Izuku miró el edificio donde estudiaba a lado de sus compañeros —los mismos que abusan de ella—, baja la vista y antes de dar el primer paso, dos chicas chocaron sus hombros con los de Midoriya provocando que se tambaleara, por suerte pudo reincorporarse antes de caer de boca contra el pavimento, Izuku limpió su rostro con su manga del uniforme, un ritual para llenarse de valentía y siguió avanzando demostrando su perseverancia.
Un nuevo día está comenzando y tiene que darlo todo.
Entró a su respectivo salón y miró su mesa llena de garabatos hechas por plumones permanentes, será difícil de quitar así que mañana traería productos de limpieza, miró a sus lados para averiguar quién había sido y sólo recibía miradas de asco, escuchando una que otra risita burlona, se mordió el labio inferior, aguantando las ganas de llorar, tenía que parar antes de darle el gusto a sus enemigos y no lo haría.
Ya no más.
Izuku revisó que no tuviera algo raro su silla ni su mesa, al ver que todo estaba despejado, se sentó y miró debajo de su pupitre y no había nada, Midoriya se aseguró llevarse todos sus libros a casa para que nadie pudiera rayarlos, sólo los traería para las clases que tocaban ese día, además trajo una bolsa de tela con cordón donde guardaría sus zapatos, así nadie se las robaría o les pondría las típicas tachuelas de oficina. El problema sería dejar el salón, porque en un momento tendría que hacerlo y dejaría sus cosas a merced de sus matones, al menos que se lleve consigo sus cosas a todos lados en la escuela, sin embargo, si un docente la ve creería que se estaría saltando las clases y la recriminarían…aunque no sería tan malo, si los maestros se fijaban en ella, habría una posibilidad de que descubrieran quienes la molestan y pondrían un alto, no obstante cabe la probabilidad de que sólo le regañarían, dejando de lado los maltratos que los otros alumnos le daban.
Lo cual hacen, pero tal vez exista un maestro que se apiade de ella, sólo era una pequeña esperanza que no tenía nada de malo en mantener. Aunque sea muy pobre.
Empezaría las clases, sólo deseaba que ninguno de los alumnos de su salón soltará un comentario referente de ella en plena lección.
—Hola. —Saludó Hitoshi con una pequeña sonrisa a Izuku, ella se sonroja y asiente.
—Shinso-kun, hola ¿Cómo estás?
—Bien. —Respondió el chico de manera seca. —Otro día más, rodeado de idiotas.
Midoriya sonrió de manera forzosa, todavía no estaba acostumbrada al humor de Hitoshi, por lo que se le dificultaba en responder en ciertas situaciones, y estas eran una de ellas. Después de la cita que tuvieron, se han mandado uno que otro mensaje, e Izuku respondía de inmediato, en cambio Shinso se tardaba mucho en contestar, incluso un día entero.
Nunca le recriminaba de eso, debía de darle su espacio.
—Izuku, ven por favor. —Llamó Inko a su hija, ella de inmediato va para ver, su mamá le da un topper de comida en forma de círculo, la chica lo sostiene sin entender bien la situación, Inko le sonríe para soltarlo. —Ve a la casa de Mitsuki-san, hice budín y me gustaría que se lo dieras.
Izuku sonrío mientras sus labios le temblaban, su día no puede empeorar más ¿verdad?
—¿Qué? —Respondió la puerta Katsuki, Izuku no pudo sobresaltarse un poco.
