonrió burlón.

Na, un mosquito me hubiera hecho más daño. Tienes un puño muy débil, Sve— Berwald no pudo evitar sonreír ante el apodo que por años Mathias había usado para referirse a él.

Y aun así soy más fuerte que tú — Se acercó a Mathias que se encontraba recargado en el barandal. Estiro la mano y rozo con la punta de los dedos el labio de Mathias, quien se tensó ante el contacto —…deberías poner hielo.

Un silencio extraño se apodero del lugar. Ambos se miraban a los ojos, absortos en su mundo, donde por unos segundos solo existían ellos.

No deberíamos seguir…—

Vámonos — Mathias miró sorprendido al chico frente él, sin dar realmente crédito a sus oídos.

¿Qué?

Vámonos lejos. No quiero seguir lastimando a Kristian, ni engañando más a Tino ¡no quiero seguir engañándome más! Vámonos lejos, escapemos juntos. Estoy cansado de tener que fingir frente a la gente, tener que ser frio contigo para evitar que mis sentimientos salgan y se apoderen de mí. ¿Qué dices? ¿Aceptas?

No se lo podía creer, de todas las personas del mundo, nunca se hubiera imaginado que Berwald le pediría escapar con él, que se atreviera siquiera a dejar a Tino, dejar todo y a todos atrás.

No supo en que momento por sus mejillas comenzaron a correr lágrimas de felicidad, mientras que por su rostro se colaba una sonrisa.

Si… ¡Sí! ¿Cuándo nos vamos? Necesito preparar las cosas… ¿¡A donde iremos! —La emoción le ganaba, sabía que estaba siendo egoísta, que Kristian lo amaba a pesar de no aparentarlo, que Einnar le tenía un gran cariño y que Berwald tenía una familia, pero en esos momentos nada le importo, solo Berwald y él importaban.

Solo la risa de Berwald logró sacarlo de ese estado de euforia en el que se había metido por unos momentos.

Tranquilo, nos vamos hoy mismo, ¿A dónde? Quien sabe, tal vez lo sepamos cuando estemos en camino — Berwald no pudo evitar reír aún más ante la expresión de incredulidad en la cara del danés — Por lo pronto, hazme un favor, creo que necesito pensar unos momentos, baja y trae mi abrigo y mi billetera.

¿No les avisaremos?

Berwald le miro serio unos momentos, pensando en que responderle.

Cuando no nos encuentren, Kristian supondrá que estamos juntos, sé que será egoísta y tal vez hasta cobarde pero prefiero enviarle una carta a Tino después. Ahora ve, mientras más rápido nos vayamos será mejor, para todos —

Dicho esto, Mathias bajó corriendo entusiasmado las escaleras dejando a Berwald solo en la azotea…

— Nunca debí de haberlo dejado solo en la azotea ¡maldición! — Mirando a los ojos a Mathias Alfred se dió cuenta que el danés no mentía, podía ver perfectamente la tristeza reflejada en ellos, así como el arrepentimiento y la culpa por haberlo dejado solo en la azotea.

Toris pareció pensar lo mismo que Alfred y soltando un suspiro se dirigió a Mathias.

—Cuando bajaste ¿viste a alguien subir?

— No… pero, creo que Tino estaba buscado a Berwald cuando regrese al departamento y después salió, pero no supe a donde se dirigió

— Bien, gracias por todo

~º~

Tino estaba parado a un lado del árbol navideño, Alfred y Toris se encontraban sentados en el mismo sillón que se sentaron la última vez que fueron. A diferencia de esa vez, Tino no había tenido una gran sonrisa en el rostro al recibirlos, ni les había ofrecido amablemente algo de tomar. Solamente les había indicado que se sentaran. Alfred se preguntó si Mathias o tal vez Kristian habrían llamado a Tino para informarle que irían a visitarlo de nuevo.

— Supongo que Mathias les contó lo que esa noche planeaban hacer — soltó el finlandés, llamando así la atención de Alfred.

— ¿Tu lo sabías? — preguntó Toris asombrado

— Subí a la azotea buscando a Berwald, el solía ir seguido ahí para estar solo. Pensé que seguía molesto por lo de Arthur, creo que de cierta forma arruine sus planes un poco.

...Llevaba rato buscando a Berwald, aunque en el fondo sabía dónde se encontraba. Había preferido dejar la azotea como última opción. Cuando llegó a su destino, no se sorprendió de ver a Berwald parado a un lado del barandal contemplando el hermoso paisaje de Estocolmo en nochebuena.

Sabía que estarías aquí, Berwald— dijo con una sonrisa en el rostro. No pudo evitar notar, a pesar de la oscuridad, como el cuerpo de Berwald se tensaba al escucharlo.

¿Qué haces aquí? — preguntó el sueco encarando a Tino.

Me tenías preocupado… ¿sigues molesto por lo de Arthur? — pregunto tímidamente.

Para su sorpresa, Berwald ignoró la pregunta y regresó su mirada al paisaje que minutos antes contemplaba.

Berwald

Perdóname, Tino. Sabes que te quiero, nadie puede dudar de eso, pero… creo que es tiempo de dejar de engañarme, no es lo mismo querer que amar.

En esos instantes Tino sintió como el aire se iba de sus pulmones. Su mirada se tornó borrosa y sus labios empezaban a temblar.

No… —Fue lo único que logro soltar en forma de susurro.

Lo cierto es… que no te amo, Tino

¡Cállate!

Yo amo a Mathias y planeamos irnos esta noche, no tengo idea de a dónde, solo nos queremos alejar de todo esto. Ya no quiero seguir escuchando solo a mi mente, quiero seguir el corazón, perdóname, por favor.

Para ese momento, ambos tenían el rostro empapado en lágrimas, Tino no podía creer lo que oía, estaba en shock y a Berwald le dolía en el alma hacer aquello, dejar a Tino.

¿¡Porque! ¿¡Acaso no eres feliz con migo! ¿¡Echaras a la basura todo lo que tenemos por él!

Y sin esperar respuesta, decidió salir corriendo lo más lejos que sus piernas le permitieran…

— Me encerré en mi habitación después de eso. No supe más, hasta que la policía toco a la puerta y nos dijeron lo que había pasado. — Concluyó el relato con una expresión de dolor en el rostro — me hubiera encantado que el ultimo recuerdo que Berwald tuviera de mí no hubiera sido ese — las lágrimas comenzaron a caer por su rostro — Estaba tan cegado por la ira que no me importo herirlo, a pesar que debió ser difícil para el decirme eso.

Alfred asintió. Al igual que como había pasado con Mathias, sabía que Tino no mentía.

Sin embargo, esto les dejaba sin pista alguna.

~º~

— ¡Dios! Comienzo a creer que estamos en un laberinto sin salida — Se quejaba Alfred algo desanimado, ya eran cerca de las doce de la noche y aún estaba en la oficina revisando apuntes de oficiales sobre el caso en aquel entonces, sin encontrar nada.

— Ya revisé tres veces las cosas que se encontraron en la escena, Alfred ¿Qué busco exactamente? — Toris llevaba media hora revisando objetos metidos en una caja de evidencias, ya estaba cansado, incluso más que el americano.

— ¡No sé, alguna nota, un arma, algún objeto que nos pueda servir de…! ¿Qué es esto? — Algo curioso, Alfred sacó un pequeño objeto de la caja.

— ¡Que hermoso! — exclamó Toris viendo el curioso objeto.

Fue entonces que una luz de esperanza iluminó a Alfred. Rápidamente, el americano se levantó de su asiento y tomando el teléfono llamó a una persona que tal vez podría ayudarlo un poco más.

— ¿Tino? Soy el detective Jones —escuchó la breve respuesta antes de continuar — no te preocupes, no es nada, solo un pequeño favor, ¿me podrías mandar la foto que tienes en la chimenea? — Otra respuesta más y Alfred prosiguió — Si exacto, la que se tomaron esa navidad, mándala por fax, creo que esa es la clave que me hacía falta — con una gran sonrisa en el rostro y tomando el pequeño objeto que había encontrado, se dirigió a la máquina de fax, donde ya se imprimía la foto.

Presuroso tomo la foto y poniéndola sobre la mesa busco con la mirada, encontrando lo que recordaba haber visto y pasado por alto las otras dos veces que había estado en la casa de Tino.

— ¿Alfred? — preguntó algo extrañando el lituano.

— ¡Lo tengo Toris! — Gritó extasiado el rubio aun con el objeto en mano— mira bien ésto — puso en la mano de Toris el objeto — y observa la foto.

Al analizar la foto, Toris sonrió.

— Estuvo frente a nuestros ojos todo el tiempo…

—… y de nuevo una fotografía nos da la respuesta— terminó Alfred.


Espero que lo hallan disfrutado, el próximo capitulo se vera el culpable, n_n

Acepto comentarios de critica constructiva y de lo XD