Taiyou Yagami (9 años, hijo de Taichi y Akane)
Aiko y Yuujou Ishida (9 y 5 años, hija e hijo de Sora y Yamato) *-*
Chikako Izumi (8 años, hija de Koushiro y Mina)
Michael Kiyoshi "Mishi" Barton (8 años, hijo de Mimi y Michael)
Makoto Kido (10 años, hijo de Jyou y Momoe)
Musuko Motomiya (11 años, hijo de Daisuke y Keiko)
Minako, Osamu y Yoshi Ichijouji (11, 8 y 7 meses, hija e hijos de Ken y Miyako)
Shizuka Hida (11 años, hija de Iori y Yuuna)
Tenshi Takaishi (11 años, hijo de Takeru y Nicolette)
Kibou Hayashiba (11 años, hijo de Hikari y Yuuto)
...
¡Se acabó!:
A primera hora de la mañana del día siguiente, Koushiro convocó a todos los digidestinados en su casa para, junto con Gennai, comunicarles las noticias de última hora en el Digimundo. Todos acudieron a la cita, a excepción de Mimi que alegó un contundente "Mi vida se va a la mierda, ¡déjame en paz!", para escaquearse. Los que si fueron, para alegría de ellos, ya que de esta forma se perdieron un día de colegio, fueron los hijos del matrimonio Ishida y el hijo de Yagami. Porque aunque sus padres no estuviesen al corriente de sus aventuras, Koushiro si que había descubierto que ellos estuvieron inmersos en una especie de mundo paralelo debido a la distorsión y por eso su presencia era crucial.
-Vaya mierda de canapés que sacas.- escupía Daisuke con desprecio.
-Son flores decorativas.- informó el pelirrojo con desgana. No iba a perder más el tiempo con ese deprimido moreno, era hora de informar a sus amigos de que una nueva aventura estaba cerca.- chicos os he llamado para…
Se detuvo al sentirse ignorado, porque el barullo era ensordecedor, ya se sabe como van estas cosas: "¡Cuánto tiempo!", "voy a tener un hijo", "mi mujer me ha echado de casa" "el Olympiacos ha ganado la liga de futbol griega", "15 días de vendaje", "mi deportivo corre que se las mata", "la madre de mi hijo está en la ciudad", "mi hijo es un antisocial", "eres un depravado infiel", "¿has vuelto a dejar dinero a la niña?", "creo que esta noche duermes en el sofá"… etc, etc…
-Chicos, chicos… ¡chicos!.- Izumi se desgañitó, pero consiguió que el silencio se hiciese dueño del lugar.- ya sé que hace tiempo que no nos reuníamos pero si os he llamado es porque ha pasado algo muy importante y…- nuevamente se detuvo mirando algo anonadado.- ¡mi madre!, ¡¿te has hecho un piercing?
Todos dirigieron su mirada a la persona en cuestión, que no era otro que el mayor de los digidestinados, Jyou Kido.
-Bueno.- empezó sonrojándose, señalando su piercing en la oreja.- estoy en plena juventud, es normal que me ponga estas cosas.
Los amigos compartieron miradas entre ellos asombrados y murmurando cosas, era un hecho que los 40 estaban causando grandes estragos en Kido.
-Vale, de acuerdo…- trataba de calmarse el pelirrojo, respirando profundamente.- está bien, como decía… ¡también un tatuaje!
Nuevamente todos los ojos se clavaron en el médico del Digimundo, que en esos momentos estaba haciendo como si se estiraba para dejar bien visible su "tatuaje".
-¡Eso no es un tatuaje!.- señaló Taiyou divertido.- es una calcomanía, salen en las bolsitas de "chunny booms"… yo tengo una.- terminó de decir remangándose el jersey para enseñar su calcomanía desgastada, que en su día fue un adorable payasito.
En el momento, Jyou se la tapó avergonzado, había hecho un asombroso ridículo y otro que se la tuvo que tapar fue Yagami, pero este porque su padre se lo ordenó en el acto.
-¡Sabes que no me gustan los payasos!
-¿Por qué?.- preguntó el niño con inocencia.
-¿Por qué? ¿y preguntas por qué?.- Taichi puso cara de circunstancias por contar su trágica historia.- corría el año 1999 y un payaso… me dio una paliza y después, me convirtió en llavero…
Yuujou que escuchaba la historia con la boca abierta, alzó la cabeza hacia su madre, que mantenía la mano en el pecho compungida.
-Mami, ¿a ti tampoco te gustan los payasos?.- la mujer negó con la cabeza.- ¿Por qué?
-Yo… bueno… era el verano de 1999 y… un payaso me transformó en llavero…
-¿Y a ti?.- preguntó ahora a su padre.- este también negó con la cabeza.- ¿Por qué?
-Es una historia trágica, pero se resume en que un payaso me convirtió en llavero…
-Y…
-¡Basta ya!.- interrumpió Koushiro haciendo un gesto de desesperación con las manos.- todos cogimos miedo a los payasos por culpa de Piedmon, no hace falta que lo contéis uno a uno.
-¡Mi trauma no lo causo Piedmon!.- anunció Jyou con superioridad, todo le miraron expectantes.- mi historia es más trágica si puede, yo era un inocente niño, estaba con mi madre viendo una actuación, entonces el payaso pidió un voluntario y me eligió a mi, quería que le diese un objeto personal, yo llevaba a Fifi, mi peluche de la infancia, él lo metió en su chistera y… ya nunca más volvió a aparecer…- terminó llevándose las manos a la cara.
-Jyou, creo que eso causo tu trauma por los magos, no por los payasos.- apuntó Gomamon, haciendo pensar a su compañero.
-Tienes razón… entonces, mi miedo a los payasos lo causo… corría el año 1999 y un…
Caída generalizada de todos los presentes.
-¡Apasionante!, ¡pero esto no es una terapia de grupo!.- gritó Koushiro, pero parece ser que no le escuchó nadie.
-Mi nombre es Daisuke Motomiya.- se puso en pie el empresario.- y quiero decir, que mi mujer me ha dejado.
La mayoría compartieron miradas de desconfianza, Daisuke rompía con su mujer cada dos por tres y a los dos días siempre estaban reconciliados.
-Esta vez va en serio…
Mientras Daisuke lloriqueaba, Iori y Sora le miraban con cara de desaprobación porque eran los únicos que hasta el momento conocían lo sucedido, Koushiro se desesperaba, Gennai se preguntaba para que demonios había venido y los demás compartían opiniones a limpio grito, Takeru permanecía en una esquina con una expresión de tristeza en el rostro y la mente lejos de cualquiera de las conversaciones que se estaban sucediendo en ese lugar.
-¿Te encuentras bien?.- se acercó la única persona que se había dado cuenta de su estado.
El rubio la miró con ojos vacíos, era como si no estuviese en esa habitación, como si nada de lo que le rodeaba existiese, lo que hizo preocuparse cada vez más a Hikari, no era normal ver a Takeru tan apesadumbrado.
-Puedes contármelo, ¿Qué te preocupa?.- preguntó dulcemente la mujer, apoyando la mano en su brazo.
Takaishi siguió los movimientos de Hikari con la mirada todavía sin decir nada.
-¿Tiene algo que ver con que haya venido la madre de Tenshi?.- se atrevió a preguntar con cautela.
Algo se revolvió dentro del rubio al escuhar eso, y aunque desease la ayuda y el consuelo de Hikari, no quería meterla en esto. Koushiro les había reunido por algo importante, no era el momento de preocupar a los demás con sus problemas. La castaña conocía demasiado bien a aquel rubio y por los gestos de su rostro supo que algo le preocupaba profundamente, que le llenaba de tristeza y que muy seguramente había acertado con sus suposiciones, pero también entendió que Takeru no quisiese hablar del tema, y mucho menos con ella, al fin y al cabo, era una ex. Por eso, decidió dejarlo pasar y ceñirse a lo que les había reunido hoy ahí.
-¿Estás preocupado por lo que pueda pasar en el Digimundo?.- preguntó con cierto temor, que por supuesto Takeru captó y le hizo por fin articular palabra y volver a tierra firme.
-¿Tu lo estás?
-No sé…- contestó la mujer con inseguridad.- es que…- no quería hablar del tema, la última vez que hubo una crisis seria en el Digimundo había sido hace 18 años y finalizó con la decisión más dura y triste de sus vidas.- pero es que me preocupa… Gatomon, lleva días rara, dice que siente algo y Kibou...
-No debes preocuparte.- interrumpió el rubio con su sonrisa de seguridad y la mirada dulce de siempre, a pesar de que todavía conservase un ápice de tristeza.- él no puede volver, es imposible, acabamos con él para siempre.
-Y si…
-No pienses en eso, ya verás como no tiene nada que ver con eso.- tranquilizó ahora el escritor, pasando las manos por los brazos de su amiga.
Era irónico, Hikari había ido a animar a Takeru y Takeru había acabado animando a Hikari. Pero así había sido desde niños, animándose, ayudándose y protegiéndose mutuamente y así seguían haciéndolo de adultos.
Por fin, Koushiro logró callar al personal y poner orden en la sala para poder empezar a explicarse.
-Os he llamado porque están ocurriendo cosas en el Digimundo, ayer hubo una distorsión de la que fueron testigos Aiko, Yuujou y Taiyou.- comentó sorprendiendo por completo a sus padres, esos jovencitos deberían de dar más de una explicación.- pero la de ayer no ha sido la única.- prosiguió, dando a un mando a distancia, para que en una pantalla gigante empezasen a salir mapas del mundo digital.- he estado toda la noche recopilando datos y analizando hasta la más mínima vibración entre los diferentes mundos y desde hace varios días se están sucediendo estas distorsiones, no me había dado cuenta antes, porque salvo la de ayer, las otras fueron prácticamente imperceptibles…
-¿Qué nos quieres decir?.- inquirió Ken, mirándose el reloj molesto. No podía pasarse todo el día ahí.
-Os quiero decir, que la oscuridad está absorbiendo la luz.- concluyó el pelirrojo seriamente.
-¡Eso quiere decir que nos preparamos para un nueva batalla!.- exclamó Agumon con felicidad. Parece ser que le hacía ilusión luchar después de tantos años inactivo.
-Ese es el punto discordante.- interrumpió el informático.- … el Digimundo necesita niños elegidos, pero esos, ya no somos nosotros.
-¡¿Qué?.- un gran murmullo y muestras de preocupación se hicieron dueños del lugar.
-Escuchad.- tomó la palabra Gennai, que seguía con su aspecto juvenil, parece ser que los años ya no pasaban para él.- vosotros hicisteis un gran trabajo en vuestro momento y el Digimundo y los digimons os lo agradeceremos eternamente, pero ya no es vuestro tiempo. Desde siempre, cuando el Digimundo está en crisis y la oscuridad supera a la luz, elige a niños con unas características determinadas que puedan hacer digievolucionar a sus compañeros digitales. Se eligen niños, porque los niños tiene el corazón puro y como durante años este mundo debía estar en secreto necesitábamos personas que nunca tratarían de aprovecharse de él, que lo amarían y lo cuidarían y esos son los niños, inocentes y honestos. A pesar de que las cosas han cambiado en estos últimos años, el Digimundo sigue precisando de ese corazón bondadoso de los niños, por eso va haber nuevos niños elegidos.
-Bueno entonces, ya no tenemos nada que hacer, más que pasar el testigo a esos chicos.- asumió Yamato con deportividad.
Al fin y al cabo, era como librarse de una carga. A partir de ahora ya no tendrían esa presión de salvar y proteger al Digimundo, podrían disfrutar de él con tranquilidad.
-¿Pero que estás diciendo?.- Daisuke por el contrario, no quería librarse de esta placentera carga.- ¡yo quiero seguir protegiendo el Digimundo!
-Lo seguiremos protegiendo, pero de otra forma.- habló Hikari, también con aparente alegría por esta liberación.- seremos los guardianes de esos chicos, les enseñaremos todo lo que sabemos.
-Nunca mejor dicho.- murmuró Koushiro para si mismo, él ya conocía toda la información y Gennai no hizo esperar a los demás.
-Los niños ya han sido elegidos.- comunicó el digi-humano.
-¿De verdad?.- preguntó Sora con curiosidad.- ¿y quienes son?
En ese momento 14 haces de luz de diferentes colores salieron de la pantalla del ordenador de Izumi, dispersándose por toda la habitación hasta desaparecer, 4 de ellas concretamente desaparecieron muy pronto, en el mismo momento en el que encontraron los dispositivos correspondientes y se metieron en ellos. Los dueños de dichos dispositivos eran los tres niños presentes y el bebé que mantenía la señora Ichijouji en brazos.
-Waa….- Aiko se apresuró a sacar su dispositivo alucinada, aunque aparentemente no hubiese habido cambio alguno. Le siguieron Taiyou y Yuujou, mirando sus dispositivos con curiosidad.
-¿Qué quiere decir esto?.- preguntó Inoue, mirando el dispositivo de su hijo estupefacta.
-Quiere decir que… los niños elegidos son… ¡vuestros hijos!.- exclamó Gennai flipándose más de la cuenta mientras Tentomon hacía uno de sus característicos rayos detrás suya.
-Maldita sea Tentomon, ¿ya estas otra vez haciendo tonterías?.- zarandeó Koushiro, no le gustaba que Tentomon hiciese rayos en casa.
-Es que, no he podido evitarlo.
La inesperada información había causado un shock a todos los presentes, sin duda, esto era lo último que se imaginaban, aunque parece ser que sus hijos estaban más que contentos por esta noticia.
-¡Has oído Ai-chan!.- llamó Yagami a su amiga.- ¡Piximon tenía razón!, ¡somos los niños elegidos!, ¡salvaremos el mundo y seremos héroes!
Lentamente la ilusión se fue apoderando de la cara de Ishida, pero su padre se apresuró a cortar esta locura.
-¡Se acabó!.- exclamó contundentemente, todos le miraron con curiosidad, todos menos su mujer, que ni siquiera se atrevió a mirarle, conocía ese expresión de seriedad demasiado bien.- ¡dejad de decir tonterías!, ¡mis hijos no van a ser nada de eso!
-Pero papá…- iba a protestar la niña.
-¡Cállate!.- ordenó su padre de mala gana.- escúchame Gennai, nosotros ya fuimos los elegidos, ya llevamos esa carga e hicimos nuestro trabajo, no tienes ningún derecho a pedirle a nuestros hijos que hagan esto.
-Yamato.- musitó Gabumon sorprendido, sabía que a veces había dudado de su misión como digielegido, pero no se imaginó que lo detestara tanto.
-Yamato, debes de entender que necesitamos niños con las cualidades de…
-¡No me vengas con esas!.- cortó Ishida las explicaciones de Gennai.- ¿me estás diciendo que en todo el mundo no hay otros niños con estas cualidades?, ahora el Digimundo no es un lugar secreto, ¡busca a otros niños y déjanos en paz!
-No hay tiempo para eso, vuestros hijos son los indicados, no solo porque poseen las cualidades sino porque conocen el Digimundo y están preparados para la lucha.
-¿Una niña de 9 años y un niño de 5 están preparados para la lucha?.- gritó irónicamente.- ¡no digas tonterías!, mis hijos lo único que tienen que hacer es ir a la escuela y jugar, ¡no es justo que les metas en esto!
-Pero papá, puedo hacerlo.- se atrevió a interrumpir la pequeña Ishida.- si es por Yuu-chan no te preocupes, yo cuidaré de él.
-¡Si no puedes cuidar de ti misma como vas a cuidar de tu hermano!
Ishida había perdido la paciencia por completo y con ese grito Aiko quedó abatida, sintiéndose inútil y al borde de las lágrimas. Yuujou estaba asustado, nunca había visto a su padre tan desquiciado, todos los demás no se atrevían a intervenir, ni siquiera Sora, cuando Yamato se ponía en esta plan era intratable.
-Cariño, no llores.- consoló rodeando por el cuello a su hija y echando una mirada de reproche a su esposo.
-No quiero escuchar más, nos vamos.- ordenó, comenzando a andar. Pero nadie le siguió, Sora permaneció inmóvil con sus compañeros digimons e hijos.- Sora, nos vamos.
La mujer dirigió la vista al suelo, para luego mirar a su marido.
-Yamato, tranquilízate por favor.
El rubio resopló molesto. Lo que le faltaba, ahora su mujer le trataba como un trastornado delante de todos. Tratando de mantener la compostura, se acercó a su familia.
-Apóyame, por favor.- susurró de una forma que solo lo pudiese escuchar la pelirroja.
La mujer miró a sus digimons, que permanecían a la expectativa, miró a sus hijos; su pequeña, que gimoteaba escondiendo la cabeza en su vientre y su benjamín que miraba para un lado y otro asustado, finalmente su vista acabó en la mirada penetrante de Yamato.
Aún sin demasiado convencimiento asintió, no le habían gustado en absoluto las formas del rubio, pero interiormente estaba de acuerdo con él, ella tampoco deseaba que sus hijos tuviesen que luchar como lo hicieron ellos en el pasado.
Después de que los Ishida se fueran todos quedaron unos minutos en silencio y cariacontecidos, había sido una reacción totalmente inesperada, pero bueno, tampoco les podía sorprender, conocían a Yamato y aunque últimamente estuviese más tranquilo, su genio se hacía presente cada vez que tocaban a su familia. La siguiente que tomó la palabra fue Miyako, que permanecía con su bebé en brazos.
-Ken, Yoshi es solo un bebé y… yo no quiero que les pase nada a mis hijos.- susurró a su marido apurada.
Otro que estaba muy pensativo era el futuro padre, a Akane le daría un disgusto cuando se enterase de que su hijo era un niño elegido y tenía que irse a luchar contra quien sabe que. Y en su estado, lo último que deseaba era preocuparla, debía estar tranquila por el bien del bebé. No lo pensó más, su obligación era mirar por los intereses de su familia.
-Taiyou, nos vamos.- dijo tomando a su hijo de la mano.
-¿Qué?… pero papá.
-No discutas, lo que tu tienes que hacer es estar con tu madre.- sentenció dirigiéndose hacia la salida.- ¡vamos Agumon!
-Voy.- asintió el digimon confuso, él deseba luchar.
Poco a poco los digielegidos, tomando el ejemplo de Yamato y Taichi, fueron abandonando la casa de Izumi. No querían que sus hijos pasasen por lo mismo que ellos. Todos acabaron marchándose, excepto uno que no tenía donde ir y el dueño de la casa.
-¡Esto es una mierda!.- protestaba Motomiya alterado.- Gennai, mi hijo hará lo que sea, no te preocupes.
-Tienen que ser todos, pero gracias.- agradeció Gennai tristemente.
-Gennai, ¿y que vamos a hacer?.- cuestionó el pelirrojo pensativo.
-No lo sé y aunque desconozco con exactitud que va a suceder, sin los niños elegidos estamos perdidos.
-¿Y nosotros no podemos hacer nada?.- preguntó Tentomon preocupado.
-Lo siento, pero vuestros dispositivos ya han perdido su poder, ahora ni siquiera podréis viajar al Digimundo.
-¡¿Qué?.- gritó Daisuke aterrado, sobresaltando también a Koushiro, el Digimundo era su vida.
-Lo siento, pero para protegerse y prepararse para lo que le espera el Digimundo va a cerrar sus puertas y sus comunicaciones con el mundo real.
Ambos hombres tomaron sus dispositivos entre sus manos.
-No funciona.- dijo Izumi, removiéndolo extrañado.
-Están inactivos, ya no sirven para nada.- explicó Gennai.
-¡¿Qué?.- gritó Daisuke más aterrado que antes, su vida se desmoronaba por completo.
-Vuelvo al Digimundo, buena suerte chicos, ha sido un honor trabajar con vosotros.
Poco después, Gennai despareció por la pantalla, cerrándose la puerta tras de sí.
-¿Qué hace?, seguro que era un farol.- empezó Daisuke apurado.- ábrela.
-Si ábrela, nosotros tendremos que volver, ¿no?.- añadió V-mon con preocupación, esta tarde tenía timba de póker con Starmon y Deputimon y todo el mundo sabe que no es recomendable dejarlos tirarlos.
Koushiro trató de abrir la puerta pero le fue imposible ¿acaso Gennai tenía razón?, ¿lo habían hecho de verdad?, ¿habían cerrado la puerta digital para todos o solo para ellos?, ¿o es que al igual que cuando eran niños solo podrían ir al Digimundo los nuevos niños elegidos?
-Es imposible.- finalizó apoyando las manos en la mesa abatido.- se acabó.
…
Mientras los adultos mantenían su reunión de emergencia, en la escuela elemental de Odaiba transcurría con total calma y normalidad un día común.
En la hora del descanso, dos chicos charlaban amigablemente de sus respectivos partidos del día anterior, se trataban de Musuko y Tenshi. Y a pesar de que ambos eran unas personas optimistas y alegres por naturaleza, en el día de hoy solo mostraba esa alegría Tenshi.
-¡5 carreras!, ¡fue genial!, ¡épico!, ¡homérico!, ¡grandioso!, ¡Omnigrioso!, ¡Imperiadrastico!, ¡Magnangecelar!
Mientras Tenshi seguía inventándose adjetivos sin ton ni son, inmerso en su mundo feliz, su compañero permanecía con la cabeza agachada y la mente lejos de todo, seguía dándole vueltas a lo ocurrido ayer en su casa, por qué su madre estuvo toda la noche llorando y su padre había dormido fuera.
-¡Musuko!.- zarandeó el rubio.- menudo careto tienes, hoy estáis todos que parecéis muertos vivientes, entre tú, Shizuka lloriqueando en clase no se porqué, creo que se ha peleado con Minako porque no se han hablado en todo el día, bueno Minako no ha hablado con nadie, lleva un cabreo.- describía el chico, a pesar de que su compañero no le hiciese ningún caso.- y Musuko es el tío más imbécil del planeta, juega como el culo al futbol y los Tokyo Verdy son una mierda…
No hubo respuesta por parte de Motomiya, seguía resoplando con la mirada fija en el suelo y entonces Tenshi supo que le pasaba algo serio.
-¡Musuko!, ¿Qué ocurre?, ¿estás así por la derrota de ayer?
-¿Huh?.- por fin Musuko se enteró de que alguien le hablaba.- eh… nada uh, voy a… adiós.
Sin decir más, el pequeño Motomiya tomó otro camino, quería estar solo o por lo menos con una persona menos optimista y no tan cargante como Tenshi.
-Que mosca le habrá picado…- murmuró el rubio para si mismo.- bueno, ya se le pasará.
El chico continuó su camino con total felicidad, no era para menos, ayer había hecho un partido para el recuerdo y lo que más feliz le hacía, su madre lo había presenciado y estaba en la ciudad.
Iba con el guante de béisbol en la mano, tirando la pelota para arriba y recogiéndola una y otra vez, por eso no se dio cuenta de que cruzaba por medio del campo de futbol. Algunos jugadores le gritaron y el más efusivo, por supuesto que fue Kibou.
-¡Siempre tienes que hacer el idiota!.- le gritó con desprecio.
Al verlo el rubio sonrió de manera provocativa y adrede ralentizó al máximo sus andares y la paciencia de Kibou desapareció por completo. La relación de estos dos era caótica, pero a pesar de lo que pudiese parecer no siempre se llevaron así. Cuando los dos eran pequeños e iban a la guardería eran grandes amigos, siempre jugaban juntos, tal vez influía el hecho de que Hikari fuese la profesora. Pero luego empezó la primaria, se fueron distanciando, cada vez se aguantaban menos y ya últimamente Kibou no lo podía ni ver, también es verdad que en los últimos tiempos Kibou estaba más reservado e irritable que nunca.
El balón que le tiró el castaño no llegó a impactarle, pero la acción de su compañero hizo que desapareciese su sonrisa, ya estaba harto de Hayashiba y de que siempre le tratase mal.
-¿De que vas?, menos mal que eres malo, porque si me llegas a dar te lo tragas.- amenazó Takaishi, encarándose al chico.
-¡¿Por qué demonios tienes que pasar por aquí?, estamos jugando.
-¡No lo había visto!.- gritó Tenshi más fuerte.
La lucha verbal era cada vez mayor lo que provocó que los alumnos curiosos comenzasen a hacer corro alrededor de ellos.
-Venga, a otro con esas Takaishi, que nos conocemos.
-¡Tú no me conoces en absoluto!, ¡nunca te has molestado en conocerme!
Hayashiba rió irónicamente, para luego pegar su cara a la de su enemigo.
-Ni quiero conocerte más, me das asco.- masculló provocando la ira del rubio. A pesar de que a veces le gustase hacerle rabiar y desafiarle, no entendía este odio absurdo.
-¿Qué problema tienes conmigo?
-Mi problema… es que, no me gusta la cara de baboso que pone tu padre cuando mira a mi madre.
Tenshi le dio un leve empujón en le pecho, eso le había enojado, pero él también sabía dar donde más duele.
-¿Qué mi padre mira a tu madre?.- preguntó de manera sarcástica.- yo creo que es al revés, no hay más que ver tu nombre, dime, ¿en que estaba pensando tu madre cuando te tuvo?, mejor dicho, ¿en quién?
-¡Se acabó!
Lleno de furia, Kibou se abalanzó hacia su compañero, arrojándolo al suelo empezando así una encarnizada lucha, mientras los chicos de alrededor se limitaban a jalear entusiasmados. No se detuvieron hasta que se acercaron Musuko y Shizuka y consiguieron separarlos.
-¿Pero que hacéis?, ¿estáis locos?.- gritó Motomiya sujetando a Kibou.
-¡Suéltame!, ¡voy a matar a ese cerdo!.- se revolvía el chico.
-Mira como tiemblo.- provocaba más si puede Tenshi, haciendo un gesto con las manos.
Y en ese momento de tensión, varios haces de luz de diferentes colores llegaron hasta ellos, adentrándose en sus dispositivos digitales.
-¿Qué ha sido eso?.- preguntó Shizuka extrañada, nadie le respondió porque hubo una estampida de gente cuando vieron a un profesor acercándose.
-¡Hayashiba, Takaishi!, ¡al despacho del director!
…
Unas horas más tarde, era cuando en la otra punta del mundo amanecía y prácticamente con la salida del sol, Michael Barton, el marido de Mimi, llegaba por fin a casa después de un largo viaje. No esperaba encontrarse a su esposa levantada, pero así fue. Por lo visto Mimi llevaba desde su desliz sin lograr conciliar el sueño por la noche, y esta con más razón, ya que había tomado una decisión, contarle la verdad a su esposo.
Permanecía en el sofá agazapada, sujetando fuertemente un cojín contra su pecho, intentando de esa forma conseguir fuerzas de algún sitio para hacer lo que estaba apunto de hacer. Respiró temerosa cuando le escuchó abrir la puerta, pero finalmente logró ponerse en pie, se secó las lágrimas, aunque sus terribles ojeras seguían delatándole y se encaminó al recibidor.
-Betamon, despierta a Paul y dile que vaya preparándome la maleta para mañana.- habló el hombre, nada más entrar, mientras dirigía la mirada a algunas cartas que llevaban su nombre.
-De acuerdo, pero ¿puedo ir a ver a Mike y Palmon antes?.- preguntó el digimon con entusiasmo. Como él también estaba siempre fuera con su compañero, no podía disfrutar mucho del niño y de sus amigos digimons.
-Pero no despiertes al niño, ni a Mimi.- contestó sin ni siquiera mirarle.
-No creo que la despierte.- musitó el digimon al ver a la mujer de pie delante suya, pero Michael seguía absorto a todo.
-¿Te vas mañana otra vez?.- susurró Mimi con un hilillo de voz.
El rubio reconoció esa voz y por primera vez desde que llegó alzó la vista, dejó las cartas sobre una mesita y se encaminó hacia su mujer sonriente.
-Honey, ¿estás despierta?, no hacía falta que me esperases levantada.- dijo mientras le daba un corto beso en los labios.
Sin molestarse en mirarla más se llevó la mano a la chaqueta y sacó un paquete.
-Toma, para ti.
La mujer lo aceptó con tristeza, siempre hacía lo mismo, después de un viaje de meses fuera le traía cualquier joya y se preparaba para salir de nuevo, a penas se molestaba en preguntarle que tal estaba.
-¿No lo abres?.- preguntó el productor estupefacto.
-Ya lo abriré… luego.- balbuceó Tachikawa.
-Como quieras.- asintió su marido, mientras se quitaba la chaqueta.- estoy muerto, ¿y el niño?, ¿Cómo está?, le he traído un montón de juguetes…
-Seguro que se alegra de verte.- musitó la mujer tristemente. Esto era desesperante, este matrimonio seco y frío, era tan diferente a como fue al principio. Lleno de amor, pasión y muestras de cariño y lo peor es que Michael ni se daba cuenta o no le importaba, él todo lo solucionaba con regalos y lujos.
-Voy a la cama, mañana tengo que volar a Los Ángeles de nuevo.
-Okey… darling.- susurró la cocinera, mientras sus manos jugueteaban con el paquete.
Todo el valor que había estado acumulando durante la noche y durante toda la semana se diluyó en el momento en que vio a su marido. ¿Qué podía hacer?, si le contaba la verdad le dejaría y en teoría eso era peor que su estado actual, porque aunque no tuviese el marido que deseaba al menos su hijo si que tenía a su padre y las pocas veces que lo veía, podían estar los tres juntos, como una familia.
Michael ya se estaba desvistiendo en el borde de la cama, cuando Mimi entró en el dormitorio.
-¿Y que tal el trabajo?
-Bien… bueno… los actores cada día son más caprichosos, pero bien…- rió el rubio.
-¿Por qué no te quedas unos días?.- preguntó en tono suplicante Mimi.
-No puedo, ya lo sabes.
-Podrías cogerte unas vacaciones.
Deseaba intentarlo una última vez, hacer todo lo posible para salvar su matrimonio.
-Mimi, ya lo hemos hablado muchas veces.- excusó Michael con cansancio.
-¡Pero es que estoy harta!
La portadora de la pureza perdió la paciencia rompiendo en un llanto desconsolado, durante demasiado tiempo llevaba mucha presión y si a eso se le añadía el sentimiento de culpabilidad de los últimos días, ya estaba totalmente destrozada. Esta no era la vida que imaginaba de pequeña, Michael había dejado de ser su príncipe azul.
-No grites, ¿Por qué gritas ahora?.- recriminó el rubio molesto.
-Porque no me comprendes.- sollozó con dificultad.- no te importo nada, te crees que lo solucionas todo con joyas y lujos y ya estoy harta.
-¿Ya estamos con esas?, ¿Qué estás harta?, siempre igual, cada vez que vuelvo tienes que armarme la bronca, me dices que te da igual los lujos, pero luego bien que te gusta llevar diamantes, conducir tu Jaguar y veranear con los famosos, ¡pues todo eso lo da mi trabajo!, ¡mi dinero!.- gritó el rubio muy malamente.
-¡Maldita sea Michael!, ¡me importa una mierda tu dinero!.- gritó arrojándole a la cara el paquete que le había regalado.- esto está acabado, este matrimonio es una mierda, tú eres una mierda, ¡ya no me quieres!, siempre pensando en el dinero… parece mentira que me conozcas tan poco, echó de menos a mi Micky, él que escalaba a la ventana de mi habitación por la noche para darme una vuelta con su moto, ¡cuando yo aún era lo más importante para ti!, ¡¿Por qué has cambiado tanto?
El rubio bufó, estaba terriblemente cansado por el viaje y estar tanto tiempo fuera de casa y lo último que le apetecía era escuchar una reprimenda de su mujer.
-Tengo sueño, déjame en paz.- fue lo único que dijo, mientras abría la cama para meterse.
Tachikawa observó todos sus movimientos con disconformidad, dolor, rabia y fraguando un gran ataque de ira. Le ignoraba completamente, tratándola como a una histérica, por eso no se pudo controlar más y dejando salir su furia, le arrebató todas las sábanas de encima.
-¿Sabes que me acosté con Daisuke el día de la inauguración del "Digital Park"?, ¡en esta misma cama!.- exclamó en un tono provocador. Y funcionó, Michael dejó de ignorarle, se levantó y empezó a escanearla detenidamente de arriba abajo.
-¿Quieres provocarme?
El arranque de ira de Mimi finalizó en el mismo momento en el que vio esa expresión de incredulidad con la que le obsequiaba su esposo. Ahora de nuevo reinaba en ella el sentimiento de culpabilidad, tristeza y sobre todo miedo, ya no había vuelta atrás.
-¿Me lo estás diciendo en serio?.- volvió a inquirir el productor de cine acercándose a la compañera de Palmon.
-Lo siento…- gimió la castaña mirando al suelo y llevándose las manos a la cara.- lo siento mucho… perdón…
Barton quedó con la boca abierta, se resistía a creer que lo que estaba escuchando fuese real. Se llevó las manos a la cabeza al ser consciente, estaba dolido, decepcionado y por sobre todo, se sentía traicionado, lo normal en una situación así. Si bien últimamente su relación no había sido de color de rosa, él seguía profundamente enamorado de Mimi y al fin y al cabo, que trabajase tanto lo hacía por ella, siempre quiso tenerla como una reina, sin darse cuenta de que Mimi quería otras cosas de él. Cierto era que había descuidado su matrimonio pero nunca se imaginó que hasta este punto. Comenzó a respirar con dificultad, no quería creerse lo que había escuchado, al verlo tan afectado, Mimi se atrevió a llamarle.
-Honey…
Eso fue el detonante para que Michael se volviese hacia su esposa y cambiase su expresión de negación e incredulidad por una de total rabia. No quería escucharla nunca más.
-No me llames así.- masculló, cerrando los puños con fiereza.
-Pero…
-Eres una…- se mordió la lengua para no decir ninguna barbaridad.
-Michael yo a… yo… puedo… Michael…- sollozó de manera entrecortada. Sin duda este estaba siendo el momento más amargo de su vida.
-Te voy a destrozar la vida.- advirtió el rubio colérico.
-Me voy…- susurró ella, abriendo el armario.
No podía escuchar más, le destrozaba demasiado esta situación, la mirada de su marido, las cosas que le decía y sobre todo el tono de odio con el que le hablaba.
-Si vete.- hizo un movimiento despectivo.- es lo mejor, pero que sepas que en cuanto salgas por esa puerta una legión de abogados va ir detrás tuya, te voy a dejar en la puta calle ¿lo oyes?
La mujer ya no le escuchaba o hacía como sino le escuchase. Se limitaba a secarse las lágrimas con el reverso de la mano mientras metía a todo correr en su maleta cosas de primera necesidad, en las que inexplicablemente entraban su colección de más de 20 zapatos de Manolo Blahnik.
-¡¿Me estás escuchando?.- siguió Michael con su ataque de furia, tomando la lámpara de diseño y estampándola contra la pared.- a la mierda tus veraneos en Miami Beach, me voy a quedar con la casa y con la de la playa también y con el yate y con tu Jaguar y con tus acciones de la productora, ¡hasta con tu programa!… y al niño.
Mimi le miró frunciendo el ceño en cuanto escuchó esa palabra, era lo único de todo lo que había enumerado Michael que le importaba, su pequeño.
-Si, me voy a quedar con el niño, no lo vas a volver a ver en tu puta vida, ¿me has entendido?, si no lo has entendido igual entiendes esto, Fuck you bitch!
Un par de habitaciones más al fondo, el pequeño hijo de la pareja continuaba profundamente dormido, o eso es lo que pensaba el matrimonio, de lo contrario seguro que habrían intentado guardar la compostura a pesar de la difícil situación. Para el pequeño Michael Kiyoshi "Mishi", esto estaba siendo una pesadilla. No había podido evitar escuchar toda la horrible discusión y aunque a su edad de 8 años había cosas que no entendía muy bien, entendía lo suficiente para llorar descorazonado. Es decir, su padre gritando y rompiendo cosas y su madre llorando y diciendo que se iba. Trataba de hacerse el fuerte, pero le era imposible, las lágrimas no dejaban de salirle por mucho que apretase la almohada contra su cara. Pero no estaba solo, tanto su compañero Tanemon, como Betamon y Palmon estaban a su lado, tratando de que se abstrajese lo máximo posible de la discusión.
-Venga Mike, vamos a dormir.- saltaba Tanemon intentándole animar.
-Con la ilusión que me hacía que volviese mi daddy.- susurraba el chico a la vez que se absorbía los mocos y se pasaba la manga por la cara.
-Y está aquí, deseando verte, ya verás como mañana está todo bien.- apostilló Betamon.- ¿a que si Palmon?
Intentó buscar el apoyo de su amiga, pero esta se encontraba ajena a todo, mantenía la oreja pegada contra la puerta con preocupación, sabía que Mimi llevaba muchos días mal, totalmente deprimida y decaída y esta discusión era más seria que de normal. Saltó a la cama junto a "Mishi" cuando escuchó pasos en el pasillo, a pesar de que se siguiesen escuchando de fondo los gritos de Michael y el impacto de objetos contra el suelo y la pared. La puerta comenzó a abrirse lentamente, entonces todos se hicieron los dormidos, no querían que les echasen la bronca a ellos por estar despiertos.
Mimi entró aún cariacontecida, pero ya sin llorar, no iba a llorar delante de su pequeño, no quería preocuparlo más. Sin decir nada pero con determinación, abrió el gran armario de su hijo, tomó la maleta y comenzó a llenarla de cosas. Tanto el niño como los digimons presenciaron esa escena, nadie se atrevía a decir nada, "Mishi", trataba de llorar lo más silenciosos posible, mientras Betamon y Tanemon le consolaban, fue Palmon la que se dirigió a su compañera.
-Mimi…- llamó suavemente.
-Shhh.- apresuró Mimi, poniendo el dedo en la boca.- no despiertes a Mishi.
-Ya está despierto.- confirmó la digimon con tristeza.
La portadora de la pureza se maldijo por dentro, si su hijo había escuchado la horrible discusión no se lo perdonaría en la vida.
-Sigue haciendo la maleta.- musitó a su compañera, mientras se levantaba.
-Pero Mimi.
Palmon deseaba una explicación.
-Haz lo que te digo, por favor.- pidió con autoridad, para después dirigirse a la cama de su hijo.
El niño permanecía con la sábana cubriéndole toda la cara, cuando se acercó a él, Mimi pudo escuchar sus gimoteos y haciendo lo posible para no contagiarse de ese llanto, destapó a su hijo.
-Sweetie…- le susurró dulcemente a la vez que acariciaba su cabellera.
-Mammy...- acertó a decir, levantando la cabeza, encontrándose con los ojos vidriosos de su madre, pero a la vez tiernos y dulces y por supuesto llenos de cariño.
-No llores mi vida.- suplicó limpiándole las lágrimas, a pesar de que ahora la que lloraba era ella.- oye, vamos a irnos unos días a Japón, ¿de acuerdo?
-¿Daddy?.- preguntó débilmente. Se imaginaba que su madre quería irse a Japón para estar lejos de él, pero quería una confirmación.
-Eh… bueno, tu daddy, ya vendrá cuando pueda, ahora va a estar trabajando, ¿ok?.- engañó la mujer apenada, no podía hacer otra cosa de momento.
A pesar de que el chico supiese que era mentira, asintió con la cabeza y se abrazó con fuerza a su madre. Iría sin rechistar donde ella le llevase.
Justo en el momento en el que Mimi le soltó para continuar haciéndole la maleta, un haz de luz iluminó la habitación perdiéndose en el dispositivo del castaño.
-¿Y eso?.- preguntó la cocinera estupefacta.
…
Dos que salieron juntos de la infructuosa reunión de Koushiro fueron Takeru y Hikari. A pesar de las negativas de sus compañeros digitales ambos estaban de acuerdo con el planteamiento de Ishida, no deseaban que sus hijos fuesen niños elegidos, mucho menos después de lo que pasaron ellos hace 18 años, condicionando así el resto de sus vidas. Gatomon y Patamon si querían luchar, se trataba de su mundo, pero también comprendían la posición de sus compañeros, no era fácil pedirles esto, sus hijos eran lo más importante para ellos.
-¿Y entonces que va a pasar?.- hablaba Patamon con su amiga.
-No lo sé, buscarán otros digielegidos o…- calló la digimon apesadumbrada.
-¿O?.- siguió el digimon de la esperanza.
-Todo estará perdido… sino lo está ya.- susurró esto para sí misma.
-Gatomon, ¿Qué quieres decir?
Era incapaz de engañar a Patamon, entre ellos existía un vínculo muy fuerte, más desde que se fusionasen hace 18 años, pero no solo por eso. También un vínculo de sentimientos, comprensión y cariño, a veces, era como si pudiesen sentirse mutuamente. Por eso Patamon percibía en el momento la preocupación de su amiga.
-Patamon no se lo digas a nadie, pero… estoy preocupada por Kibou.
-¿Kibou?
-¿Has notado algo raro en Tenshi últimamente?
-Bueno, anoche no se cepillo los dientes.- contestó el digimon inocentemente.
-Patamon me refiero a algo más… no sé como explicarlo… oscuro, de otro mundo, incluso demoniaco.- intentó hacerse entender la digimon.
-¿De quien estás hablando?.- cuestionó el compañero de Takeru con temor.
-Patamon… creo que ha vuelto…
Al mismo tiempo sus compañeros humanos también mantenían una charla, hacía tiempo que no hablaban tan íntimamente el uno con el otro. En los últimos años, sus conversaciones eran escasas y triviales, pero hoy, con todo este asunto digital, tenían un tema de conversación más profundo.
-¿Crees que hacemos bien?.- preguntó el rubio confuso.
-Takeru, no expondré a Kibou a ningún digimon maligno nunca.- contestó con autoridad.- es mejor que renuncien a eso, el Digimundo buscará otra forma de protegerse.
-¿Y si no pueden renunciar?, ¿y si es su destino?, como era nuestro destino ser niños elegidos.- comentaba el hombre con melancolía.
-Y estar juntos.- Takeru se sorprendió por esa afirmación, contuvo la mirada en la mujer, que ahora mantenía la vista perdida, como si estuviese viajando por sus recuerdos.- y por culpa de todo esto tuve que renunciar a lo que más amaba en ese momento, no renunciaré a lo que más amo ahora, el destino de mi hijo lo decidirá él.- sentenció con la mirada firme.
Con el paso de los años, Hikari había ganado carácter y personalidad. Era dueña de sus propias decisiones, la vida ya había sido demasiado dura con ella por cumplir su deber, ya nunca más dejaría que nadie decidiese por ella y mucho menos por su hijo.
No dijeron ninguna palabra más, estos temas les afectaban demasiado, pero el sonido del celular de la castaña rompió el silencio.
-Moshi, moshi?, si… hola señor director, un placer… ¿cómo?, ah… hi, si voy para allá… no se moleste, el señor Takaishi está ahora conmigo, iremos juntos.
Tras cortar la llamada dirigió la vista a Takeru, que le miraba expectante desde que había escuchado su nombre.
-Los niños, se han vuelto a pelear.
…
Gabumon estaba triste, Piyomon confusa, Yuujou asustado, Aiko sin salir de su habitación, Sora enfadada por los modales de su esposo, Yamato cansado de los reproches de su esposa y el perro ladrando sin parar por toda la casa. Esta era la situación en este momento de la familia Ishida y la más que charla que mantenía el matrimonio en su dormitorio era un fiel reflejo de la tensión que existía en el hogar.
-¡Se acabó!.- gritó el rubio haciendo un gesto con las manos.- Sora, déjame tranquilo, que no estoy de humor y luego te gritaré y te enfadarás porque te grito.
-Pues habla Yamato, habla, aunque te cueste entenderlo, es posible decir las cosas sin necesidad de gritar.- explicó la mujer con calma, a la vez que taponaba el paso a su marido, impidiéndole entrar en el pequeño cuarto de baño.
-¿Es que tampoco me vas a dejar cagar a gusto?.- pidió de forma desagradable, Sora se hizo a un lado resoplando.
-Yamato si yo estoy de acuerdo…- empezó la mujer, la contestación de Ishida fue un gran portazo.- "paciencia Sora, cuenta hasta 10".- se decía mentalmente la pelirroja.- Yamato ¿me escuchas?
No hubo contestación. Así permanecieron unos minutos, con la diseñadora llamando a su marido a través de la puerta y este ignorándole concentrado en sus propios asuntos. Pero en cuanto escuchó la cadena del inodoro, la mujer dejó de contar, hasta 138 había llegado, su paciencia se esfumó y de malas formas abrió la puerta.
-¡¿Qué narices te pasa?
El rubio se sobresaltó al ver a su mujer entrando en el baño como el increíble Hulk, pero siguió sin hacerle el menor caso, mientras se dirigía al lavabo. La portadora del amor no aguantó más, se adentró hasta la ducha, tomó la alcachofa en sus manos y abrió el grifo de agua fría a presión, apuntando a su marido.
-¡Pero estás loca!.- gritó como un poseso, tratando de esquivar el chorro que Sora dirigía a su cabeza.
Una vez que su cabeza estuvo bien empapada, Sora pensó que ya tendría las ideas más claras, cerró el grifo y se dirigió hacia él con los brazos cruzados y cara de pocos amigos.
-¡Cállate!.- el rubio calló acongojado, no era fácil poner a Sora tan furiosa.- y ahora ve a la habitación de tu hija y compórtate como un padre, no como un energúmeno, ¿me has entendido o quieres un nuevo chapuzón?
-Va-vale.- tartamudeó el astronauta asustado.
Tomó una toalla para ir secándose sus chorreantes cabellos por el camino, pero al salir de la habitación encontró, en forma de monstruos digitales, sus primeros obstáculos antes de llegar a consolar a su hija.
-¿Yamato te gustaría no haber sido un niño elegido?.- inquirió Gabumon tratando de que su expresión fuese de enfado, pero le era imposible, estaba demasiado apenado.
-¿Qué demonios os pasa a todos hoy?.- preguntó abatido llevándose la toalla al hombro.
-Bueno, creo que lo que dijiste en casa de Koushiro está bastante claro, detestas ser un niño elegido y no quieres que tus hijos lo sean, es decir, te gustaría no haberme conocido.
-Gabumon, ¿cómo puedes decir eso?
No era normal ver a Gabumon enojado con Yamato y mucho menos pidiéndole explicaciones por algo, por eso, el rubio comprendió que su digimon estaba dolido de verdad.
-Gabumon.- empezó agachándose para estar a la altura de su compañero y poder tomarle de las garras.- conocerte es lo mejor que me ha pasado en la vida. Jamás sería lo que soy sino es por ti, ya lo sabes.- cortó antes de emocionarse más de la cuenta.
-Entonces, ¿no soy una carga?
-Eres mi amigo y lo único que quiero es proteger a mis hijos, soy tan feliz ahora, tengo todo lo que siempre soñé y solo quiero que siga así.
El digimon de la amistad esbozó una sonrisa al escuchar las conmovedoras palabras de su amigo. Le entendía, ahora Yamato era completamente feliz y no quería que nada perturbase su felicidad, a pesar de que esa negativa pusiese en peligro su mundo y consecuentemente el mundo real.
-Estoy contigo Yamato, para lo que decidas.
Primer obstáculo solventado con éxito, y lo mejor es que le dio ánimos y confianza para su siguiente prueba, la prueba decisiva: consolar, sin perder los nervios, a su pequeña niña de 9 años.
-Se puede.- llamó, asomándose por la puerta.
Aiko se encontraba sobre la cama con la cara incrustada en la almohada, ya sin llorar, pero con una expresión de evidente enfado y rechazo a su progenitor.
Yamato no espero respuesta y entró, sabía que no lo iba a tener fácil, esa niña tenía su genio, por eso confiaba en que sacase pronto su lado Takenouchi y le escuchase sin pegarle ningún bufido.
-¿Qué tal la manita?.- preguntó sentándose en la cama. La respuesta de la niña fue girar más la cara.
No se dio por vencido, lo intentó varias veces, hasta hizo la imitación de los andares robóticos de Andromon, con la cual Aiko siempre estallaba a carcajadas, pero fue inútil, esa niña no quería saber nada de él.
-… hablarme a mi debes, porque triste me pondrás sino mi pequeña Ishiwalker, tu padre tonto es, no gritarte debió, pero tu perdonar tienes, para al lado oscuro no caer… la ira lleva al odio, el odio al sufrimiento…
Funcionó, la sabiduría del maestro Yoda siempre era eficaz con la pequeña Ishida, que por no escuchar a su padre tratando de hablar como el viejo jedi, dejaba de ignorarle en el acto.
-Que… - no fue ni pregunta, ni exclamación, ni nada, su tono era completamente desganado, pero al menos ya había sacado la cabeza de la almohada y tomaba asiento en la cama.
-Cielito.- empezó el progenitor, acariciándole ligeramente la cara.- sé que no debí haberte gritado, lo siento mucho, ¿me perdonas?.- pidió con una sonrisa adorable.
-Claro.- musitó la niña bajando el rostro.
Pero a Yamato eso no le bastó, porque Aiko lo había dicho igual que cuando su madre le obligaba a comer lentejas alegando que tienen mucho hierro. No era un perdón sincero.
-Oye, pero me lo tienes que decir de verdad, tienes que perdonarme con el corazón, sino me pondrás muy triste.- pidió Ishida como un niño pequeño.
Parecía que se habían intercambiado los papeles, Yamato suplicando el perdón de su hija infantilmente y su hija decepcionada con él. Aiko, alzó el rostro, quedando sus ojos frente a los de su padre, esos océanos casi idénticos chocaban creando un verdadero tsunami, porque eso era lo que pasaba cuando dos caracteres fuertes como los suyos se enfrentaban. Tras el duelo de miradas, la niña tomó la palabra.
-Ya no estoy enfadada porque me hayas gritado.- el rubio dibujó una media sonrisa, pero desapareció cuando Aiko continuó hablando.- lo que pasa es que no confías en mi, nunca, te crees que soy un bebé y que haré todo mal, ¿así como voy crecer?, no quiero que estés toda la vida detrás de mí impidiendo que haga cosas, si me caigo quiero que me recojas, pero sino me dejas subir es imposible que caiga, que crezca.- terminó tristemente.
Yamato quedó impactado con su hija, con la boca abierta, sus palabras desprendían una madurez poco común en una niña de 9 años, sin duda, el lado Takenouchi dominaba en esa niña. Agitó la cabeza para sobreponerse de la impresión meditando lo que acababa de escuchar, dejar crecer a su hija… le costaba tanto, él aún la veía como esa bebé que le sonreía en la cuna. Pero era inevitable, a su edad, él ya no era un niño, también es verdad que él tuvo que madurar muy pronto por la situación de sus padres, por eso quería que su hija continuase siendo una niña eternamente, disfrutase de su infancia sin ninguna preocupación, que él ya se preocuparía por los dos. Una sonrisa nostálgica se adueñó de su rostro, eso ya era imposible, Aiko ya tenía preocupaciones, miedos, responsabilidades, sentimientos y ganas de crecer, ya era tarde para encerrarla en una almena y mantenerla alejada del mundo. Se acabaron las charlas a lo Yoda o el hacer marionetas con sus peluches, desde hoy tendría que empezar a hablarle como a un igual, como a un adulto.
-Te quiero tanto mi cielito.- dijo sin pensar, mientras le acariciaba su rubio cabello.- lo único que quiero es que estés a salvo y seas feliz.
-Ya lo sé papá.
-Es que… solo, prométeme que nunca harás ninguna estupidez y locura ¿vale?, antes de hacer algo piensa lo que yo haría, mejor, piensa lo que haría tu madre, ¿me lo prometes?
-Claro papi.- ese "claro" sonó mucho más vivo y convincente que el de antes, lo que llenó de alegría al rubio, sin saber que su pequeña hijita igual no era tan madura como había aparentado y mantenía sus deditos cruzados tras la espalda.
-Ven aquí y dame un beso.- exigió el portador de la amistad, abrazando a su primogénita, mientras esta le correspondía colgándose de su cuello y ofreciéndole ese inocente y sonoro beso en la mejilla.
-Papi…- empezó la chica pasando la mano por el pelo de Yamato extrañada.- estás empapado.
-Si bueno… una fuga, tu madre, ha roto una tubería… nada importante.- excusó el astronauta levantándose, le avergonzaba decir que le habían tenido que enchufar el chorro de la ducha en la cara para que dejase de comportarse como un desquiciado.- vamos a cenar ¡te llevo a caballito!
-¡Sí!
Con cuidado, por la mano que tenía vendada, la niña trotó hasta la espalda de su padre y gritando de alegría salieron de la habitación, aunque al abrir la puerta, cuatro digimons y dos humanos rodaron, dejando a los dos rubios estupefactos.
-Sora, ¿tú también espiando?.- cuestionó Ishida con desaprobación.
-Ha sido precioso mi amor.- fue lo que dijo la mujer, que tenía que hacer grandes esfuerzos para controlar las lágrimas, mientras besaba los labios de su esposo.
…
-¿No me vas a decir porque os peleasteis esta vez?.- preguntaba Takeru con cansancio.
Tenshi siguió con lo mismo que llevaba haciendo desde que llegó a casa, jugar con Tokomon en sus brazos medio ignorando a su padre.
-Ese tipo es un idiota, la tiene tomada conmigo.- explicó alegremente.
-Oh cariño, no será para tanto.- trató de ayudar Nicolette.
-¿Te importa?, estoy hablando con mi hijo.- interrumpió Takeru secamente, la mujer negó con la cabeza y volvió a un segundo plano.
Tenshi presenció esa escena e inevitablemente frunció el ceño, aunque tratasen de guardar las apariencias había notado que desde el partido del día pasado, su padre no dirigía la palabra a su madre y las pocas veces que se dirigía a ella era para hacerle comentarios cortantes, y por supuesto que eso no le gustaba.
-Tenshi.- empezó nuevamente, apoyando la mano en su hombro.- ¿Por qué no hacéis un esfuerzo?, si os conocieseis, seguro que os llevarías bien.
Tenshi se movió lo justo para apartar la mano que su padre mantenía en su hombro y en un tono despectivo, que jamás había empleado con nadie, mucho menos con Takeru, dijo:
-Que tu babees por su madre, no significa que yo me tenga que llevar bien con ese imbécil.
Dicho esto, abandonó el salón y se encerró en su habitación. Había dejado a Takeru desencajado, por el tono, por las palabras, por todo, nunca se imaginó en estos 11 años que llevaba cuidando de él que le hablase de esa manera y de esos temas.
Y por si esto no fuera poco, ardió de furia cuando escuchó una risa irónica de su ex novia.
-El hijo de Hikari… debí habérmelo imaginado, esa chica siempre tuvo que estar hasta en la sopa y ahora también su hijo…
-¡No digas ni una palabra más!, ¡no hables de ella!.- gritó el escritor colérico.
La seguía amando, siempre la amo, Nicolette lo sabía, fue por una de las muchas razones por lo que lo suyo con Takeru no funcionó, era imposible mantener una relación con una persona cuyo corazón le pertenecía a otra.
-Voy a hablar con mi hijo.- anunció la francesa con decisión.
-¿Qué dices?.- se interpuso Takeru apurado.
-Él decidirá lo que quiere hacer.
-Ahora está enfadado conmigo, no es justo que se lo propongas.- sonó hasta suplicante, su mayor temor era perder a su hijo.
-Es lo suficiente maduro, esto no es condicionante.- concluyó, a punto de adentrase en la habitación de Tenshi.
-No lo hagas…- suplicó una última vez. No surtió efecto, la mujer entró en la habitación de su hijo cerrando la puerta tras de sí.- se acabó…- musitó Takaishi amargamente, pegando la frente en esa fría puerta de madera.
…
-¡Se acabó!.- exclamó Ken con apuro.
-¿De que hablas?.- inquirió la mujer, mientras deshacía la cama y comprobaba una última vez por el monitor que su bebé estuviese bien.
-De la pasta de dientes, ¡no queda!.- anunció el detective asomándose del cuarto de baño con el cepillo en la mano.
-En el cajón tiene que haber más…- explicó Inoue fatigosamente.
-¿Qué cajón?.- se oyó nuevamente al policía, mientras abría y cerraba cajones a diestro y siniestro.
-En el cajón, ¡el cajón de la pasta de dientes!.- exclamó la mujer agotada, al mismo tiempo que se adentraba entre sábanas y se quitaba las gafas disponiéndose a dormir.
-No lo encuentro.- se asomó Ken con inocencia.
La mujer bufó molesta, incorporándose lo suficiente para quedar sentada y mirar a Ken como una sicópata.
-¡Vas a hacer que me levante para buscarla!, ¡estoy muerta Ken!, este es mi único momento de descanso y tú, ¡vas a hacer que me levante porque no encuentras la maldita pasta de dientes!.- terminó sofocada, aunque pasasen los años, el bueno de Ken seguía sin acostumbrarse a los gritos de su amada.
-Ya la he encontrado.- inventó, para no enfadarla más, mientras se escondía en el baño.
Para seguir con su farsa comenzó a cepillarse sin pasta solo con agua, lo importante era que Miyako escuchase el cepillo y creyese que todo era perfecto, claro que no sabía que estaba apunto de hacer un gran ridículo, cuando la peli-lila entró, ni miró a su esposo, de forma automática abrió un cajón, sacó el tubo de pasta de dientes se lo entregó a su estático marido y volvió a salir y a tumbarse en la cama sin decir ni una sola palabra.
-Gra-gracias cariño.- logró decir el hombre que aún estaba en shock por esta inesperada aparición fantasmal.
Unos minutos después, Ken, con su maravilloso aliento olor a menta, se adentraba en la cama junto a su esposa.
-¿Estás dormida?.- preguntó Ichijouji, moviendo un poco a Miyako.
-Sí…- volteó ella de mala gana.
-¿Has pensado en lo que dijo Gennai?
-¿Has pensado en que te voy a dar una patada en la espinilla como no te calles?
-Miyako.- susurró, medio haciendo pucheros.
La mujer se volteó desesperada, encarándose a su marido.
-Ken, llevo todo el día sin parar, por favor déjame dormir, solo un poquito, ¿vale?, si quieres mientras duermo puedes tomar mi cuerpo, haz lo que quieras, pero no me hables por favor.
-Miyako.- repitió esta vez con una tierna sonrisa, mientras acariciaba el rostro de su esposa.
Sabía de sobra que ese truco siempre funcionaba, Miyako no se resistía a su mirada tierna y su tono infantil.
-Amor, ¿que quieres?.- preguntó con resignación.
-Solo quiero hablar con mi amada esposa antes de dormir.- explicó el hombre con una sonrisa de niño bueno que a Miyako le pareció irresistible.
-Está bien.
La compañera de Hawkmon aceptó, deslizando el cuerpo hacia arriba para quedar sentada, mientras Ken hacía lo mismo.
-¿Qué quieres?.- preguntó, como si le fuese a hacer caso y todo.
-Es que, he estado pensando sobre lo que nos dijeron Gennai y Koushiro, ¿no deberíamos contárselo a los niños?
-Claro, genial y dime ¿a quién se lo contamos primero?, al bebé, al niño adicto a los ordenadores o a la niña derrochada que lleva todo el día sin hablar con nadie dando portazos.- expuso la mujer irónicamente. Daba por hecho que sus hijos no querían saber nada del tema.
El portador de la bondad quedó pensativo, haciendo una mueca de descontento, tenía razón, sus hijos no es que estuviesen demasiado entusiasmados con el Digimundo. Bueno cuando hablaba de sus hijos se refería a la niña obviamente, Osamu era caso aparte debido a su antisocialidad, pero para Miyako, Osamu era intocable, era su ojito derecho además de que lo encontraba aún muy pequeño como para heredar el difícil trabajo de ser un niño elegido.
-Supongo que Koushiro encontrará alguna solución.- se auto consoló sin demasiado convencimiento.- por cierto, ¿que es lo que le pasa a Minako?
-Ken, es una preadolescente, ¿en serio crees que le va a contar sus problemas a su madre?.- replicó Inoue con sentido común.- habrá visto una gorra nueva y querrá comprársela… esa niña nos va a arruinar.
El policía contuvo una risa nerviosa, porque así como su mujer no le negaba nada a Osamu, él no le negaba nada a su pequeña Minako.
-Pero he pensado… - prosiguió con sus reflexiones, desesperando a su mujer, hoy su marido tenía muchas ganas de hablar.- que igual, eso de ser niños elegidos no les venga tan mal, seguro que Minako aprendería a dejar de ser tan materialista y Osamu, bueno, igual hace más amigos de carne y hueso.
-Deja al niño en paz.- saltó en defensa de su pequeño.
-Solo quiero que no esté solo, yo estuve solo en mi infancia y se lo mal que se pasa.
-Cariño, no compares, tu sufriste un gran trauma, además de que tenías esa semilla de oscuridad, a Osamu lo único que le pasa es que le gustan los ordenadores y punto. Es un niño completamente normal, además tiene muchos amigos.
-Dime uno sin contar digimons y la hija de Izumi.- pidió el hombre con superioridad.
-¡Deja el niño en paz!.- repitió la mujer, al quedarse sin argumentos.
Ya estaba harta, apagó la luz y se recostó, no le apetecía dar más pie a las conversaciones insulsas de su esposo. El hombre lo entendió, si volvía a abrir la boca era más que probable que acabase durmiendo en el sofá, por eso también apagó su luz y se recostó al lado de su amada, aunque la calma duró, lo que Yoshi tardó en despertarse.
-Mierda.- maldijo la ama de casa encendiendo su lamparita y echando un vistazo al monitor. En efecto, su pequeño lloraba sin descanso.- Ken, ve…- ordenó dando un manotazo a su esposo.
Astutamente, Ichijouji ya hacía el viejo truco de hacerse el dormido, pero claro ese truco no funciona si había estado hablando como una cotorra hasta hace escasos segundos, y Miyako no estaba dispuesta a levantarse ahora que por fin había callado a su esposo.
-¡Ken!
-Eh…- se hizo el somnoliento girándose al otro lado.
-Ken, ya conoces la norma, mis hijos de día, tus hijos de noche, te toca.- ordenó, destapando a su marido.
Al bueno de Ken no le quedó más remedio que acceder y levantarse a consolar a su bebé. Lo que no sabía es que su pequeño no era el único hijo que tenía despierto, los otros dos también lo estaban.
-Es alucinante, ¿que habrá querido decir esa luz?, le he enviado un correo a Chikako a ella también le ha pasado, me dijo que hablaría con su papá y me contaría que pasa.- explicaba Osamu, mientras tecleaba en su netbook.
Pero para no variar el pobre estaba hablando solo, de nada le había servido ir a la habitación de su hermana mayor a compartir su entusiasmo, porque aunque ella estuviese despierta, le ignoraba como de costumbre. Osamu negó tristemente al darse cuenta de que sus palabras no habían llegado a nadie y prosiguió tecleando. Minako, se encontraba sentada en la pequeña repisa de la ventana, sujetándose con fuerza las piernas que apoyaba en su pecho, mientras miraba la calle con tristeza y sus pensamientos estaban lejos del Digimundo, digimons y digielegidos.
Al sentirse ignorado, Osamu ya estaba recogiendo su netbook para volver a su habitación, pero antes de salir contempló una última vez a su hermana. En nada se parecía a esa chica vital, cuya mayor diversión era molestarle, llevaba todo el día sin hablar con nadie, pegando gruñidos y sin probar bocado. ¡Ni siquiera se había molestado en echar a su hermano de su cuarto!, y aunque Osamu no fuese detallista con los sentimientos, ese gesto era más que significativo, a Minako le pasaba algo grave.
-Hermana…- se atrevió a llamar el chico, acercándose sigilosamente a la aludida. Ella ni se movió.- hermana…
-¿Qué quieres?.- preguntó con desgana sin dejar de mirar por la ventana.
-¿Estás bien?
-La vida es una mierda, todos en los que confías te traicionan, ojala fuese una antisocial sin amigos como tú.
A su manera, Minako le había hecho un cumplido a su hermano y como Osamu no se molestaba porque le llamasen antisocial sonrió de alegría. Era la primera vez que su hermana le trataba como a un hermano y no como a un "enano molesto".
-Puedes confiar en mi.- dijo acercándose más a su hermana, tanto que llegó a darle un fraternal beso en la mejilla.- felices sueños.
La chica quedó paralizada por la acción de su hermano, ella no le trataba bien como para que él le quisiese tanto, pero así era Osamu, todo el día inmerso en su mundo de computadoras pero cuando alguien necesitaba su cariño no dudaba en dárselo. Inmediatamente después de esa acción, Osamu abandonó la habitación y Minako, sonrió por primera vez desde que discutió con Shizuka.
-Enano molesto.- susurró tiernamente, a la vez que su vista volvía a la calle.
…
En el hogar de los Ishida-Takenouchi ya habían apagado las luces y todos dormían placidamente cuando alguien llamó a la puerta. Evidentemente, fue ignorado por los dormidos esposos, los niños y los digimons pero lo que si despertó a Sora fue su teléfono móvil.
-Que mierda…- bufaba Yamato volteándose de un lado a otro.
Para no despertar más a su marido, la pelirroja salió de la cama para contestar esta inoportuna llamada.
-¿Quién?.- preguntó de mala gana, estaba tan somnolienta que ni había mirado la foto de quien llamaba.- ¿qué?, ¿Cómo?, ¿aquí?, ¿ahora?
La información despejó un poco a la diseñadora, que se apresuró a asomarse a la terraza. Colgó la llamada al distinguir en su jardín la figura de Mimi, su hijo, su compañera digimon y media docena de maletas. Todavía alucinada por lo que le esperaba se apresuró a bajar a la entrada.
-Se acabó.- fue lo único que dijo la castaña, cuando Sora se la encontró al otro lado de la puerta.
No dijo nada, solo la abrazó y la hizo pasar. Ahora vendría lo complicado, explicarle a Yamato lo de esta inesperada huésped, pero no pensó en eso, lo único importante era que su mejor amiga la necesitaba.
…
-Se acabó.- lloriqueaba Daisuke en la puerta de casa de Takeru.
A pesar de que Takeru no estuviese de humor como para tener invitados y mucho menos si se trataba de Daisuke, le hizo pasar.
-¿Qué pasa?
-Esta vez va en serio, la he cagado de verdad, Keiko me ha echado de casa, solo he podido recoger mi despertador de Dragon Ball y mi cepillo de dientes.- explicaba Motomiya enseñando su pertenencias con desanimo.- ¿Dónde duermo?
El rubio resopló, Tenshi aún hablaba con su madre sobre su decisión de ir a Francia o no, por supuesto que él ni podía pegar ojo hasta que supiese lo que había determinado su hijo, y por si esto no fuera poco, ahora se le acoplaba Daisuke. Cuanta verdad tiene esa frase de "las desgracias nunca vienen solas".
-¿Te sirve el sofá o quieres un futon?
-Supongo que el sofá está bien.- dijo el moreno, mientras tomaba asiento y se llevaba las manos a la cabeza dispuesto a compadecerse de sí mismo.
Takeru tomó asiento a su lado, tal vez no era tan malo tenerle de invitado, podrían compadecerse mutuamente.
…
-¡Kibou!, ¡Kibou!.- llamaba una y otra vez su madre.
Algo inútil, desde que el chico llegó a casa, se había encerrado en su habitación sin dar ninguna explicación a sus padres.
-¡Se acabó!.- exclamó Yuuto, sorprendentemente perdiendo la paciencia.- ¡Kibou voy a entrar!
El hombre abrió la puerta y lo que vieron les dejó sin palabras. La habitación estaba hecha un desastre, bien que Kibou no era Mary Poppins en cuanto a la limpieza, pero tampoco era normal tanto desorden. Y en medio de todo, ignorando a sus impresionados padres, Kibou, sentado en el suelo, mutilando personas entusiasmado con su sangriento juego de consola.
-¿Queréis dejarme en paz?.- se limitó a decir el joven sin ni siquiera mirar a su progenitores, mientras seguía jugando.
-¿Por qué no quieres hablar de lo que ha pasado?, no te vamos a castigar.- expuso Hikari dulcemente, quería hacer lo posible por comprender a su hijo.
El castaño apartó la vista de la pantalla para ponerse en pie y seriamente se dirigió a la puerta, donde al otro lado se encontraban sus padres esperando la oportuna explicación. Dejó que una sonrisa irónica se escapase de su cara y sin decir ni una palabra más, les cerró la puerta en las narices, desesperando más a su padre y angustiando a su madre, ¿Qué era lo que le estaba pasando a su hijo?
Yuuto iba a volver a entrar, pero no pudo, Kibou había atrancado la puerta con algo, le llamaron hasta quedarse afónicos pero el chico no les escuchó porque no tardó en poner la música a todo volumen.
-Kibou, ¿no deberías hablar con tus padres?.- preguntó temeroso Salamon.
Hayashiba ni se molesto en mirarle, estaba demasiado ocupado sonriendo de satisfacción por hacer estallar la cabeza a un tipo de su juego.
-Sangre… ¡morid malditos!.- gritó con una sonrisa sádica.
-Kibou.- susurró Salamon asustado.
Llevaba un tiempo que no reconocía a su compañero, su comportamiento había cambiado por completo. Aunque siempre fue un chico reservado y tímido, era bueno y sobre todo respetuoso con sus padres, no había duda de que algo maligno crecía en su interior.
De esa forma, la noche envolvió por completo la ciudad de Tokio y un nuevo día pasó. El día de la venganza estaba cada vez más próximo y esta vez, con los digielegidos sin poder y los herederos sin tomar posesión de su cargo, nadie podría detenerle.
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N/A: pregunta de trivial, ¿Cuántas veces he dicho las palabras "se acabó"? jaja. Nah, al principio este capitulo tenía otro título (no lo recuerdo, no sería demasiado grandioso *imaginación escasa*), pero como todo el rato me salía esa dichosa frase, pues decidí ponerla, sin más. En próximos capítulos intentaré explicar más cosas para que poco a poco vayan encajando, espero que al final del fic esté todo entendido y me quede algo con sentido. En teoría en mi cabeza se ve todo perfecto (sino mal vamos) espero llegar a plasmarlo como deseo.
Agradecer a todos los que siguen el fic, de forma especial como siempre a los que se molestan en dejarme su review y respondiendo a Mike: pues verás, ese subtítulo de "La Leyenda de Baransu" hace referencia a… digamos la clave para salvar el Digimundo y… no voy a decir más de momento jeje, tendrás que seguir el fic. Pero ten un poco de paciencia que se explicará perfectamente (espero), más adelante.
Bueno y quiero hacer un pequeño anuncio: últimamente he ido avanzando bastante este fic, ya que deseo terminarlo antes de Navidad por razones de un fic que ando preparando y tendría spoliers de este otro jeje. Así que es probable que vaya actualizando más a menudo. Espero seguir con este buen ritmo y cumplir mis calendarios mentales jeje.
Nada más que lo de siempre, gracias a todos por leer, espero que os haya entretenido.
