¡Holas!

¿Harry y Draco podrán arreglar el malentendido?

A leer...


Capítulo 4

...

Tres semanas más tarde Draco creía haber vuelto a la normalidad.

La reunión con los de H&M se había retrasado por motivos de agenda, dándole así a Draco más tiempo para recuperarse de lo que le había sucedido en el Hotel Castillo Montesclaros. Al menos esta vez, pensaba él para consolarse, no se había enterado nadie.

«Pero esta vez te han roto el corazón de verdad.»

Harry, fiel a su palabra, no lo había buscado, ni escrito, ni nada de nada. Draco sabía que él se lo había pedido, exigido en realidad, pero una parte de él había soñado con que Harry le suplicaría perdón a diario. Harry habría podido besarlo aquella horrible mañana en el hotel, decirle que le importaba una mierda que los de H&M no comprasen su campaña, que solo le importaba él.

Pero a pesar de su enfado, de sus frases trilladas, de sus "mío", Harry Potter había callado y no había renunciado a la campaña ni al ofrecimiento del señor Cuffe.

«Porque en el fondo eso es lo único que le importa y le ha importado siempre. Solo te ha utilizado.»

Sí, todas las pruebas parecían indicar eso, todas excepto los ojos de Harry esa mañana.

Y el misterioso sobre que le dejó en recepción.

Esa mañana, después de llorar durante horas, Draco se vistió y llamó a un taxi para ir a la central de trasladores. Cuando se iba, la misma recepcionista que los había recibido el día de su llegada salió tras él y le entregó un sobre diciéndole que era de parte del señor Potter.

Draco no lo había abierto, seguía cerrado en el cajón de su mesa en la oficina. Cada día se juraba a sí mismo que iba a romperlo, pero luego no era capaz y se decía que solo lo guardaba para poder devolvérselo a Harry el día que lo viera.

Y ese día había llegado.

—¿Draco, estás disponible? —le preguntó Pansy desde la puerta—. Hay alguien que quiere verte.

A Draco se le encogió el estómago pero asintió. Cuanto antes terminase con esto, mejor para todos.

—Sí, adelante.

Apartó la silla de la mesa y se puso en pie dispuesto a recibir a...

—¿Weasley?

—Hola, Malfoy —contestó el pelirrojo encogiéndose de hombros—. He acompañado a Harry y quería pasar a… disculparme contigo.

—No es necesario, Weasley —afirmó el rubio con su voz más profesional.

—Sí, sí que lo es. Harry siempre me reñía cuando te llamaba "hurón saltarín", incluso antes de... antes de... —vio que Draco se sonrojaba casi tanto como él y optó por no terminar la frase—. En fin, te debo una disculpa y quería dártela. Eso es todo.

—De acuerdo —dijo Draco tras suspirar—. Disculpa aceptada, Weasley.

Ron asintió y se dio por satisfecho, consciente de que no podía esperar nada más, bastante suerte había tenido con que Parkinson, la secretaria de Draco, no le lanzase una maldición.

—Será mejor que me vaya, seguro que tienes muchas cosas que hacer.

Draco volvió a sentarse y observó a Ron salir del despacho.

Ojalá su inevitable encuentro con Harry fuese tan sencillo.

—¿Estás listo para la reunión? —le preguntó el señor Cuffe entrando sin llamar—. Los de H&M nos están esperando.

—Sí, claro. Estoy listo —tanto como iba a estarlo.

Se apartó de nuevo de la mesa y se dirigió junto con el señor Cuffe a la sala de reuniones donde efectivamente los estaban esperando dos suecos.

—Bueno, ya estamos todos —dijo el señor Cuffe—. Podemos empezar.

—Un momento, ¿y Potter? —le preguntó Draco en voz baja a su jefe.

Barnabas Cuffe lo miró confuso y le contestó en el mismo tono.

—Renunció hace semanas al proyecto. Me dijo que toda la campaña había sido idea tuya y que no le parecía bien figurar en ella.

—¿Qué?

—¿No lo sabías?

—No.

—Él me dijo que sí. En fin, eso da igual. En parte me alegro porque ahora Potter tiene que quedarse con nosotros hasta que finalice su contrato, y tú solo puedes encargarte perfectamente de esta cuenta.

—¿Dónde está Potter? ¿Por qué ha venido a Londres?

—No lo sé. Me dijo que quería hablar conmigo de algo importante.

«Va a dimitir.»

—¿Dónde está?

—No lo sé —repitió el señor Cuffe—. ¿Te importaría dejarlo para más tarde?

Draco miró a los ejecutivos de H&M y se dirigió a ellos.

—No encontrarán una campaña mejor. No hace falta que yo les cuente las maravillas de la técnica ni que hemos tenido en cuenta a quién va dirigida, ni que causará furor en los medios sociales, o no sé cuántas cosas más. Lo único que tienen que hacer es ver el anuncio.

Le dio al play y salió de la sala de reuniones.

Caminó frenético por el pasillo en busca de Harry; tenía que encontrarlo antes de que hiciese alguna estupidez, como por ejemplo renunciar al mejor cliente de toda su carrera.

—Pansy, ¿has...?

—Está en tu despacho.

Draco abrió los ojos y suspiró aliviado. Pansy le sonrió y con una mano le indicó que siguiese adelante.

Draco se detuvo ante la puerta y notó que le sudaban las manos, la abrió y al ver a Harry se le aflojó el nudo que llevaba tres semanas sintiendo en el pecho.

—Hola —le dijo.

—Hola —contestó el moreno—. ¿Cómo ha ido la reunión?

—No lo sé —balbuceó él—. Les he puesto el anuncio y me he ido.

Harry le sonrió con algo de tristeza.

—Vaya, vaya, señor Malfoy, qué irresponsable.

—¿Por qué has renunciado a la campaña? —le preguntó Draco sin rodeos. Necesitaba saber la respuesta y ahora por fin estaba dispuesto a escucharla.

—Porque te quiero y quería que lo supieras.

—Has perdido el dinero que te ofreció el señor Barnabas.

—Lo ganaré de otra forma.

—Vas a dimitir.

—No quiero vivir lejos de ti.

Con cada frase que decían daban un paso para acercarse al otro.

—¿Por qué no me lo contaste en el hotel?

—Porque me olvidé. Solo podía pensar en ti —le cogió las manos—. Solo puedo pensar en ti.

—Harry, yo... estas tres semanas...

—Quería venir antes. Me moría de ganas de venir antes, pero si quería que me creyeras necesitaba que te reunieras con los suecos. Creo que jamás he odiado tanto a alguien que en realidad no me ha hecho nada —le acarició el rostro—. No quería que creyeras que todo esto era otra maniobra para conseguir algo. Lo único que quiero es a ti.

—No tienes que dimitir.

Harry volvió a sonreírle.

—Llevo años soñando con abrir mi propia agencia y aunque he intentado engañarme siempre me busco una excusa para no hacerlo. Supongo que tenía miedo. Ahora ya no lo tengo. Ahora lo único que me da miedo es que tú no me perdones.

—Pensé que me habías utilizado.

El uso del pasado le dio esperanzas a Harry y se atrevió a agachar la cabeza para darle un suave beso en los labios.

—Supongo que no has abierto el sobre, ¿no?

—No, está en el cajón —reconoció Draco.

—Ábrelo —le pidió él soltándole las manos.

Draco respiró hondo y se acercó al escritorio para abrirlo. Lo encontró en el cajón y lo sacó con cuidado. Deslizó el abrecartas por el lateral y extrajo los papeles que contenía.

Dibujos.

Bocetos en realidad, ¿de una campaña nueva? Miró el título.

«Mi vida, por Harry Potter.»

En las viñetas dibujadas a modo de story board se veía a un niño que vivía con muggles, conocía el mundo mágico, iba a Hogwarts, vivía un sinfín de aventuras, derrotaba a un mago oscuro y emprendía una apasionante carrera de publicista. Las peripecias del protagonista seguían hasta que llegaba a un hotel con un rubio guapísimo —¿Harry lo veía así?— y se enamoraba perdidamente de él. El rubio se iba y el chico se ponía a llorar y a hacer las maletas, pero antes dibujaba frenético en las hojas del hotel.

Draco apartó la vista de las viñetas y encontró el logotipo del Hotel Castillo Montesclaros en lo alto del folio.

En la última viñeta el protagonista estaba de rodillas mirando hacia el lector con los brazos extendidos y de sus labios salía un globo con una pregunta:

—¿Me quieres?

La voz de Harry le puso a Draco la piel de gallina.

—Porque yo te amo, Draco —siguió él cuando el rubio lo miró a los ojos—. Te amo y quiero darle una oportunidad a lo nuestro. Dime que tú también.

Draco esperó a que esa vocecita interna le dijese que estaba cometiendo un error, pero al parecer se había quedado muda. Harry lo amaba de verdad, no lo había utilizado y estaba dispuesto a luchar por ellos.

¿A qué diablos estaba esperando para contestarle?

—En el hotel dijiste una cosa que no he podido sacarme de la cabeza.

—¿Qué? —preguntó el moreno confuso e intrigado por la actitud del rubio. Y asustado.

—Dijiste que yo era irremediablemente tuyo —se acercó a él y le pasó una mano por el torso hasta detenerla en su corazón—. ¿De verdad lo crees?

Harry asintió y tragó saliva antes de contestar.

—Sí.

Draco le sonrió.

—Demuéstramelo.

Harry no pensó, lo estrechó en brazos y se lo demostró besándolo con desesperación. Tardaron varios minutos en separarse y solo accedieron a hacerlo porque tenían que respirar.

—¿Convencido?

—Sí —vio que Harry iba a besarlo de nuevo y lo detuvo con una mano—. Por cierto, yo también te amo.

Al moreno no lo detuvo nada más y no lo dejó salir de ese despacho hasta que a ninguno de los dos le quedó ninguna duda de su amor.

...

Unos meses más tarde, el señor Cuffe recibió esta invitación:

"Harry Potter y Draco Malfoy tienen el placer de invitarlo a su enlace matrimonial que se celebrará el próximo 23 de junio de 2006 en el Hotel Castillo de Montesclaros.

Se ruega confirmación."

...

FIN.


RWR

Anjiru: Sorry? Haha, solo un poquito de sufrimiento, ya viste que Harry se reinvindicó bonito, fue precioso el storyboard.

Teruka: Creo que nadie se lo esperaba. Espero que Harry te haya conmovido con sus acciones :)

.

¿Qué tal? Una historia como la suya no podría terminar más que en matrimonio :D

Espero que hayan disfrutado de la lectura ;)

Cuéntenme qué les pareció ^^