°°Ćāşũąłìďāđ°°

Acotaciones:

&&&&& Cambio de escena - Diálogos " " Pensamientos

Mini recapitulación: Inuyasha y Kikyo terminaron cuando él la vio besarse con Onigumo en la entrada de la florería.

Luego de ver a Kikyo esa noche que creyó la última que lo haría, fue a su casa, no había otro lugar al cual ir. Abrió la puerta con brusquedad y no saludó a su madre que lo vio pasar. Fue directo a encerrarse a su habitación a caminar de un lado a otro pensando, maldiciendo, odiando… todo al mismo tiempo ¿cómo pudo no darse cuenta? ¿Cómo pudo creer en ella? Todo fue un juego de una mujer manipuladora y engañosa. Nunca dudó, nunca se preguntó si sería verdad todo lo que le demostró… grave error. Ahora estaba lleno de ira y desesperación… tal vez ni siquiera fue lo que él pensaba, quizás el tipo la estaba acosando y Kikyo sí lo amaba, quizás por eso le pidió que se retractara, probablemente había sido un ciego. Pero entonces recordó la forma en que él la miraba, la forma en que ella le sonreía cuando iba a la florería… "Kikyo nunca sonreía" –pensó ¿qué tenía ese cliente de especial?... Ahora creía saberlo… quizás todo el tiempo lo tuvo engañado…

Miró el reloj de la pared y vio que era cerca de la media noche… el tiempo no pasaba nunca, las últimas horas le parecieron días… ¿cómo estaría ella? ¿Se sentiría igual? ¿Estaría festejando que al fin se libró de él? ¿Estaría recostada piel con piel con aquel extraño sujeto? ¿Lo habría hecho la noche que él se marchó el hotel? ¿Fue por sus errores que lo engañó?...

¿Y si la llamaba? ¿Qué tal si el otro respondía? ¿Y si ella estaba al lado del teléfono esperando para que se retractara? ¿Qué perdía con intentarlo? El orgullo y todo lo que sentía por esa mujer ya se lo habían quitado... tal vez, sólo una llamada, un par de timbrazos y sería todo. Tomó su celular y lo contempló en silencio mientras intentaba decidirse. Hasta que en un arranque de furia arrojó el aparato contra la puerta viendo cómo se partía en varios pedazos y escuchando el estrepitoso sonido que atrajo por fin a su madre. Izayoi llamó a su puerta con suavidad.

- ¡Qué quieres! –le gritó desde el interior como nunca antes lo hizo. Ella no respondió, sólo abrió la puerta y al entrar lo vio a los ojos sin decir nada. - ¿Qué pasa?

- Vine a avisarte que mañana me voy con tu hermano.

- ¿Qué? ¡No puedes irte!

- No te estoy consultando, pensaba hacerlo pero… ya nunca estás aquí.

- ¡Además solamente se quieren aprovechar de tus cuidados!

- Hijo, la cesárea de Lin está programada para dentro de dos días. –le dijo ella todavía sin acercarse, esa distancia no era común.

- Pero tú dijiste que faltaba todavía un mes.

- Sí, pero fue hace un mes la última vez que llegaste a cenar a casa. Además, si eres suficientemente grande para gritarle a tu madre, también lo eres para vivir tú solo. De cualquier forma mi decisión está tomada. –dio media vuelta y salió cerrando la puerta tras de sí.

Inuyasha se quedó frío Ahora ella también se iba de su lado… en realidad sí ahuyentaba a todas las personas a su alrededor… su padre, Kikyo… su madre… todo salía mal. La rabia lo inundó una vez más y por primera vez entendió a la perfección cómo debió sentirse Kikyo el día que la recibió en hospital… ¿qué podía hacer? Nada… ya todo estaba decidido, su padre había muerto muchos meses atrás, Kikyo lo odiaba y su madre se iba… la historia de su vida… ¿sería que hasta su propia mamá lo odiara? No, claro que no, aunque se marchaba y no podía evitarlo, ella no lo odiaría… pero él le gritó… eso sí podía intentar remediarlo. Se puso de pie con rapidez y salió corriendo, Isayoi estaba al final del pasillo cerca de las escaleras, la llamó y fue lo más rápido que pudo a su encuentro, ella lo abrazó con suavidad y él simplemente correspondió. Así se quedaron un rato en silencio. Fueron varios minutos de reconciliación seguidos de una cena entre dos que tampoco tuvo mucha plática al inicio, fue hasta que el médico se ofreció a lavar los trastes que ella habló.

- ¿Qué le hiciste?

- Nada ¿por qué siempre tengo que ser yo? Ella fue la que… pues… ella…-se quedó callado una vez más.

- ¿Y por qué lo hizo? –pero su hijo no quiso indagar esa pregunta, quizás no le convenía.

- Eso ya no importa de cualquier forma. Madre… ¿te vas por mi culpa?...

- Honestamente… espero que no. A menos de que los trillizos sean obra tuya, cosa la cual no creo que le agradaría a Sesshoumaru. Aunque pensándolo bien ustedes se parecen mucho… ¿estás seguro que tu amistad con Lin nunca llegó a… tú sabes? –Inuyasha se le quedó viendo entre sorprendido e intentando no reír, a la vez que sintió repulsión por la idea de fabricar niños con Lin.

- ¡Mamá! –le dijo en un tono entre de queja y lastimero mientras ella comenzaba a reír.

- ¿Es tu culpa que me vaya?

- No, no estoy tan enfermo para hacer eso.

Y esa noche siendo la última que pasarían juntos en un buen tiempo, se durmieron tarde y a petición de Izayoi, su hijo se quedó en la misma habitación, aunque por dentro él tampoco quería sentirse solo.

&&&&&

Kikyo estaba sentada en el suelo con la espalda recargada en el sillón y la mesita de centro delante suyo, sobre ésta se extendían un par de cuadernos y un libro, ella borraba por milésima vez el mismo problema que parecía no tener solución… o quizás sólo estaba muy distraída. Al cabo de un minuto más, cuando terminó de revisar de nuevo el asunto sin llegar a otra respuesta, Kaede subió anunciando que ya había cerrado, al mirar a su hermana mayor se sintió triste por verla así y no pudo hacer otra cosa más que preguntar por la llamada de quien parecía ser el culpable de todo.

- No ha llamado, ya nunca va a llamar… -respondió Kikyo mientras dejaba exhausta el lápiz, Kaede miró el papel.

- ¿Y por qué no lo llamas tú?

- Ya lo hice… -habló por lo bajo- No responde, en su casa no hay nadie, en el hospital siempre está ocupado… no quiere hablar conmigo…

- La respuesta es siete. –le dijo después de un largo silencio que no supo cómo amortiguar.

- ¿Por qué?

- Porque sólo te falta sumar tres más cuatro. En realidad ya está casi resuelto pero un pequeño bloqueo lo tiene cualquiera. Voy a servir la cena.

- Te acompaño pero no tengo hambre.

- No has comido nada en todo el día. Al menos deberías probar las fresas, mucho tiempo te tomó recogerlas. Ah y por cierto, cuando estoy comiéndolas abajo los clientes me las quitan y me dicen que si las vendo… estoy pensando seriamente en comercializarlas.

- Claro, si haces eso deberías pensar también seriamente en empezar a cultivarlas tú. –ambas sonrieron y se sentaron a cenar tranquilas, aunque la menor sabía que su hermana ocultaba su tristeza…

- Hoy vino Onigumo tres veces a buscar "sus semillas", le dije que yo podía dárselas pero insistió en que sólo tú sabrías cuáles necesitaba. Ese tipo no me gusta.

- No, a mi tampoco…

Esa noche, como todas las anteriores y como las que siguieron Kikyo casi no pudo dormir pensando y derramando alguna que otra lágrima por ese hombre que probablemente no volvería a ver.

&&&&&

El día era soleado como para dar una bienvenida, el camión de la mudanza acababa de irse y las cajas estaban amontonadas en el pequeño departamento de la parte de atrás junto con unos pocos muebles, había una terracería no muy grande, seguida de un vivero muy pequeño y hasta el frente un tienda llena de macetas en desorden que con unos arreglos sería la nueva florería. Al frente lo que fue hecho antes lucía la palabra "Sengoku" como nuevo nombre del comercio que unos días abriría. Desde sus casas los vecinos observaban curiosos, en las afueras de la ciudad no sucedían muchas cosas y era la primera florería abierta ahí.

- ¿Ya no queda nada en la camioneta? –preguntó Kikyo a su hermana menor quien baja del vehículo.

- No, ya fue lo último, aunque si hubieras ayudado habríamos terminado antes.

- Pero estoy delicada de mis manos –la chantajeó con voz inocente.

- Sí, sí, claro. Te has aprovechado de eso desde que saliste del hospital hace un año. –Kikyo mostró su sonrisa fría y sincera. Entraron y pasaron hasta su nuevo hogar, era más o menos igual que el otro departamento, sólo un par de metros más grande. Ese día se dedicaron a poner algo de orden mientras conversaban de cosas casuales y pensaban en alguien que hacía mucho no mencionaban. La mayor todavía no alcanza a entender ese cambio en su vida sin Inuyasha mientras Kaede recordaba la última vez que lo vio sin que su hermana supiera.

FLASH BACK

La joven esperaba desde hacía dos horas en la puerta de los quirófanos, según le dijeron él estaba ahí operando. Cuando al fin salió él la vio de inmediato y con expresión entre sorprendido y preocupado fue hasta ella.

- ¿Ésta vez cómo lo intentó? ¿En qué cuarto está? –le preguntó sin dudar.

- No, mi hermana está en casa… -Inuyasha se sintió aliviado de escuchar eso. –No sabe que vine a verte.

- Entonces no debiste venir. –le dijo empezando a caminar.

- ¿Ni siquiera vas a preguntar por qué vine a verte? –comenzó a seguirlo.

- ¿Soy encantador y me extrañabas?

- Inuyasha eres un idiota. –el joven doctor se detuvo y le dirigió una mirada de pocos amigos. – Nos vamos a mudar… en unos días. Sólo quería que lo supieras… aunque creo que me estoy equivocando. –acto seguido la muchacha dio media vuelta y se marchó. Él se quedó ahí sin reaccionar.

FIN DEL FLASH BACK

En un receso que se dieron para comer la pizza recién llegada, tuvieron tiempo para observar cómo iba quedando el sitio y que aunque no era mucho más grande que el anterior, sí tenían más espacio para cultivar las fresas que, al fin, Kikyo decidió comenzar a vender.

- Perdóname Kaede….

- ¿Por qué? –preguntó la otra bastante extrañada.

- Por la mudanza, tú estás a la mitad de la preparatoria y te hice cambiar de escuela… debes estar enojada…

- En realidad no, la escuela era aburrida y ya empezaba a caerle mal a algunos profesores. Creo que fue lo mejor. Además mis amigas pueden venir aquí o yo ir. No nos mudamos al otro lado del país, solamente son las afueras de la ciudad. Además, sabes que es lo mejor, necesitábamos un cambio…

- Eres muy dulce, sabes que tú no lo necesitabas. Kaede… ¿le estás poniendo fresas a la pizza?

- No, para nada. –respondió colocando la última rebanada de fresa sobre su pedazo de pizza. – Además era necesario, no quería estar llamando a la policía cada cinco minutos.

- Ni me lo recuerdes… eso de estar las dos solas no deja nada bueno… -habló con tristeza la mayor. – Pero en fin… otra cosa positiva de mudarnos es que a la trabajadora social pareció gustarle la idea de que empezáramos a comercializar las fresas.

- Ah deja de pensar en eso, ya tengo edad suficiente para decidir con quien quedarme. Pero el aire fresco nos va a caer bien.

Para cuando fueron a dormir las dos estaban exhaustas pero aún así Kikyo tuvo algunos minutos para como todos los días preguntarse qué estaría haciendo Inuyasha y si alguna vez él también la recordaba… probablemente no.

&&&&&

Lin recién se había cambiado de ropa y entraba en las sábanas agotada por un día más de mandar a las gemelas y a su bebé, como continuaba llamando al niño, a la escuela y de cuidar todo el día a sus nuevos gemelos y su niña más pequeños; para después recibir a los otros tres y tener toda la tarde llena de las cosas típicas de los niños. La ayuda de Izayoi era más que valiosa pero aún así ni siquiera le quedaba tiempo para atender el pequeño consultorio donde ejercía su profesión de nutrióloga. Sesshoumaru entró después de mandar a dormir al pequeño y se quitó la camisa y el pantalón dejándose caer con cuidado al lado de su esposa mientras sostenía su brazo izquierdo contra el cuerpo.

- Ni creas que vas a tener suerte esta noche. –dijo algo adormilada su esposa al lado.

- ¿Quién dijo que quiero eso? Sólo quiero dormir… -pero estas palabras parecieron herir el ego de la mujer, que de inmediato se movió para sentarse en el abdomen de su esposo.

- ¿No quieres? –le murmuró en tono suave tomándolo de las muñecas para apartar sus brazos.

- Lin.

-¿Si? –preguntó todavía con ideas en la cabeza.

- Mi brazo… -ella de inmediato lo dejó libre y se quitó de encima sabiendo de lo mucho que le podía llegar a doler el brazo izquierdo al entrenador…

FLASH BACK

Era uno de esos hermosos días que Inutashou había escogido especialmente para ir a pescar con sus hijos, a pesar de la renuencia del más joven, quien desde pequeño buscaba excusas para ausentarse de ese tipo de paseos y ahora que estaba estudiando medicina no le faltaban.

- ¡Aquí hay muchos mosquitos! –se quejaba Inuyasha desde el interior de la camioneta mientras los otros dos terminaban de desamarrar el bote de la parte superior para cargarlo hasta el agua.

- Eres un llorón. –le dijo su hermano quien jalaba la el bote, él llevaría la delantera.

- ¡Ya cállate Sesshoumaru!

- Niños… -dijo su padre en tono bajo y de regaño, ambos callaron y él y Sesshoumaru comenzaron a dar pasos con el pesado artefacto de madera sobre sus cabezas.

Esa era la rutina siempre hasta que algo salió mal y el hombre mayor sintió un dolor penetrante en el pecho que se extendía por todo su brazo izquierdo, quiso tolerarlo pero no pudo, de inmediato lo hizo trastabillar y caer hacia un lado, dejando todo el peso del bote en su hijo. Sesshoumaru intentó apartar la caída inminente del artefacto de su padre pero el peso era demasiado para él y lo venció cayendo encima suyo.

Inuyasha vio todo por el retrovisor y de inmediato salió con la adrenalina al máximo, primero fue hacia su padre, quien yacía sentado en el suelo adolorido y asustado por su otro hijo. Fue entonces que el joven prestó atención a su hermano mayor, quien tenía una expresión de dolor que nunca antes le vio, su brazo izquierdo estaba desaparecido bajo el bote.

- Inuyasha… ayuda a tu hermano…

- Pero papá…

- Yo estoy bien. –y aunque él sabía que no lo estaba prefirió no pelear más e ir hasta Sesshoumaru para ver qué hacer.

- ¡Lo voy a levantar! –gritó a su hermano, lo hizo muy apenas pero esos centímetros fueron suficientes para que el otro sacara el brazo, que lucía una herida demasiado horrible.

- ¿Qué tiene papá? –preguntó el mayor intentando controlar el dolor que le provocaba la fractura expuesta y llena de tierra y sangre con los músculos y todo lo demás destrozado.

- Creo que es un infarto…

-¡¿Y qué estás esperando!? Ve a hacer algo. –explotó Sesshoumaru poniéndose de pie con más sangre escurriendo cada vez.- Yo llamo a la ambulancia.

- Diles que nos esperen en la orilla de la carretera. Jamás podrían atravesar el bosque más rápido que nosotros.

Y así fue hecho, Sesshoumaru llamó y muy contra su voluntad subió al asiento trasero, no podía ni imaginar manejar así, no con los huesos exponiéndose al aire libre y el dolor tan agudo en su brazo de lanzar. Inuyasha le quitó la camisa a su padre y se aseguró de que no estuviese tan grave, sí, necesitaba hospitalización pero no parecía nada que lo pusiera en peligro de morir.

El camino a la carretera fue largo y el de ahí al hospital, más. Después, llamarle a su madre y contarle todo fue lo más difícil, escucharla llorar y tratar de convencerla de que todo estaría bien le resultaron tareas casi imposibles. Al igual que seguir las órdenes de su hermano y no avisarle nada a Lin. La espera por su padre no fue demasiada pronto se dieron cuenta de que sí había sido un infarto pero fue pequeño y no necesitaba más que observación en el hospital y algunas medicinas, además de dieta y posteriores estudios… pero él estaría bien.

Sesshoumaru por otro lado llegó muy pálido al hospital, había perdido sangre y nadie se explicó nunca cómo fue capaz de soportar así el dolor, sin quejarse, sin decir nada. De inmediato entró a cirugía para intentar reconstruir ese brazo que ya le había dado más de una promesa de fama en el futuro que había pagado toda su carrera hasta ese último semestre que cursaba.

Al estar ya más estable Inutashou fue que le dijeron el pronóstico de su hijo mayor y cuando éste salió de cirugía., él fue el primero en estar ahí para verlo y para decirle que por su causa, por tu tonta e inoportuna debilidad él probablemente jamás podría llegar ser profesional, a triunfar como lo esperaba… todo por su culpa. También esa noche prometió delegar responsabilidades y encargarse más de su familia. No pudo evitar sentirse culpable, aunque su hijo intentó decirle que todo fue un accidente y que no importaba, él sabía que en el fondo ese juego era la mitad de su vida.

- Además, siempre puedo entrenar a las nuevas generaciones. Sabes que me gusta hacer sufrir a los más pequeños. –y volteó a ver a Inuyasha un segundo. Antes de darse cuenta de que por la ventana se asomaba Lin, quien apenas estaba llegando. - ¿Pueden dejarnos solos? –les dijo a todos cuando la vio entrar.

- ¿Cómo estás? –preguntó ella acercándose para besarle los labios.

- Bien…

- ¡Eres un tonto! –lo jaló una oreja a manera de regaño- ¿Por qué no me llamaron antes? Es de noche, has estado todo el día aquí… no eres agradable. –murmuró abrazándolo y llorando a su lado, ella lo conocía, de ella no podía tratar de ocultar su pena. El juego se había terminado para él y con eso todos los planes para su vida, todos menos ella.

FIN DEL FLASH BACK

- ¿Te ha estado doliendo? –preguntó acariciando con suavidad las cicatrices alrededor de su codo, donde estaban los tres huesos reparados y con pedazos de metal, además de los nervios mal trechos, todo cubierto de piel sana.

- Sí, estamos cerca de la final y hay que entrenar mucho. Además el "levantamiento de bebés" como complemento no es de ayuda.

- ¿Y todavía tienes pastillas?

- No, hoy le llamé a Inuyasha para que me mande más pero de aquí a que se le ocurre hacerlo pueden pasar varios días.

- ¡Ese desobligado! Ya no se acuerda que tiene familia. Pero algún día me va a tener que escuchar.

- Sí, es un estúpido. Me cae mal, pero aceptémoslo, hace muy bien su trabajo.

- Sí, díselo a tu madre que prefiere estar aquí cuidando niños que allá acompaña por él.

- Espero que algún día llegue a entender sus errores. –luego la incitó a que se recostara a su lado y la abrazó por la espalda sintiendo su cuerpo junto al propio, su calor, sus formas… hacía meses que no tenían algo más de intimidad. De repente Sesshoumaru se levantó un poco en afán de tal vez besarla e iniciar algo, intento que se vio abruptamente interrumpido cuando la notó en un sueño muy profundo… otro día habría oportunidad.

&&&&&

Las semanas transcurrieron sin sobresaltos, los arbustos de fresas transplantados del antiguo vivero parecieron acoplarse bien a su nuevo lugar mientras que los recién sembrados comenzaron su vida a pasos agigantados. Ese verano Kaede se dedicó a ayudar a su hermana y de paso mantenerla vigilada, aún tenía miedo de todo el tiempo que Kikyo pasa en silencio contemplando las flores, las fresas… a la nada e incluso le llegó a parecer que veía con insistencia cualquier cosa que tuviera filo… o tal vez sólo era su imaginación.

Cuando las clases empezaron Kaede pareció contenta en la nueva escuela, mientras las hermanas tomaban su antigua rutina para atender el vivero y la florería, además de que las primeras fresas ya habían comenzado a venderse. Todo parecía ir bien, mucho mejor que antes, aunque al mismo tiempo todavía dentro de su casa se sentía la pesada ausencia de ese hombre que jamás volvió a llamar.

&&&&&

Un sábado por la mañana Kaede fue al vivero mientras su hermana atendía a unas personas, al estar atrás los gritos de varios niños jugando algo llamaron su atención, ahí no era raro escucharlos pero ese día parecían el doble de individuos. Igual los ignoró y se puso a regar las flores, hasta que el ruido sordo de algo rompiendo un cristal llamó su atención. El sonido provino de arriba suyo, al instante se dio cuenta de que una pelota había golpeado contra un cristal del invernadero y ahora los pedazos grandes y pequeños de vidrio caían hacia ella. No pudo hacer más que girar la cabeza y cerrar los ojos al tiempo en que trataba de protegerse con las manos.

En la florería Kikyo cobró a los clientes y se dirigía a poner un ramo de vuelta en su lugar cuando oyó el mismo ruido del cristal quebrarse y el grito de su hermana. De inmediato la adrenalina la recorrió y fue apresurada hasta entrar en el vivero y notar a Kaede de pie cubriéndose el rostro, al parecer estaba ilesa, pero luego notó… hilos delgados de sangre se colaban entre la piel de sus brazos, eran sólo rasguños, luego la llamó por su nombre y ella no dijo nada, lo siguiente fue acercarse y quitarle las manos del rostro. Al parecer un fragmento del cristal había parado en uno de los ojos de la muchacha.

- ¿Kaede estás bien? –preguntó mientras ella también se llenaba con la abundante sangre que recorría el rostro de su hermana.

- Me duele… -se quejó ella.

- Ve a la calle, yo voy por las llaves de la camioneta. –así una salió y la otra subió para llevar a su hermanita al hospital, que quedaba a un par de minutos en el auto.

Kaede se detuvo en la calle, fuera de puerta, parecía no haber nadie alrededor como todos los días, sólo un auto que se aproximaba. Igual, el dolor y el miedo no la dejaban prestar atención, fue hasta que el vehículo se detuvo justo delante suyo y un hombre bajó de él que se dio cuenta de lo extraño del destino.

- ¿Kaede? –preguntó el joven hombre que sólo se había detenido ahí por su instinto de médico al ver a una chica sangrando. Él tampoco la reconoció hasta estar a muy poca distancia. -¿Qué te pasó?

- Fue un accidente… -y antes de que pudiera decir algo más la hermana mayor salió también.

- Inuyasha… -murmuró Kikyo al verlo, quedándose pasmada… al igual que él. ¿Cómo era eso posible? ¿Se trataba de una broma? Ninguno lo supo pero fue mucho el tiempo que se quedaron sólo así.

- Hermana mi ojo… -llamó por fin su atención la muchacha que tenía la mitad del rostro cubierto de sangre, junto con las manos y la ropa.

- Suban. –les ordenó Inuyasha a ambas, ninguna protestó y entraron al auto del médico.

En el hospital recibieron a Kaede y la llevaron para examinarla sin dejar que Inuyasha fuese con ellos, argumentando que por ética no debe atenderla si es de su familia. Él pensó en protestar pero en realidad prefería dejarla en buenas manos y él quedarse con Kikyo… no dejaría pasar una vez más esa oportunidad.

De esa forma los dos terminaron sentados en la sala de espera, uno al lado del otro pero con el silencio de por medio. ¿Qué podían decir? Quizás sólo deberían preguntarse cómo estaban y tener alguna conversación de conocidos… pero no podían. Demasiadas dudas los asediaban a los dos desde esa vez que pelearon, que se odiaron, que decidieron no verse nunca más.

- ¿Quieres algo de tomar? –preguntó él intentando romper el hielo.

- No, gracias. Ya puedes irte, debes estar muy ocupado. –fue la respuesta cortante que obtuvo. Inuyasha se quedó callado recapacitando.

- No, es mi día libre y no tengo nada que hacer. Además, necesitarán que alguien las lleve de regreso.

- Entonces tengo suerte de que no estés ocupado y puedas donar tu tiempo a los necesitados. –lo atacó de nuevo.

- Voy por café. –se puso de pie y no se detuvo hasta estar en la puerta. – Las cosas cambian Kikyo… -y luego salió.

FLASH BACK

Después de la visita de Kaede el cambio en la personalidad de Inuyasha era notorio, le gritaba con más frecuencia a las enfermeras, hacía comentarios irónicos a sus pacientes acerca e cómo ellos iban a buscarlo por un simple resfriado en lugar de quedarse en cama o cosas así. Era obvio para todo el mundo que el doctor Tashou no estaba bien, pero nadie tenía el valor para acercarse y preguntarle.

Una noche él transitaba por rumbos conocidos, se sintió atraído como por un imán hacia aquel lugar donde todo había empezado, de nuevo esa luz roja que lo detuvo y lo llevó a conocerla, hizo que se frenara y observara nuevos colores en el anuncio, un nuevo nombre y un hombre completamente desconocido que colocaba un enorme letrero de "gran inauguración" en la vitrina.

Inuyasha se quedó helado, ella se había ido. No podía culparla por no despedirse, tal vez lo intentó pero su maldita necedad y orgullo le impidieron acercarse a ella de nuevo, hasta ahora… que ya era tarde. Estacionó el auto y bajó para acercarse al hombre y hacerle alguna pregunta, específicamente si tenía idea de qué había sido de las antiguas dueñas del lugar, desafortunadamente para él, el hombre no supo darle ninguna seña. Así, desalentado, no le quedó más opción que mirar ese lugar que tantas veces recorrió antes y sentirse miserable una vez más.

Regresó a casa, a esa construcción que alguna vez llamó hogar y que ahora no tenía más que cosas empolvadas y mucho vacío. Encendió las luces y fue directo a su habitación… estaba solo desde hacía mucho. En ese momento su localizador empezó a sonar, él lo miró con furia y tristeza "¿esto es lo que de verdad quería?" Se preguntó a sí mismo. Tomó el aparato y lo arrojó al suelo… ya no podía más.

Entonces recordó otra vez el día que Kikyo llegó al hospital sangrando, cómo la envidió en ese momento, el valor de hacer eso… ¿él podría? ¿Qué más daba? ¿Tenía otra opción? "Tal vez…" –pensó al girar la mirada y ver una fotografía sobre el mueble. Sólo una persona podría ayudarlo, solamente ella lo había visto así antes. Con suerte tendría tiempo para hablar con él un rato y salvarlo de sí mismo y su inmensa soledad. Tomó el teléfono y marcó varios números. Luego de la llamada pasó algunas horas en vela y dormitando, estaba más que cansado pero igual le era imposible conciliar el sueño por más de unos minutos, quizás debido a las ansias de saber que ella legaría en algún momento para ayudarlo. Ya cerca del amanecer la mujer exhausta entró a la casa con un juego de llaves. Él la esperaba en el recibidor y al ver su figura en la puerta se dirigió hacia ella y la abrazó recargando su frente en el hombro femenino y derramó un par de lágrimas en silencio.

- Se fue… y no sé a dónde… ya no podré encontrarla. –le hizo su confesión de la misma forma.

- Cachorro… no digas eso. Tiene que haber una forma. Vamos a la cocina. –ella le devolvió el abrazo y luego lo tomó de la mano para llevarlo hasta la mesa y empezar a prepararle un vaso de leche con chocolate. -¿Cuándo se fue?

- No estoy seguro vagabunda, Kaede fue hace unas dos semanas a avisarme…

- ¿Y no tienes idea de a dónde fueron?

- No, el país es muy grande.

- ¿Y qué piensas hacer? –le dijo entregándole la bebida y sentándose a su lado, ella también estaba cansada después de un largo día normal y un viaje inesperado de algunas horas.

- Aún no lo sé… lo único que sé es que es mi culpa… -se lamentó con infinita tristeza.- ¿Sabes? Perdí tanto por un puesto que no vale la pena. Voy a renunciar. –ella se sorprendió.

- Cachorro… ¿estás bien? Desde estudiante querías ese puesto… quizás debas pensar mejor las cosas…

- ¿Pensar? Esa ambición ya me ha quitado todo, sólo quiero olvidarme del pasado y comenzar de nuevo… en otro lugar, con otras personas… creo que me mudaré a la casa de campo. Lo he estado pensando desde que te llamé y es lo mejor.

- Pero tú la odiabas…

- Lin… técnicamente odiaba todo lo que me distrajera de mis estudios… y de mis objetivos… además, tengo que cuidar esa casa, era la preferida de papá…

- Si es lo que tú quieres entonces estoy contigo… y estoy segura que Izayoi también, porque aunque no viva aquí ella habla todos los días de ti. Te extraña.

- Quizás deba tomarme unas vacaciones y regresar contigo mañana, ni siquiera conozco a mi sobrina y sobrinos.

- Si quieres ir mañana conmigo más vale que nos vayamos a dormir… no es que no adore conversar contigo pero… estoy algo exhausta y tú también. –él la miró y asintió dando un último trago a la bebida.

- Vagabunda…

- ¿Si?

- ¿Te puedes quedar a dormir conmigo? Tú sabes… en la habitación.

- Ya te dije que el sexo entre nosotros no funcionaría. –bromeó ella en tono serio.

- ¡No digas eso! –se quejó él sacudiéndose del cuerpo la sensación desagradable.

- Sí, a mi también me dio escalofrío. –lo apoyó ella ofreciéndole una mano para subir los dos y dormir en la misma cama como si fueran pequeños hermanos.

FIN DEL FLASH BACK

Al regresar con dos vasos de unicel ella tomó el suyo y se puso de pie para salir sin decirle nada, sin mirarlo siquiera.

- ¿A dónde vas? –preguntó Inuyasha dispuesto a tenerle toda la paciencia que fuera necesaria.

- Voy a preguntar por mi hermana. –respondió cortante.

- Ya no está aquí. –ella lo miró entre confundida y enojada- La subieron a cirugía.

- ¿Qué? ¿Por qué? –se asustó hasta casi llorar.

- Tranquila, va a estar bien. No creen que tenga nada, es solamente para revisar y prevenir… y que no le quede cicatriz.

- ¿Y por qué lo sabes y yo no?

- Porque camino de regreso me detuve a preguntar y la estaban subiendo. Vamos, te llevo a la sala de espera de cirugía.

- Claro que no. –se mostró más enfadada y salió de ahí tomando el primer pasillo que encontró, desafortunadamente no era el camino correcto y él, que la iba siguiendo, de inmediato se lo hizo notar.

- Prometo llevarte por la vía corta. –le dijo él viéndola con despreocupación.

- ¿Y yo creo de nuevo tus promesas? –se burló ella levantando una ceja, a Inuyasha pareció dolerle en el fondo pero igual continuó con su nueva calma.

- Esa es la idea. –dio media vuelta y comenzó a caminar. Kikyo sin más remedio lo siguió por los pasillos y al ver la naturalidad con la que se movía por aquel lugar se comenzó a preguntar si todos los hospitales eran iguales.

- ¿Cómo conoces tan bien el lugar? –él se detuvo y dirigiéndole una sonrisa amable le dio una noticia algo inesperada.

- Porque aquí trabajo.

- Debes tener muy buen sueldo y mucha autoridad para haber aceptado venir hasta acá…

- En realidad no –se encogió de hombros- Me pagan apenas lo necesario y sólo formo parte del cuerpo de urgencias, nada de autoridad... ya perdí demasiado por querer tenerla… -ella lo miró sin saber qué decir… quería creerle y pensar que todo eso a lo que se refería era ella… - Además, ya no vivo tan lejos, sólo son veinte minutos de terracería.

- ¿Tú viviendo en medio de la nada?

- En realidad es la casa de campo de papá. –respondió despreocupado mientras le señalaba una entrada amplia para una salita donde otras personas esperaban. Ambos entraron y se sentaron otra vez lado a lado, sólo que de alguna forma las cosas ya no se sentían tan tensas.

- ¿Tu madre se vino contigo?

- En realidad… ella me dejó un par de días después que tú. Ahora vive con Sesshoumaru y jauría de niños.

- Es cierto… ¿cómo están ellos? ¿Cómo se las arregla Lin?

- Pues están bien… duermen menos, se cansan más… pero la vagabunda se las ingenia.

- Después dame su número para saludarla.

- Es cierto, ustedes dos siempre se trajeron algo entre manos. Una vez la vagabunda me preguntó cómo te había ido con su consejo. ¿A qué se refería? –Kikyo sólo desvió la mirada, se sonrojó y recordó la historia que Lin le contó alguna vez de cómo podía conseguir algo más de un hombre despistado.

FLASH BACK

Hacía poco más de un año que Sesshoumaru y Lin salían juntos, su relación había pasao ya por alguna prueba y ahora todo parecía más que perfecto, sólo existía entre ellos un punto de discusión cada vez que estaban solos. En esas ocasiones ella se comportaba más seductora e intentaba que las cosas llegasen hasta el siguiente nivel mientras él bien conciente de su diferencia de edad y de que sería un delito siendo ella menor y él no, jamás dejaba que las cosas se salieran de cierto límite. Así fueron las cosas y según él así seguirían hasta que ella fuera mayor de edad y sólo si estaba segura de que quería hacerlo.

Sin embargo una noche, después de un gran juego de campeonato la joven lo acompañó a la fiesta como siempre, para ya muy de madrugada salir de ahí con el pretexto de que debía llegar a su casa. Luego de algunos minutos de camino llegaron al lugar que sólo tenía encendida la luz de la habitación principal.

- ¿Puedes venir conmigo? Se van a enojar porque dije que iba a llegar temprano y están despiertos esperando… -dijo poniendo en su rostro toda la inocencia que le era posible.

Él al verse así acorralado apagó el motor y se preparó para darle alguna excusa a los padres de la joven y quizás también a su hermanos mayores. Ingresaron al lugar y a él le pareció extraño que Lin cerrara la puerta con llave si sólo estarían algunos minutos, pero no dijo nada.

- Espera, voy por ellos. –subió corriendo y al cabo de muy poco tiempo bajo otra vez, aunque no iba acompañada, en realidad iba apenas vestida con una prenda sólo de encaje, él se sorprendió y casi asustó.

- Lin, tus padres… y tus hermanos…

- Mis padres están de viaje… junto con mis hermanos… y esta vez capitán, no tienes a dónde correr… -su voz fue calmada y sensual, provocándolo como si fuera una experta.

- Me engañaste…

- Siempre tan perspicaz… -se acercó más a él hasta tomarle ambas manos y ponerlas sobre su cintura. Entonces empezó a desabrochar el cinturón y el botón de su pantalón.

Él por dentro se debatía cada segundo, hacía meses que evitaba por cualquier medio esa situación, no quería hacer algo incorrecto… aún cuando en realidad la deseaba como a ninguna mujer jamás. Quizás ese fuera el momento al fin.

FIN DEL FLASH BACK

Y luego vinieron a su mente las exactas palabras de su amiga "Engáñalo, acorrálalo y si es como su hermano, prepárate a disfrutar". Desafortunadamente esa idea aplicada al menor no le había dado ningún buen resultado.

- ¿Qué te pasa? –la hizo volver a la realidad Inuyasha- Kikyo, te estás sonrojando… mucho.

- Nada… -respondió nerviosa. –Sólo recordaba algo… ¿Y cuándo puedo ver a Kaede? –hizo el cambio rápido de tema.

- Probablemente tarde una más, pero despreocúpate, el cirujano que está con ella es muy bueno.

- Está bien…

- ¿Y no quieres llamar a tu novio? Seguramente querría estar aquí. –le dijo hablando a ciegas, intentando parecer de lo más normal.

- ¿De qué estás hablando?

- Tú sabes… el tipo con el que te vi. Supongo que ya debe haberte pedido matrimonio… digo, no lo culpo…

- Inuyasha… tengo una orden de restricción contra ese tipo. –él levantó una ceja y la miró con curiosidad.

- Pues no parecías muy molesta ese día.

- Ese día me tomó por sorpresa… y estaba molesta contigo, nunca tenías tiempo para mí…

- Entonces… ¿siguen siendo sólo tú y Kaede?

- Sí, una gran familia feliz… -dijo ella en tono irónico.

- Bueno, al menos tienes buena compañía.

- ¿Y me vas a decir que tú no? –inquirió ella igual a ciegas buscando escuchar un "así es" que no se hizo esperar.

- Vivo solo y la única que me llama es mamá de vez en cuando… -Kikyo miró hacia otro lado ocultado su sonrisa. Lo siguiente fue un muy prolongado silencio en el que los dos querían decir muchas cosas pero no se atrevieron, fue hasta mucho después que él tuvo el valor para comenzar a decir cosas importantes. –Kikyo… perdóname… -murmuró viéndola a los ojos para no dejarla escapar, ella contuvo el aliento y sintió su corazón acelerarse, iba a responder algo pero una voz extraña no dejó.

- Señorita Kikyo, Inuyasha ya pueden venir. –les anunció un colega de él desde la puerta. Al instante ambos se pusieron de pie y fueron a la habitación de una todavía adormilada Kaede.

- ¿Cómo te sientes? –le preguntó Kikyo al verla con un parche en el ojo y una aguja en el brazo.

- De maravilla, me quitaron un cristal del ojo, me operaron y estoy toda tonta por las medicinas… -la mayor sonrió y tomó su mano dejando ver que Inuyasha estaba detrás de ella. - ¡Ey! ¿Tú qué haces aquí?

- Ya sabes, tengo esa extraña tendencia a salvar a las mujeres de tu familia. –sonrió también el médico cuando sus ojos se toparon sin querer con los antebrazos de Kikyo, donde vio las cicatrices que ya le conocía y además una nueva algo más grande muy cerca de su muñeca derecha. Por impulso la tomó a la fuerza. - ¡Lo volviste a intentar! –le gritó- No entendiste la primera vez. –Kikyo se sintió ofendida, tanto que ni siquiera notó la preocupación en los ojos de aquel hombre.

- Te dices médico y ni siquiera puedes ver la diferencia con esta herida…

- Entonces explícame. –le dijo aflojando un poco su agarre pero todavía desesperado.

- No tengo por qué darte explicaciones. –hizo fuerza y se soltó por completo.

- Bueno, en realidad sí, todo tiene una explicación Inuyasha, lo que sucedió fue que… -intervino la menor.

- ¡Cállate Kaede! –le ordenó su hermana interrumpiéndola. – Inuyasha… déjanos solas… -él la miró y con el fuego en sus ojos comprendió que se había equivocado y si pretendía poder hablar con ella, tendría que esperar. Así salió sin decir nada. –Estás loca, él no tiene por qué enterarse.

- Hermana… no viste su cara cuando te gritó ¿verdad? Si serás tonta, él está preocupado y mucho… porque les guste o no, ustedes dos aún se aman, se les nota y si lo volvimos a encontrar, entonces es por algo… no puedes dejar pasar la oportunidad.

- Eso no importa… -habló por lo bajo.

- No hermana, sí importa porque en algún momento voy a crecer y me voy a ir, probablemente me case con algún guapo enfermero, como el que vino hace rato. Y tú te vas a quedar sola con tus flores sólo por no darle una tonta explicación al único hombre que amas y que te ha amado igual. –Kikyo sólo la miró y se quedó helada desviando la vista hacia fuera, donde él seguía esperando. – Así que ve con él.

- Pero tengo que quedarme contigo…

- En realidad no, estamos en algo llamado hospital, donde hay médicos y enfermeros que se ocupan de atender a sus pacientes. Él te ha estado esperando por un año, yo te puedo esperar una noche.

- Gracias Kaede.-sonrió y fue hacia la salida.

- ¡Pero quiero fresas para desayunar! –le giró desde su cama y la mayor sólo asintió al cruzar la puerta. Del otro lado sin decirle nada en un inicio le extendió al médico su mano derecha para permitirle observar la cicatriz. Él la tomó y la inspeccionó.

- ¿Qué te pasó?...

- Una noche estaba sola en la florería, Onigumo entró rompiendo un cristal y fue hasta mí… sólo se me ocurrió tomar un fragmento de vidrio para defenderme… quizás eso me salvó la vida o por lo menos de… bueno… tú entiendes. Pero aún duele un poco… y no tengo la misma fuerza. -ella esperó que quizás la regañara, se enojara… que dijera algo pero no fue así, el instinto de él sólo le indicó abrazarla con todas sus fuerzas como aquel primer abrazo, sin pensar, sin pelear… sólo ellos.

Se quedaron así sin darse cuenta del mundo alrededor, solamente sus cuerpos unidos y sus almas reencontrándose después de una espera eterna y fría. Inuyasha la rodeó por la cintura y la acercó a su cuerpo con todas las fuerzas que tenía, sólo dejándole suficiente espacio para respirar. Igual sintió como las manos de Kikyo se posaron sobre su cuello, cómo ella le correspondió de la misma forma, sólo con sinceridad.

- Kikyo te amo… -murmuró el chico sobre los labios femeninos y en respuesta obtuvo un beso, hacía como siglos que no los probaba, que su calor no lo llenaba con lentitud, que no podía corresponderle igual con roces sutiles ni pedirle la entrada para llegar más profundo. Así siguieron besándose mientras a su alrededor no había más que vacío. Esos momentos cortos y sin fin siempre se quedarían en sus memorias como algo más que especial.

- Inuyasha… te amo. –susurró ella al fin cuando tuvo algo de espacio para hablar entre beso y beso.

- ¿Y ahora qué? –preguntó él mirándola directo a los ojos y en tono bajo, intentando saber si se quedarían a cuidar a Kaede o irían a otro sitio.

- ¿Crees que sea el momento? –inquirió ella notando como Inuyasha frunció el seño.

- ¿Momento de qué?

- No has cambiado en nada –rió escondiendo su rostro en el pecho masculino mientras bajaba ambas manos por su abdomen de forma más que seductora.

- ¿Te refieres a… bueno a… a eso? –le dijo él separándose un poco mientras sus mejillas se teñían de rojo y la miraba con sorpresa.

- Durante el tiempo que estuvimos juntos nunca fue el momento… nos dejamos de ver varios meses y cuando nos encontramos todo está bien… yo creo que eso puede ser una señal… -como respuesta él balbuceó tratando de decir algo, pero ni siquiera podía articular la idea… probablemente ese era el momento.

- Entonces… es decir… ¿y Kaede? –dijo al fin Inuyasha.

- Ella está muy bien cuidada aquí. Vamos a casa, necesito cambiarme de ropa. Ya después veremos. –le sonrió tranquila y lo abrazó besándolo con suavidad en los labios para ella fue como un gesto nada más, algo corto. Pero él la detuvo prisionera para no dejarla hasta saciarse de sus besos.

Diez minutos más tarde entraron por la florería, y fue hasta ese momento que Inuyasha se dio cuenta de lo cerca que estuvieron todo ese tiempo sin darse cuenta… eso era el destino. Kikyo le dio un pequeño recorrido por el local, que resultaba pequeño, después le mostró la parcela con fresas y le dijo que las estaba vendiendo y que resultaban ser un mejor negocio que las flores, además de que Kaede hacía pasteles sobre pedido y le iba muy bien. Luego entraron al pequeño departamento que compartían las mujeres, de inmediato resaltaron dos cosas, por un lado una pila de cajas para pastel y por otro el mismo pequeño altar que tenían antes con las fotografías de sus padres.

- Hay fresas en el refrigerador y un pastel que hizo Kaede, sírvete. Tomo un baño y regreso. –él se quedó mirándola todo el tiempo que pudo hasta que ella cerró la puerta y poco después el ruido del agua cayendo fue muy notorio.

Al parecer Kikyo tomaba su tiempo en la regadera, así que a Inuyasha le quedaron minutos de sobra para probar el pastel y las fresas, en verdad extrañaba esas dos cosas… luego se quedó mirando hacia el sembradío pensando en lo bueno que era el que ahora las chicas tuvieran un buen respaldo económico, que por fin hubiesen encontrado sustento en lo que les gustaba hacer. De repente la escuchó cerrar la llave del agua y su mente volvió a la realidad, al momento en el que estaba… y recordó algo importante. Entonces, con toda la prisa que pudo darse fue hasta la puerta de salida y desde ahí le avisó a la mujer que regresaría en un minuto, iba a la tienda.

- Espera, voy contigo. –dijo ella saliendo envuelta solamente en una toalla que dejaba ver la mitad de sus piernas y sus hombros descubiertos todavía llenos de gotas de líquido.

- Es… este… pero… -balbuceó sabiendo que debía decirle algo pero sin poder pensar en otra cosa que no fuera ella así frente a él, los dos solos.

- Quiero comprar algo…

- Pero…

- Espérame… por favor… -habló la joven en tono inocente, no entendía todo lo que en esos momentos cruzaba la mente masculina.

- Bueno, te espero… -al final ella sonrió y él se empezó a preguntar varias cosas, cómo hacerle para comprar lo que necesitaba sin que ella se diera cuenta, o cómo le haría el resto de su vida para negarse a esa mirada castaña.

Cuando llegaron a la tienda Kikyo empezó a pasearse por todos lados tomando cosas que obviamente terminarían en una cena sencilla pero muy especial para dos personas. Mientras tanto él fue con el encargado y pidió lo que buscaba, esperando obtener el paquete, pagarlo y guardarlo antes de que ella se diera cuenta. Desafortunadamente el sujeto que atendía pareció muy interesado en que Inuyasha obtuviera justo la marca y la presentación adecuada para la ocasión y empezó a darle una cátedra de preservativos como si se tratara de un adolescente.

- Es todo. –dijo Kikyo llegando para abrazarlo por la espalda con ternura y una actitud de sensualidad nata.

- Ah… sí… -los colores del joven se subieron a su cabeza a una velocidad impresionante con ese gesto y la risa discreta del encargado.

- Ya entendí joven. –el extraño tomó un paquete y lo cobró para después empacarlo en una bolsa oscura y comenzar a cobrar lo demás siguiendo el juego a Inuyasha, de alguna forma entre hombres llegaron a entenderse.

Tras un camino no muy largo llegaron a la casa de Inuyasha, al entrar Kikyo quedó sorprendida de lo sencillo de la decoración, muy diferente de la casa que antes compartía con su madre o de su misma habitación, él había cambiado mucho en esos meses. Dieron un recorrido pequeño y Kikyo fue a preparar la cena algo sorprendida de ver que la despensa estaba bastante completa y el lugar parecía ordenado.

- ¿Alguien viene a limpiar? –inquirió ella.

- En realidad todo lo hago yo. –obtuvo la respuesta desde el otro lado de la barra que separaba la cocina del comedor.

- Has cambiado mucho…

- Te lo dije. –habló él entrando a la cocina justo a tiempo para ver que lla abriría una alacena del fondo. –Pero no abras eso.

- ¿Por qué? –preguntó al tiempo en que lo hacía y a sus pies cayeron latas, platos, sartenes y otra serie de cosas que no deberían estar ahí.

- Te dije…

- Sí ya vi cuánto has cambiado –puntualizó con ironía mientras clavaba su mirada en la de él.

- Pues… es que… ha sido una semana ajetreada…

- Voy a empezar a hacer la cena… tú… llévate todo esto. –rió tranquila y dio media vuelta no sin antes notar que Inuyasha estaba sonriendo.

La cena transcurrió en una paz algo poco común entre ellos, quizás sólo estaban felices de tener esa nueva oportunidad y esperarían algo más comenzar a pelearse como antes. Luego de terminar dejaron ahí los platos y fueron hacia la terraza de la recámara principal para ver la luna, que esa noche parecía cómplice de ambos.

- ¿Por qué te mudaste aquí? –inquirió ella estando abrazados sobre un camastro.

- Llegó el punto en que no pude soportar más mi vida. Tú te fuiste, mi madre también… estaba solo y cuando intenté ir por ti… ya no encontré… sin darme cuenta me busqué una vida que no quería. De repente me di cuenta de que no tenía nada. Pensé en mudarme con el resto de la familia pero… necesitaba tiempo a solas.

- ¿Y cómo te sientes ahora?

- Siento que hice lo correcto, después de todo te volví a encontrar. –estando así tan cerca y luego de escuchar esas palabras Kikyo no pudo resistirse a mirar sus ojos, a invitarlo a besarla, a incitarlo a amarla.

Iniciaron el beso como una caricia suave y llena de ternura, de la felicidad de haberse vuelto a encontrar y la sabiduría de no dejarse ir nunca más. Primero fueron despacio reconociéndose hasta que la cercanía los invitó a adentrarse en el otro y a recorrerse mutuamente con la pasión a punto de desbordarse. Inuyasha de repente dejó sus labios para iniciar un camino de besos hasta su oído donde tuvo la libertad de murmurar.

- Creo que dentro es más cómodo. –ella lo miró y asintió con una expresión entre sensual e inocente.

Así fueron hacia la recámara y con la mayor suavidad del mundo y sin perder de vista sus ojos él la incitó a recostarse, a confiar en él… esa noche todo sería perfecto. La distancia entre sus cuerpos terminó dando paso a nuevos besos apasionados y profundos, las manos de Inuyasha bajaron por sus costados hasta el borde del vestido con la mayor ternura y lo descorrió con lentitud acariciando sus piernas, sintió luego la ropa interior de la chica, una suave tela de encaje que no dudó en palpar con las yemas de los dedos.

Kikyo lo sintió acariciándola de esa forma tan íntima y dejó sus labios para besar su cuello y posar sus manos en los botones de la camisa blanca. Con algo de torpeza los desabotonó y casi palpó su corazón latiendo con fuerza. Al retirarle la prenda lo vio semi desnudo ante ella y su piel pareció a traerla para comenzar a besar su pecho, con un sutil movimiento se giró para quedar encima de él y poder hacerlo con más libertad. Así siguió mientras con sus manos suaves puso las de él en sus caderas alzando la tela que ya le molestaba. Inuyasha entendió la señal y rozando su piel sacó el vestido por completo y fue entonces cuando se dio cuenta del conjunto que llevaba, todo de encaje blanco y casi transparente. Mirándola así no pudo resistirse a despojarla de la parte superior y apreciar por completo sus formas femeninas. Se irguió un poco tomándola por la espalda y comenzando a besar sus pechos primero con ternura pero conforme los suspiros de la chica se hicieron más frecuentes sus caricias se tornaron más marcadas y firmes.

Kikyo creyó por un momento que perdería la respiración mientras él la besaba así, guiada por el instinto se acomodó un poco sobre él y lo escuchó dejar escapar el aire de sus pulmones con fuerza mientras su masculinidad se hacía sentir entre sus piernas, demasiado excitante para ambos. Llevó sus manos hasta el pantalón y lo desabrochó sin interrumpir lo que él hacía, la reacción de Inuyasha fue recostarla de nuevo sobre la cama y volver a besar sus labios, la distancia ausente le hizo sentir sobre su fuerte pecho las formas desnudas de Kikyo, así que aproximó sus manos para sólo rozarlas con las yemas de los dedos.

Estando así le fue más fácil quitar el pantalón que le estorbaba junto con los boxers del hombre. Cuando lo tuvo desnudo ante ella empezó dejando un camino de besos húmedos sobre su cuello, uno detrás de otro; dulces y placenteros, pronto no se resistió a acariciar su virilidad sin mucho recato, de inmediato lo escuchó gemir con suavidad ante su caricia e intensificó algo el ritmo hasta que él se separó y la incitó a darse la vuelta.

Miró el cabello de Kikyo caer desordenado sobre su espalda y lo hizo a un lado para poder besar y acariciar su piel despierta. Bajó con lentitud hasta su cintura estremeciéndola mil veces, un poco más abajo se topó con la única prenda que vestía la chica, quitándola también despacio con otras embriagantes caricias más íntimas. Ella se movió para quedar de nuevo mirándolo de frente con los ojos inundados de lágrimas saladas y desconcertantes que brotaban lentas y sublimes para morir después al caer, besó sus labios con los propios palpitantes y rojos. Él la miró llorar y dudó un segundo pero la forma en que la conocía le hizo saber que las gotas cristalinas de su rostro no dolían, sino le mostraban lo mucho que lo amaba y que confiaba en él. Kikyo posó sus manos en el pecho de Inuyasha acariciándolo mientras él se inmiscuía suave en su intimidad. Pocos instantes así se transformaron en una tortura que él decidió terminar.

La besó en los labios y se separó algo para tomar de la mesita cercana el preservativo, lo abrió y muy poco después volvió a la dulce piel de su mujer para continuar consumando todas las sensaciones compartidas. La tomó por la cintura sin dejar de besarla y se introdujo algo en ella, Kikyo lo sintió algo dentro de sí y sus músculos se tensaron mientras sus labios pidieron un beso más profundo, si es que era posible. Conforme entró más, ella se estremeció hasta sentir algo de dolor provocado por la primera vez que alguien estaba así tan dentro de su ser, inconciente se quejó con debilidad. Inuyasha se detuvo dudando de haberla lastimado, la miró a los ojos con seriedad y ella respondió asiéndose a su espalda para recargar el rostro en su cuello. El gesto fue suficiente para que él continuara adentrándose con suaves movimientos, un vaivén lento que paulatinamente aumentó su intensidad hasta convertirse en envestidas casi rudas que los llevaron al éxtasis.

Así consumaron toda la pasión que el amor profundo les daba, con calma dejaron abrazados que sus corazones retomaran el ritmo normal al igual que su respiración. Al estar así Kikyo miró hacia arriba para fijarse en la mirada miel, la cual encontró escondida detrás de un sueño ligero y apacible. Entonces lo besó con suavidad y susurrando un "te amo" se acomodó más entre sus brazos para dormir.

Mucho rato después de que salió el sol Inuyasha abrió los ojos esperando sentir entre sus brazos a Kikyo y al no hacerlo se giró para abrazarla del otro lado de la cama, su sorpresa fue grande al darse cuenta de que no estaba con él. Algo confundido se puso de pie para buscarla, la llamó por su nombre en voz algo baja y adormilada y no recibió respuesta. Entonces se preocupó… ¿y si había pasado algo con Kaede? ¿Por qué no lo despertó? ¿La habría lastimado? ¿La habría decepcionado? ¿Le hizo algo malo? Con mucha inquietud miró a todos lados y con sorpresa encontró sobre una silla toda la ropa de la noche anterior doblada, la de él y la de ella. "Entonces está aquí… es está desnuda…". Al siguiente instante volteó a la mesa de la salita y notó que había una bandeja con un vaso de leche con chocolate y varias fresas. Como niño pequeño y muy hambriento fue directo hacia allá y bebió casi de un sorbo la bebida y empezó a comer las fresas. Lo que lo interrumpió fue el sonido del agua cayendo en el baño, entonces ahí estaba Kikyo, con esa seguridad la llamó en voz más alta.

- Despertaste… ¿dormiste bien? –preguntó ella asomándose por la puerta, estaba desnuda pero no dejaba ver más allá de lo permitido.

- Sí… ¿y tú?

- Perfectamente. Te espero. –le dijo entrando de nuevo al baño sin cerrar la puerta. Él se quedó medio segundo antes de comenzar a caminar hacia ella, fue el teléfono lo que esta vez lo detuvo. –Sí… diga.

- Inuyasha ¿cómo estás hijo? –le respondió alegre la mujer del otro lado.

- Muy bien madre… ¿ustedes?

- También todos muy bien ¿cómo te ha ido? ¿Estás ocupado?

- Esté… pues… voy a tomar un baño… -balbuceó antes de que una tercera voz de mujer se escuchara desde la regadera.

- ¿Vas a venir Inuyasha? –fue Kikyo la que lo llamó en tono alto.

- Hijo, veo que estás ocupado. No te interrumpo pero… me da mucho gusto por ti. Llámame después.

Fueron las últimas palabras de esa llamada, después él se apresuró para ir con su mujer e Izayoi con Lin para contarle que era cierto, que a pesar de cualquier cosa Kikyo e Inuyasha tendrían una nueva oportunidad para estar juntos y reparar todos sus errores, después de todo estaban destinados a estar juntos.

FiN

Epílogo

Lin descansaba en los brazos de su esposo, ese fin de semana en que Kikyo, Inuyasha e Izayoi habían aceptado quedarse con los niños para ellos fue como un respiro, tuvieron la oportunidad de salir de la ciudad y quedarse solos 48 horas. Por desgracia ahora estaban a pocas horas de regresar y justamente por eso pretendían aprovechar el tiempo que les quedaba. Ella de repente empezó a besar su cuello otra vez tomándolo algo por sorpresa.

- Oye… no es que me moleste pero… ¿no estás cansada?

- No entrenador... –continuó con lo que hacía. – Quiero aprovechar que ya podemos hacer todo lo que queramos sin remordimiento… sin cuidados… todo gracias a ti, por hacerte la vasectomía. –él de inmediato la separó unos centímetros y la vio fijo a los ojos.

- Ah… eso… la… vasectomía. –Lin lo miró asustada- Es que… pues… ese día el doctor no pudo ir… y pues… me va a reprogramar la cita… tú sabes… he estado ocupado… -la reacción que obtuvo fue una mujer fuera de sí que lo arrojó de la cama.

- Claro, como tú no te embarazas, como tú no amamantas, tú no tienes que bajar los kilos, tú solamente lo disfrutas –le gritó enfurecida mientras le arrojaba almohadas y sábanas- ¿crees que es un juego? Todo va a ser tu culpa Sesshoumaru Tashou. Empieza a rezar porque no esté embarazada. –tomó la lámpara más cercana y la alzó muy dispuesta a arrojársela también.

- ¡No! ¡Es broma! –dijo él acercándose en esa fracción de segundo que Lin se detuvo, la abrazó con fuerza y esperó a las consecuencias de su ocurrencia. Ella simplemente se separó y se puso de pie para caminar desnuda y con calma llena de sensualidad hasta la puerta del baño, donde se giró para verlo a los ojos.

- Me voy a bañar…

- ¿Voy contigo? –preguntó entre intrigado y esperanzado… sin importar el tiempo seguía deseándola como la primera vez. Ella sonrió.

- Sola. –entró y cerró la puerta dejando escuchar el seguro.

Hello!!! Que onda… ah ya sé son como 80 años desde que publiqué la última vez pero he tenido una serie de feos problemillas que retrasan las cosas. Pero he aquí, hice un muy pequeña trampa pero todo está listo. Mil gracias por su apoyo de verdad y espero que les haya gustado. Una nueva disculpa y espero que nos sigamos leyendo. Y ya saben, cualquier comentario es muy apreciado. MILGRACIAS.