N. de la T.: ¡Muchísimas, muchísimas gracias a VaneCaos por revisar exhaustivamente la traducción de este capítulo!

Y pasando a otro tema, de ahora en adelante (y teniendo en cuenta las sabias palabras de la muchacha que mencioné ahí arriba) voy a empezar a referirme a los dormitorios como Residencia Sol y Residencia Luna, para que no haya tantas diferencias con la versión del manga en castellano.


N. de la A.: Bueeeno, finalmente terminé de tocar y retocar este capítulo. :S Ahora las cosas se empiezan a complicar, así que espero con ansias saber lo que la gente piensa de esta parte y las que vendrán. No puedo incluir la letra de una canción, pero por si les interesa saber, el título de esta historia estuvo inspirado en el tema de H.I.M "Behind the Crimson Door" (detrás de la puerta carmesí). Si lo conocen o quieren buscarlo, este capítulo me recordó el estribillo por alguna razón. Casi lo titulo "your love will be the death to me" (tu amor significará mi muerte) pero parecía demasiado largo.

Capítulo cuatro: "El cordero del sacrificio"

El ocaso ya estaba empezando a pintar el cielo, aunque los estudiantes diurnos todavía no habían terminado su jornada de clases. Ichiru había logrado excusarse, inventando un severo dolor de estómago y después de engañar a la enfermera y ser enviado a su habitación para descansar, se había escabullido rápidamente del dormitorio hasta llegar a donde se encontraba en estos momentos. En un par de horas, Zero saldría de clases; siempre lo hacía antes que los demás para tener tiempo de cumplir con sus obligaciones de guardián y así fingir que protegía a los alumnos diurnos de los nocturnos… lo cual era irónico y despreciable, considerando que de él mismo era de lo que los tendría que estar protegiendo. Pero claro, ellos ésto no lo sabían.

Su hermano, el vampiro… que destino más adecuadamente terrible. Por algunos años, había sido venganza más que suficiente contra quien lo había eclipsado en todo y a quien odiaba. Pero luego, Zero había matado a Shizuka, la única persona que según Ichiru, lo había amado y atesorado, siempre tratándolo como si él fuese el especial… entonces ahora eso no bastaba ni en lo más mínimo. No. Su gemelo tenía que sufrir y sufrir con creces. Le habían dado la oportunidad de hacer realidad su deseo y no pensaba desperdiciarla. Tenía prohibido asesinarlo de inmediato, pero no lo hubiera querido hacer de cualquier modo. Zero tenía que vivir, porque los muertos ya no podían sufrir más, así como Ichiru continuó sufriendo por todo lo que debería haber tenido y todo lo que perdió. No, la muerte sería demasiado dulce.

Sin embargo, no se podía permitir el lujo de esperar a que su hermano saliera de clases. Eso pondría el plan en riesgo, el cual sería mejor puesto en práctica mientras los estudiantes nocturnos todavía estaban lejos, en la seguridad de sus dormitorios. Para no preocuparse, le había enviado a Zero una nota por medio de otro alumno hacía un par de minutos, durante el recreo. Era una petición urgente y casi suplicante en la que indicaba que habían surgido unos problemas y que necesitaba verlo lo más pronto posible detrás de los dormitorios.

Ichiru estaba seguro de que vendría. El tonto tenía una vena sobre protectora de un kilómetro de largo, siempre había sido así. E incluso con su historia… no le daría la espalda a su hermanito cuando al parecer estaba en peligro. Una mirada oscura e indescifrable revoloteó en los ojos de Ichiru por medio segundo. Zero… pero éstos volvieron rápidamente a su dureza acostumbrada. Sí, vendría. El muy estúpido.


Zero rodeó la parte trasera del dormitorio de chicos a gran velocidad. Era el atajo que siempre usaba para escoltar a la Clase Nocturna, aunque no tendría necesidad de hacerlo de nuevo hasta dentro de un par de horas. No tenía idea de cómo interpretar la nota de Ichiru, y estaba casi seguro de que su gemelo tramaba algo, pero a pesar de que sus sospechas estuvieran bien fundadas no podía ignorar la cita pedida, aunque sólo fuera para comprobar que Ichiru no estuviera causando problemas, lo cual probablemente era el caso.

La mandíbula de Zero estaba tensa. No necesitaba esto justo ahora. Todavía estaba furioso y dolorido más de lo que podría llegar a expresar con palabras. La verdad es que poco importaba que hubiera salido de clases y no hubiera regresado después el recreo, igualmente su cabeza había estado ausente durante todo el día. En lo único que había podido pensar era en la conversación entre Kaname y Yuki de esa mañana ¿Por qué ella había insistido en que fuera el ex-humano? Por supuesto que hubiera ido si ella así lo deseaba, la apoyaría de cualquier manera en lo que le fuera posible, pero deseaba no haberla escuchado. Había sido tan increíblemente difícil y cruel por parte de Yuki, aunque sabía que la chica no lo había hecho intencionalmente. Ella sólo… ignoraba sus sentimientos. Aunque Kaname no lo hacía, y Zero tenía ganas de arrancarle la cabeza. Muy bien. Entonces Yuki lo había elegido al purasangre. Como si alguna vez hubiera existido la duda de con quien se quedaría. Había estado condenadamente enamorada del vampiro desde antes de que Zero la conociera, pero el otro no tenía que restregárselo por la cara.

Kiriyu… desde ahora, yo también querré y protegeré a Yuki… pero esta vez, como su amante.

Zero le pudo haber disparado en ese mismo momento. Maldita sea, casi lo había hecho. El que la joven se adentrara en ese territorio significaba una sola cosa para su futuro y aquello hacía que el ex–humano hirviera de la rabia. Pero ahí no terminaba todo, había algo mucho peor, ya que sentía que Yuki ni siquiera había tenido la posibilidad de elegir. Y a pesar de las palabras del purasangre y a pesar de lo que pudo haber creído, Kuran la había chantajeado usando su pasado, simple y llanamente, por lo menos según la perspectiva de Zero.

Tal vez… tal vez realmente lo matara. Yuki se entristecería y sin duda alguna el Consejo de Vampiros ordenaría su ejecución… pero quizás valdría la pena con tal de protegerla. Sin embargo, una parte nimia y persistente de su cerebro disintió, cuestionando cuán a salvo podría estar la muchacha sin ninguno de los dos para vigilarla desde la distancia. Se había empezado a dar cuenta, desde que Yuki había comenzado a vislumbrar su pasado, que seguramente la situación iba más allá del hecho de que Kaname probablemente hubiera sido quien le borró la memoria, y remover a Kuran del mapa no significaba necesariamente que la joven no correría ningún peligro.

Ichiru apareció y el ceño de Zero se frunció con profundidad frente a la figura de su gemelo. El muchacho era su viva imagen, sólo que más aseado y sin el tatuaje ni los colmillos. El ver a su hermano le creó un enfermizo nudo de angustia en el estómago. Nunca había podido entender dónde había fallado su relación, cómo el hermanito que había amado y protegido pudo haber traicionado a toda su familia de una forma tan abominable. No, una pelea con él definitivamente no era lo que Zero necesitaba en estos momentos.

−¿Qué era eso tan importante que no podía esperar hasta esta noche? −espetó con brusquedad y sin estar de humor para charlas triviales.

Ichiru trató de parecer dolido e insultado, pero en verdad poca era su sorpresa. No había cariño entre los dos, aunque aún así hizo su papel, adoptando un aire asustado y nervioso.

−Mira, te odio, me odias, ya sé como es nuestra situación −dijo rápidamente, mirando preocupado hacia todas partes− Pero esto no se trata de mí. Algo está pasando… la escuela está en peligro.

Zero se veía decididamente escéptico, por lo tanto Ichiru continuó, atropellando las palabras.

−Puede que nuestra relación sea mala, pero estoy de acuerdo con los ideales de este colegio. Humanos y vampiros pueden vivir juntos; Shizuka y yo somos prueba suficiente −era un argumento convincente, aunque desagradable, y los labios de Zero se tensaron ante la mención de esa mujer.

−Vi algo y ¡ahora me quieren matar! Vi… −pero convenientemente, Ichiru no se tomó el tiempo de terminar la frase, y en ese mismo momento una figura enorme y oscura apareció desde las alturas y aterrizó sobre Ichiru, inmovilizándolo en el piso con velocidad inhumana.

Zero entró en acción inmediatamente, incluso ahora protegiendo por instinto a su hermano. Sacando el arma, le apuntó a la forma sombría. Sus sentidos ya le habían dicho que el intruso era un vampiro. No uno de la Clase Nocturna, sino un extraño. Otro vampiro, vestido de negro, cayó a sus espaldas y Zero se agachó justo a tiempo para evitar el golpe dirigido a su cabeza. Los dos agresores estaban de negro y tenían grandes capuchas que hacían sus rostros indiscernibles. El ex-humano giró con inusitada rapidez, dando una patada a la cintura que envió a su atacante tropezando hacia atrás mientras levantaba su arma en señal de advertencia. Pero lo distrajo un grito ahogado y desesperado de su hermano que lo hizo dar otra media vuelta.

A Ichiru lo estaban estrangulando, o así parecía, y Zero corrió hacia él, teniendo que ignorar al vampiro encapuchado detrás suyo. Un azote entre sus hombros lo tiró hacia delante, pero rodó, levantándose como un resorte. Estaba probando ser mucho más resistente de lo que habían esperado sus asesinos. Llegó hasta su hermano y dirigió su pistola al vampiro que lo estaba sofocando, a punto de apretar el gatillo. Pero Ichiru le tomó la mano, como en un acto de pánico, y al mismo tiempo el hombre a sus espaldas le dio un golpe en la nuca que hizo al mundo nublarse y girar. Cayó al piso, atónito y casi inconsciente. Casi. Estaba lo suficientemente despierto como para ver al vampiro de repente liberando a su hermano y a todos los demás quedándose inmóviles mirándolo. Atontado, sintió unas manos vigorosas que lo sujetaban al piso mientras Ichiru se arrodillaba a su lado, sacando un brillante cuchillo de su cinturón.

Zero sólo tuvo tiempo para mirar a su gemelo con ojos que irradiaban una amarga traición, preguntándose cómo había podido caer víctima por segunda vez en su vida de la malicia letal del joven, antes de que el rostro que reflejaba el suyo se retorciera en una sonrisa cruel cuando Ichiru clavó el puñal en su pecho. El dolor era intenso y hizo que el conocimiento le volviera parcialmente, pero lo sostenían con tanta fuerza que no podía luchar y el cuchillo entró en su carne otra vez, y otra, perforando sus pulmones y lastimándolo con brutalidad, aunque evitando llegar al corazón. Una profunda agonía invadió todo su cuerpo.

Empezó a gritar ante el intenso dolor y una mano le tapó la boca con rudeza, echándole la cabeza hacia atrás y dejando expuesta su pálida garganta. Un instante después, sintió el aterrorizante frío del puñal sobre su cuello para dar lugar a un horrible sufrimiento cuando su hermano le cortó la garganta de oreja a oreja. Sin llegar demasiado profundo como para matarlo instantáneamente pero sí lo suficiente como para no permitirle emitir sonido alguno y hacerlo sangrar de forma terrible. Ese parecía ser el objetivo, ya que siguieron sus muñecas, derramando incluso más sangre sobre el pasto que se ennegrecía rápidamente. Zero ya se estaba desmayando, mareado por la veloz hemorragia. Otro golpe punzante a la cabeza concluyó con el trabajo y los tres conspiradores se pusieron de pie. Los vampiros desaparecieron casi inmediatamente al cumplir con su deber, pero Ichiru permaneció en su lugar por un momento, observando a su hermano yacer inmóvil sobre la hierba, desangrándose. Un humano no podría haber sobrevivido a semejante ataque, un vampiro completo quizás sí. Zero no lo era y sin intervención, moriría.

Un parpadeo indescifrable pasó por los ojos de Ichiru antes de que el joven hiciera una oscura mueca de dolor y diera media vuelta para huir rápidamente. Ya sabía que Yuki pasaría en cualquier momento por aquí, a causa de una fraudulenta nota que supuestamente había mandado el Director. Ya la podía oír acercándose. Muy bien. A su hermano no le quedaba mucho tiempo. La chica se iba a tener que apurar para llevar a cabo su papel involuntario en este pequeño drama.

Yuki rodeó una esquina a penas minutos después de que Ichiru hubiera desaparecido, aunque no llegó a verlo. Este era el camino más corto para llegar a la oficina del Director, y mejor se daba prisa si quería hablar con él sin perder mucho de sus clases. Estaba cansada de que la regañaran por siempre bajar los promedios generales…

Por un segundo, no registró la escena que tenía frente a sus ojos. Cuando lo hizo, frenó en seco, casi tropezándose con un cuerpo tirado en el suelo. Éste estaba cubierto de sangre y un vasto campo carmesí se extendía por el pasto, manchándole los zapatos y llenando el aire con un olor nauseabundo y empalagoso. Yuki sintió que el terror se disparaba en todo su ser ante la imagen y su rostro se puso blanco, tan blanco como la nieve. Había tanta sangre…

Luego, el verdadero horror se hizo presente al superar su primera conmoción como para darse cuenta de quien era el cuerpo con el que casi se había ido de boca. Quién estaba yaciendo sobre el piso, viéndose como si hubiera sido víctima de una carnicería.

−¡Zero! −la primera vez fue un susurro que luego se transformó en un chillido mientras lo repetía incansablemente, cayendo a su lado y poniendo sus manos sobre las muñecas laceradas, cuyas heridas eran las que estaban emanando más sangre. Ni siquiera pudo forzarse a mirarle el cuello. Ay, Dios mío… ¿alguien podía haber sido lastimado tan gravemente y aún así sobrevivir?

Yuki hurgó con dedos torpes en los bolsillos del ex-humano, buscando la pequeña navaja que sabía que siempre llevaba con él y abriendo la hoja atropelladamente, se cortó sin darse cuenta. Con la ayuda del puñal desgarró el borde de la camisa del ex-humano, envolviendo las muñecas y tratando de aplicar presión en las heridas del pecho al mismo tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas que le nublaban la vista mientras se iba cubriendo con el líquido rojo.

Mantuvo la calma lo suficiente como para saber que lo más importante en estos momentos era parar el flujo de sangre y, aunque no se atrevía a dejarlo solo, sus gritos de auxilio atrajeron a otros estudiantes que fueron en busca del Director.

Con la cara cenicienta, Cross levantó en sus brazos al muchacho que consideraba como un hijo y sin importar el gran peso que representaba el joven, lo llevó a casa a las corridas, diciéndole a Yuki que fuera a llamar al doctor del colegio, rápido.


Yuki se arrodilló en la esquina oscura detrás del dormitorio de chicas, llorando. La esencia y el sonido de su tristeza le indicaron a Kaname con exactitud dónde estaba. Prácticamente podía sentir su angustia y el torbellino de emociones que irradiaba, haciéndolo apurar sus pasos hasta terminar corriendo. Los estudiantes nocturnos no deberían salir de la Residencia Luna a estas horas, pero dicha regla nunca se había aplicado realmente al purasangre, aunque por lo general la seguía como un buen ejemplo para los demás. Hoy, sin embargo, el olor a sangre de Yuki lo había hecho saltar la verja del jardín para llegar hasta su origen. También podía oler la sangre de Kiriyu, mucha, y la combinación lo aterraba.

Estaba listo para una pelea cuando finalmente llegó a Yuki, pero incluso antes de ver su forma encogida, perfectamente visible para él en las sombras, ya sabía que la muchacha estaba sola. No podía sentir a nadie más en las cercanías, así que se relajó un poco y sus pisadas se hicieron más lentas hasta adoptar un ritmo razonable, aunque siempre permaneciendo alerta y preocupado mientras se agachaba a su lado. Estaba cubierta de sangre y el corazón del joven saltó en su pecho.

La envolvió con sus brazos como hacía desde que era pequeña, deseando poder llevarse todo lo que no hiciera sonreír a ese hermoso rostro. Yuki se sorprendió momentáneamente por la presencia de Kaname, pero pareció aceparla con rapidez. Él siempre parecía estar cerca cuando lo necesitaba. Puso sus manos delgadas dentro de la camisa del purasangre, arrugando con sus dedos manchados el blanco uniforme, pecho subiendo y bajando visiblemente y lágrimas cayendo a chorros de sus ojos. No estaba llorando, más bien estaba sollozado, como si le hubieran arrancado el corazón y no pudiera volver a sonreír nunca más. Kaname sintió una profunda angustia al verla así.

−Shh… shh… −dijo para calmarla, sosteniendo la cabeza contra su pecho, sin importarle que le estuviera ensuciando la ropa con sus lágrimas y sus manos llenas de sangre. Le frotó la espalda gentilmente, inclinando una mejilla contra el pelo de la muchacha− Qué cara, Yuki… y esas lágrimas… ¿qué ha pasado? −preguntó con ternura. Aunque estaba totalmente salpicada con sangre, no era de ella. Ahora se daba cuenta de que su esencia venía de un corte que tenía en la mano. La muñeca había sido lacerada con algo filoso y mientras la sostenía, Kaname vendó la herida con su pañuelo, suave pero rápidamente. El olor lo estaba distrayendo, y tarde o temprano atraería la atención de sus compañeros. La sangre de Yuki era especialmente tentadora para los vampiros. Lo que no podía saber era si se había lastimado ella sola o si alguien más lo había hecho. Sentía la esencia de la sangre de Kiriyu sobre la joven – era la sangre del ex–humano la que la cubría tan perturbadoramente.

Luego Kaname vio marcas frescas de mordidas sobre su cuello y todo su ser hirvió de la rabia. Zero tendría que estar más que a salvo de la locura por un largo tiempo después del regalo que él mismo le había dado. Y por sobre todo, el muchacho sabía que Yuki ahora estaba con el purasangre… era muy malicioso de su parte recordarle que aún podía tener una parte de Yuki que Kaname tenía vedada. Sin embargo, eso no era lo que más lo enojaba, sino que era el miedo de que Zero hubiera hecho algo estúpido en su ira por el estado actual de las cosas, permitiendo que la locura roja se apoderara de su mente. Si el condenado e insignificante ex –humano había lastimado a Yuki… era capaz de hacerlo trizas con sus propias manos. Realmente capaz.

Sabía que no sería una buena idea acusarlo en frente de Yuki. El muchacho la podía matar y aún así ella lo defendería desde la tumba, de eso estaba seguro. Por lo tanto, se limitó a abrazarla, esperando que se tranquilizara lo suficiente para hablar.

−Es Z-Zero −dijo finalmente entre sollozos, con palabras que salían de forma tan atropellada que no le dieron tiempo a Kaname de formarse ninguna impresión errónea−. Dijeron que… que se está muriendo… −se estaba tragando el llanto, casi ahogándose con las lágrimas mientras trataba de calmarse lo suficiente como para relatar su historia.

−Lo ata-atacaron. No se quien. Lo encontré atrás del dormitorio de chicos. Había tanta sangre… −sus ojos estaban bien abiertos y para Kaname reflejaban aquellos de la pequeña sentada sobre la nieve y cubierta de rojo. La sostuvo más fuerte, con una enorme preocupación acalambrándole el pecho ante su siguiente pregunta.

−Yuki… ¿lo mordieron? ¿Fue un vampiro el que le hizo esto? −preguntó de forma gentil. Kiriyu era un hueso duro de roer, siempre había sido así. Y tendría que haber resultado incluso más difícil con los poderes que había heredado de Kaname. Se hubiera necesitado muchísima fuerza para dejarlo tan gravemente herido como parecía.

Yuki sacudió la cabeza contra su pecho.

−No. Tenía la garganta cortada… pero no mordida −susurró.

La respuesta lo aliviaba aunque también lo confundía. Sus pensamientos se dirigieron inmediatamente al gemelo de Zero, Ichiru, cuyo odio por su hermano no era ningún secreto, y quien, a pesar de no ser un vampiro, había estado bebiendo de una purasangre por los últimos cuatro años. Era una posibilidad, pero este no era el momento para echar culpas. Por lo menos algunas cosas se estaban volviendo claras.

Apoyó los dedos tiernamente sobre las marcas punzantes en el cuello de Yuki.

−Trataste de salvarlo −murmuró con el corazón encogido.

Ella asintió con la cabeza, tragando saliva.

−Yo-yo pensé que si tomaba mi sangre podría sanar. Se supone que los vampiros pueden hacerlo incluso de heridas realmente graves ¿no? −preguntó de forma suplicante, mirando a Kaname con unos ojos marrones, enormes e inundados de lágrimas−. Pero no fue suficiente… Estaba demasiado débil para beber mucho, y – ¡es tan cabezota! Dijo que me iba a lastimar… − algo de enojo asomó a su voz antes de que regresara la angustia.

−Tenía razón, Yuki −murmuró Kaname con suavidad−. Para curarse de heridas tales como las que acabas de describir… te hubiera tenido que matar, y aún así no hubiera sido suficiente. Los ex –humanos no tienen el mismo poder regenerativo que los vampiros de nacimiento −susurró con tristeza.

Aquello provocó un nuevo ataque de sollozos.

−¡No me importa! No me importa… haría cualquier cosa para salvarlo… cualquier cosa… moriría por él. Papá y el doctor dijeron que está agonizando y que no pueden hacer nada. Papá me sacó de la habitación −Kaname se dio cuenta de que Yuki tendría que estar muy mal como para llamar voluntariamente al Director Cross, su padre adoptivo, por su título paterno frente a otro miembro de la escuela.

Yuki miró al vampiro con ojos colorados y llenos de lágrimas.

−Por favor, Kaname… sálvalo −susurró, sintiendo por él una adoración inocente y una confianza absoluta. Como la pequeña que le traía sus juguetes rotos, ya que él era hábil con sus manos y creativo en sus soluciones y siempre encontraba una manera de arreglar las cosas por ella. Ahora quería lo mismo… pero el joven no sabía si esto era algo que iba poder reparar.

Ella debió haber leído la inseguridad en su rostro porque lo tomó con más fuerza, retorciendo sus manos en el frente de su uniforme arrugado mientras lo observaba con la cara inundada de desesperación y súplica.

−For favor, Kaname… eres un purasangre, eres especial, todo el mundo lo dice… puedes hacer algo por él, yo sé que puedes… −rogó, sin tener la menor idea de qué esperaba que hiciera el joven, aunque impaciente porque alguien hiciera algo. No se podía imaginar tener que perder a Zero. Estaría perdiendo la mitad de su corazón si tal cosa ocurriera. Sentiría como si quedara vacía por siempre, y eso se mostraba en sus ojos.

−Haría cualquier cosa… −continuó, casi histérica y sin pensar racionalmente en lo que estaba diciendo−. Haría lo que quisieras, Kaname, ya dije que iba a ser tuya, no sé qué más puedo darte. Pero puedes tener mi sangre, me quedaré contigo eternamente, te daré todo lo que quieras, pero por favor… no lo dejes morir…

Kaname la miró fijamente, con la sensación de que le hubieran clavado una estaca en el medio del corazón ¿Qué acabó de decir? Ya dije que iba a ser tuya… ay Dios. Ay por Dios… ¿entonces Zero había tenido razón? ¿Ella había aceptado sólo porque se sintió forzada? ¿Cómo pudo haber sido tan, pero tan ciego? El que se hubiera ofrecido a sí misma y a su sangre de este modo, como si fuera un sacrificio, como si esperara que él quisiera una – una recompensa o un soborno… y el que hubiera sido capaz de dar su vida para salvar la de Zero…era demasiado. El abismo de dolor que se abrió en el alma del purasangre parecía no tener fondo. Yuki…

−Nunca me aprovecharía así de ti, Yuki. No tienes que negociar conmigo para que te ayude, nunca… −murmuró, tratando de ocultar su dolor y la vez fallando ¿Cómo pudo haber cambiado tanto su relación? ¿Había interpretado tan mal lo que la joven sentía por él?

El sufrimiento absoluto que apareció en los ojos profundos de Kaname, hizo que Yuki se diera cuenta demasiado tarde de cómo habían sonado sus palabras. No había querido decir tal cosa, de verdad. Se preocupaba mucho por el vampiro, desde siempre, y había aceptado su oferta de libre voluntad. Estaba asustada y sentía algo de timidez por lo que significaba, y sí, se preguntaba en qué se estaba metiendo, pero aún así era lo que ella quería. Ahora, sin embargo, estaba desesperada y exagerando. Zero la hubiera entendido y le hubiera pegado con una almohada por hablar de esa manera. Él siempre sabía exactamente qué decir y hacer para calmarla y hacerla sentir mejor. Pero claro, el muchacho había vivido a su lado por más de cuatro años y la conocía como pocos. En cambio Kaname sólo estaba a veces.

−Kaname, yo… −trató de explicar, de retractarse de la forma en que se había dirigido a él, pero no tuvo la oportunidad de hacerlo. Los graciosos dedos del purasangre presionaron ligeramente sobre sus labios.

−Shh, está bien, Yuki. Cálmate −le dijo sonriendo, enterrando profundamente su propio dolor. Pensó que entendía la situación y a pesar de lo mucho que le destrozara el corazón, haría cualquier cosa por ella. Daría todo lo que fuera para secar esas lágrimas del hermoso rostro. Sus pulgares pasaron por debajo de los ojos de la joven, llevándose la humedad salada de su piel.

−No te puedo prometer que lo voy a salvar, Yuki… no sé qué clase de poder crees que tengo. Pero sí te prometo una cosa: si me es posible, no dejaré que Kiriyu muera −juró suavemente, poniéndose de pie y ayudándola a levantarse. Si todo lo que podía hacer por ella era salvarlo, entonces… que así fuera−. Así que ya no llores. Todo va a estar bien −dijo. Tomando las manos de la muchacha entre las suyas, inclinó la cabeza y besó sus párpados con ternura, saboreando la sal de sus lágrimas. Sin querer, su boca se deslizó un poco más abajo y los labios de ambos se acariciaron brevemente, casi en un beso efímero.

Se irguió antes de que el movimiento pudiera llevarse a cabo por completo y antes de que el tono colorado tuviera la oportunidad de asentarse sobre las mejillas húmedas de la joven. Le apretó las manos y luego las soltó, dirigiéndose a las habitaciones del Director.

−Entra y límpiate, Yuki −agregó antes de irse−. Ya sabes que no es seguro estar sola afuera con tanta sangre encima cuando hay vampiros en los alrededores.

Yuki miró a Kaname con ojos fijos, sintiendo como si tuviera que decir algo, pero sin la menor idea de qué. Sin embargo, confiaba en él, con su vida y la de Zero. Creía con toda el alma que el purasangre podía salvar a su hermano. Tenía que creerlo. Si algo le pasaba a cualquiera de ellos – a Zero, Kaname o el Director… entonces su mundo se derrumbaría. Los necesitaba demasiado a los tres.

Fue caminando al dormitorio para limpiarse, llegando tumbo tras tumbo. Las lágrimas todavía caían por sus mejillas, pero ahora se atrevía a abrigar esperanzas. Kaname nunca la había defraudado en toda su vida. Esperaba y rezaba que esta vez no fuera diferente.