– ¿Qué? –no supe como reaccionar, estaba totalmente atónita, no podía pronunciar ninguna palabra si quebrar en llanto, no tanto por tristeza, más bien por el enojo y coraje que sentía. Apreté mis puños y mis labios.

– N-No lo quise decirlo de esa manera, la traje aquí porque...

– Ya lo sé –traté de hacerme la fuerte, pero el tono melancólico de mi voz me delataba, aunque quería llorar en mi rostro solo se notaba una sonrisa nostálgica– Querías pasar un rato con ella para hacer... Eso ¿Verdad? Está bien, no te interrumpiré más –pasé al lado suyo con la mirada baja y dispuse a correr. Llegué donde estaba Kaito con lágrimas en los ojos que amenazaban con salir. Me sorprendí al verlo en la mesa de mi hermano junto a quien había sido su acompañante, hablando felices como si se conocieran de toda la vida. Quise escapar sin ser percibida pero Kaito notó mi presencia y se acercó a mí.

– Rin ¿Te encuentras bien?

– Si, no te preocupes –fingí una sonrisa a la cual el respondió con una más sincera, Miku desde la mesa solo bebió un sorbo del trago que había pedido. Sugirió irnos y yo asentí con la cabeza, fue a coger su chaqueta de nuestra mesa y mi bolso, se dispuso a pagar la cuenta. Estando parada en medio del bar, sentí una extraña sensación de ser observada, creí que se trataba de la peliverde pero ella no se encontraba donde se supone que estaría. Dirigí la mirada hacia todos lados hasta que me topé con unos ojos café detrás del mostrador, los cuales también estaban viendo los míos.

– ¿Rin? –habló la persona confirmando que habría estado viéndome. Recordaba haberla visto en alguna parte, aunque ninguna imagen se venía a mi mente. No, tal vez...

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– Mañana firmaremos un convenio con una empresa grande que beneficiará mucho a la nuestra, salud por eso –todos los adultos reunidos alrededor de la mesa juntaron sus copas en ademán de celebración.

Rin y Len se encontraban jugando a las atrapadas con las sillas, haciendo caer unas cuantas. Siempre que sus padres venían a celebrar algún logro en su empresa los traían junto con ellos ya que no tenían con quién dejarlos. Aunque, después de todo, los dejaban jugar por su cuenta mientras ellos bebían hasta altas horas de la noche.

– No deberían de jugar de esa manera, se pueden lastimar –los regañó, aunque de manera amable, una mujer que se acercaba limpiando un jarro con una pequeña toalla. Ambos se detuvieron y se miraron el uno al otro, con una sonrisa cómplice corrieron hacia ella y acorralaron sus piernas con sus pequeños brazos alrededor. Ella los miró con dulzura y los apartó para poder flexionar sus rodillas y mirarlos claramente– No hagan eso pequeños demonios –los tomó de las mejillas tirando suavemente para no lastimarlos a lo cual ellos rieron, ella devolvió el mismo gesto.

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– ¿Meiko-san? –traté de adivinar con el vago recuerdo en mi mente. Me acerqué a ella para verla más claramente, las luces eran un tanto cegadoras. Estuve frente a frente y solo atinó a sonreír.

– Ahah ¿Entonces sí eres tú? Vaya que has crecido mucho, te estuve observando hace algún rato pero no sabía si eras tú, no te reconocí inmediatamente porque ahora llevas gafas ¿Qué te pasó? –me tomó de las manos emocionada, yo solo me sentía nerviosa al no recordarla muy bien y no sentir lo mismo.

– Un pequeño accidente –reí algo nerviosa al mirar su rostro de preocupación.

– Ya veo... Y dime ¿Dónde está tu hermano?

– Eh pues... Él está... Ocupado.

– Rin, ya debemos irnos –se acercó Kaito a nosotras extendiéndome mi bolso, lo tomé y puse en mi hombro.

– ¿Y quién es este muchachito? –la castaña se apoyó sobre sus codos para mirarlo con detenimiento– ¿Eres su novio? –preguntó con una sonrisa sátira.

– No, él no...

– No lo soy, no aún –le guiñó un ojo a lo cual ella respondió igual, yo solo moría de la vergüenza.

– Ya es un poco tarde, debemos irnos– agarré la manga de su camisa y lo llevé hacia la puerta– Fue un gusto volver a verla Meiko-san, vendré a visitarla algún día –me despedí desde lejos con la mano a lo cual ella respondió igual.

Caminamos hasta llegar a mi casa, no era muy tarde pero él quería acompañarme para estar seguro de que esté bien. Durante el camino hablamos de cosas triviales, en lo posible trataba de evitar el tema de mi hermano, ni yo misma sabía qué pensar. Sé que no debí salir corriendo sin dejarlo hablar, quizá se trataba de otra cosa, pero si era lo que estaba pensando entonces no había razón para que entrara en detalles.

Kaito me dejó en la puerta de mi casa, me despedí de él y entré. Los zapatos de Len no estaban por lo que todavía no había vuelto. Me cambié de ropa ya que aún seguía con el uniforme desde la mañana. Estuve un largo rato perdida en mis pensamientos, tarde o temprano Len llegaría, aunque prefería que fuera más bien tarde; tenía miedo de lo que podría pasar, o quizá de lo que ya había pasado. Me recosté en el sofá con la ropa de dormir puesta para ver una película y así relajarme un poco.

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El sonido de mi celular vibrando me despertó, aún estaba adormilada y trataba de alcanzarlo extendiendo mi mano. Era el número de Len que llamaba, supuse que aún no había llegado y me tarde un rato en responder, o mejor dicho fue mi orgullo el que lo hizo

– ¿Hola? –nadie respondió por unos largos segundos– ¿Len? –mi preocupación fue incrementando a medida que los segundos pasaban, al igual que la rapidez con la que mi corazón latía, insistí sin recibir señal del otro lado de la línea– Len, ¿estás ahí?

– Rin, soy yo.

– Miku... –respondí al reconocer su voz, aún con un poco de coraje intenté calmarme, pero debo decir que pude relajarme al saber que nada le había pasado– ¿Dónde está Len?

– Está conmigo, lo llevé a mi casa. Se pasó un poco de copas y no podía dejar que se vaya solo, así que lo traje, solo llamaba para hacerte saber que no llegará.

– Iré a recogerlo –dije con determinación, no iba a permitir que mi hermano se quedara con ella y mucho menos si no estaba del todo consciente.

– ¿Estás segura? Ya es muy de noche y Len estará mejor en mi cas-

– Solo mándame un mensaje con tu dirección y yo iré cuanto antes.

– De acuerdo –oí una leve risa sarcástica y colgó.

Miré en la tapa de mi celular y eran más de las dos de la mañana, Len nunca había estado fuera de casa hasta tan tarde. Apoyé mi celular en mi pecho, este no era el Len que conocía, o que tal vez no quería conocer. Tenía que controlarme, en ese momento lo más importante era él, que estuviera seguro, y sobretodo conmigo. Unos minutos después me mandó un mensaje con una dirección, a decir verdad no creí que lo iba a hacer, creí que me mandaría una dirección cualquiera para jugarme una broma pero en ese momento lo más importante era Len y tendría que confiar en ella. Me puse un abrigo y el taxi que llamé anteriormente había llegado, le indiqué el lugr al cual debía de ir y este se dirigió hacia allá.

Cuando llegué vi a Miku en la puerta de su casa, sentí un gran alivio al saber que no había sido engañada.

– Ya llegaste rubiecita, ayúdame a levantar a Len que se quedó dormido en en sofá –ambas entramos y llevamos a Len de cada lado para colocarlo en el taxi. Era extraño percibir el olor a alcohol en mi hermano, después de todo él nunca había llegado a beber demasiado según tenía conocimiento.

– Supongo que ahora debo darte las gracias –dije en un tono irónico, después de todo era culpa suya que Len terminara en ese estado.

– No es necesario, soy su novia así que lo hago con gusto –lanzó una sonrisa sarcástica ocasionando que mi enojo saliera a flote otra vez– Aunque debo decir que me salvas de una buena, mis padres y mi hermano llegarán más tarde y si encontraban a Len me metería en problemas otra vez.

– ¿Otra vez? –el conductor tocó la bocina para que me apresurara, era muy tarde por supuesto – Como sea, adiós –subí al vehículo y me despedí a lo lejos, ella lo hacía con la mano sin quitar esa burlona sonrisa de su rostro.

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– Len, vamos, no te vayas a caer –estaba en la puerta tratando de introducir la llave en la cerradura pero el peso de Len sobre mí impedía que pudiera hacerlo. Él se encontraba casi inconsciente, aunque aún balbuceaba algunos monosílabos.

Entramos y recosté a mi hermano sobre el sofá mientras se me ocurría cómo llevarlo a su habitación. Quise quitarle la ropa para que se sintiese más cómodo pero aún me avergonzaba verlo desnudo después del incidente de aquel día. Tragué en seco y desabroche los botones de su camisa con un carmín intenso en mis mejillas. Con la prenda abierta, dejaba al descubierto su no muy formado pero atractivo torso, me sonrojé a más no poder, cubría mi rostro con mis manos por si en algún momento fueran a estallar.

Intenté desprender la camisa de su cuerpo, se me hacía complicado por el peso de su cuerpo. Era inútil tratar de quitarle su ropa y solo fui por una cobija para dejarlo dormir en el sofá. Me senté a la orilla del mueble, se veía totalmente indefenso; sin embargo, yo sabía lo que pasó esa noche y lo que hizo con Miku. No lo iba a juzgar, tampoco me sentía enojada, pero un dolor en mi pecho no me permitía tener mi mente en paz ¿Así se sentía querer de verdad a alguien? ¿Llegar a amarlo? Y también... ¿Era ese el dolor de saber que lo perdí? Quizá solo era cansancio, era muy tarde y todo lo que necesitaba era descansar, o tal vez solo huir de la realidad en la que Len no estaba en mi futuro.

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Un calor intenso me despertó de mis sueños, trataba de abrir los ojos para ver qué lo provocaba, era complicado al estar tan adormilada. Una vez pude recobrar la conciencia noté una silueta que me rodeaba con sus brazos alrededor de mi cama. No podía distinguir qué era hasta al cabo de unos segundos, mi vista se aclaró y pude observar esa hermosa cabellera rubia y unos intensos ojos azules observando los míos.

– ¿Len? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás durmiendo? –extendía mi brazo hacia la mesa de noche intentando alcanzar mis lentes, él detuvo mi mano y la llevó a sus labios.

– Lo siento –su voz sonaba temblorosa, como si estuviera al borde del llanto, quizá sea producto del alcohol, como también del hecho de que se encontraba agotado. Sus ojos empezaron a cristalizarse, podía verlos por la luz de la luna que reflejaba en estos. Posó sus labios sobre mi mano y la beso suavemente, me sentía avergonzada y aunque quisiera salir me tenía atrapada con sus rodillas alrededor de mis muslos.

– No tienes porqué disculparte –aparté mi mano de él e intenté pararme para llevarlo a su habitación ¿Había subido solo las escaleras en ese estado?

Él me tomó de los hombros y me devolvió a mi posición inicial. Su rubia cabellera tapaba sus ojos y aunque solo tuviese a la luna como única fuente de iluminación, podía ver claramente su rostro, su respiración aumentaba rítmicamente a los latidos de mi pecho. Se acercó cada vez más a mi rostro, apoyó su cuerpo sobre sus codos y estos sobre la cama, lado a lado de mi cabeza. A medida que avanzaba pude sentir que su jadeo era más intenso al igual que mis pulsaciones. Nuestros rostros estuvieron a escasos centímetros de distancia y él agotado hundió su cabeza en mi hombro derecho.

– Lo siento –repetía una y otra vez, sentí sus lágrimas empapar mi hombro– Siento haber robado tus ojos, siento haber robado la pureza de tus labios y también siento tener el deseo de robar tu virginidad –mis ojos se dilataron ante su confesión al igual que mis hormonas, que hacían enrojecer mi rostro igual que siempre, pero por alguna razón lo deseaba, aunque no de este modo, no con él en ese estado.

Lo abracé por la espalda suavemente haciendo que se recostara a mi lado, estando tan cerca suyo pude ver lo rojizo que estaban sus ojos, él sólo lloraba como un niño pequeño, era extraño verlo llorar, de hecho nunca antes lo había visto hacerlo. Sequé sus lágrimas con las yemas de mis dedos y tomé sus manos dedicándole la mejor sonrisa que pudiera tener, él me miró e hizo lo mismo. Intentó hablar otra vez pero no se lo permití, posé mi dedo índice sobre sus labios a acaricié su mejilla para que se tranquilizara.

Me recordó a cuando éramos pequeños y yo llegaba llorando porque me había tropezado en alguna parte, él me sonreía y revolvía dulcemente mis cabellos y apretaba suavemente mis mejillas.

Acaricié su cabellera alborotada, después de todo no traía una cola de caballo como siempre. Estuvimos un rato hablando con la mirada, no necesitábamos decir nada, nuestros ojos hablaban por nosotros. Se acercó y besó dulcemente mi frente, esa noche dormimos apegados hasta el amanecer después de muchos años, como cuando éramos niños.

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Salí temprano a hacer las compras, era sábado por la mañana y mis padres no volverían hasta unos días después, siempre se demoran casi una semana en sus viajes de negocios. Len seguía dormido en mi habitación, así que aproveché en salir para no tener que verlo, aún seguía avergonzada por haber dormido con él.

Hacía mucho tiempo que no salía sola, mis padres no me dejaban salir debido a que tenía que limpiar la casa, lavar los trastos y la ropa. No me quejo de mi vida, tengo lo necesario para vivir y tampoco me siento como Cenicienta, al principio no me aceptaban pero con el tiempo han ido acostumbrándose a mí y ahora nuestra relación va mejor. Lo único que necesitaba era olvidarme de Len y de la idea de que en algún momento pudiera existir algo más que una simple relación de hermanos.

Caminando por las calles volví a ver este letrero de Almost Paradise que me traía no tan gratos recuerdos de la noche anterior. Recordé la promesa venir a saludar a aquella vieja amiga con la cual me había reencontrado. Entré para ver si se encontraba y claro que sí, detrás del mostrador como la noche de ayer.

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– Y básicamente eso es lo que ha sido de mi vida Meiko-san –ambas se encontraban sentadas en las bancas frente al bar, la castaña había estado escuchando su historia atentamente mientras bebían una taza de café.

– Vaya, tu vida parece toda una telenovela y solo tienes 16 años –ella asintió con la cabeza baja y una leve sonrisa de pena en sus labios, la mayor la miraba con nostalgia, era muy joven para pasar por tantos suplicios– Entonces ¿Amas a Len?

– Sí, y no es algo de lo que me sienta muy orgullosa –respondió apenada la rubia, quien trataba de mantener la calma y no ponerse a llorar– ¿Por qué tuvo que ser él y no otra persona como Kaito? ¿Por qué exactamente él? –su voz temblaba cada vez más por cada palabra pronunciada. Meiko levantó su mirada tomándola de la mejilla con una sonrisa amable.

– Oh Rin, el corazón no elige de quién enamorarse, solo lo hace y ya, y si es lo que de verdad quieres, no debes sentirte avergonzada de lo que sientes.

– Pero es mi hermano, se supone que es algo inmoral –unas cuantas lágrimas escaparon de sus ojos, la mayor las secó con sus dedos.

– Escucha Rin, en esta vida nada es fácil, existen personas que te dirán que lo que haces y sientes no es lo correcto, pero ¿Quiénes son ellos para juzgarte? Ninguno de ellos te dá de comer ni influye en tu vida.

– Pero mis padres si.

– Por lo que me contaste ellos tampoco han sido un ejemplo de padres. Si hablas con ellos delicadamente seguro sabrán comprender que ustedes se aman.

– No, Len no siente lo mismo por mí, solo intenta confundirme para que no esté con Kaito, solo son celos de hermano –dijo un poco desanimada y con cierto pesar en su voz.

– ¿Ah sí? Eso no es lo que él me contó ayer –Rin levantó la cabeza, miró fijamente a la castaña quien sonreía de oreja a oreja, al parecer su historia sonaba interesante.

Hooola :D han pasado casi… 2 años? D: definitivamente fanfiction es de lo más abandonado que tengo xD estoy aprovechando que estoy de vacaciones de la universidad (solo me queda un mes ;u;) y pos de la nada se me vino la chispita de la inspiración y escribí como una loca (como siempre) en fin, primero los reviews uwu~

Luna Kagamine: Ahh gracias coshota uwu *inserte kokoro* Quizá, lo tendré en mente, no preocupeishon ewe Bueno, si llegas a leer esto espero que te haya gustado nwn

Momo: Sii actualicé, solo espero que no sea muy tarde D: (*15 años tarde*) me alegra que hayas entendido y espero te guste este cap n.n

Y y y ahora como en todos mis fics toca pedir sus hermosos reviews que me llenan de inspiración y a escribir más rápido (y así no actualizo cada guerra mundial :'v) espero que os haya gustado y gracias por leer nwn