Las brujas Kyteler y Kedward, junto a Lucius y a sus dos prisioneros, aparecieron en el edificio abandonado del puerto de Margate. Al llegar, la escena que vieron provocó risas burlescas de los tres: Fenrir Greyback estaba sentado en una silla de fierro rodeado de cadenas de hierro gruesas, frente a un televisor viendo un programa infantil.
—Tú me dijiste que lo entretuviera, no especificaste cómo —dijo Pansy anticipando la defensa, desde su asiento en una mesa frente a ellos en donde se tomaba un taza de té.
—Inteligente —opinó Elly con una sardónica sonrisa.
—¡Esta zorra me atacó, luego que ustedes se fueron! Y ni siquiera me puedo mover, porque si lo hago, estas cosas se ponen al rojo vivo… —gritó Fenrir desde la silla.
—La orden fue poco clara, ¿no es así, Lucius? —preguntó Elly.
—Correcto. Pansy querida, suéltalo, ¿sí? —pidió Lucius.
—No me da la gana —respondió Parkinson que todavía no había reparado en los apresados. Sin embargo en aquel momento, levantó su mirada y los vio: Draco Malfoy y Harry Potter, más maduros, pero inexpresivos. Era evidente que estaban hechizados. Aunque hubiera jurado que Draco había mirado en su dirección. Se levantó y caminó hasta ellos para observarlos de cerca.
—¿Qué le hiciste a este par? —preguntó examinando a cada uno.
—Fue Alice —respondió Lucius—. Están «embrujados» ¡Ja, ja, ja! Desde ahora harán lo que les digamos. ¡Qué mentes más débiles! Claro, como ya no está Lord Voldemort con quien practicar, resultaron ser presas fáciles.
—Ahora son míos —declaró Alice—. Tengo planes para esta noche con este rubio —agregó acariciando el rígido rostro de Draco.
—¿Les vas a quitar el alma luego que te satisfagas de ellos? —preguntó Pansy.
—No, aún no. Quiero divertirme primero. Además Lucius dice que ambos nos pueden aportar en nuestra causa, son fuertes y hábiles —indicó Alice.
—Eso es cierto, pero siempre han sido del bando contrario, dudo que ahora quieran apoyarlas... digo, apoyarnos. Son... ¿cómo decirlo? Demasiado buenos, ¿no es cierto, Potter? —Pansy miró de frente a Harry, pero éste no se inmutó. Luego se acercó a Draco y le tomó la barbilla.
—¿Todavía casado con la «sangre sucia»? ¿Cuántos asquerosos retoños tienen? ¡Podrían haber sido nuestros, imbécil mal nacido! —de golpe lo soltó—. ¡Hurón inepto!
—¡Basta! ¿Acaso Lucius no te satisface? Deja de pensar en esta preciosura, pues ahora Draco es mío —puntualizó la bruja Alice.
—Como quieras. Ya me da lo mismo, pero ¿saben? les digo que este par, jamás nos apoyarán. Los conozco…
—Querrán. Nuestros medios persuasivos no se comparan con los de Voldemort que buscaba aliados mediante tortura e imperius. No, Pansy, nuestras técnicas son en base solo a magia (oscura por supuesto). Con solo hacer así —dijo Elly chasqueando los dedos—, podemos entrar hasta en lo más recóndito de sus pensamientos.
—¡¿Alguien me puede sacar de aquí?! —Fenrir volvió a gritar y Pansy con un movimiento aletargado de su varita, lo soltó.
—¡Ni te me acerques asqueroso y hediondo engendro, porque soy capaz de convertirte en cucaracha y yo misma te aplastaré! —gritó Pansy.
Fenrir se contuvo, sin embargo le dio una mirada amenazante. Pansy se volteó dándole la espalda. Esa bestia lo único que le provocaba era repulsión.
El hombre lobo, al ver que la joven bruja no le tenía ni una pisca de miedo, se dirigió a Lucius:
—Dijiste que mi recompensa era la «sangre sucia», ¿dónde está? ¿Por qué no la trajiste?
—Ella no estaba presente al momento de la captura, pero yo iré mismo a buscarla —respondió Lucius mirando a su hijo—. Recuerdo que una vez, te dije que lo que era del hijo también era del padre, ¿recuerdas? —Draco asintió—. Ahora dime, ¿dónde está Hermione Granger y tu hija?
—Están protegidas en la mansión —respondió con voz ronca pero sin titubear.
—¡La mansión fue destruida! ¡No trates de engañarme! —lo amenazó con su varita en el cuello.
—La mansión fue destruida, pero no el búnker —Lucius levantó una ceja y miró a las brujas a quienes la respuesta de Draco les llamó la atención.
—Dime, entonces ¿dónde está ese condenado búnker? —preguntó Lucius con su voz cargada de odio.
—En las mazmorras de la mansión —respondió seguro.
—Bien, creo que nos estamos entendiendo —agregó Lucius sonriendo y bajando la varita.
En aquel instante Elly le arrancó un par de cabellos a Draco y los puso dentro de una copa, que contenía los ingredientes básicos para la elaboración de una poción multijugos: crisopos, sanguijuelas, descurainia sophia y centinodia, polvo de cuerno de bicornio, piel en tiras de serpiente arbórea africana y claro, ahora un par de finos cabellos de Draco Malfoy. Él inspiró con fuerza. Intuyó lo que venía. Debía seguir cerrando la mente…
—Me imagino que sabes qué es esto, ¿no? —con una sonrisa diabólica de Lucius, vio cómo su padre adquiría otra forma, transformándose en él… en Draco. Creo que me divertiré mucho esta noche con tu mujercita... y luego, te la dejaré a ti, Greyback —dijo esto último dirigiéndose al hombre lobo que sonrió y en sus ojos se podía ver reflejada la lujuria.
Si bien Draco estaba inmóvil sentía que el corazón se le iba a salir del cuerpo de tanta rabia que estaba sintiendo. En ese momento Lucius desapareció.
—Ven guapo, que tú y yo tenemos algo que hacer —dijo Alice tomando a Draco de la mano y conduciéndolo hacia una de las habitaciones.
Elly ordenó a Fenrir encerrar a Harry en otro cuarto, al cual ella puso algunos hechizos para evitar que huyera.
Pansy miró toda la escena. Sabía que lo que se venía era solo dolor, tanto para Draco, como para la «sangre sucia». Si años atrás eso le habría provocado la mayor de las satisfacciones, ¿por qué ahora sentía que no estaba bien y que ella sobraba en el cuarteto? Comprendía también que si se negaba a continuar era muy posible que terminada devorada por Fenrir o peor, nuevamente violada y luego engullida por el hombre lobo... o más peor aún... podría terminar como aquellos niños... sin sangre y sin alma. Debía continuar, total, hacía años que había elegido el camino equivocado.
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Mientras tanto en el búnker, bajo la pista de patinaje, ya se encontraba la familia Weasley, junto a todos los niños quienes estaban siendo cuidados por Marita, Steve, Fleur, que había llegado junto a su esposo, Molly y algunos aurores. Ron se había encargado de dar aviso al ministerio.
En el mundo mágico, los aurores montaban guardias extras y el Primer Ministro ese mismo día tendría una reunión extraordinaria con su similar muggle. Era imperativo que todos estuvieran al corriente de que existía una nueva amenaza tanto o más peligrosa que la vivida con Voldemort.
En la biblioteca del búnker, estaba Ron, Ginny, George, Bill, Percy y Hermione, analizando una información que había sido traída por Luna Lovegood, quien también allí presente, la cual podría dar ciertos indicios de lo que realmente estaba ocurriendo y qué papel jugaban aquellas brujas que acompañaban a Lucius Malfoy.
—Como les decía, cuando fui a esa excursión con Rolf...
—¿Rolf? ¿Rolf Scamander? ¿El que dice tener fotografías de los nargles? ¡Luna, esto es en serio! —fue Ron quien interrumpió a su ex novia.
—Necesito que me escuchen y que no me interrumpan —habló circunspecta y la mayoría asintió a excepción de Ron que se cruzó de brazos, apoyándose en la pared—. Claro que esto serio… más que eso, es grave. Porque estamos hablando de dos brujas terribles, Alice Kyteler, ¿no? —Hermione asintió—. Y por la descripción de la segunda, estoy segura que es la Bruja de Blair... la conocen, ¿no?, americana... come niños —continuó hablando seria mientras las miraban intrigados.
—Yo vi la película —agregó Hermione—. Perdón... Sí, sé quién es ella. Se llama Elly Kedward... en el caso de que efectivamente sea ella, estaríamos frente a una bruja despiadada que se alimenta del alma de niños a través de su sangre. Por lo que, amigos, considero que debemos escuchar lo que Luna nos va a decir —dijo Hermione y todos se sentaron, incluyendo a Ron, dejando a Luna de pie.
—Hace unos días fui de excursión a unas ruinas en Grecia, con Rolf Scamander…
Cada vez que Luna nombraba a su acompañante Ron hacía muecas, odiaba cómo ese tipo trataba a Luna y cómo la miraba, estaba seguro que él era el causante de la negativa de Luna de ser su esposa.
—Fuimos a la Isla Rodas, llamada también Kastelorizo —continuó narrando Luna—. Una isla que ha mantenido a través de los siglos arquitecturas que datan de años antes de Cristo. En tal incursión, encontramos una piedra que es un mapa y que habla de la entrada al inframundo.
—¿Y qué tiene que ver el inframundo? No entiendo —preguntó Percy mientras se acomodaba en uno de los sitiales de la biblioteca.
—Mucho —respondió Luna—. Ambas brujas fueron condenadas a muerte por los muggles, pero ninguna murió en manos de ellos... es más, nunca se supo si estaban o no muertas. Sucede que luego de su desaparición comenzaron a aparecer muertes extrañas y macabras de varones y de niños sin resolver, y las leyendas las señalan a ellas como las responsables. De ser así, ambas debieron haber hecho un pacto con un demonio… o con el mismísimo Hades para reclutar almas de humanos.
—Si mal no recuerdo, el tema de los dioses griegos es de los muggles. A ellos se los enseña toda esa palabrería del Olimpo —agregó Percy, otra vez con tono altanero y suspicaz.
—Y no diría «palabrería». Si la magia existe, los Dioses del Olimpo, también. En alguna dimensión, o quizá en esta —opinó Hermione mientras levantaba la varita sacando un libro de la biblioteca que contenía información importante. Todos estaban muy atentos ante el libro que había elegido y comenzó a leer:
—En los Infiernos, Hades reina sobre los muertos. Es un amo despiadado, que no permite a ninguno de sus súbditos volver a la tierra. Es asistido por demonios y genios múltiples que están a sus órdenes, por ejemplo, Caronte, el barquero. A su lado está la reina Perséfone, no menos cruel. Contábase que había sido raptada tiempo atrás en los llanos de Sicilia mientras jugaba y cogía flores con sus compañeras. Perséfone, hija de Deméter, es sobrina de Hades, quien estaba enamorado de ella. Pero Zeus, padre de Perséfone, no había consentido en el matrimonio, porque le repugnaba, contrariamente a Deméter, que la joven se viese eternamente encerrada en la mansión de las sombras; por eso Hades resolvió raptarla. Tal vez le ayudó en el rapto el propio Zeus, que se convirtió secretamente en cómplice suyo. Más tarde, Zeus ordenó a Hades que Perséfone fuese devuelta a su madre, pero Hades había tomado sus precauciones, haciendo que su esposa comiera un grano de granada; pues, quienquiera que hubiese visitado el imperio de los muertos y tomado en él un alimento cualquiera, no podía volver ya al mundo de los vivos.
El proceso que pasa el espíritu de una persona muerta desde que abandona su cuerpo hasta que es asignado a una región del Hades es el siguiente: cuando un muerto es sepultado, Hermes lleva su sombra a las profundidades de la tierra, hasta los umbrales del Hades, un mundo rodeado por ríos de aguas lentas y estancadas, al cual se accede por una caverna. El reino está rodeado por cuatro ríos en parte subterráneos, el Estige (rio del odio), el Aqueronte (rio de la aflicción), el Lete (rio del olvido) y el Piriflegetonte (rio del fuego). En la penumbra de las profundidades, el espíritu llega a un ancho rio de aguas turbulentas, entonces alquila una barca conducida por un viejo miserable, siniestro y sombrío que tiene mal carácter, el barquero de los infiernos Caronte o Acheron, que tenía por función llevar a las almas de los muertos a través de los ríos que separan el Mundo Subterráneo. Duro, avaro e inflexible, exigía a las almas de los muertos el pago de un obole (moneda que tradicionalmente se colocaba en la boca del cadáver enterrado) por la travesía que les permitiría cruzar el río. Caronte, el hijo inmortal del Erebo y de la Noche, llevaba las almas de los muertos por el Estige y según otros mitos también por los demás ríos, el barquero no dejaba pasar ni a los vivos ni a los muertos sin sepultura, no permitía que ningún ser vivo subiera a su barca e hiciera la travesía, Hades lo había instruido para que no dejara cruzar el río a ninguno. Con todo, algunos héroes llamados «Osados» lograron burlar su vigilancia o convencerlo para que hiciera una excepción a la regla.
Los espíritus guiados por Caronte llegaban entonces al otro lado del caudal, hasta las puertas del Hades, vigiladas por un horrible y gigantesco perro de tres cabezas y con cola de serpiente, llamado Cerbero. Pese a su aspecto horrible, esta bestia no hacía ningún daño a las sombras de los muertos. Según la mitología, Cerbero era hijo de Tifón y Equidma, y era el guardián de los infiernos. El can asesinaba a cualquier ser vivo que se acercara al Reino de los Muertos, salvo en contadas ocasiones, así, Orfeo logró dormirlo gracias a los sones de su música, y Eneas lo durmió gracias a una comida especial preparada por Sibila. En combate, solamente Hércules fue capaz de derrotarle, después de encadenarlo lo llevó hasta Trezena como uno de sus famosos «Trabajos de Hércules», tras lo cual lo restituyó al infierno. Este ha sido el único periodo en que Cerbero ha abandonado la entrada del reino de Hades, según se tiene información…
—¿Un perro de tres cabezas? ¿Hermione, no te suena conocido eso último? —preguntó Ron.
—Sí, lo recuerdo. Era el perro que vigilaba la Piedra Filosofal cuando estábamos en primer año. ¡¿Pero cómo diantres nadie supo que se podía tratar de una bestia del infierno?!
—Es que tal vez no se trate de Cerbero, aunque el hecho que se calmara con música… pues… según lo que lees… —dijo Ron dubitativo —… fue Hércules quién lo sacó una vez del inframundo pero y ¿luego? ¿Lo regresó a él? Y si lo regresó, ¿quién lo volvió a sacar? Y si no lo devolvió, ¿en dónde estará ahora?
—Nunca supimos qué hicieron con esa bestia… Ron, ¿Será posible que tú vallas a hablar con Hagrid respecto al paradero de ese perro? No, no envíes lechuza, todo es muy peligroso —Ron asintió.
—Entiendo, iré.
—A ver, creo que me perdí… ¿qué tiene que ver el perro, las brujas, Lucius y tu mapa de piedra? —preguntó Bill Weasley que se mantenía en silencio, escuchando atentamente.
Luna tomó el bolso que tenía en el suelo y de él extrajo el mapa de piedra y lo colocó sobre la mesa. Era una piedra lisa con dibujos pintados y letras dibujadas en alguna lengua antigua, pero que indicaba claramente el lugar por el cual se ingresaba al reino de Hades.
—Está claro que si llegamos a este lugar y llevamos al par de brujas, logrando hacer que coman algo del inframundo, ellas no podrán volver a atacar. Se quedarán por siempre allí por más trato que hayan hecho con Hades, pues no habrán cumplido con el mandato o con lo pactado. Es posible que Perséfone, que no tiene nada de buena, quiera darles algo para que le hagan compañía —dijo Hermione—. Pero hay un problema... —continuó leyendo el libro—: Para devolver almas que debieran estar en el inframundo, estas deben ser llevadas por un ser que esté dispuesto a luchar contra Cerbero —En el escenario que exista un mortal que pueda ir al inframundo —acotó Hermione—, Y si lo vence, solo con su fuerza e inteligencia, podrá volver donde los humanos y si no, su alma girará eternamente en el rio o caldero de almas en pena que alimentan el odio de Hades y lo fortifican...
—Entonces es evidente, amigos, tenemos mucho trabajo por hacer. Hay que armar un nuevo ejército, tal como lo hicimos en la guerra contra Voldemort —Luna, con su especial forma de decir las cosas, los había traído de vuelta a la tierra.
En efecto, era hora de comenzar a armar nuevamente un ejército.
