Bueno, aquí les traigo otro capítulo! Primero que nada, quiero pedir disculpas por haber tardado más de lo esperado. La universidad y mi vida privada me absorben bastante, pero me he propuesto subir al menos uno por semana a partir de ahora. Por otro lado, quisiera agradecer a mis seguidores, a aquellos que me dejaron reviews y a los que dieron favorite a mi historia. Quiero invitarlos a que sigan leyendo y disfrutando lo que hago! Y no lo olviden: pueden dejar reviews cuando quieran, son el pago de nuestros servicios, los fanfickers.
GG
Rememorando
Harry se removió, inquieto. No sabía ni por donde empezar.
"Por el comienzo" se dijo a si mismo, como si fuera obvio. Pero... ¿donde estaba el comienzo? ¿En su llegada a Hogwarts? ¿En el asesinato de sus padres? ¿En los comienzos de Voldemort? ¿En los comienzos de Albus Dumbledore?
Ginny, en su auxilio, corrió a buscar más té y a llevar a Lily a dormir -aún demasiado pequeña para aquella conversación- y Albus y James se acomodaron para esperar. Harry aprovechó esos escasos momentos para tratar de ordenar sus pensamientos y decidir por donde comenzar. Las caras de sus hijos, que lo miraban intrigados y curiosos, por momentos avergonzados -en especial en el caso de Albus, que parecía algo cohibido por si mismo y se negaba a mirarlo a la cara- le causaban un nudo en el estómago. Durante los interminables minutos entre que Ginny se fue y volvió el silencio se hizo incómodo e intolerable en el salón. Incluso el gato se fue, tal vez demasiado intimidado por aquel ambiente poco acogedor. Al final, cuando ella regresó cargando una gran bandeja con una tetera que ocupaba casi la mitad más cuatro tazas, Harry suspiró internamente, aliviado. Ginny repartió las tazas, se sentó al lado de Harry y unió su mano libre con la de él, para infundirle unos ánimos que él no tenía en absoluto. James y Albus intercambiaron una mirada, y luego los miraron a ellos, esperando.
-Está bien -dijo Harry-. Creo que lo mejor será que empiece por donde empezó para mi: el día de mi cumpleaños número once.
Durante más de tres horas, Harry se avocó a hablar sin descanso, sin interrupciones. James y Albus escucharon atentos en todo momento, sin detenerlo, mientras que Ginny vaciaba una taza de té tras otra. Harry les relató todo, desde su primer recuerdo relacionado con algo extraño, hasta la odisea de las cartas previamente a su cumpleaños y luego la misma noche de este, cuando Hagrid apareció en la cabaña sobre el lago rodeado de un estruendo atronador, una tormenta eléctrica con lluvia copiosa, y una cola de cerdo para Duddley, su odioso primo. Haciendo una pausa, les contó sobre su triste infancia con los Dursley, por momentos recibiendo miradas de impotencia y repugnancia por parte de los chicos hacia el relato de los maltratos recibidos por sus tíos, y luego miradas de admiración ante el episodio de la serpiente en el zoológico y la cara aterrada de Duddley, los gritos de Petunia y la ira de Vernon. Aplaudieron brevemente cuando volvió sobre sus pasos para mencionar la aparición heroica de Hagrid, el pastel de cumpleaños -su primer pastel de cumpleaños- y como había reducido a los Dursley a tres ratones asustados y desesperados, como se lo había llevado y le había abierto las puertas a su nueva vida. Los chicos sabían de la amistad de Harry con Hagrid, por supuesto, y de hecho solían visitarlo en Hogwarts; el semigigante se había convertido en una inmensa figura con la cara arrugada escondida detrás de una tupida mata de pelo canoso, pero seguía tan vigoroso como siempre y continuaba siendo igual de intimidante -hasta que lo conocías, claro, y su gran sonrisa y su humor animoso te hacían quererlo de inmediato- sin embargo, ninguno de los dos sabía, hasta esta noche, como se habían conocido. Lo observaron fascinados ante la descripción minuciosa de Harry sobre sus sentimientos la primera vez que entró en el callejón Diagon, al ver su larga calle de piedra rodeada de negocios extraños, llenos de cosas raras y desconocidas para él hasta entonces. Su emoción sobre Hedwig, el delicioso helado que recordaba haber recibido de Hagrid, y como le había contado la verdad sobre sus padres. No omitió nada sobre su varita y el comentario que Ollivander le habia hecho sobre ella: sabía que eso le daría pie para explicar más tarde la misteriosa unión de esta con Voldemort. También les contó sobre él. Tras su relato de Hogwarts y de todo lo que llegó a amar de ese colegio y por qué, del Quidditch, de las clases, los profesores, la libertad, sus amigos -Ron, Hermione- y cada pequeño detalle del gigantesco banquete en el Gran Salón, les contó sobre lo sucedido con el profesor Quirrell, la piedra filosofal y el espejo de Oesed. Ambos tenían las bocas abiertas y los ojos desorbitados para ese entonces. Harry hizo una pausa, para tomar aire.
-Ya verán, no fue nada fácil, desde el princio -comentó.
-¡Pues sigue! ¿Y que pasó después? -lo instó James.
La historia continuó con los eventos del segundo año, la Cámara Secreta y a esas alturas intervino Ginny. Ella tomó parte durante un largo rato, para relatar las cosas desde su propia perspectiva. Entre ambos fueron hilando los hechos del diario de Riddle y de la bestia de la Cámara Secreta. Ginny se puso pálida cuando Harry les contó sobre la noche en el Bosque Prohibido con Ron.
-Eso no lo sabía -dijo tragando saliva, tras escuchar sobre las acromántulas y el Ford Anglia.
Harry se encogió de hombros.
-No estabas en condición de saberlo. Y luego, preferí olvidarlo -respondió.
Albus parecía fascinado con la idea de la espada de Griffindor y de como Harry había combatido al basilisco.
-Eso es increíble, papá -dijo.
-No, no lo es -replicó este-. Puedo asegurarte que luchar con un basilisco no es nada divertido.
-¡Pero lo venciste! -exclamó James-. Le enterraste la espada de Griffindor hasta el fondo de su asquerosa cabeza.
-¡James! -exclamaron ambos padres, enfadados.
-¡Te he dicho que cuides tu lenguaje, James Potter! -lo riñó Ginny, sacudiendo su largo dedo frente a su nariz.
-Lo siento...
A Harry le resultó particularmente dificil contarles sobre Sirius. Recordarle le producía un inmenso dolor, que a pesar de los años no había sanado. A pesar de ello, fue fiel a su promesa de la verdad y les dijo todo sobre él, todo lo que había pasado en tercer año y su primaria intención de matarlo para vengar a sus padre -siguiendo una equivocada y popularizada versión de los hechos- hasta su descubrimiento sobre la traición de Colagusano y sobre el padrinazgo de Sirius sobre él. Tratando de animar un poco el asunto, les contó sobre su abuelo -James, el padre de Harry a quien su hijo debía su nombre- y sus andanzas en el colegio con sus tres amigos. No olvidó mencionar a Lupin, a través de quien fue capaz de enfrentar sus miedos y descubrir la verdad. Albus fue particularmente afectado por la amistad destruída con la traición. James también se puso melancólico.
-Es muy triste -comentó.
-Si -contestó Harry, lacónico.
La verdad era que, en todos los años en que había pensado en ello, le daba profunda tristeza el pensar que un grupo de amigos tan unidos hubiesen acabado tan mal. Muchas veces en largas noches se había cuestionado sobre que hubiera pasado si Colagusano no los hubiera traicionado. ¿Hubiese conocido a sus padres? ¿Seguirían todos siendo grandes amigos? ¿Habría disfrutado de un padrino y tres animosos tíos adoptivos? ¿Hubieran todos sido felices? ¿Hubieran acabado con Voldemort, y él hubiera disfrutado de una infancia normal?
-Ese Lupin, debe haber sido un gran tipo -dijo James, sacándolo de sus cavilaciones.
-Lo fue -asintió Harry-. Remus fue uno de los mejores hombres que he conocido. Fue, sin lugar a dudas, mi mejor maestro.
-Es una pena que no pudiera conocer a Teddy -dijo Albus, afligido-. ¿Como pasó eso?
-Todo a su tiempo. Ya llegaremos a eso -contestó Harry.
La parte de su cuarto año en Hogwarts fue especialmente emocionante y también aterradora. Harry rememoró con emoción el Campeonato de Quidditch, aunque más tarde fuera arruinado por los Mortífagos, y todo el revuelo en Hogwarts por la reunión de las academias de magia de todo el mundo; Albus y James no tenían idea de la existencia de Beaxbatons y de Durmstrang.
-Asique allí estudió la tía Fleur -dijo James, alzando las cejas.
-Digamos que Beaxbatons parece más una academia de señoritas que de magia -respondió Ginny, irónica.
Los recuerdos dolorosos volvieron cuando Harry llegó a la parte del Torneo de los Tres Magos, el laberinto y la muerte de Cedric Diggory, con la consecuente resucitación de Voldemort. No solo el dolor; también un miedo irracional lo dominó al volver frescos los recuerdos que con los años se habían vuelto borrosos a fuerza de reprimirlos. Aún después de tanto tiempo, la imagen de Voldemort levantándose de sus cenizas en una figura amorfa y demoníaca le daba pánico y le traía pesadillas. A estas alturas, el relato estaba alcanzando su punto cúlmine; a partir de entonces, todo lo siguiente fue una picada en bajada y subida de montaña rusa sobre todo lo sucedido tras esa noche fatídica: la caída de Hogwarts y el Ministerio en manos de Mortífagos y del propio Voldemort; la muerte de Sirius, algo que había atormentado a Harry toda su vida; la muerte de Dumbledore tras revelarle sobre los Horrocruxes y sobre su propio destino, atado al Señor Tenebroso; la cueva espantosa donde momentos antes de caer de la torre el anciano profesor, ambos habían sido testigos de las fuerzas oscuras que defendían el relicario de Slytherin; su huída en pos de la búsqueda de los restantes Horrocruxes junto con Ron y Hermione; la resistencia ofrecida por los alumnos de Hogwarts y los jóvenes del Mundo Mágico; la Batalla de Hogwarts. Al llegar a este punto, mencionó la triste muerte de Fred, el tío que sus hijos nunca habían conocido, momento en el cual Ginny se retiró turbada y con los ojos llenos de lágrimas. Y al final de todo, su propia lucha con Voldemort, la muerte de Snape y su historia, historia que Albus no conocía, historia a la que debía su segundo nombre.
-¿Estaba enamorado de la abuela? -preguntó, incrédulo, James.
-Muy enamorado -dijo Harry, asintiendo-. La amó hasta el último segundo de su vida. Y arriesgó todo para protegerme a mi, en honor a su memoria.
Los chicos intercambiaron una mirada.
Al final, Harry se detuvo para respirar y para que sus hijos terminaran de asimilar, tanto como él mismo, su larga y compleja historia. Al pensarlo, debía admitir que al decirla en voz alta sonaba tan incoherente y tan increíble que cualquiera que no supiera la verdad hubiera creído que estaba completamente loco. Pero tanto Albus como James lo contemplaban con convicción, asombrados, si, pero no dudosos ni escépticos.
_ ¿Todo esto es cierto? -preguntó Albus, como para terminar de hacerse a la idea.
_ Claro que lo es -respondió Harry.
_ ¿Y es por ello que todos te conocen y hablan de ti?
_ Supongo que si.
_ ¿Esta casa era de tu padrino? -inquirió el chico, abarcando con un gesto de la mano toda la sala.
_ Si, lo fue -dijo Harry.
_ ¿Y realmente derrotaste a Voldemort? -volvió a preguntar.
_ Si, lo hice -contestó Harry-. Y me costó mucho esfuerzo, mucho dolor, y a muchas personas a las que amaba, que dieron su vida por ayudarme y protegerme, cuando aún era un niño y después de ello.
_ Entonces... ¿por qué nunca nos contaste nada de todo esto antes? ¿Por qué esperaste antes? -exclamó más que preguntó Albus, mirando con enojo a su padre.
Harry suspiró.
_ Porque quería protegerte. A ti y a tus hermanos -le respondió con sinceridad, mirando a James, que se había quedado muy silencioso-. No quería que quisieran hacer honor a su padre y se metieran en cosas peligrosas, no quería que tuvieran miedo y no quería... no quería que nada les sucediera -añadió con angustia-. Los amo, Al; ustedes y su madre son todo lo que tengo, mi única familia... y si les sucediera algo, yo... no me lo perdonaría jamás... no sabría que hacer.
A Harry se le llenaron los ojos de lágrimas.
Ginny... la persona que más amaba en el mundo. La madre de sus hijos, y la única mujer que había sabido comprenderlo desde que eran sólo unos adolescentes y él aún tenía la responsabilidad del mundo mágico, cargada a sus espaldas... cuando aún dependía de él proteger a todos los que vivían... magos y muggles por igual, squibs, todo ser viviente y consciente del mundo... protegerlos de él, del más malvado ser parado sobre la tierra, de la más cruel escoria, capaz incluso de cercenar su propia alma para no morir. Morir. Él sabía lo que era morir. Había vuelto de la muerte, y había escapado en más de una ocasión de ella. La había vencido. Y ahora tenía una familia.
Tomó aire muy hondo y se forzó a continuar.
_ Por esas mismas razones los otros decidieron hacer igual -agregó, frunciendo el ceño-. Para protegerlos a todos ustedes; Rose, Hugo, Lily, James y tú, a sus otros primos, y también para olvidar el dolor que eso nos causó, fue que todos conjuntamente, incluyendo a la familia de tu madre, a tus primos, y a tus tíos, y a varios de mis amigos más cercanos, decidimos enterrar ese pasado y no contarles jamás, al menos mientras no estuvieran preparados, sobre Voldemort y el dolor que causó. Ni siquiera Teddy sabe toda la verdad. Gracias al Ministerio de la Magia, el nombre de Voldemort pasó a ser sólo una leyenda vieja, oculta en libros de texto sancionados, y jamás revelada a la nueva generación, en la medida de lo posible; para no recordar, jamás, que el mundo una vez estuvo a punto de caer. Y para dejarme a mi en paz, al final de todo, porque me lo debían. Esperando que ustedes, que no habian nacido, no tuvieran que lidiar con ello. Esperábamos que no lo descubrieran... pero ya ves que fuimos demasiado ingenuos, y olvidamos que el pasado no siempre puede quedar oculto. En algún punto esto iba a pasar... y yo lo sabía.
Se calló un momento, recordando la historia de Dumbledore y sus, al final inútiles, esfuerzos por ocultarla. Se sintió triste, ahora que sabía lo que el viejo profesor habría sentido.
_ ¿Quieres decir que Rose, y Hugo, no saben nada? _ preguntó Albus atónito.
Harry negó con la cabeza.
_ No, y tú no debes decirles nada; hasta que sus padres consideren apropiado decirles lo que pasó - le advirtió-. Tu madre y tu tío perdieron un hermano. Yo, varios amigos, y a toda mi familia. Desenterrar eso sería como levantar a los muertos de la tumba... Tu abuela no soportaría volver a rememorar algo así en esta familia.
Miró a Ginny, que había vuelto silenciosamente y simplemente se había materializado a su lado sin que la notara. Ella sacudió la cabeza, en respaldo de sus palabras.
-¿Lo ves? -le dijo suavemente a Albus.
El muchacho se quedó callado, reflexionando. James, en cambio, miró a su padre con un rostro lleno de una renovada y poco natural curiosidad, como si quisiera saber aún más de lo que había oído.
-¿Y que pasó luego de vencer a Voldemort? -soltó entonces. Harry se sobresaltó.
-¿Qué? -preguntó desorientado.
-¡Cuéntame que pasó luego de vencer al Innombrable!¿Que hicieron entonces? ¿Como se recuperó el Mundo Mágico? ¿Cómo te casaste con mamá? Dijiste que tú y ella salían desde sexto... -agregó, mirándolo como si desconfiara de sus palabras.
-¿Cómo? ¡Ah! Si, es cierto... _ Harry miró fijamente a Ginny y le sonrió; ella le devolvió la sonrisa y le apretó la mano.
-Bueno -intervino, con su vocecilla dulce-. Eso no es tan complicado, y ¿sabes? Tal vez podríamos terminar de contarle nuestra pequeña historia de amor...
Y Harry empezó a recordar.
